Disclaimer: SF西遊記スタージンガー , " SF Starzinger" o "El Galáctico" y los personajes que aquí aparecen pertenecen a TOEI Animation.
Nota: Gracias a Wendolyn por decirme el nombre de la mascota de Balamia en español.
Cinco gigantescas, majestuosas aves de un color morado brillante con dos jinetes aterrizaron aproximadamente a 50 metros de la Reina del Cosmos. Las lucidas criaturas voladoras comenzaron a gorjear tan pronto cesó de llover. Al ver el Palacio Real, comenzaron a aletear lentamente, como si esta fuera su manera de reverenciarle. Estas aves; enormes pero inofensivas, lucían plumas azules alrededor de su garganta, un pico dorado y tarso gris. Pronto permanecieron quietas; de modo que los jinetes pudieran desmontar.
- Ya la había visto en imágenes pero… ¡Es una nave enorme, digna de nuestra nueva reina! – una impresionada adolescente bajó de un salto sin quitarle los ojos de encima al objeto de su admiración.
- De seguro fue diseñada y construida para soportar tan largo viaje – su hermano comentó y comenzó a marchar a la Reina del Cosmos.
-¿Cómo dijiste que se llamaban?
-Galáctico, Giorgio y Glotín- contestó la chica-. Galáctico es el líder del grupo y lo reconocerás porque viste de blanco y rojo. Giorgio viste un traje azul y Glotín de verde.
- ¡Ah, mira! Ese debe ser… - los hermanos detuvieron abruptamente la marcha al ver una figura delgada y espigada, de cabello negro y largo, que vestía un uniforme blanco y una capa púrpura que para nada coincidía con la descripción de los tan esperados héroes que acababan de repasar.
-¿Quién podrá ser?- se preguntaron. Entonces, una suave brisa levantó la capa de aquel desconocido, lo suficiente para revelar un llamativo diseño de su uniforme…
¡Ah! ¡La estrella de Garius!
Sin palabras por la sorpresa, intercambiaron miradas, como para asegurarse uno al otro de que lo que estaban viendo era real.
El garusiano desconocido se volteó, y de nuevo ahí estaba, mucho más amplio y llamativo, el emblema en su capa.
-De seguro era un alto oficial de la Real Fuerza Aérea del planeta Garius – el joven no pudo resistir comentar de la emoción -. Me pregunto cómo llegó hasta aquí, y cómo pudo sobrevivir a la catástrofe.
- ¡Qué emoción! – aunque deseaba gritar la noticia a los cuatro vientos, la chica hablaba en voz baja-. Papá va a estar feliz por partida doble. Por un lado, volveremos a estar con él luego de ocho largos años y por el otro, ha llegado a nosotros un verdadero superviviente de su añorado planeta.
- ¡Debemos decirle inmediatamente!- ella urgió.
- Pronto hermana, pronto- dijo él, calmado-. Por ahora, actúa con normalidad. Debemos averiguar primero quién es y luego …
Los tres famosos cibernéticos aparecieron y se pararon al lado del garusiano.
- ¡Ah! ¡Ahí están!- . El joven reanudó sus pasos y se dirigía hacia los recién llegados.
-¿Que actúe con normalidad cuando estoy tan emocionada y feliz?- ella cuestionó ante la exigencia, pero le siguió sin vacilar-. Trataré…
La lluvia había cesado; así que podía verlos claramente.
Su mente se nubló, su sonrisa se esfumó y su pulso se aceleró.
-¡Demonios!-. Eran reptiles de color morado y ojos dorados que escupían rayos letales, causando una gran destrucción a su paso. Sus chillidos parecían tan reales…
-¡Mounstróbolos!
Alarmada, pero lista para atacar, buscó su espada.
-¡Maldición!
Recordó la razón por la cual la vaina estaba vacía. La realidad la estremeció, como si le hubiera dado una fuerte cachetada.
-¿Para qué necesitas tu espada? ¿Hay algún problema?- le escuchó detrás de ella, intranquilo.
Balamia se sobresaltó e inmediatamente se volteó a verle.
Pero, ¿que te ha ocurrido? ¿Dónde está la radiante sonrisa que me acababas de mostrar? ¿Por qué estás tan agitada?
Preocupado, dio un vistazo. Tal y como imaginaba, dado el chirrido que había escuchado hace un momento, eran aves. También vio a dos personas que se aproximaban.
-¿Te encuentras bien?- Galáctico le preguntó con ternura.
- Estoy bien – afirmó ella, recuperando la compostura con rapidez-. Pero por favor, no me preguntes nada más – sus ojos parecían suplicarle.
Galáctico entendió el mensaje en su mirada y asintió sutilmente. No quería que Giorgio y Glotín, quienes justo en ese momento se les unieron, se dieran cuenta de lo que había pasado con ella.
