Hola a todos! Hoy vuelvo con otro cap., intento actualizar de manera rápida, bien se lo horribleee que es quedar a medias e intrigada he he.

Agradezco mucho a Lady por esos consejitos que me dio por review! Enormemente agradecida. Mi placer que te guste esta historia! ^^

Athena! Por tu subname, presiento que te encantara esta historia! Hehe pronto lo entenderas gracias por leer esta historia!

Dedicado enteramente a ustedes y a todo aquel que lea mi historia, su interés me dan animos ¡a no defraudarlas!

Aclaro los personajes de esta historia lastimosamente no me pertenecen… Más la trama de esta historia si


Capitulo III

SENTIMIENTOS CONFUSOS

—Dos minutos más…— Dije de manera lastimera, mientras le daba un golpe al despertador para que terminara de callarse; me voltee boca abajo y abrace a mi almohada, mientras me acomodaba cómodamente en mi lecho, una sonrisa se dibujó en mi rostro en cuanto recordaba mi sueño… pero…

—Un momento…—

Me senté de golpe, mareándome al instante por el brusco movimiento; poco a poco a mi mente empezaron a llegar los recuerdos de la noche pasada, y mis mejillas se colorearon de un tono carmín, instintivamente lleve mi mano hasta mi mejilla, justo en el sitio donde había recibido una caricia de él, de Inuyasha. Sonreí y me volví a recostar, pensando en todo lo ocurrido.

Estaba sentada, en el columpio meciéndome lentamente, disfrutando de la soledad y el silencio que me ofrecía la noche, cuando sentí como unas manos se colocaban sobre las mías, e impulso al columpio a mecerme un poco más. Sentí una escalofrió siniestro por todo el cuerpo, últimamente esa sensación solo la había sentido con él, me pare deprisa del columpio, tropezando un poco con mis pies en el intento, voltee mi rostro hacia el sitio donde estaba esa persona que últimamente se había convertido en mi tormento.

Y allí estaba el, parado de manera casual, con ambas manos metidas en sus bolsillos, con un aire de inocencia sublime. Me miraba de forma penetrante pero con una pisca de diversión —Discúlpeme, por haberla asustado de esa manera, no fue mi intención, es solo que al verla sentada allí, tan sola, pensé no le caería mal un poco de compañía— Dijo mientras sonreía de manera precavida, como si intentara transmitirme calma; hablaba de modo pausado, muy refinado, como si de un rey se tratase. Me sentí la plebeya harapienta por un momento…

Asentí de manera torpe, estaba nerviosa, ¡Rayos!, debía controlarme mejor parecía una chiquilla —No lo oí acercarse, por eso me asuste, no hay de qué preocuparse— Le sonreí de forma sincera, y rogaba por dentro que el calor que sentía en el rostro, no estuviera reflejado como dos rosetones rojos, que vergüenza.

Sonrió alegremente, como si le hubiese dado la mejor de todas las noticias.

—Inuyasha Taisho, no tuve oportunidad de presentarme la ocasión pasada en la universidad— Decía de manera galante, mientras hacia una pequeña reverencia.

—Kagome Higurashi— Sonreí tímidamente —Si, lamento mucho mi torpeza contigo en esa ocasión— Respondí de manera apenada; aun mantenía mi mano en el pecho desde que él me había tomado desprevenida, así que la baje lentamente, y tome asiento en el columpio.

Él se sentó en un columpio a mi lado, y con ambos brazos sosteniendo las cuerdas, empezó a mecerse despacio. —No me molesto en lo absoluto— Comento mientras me observaba durante un instante de manera extraña; —Hermosa noche verdad— Soltó mientras volteaba su rostro nuevamente hacia mí, dedicándome una pequeña sonrisa.

—Sí, bastante hermosa, llena de paz y silencio… es perfecta— Respondí de manera sincera; el me observo durante un momento de forma intrigante y luego voltio su rostro mirando hacia los árboles que rodeaban una zona del parque.

Luego de unos minutos de silencio, no pude evitar hablarle, ya que lo había conocido, podría matar esta intriga que me causaba su persona.

—Y que haces paseando a estas horas por acá… es raro encontrar a alguien por aquí— Le comente tranquilamente, ya eran pasadas las once, y casi nadie se encontraba en las calles ya.

—Necesitaba despejar mi mente un poco, así que decidí conocer los alrededores— Hizo una mueca divertida con sus labios, —Vi de lejos, este parque así que concluí acercarme—.

