Los rayos del sol traspasaron la pequeña ventana de la habitación, llegando a deslumbrarme su brillo y haciéndome abrir los ojos encontrándome con la alegría de seguir en aquel barco que tan feliz me hacía. Aún no me podía creer que me encontrara allí: en el barco que tantas veces apareció en mis mejores sueños cuando era pequeña.

Se podría decir que vivía en un hermoso sueño, en el que me acompañaba una tripulación que me quería y me apoyaba solo por ser como tal. Aún me acuerdo de toda esa gente, que se hizo pasar por mis amigos para sacar algo en beneficio propio. Pero aquella fase ya pasó, esta vez, haría lo que pudiera y lo que estuviera en mi mano para ayudar a mis nuevos amigos y nakamas. Se lo prometí tanto a Luffy como a Zoro y a Sanji en aquella isla.

Zoro y Sanji, en verdad me han hecho muy feliz, tengo que ser más buena con ellos, no quiero que me desprecien. Además hay algo en ellos, que en los demás de la tripulación no veo, como si me protegieran, pero no como amigos, sino como algo más… Bueno solo espero que sea algo bueno. Mientras que Luffy me recuerda al hermano que nunca tuve, solo tuve una hermana mayor que perdí aquella noche.

Y estoy, además, decidida a proteger a esta banda, si es necesario con mi vida. Pero para poder hacer eso, primero necesito ser fuerte. Bueno, eso ya lo pensaré sobre la marcha. En la próxima isla que desembarquemos, les pediré que me den tiempo para que pueda, por lo menos, hacerme un poco fuerte. Buscaré algún arma e intentaré conseguir que alguien verdaderamente fuerte me enseñe a luchar.

Ya sé que podría pedirle eso del arma a Ussop, y lo de aprender a luchar a Zoro o a Sanji. Pero quiero conseguirlo por mí misma, y demostraré que no soy alguien que se necesite proteger siempre.

Y con esa idea en mente, Natsumi se levantó de su improvisada cama y decidió ir a desayunar la riquísima comida de Sanji.

Se fijó que solo tenía de ropa lo que llevaba desde el momento que la encontraron. Pero no quería empezar a pedir, y menos a Nami, aunque solo hacía falta verla una vez para darse cuenta de que mucho dinero no llevaba. Además de buscar un nuevos arma, en la próxima isla también tendría que llenar su armario, aun que para ello, tendría que pedir de todas formas dinero a Nami.

Por el camino hacia la cocina, en la que suponía que estaría toda la tripulación comiendo, oyó varios ruidos dentro de ésta, sacándole una sonrisa.

Cuando entró a la cocina, allí estaba, su amada tripulación. Todos la saludaron con una sonrisa en los labios, mientras desayunaban tranquilamente y Sanji aún cocinaba los últimos platos. Se sentó en una silla que había hecho Ussop cuando dormía, o eso fue lo que le dijeron a la muchacha.

-Pues muchas gracias Ussop.- Agradeció la chica al tirador, que solo estaba atento a los movimientos de su capitán.

-¿Ah? ¡Ah! De nada.- Dijo tan solo él chico sonriéndole a la muchacha.

-¡Vaya! No sabía que durmieras tanto.- Comentó la pelirroja, que estaba al lado suyo. -Zoro, creo que alguien te supero en pereza.

El espadachín solo soltó un pequeño gruñido y hacía una pequeña sonrisa a la nueva nakama. Pero a Natsumi, ese comentario de su nueva amiga le hico enrojecer.

-N-No es eso, l-lo que pasa es que estaba cansada, solo eso.- Se excusó Natsumi, al fijarse de la sonrisa del peliverde. Haciendo reír a la tripulación.

-Anda, no digas eso. Intenté varias veces levantarte y no hacías más que acurrucarte como un cachorro.- Decía la navegante, haciendo una pequeña parodia de cómo lo hacia Natsumi.- La verdad, es que parecías tan linda que hasta no pude reprimir acariciar tu pelo, creyendo que fueras a ronronear como un gato.- Siguió explicando la chica animadamente, mientras veía a su compañera sonrojándose por momentos, le empezaba a caer bien esa muchacha.

