No one Will cry.
IV


.

.

Lo seguí esa primera noche, observé al asesino que indudablemente es en algo que bien podría definirse como su estado natural puesto que no concedió segundas oportunidades ni tampoco piedad.

Dos espadas en cada mano, la suya y otra que tomó del primer cuerpo que derribó. Lo llamaron elegido, algo que en su momento no logré comprender pero que a medida que los fue enfrentando comenzó a tener un poco de sentido para mi. Hicieron alarde de su posición y nombre, además apuntaron el hecho de que era su aniversario y que era por eso que estaban ahí.

—¿Los envió mi madre? —preguntó con desafío y yo me esperaba una buena explicación.

—Junto con sus saludos.

—Tt, Díganle que estoy bien. Suponiendo claro, que quede uno de ustedes que pueda hacerlo.

Se dispersaron, si bien yo no pensaba quedarme de brazos cruzados si quería conocer y estudiar cada uno de los movimientos de mi nuevo hermano. Cerró los ojos, relajó los músculos más no bajo la guardia. Era un guerrero nato y aunque sus prendas sugerían alguna clase de instrucción ninja, sus movimientos hablaban más bien de instrucción en todo tipo de arte militar.

Se enfrentaron, el metal de las armas chocando y la sangre manando, por un momento pensé que si no actuaba con rapidez te darías cuenta de lo que estaba haciendo y me permití deleitarme con ello, recordando si es que me había dejado alguna cámara o micrófono oculto dentro de la cueva para saber qué es lo que le harías porque viejo. —¡Esto era oro puro!— Tú, Bruce Wayne padre de un sanguinario, vaya justicia divina era esa e iba a seguir por ahí cuando un sonido a coro me expulsó prontamente de mi cavilación.

Los asesinos desaparecieron como polvo en el viento y Damian se quedó ahí, los instintos alerta y su fiel espada en torno a las manos. Yo quería entender qué era lo que pasaba. Parecía un ritual, una iniciación y efectivamente lo era pero la invitación no era a ninguna clase de fraternidad o cofradía. Las voces, como dije se comenzaron a elevar de lo bajo a lo alto como si de un réquiem mortal se tratara, luego salieron de sus escondrijos giraron en torno a él y aumentaron de poderío.

—Sangre a la sangre.

—Polvo al polvo.

—Ojo por Ojo.

Lo atacaron.

Yo me consterné de inmediato. Cuatro figuras a una no parecía ser de lo mas justo y no es que el enano estuviera en desventaja o no mereciera lo suyo pero si iba a recibirlo por lo menos debería ser en igualdad de condición. Lo sometieron. De una manera que hasta ahora me explico y es que si bien antes había escapado a los ataques y arremetido en su contra ahora parecía exhausto y atusado por heridas de una pelea que solo podía suponer como previa. Comenzó a presionar su diminuta figura contra las crueles ataduras a las que lo remitieron, lo ataron a la corteza de un árbol, el hilo metálico surcando la piel. En ese momento tomé mis armas. Ya había visto lo suficiente, estudiado su capacidad y comprobado su valía pero a pesar de todo lo que dijera e hiciera. No dejaba de ser un niño y ver morir a niños. —Lo crean o no— No es la clase de cosas que tuviera por costumbre hacer.

Los fui midiendo a medida que me aproximaba a ellos, diseñé un plan, elaboré la estrategia mientras los veía arrojar una nota a sus pies y sacarlo al fin de combate.

Un golpe en el punto medio de los ojos y el niño de papá, mi hasta ahora desconocido hermano se desconectaba así de este mundo.

Los cuatro hombres se miraron entre sí como decidiendo quién sería el primero, tomaron su espada, la misma con la que él los había enfrentado y lo demás ya no lo pudieron hacer puesto que yo no los dejé mover un solo músculo en contra o sobre Damian.

La nota a sus pies decía lo siguiente:

"Feliz Cumpleaños Damian,
Has fallado".

Leerla me dejó un mal sabor de boca. Siete figuras a una; el pequeño había eliminado a tres pero estaba claro que esos cuatro pretendían devolver el favor y con creces. Los até en un alijo unos contra otros y después hice uso de la misma espada con que pretendían decapitarlo, admiré el filo de la hoja y el trabajo del herrero. Un arma auténtica, de considerable cantidad de años a juzgar por lo gastado de la empuñadura y el metal que refulgía con el resplandor de las vidas que hasta ahora había ultimado.