—Como veras no es muy grande o hermosa esta residencia, mas es tranquila y pacífica, te gustara— Le dije de manera alentadora, yo sabía lo que era ser nueva, o extraña que era mi condición usual.

—Si lo he notado, es agradable este sitio, hay gente muy interesante en este lugar…— Me miro de manera significativa mientras pronunciaba esas palabras. Me sonroje, y voltee mi rostro disimuladamente, esos ojos me envolvían, sentía que desnudaban mi alma, de manera inmediata bajaba mis defensas, peligroso sin duda.

—Si quizás— Le dije por lo bajo, no conocía a nadie allí, así que no podría juzgar nada en ese aspecto.

—Y a ti ¿qué te trae por acá? Es un solitario lugar para una señorita ¿no te parece? — Al hacerme esas preguntas, leí en sus gestos una intriga profunda, y también ¿preocupación?

—Necesitaba un poco de aire, caminar debes en cuando en solitario no es tan malo— Sonreí de forma traviesa.

Mis cabellos jugaban graciosamente por la fría brisa que pasaba, realmente era una noche fantástica, gire mi rostro hacia el, y no pude evitar observarlo, su cabello se movía al compás del viento, lo llevaba medianamente corto, y de color negro como el ónix; volteo a mirarme, y acerco lentamente su mano a mi rostro, con suma delicadeza, tomo un mechón de mi cabello y lo coloco detrás de mí oreja, al retirar su mano rozo sutilmente con sus dedos mi mejilla, proporcionándome una pequeña caricia.

Algo en mi ser se estremeció en el instante mismo en el que me había acariciado de manera tan inocente, me sonroje ferozmente, y me le quede observando, esas orbes doradas, me tenía hipnotizada.

—Gracias— Le dije por lo bajo.

Sonrió, y se levantó del columpio, estirando una mano al frente de mi rostro de manera educada —Te acompaño a tu hogar, ya es algo tarde, no me gustaría dejarte en soledad—, Me le quede observando por un instante, asentí levemente y tome su mano, eran algo tosca, pero increíblemente masculinas, sentí animalitos en mi pecho que bajaban lentamente hasta mi estómago y se alojaban en mi vientre.

Caminábamos en silencio uno al lado del otro, llevaba mi cabeza a gachas, no sabía cómo actuar, me sentí muy intimidada por él; sin embargo el silencio era algo agradable a nuestro alrededor, me gustaba el sentimiento placentero que nos envolvía.

—Qué carrera estudias, Kagome— Sentí un escalofrió por toda mi espalda en el momento en que pronuncio mi nombre.

—Literatura, voy apenas por el segundo semestre ¿y tú que estudias? —.

—Literatura, al igual que tú, pero curso el quinto semestre—, Esa información ya la sabia gracias a Sango, y a una secretaria sin oficio.

Seguimos caminando, ya casi llegábamos a mi casa, y me comencé a poner algo ansiosa, quizás fuera la última vez que hablara con él, igual quien era yo… nadie, de seguro el día de mañana me ignoraría totalmente.

—Y que te llevo a mudarte para acá, digo ya cursabas tu carrera en otra universidad, supongo es raro lo dejaras todo por venirte aquí— Solté eso sin siguiera pensarlo, ahora que lo analizo, supongo fue para alargar un poco su compañía. Me turbe un poco por entrometerme en lo que nadie me llama.

Se puso algo serio, y cambio drásticamente el semblante. —Digamos que acá están mis intereses, ya no necesito alejarme más…— Esto último lo dijo en un susurro casi inaudible, había cierto aire de tristeza en sus palabras.

—Lo siento no quise entrometerme en lo que no debía— Agache mi rostro y acelere el paso, de pronto sentí que debía estar lo más pronto posible en mi casa.

Al llegar al frente de mi hogar, me voltee sonriendo agradecida —Gracias por acompañarme hasta aquí…—, Termine de hablar en un tono muy bajo, pues lo que vi me dejo helada, el me miraba de manera intensa, sus ojos expresaban sentimientos que no pude descifrar, anhelo quizás; estaba alucinada mi corazón iba a mil latidos por segundo, de seguir así tendría que ir pronto a un cardiólogo, sufriría una falla cardiaca ante de los veinte.

