Hola!
Lamento no haber actualizado antes, pensaba hacerlo ayer pero aqui en mi ciudad fue fiesta y me dediqué a leer en lugar de escribir que a veces también apetece!
Lo bueno es que tengo ya listo el siguiente capítulo de Cuando arde el hielo, si no puedo subirlo hoy espero poder colgarlo mañana que además es un capi interesante para mi gusto y me apetece subirlo.
No me enrollo más que voy con prisas! Espero que os guste y que lo disfruteis. Gracias a todos por leer y estar ahi.
BlueJoy: Ella también tenía derecho a ver algo no? ;) jajaja
mariapotter2002: veremos a ver que ocurre ahora, tienen unos cuantos dias por delante!
Manu Rocha: jajaja algo tiene, eso seguro!
Hatake Nabiki: Bueno, si de buenas a primeras Draco o Hermione aceptaran las chispas que hay no serían ellos no? ^^
Besos y saudos
AJ
Disclamer: Todo pertenece a JK R yo solo lo tomo prestado para jugar.
Día 1: Sábado
Hermione Granger salía pálida y cansada de la torre de Gryffindor tras haber dormido poco y mal. Tenía la piel llena de hematomas que había descubierto esa mañana delante del espejo, aquel idiota había estado unas pocas horas con su cuerpo y lo había maltratado al punto de que ahora le dolían hasta las pestañas. Resopló indignada y puso rumbo al Gran Comedor. Necesitaba la poción crece-pelo de Madame Pomfrey porque pese a que gracias a su indomable melena apenas se notaban la falta de los mechones que ese hurón albino le había trasquilado, no iba a ir por el mundo con semejante pinta. Por suerte a aquellas intempestivas horas de la mañana no había nadie por los pasillos. Decidió que iría a la enfermería un poco más tarde, después de desayunar y ver a Theo como cada sábado.
A Hermione la gustaban los sábados en realidad aunque no diferían mucho de los domingos, menos por la salvedad de ver a Nott y compartir aquella extraña burbuja de amistad en el mundo yermo y rutinario de ambos.
Suspiró al ingresar a la enorme y solitaria estancia cargada con los libros que tenía que devolver y los dejó caer sobre la superficie de madera de la mesa de Gryffindor. En seguida aparecieron el zumo, las tostadas, leche, tortitas y huevos, además de una enorme fuente repleta de fruta. Hermione se sirvió un vaso de jugo de calabaza y abrió uno de los libros de Runas Antiguas que tenía que devolver y gracias al terrorífico incidente, como había decidido llamarlo, no había podido terminar de leer. Agarró una tostada y la mordisqueó distraída viendo aparecer a Zabinni. Como cada sábado el moreno entraba y le dedicaba una mirada altiva antes de dirigirse a la mesa de Slytherin y desayunar. Hermione terminó de comer y se limpió las manos para pasar una página del grueso tomo. Llenó una taza de leche y tomó una manzana. Antes de terminarla Blaise Zabinni abandonaba el comedor y, un buen rato después Theodore Nott tomaba el relevo en la mesa de las serpientes.
La castaña dio un sorbo a la leche y cerró el libro. Apiló los tomos unos encima de otros y guardó los pergaminos en la mochila antes de levantarse, colgarse la bolsa al hombro y agarrar los pesados volúmenes. No bien dio un paso hacia la puerta escuchó el banco de Slytherin deslizarse en el suelo y las pisadas de Theo dirigirse hacia ella. Sonrió y esperó llegada del chico.
— Buenos días, Granger
— Buenos días Theodore.