-Eso me gustaría verlo en algún momento, a mí también me gustaría acariciar su pelo.-Pensaba el rubio, mientras escuchaba la conversación de la pelirroja y cocinaba el desayuno de Natsumi.

-A lo mejor, Pájaro-san tiene complejo de gato.- Comentó alegremente, de repente Robin, dejando extrañados a los presentes por el extraño apodo que le había puesto a la muchacha.

-¿"Pájaro-san"?- Preguntó Zoro por todos.

-¿Umh? ¿Qué pasa? Es que la primera vez que la vi, me recordó a un pajarillo.- Explicaba la arqueóloga con su típica sonrisa.- ¿A vosotros no?

Todos se quedaron pensativos, como si en parte aquella observación fuera verdad y empezaron a observar más detenidamente a Natsumi, como esperando ver en ella aparecer alguna pluma.

-¡ES VERDAD!- Exclamaron todos de repente, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

-¿P-pues en qué me parezco a un pájaro?- Preguntó la chica por la conclusión que habían hecho sus amigos y que ella nunca se había dado cuenta.

-Tus ojos, son como ver a un pájaro a punto de empezar a volar. Llenos de un fuego característico, como si esperaras algo. Eres como, como…- La arqueóloga buscaba unas palabras para poder definir a su nueva nakama y que no encontraba, siendo interrumpida por una voz.

-Como un pájaro enjaulado.- Concluyó Natsumi sin darse cuenta y recordando a su madre.

-¡Eso!- Dijo Robin con una sonrisa para luego cambiarla al ver como esa luz que desprendía Natsumi se iba.- ¿He dicho algo malo?

-¿Eh? ¡Ah! Nada, es que me recordó a lo que mi madre me decía de pequeña.- Explicaba la muchacha con una pequeña sonrisa nostálgica.

-¡Bueno! Ya vale de tanta charla y a seguir desayunando. Aquí tienes Natsu-chwan, te he hecho un exquisito desayuno.- Acabó concluyendo aquel tema el cocinero, y poniendo el plato de Natsumi a su persona.

Todos acabaron desayunando con normalidad. Aun que la pelinegra no dejaba de mirar a Natsumi con curiosidad.

-"Pájaro enjaulado" ¿dónde habré escuchado eso antes? Pero esos ojos me recuerdan a algo. Me pregunto qué esconderás dentro de ti, Pájaro-san.-Pensaba la pelinegra, mientras seguía leyendo su libro y pensaba en aquellas palabras.

Al final, uno por uno fueron terminando el desayuno, quedando Natsumi desayunando al ser ella la última en empezar. Al final, se quedaron Sanji, que estaba terminando de fregar los platos, y Natsumi, que terminaba de desayunar.

-Lo siento, Sanji, soy un poco lenta al comer.- Dijo la muchacha, mientras recogía su plato y se disponía a limpiarlo.

-No hace falta que te disculpes, cada persona come como quiere, fíjate en Luffy.- Rió el rubio, haciendo también reír a la chica y empezaba a ayudarlo en los últimos platos.

Ambos estaban en silencio mientras limpiaban los platos. Hasta que lo cortó Natsumi.

-Oye, muchas gracias por haber apartado el tema sobre el "pájaro enjaulado" de antes, es algo de lo que no tenía ganas de hablar.

-No importa, sé cuando a una persona no le gusta hablar de temas difíciles para ella.- Tan solo dijo el cocinero, pero en su interior, se sentía feliz de que aquella chica no fuera como las demás mujeres, con ella podía hablar tranquilamente sin declaraciones de amor ni nada entre medias, tan solo era él.- Pero, en un futuro, si quieres hablar sobre eso. Debes saber que estamos aquí para apoyarte o si es más sentimental, aquí está el "cocinero del amor" para servirte.- Rió el muchacho, mientras que se esperaba que lo ignorara como Nami, pero al contrario que eso, ella rió ante el comentario y le sonrió.