Se acercó a mí de manera lenta, pude sentir el calor que emanaba de su cuerpo, —Mi placer Kagome, nos vemos pronto— Dijo de manera profunda, mientras acercaba nuevamente su mano hasta mí y devolvía un rebelde mechón de cabello a su lugar. Nos quedamos así durante unos segundos, viéndonos a los ojos sin ningún tipo de pudor, era como un magnetismo que nos envolvía, un misticismo del cual no deseaba escapar. Pestañee lentamente y di un paso hacia atrás le asentí algo avergonzada, y entre a mi casa, no sin antes voltear, él estaba allí parado justo en el sitio donde lo deje, me miro de manera melancólica, asintió y empezó a caminar.

Cerré la puerta, y pegue mi espalda en contra de ella, deslizándome despacio hasta el suelo. Suspire sonoramente y pensé en la situación, que demonios había pasado, como era posible que un chico como el me notara, es decir, yo no era la más hermosas de todas, y aun así si lo que me dijo sango es cierto, él había hablado conmigo de manera amena. No comprendía, la descripción de sango sobre él, era más o menos parecida a la mía, claro, obviando el hecho de que yo no soy atractiva, lo había descrito como alguien poco sociable, igual a mí. Sin embargo, habíamos congeniado bien, yo no me sentí cohibida como tal, turbada sin duda por que causaba sensaciones en mi desconocidas, pero me había sentido cómoda, y creo que el igual.

Volví a suspirar y me levante, era de locos esta semana, quizás pronto el mundo se acabaría, y me daba de regalo el placer de conocer a alguien como él; sonreí ante este pensamiento y me encamine a mi habitación. Todo estaba a oscuras, por lo que sango de seguro ya dormía; me quite la ropa, me coloque mi pijama, y me tire en la cama, acurrucándome como un gatito, siendo mi último pensamiento, su rostro.

Bufe algo molesta por tener que pararme ya, me reincorpore de la cama de forma lenta, directo a cepillar mis dientes, y tomar una ducha fría, necesitaba despertar de mi ensoñanza, la noche había sido maravillosa pero tenía que tocar tierra un chico así jamás se fijaría en mí, a la única conclusión a la que llegue fue que de seguro el solo me hablo por ser la única persona por esas horas despierta; y quizás era la más acertadas, no había más opciones.

Me moví rápidamente entre vestirme, arreglar mis cosas y bajar al comedor, llevaba unas prendas relajadas como siempre, una camisa manga larga de color vino tinto, con un pantalón de mezclilla de color azul oscuro, y unos converse del mismo color de mi camisa, con mi cabello suelto. Sango ya estaba sentada desayunando, la salude mientras pasaba por su lado y tomaba una tostada de la cocina.

—Llegaste tarde anoche Kag, te espere pero al ver que tardabas el sueño me venció— me comento sango de manera relajada mientras untaba un poco de mermelada a su pan.

—Eh, si la noche estaba esplendida así que tarde más de lo esperado, ni había notado lo tarde que era— Mi voz sonó nerviosa, tratando de disimular, abrí el refrigerador y me serví jugo de naranja. No sé porque preferí quedarme para mí el encuentro de anoche con él. Total que importancia a de tener, si estaba segura que él no me volvería a hablar, era tonto hacerme ilusiones en vano.

Comimos relajadas mientras reía por algunos cuentos de Sango, al rato partimos a la universidad, como todos los días, no pude evitar ver hacia su casa al salir, todo estaba cerrado, como siempre.

La mañana había pasado sin ningún contra tiempo, mis clases regulares, y estudiar en biblioteca, me había pasado la hora del almuerzo por estar distraída leyendo, solo note la hora, cuando mi estómago empezó a gruñir, recogí mis cosas y me encamine hasta la cafetería, decidí comer algo ligero, pues nada de lo que había me provocaba. Pague mi pedido en caja, y me dispuse a sentarme en las mesitas, y allí estaba el, sentado junto a dos chicos, uno era de cabello negro amarrado en una coleta baja, y el otro era de cabello marrón y lo lleva atado en lo alto en una cola. No logre mirarlos pues se encontraban de espaldas a mí. El levanto su rostro y me miro directamente, sonriéndome con agrado, yo me quede allí parada como un clavel, ¿me sonreía a mí?, no entendia el por qué me sonreía, era ilógico.

Con su mano me hizo señas para que me acercara hacia donde estaba; yo no lo podía creer, era absurdo, luego de un momento empecé a moverme hasta donde estaban de manera apenada, volteando una vez hacia atrás para corroborar que era a mí a quien llamaba y no a otra persona.

—Buenas tardes Kagome, te gustaría acompañarnos a la mesa— Me ofreció de manera educada, mientras los otros chicos volteaban su rostro para observarme, me puse colorada al instante.