- ¡Ah! ¡Miren esas hermosas aves! – Glotín, risueño, levantó la única ceja de su rostro -. Apuesto que todos los monstruóbolos ya se han convertido en criaturas pacíficas -. ¿No les parece maravilloso el hecho de que ya nunca más tendremos que pelear con ellos?
- ¡Por supuesto que sí!- Giorgio, igual de contento que Glotín, no mostró ni una pizca de preocupación ante los extraños que se les acercaban -. ¡Y aquí viene una pareja a recibirnos!
- Estamos en el Gran Planeta. ¡No hay nada de qué preocuparnos! - Galáctico dio un paso al frente.
La pareja consistía de un hombre joven, alto, guapo, de cabello rizo rubio y una bella joven, igualmente de alta estatura, esbelta, de cabello castaño luciendo unos bellos rizos estilo Boticelli. Ambos vestían trajes verde aceituna con detalles dorados. El joven extendió sus brazos.
-Bienvenidos al Gran Planeta. Nos presentamos ante ustedes, en representación de la vieja reina y de todos los habitantes de este planeta, para darles la bienvenida.
Continuó, posando sus manos sobre su pecho.
– Me llamo Ragsius y le sirvo a la vieja reina, o a la Reina Hani como le llamamos aquí. Me acompaña mi hermana, Ugrissa.
Ambos jóvenes inclinaron su cabeza como saludo. Cuando sus ojos se alzaron, chocaron con la intensa mirada garusiana.
Los tres vieron sus propios ojos de zafiro.
Por un par de segundos, los azules de Balamia quedaron fijos en los de Ragsius. Su rostro no delató su asombro. Luego sus ojos se fijaron en los de Ugrissa. Pronto se relajó y a ambos mostró una leve sonrisa.
- Soy Galáctico – interrumpió, inconsciente de que los celos lo hicieron actuar al notar la intensidad con la que Balamia miró a Ragsius -. Y ellos son mis compañeros: Giorgio, Glotín y Balamia.
¡Ah! ¡Pero si es una mujer! Ugrissa, que aún no se reponía de la impresión, la admiró aún más. No solo era una superviviente de Garius y una importante figura militar de ese extinto planeta, sino que era una hermosa mujer. Se fijó en el rostro por unos segundos más, y se dio cuenta de que debajo de aquellas gruesas cejas, tan perfectamente delineadas al natural, aquella profunda mirada le parecía inexplicablemente familiar.
- Su llegada es para nosotros motivo de gran alegría. Les estamos muy, muy agradecidos no solamente por haber traído a la Reina Aurora para restaurar la Energía Galáctica, sino también por haber derrotado al Monstruo de la Luz- la alegría de Ragsius era evidente en su rostro y su voz -. El monstruóbolo nos tuvo totalmente aislados por ocho años. Nadie ha podido salir ni entrar a este planeta desde entonces. Así que podrán imaginarse cuán felices y emocionados estamos aquí…
- ¡Me muero por saber cómo hicieron desaparecer a ese terrible monstruo!- Ugrissa interrumpió, impulsada por la emoción -. ¡Apuesto a que fue algo increíble!
- Sí claro, eso fue… Galáctico miró a Balamia, como si buscara su aprobación. Estaba casi seguro de que Balamia no deseaba hablar del tema.
- ¡Fue impresionante! – pero Glotín sí que estaba muy dispuesto a contar lo sucedido -. Galáctico y Balamia lo vencieron. Balamia casi se mue…
-Digamos que fue un trabajo en equipo – Balamia intervino, con la esperanza de que la curiosidad de la muchacha quedara satisfecha por el momento.
- ¡Vaya! – Ugrissa, con los ojos aún bien abiertos del asombro y el interés de saber más; forzó una sonrisa para disimular su decepción-. Me parece muy interesante.
Galáctico se compadeció de la chica.
-Estoy seguro de que mi amigo luego te contará todo con lujo de detalles, ¿Cierto, Glotín?- Galáctico le sonreía a Ugrissa y a la vez agarraba al gordinflón por el hombro.
-¿De veras?- Esta vez a Ugrissa se le escapó una risilla. Se dio cuenta de que este famoso cibernético era atento e irresistiblemente lindo.
- ¡Por supuesto! – la sonrisa de Glotín era amplia, producto del orgullo de saber que impresionaría a una linda chica-. ¡Será un placer!
-¡Bien!- Ragsius comentó feliz -. ¡Porque yo también estoy ansioso de escuchar su historia!
Esta vez todo el grupo soltó una risa.