-¿"El cocinero del amor"? Entonces, ya entiendo por qué se te da tan bien cocinar, seguramente ese es tu mayor secreto de cocina: el amor.- Rió la chica, siendo seguida del muchacho que no dejaba como reía.- Mira, pues sabes qué, te lo voy a contar a ti.

El chico se quedó conmocionado, ahí estaba aquella mujer, que lo hacía perder su característica caballerosidad, a punto de contarle uno de sus más importantes recuerdos.

-Cuando era pequeña, mi madre siempre me solía decir que era como un "pájaro enjaulado", que siempre intentando salir de su jaula para volar hacia el eterno cielo y no parar hasta estar estuviera lo suficientemente lejos.- Contó la chica, mientras se le escapaban varias lágrimas al recordar esos tiempos en los que no tenía que preocuparse de nada.

Sanji no pudo evitarlo, viéndola otra vez derrumbarse sobre su pasado. La abrazó. La abrazó con todo el amor que le podía dar y con todo el apoyo que esperaba que recibiera de él. La chica, por otra parte, abrazó al muchacho, Sanji sí que sabía escucharla y reconfortarla, como aquel día en el bosque.

Estuvieron un buen rato abrazados. Ambos sentían que lo necesitaban de la otra persona, hasta que al final, tuvieron que separarse para seguir con el trabajo que habían dejado de lado.

-Lo ves, es bueno desahogarse sobre cosas que te reconcomen.- Dijo Sanji al separarse y le quitaba varias lágrimas de la chica.

-Sí, gracias.- Sonrió la chica, para luego darle un pequeño beso en la mejilla. Pero que al separarse, el chico aun la tenía sutilmente cogida por la cintura y se quedaron mirando a los ojos, muy cerca, y que poco a poco se iban acercando.

Pero el esperado final de ambos no llegó, ya que cierto peliverde estaba viendo la escena desde fuea de la ventana, mientras entrenaba. Y había entrado a la cocina interrumpiéndolos.

-¿Qué se supone que estabais haciendo?- Preguntó enfadado el espadachín, mirando como por la sorpresa, se habían separado.

-N-nada.- Dijo, tan solo, la chica totalmente sonrojada.

-Ya, ya veo que no estabais haciendo nada.- Dijo sarcásticamente el espadachín, mientras miraba cómo el cocinero sacaba de su chaqueta un cigarrillo y lo prendía. - Sanji, ¿qué ibas a hacer?

-Eso a ti no te incumbe, marimo.

-Sí, sí que me incumbe. Te conozco demasiado bien para saber que después de aprovecharte de ella y conseguir lo que querías, la dejarás como de una colilla de las tuyas fuera.

El rubio se enfadó ante ese comentario y le lanzó una fuerte patada, que no llegó a su destino, ya que fue parada por una katana del espadachín.

-¿Cómo se atreve ese estúpido marimo decir que yo haría algo así a Natsu-chan? Eso, para empezar, iría contra mis principios.-Pensaba el rubio, mientras miraba con odio al espadachín por dicha acusación hacia él.

La chica, mientras miraba con temor a los dos hombres, no sabía qué hacer. Esa era una pelea muy distinta a todas las anteriores que habían tenido. Y lo peor es que se sentía culpable de ello.

-¿Por qué? ¿Por qué casi beso a Sanji? No quiero dar molestias, ni nada parecido. Y seguramente Sanji no le gustaría estar con una persona como yo, imposible. Para empezar yo no soy su tipo... a él le gusta Nami, está enamorado de ella. No debí ser así de impulsiva y egoísta.- Pensaba la chica tristemente, no quería sufrir por el chico ni obligarle a enamorarse de ella. Sanji ya quería a Nami- Debo dejarme de tonterías como el amor, eso no existe. Y lo único que hace es causar problemas como la pelea de ellos.