Di un par de movimientos con ella para probar mi punto y someter a su enemigo.

—¿Quién los envía a asesinar al hijo de Bruce Wayne?

—¿Wayne? —el asesino escupió a mi máscara, los otros tres comenzaron a repetir esa parafernalia de la sangre.

—¿Qué sangre? —pregunté cansado.

—La sangre de los Al Ghul no debe mezclarse con extraños, él no debe mezclarse con extraños. Si lo hace…

—¿Qué harán, morirá?

—Él y todos con los que relacione.

Esa declaración fue suficiente para mi, iba a contactar con ustedes pero entonces los hombres que tenía a mis pies se suicidaron.

Siete cuerpos. Tres devastados por el filo de una espada que justo ahora yacía entre mis manos, el menor de los Wayne atado a un árbol, golpeado y anestesiado. No, definitivamente, no era un escenario digno de admirar, además de que con nuestro historial. Tú no tardarías ni dos segundos en dictaminar que había sido yo y solo yo quién orquestó todo eso. —Bruce bufó incómodo. Jason lo miró desafiante, retador.

Ambos sabían que lo que decía era cierto.

Volví pues a mirar a mi hermano luego de verificar los cuerpos y llegar a la conclusión de que tal y como sucediera en algunas mafias se habían quitado la vida tragándose la lengua.

Horrible forma de morir pero maldítamente efectiva.

Comencé a soltarlo con cuidado cuando mi comunicador captó su señal de audio. No te escuchabas especialmente feliz esa noche, de hecho me dio la impresión de que este niño estaba más seguro siendo masacrado.

¡Dónde demonios estás Damian! ¡Te dije específicamente que no salieras de la mansión! Aún estás castigado por irte a los golpes en ese maldito callejón de la 5a. Avenida y la Nueve.

Apagué el receptor de audio. Así que había sido él quién sacó de combate a esos traficantes del mercado negro. Bueno, ya era un mano a mano.

Lo miré de nuevo y libere su cuerpo, lo acomodé en el piso, bastante pesado para lo que aparentaba ser y bastante mono, tendido ahí como si solamente estuviera durmiendo. Quería una explicación para esto, una que sabía perfectamente bien que en condiciones normales no me iba a dar así que probé con uno de mis juguetes.


Damian se estremeció entonces. Hasta ahora había logrado seguir cada uno de los acontecimientos con excepción claro está de la parte en que perdió el conocimiento. Jason lo miró a él. Su diminuta figura sobre el sillón de terciopelo verde, sonrió con nostalgia y también cariño pues no importara la cantidad de años que con el tiempo estuviera ganando para él.

Siempre luciría como aquel niño.

—Suero de la verdad. Lo llevaba conmigo para hacer que los acreedores soltaran la sopa sobre los lugares de intercambio de drogas, armas e inclusive víctimas y me disculpo ahora por ello pero te lo inyecté a ti. Porque necesitaba saber qué cojones significaba eso.

—Tt...


Correcto hermanito, esto no va a doler nada y tampoco quiero escuchar mucho. Solo dime una cosa. —demandó poco después de haber inyectado la sustancia en su torrente sanguíneo. Damian abrió los ojos posiblemente hoy en día no recordara nada puesto que otra consecuencia inmediata del suero de la verdad es que cuando salía de tu sistema todo se lo llevaba.

Jason se vio en sus ojos, literal. Al tenerlo ahí frente a él, recordó cuando tenía su edad y trabajaba en las calles, robando, peleando, sobreviviendo a medias junto a unos padres que pasaban la mayor parte del tiempo consumiendo o peleando y sin saber por qué se congració con él.

Una madre ausente y un padre indiferente, vaya mierda de vida te conseguiste en Gótica enano.

Cuando logró que pudiera sentarse preguntó otra vez. Estaba exhausto, devastado por cuantiosa cantidad de heridas y parecía creer que él era otro asesino más puesto que antes de exclamar cualquier clase de sonido le sonrió a él. Tímidamente, cruelmente. Una media sonrisa sobre ese pequeño y redondeado rostro. Su cuerpo sintió un escalofrío que comenzó en la columna y terminó en los pies. ¿por qué lo veía así? ¿por qué lo atacaron así? ¿por qué ya no…

Termina —interrumpió el hilo de pensamiento el menor.

¿Qué?