Se miraron y sonrieron levemente comenzando a caminar hacia la biblioteca. Nott agarró los libros que ella llevaba en los brazos y Hermione sonrió agradecida colocando mejor en su hombro la pesada bolsa. Había descubierto hacía mucho tiempo que aquel chico misterioso y callado era un caballero. De maneras suaves y educadas, la trataba de una forma desconocida para ella ya que sus amigos jamás se habían preocupado de abrirle una puerta o sujetarle el peso de los libros para que no fuera aplastada por ellos. Su extraña amistad con Theodore Nott había empezado hacía ya mucho tiempo. El Slytherin al igual que ella era muy inteligente y pasaba más tiempo con la nariz metida entre las páginas de los libros que en compañía de cualquier persona. Además era madrugador y adoraba la biblioteca, por lo que los sábados habían llegado a ser el día en que ambos dejaban por un rato la piel del león y la serpiente aparcada a un lado y eran solo Hermione y Theo. Por regla general caminaban juntos por los corredores hasta su común destino y después cada uno terminaba en una punta de la biblioteca, dedicando el resto de la mañana a sus quehaceres y tareas. Aunque es cierto que a veces se sentaban juntos y estudiaban codo con codo durante unas horas hasta que el ajetreo del castillo y la vida de fin de semana en Hogwarts comenzaba bien entrada la mañana.
— ¿Qué le pasó a tu cabello?
Hermione sintió que sus mejillas ardían y metió un rizo rebelde tras su oreja mordiendose el labio inferior. Levantó ligeramente el mentón como siempre que se disponía a dar un discurso o responder una pregunta en clase y carraspeó.
— Pues verás, lo cierto es que tuve un problema con, con las tijeras ¿Entiendes? Quise cortarme el flequillo, tú sabes — Él asintió aunque obviamente no sabía — pero algo salió mal.
— No hace falta que lo jures — Nott alzó la ceja y aunque no se reía sus ojos la miraban divertidos — Desde luego cortar cortaste Hermione, solo que tu pulso no parece apropiado para hacerlo bien.
Ella resopló, sabía que parecía que le hubieran cortado el pelo con saña y mala leche pero ¿Qué podía hacer? ¿Decirle que el príncipe de las serpientes era como Eduardo manos tijeras y había tratado de podarla como a un seto desgraciando su cabello y reduciendolo a eso? No, no creía que lo entendiera. Eso si, recordar como tenía Malfoy su propia cabeza la llenaba de una satisfacción poco sana y ciertamente nada Gryffindor, pero la estaba disfrutando con plenitud, solo esperaba que alguien viera aquella obra de arte, no estaba hecha para ser disfrutada en soledad.
— Si, creo que no volveré a intentarlo.
— Deberías ir a la enfermería, seguro que podrán darte algo de poción crece-pelo, después si quieres cortar tu pelo será mejor que lo dejes en manos de... Profesionales.
Hermione rió, porque lo cierto es que aquel chico tenía clase hasta para decirle que se veía horrible y que estaba hecha un desastre.
— Iré a ver a Madame Pomfrey un poco más tarde, mi pelo no es algo que me guste demasiado, pero mejor esto que nada.
Él solo sonrió y miró el alborotado cabello de la castaña.
— Tu pelo solo es rebelde — Dijo con un guiño — Tu eres la prefecta perfecta cumplidora de las normas y tu pelo se lleva toda la rebeldía que escondes. Hummm — entrecerró los ojos — parece que ahí dentro — dijo señalando su pecho — hay una chica mala.
Ella solo le siguió la broma mientras caminaban y cuando llegaron a la puerta de la biblioteca tomó de vuelta sus libros y poniendose de puntillas besó su mejilla con una sonrisa.
— Cuídate Theo.
— Tú también Hermione.
La chica dejó los libros en la mesa de Madame Pince y salió de la estancia encaminandose a la enfermería. Después de la conversación con Theo lo mejor sería que arreglara cuanto antes su pequeño inconveniente.
Al otro lado del castillo, Draco despertó tarde. Algo normal si se tenía en cuenta que el día anterior había salido del aula de los horrores pasadas las dos de la mañana. Era curioso como hasta hacía apenas unas horas aquella había sido su clase favorita. No solo porque le gustara la asignatura, también Defensa Contra las Artes Oscuras le gustaba y no se sentía igual en el aula, suponía que al estar la sala de pociones en las mazmorras estaba más cerca de su Casa y de su naturaleza ofídica. Ahora gracias a esa loca y estúpida sangre sucia su clase favorita había pasado a ser oficialmente el aula de los horrores, no podría entrar de nuevo allí sin recordar aquellas terribles horas que le dejaron deslomado y con la cabeza llena de calvas.
