Hi!

Como ya es costumbre siento el retraso! Ya he explicado en otras actualizaciones mis motivos, pero aquí les traigo un nuevo chap de Sweet Pain, que tengo que decir me ha encantado escribir! Solo espero que también les guste, y que les prometi que intentaría actualizar mis fics y lo voy cumpliendo poco a poco jeje Disfruten!

SWEET PAIN

Capitulo 4

-

Era una gran noche en la casa de Te Niwa, se celebraba el compromiso del año entre la clase alta de Kyoto. La fiesta mas esperada entre los peces gordos y la comunidad extranjera de la ciudad.

Ser invitado era subir una posición en las clases sociales.

Delante de la gran casa tradicional japonesa empezaban a amontonarse los lujosos carruajes de caballos, mientras sus dueños vestidos de etiqueta y las damas con sus preciosos trajes o kimonos de seda les acompañaban emocionadas por la experiencia, sobre todo las japonesas al ser su primera fiesta occidental.

En la entrada les recibía un batallón de mayordomos y sirvientas, para encargarse de acompañarlos hasta la recepción y acomodar sus abrigos, si es que llevaban alguno. Conduciéndoles al gran jardín central donde estaban las mesas preparadas para la cena, la orquesta tocando y los camareros con sus bandejas llenas, corriendo de un lado a otro y sirviendo copas de champán.

Sanosuke se colocaba la pajarita del esmoquin incomodo, nunca se había puesto ropa occidental y desde luego prefería mucho mas su uniforme del Aoiya. Por desgracia esa noche no podría cogerse una buena fiesta, al día siguiente le tocaba turno de mañana, pero aun así no le emocionaba mucho esa celebración tan refinada.

Lo único bueno que tenia, y debía admitir abiertamente, era la cantidad de damitas bellas que le rodeaban.

Suspiro de satisfacción al ver pasar a su lado una joven rubia de ojos azules vestida con uno de esos trajes occidentales escotados. En algo habían acertado los extranjeros, y eso eran los escotes, pensó. Nunca podría demostrar lo agradecido que estaba por el invento de esa obra de arte.

-Sanosuke!.- Oyó a su espalda una voz femenina, y no muy contenta.

Se giro lentamente y con fastidio, sabia perfectamente quien era.- Que pasa?

-Quieres dejar de mirar los escotes de las invitadas y ayudar?.

Misao, vestida con un precioso kimono de hilo de plata, obi negro y mangas extra-largas le miraba enfadada y de brazos cruzados. Había tenido el tiempo justo para maquillarse y peinarse, pero había quedado increíble, solo le quedaba cerciorarse de que todo fuera como la seda. Aquella era una noche muy importante para su jefe y no podía haber ningún fallo.

-No se supone que soy un invitado?.- Levanto una ceja, algo decepcionado.- No me hagas trabajar!

-Solo será un pequeño trabajito de nada, vale?, No te llevara mas de 10 minutos, quiero que vayas al hotel donde se hospeda la prometida de Anderson y avises de que todo esta preparado.- Parecía que no tenia otro remedio, Misao no estaba de muy buen humor.

-Eso y nada mas!.- Le advirtió con el índice.- El jefe me invito, no pienso mover un dedo mas.

-Si sano... no te preocupes.- Resoplo con aparente cansancio.

El joven moreno se alejo entre el gentío con prisa, aunque con cuidado de no estropear su indumentaria, mientras Misao miraba a su alrededor. Los invitados al pasar a su lado la saludaban cordialmente, e incluso intentaban iniciar alguna conversación.

Pero en la mente de la joven de ojos verdes no había hueco para formalidades.

Era la noche mas importante de su Jefe... Si..., pero para Ella era una autentica pesadilla.

Sonrió forzosamente y fue directa hacia las cocinas, para asegurarse de que los camareros no metieran la pata.

A veces pensaba que sin ella al mando nada saldría bien en aquella Casa.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

La noche ya había caído y en el Aoiya se había acabado la jornada.

No quedaba a penas nadie en pie dentro del edificio, a excepción de Shiro que terminaba de recoger la mesa donde había cenado la familia, mientras Omasu se bañaba después de acostar a los niños.

Los demás trabajadores del restaurante se habían ido ya a sus casas.

Y El... no sabia como había permanecido sin hacer nada tanto tiempo.

Desde que se había ido ella a todo correr, después de recibir la noticia de que Anderson necesitaba de su presencia urgentemente en la Casa de Te.

Allí se había quedado, en el despacho, Pensando.

Omasu le había llevado algo de cenar al ver que el joven no parecía reaccionar, sin preguntar porques. Y ahí también seguía la comida.

Pero como se supone que se encontraba? Acaso... perdido, triste, desorientado...?

No señores..., Aoshi Shinomori para nada se había quedado quieto por no saber que hacer, al contrario.

Su encuentro de aquella tarde con Misao le había dejado las ideas muy claras.

