Hola otra vez! Ya han terminado mis exámenes, así que, como lo prometí, aquí les traigo el capitulo 4

Léanlo, y no se olviden de opinar.


Momento de Locura

Capítulo Cuatro


Cuando Sakura abrió los ojos, ya había amanecido. Aun estaba sola.

Debía ser imposible. Se incorporó en la cama y tanteó la ropa con la que se cubría para ver si Hyuga estaba allí, pero no hubo calor humano que pudiera abrazarla.

No había regresado. Seguramente estaría tumbado bajo un banco, preso de un estupor alcohólico provocado por el aguamiel.

Hablando del aguamiel, ella tenía un terrible dolor de cabeza por haber bebido tanto. Avanzó a tientas por la cama y apartó las hermosas cortinas azules.

Debía de ser muy tarde, pero el fuego estaba en mejor estado del que había imaginado. Estaba lloviendo fuera. Las gotas que se colaban por el agujero del techo que servía para que se marchara el humo hacían que las llamas chisporrotearan con violencia. Se puso de pie sobre el suelo.

No recordaba haber dejado su capa nueva al lado del fuego. Si por lo menos quedara un poco de aguamiel… Así era. Tal vez la ayudaría a librarse del dolor de cabeza. Se bebió una copa más.

Notó que las cortinas verdes ocultaban la otra cama. A pesar del polvo estas eran hermosas… Eran lo único que quedaba del antiguo dueño de aquel refugio y la fascinaban. Se acercó a la cama y tomó un puñado de tela.

La mano tocó algo cálido. Sakura se quedó helada. Con la ayuda de la tenue luz del fuego y la del agujero del techo, miró con más atención.

Era un hombro, unido a un brazo y una cascada de fino cabello. Sakura se echó a temblar, era Neji quien dormía en la otra cama.

Su cuerpo fornido se levantó y lanzó un gruñido. La mano de Sakura se deslizó por una palpitante carne desnuda y un poderoso hombro para llegar al esbelto brazo.

—Sois vos.

—Claro que sí. ¿Quién creías que era? ¿Beowulf?

—No, vos sólo tenéis dos brazos —replicó ella, al ver cómo el otro surgía de debajo de los cobertores.

—¿Cómo dices?

—En la historia, ¿acaso no se quedó Beowulf con el brazo que había arrancado al monstruo del pantano como si fuera una especie de trofeo? – pregunto.

Aquél no era el momento de hablar de poesía y mucho menos por el modo en que le latía el corazón. ¿Por qué había tenido que tomar otra copa de aguamiel? Trató de pensar. Neji el sajón, se había incorporado sobre los codos. Ella no podía verle el rostro, tan sólo la oscura cascada de su cabello.

—Oh —dijo él, con un gruñido. Si tenía las mismas sensaciones en la cabeza que ella, Sakura comprendía perfectamente cómo se encontraba.

—¿Tenéis resaca por la cerveza? – Sakura inquirió.

Observó el tamaño de los hombros de él y el modo en que se ondulaban cuando se movía. El corazón de la joven vikinga empezó a latir con más fuerza.

—No —respondió él—. Más bien estoy aterido de frío. Dime Sakura ¿Tuviste que quedarte con todos los cobertores? ¿Cuántos necesitabas? Podrías haberme dejado alguno.

—No se me ocurrió, yo pensaba que… - Sakura repentinamente guardo silencio.

Después de mirar una vez más aquellos hombros, tragó saliva, ella iba a decir, «No se me ocurrió dejar sabanas, puesto que pensaba dormiríamos en la misma cama». Ella pensaba que dormirían juntos. Sus mejillas se enrojecieron nuevamente.

—Si esto tiene algún bicho vivo —dijo, indicando los polvorientos cortinajes que colgaban de la cama—, voy a matarte.

Sakura se encogió de miedo. No pudo evitarlo, dado que aquella era la manera en la que su difunto esposo había empezado demasiadas conversaciones. «Voy a matarte». En aquel momento, el sajón levantó la mirada y lo notó. A Sakura le escoció y le humilló que él hubiera visto lo débil que era y lo mucho que le dolía el pasado. Sin embargo, no se produjo expresión alguna en los opacos ojos del sajón.

—Debe de ser muy tarde —dijo él mientras se incorporaba en la cama.

Sakura siguió agarrada a la tela verde, por lo que ésta se movió, dejando al descubierto una sólida extensión de torso. Entonces, vio lo que le ocurría.

Tenía el costado izquierdo teñido de un alarmante color entre negro y morado. En el centro, había una zona en la que algo, presumiblemente la cota de malla, le había mordido la carne. Ella lanzó una exclamación de horror y soltó la cortina. Él trató de cubrirse de nuevo, pero ya era demasiado tarde.

Sakura se preguntó si iba a vomitar y, una vez más, se maldijo por haber tomado aguamiel con el estómago vacío. Se produjo uno de esos terribles silencios durante el cual lo único que se podía escuchar era la acelerada respiración de la joven. Por fin, consiguió hablar.

—¿Habéis hecho algo al respecto? —preguntó refiriéndose a la herida.

—No —respondió él, tras dedicarle una mirada con la que podría haber matado a un dragón—. No es necesario.

