¡ATENCION! LEER PRIMERO ESTO: Este fic contiene relato de tipo sexual y que no están nada relacionados con el estilo romántico de Jane Austen. Algunos párrafos de este fic si tienen algo del estilo de Jane Austen ¡pero vuelvo a repetirlo! Para nada es romántico, tiene contenido erótico y puramente sexual. ¡Es para mayores de 18 años! Si te gusta el romanticismo no sigas leyendo, a ver si va a venir algún comentario diciéndome que le he pervertido o que si Jane Austen se levantara de la tumba y leyera esto se arrepentiría de volver a estar viva, ect…
Este fic no me pertenece. Pertenece a R. Grace y su verdadero titulo es "A Taste". Esto es una TRADUCCION.
Cullen-21-gladys: Gracias por avisarme siempre de los fallos que cometo. Lo cierto es que este fic no es que sea muy inocente. Besos.
Lorss: ¡Ah! Me alegro que te guste. Yo prefiero más el estilo romantico pero este fic me encanta también. Es cierto que estamos en el siglo XXI, si es que me estoy quedando antigua. Besos.
Avi de Windt: xD ¡Que graciosa! Gracias, me alegro que te guste esta historia también. Besos para ti.
Stellar BS: Me alegro que te guste. Muchas gracias por el review. Besos.
Esa noche, cuando Elizabeth se preparó para irse a la cama, empezó a cavilar sobre algo que le intrigaba: ¿Amaba al señor Darcy? Ella sabía que él le había confesado su amor y que la había llamado "mi amor" en muchas ocasiones a lo largo de su conversación, pero ella nunca le había correspondido. Solo estaba segura de algo, no quería mentirle. Ellos habían reconocido su deseo por ser honestos el uno con el otro y ella quería respetar aquel patrón. Sabiendo que a él le encantaría oírlo, decidió no decirle que le quería hasta que estuviera segura de que era verdad.
Se sentó, con las piernas cruzadas, en la cama con las dos cartas que él había dispuesto antes para ella. La carta para el señor Bingley era corta y precisa, y el señor Darcy parecía arrepentido. No se había resistido a escribirla, lo cual sugirió a Elizabeth que él era honesto al reconocer que había hecho un mal juicio y que había actuado descuidadamente hacia los sentimientos de su hermana y su amigo. La carta estaría en el correo esa mañana, y, estaba segura, que cuando el señor Bingley la recibiese no perdería tiempo en obtener la dirección de su tía y su tío en Londres para escribir a Jane. Elizabeth suspiró alegre ante aquel pensamiento. Su querida Jane por fin sería feliz de nuevo.
No había duda de que él era un poco sombrío y retraído, se notaba que había llevado una carga pesada durante muchos años. Estaba segura de que se sentía terriblemente solo. Aquel pensamiento causó una opresión involuntaria en su pecho. Ella se puso la mano sobre el corazón. Palpitaba por él, por su William. En tan poco tiempo, su opinión de él había cambiado completamente. Su comportamiento era perfecto, de todas las maneras, pero no lo era el de ella. Él no le guardaba rencor porque hubiese creído las malvadas mentiras que le había dicho Wickham. Tampoco se lo guardaba por el grosero comportamiento hacia él desde que se conocieron. El señor Darcy merecía lo mejor que ella pudiese darle. Con un profundo suspiro, Elizabeth cerró los ojos y sintió como las últimas barreras entre William y su corazón caían. Dejó todo el pasado atrás y permitió que su corazón se llenase de él. Una lenta sonrisa cubrió sus rasgos. Ella le quería, y eso era maravilloso.
Mañana se lo diría.
El señor Darcy se despertó con una sonrisa en la cara, lleno de anticipada dicha. No podía recordar haber sido tan feliz antes. Oh, Elizabeth, muchas gracias por todo lo que eres y todo lo que has aceptado ser para mí. Siempre estaré en deuda contigo, mi dulce amor.
Se levantó y se vistió rápido, ansioso de ver a Elizabeth de nuevo. Esa mañana ellos estarían en privado y él intentaría sacar ventaja de la situación. La necesitaba enormemente, pero sabía que había mucho que discutir hasta que llegaran al altar. Tenían planes que hacer, empezando obtener el permiso del padre de Elizabeth. También se había prometido a si mismo contarle su pasado, algo de lo que no estaba muy entusiasmado, pero si era su deseo debía honrarlo. Quizás si le permitiese esperar hasta que volviesen a Meryton para contarle todo. Aquellos días antes de su compromiso no deberían ser despreciados de esa manera. Estaba seguro de que no tendrían mucha privacidad cuando ella volviese a su casa y a él le gustaría volver a olvidar que era un caballero de nuevo.