—Hola… claro, si no es molestia— Dije en un tono bajito.

—Para nada— Respondió el chico que estaba sentada a la derecha de Inuyasha mientras el otro a su izquierda sonreía por el comentario.

¡Rayos! Al dirigir mi mirada a el muchacho, no pude evitar seguir sonrojada, el chico que hablo era guapísimo, era de piel blanca, con un rostro exquisito, y una travesura inigualable en su mirar, que eran de un color azul oscuro tan intenso como el mar más perfecto, se veía simpático. El otro chico el que rio por el comentario, no se quedaba atrás, también era sumamente atractivo, su piel era acaramelada, y su rostro demasiado llamativo, con unos ojos también azules, pero de un tono claro, eran inigualables, sumamente hermosos. Lastimosamente ya yo estaba condenada a unos ojos dorados que no quitaban su mirada de mí.

—Kagome, disculpa mi falta de educación, ellos son Miroku y Kouga— Empezó de manera cauta mientras me señalaba primero al muchacho de su derecha y luego al de su izquierda.

—Un placer conocerlos— Sonreí un poco mientras hacia una pequeña reverencia.

—Aunque tu compañía nos ha de resultar maravillosa, penosamente Kouga y yo ya nos estábamos yendo— hablo el muchacho llamado Miroku, de forma lastimosa, aunque había un matiz de diversión en su voz que no pasaba desapercibido. —No la aburras Inuyasha— esto último lo dijo mientras se paraba de la mesa y me picaba el ojo.

Kouga, se despidió con un asentimiento de cabeza, y se volteaba con una sonrisa en su rostro por el comentario del Miroku.

Al verlos partir, lentamente tome asiento delante de Inuyasha, quien me miraba con una sonrisa sincera en sus labios; le devolví la sonrisa algo apenada.

—Son agradables unas vez llegas a conocerlos— Comento de manera divertida.

—Si se ven bastante simpáticos, sobre todo Miroku—.

—Y como va tu día pequeña— Menciono de manera suave, sentí una ternura enorme dentro de mi ser.

—Muy bien, estudiar, leer un poco, nada extraordinario— Me reí amablemente, aun me parecía raro estar sentada junto a él en la cafetería.

—supongo que está bien entonces—.

Al pasar un silencio algo incómodo, seguía sin poder entender el por qué me hablaba.

—Disculpa de verdad— Solté de repente, era como si él hubiese estado esperando mi reacción, pues me miraba de forma calmada —Pero porque me llamaste, digo no entiendo porque me hablas, digo entiendo si quieres ser Cortez pero…—.

Coloco dos dedos sobre mis labios, y me miro de manera divertida, como si le estuviese diciendo un chiste divertidísimo; cuando yo al contrario moría de vergüenza, quería que se abriera en dos la tierra y me tragase.

—Sabes, eres hermosa…—

Mi respiración se paró en el preciso instante que emitió esas simples palabras, lo había dicho de forma tan sincera, que si no me conociera, de verdad lo hubiese creído totalmente, me quede en silencio, simplemente observándolo, perdiéndome en su mirada; el quito su mano de mis labios y solo se dedicó a responder mi mirar.

Agache mi mirada después de un instante, me imagino que con mi cara como un tomate, y lentamente tome mi jugo, todo rastro de apetito se había esfumado, mas necesitaba pasar algo por mi garganta.

—Te gustaría acompañarme al salir a dar un vuelta— Me ofreció de repente, como si se hubiera dado cuenta en ese momento que debía hacer eso, estaba algo tenso, y vi como aparentaba mantener un poco la calma.

—¡Kagome!, al fin te encuentro, te he buscado por todas partes…— La última frase murió en la boca de Sango, al mirar con quien estaba sentada, me miraba con los ojos abiertos de par en par, su boca estaba ligeramente abierta, pero rápidamente la cerro, al darse cuenta de su expresión.

—Hola, Sango— Respondí de manera apenada, mire a Inuyasha quien permanecía, sentado estudiando mi reacción —Estaba en biblioteca hasta hace un rato, y cuando me di cuenta ya era muy tarde para alcanzarlas, lo siento— Le sonreí de forma conciliadora.

—¡Oh!, disculpa, Sango te presento a Inuyasha Taisho, lo conocí el día de ayer en la residencia— Hable tranquilamente, manteniendo mis emociones controladas, sango era tan perceptiva que si notaba algo fuera de lo común, de seguro más tarde serian horas y horas de explicación.