Primero tenia que averiguar todo lo posible de los 5 años anteriores a su llegada a Kyoto, pero no era el momento. Todos estaban en esa estúpida fiesta de compromiso, incluso el Lobo Saito.

Misao le había dicho irónicamente que se presentara...

Porque No?

No era precisamente el sitio donde mas quería estar en esos momentos..., pero algo le decía que fuera, que era un buen momento para hacer acto de presencia. De paso podría averiguar algo sobre Anderson, no por nada era el mejor Ninja.

Sonrió.

Era hora de buscar sus trajes de gala.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Alguien toco a su puerta suavemente, dos golpes.

Dio permiso para entrar y su dama de compañía hizo aparición con una gran sonrisa.

-Srta., Ha venido uno de los hombres de su prometido.- Anuncio la joven de ojos verdes y cabellos rojos, su dama de compañía y mejor amiga.- Anuncia que ya esperan su llegada en la Casa de Te Niwa.

La joven castaña la miro a través del espejo de su tocador.- Gracias, Emily... Estaré en pocos minutos.

La otra joven volvió por donde había entrado, dejándola de nuevo sola.

Su corazón corría a gran velocidad.

Se miro en el espejo y contemplo lo bella que estaba esa noche, mejor que nunca seguro. Y debía ser así, después de todo era la noche mas importante de su corta vida. La noche de su compromiso oficial... después apenas quedarían unas semanas para convertirse en la Sra. De

Anderson.

Se había puesto el vestido mas hermoso de toda Inglaterra, cortesía de su padre. Las joyas de la familia de su madre y se había arreglado con el set de maquillaje oriental que le había mandado su prometido desde Japón en uno de sus viajes, antes de quedarse definitivamente en el país Nipón. El país que se convertiría en su hogar de ahora en adelante.

Al principio no le había hecho mucha gracias los planes de futuro de Christian.

Irse de Inglaterra para hacer negocio en Japón..., no era el primero..., pero ella se imaginaba que su vida seria como la de cualquier señorita de sociedad. Viviría en una buena casa en el centro de Londres, dentro de su circulo de amistades, las mas influyentes del país, y así permanecería.

Pero todo había dado un vuelco al saber que tendría que mudarse a vivir al lejano oriente.

Se entristeció mucho cuando su prometido se mudo allí un año antes de su llegada..., le había echado mucho de menos a pesar de que no habían tenido un noviazgo muy largo. Pero le colmaba de alegría ver los tantos regalos que llegaban cada mes, las cartas, las visitas fugaces... ahora ya había llegado a su nuevo hogar, y lejos de lo que esperaba... le gustaba!

Los japoneses eran muy educados, disciplinados y corteses, además de que conviviría también con ingleses de su misma categoría. Vivirían en una buena mansión tradicional inglesa que ya estaban construyendo y parecía que a Christian le iban viento en popa los negocios.

Todo era perfecto.

O eso parecía...

Pero de algo estaba segura, estaba enamorada de Christian Anderson y le seguiría a todas partes, aunque quisiera irse a vivir al rincón mas recóndito del Mundo.

Sonrió, esa noche le deslumbraría con su belleza.

-Perdone, Lady Caroline.- La asusto una voz a su espalda.

La joven de ojos almendrados se dio la vuelta sorprendida, para encontrarse con un joven alto, moreno, vestido de etiqueta.

-Siento haberla asustado, pero ... No respondía a mi llamada y...- Sanosuke empezó a ponerse nervioso, seguro que había metido la pata.- Y nos esperan, Misao me ha pedido expresamente que la acompañe.

-No se preocupe, perdóneme a mi.- Sonrió Caroline, ya mas tranquila al reconocer que era uno de los trabajadores de confianza de su prometido.- Usted es...

-Sagara Sanosuke.- El hizo una torpe reverencia, sin saber muy bien que protocolo seguir con una lady de Inglaterra.

Ella rió graciosamente por el acto.- Ya estoy lista, podemos irnos Sagara-san.

La joven se levanto del tocador y cogiendo un abanico a juego con su vestido se dirigió a la puerta, mientras Sanosuke le daba paso.

La miro de arriba abajo descaradamente al pasar a su lado, sin que ella lo notara.

Cuando la habían presentado al llegar de su país le había parecido demasiado guapa para Anderson, y ahora además opinaba que era una buena niña. Era todo inocencia.

Negó con la cabeza en disgusto al pensar en todas las cosas que ella ignoraba de su querido prometido. Se había convertido en la princesita que vivía en una ilusión, y tenia que admitir que todos ellos eran los actores de la función que seria su vida.

Anderson la tenia bien engañada, aunque la distancia le había ayudado en mucho.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Cuando la gran mayoría de los invitados al evento ya se encontraban acomodados en los jardines de la Casa de Te, el anfitrión apareció envuelto en su acostumbrado halo de elegancia y modales, con su brillante sonrisa y sus mejores galas, para el esperado acontecimiento.