Por otro lado, Sanji y Zoro aún seguían peleando, ambos la querían demasiado para dejarla a merced del otro. Hasta que una voz los paró.

-¡Basta ya!

Los chicos pararon y se giraron para ver a Natsumi que lloraba, ella lo último que quería es que se odiasen entre ellos. Ambos hombres bajaron sus miradas avergonzados, se habían prometido que no volverían a dejar que Natsumi sufriera hasta el punto de llorar, y ahí estaba sufriendo por su comportamiento egoísta.

-Oye Sanji, lo siento.- Dijo la chica, impresionando al rubio y al peliverde por sus palabras inesperadas.- No debería haberte contado lo de antes y haber actuado inconscientemente. Eres mi amigo y sé que quieres a Nami. Así que lo siento, casi te meto en un problema por mis tonterías. Así que hacemos como si no hubiera pasado ¿vale?- Terminó la chica, aún con lágrimas en los ojos y con una pequeña sonrisa hacia los chicos.

Ellos no sabían qué decir, ella no quería meterlos en un compromiso, así que supusieron que lo que decía ella era la mejor solución a aquella discusión.

Ambos chicos y la chica salieron de la cocina e hicieron como si no hubiera pasado nada, pero aún pensaban en ellos.

Sanji se quedó a terminar de lavar los platos, que antes, le había empezado a ayudar Natsumi, mientras pensaba en lo que casi ocurriría si no hubiera entrado Zoro de repente.

-Que quiero a Nami, si la quiero, pero como a cualquier otra mujer. Ella sin embargo me hace sentir "yo", sin caballerosidad ni sangrados nasales, ni nada. Como si me sintiera completo y todo lo demás no existiera, ni mujeres ni nada, solo ella.- Pensaba el rubio, aún pensando en la disculpa que le había hecho Natsumi por el casi beso.

Por otra parte, Zoro había vuelto a entrenar, pero mucho más duro que antes.

-¿Por qué me importa tanto esa chica? No puedo dejar de pensar en que no le pase nada. Y cada vez que la veo con ese cejas de sushi me enfada, igual que antes. Pero bueno, creo que lo mejor es hacer lo que ella ha dicho y hacer como si no hubiera pasado nada. Pero cuando he visto que ese idiota y ella casi se besan, todo el autocontrol y la disciplina que siempre he estado entrenando, ha desaparecido y lo único que pensaba era en cortarle las piernas a ese Ero-cook.- El espadachín hizo un pequeño descanso, para empezar a pensar en lo que había pasado en la cocina hacía rato.

Natsumi había decidido que se alejaría de los chicos, no quería volver a tener problemas. Además, Zoro tenía razón, Sanji amaba a todas las mujeres que veía, no podía fijarse un mujeriego como él, en una persona como ella. Sin darse cuenta, la castaña se había sentado con las chicas que hablaban animadamente, o mejor dicho, Nami hablaba animadamente, mientras Robin hacia como escuchaba mientras leía un libro.

-Por cierto Natsumi, me he fijado que solo llevas ese vestido y la chaqueta verde.- comentó de repente la pelirroja, sacando a Natsumi de su cabeza y de sus pensamientos.

-Sí, bueno, cuando lleguemos a una isla, había pensado en buscar algún trabajo sencillo y comprarme ropa.

-¿Qué? De eso nada, no voy a dejar que una de mis nakamas vaya buscando trabajo para comprarse ropa.- Dijo enfadada Nami, mientras se levantaba de la tumbona y miraba fijamente a Natsumi. A Nami le encantaba Natsumi, por esa timidez suya nadie se daría cuenta de que viajaba con esa panda de piratas, además que tenía un cuerpo como el de una muñequita, como una niña pequeña pero con proporciones de una mujer de 18 años, como era. Se parecía a la hermana pequeña que nunca tuvo.

-Pero yo no tengo dinero, no podría pagarte nunca.