-Por expreso deseo de la Reina Hani, deben acompañarnos a la ciudad para disfrutar de las celebraciones. Ella quiere que ustedes se sientan como en casa. Sepan que el Gran Planeta ahora es su hogar. Por favor, síganme- Ragsius se volteó y comenzó a dirigirse hacia las aves.
-¡Celebraciones! ¡Fiestas!– a Glotín la felicidad se le quería salir del pecho. Ya podía imaginar los banquetes, la comida por cada esquina de la ciudad.
-¡Al fin voy a comer comida hecha en casa! – Glotín se sentía flotar mientras seguía ciegamente a Ragsius. Giorgió rió y Ugrissa continuaba soltando risillas ante tal personaje.
Mientras, Galáctico miró a Balamia.
- Podemos ir a la ciudad en la Nave Flamígera, si quieres – le sugirió, ante la sospecha de que, de alguna manera, las aves la habían incomodado y no le agradaría volar en ellas.
- Aquí no nos transportamos en naves a menos que sea estrictamente necesario – informó Ugrissa amablemente al ver a Balamia vacilar, y continuó, señalando a las aves -. Para eso tenemos a las "Alas Brillantes". Afortunadamente, estas aves nunca se afectaron por la disminución de la Energía Galáctica. Son nuestro medio de transporte. ¡Ya verán lo mucho que brillan cuando vuelan!
- Creo entonces que sería una descortesía rechazar tal invitación – Giorgio les sonrió a todos y se marchó, dejando a sus amigos para que decidieran.
- No esperábamos cuatro acompañantes de la Reina Aurora, sino tres – Ugrissa, con una mirada llena de expectación, hizo un último intento para convencer a Balamia-. Trajimos aves de menos pero no importa. ¡Puedes ir conmigo!
Balamia el sonrió con amabilidad, apartando a un lado los recuerdos agridulces que las aves, Ragsius y Ugrissa habían traído de vuelta.
-¿Por qué no? – alzó los hombros, derrotada ante aquella insistente adolescente que, muy a pesar suyo, le agradaba. Posó su mano derecha en su cintura, con el mismo aire de seguridad que siempre derrocha y le devolvió la mirada a Galáctico.
- Una cosa que vuela que no tengo que pilotear, para variar – Balamia arqueó una ceja sin afectar su sonrisa y esperó por su opinión.
- ¡De acuerdo!- Galáctico asintió, fascinado con lo seductora que podía ser, sin querer serlo, aquella difícil mujer -. Creo que me puedo acostumbrar.
- ¡Grandioso!- Ugrissa aplaudió y dio un salto de júbilo. Tenía el buen presentimiento de que se llevaría bien con la recién llegada garusiana.
El recibiendo fue cálido y sincero. La agradecida multitud les recibía con saludos, aplausos, versos y canciones mientras caminaban por las viejas, angostas y atestadas calles de Ciudad Esmeralda. La ciudad se distinguía por su arquitectura piramidal, similar a la del Palacio Real. Los hogares y otras edificaciones de base cuadrangular, escalonada, que culminaban en un techo plano predominaban a lo largo de incontables y estrechos canales con sus puentes de piedra. Ragsius los dirigía al Círculo de las Reinas, en el mismísimo centro de la ciudad.
No había prisa, ya que la cantidad de gente que les saludaba y les seguía a través de las estrechas calles retrasaba el paso. La alegría, las risas y la felicidad de la gente era contagiosa.
El Círculo de las Reinas estaba rodeado por las edificaciones más antiguas y elegantes de la ciudad. Estaba formado por numerosas estatuas; acomodadas en círculos concéntricos. En su centro, sobre un pedestal, brillaba una esmeralda de corte lágrima de gran tamaño. La joya era igual a la que Aurora luce en su diadema e igual a la gema que se encuentra a la entrada del Palacio Real.
- Las viejas reinas – Ragsius les explicó-. Hay una estatua por cada reina que ha habitado en el Palacio Real.
El centro de la ciudad se colmó de personas en cuestión de segundos. Algunos tocaban algún instrumento, otros cantaban. Jóvenes y ancianos bailaban. Los niños jugaban.
Mientras pasaban por el lado de un grupo de niños, la pelota con la que jugaban accidentalmente golpeó a Galáctico por la espalda.
-¡Ay!- La primera reacción de Galáctico fue fruncir el ceño, extrañado.
Los niños, cabizbajos, avergonzados y temerosos, se le acercaron para disculparse.
Para su sorpresa, Galáctico se rió suavemente y tomó el balón del suelo.
- ¡No pasa nada chicos! – dijo de buen ánimo, poniéndose en posición para patear el balón-. ¡Prepárense porque aquí va!