Estuvo algunos minutos saludando y charlando con muchos de los invitados, mientras Misao le acompañaba a la espalda, como buena mujer y mano derecha. Solo se dedicaba a sonreír y contestar en el momento en el que le hablaran, algo extraño para ser Ella.

Tenia un don especial para tratar a las personas, pero específicamente esa noche no estaba de muy buen humor.

Observaba a su alrededor el tumulto de gente y el gran show en el que se había involucrado.

Y desde luego lo pasado aquella misma tarde con Aoshi no la ayudaba mucho. Sorprendentemente para ella no era capas de sacárselo de la cabeza, y solo ese hecho la tenia de muy mal humor.

Pero en esos momentos no podía estar distraída, su cometido era mucho mas importante que el de ser la mano derecha de Christian Anderson... mas una noche como esa, tan vulnerable.

Nada podía salir mal y Ella era la encargada de solucionar los problemas que se presentaran, y no precisamente en lo relacionado con el servicio, la cena o el convite.

-No crees Misao?.- Oyó de repente a su lado, volviendo al mundo real.

Anderson la miraba con una sonrisa, pero pronto se dio cuenta de que la joven no atendía a la conversación.

-Eh... si.- Solo contesto, cuando se dio cuenta de que Christian y uno de los invitados la miraban, esperando alguna respuesta.- Si me disculpan, tengo asuntos que atender.

Camino entre la gente en dirección a la cocina, pero a mitad de camino una mano la agarro del brazo delicadamente.

-Que te pasa?.- Le pregunto Anderson, aparentando normalidad.- Tienes algún problema?

Misao pensó que lo mejor seria evadirle, no era momento para distraerle.- No, para nada... solo estaba concentrada, no quiero que se nos presente ninguna sorpresa, ya sabes.

La fría sonrisa de Christian cambio a una mas tierna.- Siempre pensando en trabajo, deberías relajarte.

-Sabes que no puedo.- Le recrimino con una mirada, harta de la situación.- Sigue saludando a los invitados y yo me encargare del resto.

El joven ingles observo como ella se alejaba entre los invitados que esperaban impacientes por saludarle, se había dado cuenta de lo molesta que estaba con aquella reunión, y lejos de preocuparle... le agradaba.

Porque? Solo ellos dos lo sabían.

Cuando la perdió de vista se topo con algo sorprendente.

Aoshi Shinomori, aquel del que le había hablado Misao en ocasiones y que había conocido hacia poco, hacia aparición en su fiesta de compromiso. Elegantemente vestido como un occidental, con traje de chaqueta negro y esa apariencia dura y misteriosa que tanto le había llamado la atención.

Anderson sonrió.

Misao todavía no sabia de la presencia su mayor fantasma del pasado en la fiesta, era una buena oportunidad para hablar a solas con Shinomori sin que ella metiera las narices.

Se acerco hasta el disculpándose con algunos invitados, hasta llegar a su altura.

El ex-Okashira no se dio cuenta de su presencia hasta que lo vio a su frente, y Aoshi Shinomori tubo que admitir que los pelos se le pusieron de punta al encontrárselo tan cerca... No sabia que era, pero algo no le gustaba nada de ese joven de apariencia cortes.

-Me alegra que haya venido Sr. Shinomori.- Anderson le ofreció su mano y la estrecharon.- Es una sorpresa, Misao no me comento que disfrutaríamos de su compañía esta noche.

Aoshi apretó la mandíbula unos instantes.- Decidí venirme en el ultimo momento, espero no causar un problema.

-Para nada! Claro que no, siéntase como en su casa.- La sonrisa que mostró el ingles parecía demasiado sincera, algo que no le gusto nada a Aoshi.- La verdad es que tengo muchas ganas de mantener una conversación con usted, Apenas se algunas cosas suyas por boca de Misao, me da mucha curiosidad.

-Y eso porque?.- La forma tan directa de contestar sorprendió a Christian.

Este apretó los labios en forma de sonrisa forzada.- Pues... creo por lo que he oído que ha tenido una vida mas que interesante, me gustaría saber que le trae de nuevo por Kyoto.

-Que curioso.- Sonrió esta vez Aoshi, pero este notándose cínico.- Yo también tengo ganas de hablar con usted, también llama mi curiosidad, sobretodo... saber que es lo que exactamente hace Misao para usted.

La tensión se podía palpar en el aire.

Dos personas tan distintas, que mantenían un enfrentamiento silencioso. Algo que a simple vista no podía notar nadie mas. Pero estaba claro que ninguna cedería un paso, en aquel mismo momento sabían que se acababan de declarar la guerra.

Era el principio de lo que sabían procederían unos acontecimientos importantes.