Dale mis saludos a mi madre, dile que ganaste y que fue bueno haber conocido a mi padre. —Cerro los ojos en espera de lo peor con esa maldita expresión en el rostro y entonces él confesó.

No vine a matarte, ellos son los que están muertos

Entonces solo has que termine

¿El qué?

Esta maldita línea de vida sin vida...


Bruce soltó un nuevo juramento, sus hijos apretaron los puños a ambos lados de su cuerpo y Damian decidió levantar el rostro. No es como si de pronto fuera avergonzarse o arrepentirse de uno solo de sus actos.

—Tuve que volver a dormirte en ese momento ¿sabes? no es como si no supieras como te pones cuando te sientes acorralado por no decir que perdido y estás asustado. —el menor asintió y el mayor prosiguió.

—Lo entendí entonces ¿comprendes? mientras limpiaba la sangre de tus manos y rostro. Que serías amenazado cada maldito día que siguieras con vida porque eso fue lo que esos hombres dijeron. Lo que implicaba la nota. Ese era su regalo a ti y yo no podía permitirlo.

—¿Entonces lo hiciste tú?

—Si, lo quemé todo hasta desaparecer y después te trajé en casa. —Damian se llevó una mano a la mejilla. Creía tener recuerdos de eso, vagos, nebulosos. Pues sin saber por qué tenía la impresión de haber sido cuidado. Algo como una luz de esperanza comenzó a filtrarse en su corazón pero la misma se esfumo cuando fue consciente de lo que en realidad significaba esta revelación.

—¿También al año siguiente? —su voz sonó ligeramente decepcionada, le hubiera gustado poder ver los ojos de su hermano mayor. Saber si mentía. Pero a decir verdad, sabía que tratándose de esto. Jason Todd jamás le mentiría.

—¿Qué sucedió al año siguiente? —cuestionó Bruce pero de momento, ninguno de los dos parecía prestar atención a él.

—Para ser honesto contigo si y lo habría hecho de nuevo pero por alguna razón, esta vez ya no funcionó. Su voz sonaba a disculpa, a sinceridad. A una persona que años atrás ninguno de los presentes habría logrado reconocer y es que esos actos de hermandad o bondad. Simplemente no iban con él.

Damian sopesó sus palabras con detenimiento. De pronto se sentía extraño, la luz de la verdad dispersando los nubarrones de la mentira y es que en algún momento de debilidad. Se permitió soñar y creer que había sido su madre quien en un acto de humildad le concedía la piedad pues cierto es que en esa ocasión tuvo oportunidad de perder la vida. Mas sin embargo no lo logró.

La cabeza comenzó a dolerle, el cuerpo a temblar, las imágenes que tenía de ellos. Las sombras que le hacían saber que los suyos estaban ahí de pronto desaparecieron y aterrado se levantó de su sitio. Debió hacerlo demasiado a prisa puesto que de pronto todo a su alrededor se movió.

Su padre actuó de inmediato, arrojándose sobre él que había perdido el equilibrio además del piso y a punto estuvo de perder el sentido.

—¡Damian!

No le agradaba ser vulnerable, le hacía recordar que era débil, pequeño y que por supuesto, era el blanco perfecto.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¡Responde maldita sea! —él no tenía muchas ganas de contestar, estaba analizando su cuerpo, decidiendo si estaba mejor o redomadamente peor, se soltó un poco aceptando la ayuda para sostenerse en pie y una vez lo logró se llevó las manos al rostro, la visión había empeorado. Eso fue lo que en realidad le asustó.

—No me duele nada pero creo que debería…—Damian no continuó hablando, su padre y hermanos lo habían notado.

Ya no miraba a ningún punto específico, estaba levantando el rostro con las pupilas muertas, el color de sus ojos había desaparecido y aunado a ello, su esbelta y estilizada figura se abrazaba a sí misma como si temiera que por algún motivo en cualquier instante, él también pudiera desaparecer.

Bruce lo atrajo hacia sí como si pudiera protegerlo del peligro, de sí mismo pero contra su cuerpo ¿de una enfermedad? No podía protegerlo de eso. Damian aceptó el gesto, no es como si su padre concediera demasiados abrazos y tampoco es como si de pronto la locura que encerraba en su fuero interno hubiera decidido hacer las maletas y desaparecer.

—Estoy bien...

—No, no lo estás. —los chicos intercambiaron miradas nerviosas, no sabían si debían retirarse o mejor quedarse. Damian lo pensó también e intentó separase pero el mayor no lo dejó.