El rostro de los niños cambió de la pena a la alegría en un instante. Galáctico pareció verse en ellos, cuando jugaba fútbol con los otros niños que vivían con él en la institución para niños sin hogar del gobierno.
Las personas hicieron espacio para que los niños y Galáctico pudieran jugar.
Galáctico tuvo un buen control de su fuerza, de modo que el balón no saliera disparado y se perdiera de la vista de todos. Los niños pudieron atraparlo y se lo lanzaban de vuelta.
Ragsius, Giorgio, Glotín, Ugrissa y Balamia lo observaron por un rato. Era inverosímil ver al invencible, legendario Galáctico, comportándose como si fuera un niño de nueve años que disfrutaba jugar con sus amigos.
- Galáctico es lindo, ¿no crees? – Ugrissa le comentó a Balamia y soltó una risilla que se desvaneció disimuladamente al notar que Balamia pareció no escucharla. No obtuvo ni una mirada, ni una reacción.
También es dulce y tierno. Balamia pensó, su mirada siempre fija en Galáctico. Esta era una parte de él que ella no conocía.
- ¡Galáctico! ¡Ya vámonos que tengo hambre!- Glotín levantó la voz, desesperado por la comida prometida.
- Lo siento chicos, tengo que irme. Esa bola de grasa solo piensa en comer. Los veré luego– Galáctico y los niños alzaron las palmas de sus manos y las chocaron entre sí.
Ragsius los llevó a la casa piramidal más alta y más hermosa de todas. Con cinco pisos de altura, repleta de ventanas, era la única con un balcón que daba hacia el Círculo de las Reinas. El interior era un espacio abierto, desde el recibidor se podía ver casi toda la casa. En el nivel principal había una acogedora sala, un salón comedor (en el cual ya estaban acomodando suculentos platos) y un pasillo que llevaba a la cocina. Había una escalera central para ir a los pisos superiores. El estilo de los muebles era antiguo y la decoración sencilla, sin pretensiones.
Los empleados domésticos les dieron una cálida bienvenida.
- Sus habitaciones ya están listas por si desean descansar y cambiarse de ropa- la ama de llaves, una mujer de mediana edad, hizo el ofrecimiento al notar que, aunque sus ropas se veían secas, sus cabellos aún estaban húmedos por la lluvia que había caído hacía un rato.
- Muero de hambre – Glotín no podía resistir la tentación de ver comida frente a sus ojos, así que se fue directo al comedor.
- Creo que preferimos comer primero, gracias – Giorgio le contestó a la ama de llaves y siguió a Glotín.
- Con gusto los acompañaré – Balamia le comentó a Galáctico mientras se quitaba los guantes y su capa para entregárselos a uno de los sirvientes -. ¡No he comido en semanas!
-¿Semanas?- Galáctico preguntó asombrado-. ¿Cuánto tiempo puedes estar sin comer?
- ¿Cómo dices?- Ugrissa preguntó al mismo tiempo, confundida.
- Somos cibernéticos. ¡Podemos estar días sin comer!- Galáctico le contestó.
- ¡Ah! Debí de haberlo imaginado – Ugrissa pensó.
- ¿Van ustedes a acompañarnos a la mesa? – preguntó Balamia a Ragsius y a Ugrissa.
- Luego. Ahora debo comunicarme con la Reina Hani para dejarle saber que ustedes ya se encuentran aquí- Ragsius le informó -. Pero nos reuniremos con ustedes tan pronto como podamos.
Y yo prefiero cambiarme y arreglarme el cabello- Ugrissa le habló a Balamia-. Me gustaría mucho mostrarte tu habitación tan pronto termines de cenar.
- Te esperaré entonces – Balamia le mostró una amplia sonrisa y se fue con Galáctico al comedor.
- ¿Escuchaste eso? ¡Es una cibernética también!- Ugrissa exclamó en voz baja mientras subía con su hermano las escaleras.
-Eso explica cómo logró sobrevivir – dijo Ragsius. ¿Te fijaste en la forma en que nos miró?
- ¡Eso mismo te iba a preguntar!- contestó Ugrissa-. Tengo el presentimiento de que le causamos una fuerte impresión. Vi asombro y tristeza en sus ojos… por cierto sus ojos… podría jurar que son iguales a los nuestros…
- ¡Exacto! – Ragsius exclamó aliviado, como si se sacara algo del pecho. Le daba gusto saber que no estaba loco después de todo.
- ¿Entonces tú también pensaste lo mismo que yo? – A Ugrissa se le dibujó una leve sonrisa. Su hermano siempre validaba sus instintos y confiaba en ella. Eran muy afines, hasta en la manera de pensar.
- Es garusiana, ¿no?- le recordó a su hermana cuando entraban a una habitación equipada con un avanzado sistema de comunicación que contrastaba con el resto de la decoración-. Eso es ya es algo…
- Pero tú y yo no somos... ¿Crees que…?