-Entonces podremos reunirnos un día ..., como puede comprobar no es el momento mas adecuado, tengo visitas que atender.- Estrecho de nuevo su mano con la de Shinomori.

-No tengo ninguna prisa.- Contesto duramente Aoshi.- Si me disculpa Sr. Anderson, iré en busca de Misao.

-No creo que...

-Anderson.- Oyó una voz a su espalda.

Ambos se fijaron en la persona que llamaba su atención.

Misao les observaba con el rostro apacible, saltando sus ojos entre uno y otro.

No le gustaba nada lo que veía. Y tenia sus motivos.

-Tu prometida acaba de llegar, deberías recibirla.- Intento fingir cortesía, pero la tensión la dominaba.

Christian sonrió.- Si, eso debería...- Se giro hacia Shinomori.- Un placer.

Aoshi prefirió no contestar, su mirada estaba clavada en Misao desde que había interrumpido la conversación.

Al irse Anderson entre la gente, Misao espero lo conveniente antes de acercarse unos pasos a Aoshi, mostrando evidente enojo.

-Que demonios haces tu aquí?

Aoshi sonrió.- No me dijiste que vinieras?.

-Sinceramente no creí que te atreverías, nunca has sido partidario de las fiestas.

-Lo que se es que estoy en el sitio en el que tengo que estar esta noche.- Aoshi se acerco un poco mas, para susurrar.- Y hay muchas cosas que no sabes de mi, Misao.

La gente empezó a aplaudir en ese momento la llegada de los prometidos al patio principal de la Casa de Te, interrumpiendo unos instantes la conversación. Misao miro a su alrededor y luego le lanzo una dura mirada a Aoshi.

-Luego hablamos.

Tras esto desapareció entre la gente, sin siquiera quedarse a oír la respuesta de Shinomori.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXX

La velada continuo como se esperaba para alivio de Misao, que no había bajado la guardia en ninguno momento, mientras Christian Anderson y su prometida, Caroline, disfrutaban junto con los invitados de la fiesta.

Tras el primer cóctel comenzó la cena donde se sirvieron platos occidentales exclusivamente, para admiración de los invitados nipones y gusto para los extranjeros. Aoshi busco un asiento apartado de las masas, coincidiendo con el que menos le apetecía compartir mesa.

Saito llego de la mano de su esposa, Tokio, y acompañado además de su inseparable cabeza de escoba, los únicos conocidos además de Sanosuke y Misao aquella noche.

-Vaya Shinomori.- Sonrió, tan perversamente como siempre, el Lobo.- Que sorpresa verte por aquí.

-No sabia que también estuvieras invitado.- Susurro con desdén, luego saludo cordialmente a Tokio que se había sentado a su izquierda.

Saito Hajime señalo a su alrededor.- Dime, quien no esta invitado?

Tenia razón, debían de haber cientos de personas en aquel jardín.

De repente se hizo un silencio, escuchando solo como alguien hacia tintinear una copa de champán con el cuchillo. Todas las miradas cayeron en Anderson, que tras el postre se había levantando de su asiento para llamar la atención de sus invitados.

Cuando hubo total silencio empezó a hablar.

-Quiero agradecer a todos los presentes por acompañarnos a mi y a mi prometida en una fecha tan especial.- Miro con una sonrisa a Caroline, y volvió a su discurso.- Espero que la cena haya sido de su gusto y ahora, aprovechando el momento quiero hacer un brindis.

Los camareros empezaron a llenar las copas de los invitados con una bebida amarillenta y burbujeante que muchos de los invitados jamás habían visto. Aoshi si la conocía, Champán. Todo aquello le parecía muy propio de los europeos.

Tanto lujo, tanto esplendor... en sus años en el viejo continente se había dado cuenta de lo importante que era la apariencia para los extranjeros, mucho mas que el Honor, como le habían enseñado a El.

Todo tan... teatral.

Prácticamente ignoro el resto del discurso, la vida sentimental de Anderson no era precisamente lo que mas le importaba en ese momento, estaba casi seguro de que todo ese matrimonio era concertado y las sonrisas eran fingidas. Su objetivo estaba muy cerca de Christian Anderson, pero no era El.

Y la encontró. Misao permanecía en una mesa cercana, ya que la principal era ocupada solo por la familia de los prometidos.

Y al contrario que todo el mundo, además de El mismo, Ella también parecía ignorar el discurso de su Jefe, miraba hacia su plato de postre sin probar, apretando la copa de Champán sin cuidado.

Lo comprendió todo, ahora todo estaba claro.

Miro a Anderson que seguía hablando, ahora con su prometida de pie a su lado, cogidos de la mano, sonrientes... como un cuento de hadas. Y volvió su vista a Misao, su mirada lo decía todo. Podía engañar a los demás..., pero a El no, estaba resentida, enfadada... incluso se atrevería decir que... triste?