—Un placer señorita, Inuyasha Taisho a su servicio— el la miraba de manera educada, y le regalo una de esas sonrisas que arrebatan suspiros; fue tan rápido que no me di cuenta, me atravesó un sentimiento de ira profunda, luego comprendí que eran celos lo que sentía, e inmediatamente me di un punta pie mental, era sango por el amor de dios, y tampoco era como si él fuese mío.

—un placer Inuyasha— Sango tartamudeo un poco al decir eso, y no era para menos, luego de esa sonrisa, hasta yo tartamudeaba aun, de repente Sango agudizo su mirar, como si hubiese caído en cuenta de algo importante y volteando hacia mi — Ayer en la residencia, que bien, no lo sabía— Sonreía de forma pausada, y puede leer entre líneas un "tenemos que hablar Kagome…", me estremecí al instante, a veces sango llegaba a ser intimidante.

—Si…— trague mi último sorbo de jugo mientras veía hacia otro lado —Bueno vamos, igual ya en unos minutos tengo que entrar a clases— Voltee a ver a Inuyasha quien me miraba intensamente —Lamento tener que irme, gracias por acompañarme— Sonreí apenada y con la mirada agachada.

—Al contrario, gracias por permitirme tu compañía— Sonreía de medio lado, endemoniadamente atractivo — Y que dices, nos veremos después de clases— Eso lo dijo en un tono más bajo, para que solo yo escuchara, sango estaba cerca de nosotros pero no escucho, vi en su rostro el desconcierto.

—Si… está bien— Afirme en el mismo tono, mientras sentía mis mejillas arder, no sé por qué había aceptado, estaba casi segura de que jugaba conmigo sin embargo, había tanta seguridad en su proceder, que no me pude negar, mi mente lo hizo, pero otros motivos me impulsaban a aceptar, intriga tal vez; era eso en lo que pensé en ese momento.

—Perfecto, te buscare a la salida entonces— Dicho esto se levantó de la mesa, y extendió su mano así mí, la tome algo insegura, y me levante del asiento, se acercó a mi mejilla y me dio un pequeño beso. —Hasta luego Kagome…— Susurro cerca de mi oreja, dejando en mí una sensación de hormigueo.

Volteo a ver a sango asintiéndole con su cabeza levemente —Ha sido un gusto conocerte— Dicho esto sonrío y se fue.

Sango y yo nos quedamos viendo por un instante el lugar por donde se marchó, yo tenía la mano en mi pecho, tratando inútilmente de parar los latidos de mi corazón; un habito que había adquirido últimamente.

— ¡Tú!, pequeña mentirosa…— Siseo sango de manera amenazante —Cuéntamelo todo ahora, como es que lo conociste ayer… —Brinco hacia mí, tomándome de la mano y alejándonos del cafetín. Nos paramos cerca de algunos salones y volteo a mirarme, sonriendo de oreja a oreja, a veces no entendia sus bruscos cambios de emociones.

—No te mentí sango— Suspire de forma lastimera mientras veía hacia todas partes menos a ella; —Es solo que omite el hecho de a verlo conocido, porque jamás pensé que me volviese a hablar, ni mucho menos a…— Calle inmediatamente, no sé porque pensé que era mejor no comentarle que saldría con él esa tarde, quizás porque por la actitud de Inuyasha al decírmelo era como si de un secreto se tratase.

— ¿A qué? — soltó sango.

—A… sentarme junto a él, fue extraño— Le dije cambiando rápidamente mis palabras, y manteniendo la calma, era sumamente perceptiva, no deseaba mentirle, pero por el momento prefería reservarme lo que pasaba.

—Bueno, siendo así no veo por qué deba extrañarte kag, tu eres hermosa, no sueles verte como los demás te ven en realidad, eres una chica muy linda— Me decía sango por enésima vez en mi vida, asentí y le sonreí de forma sincera, era mi amiga de toda la vida, siempre seria bonita a sus ojos.

—Y ahora sí, cuéntame cada detalle de cómo lo conociste, ¡es increíble que Inuyasha Taisho hable contigo! — decía de manera risueña, sonreí con algo de ironía, pues para mí era como imposible que estuviese yo viviendo eso.

Me dedique a relatarle omitiendo algunos detalles, de lo que había pasado en la noche, y por qué lo había conocido, también le hable de cómo fue que termine sentada en la misma silla con él.