—Padre…—Bruce no quería despegarse de él. Recordaba sus fallas y equivocaciones, la cantidad de veces que había visto su cuerpo surcado por heridas que la mayoría de las veces no tenía ni la más remota idea de cómo es que lograba obtener. Y aunado a ello recordaba a su vez lo que había sucedido esa noche que entre Damian y Jason describieron.

Alfred le comunicó que el menor había desaparecido de la mansión, ellos estaban en un operativo en conjunto con el cuerpo policial de Gótica. El acertijo estaba suelto y era por eso que se había llevado a Nightwing y Red con él.

El conocimiento de su partida no lo hizo especialmente feliz sobre todo a sabiendas de que el mayordomo no tenía ni la más remota idea del momento exacto en que pudiera haber desaparecido. Hizo lo suyo, quizá con un poco más de entusiasmo esta vez. Rompía quijadas, tibias, costillas. Todo intentando tranquilizar sus emociones pero al final, simplemente no se resistió. Contactó con él. Tenía la radio encendida pero como supo horas después el uniforme de Robin lo había dejado en la mansión.

Salió con sus ropas de asesino, las mismas que le dio Thalía y cuando él regreso. La fiesta solo se puso mejor.

¡Quién te hizo esto! —gritaba a medida que señalaba la multitud de heridas que el mayordomo se esmeraba en curar.

¡Qué te importa! —respondió aireado. Alfred iba a intervenir a su vez, hacer lo que siempre hacía pero entonces él alcanzó a ver la espada y las ropas que apenas si lograron ocultar bajo una sábana blanca.

¡Qué significa esto!

Nada que…

¡Lo hiciste otra vez! ¿no es cierto?

Tal vez si me dejaras…—pero él no lo dejó. Estaba cansado de sostener esta discusión cada semana con él. De tener que enfrentarse a él, de mirarlo a los ojos.

Y maldito fuera el destino puesto que justo ahora. Nada quería más que volver a verse en sus ojos.

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—Ya puedes soltarme

—No…—él no iba a volver a soltarlo porque por tres años era lo que había estado haciendo— ejercer un juicio sin conocimiento de causa, esperando lo peor porque aunque jamás lo diría en alto, él siempre se había temido lo peor. Le aterraba la idea de que su hijo perdiera el rumbo y se convirtiera en algo a lo que ya no pudiera reconocer.

—¿Estás asustado?

—Si

—¿De que yo no pueda ver o de que por fin ves lo que soy?

—Tú...ya no eres así

—¿Y que soy ahora? Un patético ser que ni siquiera puede sostenerse por sí mismo.

—Damian…—Bruce lo separó de su lado y contempló su rostro, tenía los ojos abiertos, la piel ligeramente impregnada de sangre. Su hijo, ahora derramaba lágrimas de sangre, el conocimiento de aquello le dejó una nueva cicatriz en el interior. Eres mi hijo, lo único que siempre he querido de ti, es que seas la mejor versión de ti mismo que puedas ser.

—¿Entonces confiarás en mi?

—En qué sentido

—En el que sueltas mis manos y dejas que sea yo quién supere esto.

Su padre lo hizo mirándolo con orgullo de la cabeza a los pies, un gesto que al menor le habría encantado puesto que, lo único que había querido de su padre, desde la primera vez que se postró en contra de su voluntad ante él, era que lo mirara con orgullo y quizá algo parecido al cariño, afecto ¿y por qué no decirlo ahora? amor.

Regresó a su posición sobre el asiento. La narración casi había concluido, de hecho solo faltaba una cosa más por aclarar.

—¿Todd?

—¿Me darás los honores?

—Tt…

—Si tanto así quieres saber, lamento informarte que en aquella ocasión solo llegué a limpiar tu desastre.


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UN AÑO ATRÁS.

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Hacer enfadar a su padre no era una tarea especialmente difícil, sobretodo si presionabas en los puntos correctos y todo se traducía en una serie de…

¡De donde sacaste esto Damian! —sonrió socarronamente— había encontrado la estrella ninja que apenas si escondió dentro de su traje de Robin.

Qué te importa, es mío

¡No te pregunté eso!

Lo traje de casa —eso no era cierto y tanto él como su padre sabían que lo era.

¿Volviste a salir sin permiso? —él asintió aunque lo cierto era que una vez más se había encontrado por el jardín, deambulando, dilucidando, destruyendo luciérnagas.