Shinomori Aoshi abrió los ojos, ahora sabia la relación de Misao con Anderson..., estaba seguro desde el principio de que todo tenia que ser mas que puros negocios, pero jamás se habría imaginado que Ella le quisiera.

Misao estaba enamorada del ingles.

Su calma se rompió cuando todos gritaron buenas nuevas a los novios, brindaron y luego aplaudieron, gustosos tras el discurso del anfitrión. Que ahora besaba tiernamente a su futura esposa.

-Es un secreto a voces.- Oyó a su lado, y miro a Saito, casi no se oía nada con los aplausos.

-De que hablas?

Saito le miro, con un brillo muy malvado en sus ojos ámbar.- Lo sabes perfectamente.- Señalo a Misao que bebía con ansias.- Desde que se conocieron hace unos años, todo el mundo lo sabe, pero nadie dice nada... es muy evidente que Ella y Anderson mantienen una relación, exceptuando por supuesto su bonita prometida, que seguramente lo ignora.

Aoshi frunció el ceño, mientras veía la romántica escena que protagonizaba la joven pareja, mientras eran aludidos por sus conocidos.

-Y porque se va a casar con otra?

-Porque va a ser?.- Saito soltó una carcajada.- Misao es Japonesa, tan simple como eso.- Le dio un trago a su copa.- Una heredera inglesa de alta sociedad es mucho mas rentable y sobretodo lo mas adecuado, porque un extranjero se iba a mezclar con... una amarilla?, Todo esto es un gran teatro Shinomori, a lo que mas puede aspirar Misao con El es a ser su puta.

En el fondo sabia que Saito tenia razón, incluso la pregunta era estúpida.

Un ingles como Anderson y con su posición económica y social no podría arriesgarse a mantener una relación seria con una japonesa, y mucho menos si esta ni siquiera pertenecía a alta cuna. Solo lo sentía por Misao..., que pasaría por su cabeza en esos momentos?

Si de algo estaba seguro era que Ella no se merecía eso, y Anderson no se merecía a una mujer como Misao Makimachi.

La vio salir de entre la muchedumbre, copa en mano, dirigirse hacia las cocinas con paso firme pero acelerado. Iba a estallar, y El tenia que estar cerca..., al menos así podría empezar a ganarse su confianza. Tenia que hacerle ver que Christian no era lo que Ella se merecía, que le tenia a El.

Pero entonces vio como lejos de todo lo previsto Anderson se excuso entre sus invitados y la siguió disimuladamente, aunque con cara de pocos amigos. Aquello le dio mala espina, y acelero el paso.

Una cosa mas le sorprendió aquella noche.

Otra figura les seguía, vigilante. Y no se refería a El.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Entro en la cocina rápidamente, asustando a los camareros que preparaban las botellas de champán para la próxima ronda.

Misao les miro, exasperada.

-Que demonios esperan?!, Salgan ahí fuera de una vez.- Ordeno, consiguiendo que todos huyeran de la cocina, sabían muy bien cuando Makimachi estaba de mal humor.

Cogió una de las botellas y se lleno de nuevo la copa, para darle un único trago, necesitaba pensar con claridad para poder volver allí fuera. No lo aguantaba.

Se apoyo en una de las mesas y suspiro.

Pensaba que era mas fuerte, que podría aguantar todo aquello, pero se había equivocado..., lo sabia desde que le conoció, que nunca seria suyo y en realidad, en algún rincón de su corazón, había creído fielmente que Christian abriría los ojos algún día y se daría cuenta que Ella era la mujer que tenia que estar a su lado.

Rió amargamente. Se había prometido a si misma no volver a ser una niña inocente y malcriada, y en realidad no había dejado de serlo. Le había pasado con Aoshi, y ahora también con Christian... es que estaba destinada al amor no correspondido?

Noto como una mano la jalaba y la empotraba contra la pared de azulejos, sorprendiéndola.

Fue entonces cuando vio los ojos celeste, ardiendo de molestia.

-No podías ser mas discreta Misao?.- Le pregunto, reprimiendo las ganas que tenia de reprenderla por su osadía. Irse de aquella manera del brindis había sido un gran descuido.

Ella sonrió irónicamente.- Perdona, tenia que hacer mi trabajo, para eso estoy aquí no?

-Con tu ataque de celos alguien ha podido darse cuenta! No vas a echarlo todo a perder Misao, necesito el apoyo financiero del padre de Caroline y lo sabes!.- Christian termino por exasperarse, luego suspiro con fuerza.- Ya hemos hablado de esto.

-Si, lo siento.- Ella agacho la cabeza, el alcohol empezaba a hacer efecto. Tenia ganas de llorar.- Ahora mismo salgo, y... todo seguirá como estaba previsto.

El joven de cabellos dorados le acaricio el mentón.- Así me gusta.- Luego la acerco a su boca.- Sabes que eres la única mujer que me vuelve loco, pero tengo que cumplir.