Se encontraron en el usual punto al lado del sendero del bosque. El señor Darcy estaba seguro que Elizabeth estaba más hermosa que la tarde anterior. Solo se había recogido la mitad del pelo, así que la otra mitad se deslizaba sobre sus hombros y oscilaba debajo de su sombrero. Había elegido un vestido muy modesto pero que tenía un delicioso escote. El señor Darcy se preguntó si ella lo habría hecho para su propio beneficio. Elizabeth intentaba convencerse a si misma de que no. Pero aparte de aquel vestido, Elizabeth tenía un brillo que el señor Darcy no pudo interpretar. Sus ojos, que siempre habían brillado, parecían ahora dos estrellas. Era un brillo incandescente.
Elizabeth corrió a sus brazos que le esperaban e inmediatamente buscó sus labios. Sus besos rápidamente se volvieron apasionados. Elizabeth agarró sus fuertes brazos y se apoyó complemente en su agradable cuerpo, profundizando en el beso. Las manos del señor Darcy acariciaron las curvas de su cintura, sus caderas, y su torso, disfrutando su suavidad y feminidad. Él se agachó para aceptar su lengua en su boca, acariciándola a la vez.
Después de algunos minutos, Elizabeth rompió su beso y enterró su cara en el pecho del señor Darcy.
"Te quiero, Will," ella susurró.
Eufórico, el señor Darcy apretó sus manos alrededor de ella y le dio algunos besos en su pelo y en su sien. "Te quiero tanto, mi querida Lizzy."
Él se agachó y envolvió sus manos debajo de su cintura, levantándola del suelo de tal manera que sus caras pudiesen estar a muy poca distancia. Él cargo con ella algunos pasos por el bosque y dejó descansar su espalda contra un enorme roble. Durante un largo tiempo se miraron el uno al otro a los ojos, mientras las manos de él soportaban su peso y las manos de ella acariciaban su rostro. Luego el señor Darcy empezó a subir su falda hasta sus muslos, permitiendo que ella enroscara sus piernas en torno a su cintura, dejando que sus manos pudiesen explorar sus curvas. Y las exploró, empezando por sus torneadas piernas. Elizabeth gimió cuando él enganchó su dedo en la liga y empezó a bajarle la media por la pierna, dejándola fruncida en su tobillo. Sentir sus manos en su piel era como estar en el cielo y Elizabeth no podía dejar pedir más.
Ella movió sus manos entre ellos y desabotonó la chaqueta y su chaleco de cuero, quitándoselos por sus hombros con un suave movimiento. Sus agiles dedos empezaron a trabajar en los nudos de su pañuelo. Pronto, el pañuelo estuvo en el suelo junto la chaqueta y el chaleco, y empezó a desabotonar su camisa tan rápido como pudo mientras le besaba desde el cuello hasta el enredado pelo de su pecho. Ella dejó que sus dedos se enredaran allí, disfrutando su belleza masculina. Él era perfecto, cada centímetro de él.
Los labios del señor Darcy tocaron los suyos suavemente, con la suficiente presión para convencerlos de que se abrieran. Su lengua presiono ligeramente su labio inferior y casi tocó la lengua de Elizabeth cuando ella tensó su boca. Él mantuvo el control, burlón, apartándose un poco cuando Elizabeth intentaba profundizar en el beso. Pronto estaba gimiendo y estirándole del pelo con frustración. El señor Darcy rió ante su impaciencia.
"¿Qué quieres, Lizzy? Dímelo."
"Lo sabes muy bien," replicó frustrada y sin aire.
"Dímelo"
"Quiero que me beses fuerte. Quiero tus manos acariciándome todo el cuerpo y quiero tu piel sobre la mía."
Con un gemido, el señor Darcy cumplió su deseo. La beso furiosamente, mordiendo y absorbiendo sus labios y su lengua, presionándola fuerte contra el árbol en el que se apoyaba su cuerpo. Elizabeth tiró de su camisa, esperando quitársela, pero sin romper el delicioso beso. Estaba consiguiendo que se deslizara por uno de sus fuertes hombros para que sus dedos pudiesen explorar más allá. El señor Darcy le agarró un pecho, quitándole el vestido para poder tocar su pezón. Cuando sus dedos empezaron a tocarle, ella casi dio un grito.
Ambos se quedaron paralizados cuando oyeron una rama crujir.