- Creo que debe ir acompañarnos.
- ¡Ahhh!- Glotín, embelesado, admiraba la gracia con la que servían los platos o llenaban las copas de vino. El banquete estaba bellísimamente desplegado ante él. Cuando estaba a punto de dar un mordisco…
-¡Espera! – Giorgio le tomó por el brazo-. Por favor, muestra tus modales. Si esta va a ser nuestra última cena juntos, entonces será mejor que esperemos por Balamia y Galáctico.
-¡Argh! Tienes razón – gruñó frustrado. Se sentó y escondió sus manos debajo de la mesa para controlar la urgencia de devorar lo que tenía al frente. Aunque Balamia y Galáctico solo tardaron un par de minutos en acompañarles a la mesa, la espera para Glotín fue eterna.
- Hagamos un brindis – propuso Giorgio. Se puso de pie, levantó su copa y esperó a que sus amigos alzaran las suyas.
- Por nuestra amistad, la cual atesoraré por el resto de mis días.
- ¡Brindo por eso! – Glotín levantó su copa aún más.
Galáctico, al igual que Giorgio, se puso de pie. Su copa en alto.
-¡Salud!
-¡Salud!- exclamaron todos los demás, seguido por un ligero choque de copas.
-¡Ahora a comer! – decretó Glotín. Sonó gracioso así que todos rieron.
Un par de sirvientes se ofreció a serviles.
- Sirva más por favor, mucho más – Glotín trataba de ser lo más cordial posible con los sirvientes, pero le indignaba que pretendieran servirle porciones que, a su juicio, eran para bebés.
- Este es un bonito lugar, ¿no lo creen? – Giorgio entabló conversación.
- Toda la gente es muy amigable y amable- Galáctico añadió.
- Me alegra que hayamos podido brindarle tanta felicidad a los seres que habitan la galaxia- Balamia expresó.
Giorgio estuvo de acuerdo.
- ¡Si tan solo la Princesa Aurora pudiera ver cuán feliz está la gente!
Glotín, aunque tuviera la boca llena, tenía que decir algo.
- ¡Eso realmente la colmaría de felicidad!
- Sí… - Galáctico suspiró. No pudo evitar la nostalgia al recordar a su amada princesa.
- Hablando de la princesa, ¿no deberías quitarte eso? ¿Ya no lo necesitarás, cierto?– Giorgio señalaba hacia la cabeza de Galáctico.
- Pues…
Buena pregunta. Galáctico tocó el aro magnético que lleva en su cabeza al darse cuenta de que no se le había ocurrido preguntarle a la princesa qué hacer con él una vez culminara la misión.
- La Princesa no se ha visto en la necesidad de controlarme en mucho tiempo, ¿cierto?- algo de tristeza le invadió al decir esto; sin embargo, trató de quitarse el aro.
- ¿La Princesa Aurora te controlaba? – Balamia no entendía nada.
-¡Grrr!- Galáctico tiró con fuerza- ¡No puedo quitármelo!
- ¿Nunca habías intentado quitártelo?- Giorgio preguntó extrañado.
- ¡Déjame intentarlo!- Glotín aún masticando, se puso de pie, dispuesto a dar una mano.
- ¿Estás loco? ¡No necesito tu ayuda! ¡Soy más fuerte que tú, gordinflón!- Galáctico se levantó justo cuando Glotín estaba a punto de agarrarle la cabeza.
- ¡Eres un mocoso malagradecido!- Glotín se molestó-. ¡ Yo solo quería ayudar!
- ¡Muchachos, por favor!- Giorgio atrajo su atención hacia Balamia-. Tenemos compañía, ¿recuerdan?
- ¡Ah! ¡Cierto!- Ambos pararon la hostilidad, tranquilamente se sentaron a la mesa y continuaron comiendo.
- ¿Siempre es así? – Balamia frunció levemente el ceño. Desaprobaba tal comportamiento.
- Todos los días, varias veces al día- enfatizó Giorgio.
Ahora Balamia fruncía el ceño de manera pronunciada.
- ¡Jamás hubiera tolerado tal indisciplina entre mis hombres!- dijo seria, con voz de capitana. No había duda de que eran poderosos cibernéticos, pero eran impulsivos y engreídos. La disciplina militar les habría hecho bien.
Glotín y Galáctico engulleron.
- Y otra cosa que no entiendo- Balamia continuó, la expresión de su rostro suavizándose-, es el dilema con el adorno que Galáctico lleva en su cabeza. ¿Me lo pueden explicar?