-No hace falta que me pagues, tómalo como un alquiler.- Rió Nami mientras sonreía, pero de repente cambio su sonrisa de amiga por una de chantaje.- Pero, cambio me dejarás comprarte algún vestido o complemento, el que yo quiera y tendrás que ponértelo como mucho dos o tres días.

-V-vale.- Esa sonrisa hizo que a Natsumi le diera un escalofrío.

-¿En qué estará pensado Nami con lo de cualquier vestido o complemento?- Pensaba atemorizada la muchacha mientras veía como la navegante se reía como quien acaba de robar a alguien sin darse cuenta.

-Bien, pues ¿cerramos el trato y empezamos?

-V-vale.- Repitió la chica mientras le daba la mano a Nami como símbolo de cerrar ese pequeño trato.

Nami, después de cerrar el trato, se levantó aun con una sonrisa de chantajista e hizo que Natsumi se levantara y la siguiera, como si llevara una muñeca en el brazo.

Después de un rato en el que toda la tripulación miraba la habitación de las chicas por donde se había llevado a Natsumi, salío Nami con una gran sonrisa y los llamó a todos.

-¡Atención! ¡Sanji, Zoro venir un momento vosotros también! Quiero que veáis una cosa.

Dicho y hecho, toda la tripulación miraba expectante a lo que dijera la navegante y buscando con la mirada a Natsumi, que supusieron que aún estaría en la habitación.

-Venga, Natsumi sal para que te vea la tripulación lo mona que puedes estar.- Rió la navegante.

-N-Nami, esto es demasiado vergonzoso.- Se escuchó a la chica, haciendo que todos los chicos prestaran más atención a aquella habitación, sobretodo cierto rubio y espadachín, que acababan de llegar.

-Venga, pero si estas muy mona.- Rió otra vez la navegante.

Robin, de repente, hizo aparecer varias manos empujando a la chica para que se pudiera ver mejor y haciéndola salir de la habitación. A lo que ella, en un acto reflejo se escondió detrás de Nami, como si de una niña pequeña fuera.

Los chicos se quedaron paralizados, sobretodo Sanji y Zoro. Ante ellos, Nami había obligado a Natsumi a ponerse un vestido de maid demasiado corto y con escote, con puntilla, con varios complementos, pero el que más resaltaba era unas orejas de gato en su cabeza.

-¡Como mola! ¡Natsumi es una maid-neko!- Rió el capitán, mientras veía que Nami se apartaba y empujaba a una sonrojada Natsumi, para que se le viera mejor.

Sanji y Zoro aún estaban paralizados, no daban de sí. Aún la miraban a la chica sonrojados y paralizados por la impresión que le habían hecho la chica. Mientras que ella, sin darse cuenta de los ojos de esos dos, intentaba pedirle a Nami que le dejara cambiarse.

-No, lo siento Natsumi, un trato es un trato, durante dos o tres días tendrás que llevar eso, si quieres comprarte ropa normal en la próxima isla.

-P-pero, yo no sabía que iba a quedar así.- Lloró la chica, haciendo que, sin darse cuenta, pareciera todavía más mona. Y que cierto cocinero y espadachín, empezaran a sangrar por la nariz y se desmayaran.

-¡Sanji! ¡Zoro! ¡Por dios, que venga un médico! ¡Un médico!- Gritaba Chopper haciendo más graciosa la escena. Hasta que se dio cuenta de la mirada de sus nakamas y se los llevo al camarote de los chicos a ambos.

-¡Mira! ¡Pero si a Zoro y a Sanji les ha gustado tu vestido, Natsumi!- Rió todavía más alto la chica, haciendo que Natsumi se sonrojara más por la acción de los chicos.

Todos rieron por la acción de la chica y Luffy la animaba más la escena, llamando a Natsumi "maid-neko" y preguntando si le daba de comer. Mientras Chopper intentaba reanimar a los hombres desmayados e inyectándole la sangre que les faltaba.