Misao le miro, con una fuerza en sus ojos verdes desbordante.

-En unas horas esta fiesta acabara, y seré todo tuyo.- Sonrió ampliamente, besándola.

-No seas mentiroso, nunca serás mío.- Susurro al terminar el beso Misao.

Lo siguiente paso muy rápido.

Una sombra se adentro en la cocina rápidamente, ni siquiera Misao pudo reaccionar a tiempo.

Un joven vestido de gala y con rasgos japoneses se abalanzo sobre Christian, armado con una Katana. Estaba a punto de darle cuando alguien mas entro en la cocina.

En cuestión de segundos el asesino, que estaba solo a unos centímetros de su presa, se vio atravesado por un cuchillo de cocina por su espalda. Y luego su cuerpo callo inerte en el frió suelo, haciendo en poco tiempo un charco de sangre debajo suyo.

Christian Anderson aun tenia el corazón en un puño, cuando de detrás del cadáver apareció Aoshi Shinomori, armado con lo primero que había visto. Un cuchillo de carnicero.

Misao se había quedado pegada a la pared, pero al ver los ojos hielo de Aoshi salto como un resorte y se puso delante de Anderson.

-Que demonios es esto?

Aoshi dejo tranquilamente el cuchillo encima de una mesa.- Me pareció extraño y le seguí, parece que llegue a tiempo.

-Maldito hijo de puta.- Susurro Christian con desprecio sacando un pañuelo para limpiarse la punta de su zapato, al que había llegado algo de sangre, luego miro a Aoshi.- No tengo palabras para agradecértelo, si no fuera por ti ahora estaría muerto.

-No hay de que.- Contesto el ex Okashira, mirando aun a Misao, que apretaba los dientes con rabia.

-Como no lo vi?

Christian la miro.- Eso me pregunto yo..., tengo que salir con los invitados, ocúpate de esto.

En ese momento Sanosuke entro en la cocina, espantándose al ver el cadáver en el suelo.

-Vaya... ahora tiene explicación.

Anderson lo miro enfadado.- De que hablas tu?

-Un par de camareros acaban de salir corriendo sin explicación alguna por la puerta trasera.

El silencio solo duro unos instantes.

-Bien, voy por ellos, Sanosuke ocúpate del cuerpo.- Ordeno Misao, cogiendo la Katana del asesino, luego miro a Christian.- Me encargo de todo, no te preocupes.

-Que Saito no se de cuenta de nada.

Christian Anderson salió de la cocina, no sin antes cerciorarse de que estaba todo en orden.

Sanosuke resoplo, mirando el cuerpo a sus pies.- Joder Misao!, me dijiste que no trabajaría mas esta noche!

Demasiado tarde, la joven ya había salido corriendo hacia la salida trasera de la Casa de Te.

Aoshi lo pensó algunos instantes antes de seguirla, luego salió corriendo tras Ella.

Tenían muchas cosas que discutir.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

La noche se había vuelto oscura.

La luna fue tapada por nubarrones negros que advertían que llovería esa madrugada, los invitados de la fiesta fueron alojados en los salones para evitar problemas con la lluvia, y todo siguió como tenia que ser.

Nadie sospechaba nada.

Nada del intento de asesinato que había sufrido el anfitrión que sonreía tan feliz como siempre, ni tampoco de los verdaderos motivos de la ausencia de Misao Makimachi, su mano derecha. De resto, todo estaba como tenia que estar.

Pronto empezó a llover en Kyoto y las calles se quedaron despejadas.

Aoshi Shinomori corrió lo mas que pudo detrás de Misao durante largos minutos. Tenia que admitir que aquellos 5 años la habían convertido en una gran ninja, su velocidad había mejorado considerablemente, y también su sigilo. Corría tan silenciosa como un felino persiguiendo a su presa.

Los dos camareros que habían huido de la fiesta tras el intento fallido de su compañero de acabar con Christian Anderson les habían guiado hasta los muelles, para cuando llegaron Misao ya les había dado caza y las débiles gotas se habían convertido en un chaparrón en toda regla.

El ex Okashira se quedo a la salida del callejón, preguntándose el motivo de esos ineptos para querer a matar al ingles, y para observar en silencio los métodos de Misao.

De un salto la joven se había puesto delante de sus presas, cortándoles el paso inesperadamente. Ambos intentaron dar la vuelta, aterrados. Conocían perfectamente a Misao Makimachi, y la fama que la precedía. Mano derecha y guardaespaldas de Christian Anderson, espía y agente de incógnito de Saito Hajime y la Ultima Okashira del Onniwabanshu.

Solo en el intento de huida consiguió atravesar a uno de ellos con la Katana de su cómplice, casi sin esfuerzo. El otro sabia perfectamente porque aun no le quitaba la vida. Si lo hubiera querido sabia que ya lo habría hecho hacia rato.