- Lo que sucede es que Galáctico siempre ha tenido una conducta muy difícil y la Princesa Aurora lo controlaba así – Glotín se puso de pie y cruzó las manos frente a su pecho, imitando a la princesa-. Entonces el aro que tiene en su cabeza brillaba, haciendo que Galáctico sufriera un fuerte dolor. De veras que era una pena verlo así.
- ¡Jamás lo habría imaginado! – Balamia estaba asombrada. Jamás tuvo esa información y la imagen que tenía de Galáctico era la de un fiel servidor que obedecía cada orden que le daba la princesa.
- Eso fue muy pocas veces y fue solo al principio de conocer a la Princesa, te lo juro – Galáctico se justificó con Balamia. Temía que ella pensara mal de él.
- Galáctico era el cibernético más impulsivo, terco, malhumorado, irrespetuoso y desobediente de todo el Sistema Solar. Tal vez de toda la galaxia – Giorgio sentía que esta conversación se estaba tornando divertida.
- ¡Giorgio!- la mirada de Galáctico le suplicaba que no continuara, que esto no ayudaba . Pero Giorgo se sonreía, divertido.
¿Por qué esto no me sorprende? Balamia recordó la impresión que tenía de Galáctico cuando lo conoció.
- Disculpa Giorgio, pero olvidaste decir que también era el cibernético más arrogante que haya existido jamás- Esta vez Balamia tenía una chispa de provocación en su mirada. Tomó otro sorbo de vino para aguantar las ganas de reír.
- De arrogante a arrogante nos entendemos- Galáctico, temerario, le guiñó el ojo, pero no obtuvo el efecto esperado. Balamia le disparó una mirada muy cortante.
Ni Giorgio ni Glotín, quienes de casualidad miraban sus platos en ese momento, se dieron cuenta del intercambio. Giorgio continuó hablando.
-¡Galáctico era tan desenfrenado que lo aislaron y lo encerraron en una impenetrable e indestructible esfera de cristal en la luna del planeta Tierra!
- ¿Acaso eras un criminal?- Balamia, muy interesada, quería más detalles, - ¿Qué diablos fue lo que hiciste para merecer tal castigo?
-¿Un criminal? ¡Demonios! ¡Claro que no!- Galáctico pensó que ya era suficiente, que tenía que defenderse y que nadie podría contar su historia mejor que él mismo-. Yo era, digamos… el enemigo público número uno, pero mi enojo y mi coraje era hacia el gobierno y las fuerzas armadas por haberse burlado de mí. Me convertí en su peor pesadilla. Yo quería ser útil, así que también peleaba contra bandidos, piratas y monstruóbolos. Te juro que jamás, jamás lastimé a personas inocentes. Es cierto que la Dra. Sandra me encerró; pero un día, la Princesa Aurora vino por mí para que la acompañara al Gran Planeta. Y ya vez, ¡aquí estamos!
Galáctico se acordaba muy bien de aquel trascendental día; como si fuera ayer. Le avergonzaba recordar lo mucho que se negó a aceptar la misión cuando se la ofrecieron y cómo, al ver a la Princesa, tan hermosa e indefensa, quedó cautivado y , sin pensarlo, cambió de opinión.
- Esto que ves es un aro magnético- Galáctico apuntó hacia su cabeza-. Al comienzo de la travesía, yo quería hacer las cosas a mi manera. Siempre he tenido esta tendencia a desafiar la autoridad, está en mi forma de ser. Pues bien, al principio, cuando la Princesa me daba órdenes que yo no quería acatar, a la princesa no le quedaba más remedio que enviar una señal al aro magnético. Esto me causaba un insoportable dolor. ¡Era una tortura!
El cuerpo de Galáctico se estremeció por el vívido recuerdo de aquel sufrimiento.
- Siempre terminaba suplicando piedad y obviamente, accediendo y obedeciendo a la Princesa. Con el tiempo, cambié mi manera de ser. Con la Princesa aprendí a dejar el enojo y la ira a un lado; a controlar mis impulsos, a tener respeto y piedad y a no destruir… en fin, ¡creo que he cambiado!
- Yo doy fe de que sí ha cambiado, para bien- Giorgio le aseguró a Balamia.
- ¡Ya era hora!- exclamó Galáctico agradecido.
- Entonces, si supuestamente ya no necesitas el aro, ¿por qué no te lo puedes quitar?- Balamia soltó la pregunta que aún quedaba sin responder. Sin embargo, tan pronto hubo terminado, la respuesta la sorprendió, como si fuera una revelación.
No puedes porque ella es la única que puede hacerlo. Juraste obedecerle y servirle. Por eso, siempre serás su protector, su eterno guardián. Nunca serás libre de tu deber, a menos que… ella te libere.
Galáctico encogió los hombros.