Suspiró y salió de entre sus frías sábanas de seda verdes con un perfecto embozo de brocado plateado, arrastrando los pies hasta el cuarto de baño. Se metió a la ducha sin mirar su reflejo en el espejo, no quería empezar el día gruñendo, así que iba a obviar su nuevo corte de pelo, ponerse una túnica con capucha e ir a la enfermería a exigir una poción crece-pelo antes de que nadie viera aquella aberración.
Una vez duchado, perfumado, perfectamente peinado y vestido con su traje negro, pulcro y planchado, se cubrió con una capa y se encapuchó mirandose al espejo. He ahí mi futuro, pensó, si sacara la máscara para completar el retrato sería la viva imagen de su padre, mortífago y asesino. Curioso que lo que ansió durante tanto tiempo fuera ahora un lastre que le mantenía mal viviendo en un constante temor.
Miró a Crabbe y Goyle antes de salir, que roncaban como osos hibernando en sus camas y bajó a la Sala Común, por suerte vacía en aquel momento dispuesto a salir de las mazmorras y exigir a quien fuera que arreglara aquel horror en que de había convertido su cabeza.
Aquello era increíble, un sábado apenas a las nueve y media de la mañana recorriendo los helados y desolados pasillos del castillo por culpa del brote psicótico que parecía haberle dado a Granger la noche anterior. Se estremeció con desagrado al recordar. Que terrible tarde y que horrible noche con tan pésima compañía, lo único que había merecido la pena fue comprobar lo que esa sabelotodo insufrible guardaba bajo la túnica. Lo cierto es que si no fuera una sangre sucia probablemente intentaría profundizar su relación, sonrió perverso al pensar en meterse bajo las bragas de la perfecta Granger. Lástima que no fuera digna ni de mantenerle la mirada, mucho menos de recibirle en su cuerpo.
Iba sumido en sus pensamientos y si, por triste que fuera reconocérselo incluso a sí mismo, pensando en las tetas de la sangre sucia, cuando una puerta de abrió y chocó contra ella en cuestión.
— ¿Qué haces Granger? ¡Quítate de en medio! — Exclamó apartándose con cara de asco y limpiándose la ropa.
— Ah... Eres tú — respondió ella desganada. Lo ignoró por completo y continuó caminando hacia la enfermería.
Draco la miró furibundo, a un Malfoy nadie lo ignoraba de ese modo. Debería haber recordado, probablemente, que aquello fue lo que comenzó a meterle en problemas el día anterior, pero un hombre... Y un mago, tropiezan una y dos y tres y hasta veinte veces en la misma piedra sin pestañear.
Salió disparado detrás de ella y se colocó a su lado.
— ¿Para qué vas a la enfermería Granger? ¿Acaso aún no has dado por imposible tu pelo? Asúmelo, nadie notaría que estás trasquilada, entre lo espeso de ese... Matorral al que llamas pelo y lo poco... Atrayente que es para las miradas ajenas, creo que podrías pasar tranquilamente del tema.
Hermione gruñó, hubiera querido gritarle que si de había dado cuenta alguien y una serpiente además. Pero aquello sería contar demasiado y además a ese rubio oxigenado no tenía por qué darle explicaciones de nada.
— Lo que tú digas Malfoy.
Hizo oídos sordos y continuó andando con los labios firmemente apretados.
Draco no estaba acostumbrado a esos desplantes y estaba planteandose seriamente el agarrarla y estamparla contra la pared para explicarle que nadie hacía oídos sordos a las palabras de un Malfoy, cuando llegaron a la enfermería y Madame Pomfrey les abrió escuchando la petición de ambos jóvenes.
— Vaya, creo que ciertamente necesitan la poción — dijo con una mueca tras ver la masacre que había sufrido el cabello del rubio — pero lamento decirles que solo tengo un frasco — se fue a revolver por los armarios y dejó sobre la mesa una pequeña botellita de cristal — Aún así tal vez Sloughorn o Snape tengan algo en sus armarios privados, iré a preguntarles. Uno de ustedes puede ir tomandose aquella — Señaló el frasco mientras salía refunfuñando de la enfermería.
Ambos se miraron, sopesando la situación en milésimas de segundo. Dos personas, un solo filtro, más de veinte pasos de distancia, solo un ganador...