Las malditas cosas morían con sobrada facilidad en el interior de sus manos, una criatura diminuta, insignificante y hermosa. Ignorante de su fragilidad y también belleza, de los designios de la muerte y es que en ese jardín para esos insectos, él era la personificación de la muerte y muerto.

Era un estado que posiblemente, estuvieran próximos a compartir.

Las estrellas ninja fueron lanzadas a sus pies, él escrutó la oscuridad de la noche a diestra y siniestra, llamó a Titus, no quería que se ensañaran con él así que se aseguró de tenerlo a sus pies y ordenarle entrar en la casa. —Quédate con Alfred, Titus, no dejes que mueva un solo músculo fuera del lugar en donde esté ¿quedó claro?. A manera de respuesta el inmenso can ladró emocionado y salió despedido en dirección de la mansión. Él se incorporó de nuevo, levantando el rostro con orgullo y falsa soberbia, sabía que el día estaría cerca más no imaginó que tanto. Apenas si llevaba tiempo tratándose con sus hermanos y por tratarse se refería a que llevaba poco más de diecinueve meses haciendo sus vidas algo más que interesantes.

Yo soy Damian Al Ghul, yo decido si viven o mueren, lárguense de aquí o acepten su suerte. La respuesta del gremio, como es natural, fue arrojar otras tres estrellas a su alrededor. Una de esas cayó sobre el féretro de su abuela, la amenaza al resto de los Wayne permanecía vigente. No quería a esa partida de imbéciles en peligro, sobretodo porque eran redomadamente inútiles. Él mismo lo había comprobado, ya los había puesto a prueba bajo pretexto de querer un recuerdo suyo como trofeo en su cuarto.

Ninguno de ellos atacaría o esperaría un ataque por la espalda, ninguno de ellos derramaría sangre de manera excesiva o con el fin de arrebatar una vida y más importante que eso. Ninguno de ellos creía que la existencia de la liga de los asesinos fuera cierta. Lo tenían como un principito mimado, un rufián sin corona. Un mocoso insufrible que no hacía más que tratar de demostrar su valía ante un padre que apenas si sabía que existía.

Si los quería con vida porque a fin de cuentas al morir él, alguien tenía que cuidar de su padre, debía enfrentar a los asesinos una vez más y salir victorioso.

Luego de ser castigado y abandonado por Batman, aguardó a que la noche se hiciera espesa y se dejó conducir por ellos. Lo llevaron a una bodega de esas que abundan en Gótica aunque ésta era mas bien usada como contenedor de carnes frías. Iban a colgar su osamenta como años atrás él había colgado la de sus carceleros, las estacas parecían más eminentes que los ganchos para ganado pero suponía que el efecto dramático debía ser el mismo. En esta ocasión la partida estaba más pareja, cuatro contra uno pero el factor sorpresa es que no venían solos.

Tenían un menor secuestrado, un niño rubio que le hizo pensar en Abuse, la sola idea de que quisieran abusar de él o de que ya lo hubieran hecho le hizo cuestionar la clase de gente que su madre pudiera estar contratando para asesinarlo. ¿Puede que su abuelo sospechara algo? o quizá Thalía estuviera perdiendo puntos en el escalafón de liderazgo como fuera.

Liberar al niño, era ahora la prioridad.

Feliz cumpleaños elegido

¿Le hicieron algo?

Aún no, queríamos que vieras lo que le esperará a tus hermanos.

Damian gruñó con molestia, le enfermaba la gente que abusaba de los demás, específicamente de los que no podían defenderse, no podían gritar, no podían creer porque en su momento él había creído y llego a la conclusión de que las creencias, simplemente desaparecen. El niño estremeció al tiempo que dos de los hombres le acariciaban el rostro, uno a cada lado de su cuerpo. Las lágrimas corrieron por sus mejillas y él mostró la dentadura expuesta. Asesinos era una cosa pero ¿violadores de niños?

Su madre no podía llegar tan lejos. ¡No podía! Pero lo hizo.

Cierra los ojos —ordenó al menor que justo ahora no era más que un manojo asustado de mocos y llanto, los hombres lo soltaron luego de haber bajado con sus caricias hasta la parte interna de sus muslos.