- Le preguntaré a la Dra. Sandra. Después de todo creo que fue ella quien lo inventó – resolvió, luego volvió a la postura erguida y sonríe, muy apuesto -. De todos modos, me queda bien, ¿verdad?
Y soltó una sonora carcajada.
-Sí, claro- Glotín y Giorgio, voltearon sus ojos hacia arriba mientras giraban la cabeza, irritados.
- Veo que la están pasando bien- Ragsius se presentó en el comedor. Se había cambiado el atuendo a un traje blanco con detalles dorados. Ugrissa, a su lado, llevaba un vestido blanco de falda corta y mangas largas, ajustado en la cintura con un cinturón dorado. Su cabello rizo estaba recogido y en sus brazos cargaba una mascota de pelaje blanco, parecida a un gato.
- Les tengo buenas noticias- Ragsius anunció con entusiasmo, al verlos a todos tan contentos -. La Reina Hani nos acompañará en un par de horas. Quiere conocerles personalmente antes de su mensaje de despedida.
- ¡Y la Reina Aurora nos acompañará también! – Ugrissa dijo emocionada mientras se sentaba junto a Balamia.
- ¡La Princesa Aurora! – exclamaron sus tres leales guardianes al unísono. Sus tonos de voz fluctuaban entre la extrema felicidad y la incredulidad- ¡¿Así que podemos volverla a ver?!
Ajena al tema, Balamia prestó su atención al pequeño y mullido felino que estaba a su lado. Es lindo y peludo, como Myrna…
- Sí, ¿por qué el asombro?- Ugrissa no comprendía porqué ellos pensaban que no podrían volver a ver a Aurora, ya que era una antigua tradición-. La vieja reina siempre presenta a la nueva reina en una ceremonia, en presencia del pueblo, en el Círculo de las Reinas.
-Hola dulzura- Balamia susurró y extendió su mano cuando el animal hizo contacto visual con ella. A los pocos segundos de olfatearla, la criatura ronroneó y saltó elegantemente a su regazo.
-¡Ah!- los rostros de Giorgio, Glotín y Galáctico resplandecían de felicidad.
- ¿Cómo se llama?
La inusual voz e imagen de Balamia, tan relajada, acariciando un gato, súbitamente captó la atención de todos.
- ¡Oh! Su nombre es Shaina- Ugrissa le contestó, maravillada de saber que al fin había conectado con Balamia-. ¡Parece que le caes bien!
- ¿Por qué? Yo encuentro que es muy amigable – Balamia sonreía extrañada mientras mimaba a la gata.
¡Ah! ¡Ese gato tiene mucha suerte! Galáctico sintió celos por un momento. ¡Cómo desearía estar en su lugar!
Sacudió su cabeza, como para sacarse el súbito deseo de sentir sus caricias. Si tan solo ella le demostrara aunque fuera un poco del afecto que mostraba por aquel animal…
¡Espera un minuto! ¡Yo he visto esto antes! Ahora lo recordaba claramente, cuando la conoció. Irreverente, extremadamente confiada, sentada en su caza espacial, piernas cruzadas, recostada de uno de los estabilizadores verticales mientras acariciaba a una mascota sobre su regazo.
- ¿Amigable? Ciertamente no lo es, al menos no conmigo- comentó Ragsius y procedió a contarle a todos cómo Shaina siempre le ignora, le mira de manera sospechosa y hasta trata de arañarlo cada vez que él tiende su mano.
Por cierto, no la he visto más con su mascota desde entonces. ¿Le habrá pasado algo?
- Oye Balamia, – Galáctico no estaba solo el día que conoció a la cibernética-. Creo que recuerdo haberte visto con un gato como ese la primera vez que Galáctico y tú se batieron en duelo.
-¿Lo recuerdas? – Balamia, aún sonriendo, estrechó los ojos, ya que jamás en la vida hubiera esperado que Glotín recordara ese pequeño detalle.
- ¡Pues claro!- Glotín sonrió amablemente – ¡Era un gato muy lindo! Yo soy un amante de los animales, así que siempre me fijo en ellos.
- ¿Y dónde está? – Ugrissa, por ingenuidad e impulso, preguntó.
Trató de disimular, pero el rostro de Balamia pareció ensombrecerse. Miró a Shaina. Sus ojos seguían el suave correr de sus manos, desde la cabeza hasta la cola…
"Espero que te guste", dijo su terapista. "Te ayudará a sanar."
Ella se enamoró tan pronto la vio. Tan pequeña, linda, peluda e indefensa. Su terapista tenía razón. Nada funcionaba, excepto Myrna.