Tres, dos, uno...
Como uno solo los dos salieron derrapando hacía la mesa en la que estaba aquella ambrosía líquida que les devolvería su aspecto normal. Se empujaron y corrieron como si su misma vida dependiera de aquella carrera. Hermione pensó en realidad que debería dejar que él la tomara pues estaba en peor situación que ella, quien podría disimular bastante el problema mientras que él lo necesitaba más urgentemente. Y lo habría hecho, si no fuera Malfoy, si no fuera un pervertido que la odiaba y la insultaba en cuanto tenía ocasión.
Él tenía más fuerza y más forma física, pero ella tenía más voluntad. Se lanzaron en plancha casi a por el frasco y las puntas de sus dedos lo rozaron a la vez. Hermione lo cogió pero la mano de Draco la empujó y el cristal resbaló. Estaba a punto de caer al suelo y partirse en mil pedazos cuando la otra mano de Malfoy lo cogió y lo aferró con fuerza, su rostro una máscara plena de felicidad, como si en lugar de una poción hubiese atrapado una snich.
— ¡Si!
Abrió el tapón delante de la enfurruñada joven que le miraba con odio y bebió el contenido de un trago. Casi al momento su pelo comenzó a crecer y en unos minutos estaba perfecto, como si nada hubiera ocurrido.
Sonrió y miró a Granger
— Bien, me voy a recuperar mi varita.
— Maldita serpiente — murmuró ella
Draco la observó por encima del hombro y vio como la castaña miraba a su alrededor con cara de enfado.
Oh oh.
El ya conocía aquella expresión enajenada. Ni de coña iba a dejar que encontrara otras tijeras o cualquier utensilio afilado, era capaz de lanzarse tras él y volver a hacerle cualquier cosa.
— Granger ni siquiera lo pienses.
Ella se acercó a él echando fuego por los ojos.
— ¿O qué Malfoy? ¿Vas a amenazarme? A mi los inútiles como tú no me dan miedo.
— ¿Ah no? — La expresión del rubio se vació por completo y caminó hacía la chica furioso — Pues deberías tenerlo Granger ¿Acaso me conoces como para saber de lo que soy capaz? — Agarró las muñecas de la castaña y las inmovilizó con una sola mano empujándola contra la cama. Tal vez si hubieran tenido sus varitas no lo hubiera logrado, pues ella era increíblemente rápida y seguramente le hubiera desarmado en segundo y medio, pero sin magia él era más fuerte y ella cayó bajo su cuerpo sin oponer apenas resistencia.
— ¿Qué haces? ¡Quítate de encima Malfoy!
Hermione se resistió, tratando de quitárselo de encima sin mucho éxito. Pero él la había tumbado transversalmente sobre una cama y la inmovilizaba con el peso de su propio cuerpo. Ella tragó saliva.
Algo iba mal...
Draco clavó aquellos ojos grises en los suyos y se estremeció.
Algo iba muy mal
Sus rostros estaban tan cerca el uno del otro que sus respiraciones se entremezclaban. Hermione se paralizó al sentir la calidez de su mentolado aliento sobre su boca y cerró los ojos mordiendose el labio inferior con fuerza.
Quería empujarle, apartarle y gritarle, quería maldecirle y patearle para que se alejara de ella en aquel mismo instante, pero su cuerpo parecía desconectado de su cerebro y se quedó allí, laxo bajo sus manos, moldeable y expectante, tan solo ahí, como una muñeca, inmóvil.
Draco la miró y el olor de aquel champú que empezaba a odiar inundó sus sentidos. Se tragó su aliento y quedó hipnotizado con aquellos dientes perfectos que mordieron sin compasión aquel tierno labio sonrosado. ¿Qué demonios hacía ahí mirando la boca de Granger como si fuera un muerto de hambre ante un tierno filete? Merlín ¿Qué estaba haciendo? Aquello era poco menos que un delito, una traición ¡Un deshonor! Un Malfoy jamás hablaba a una sangre sucia, jamás la tocaba y por Salazar que nunca jamás la besaba bajo ninguna circunstancia. Aunque oliera como los lirios que su madre cuidaba en el invernadero de Malfoy Manor, aunque su piel se viera suave y perfecta y su cuerpo estuviera hecho para llevar a un hombre al pecado.