Richard Fitzwilliam estaba de un humor excelente. Se había despertado de una maravillosa noche después de un excepcional profundo sueño. Había desayunado unos huevos fritos con riñones y ahora hacia un tiempo muy adecuado para dar un paseo por los terrenos. El más destacado de sus privilegios era la belleza que casi todos los días tenía el privilegio de observar durante su estancia en Rosings, y ese día tampoco fue una excepción.
Richard había visitado a la señorita Elizabeth, con la excusa de su amistad con el señor Collins, varias veces aquellas semanas, y planeaba hacerlo otra vez tan pronto como terminara su paseo. Sin embargo, él sabía que la señorita Elizabeth era muy habituada a pasear, particularmente por la mañana, y esperaba secretamente tener la buena fortuna de encontrarse con ella. El buen coronel pronto aprendió a tener cuidado con lo que uno desea.
Él estaba siguiendo uno de sus senderos favoritos a través del bosque cuando empezó a escuchar sonidos muy particulares.
"Bueno, si no hubiese oído mal," el pensó," Yo diría que es como si alguien estuviese… erh… en el bosque. ¡Qué ridícula idea!"
Él camino hacia el bosque con determinación, para detener sus pasos cuando oyó lo que, si no había oído mal, parecía una mujer… bastante satisfecha.
Un movimiento cerca de un árbol atrajo su mirada, y se volvió para descubrir que era lo que menos esperaba.
Cuando vio la ancha espalda de su primo solo con su blusa, la cual estaba, en ese momento, cayendo por su hombro con la ayuda de una delicada mano. Además, vio la atractiva pierna de una mujer contra la que su primo tenía la fortuna de estar acariciándose con diligencia. Cuando Darcy se movió para capturar los labios de la dama hasta morder su cuello, Richard pudo determinar quién era, con asombro y disgusto.
"Darcy, maldito afortunado hijo de perra," pensó. "¿Quién pensó que la señorita Elizabeth fuese tan… amigable?"
Cuando se recuperó del shock con ensueño, Richard se apartó, decidiendo hacer como si no hubiese visto nada. Desafortunadamente, el pie de Richard pisó una rama y produjo un ruido que, como Richard sabia, provocó el mismo efecto que un disparo.
Lo que pasó a continuación provocó un alboroto.
Elizabeth gritó, Darcy se apartó y Richard gritó, "¡Maldita sea!"
"¡Maldito tu, Richard!" Darcy juró, dedicándole una mirada asesina cuando encontró a su desafortunado primo. Mientras tanto, Elizabeth luchaba para taparse con la ropa, una lucha que era infructuosa porque Darcy no recordaba que tenía agarrada su pierna y su pecho.
Richard decidió empezar a correr pero Darcy, que no iba a permitir que Richard escapase de la escena indemne, liberó a Elizabeth repentinamente, provocando que cayese al suelo del bosque con un "¡Mph!".
No le llevó a Darcy mucho alcanzar a Richard, agarrando su brazo firmemente.
"¡Richard, maldito idiota, no vas a ninguna parte hasta que te obligué a hacer voto de silencio, a la fuerza si es necesario!"
"¡No, no! No será necesario, primo. Os guardare el sucio secreto a ti y a la señorita Elizabeth."
Su comentario sonó como un insulto y el señor Darcy le retorció la oreja.
"¡Richard, te juro por lo más sagrado, que si osas destruir el honor de mi prometida lo pagaras muy caro!"
"Oh, yo jamás… ¿Tu prometida? ¿Desde cuándo?"
"Elizabeth accedió a ser mi esposa ayer."
"¡Ayer, dios mío, estáis muy adelantados!"
El señor Darcy le retorció la oreja de nuevo.
"¡Esta bien! Está bien, me rindo. ¡No diré una palabra!" El señor Darcy liberó la oreja de Richard. "Solo puedo daros la enhorabuena, estoy muy celoso de vuestra suerte."
"Ten cuidado, Richard," Darcy le advirtió.
"No temas, Darcy, lo tendré."
"Perfecto. Ahora, Richard, tienes que saber, que como todavía el padre de Elizabeth no me ha dado su permiso, nuestro compromiso debe mantenerse en secreto."
"Soy una tumba."
"Además, ahora que tienes conocimiento de esta información, espero que distraigas a la tía Catherine sobre mi inexplicable ausencia en Rosing estos días. Necesito hacerle una visita al señor Bennet, pero no podre hacerlo si la tía Catherine descubre nuestro compromiso antes de que Elizabeth este a salvo de no obtener el permiso. "
"Estaré encantado," Richard añadió.
"Perfecto. Ahora, desaparece. Necesito estar con mi prometida."
"Sí, claro," dijo Richard andando hacia atrás.
"Bastardo con suerte," dijo entre dientes.