Por las noches, cuando las pesadillas le atormentaban, le arrullaba. En las tardes, cuando llegaba extenuada a muerte del entrenamiento o de algún combate, de tan solo acariciarla se llenaba de serenidad. Solamente Myrna, su mejor amiga, conocía la otra cara de su ser. No la seria, dura oficial que destruía monstruóbolos voladores y que dirigía a sus soldados.
Simplemente porque con Myrna ella podía ser frágil y podía derramar algunas lágrimas…
Galáctico frunció el ceño. ¡Maldito gordo! ¿Por qué tuvo que mencionarlo?
- ¡Ay! ¡Lo siento! – Ugrissa se dio cuenta de la metida de pata y se mordió levemente el labio inferior. Se avergonzaba de ser tan impulsiva.
- No tienes que disculparte, no es nada – Balamia le miró, serena-. Se llamaba Myrna. Alguien me la regaló cuando aún vivía en mi planeta natal. Luego se convirtió en mi única compañía cuando vagué por el espacio al quedarnos sin hogar.
Los demás escuchaban. El silencio era sepulcral. Sin embargo, ella hablaba calmada, sin emoción, totalmente despegada.
- Un día, mientras me batía en duelo con el mejor oponente al que me he enfrentado jamás…
Giorgio y Glotín miraban de reojo a Galáctico. Por su parte, aunque estaba halagado por la admisión que acababa de escuchar, Galáctico ya comenzaba a preocuparse, preguntándose qué diablos tenía que ver él con Myrna.
- … un ataque inesperado de misiles interrumpió nuestro duelo. Myrna y yo huímos. Lo único que recuerdo es haber visto a mi rival, pasarnos por el lado, muy cerca, en su nave espacial. Fue entonces cuando una roca golpeó a Myrna.
Galáctico tragó saliva.
Perdí el control de la Nave Flamígera. Le di a algo, seguramente rocas. Pero cuando miré atrás, me sentí aliviado al ver que estabas bien.
- Así fue como perdí a mi única compañía. A mi única amiga.
¡Mierda! Galáctico hubiera deseado que la tierra se lo tragara en ese momento. Se sentía muy mal por lo sucedido. Ahora entendía por qué Balamia siempre estaba tan obsesionada con el duelo.
- Cuando eso pasó, quería ver a mi oponente muerto. Pero el tiempo ha pasado… muchas cosas han cambiado y ahora entiendo que fue un accidente. No era su intención, él nunca se dio cuenta de lo que pasó- Balamia miraba fijamente a Galáctico mientras decía estas palabras.
- ¿Sin resentimientos?- Galáctico se atrevió a preguntar.
- Para nada, ninguno - Balamia le regaló una leve sonrisa-. Ahora, si me disculpan, me retiro y los veré luego.
Dicho esto, se puso de pie y entregó a Shaina a su ama.
- Te acompañaremos - Ragsius y Ugrissa también se excusaron.
- ¡Uf!- Galáctico exhaló cuando Ragsius y las chicas ya se habían ido.
- Menos mal que, en tu caso, la primera impresión que ella tuvo de ti no es la que cuenta- Giorgio observó-. ¡No pudo ser peor!
- ¡Tal vez esta era una de las razones por las que me odiaba tanto!- Galáctico determinó.
- No tienes de qué preocuparte. Ya te ha perdonado,- Glotín trató de hacerlo sentir mejor.
- Tú cállate. ¡Eres un maldito gordo impertinente y tonto! – La ira reprimida poseyó a Galáctico, manifestándose en un puño fuerte contra la mesa.
Los ojos de Glotín empezaban a llenarse de lágrimas.
- ¿No ves lo que hiciste? ¡Tú y tu bocota! – los platos y las copas seguían temblando-. La pusiste en una situación difícil y triste y para colmo, me jodiste a mí también porque resultó ser que fui yo quien mató a su mascota! ¡A la única compañía que tenía en esta vida!
Glotín escuchaba, sin refutar nada. Galáctico se le quedó mirando.
- Lo siento- las lágrimas le rodaban por las mejillas – tienes razón-. "Yo y mi bocota…"
Giorgio bajó la cabeza.
El gordo, con su honestidad y sus lágrimas, despertaron su compasión. Sus niveles de ira cayeron estrepitosamente.
- Yo también lo siento- Galáctico exhaló profundamente-. Lamento todo lo que te dije.
Glotín le sonrió. No era rencoroso.
Galáctico se la devolvió. Luego se recostó en la silla, su mirada perdida mientras corría una de sus manos por el cabello. De repente, se levantó.
- Tengo que enmendar esto… arreglar lo que pasó- dijo inquieto.
-¿Arreglar?- Giorgio y Glotín le cuestionaron - ¿Cómo?
- No lo sé, pero creo que sé quiénes me pueden ayudar- fue lo último que dijo antes de salir apresurado.