Ella suspiró y Draco, el príncipe de Slytherin, sangre pura y mortífago iniciado, olvidó todo lo que le habían enseñado durante su vida, se olvidó de su apellido, de su estatus, dw su clase. Olvidó cual era su futuro y su misión, olvidó quien era él, quien era ella y el odio que fluía entre los dos. En aquel momento solo era Draco y ella... Ella solo era Hermione. Cerrando los ojos para no ser consciente del error que cometía buscó aquella boca impura y la devastó cuando sus labios se tocaron creando un caos en el interior de ambos.
Ella jadeó por la sorpresa y el ahogó un gemido cuando la castaña no solo no le apartó si no que, dejándose llevar también por esa locura le echó los brazos al cuello y le devolvió el beso con abandono.
Draco recorrió el borde de sus labios con la punta de la lengua, mordiendolos y tirando de ellos con suavidad. Absorbió el inferior succionando con cuidado, buscando entrada a su boca hasta que ella se abrió a él, a aquella lengua inquisitiva y demandante que penetró en su húmeda cavidad, acariciando el filo de sus dientes y el cielo de su paladar, una y otra vez, enlazándose con la de ella en una primitiva lucha en la que no había vencedores o vencidos, solo cautivos del placer.
Hermione enredó los dedos en aquel pelo ahora de nuevo lo bastante largo como para tirar de él y obligarle a profundizar el beso una y otra y otra vez. Gimió en la boca del rubio cuando sintió sus expeditivas manos introducirse bajo su jersey.
— ¿Madame Pomfrey?
La voz de Harry Potter les sacó de aquella bruma de sensualidad en la que estaban envueltos y se separaron de golpe mirandose con horror. Draco se apartó y agarró la mano de la castaña arrastrandola hacia la puerta lateral que daba al pequeño cuarto de pociones de la enfermería. Cerró la puerta tras ellos y se apoyó en la madera quedando frente a frente a aquella mujer que parecía de pronto una extraña.
— ¿Malfoy? — Susurraron aquellos labios hinchados y enrojecidos
— Ssssch — Los acarició con sus yemas e introdujo la punta del índice entre ellos. Ella le mordió, pero no antes de lamer aquella pálida piel.
Draco metió la mano bajo el pelo de ella y aferró su nuca atrayendo de nuevo aquella boca hacia la suya.
Era un error y lo sabían, aquello iba a terminar en ese instante.
Ella le besó sin pudor, de forma salvaje y desinhibida, con pequeños mordiscos y lamidas, absorbiendo y chupando, usando sus labios, lengua y dientes hasta que él se apartó sin resuello boqueando por aire.
— No le digas a nadie Granger. Esto nunca ha ocurrido
Dicho eso abrió la puerta y salió de la pequeña despensa casi huyendo de allí. Cuando Hermione siguió sus pasos vio que Harry ya no estaba. Temblorosa y aún perdida en un océano de emociones desconocidas acarició sus labios inflamados y se dejó caer en una silla.
¿Qué había ocurrido? ¿Cómo había pasado? Y lo más importante ¿Por qué le había dejado?
Poco a poco la incredulidad dio paso al enfado al recordar el modo en que la había mirado al decirle que no contara nada a nadie, como si ella quisiera contar aquella aberración. Su mirada fue de asco e incredulidad, había dolido, no debería pero le había hecho daño que, después del mejor beso que había recibido jamás, el chico en cuestión, por Malfoy que fuera,la hubiera tratado poco menos que como a escoria.. Debería estar acostumbrada ¿Cierto? Pero no lo estaba.
Se quedó ahí sentada hasta que Madame Pomfrey regresó con un frasco de poción que bebió para recuperar su pelo, salió de la enfermería aún algo atontada y caminó sin rumbo por los pasillos hasta la sala común. Cuando salió de aquel extraño trance estaba frente a su baúl y una extraña sonrisa se iba dibujando en sus labios.
La venganza a veces puede ser poco noble, pero Hermione daría una lección a aquella serpiente fuera eso honorable o no.