Los asesinaría horriblemente, despiadadamente y no solo eso…

¿Qué te pasa elegido? ¿Te estás poniendo celoso? Tienes unos hermanos algo mayores para nuestro gusto pero sumamente apuestos, les hemos visto por ahí en sus trajes de combate, dime ¿crees que griten? ¿gritarás tú?

Y lo hizo.

Para cuando Red Hood llegó ahí, en el interior de la bodega únicamente estaban los cuerpos, desmembrados, colgados de las cabezas y troncos por los arneses industriales.

Un baño de sangre, muy pintoresco y a la vez explícito puesto que la nota en esta ocasión decía así:

"Feliz Cumpleaños Damian, Has fallado".
No madre, tú fallaste.
Amenaza a un inocente de nuevo y la promesa que hice de no tocarte un solo cabello terminará.

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Se convirtió en su sombra. Lo observó a medida que se acercaba al menor aunque para su sorpresa. El niño parecía tener más miedo de él que de los asesinos a su al rededor.

¡No me hagas daño! —Damian intentó de nuevo, el menor retrocedió hasta quedar prácticamente pegado a la pared. ¿Qué era lo que veía en él? A parte de un niño que parecía de su edad totalmente manchado de sangre.

A la muerte.

Y entonces fue que lo supo. No se podía escapar a esto. No podía ser lo que no es. Aún si salvaba la vida de un inocente, la suya estaría marchita, manchada…disoluta.


—¡Ese niño era un imbécil! —interrumpió Hood.

—¡Ese niño está vivo y es lo único que aquí importa.—agregó Nightwing pues había sido testigo al igual que el resto de como se entristecían las facciones del menor.

—Entonces todo esto quiere decir que tú en realidad ¿Nos has estado cuidando? —cuestionó Drake mirando al menor con suma fascinación.

—Me cuido a mi mismo —respondió con hastío. No iba a dejar que sintieran un solo ápice de lástima o piedad por él. ¡No quería eso! Su falso cariño, condescendencia. Lo despreciaba.

—Aún si no lo haces. ¿los asesinos saben que existimos? saben que si fallas irán tras nosotros. Damian asintió, aunque fallar no es exactamente lo que había hecho en esa ocasión.

—¿Y nunca ibas a decirnos?

—Tt, Lo intenté, pero él jamás me dejó.

—Damian…—comenzó a decir Bruce pero fue interrumpido por Dick.

—¡Si no podías hablar con él lo entiendo pero al menos me lo hubieras dicho a mi!

—Pensaba hacerlo

—¿Y? Todas esas noches que patrullamos juntos que confiamos el uno en el otro que nos dijimos que no estaríamos solos ¿No significaron nada para ti? el tono indignado del joven guerrero parecía de telenovela y es que en realidad, se sentía dolido de no haber sido él quién encubriera al menor. Se suponía que era su mano derecha, el mayor de los Wayne, él era quien cuidaba de ellos y no al revés.

—Tt, no voy a justificar algo que ya ha pasado. Pensé en decirte pero no pude y si no me crees puedes tomar mi cuaderno de dibujo y verlo por ti mismo. Te dejé una nota.

—Oh, que genial. Tú te mueres y yo me quedo con el cuaderno ¿Qué le toca a Tim, tu maldito ipod?

—No, ese sería para Alfred, adora verlo tirado por cualquier parte de la casa, Tim puede quedarse con mi computadora portátil y Todd tendrá la custodia de Titus

—¿De verdad?

—No seas estúpido Grayson

—¿Estúpido yo? Quién es el que tiene una jauría de asesinos a las espaldas y aún así decide hacerse el listillo y dar la cara por todos.

—Tt…

—Déjalo en paz ¿quieres? —intervino Hood. Este año fue diferente. Yo no escuché de ninguna recompensa por tu cuello en las calles y ese ataque que conllevó a tu exilio no me pareció que estuviera planeado. Tuviste que improvisar por eso el viejo se enteró.

—¡Hey! El viejo tiene nombre y sigue presente.

—¿Cuál es la explicación para eso Damian? —insistió Hood ignorando a Bruce.

—¿Sabes la edad que tengo, padre? El mayor de los Wayne resopló con fastidio claro que sabía la edad de su hijo y claro que había intentado hacerle un regalo de cumpleaños antes pero el menor todo lo que hizo fue tomar la caja en manos y cuestionar si a caso pensaba comprar su afecto u admiración con obsequios.

—Tienes trece Damian, aunque sigo ignorando la fecha, ni tu o tu madre me la han querido dar.