El joven vestido de camarero resbalo al pisar un charco y quedo a merced de la ninja, que le miraba impasible, apuntándole vagamente con la Katana.

-Dime lo que quiero saber.- Le susurro, muy tranquila.- O te iré desmembrando poco a poco.

Aoshi lo observo todo con los brazos cruzados, disfrutando del momento.

Sabia que aquello era una atrocidad, jamás se hubiera imaginado a su pequeña Misao ... como había sido El antes. Se daba cuenta de que si fueran los viejos tiempos, aquellos en los que lideraba el Onni, Misao seria su mujer de confianza. La sangre de los Okashiras corría por sus venas, y eso se notaba.

Pero aquellos tiempos quedaban muy lejanos, incluso El había dado paso a la era de paz.

Observo que el joven parecía estar contándole algo con mucho esmero, seguramente esperando que después de darle lo que quería Ella le dejaría con vida... iluso..., Misao acabaría con su vida nada mas obtener la información. Así se operaba.

Dos minutos después, y tras una sonrisa complaciente de la joven de ojos verdes, la cabeza de su presa había volado algunos metros, tras una estocada con la Katana.

Luego, Misao miro la Katana y con desprecio la tiro al lado del cadáver. Seguramente era una Katana de poco valor. Los ninjas, tanto como los samuráis, apreciaban de sobremanera el arma con el que trabajaban.

-Vas a hablar o te quedaras ahí toda la noche?.- Le pregunto Ella, observando la oscuridad en la que se ocultaba.

Aoshi dio unos pasos al frente, para ponerse a la luz de la única farola que alumbraba aquel rincón del muelle.

-Porque me has seguido?

-Quienes eran?

Misao frunció el ceño.- Eso no es asunto tuyo.

-Yo diría que es muy sospechoso que unos pobres diablos quieran matar a un rico ingles porque si...- Aoshi Shinomori camino, acercándose mas a Ella.- A menos que alguien mas poderoso este interesado en la cabeza de tu Jefe.

-Christian Anderson es muy envidiado.- Sonrió Misao, desafiante.- Su poder le quita poder a otros... no es nada del otro mundo.

Aoshi quedo a unos pocos centímetros de Ella.- Y porque Saito no debe enterarse? Un extranjero con poder recurriría a la protección del estado, no de una ex ninja.

-Es mejor así.

Shinomori sabia que no podría sacarle mas información, pero la rabia le comía por dentro. Aun no se había olvidado del asunto entre Ella y su Jefe.

La observo en silencio, sintió que su cercanía y su mirada la ponían nerviosa, aunque no lo mostrara abiertamente, como lo hubiera hecho 5 años atrás.

Ni siquiera había notado que aun llovía a cantaros sobre ellos, ambos estaban completamente empapados. Pero eso solo la hacia mas hermosa, pensó... Su largo cabello negro estaba pegado a su cuerpo, el peinado se había deshecho por la carrera y la lluvia. Su Kimono oscuro también estaba empapado, marcando ligeramente las curvas de su cuerpo, y haciendo un hermoso contraste con la palidez de su piel... y sus ojos... si sabia que algo quedaba de aquella niña que había dejado era por sus ojos, igual de brillantes, igual de transparentes... no opacos como los de El.

-No me mires así.- Le susurro Ella con dureza, y eso hizo que se fijara en sus labios, donde aun permanecía el color carmesí, intacto.

-Como?.- Sonrió El, divertido.

-Como si aun fuera tuya.- No hubo dulzura en sus palabras, solo resentimiento.

Si, en algún momento lo fue.

Lo había meditado a fondo los últimos años, alejado de Ella. No era la edad lo que le impedía tocarla, cuando en realidad quería, 5 años atrás..., como le había dicho a Misao aquella tarde. No, el que Ella fuera mas joven no era el impedimento.

Era su inocencia.

Pero nunca pudo explicárselo, y se fue, huyo de Ella. 5 años.

Pero ya no había inocencia que le detuviera. Sabia que no tenia derecho después de haberse ido sin mas, pero no podía quedarse de brazos cruzados, mucho menos sabiendo como Christian Anderson la trataba como su amante. Simplemente como una amante, cuando Ella era digna de ser la esposa de un buen hombre.

El Aoshi de hace 5 años se hubiera quedado como mero observador, esperando que Misao encontrara la felicidad, aun viendo como el rubio la trataba. Pero no podía, y Ella solo le daba motivos para luchar, y eso era lo que iba a hacer. Demostrarle que el único hombre que la haría feliz era El, Aoshi Shinomori, y ninguno mas.

Misao intento pasar de largo, tras el largo silencio de Shinomori, pero se sorprendió al sentir como este la agarraba fuertemente del brazo, y la pegaba a El.

-Le amas?.- Pregunto con rabia, haciendo que a Misao le saltara el corazón en el pecho.