—Kouga Wolf Thalassinos y Miroku Tsergas— Los labios de sango formaban una perfecta "o" —Oh por dios— pronunciaba cada palabra con énfasis — ¡Esos chicos son guapísimos! En especial Miroku— exclamo sango de manera risueña.

—Ni que lo digas, me quede sin habla por un momento al conocerlos, son perturbadoramente atractivos, todos ellos parecen dioses— Comentaba de manera divertida mientras le decía eso a Sango.

—Y bueno que harás, digo es obvio que él te gusta, que harás si se interesa por ti—.

Me puse de piedra, ¿Qué haría?, no tenía idea, era una posibilidad remota, quizás lo mejor sería ver cómo se desarrollan las cosas, hoy saldría con él, allí vería por donde iba la cosa.

—La verdad no lo sé sango, dudo que pase, pero hasta entonces no me hare esperanzas— Que más podía decirle.

—Bueno— Suspiro sango con resignación, —Esto tengo que contárselo a Ayame se pondrá como loca cuando sepa que conoces a esos tres chicos— Decía Sango con sus ojos brillando de forma divertida.

Chequee la hora y al ver que ya había entrado mi clase, me despedí de Sango, quien antes de irme me hizo prometerle que le contaría si me volvía a encontrar con él, cruce mis deditos detrás de mi espalda y le asentí con la cabeza, no deseaba prometerle nada, era mejor conocer primero que pasaba.

Corría rápidamente por los pasillos, mientras llevaba mi mochila en la espalda, llegue agitada al salón, me coloque en un puesto apartado del profesor, y me dispuse a tomar apuntes, luego de una hora de explicación, ya empezaba a aburrirme, así que me quede mirando por el ventanal del salón el paisaje, el clima estaba oscuro, parecía que una tormenta se desplegaría pronto sobre nosotros, el tiempo estaba algo frio, presagio de lluvia pensé.

Afuera había muchos estudiantes, por los alrededores, unos sentados en la grama, charlando animadamente no sé de qué cosas, otros en sentados en círculo, al parecer discutiendo sobre algún libro, y alguna que otra pareja tomados de la mano; sonreí con ternura al ver a una pareja en particular sentados debajo de un gran árbol, abrazados de manera cómoda mientras charlaban, y se miraban entre ellos de manera tierna, amor, que lindo seria sentir alguna vez eso.

—Srta. Higurashi— Pegue un salto en mi asiento al escuchar mi apellido, —Podría por favor decirnos quienes fueron los poetas malditos—.

—Claro…— tartamudeo un poco, y me levante de mi asiento, —Hay cuatro poetas que ejercieron una revolución en la poesía francesa, ellos son: Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé.
Poetas que se segregaron de la sociedad, huyeron de los honores, de los puestos oficiales y adquirieron aspectos de marginados sociales, conocieron la miseria, las enfermedades y el abandono. Todo estas adversidades, las tomaron, con el fin de poner en claro su oposición en contra de la poesía romántica que existía en ese entonces, demostrando el lado oscuro del hombre, como lo es la muerta entre lo más importante.

Hable firme, de forma serena, conocía del tema, era parte de mi lectura preferida, aunque no prestaba atención a lo que se habla en el salón, estaba clara en el tema de conversación.

El profesor asintió, con su cabeza, y volviendo su mirada al salón —vista al frente, alumnos— y siguió con su explicación.

Luego de un rato al fin salimos del salón, no podía dejar de pensar en todo lo referente a Inuyasha, su invitación a salir, realmente me había dejado en un hilo. Iba sumergida en mis pensamientos, cuando escuche la voz de houjo, acercándose con algunos amigos por el pasillo por donde venía; di dos paso hacia atrás, y emprendí huida, no deseaba hablar con él, luego de un momento cruce por uno de los pasillos, siempre volteando hacia atrás, cuando note que era un pasillo ciego, con dos salones de cada lado, — ¡Rayos! — Susurre bajito, y me asome un poco por el muro observando que ya houjo venía muy cerca, no podía salir así otro sitio sin que me viese. Empecé a caminar hacia atrás, ya resignada a que me vería, cuando alguien me tomo por la muñeca, y me jalo hacia un salón cerrando la puerta al momento en que entre.

—De quien te escondes pequeña— Susurro bajito Inuyasha muy cerca de mi oído.


Que les parece, hehe ya coloque a mi misterioso inuyasha, (suspiro), toy enamorada de el hahahaha

recuerdeen dejar sus review, tarde un poco en publicar, pues se me a complicado algo la universidad, ya ni duermo casi hehe

besitoos a todos!