—Irrelevante, todo lo que dijiste. Tengo la edad legal, según las leyes de la Liga de Asesinos para liderar el gremio. Aunque ya haya expresado mi negativa, nunca estarán seguros, jamás se sentirán a salvo de que llegado a la edad adulta no quiera reclamar lo que por decreto es mío. Como hiciste tú, solo llegaste un día haciendo uso de tu firma y nombre y retomaste el negocio bajo tus ideales más no los de tus inversionistas, asociados o acreedores. Eso es lo que temen de mi, que me canse de jugar a la justicia. Y decida regresar a tomar lo que según mi abuelo desde el día de mi nacimiento es mío.

—¿Entonces, esto solo es el comienzo? —cuestionó Tim.

—Tan seguro como que en este momento mi padre tiene el ceño fruncido, Hodd está planeando como violar los códigos de seguridad interna de la Baticueva y ustedes dos vaya que apestan.

El menor sonrió socarronamente, sus hermanos le mostraron el dedo de en medio, Hood le aplaudió para sus adentros, en realidad le agradaba ese niño. Le gustaba probarse a sí mismo y demostrar a los demás que no era tan sencillo asustarlo o derrocarlo y como si requiriera una exhibición para aquello se llevó los dedos índice y medio a los labios y silbó.

Un sonido apenas audible, de hecho les costó trabajo caer en la cuenta de que era lo que hacía hasta que una inmensa figura salió trotando por los pasillos seguida de otra desgarbada y un poco molesta.

—¡Por todos los cielos, detengan a ese perro en este instante! —gritó Alfred con las manos enjabonadas, él había estado ocupado en darle un baño al can.

—¡Ruff!

—¡Ahh! Estás todo mojado Titus!

—¡Ruf, Ruf!

—Mmmh, ¿Te estabas dando un baño? —prosiguió el menor como si en efecto pudiera comprender lo que dijera el Danés—¿y ya comiste muchacho? ¿no? Bueno, como verás Titus, yo también me muero de hambre así que vamos.

Damian había vuelto a arrodillarse a la altura del perro, acariciando su hocico y haciendo que de alguna manera lo comprendiera— ¿ves mi rostro Titus? —el Danés asintió una vez más, tomándose la libertad de lamer a conciencia la cara de su amo.

—Necesito que seas mis ojos ¿de acuerdo? —¿Ruf?— llévame a la cocina. Titus estudió sus palabras y movimientos, bajó el rostro, apenado, congraciándose con su amo y acto seguido se puso de pie, firme sobre sus patas traseras, aguardó a que el menor le colocara una mano sobre el collar y emprendió la marcha.

—Confía más en él que en ti —señaló Todd pues en efecto el menor había titubeado más al ser conducido por su progenitor que por el Danés.

—Debe ser cosa de perros —atacó Drake pues el comentario sobre su pestilencia le había caído sobradamente mal.

—¿Llamarás a Amber? —preguntó Richard una vez los viera desaparecer por la profundidad del pasillo.

—A primera hora de la mañana.

—¿Crees que supere esto? —el mayor se quedó sin palabras. En realidad, esta era la primera vez que una situación así lo rebasaba pero si alguien podía salir de ella. Ese era su hijo. Estaba seguro de eso y unos gritos provenientes de la parte baja de la mansión se lo confirmaron.

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—¡Por el amor de Dios amo Damian! ¡No corra! el piso está mojado.

—Pero esta parte de la mansión si me la sé

—Bajar a las tres de la mañana a asaltar el refrigerador no debería considerarse un entrenamiento para su padecimiento

—¿Por qué no?

—¡Porque no! Siéntese ahí, le haré un emparedado y revisaré sus ojos

—Titus también tiene hambre

—El día que ese animal suyo haga otra cosa aparte de comer y dormir en verdad me sorprenderé...

—Puede rodar, dar la mano y también se hace el muerto.

—¡Ruff! ¡Ruff! ¡Ruff!

—¡Ahh! En mi piso limpio no.


Continuará...


Un poco tarde, bastante revuelto pero seguro. Si no entendieron ni J pueden hacer sus preguntas mediante un mensaje de inbox.
Gracias mil a los que comentan y por cierto.

Mi querido Guest, la historia hasta donde la tengo pensada incluye solo a los Robins pero quién sabe más adelante podría encontrar un pretexto para incluir a las Bat girls.

Hasta la próxima.