-Si.- Ella contesto, igualmente molesta, levantando la voz.- No tengo porque darte explicaciones Aoshi, tu elegiste y yo elijo ahora, y le elijo a El!

-Le amas?.- Volvió a preguntar El, acercándola a su rostro.- Le amas como me amaste a mi?

Ante la pregunta se quedo sin palabras, y Aoshi aprovecho para hacerse entender, cogiendola de la cintura con fuerza y pegándola a su cuerpo, hasta que sus respiraciones se mezclaran.

-No, jamás podrás amar a nadie como a mi, Misao, y lo sabes.

Ella le miraba sin pestañear, muy tranquila.- Puede ser, pero eso quedo en el pasado.- Escupió con desprecio.- El día que te fuiste a Holanda ese amor del que tanto hablas, murió, y ahora amo a Christian, y el me corresponde.

Aoshi no pudo evitar soltar una carcajada, y entonces, siendo conciente del daño que le haría a Misao, dijo lo que pensaba, sin remordimientos.

-Creías que no te correspondía? Creías que jugaba contigo?.- Subió una mano hasta la nuca de Ella.- Estas muy equivocada.

-Christian no es como tu!.- Se defendió Ella, empezando a perder los nervios, cogiendole con fuerza por el cuello de la camisa.

-No!.- Grito Aoshi, haciendo que Ella callara.- El también se ira!, pero a diferencia de mi...- Luego susurro.- El no volverá a ti, porque yo soy el único Misao, el único,

La joven de ojos verdes no supo como defenderse, mas levantando la mano y dándole un sonoro cachetón a Shinomori, mientras apretaba los dientes con impotencia.

Pero no dio tiempo a mas reproches.

Con fuerza termino por romper los pocos centímetros que separaban sus bocas y la beso, la beso con toda la pasión acumulada en esos 5 años. Sabia que solo un beso como ese podría demostrar lo que sus palabras decían.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Lo primero que se le antojo a Misao cuando Aoshi se tomo la osadía de besarla fue la de atravesarle con la Katana.

Pero ni Ella habría podido prever la intensidad de aquel beso, y sabia que ninguna mujer en la faz de la tierra podría separar los labios, por mucho que quisiera. Aoshi le robaba el alma por la boca, solo era capaz de sentir eso.

Y entonces su rabia cambio radicalmente.

Solo podía ver en su mente aquel momento, dos días antes de que Shinomori partiera a Holanda, el día en que había sacado el valor que tantos años le había costado acumular, había ido al templo y le había dicho todo lo que sentía y pensaba a gritos, harta de esperar lo imposible, harta de hacerse ilusiones... no tenia nada que perder. Y gano mucho, cuando El, sin dar aviso, se levanto, la agarro por la nuca y la beso, tan fieramente..., pero ni punto de comparación con la intensidad del beso que le estaba regalando ahora.

Luego se fue a Holanda, y supo que la había dejado, el tiempo transcurrido solo le dio la razón.

Lloro, grito, peleo... y lo supero, desistió de odiarle y siguió con su vida. O eso había creído. Luego conoció a Christian Anderson en el despacho de Saito y la encandilo desde el primer momento. Si, le amaba.

Pero ahora se daba cuenta de que no había superado lo de Aoshi, le odiaba por volver y por hacerle sentir cosas que creía olvidadas.

Y entonces recordó la fiesta de compromiso de Christian y noto un gran dolor en su pecho. El se casaría con otra.

No quería pensar mas, no quería pensar en el pasado, en el daño que le había hecho Aoshi, en Christian, ni en nada mas que pudiera hacerle daño.

Levanto los brazos, lentamente, con temor de romper el momento, se colgó del cuello de Aoshi y correspondió a su beso. Igual de apasionada, igual de entregada..., no quería pensar si estaba bien o no, si le daba a entender cosas que no eran, o engañaba a Anderson... Solo quería entregarse al momento de sentirse querida, y Aoshi Shinomori quería amarla en ese momento. Olvido todo y gimió de placer cuando El la levanto del suelo y empezó a caminar.

Notas de la Autora:

Las cosas empiezan a ponerse interesantes, no? Jeje.., se que a muchas no les agradara la relación de Misao con Anderson, les recuerdo que lo mío es el AM jeje así que no se preocupen!, Pero este ingles parece tener muchos secretos que iré desvelando poco a poco, y Misao también tiene algunos buenos...

Dar las gracias a las que dejaron rew en el capitulo 3! A ellas mas que a nadie les pido perdón por la tardanza y les agradezco sus opiniones tan valoradas para mi!

Okashira Janet

Amai Kaoru

Misao91

Hikaruhiwatari

Silvia-chan

HADA

Gabyhyatt

Espero que les haya gustado este nuevo capitulo! Intentare actualizar lo antes que me sea posible y espero, como siempre, sus reviews! Jeje

Y por supuesto animo a los demás a dejar alguno.

Muchos besos!

Rinoa Shinomori.