¿Que no era necesario? ¿Qué acaso estaba loco? Si quería morir en menos de una semana, a ella no le importaba. De hecho, resultaba perfecto. Se había cubierto la herida con la tela verde. Se la había enterrado y así sería como estaría él muy pronto. Lo que le ocurriría si no…

—Debe de haber alguien que tenga conocimientos para sanaros y que pueda ayudaros.

La mirada se intensificó e incrementó la sensación de mareo y de inseguridad que ella tenía. Una oleada de ira la rescató de aquel estado.

—Estoy segura de que podríais encontrar alguien —le espetó—, o si sois demasiado digno para esto, estoy convencida de que vuestro leal sirviente lo haría.

—No requiero la ayuda de nadie —replicó él —. No quiero que nadie se entere de esto, y mucho menos Hiashi ¿Me comprendes? —añadió, inclinándose hacia ella.

—Os comprendo demasiado bien —repuso ella, mirándolo de un modo que también podría haber hecho cierto daño.

—Es tarde —dijo él, con dolorosa contención—. Tengo que marcharme.

Bien. Si deseaba acelerar su propio final marchándose en aquel estado, ella no lo detendría…

De repente, comprendió lo que significaba. Se marchaba. Era demasiado importante para quedarse con una insignificante danesa como ella. Estaba libre. Libre hasta aquella noche. El corazón le dio un vuelco.

—Sí, señor —dijo.

Se levantó con una velocidad que no benefició en nada a su dolor de cabeza. Empezó a recoger las ropas del sajón de donde se habían estado secando al lado del fuego.

—Sakura, deja eso. – hablo Neji.

Sakura se aferró a la túnica, esperando que no hubiera cambiado de opinión. Sacudió la pesada tela y comenzó a estirarla tan rápido como pudo.

—¿Quieres dejar eso y venir aquí? – ordeno.

Sakura estaba de espaldas a él, con los dedos aún enredados en la rica tela de la túnica. No podía moverse.

—Por favor…

Aquellas palabras la provocaron una enorme turbación, dado que parecían haber sido pronunciadas con una terrible angustia. No podía creer que él le hubiera hablado así. Se dio la vuelta y lo vio, con la mano que ella le había arañado cubriéndose el rostro. Recordó las palabras de otra historia, la de un hombre que estaba muy solo, pero que mantenía firme el corazón, tal y como debía hacerlo todo noble guerrero. Era un poema muy apropiado para el inglés. Lord Hyuga parecía estar muy solo.

—Muy bien. – respondió.

Sakura observó la cabeza inclinada del sajón y se acercó a la mesa, donde encontró otra copa. Allí, sirvió un poco de aguamiel. Si ella podía empezar el día así, él también. Se dio la vuelta con la copa en la mano.

El se había reclinado y tenía los ojos cerrados.

Había una gran diferencia cuando no se podía ver aquella mirada de hielo. Así quedaba sólo la calidez de su cabello y de su piel. Él estaba contra la pared, con el cuerpo medio desnudo ocultó por la raída abundancia de las cortinas de la cama. Le daba un aspecto exótico, poco real.

Abrió los ojos. La mirada volvió a reaparecer. Ella le entregó la copa, que él recibió con ojos entornados.

—Siéntate.

Sakura le obedeció y tomó asiento en la cama sin decir otra palabra. Era muy consciente de la cercanía de él, y del hecho de que no llevaba nada encima más que un poco de tela.

-o-

Neji se tomó el aguamiel de un trago. Le ayudaba a aliviar el dolor físico, pero no servía de nada en lo que se refería a la pelirosa. En aquellos momentos, ella tenía en el rostro el gesto de doncella desvalida. Todo en ella era tan delicado… La miró desde los esbeltos hombros hasta los tobillos desnudos, fijándose en todas las partes suaves y redondeadas que se podían ver o imaginar a través del vestido.

A pesar de su situación, no parecía tenerle miedo. Estaba empezando a pensar que otra persona había hecho lo mismo antes de él. No obstante, minutos antes se había permitido el lujo de decirle lo que tenía que hacer. Era una mujer incomprensible.

No había una razón en particular por la que a él le debiera preocupar lo que ella pensara. No había deseado ni pedido verse cargado con una danesa. Desgraciadamente, ya era demasiado tarde. Estaba atrapado por su palabra y tendría que cumplirla. Sólo un cobarde no realizaba lo que había prometido hacer.

Estaba sentada tan callada, tan inmóvil… A pesar de todo, Neji notaba lo nerviosa que estaba.

—Sakura —dijo él, tratando de pronunciar el nombre correctamente.

Ella levantó la mirada y lo observó atentamente con aquellos ojos verdes. Sin embargo, Neji pudo ver en sus profundidades que estaba muy asustada, a pesar de que él le había prometido que estaría segura a su lado. Este hecho despertaba algo muy desagradable en él y comprendió que le disgustaba profundamente ver el miedo en los ojos de la joven.

—Sakura —repitió, con renovadas fuerzas—, sé que acordamos que, durante las próximas semanas, tú fingirías ser mi amante, pero eso es sólo en lo que se refiere a los demás. Entre estas cuatro paredes sólo estamos nosotros. No espero ni que tengas que servirme ni…

Se detuvo. Ella lo miraba boquiabierta, con unos ojos tan grandes que Neji podría haberse ahogado en ellos. ¿Le habría estado gritando otra vez? Respiró profundamente, cosa que le dolió mucho, y empezó a hablar de nuevo más lentamente. Tal vez el inglés de la muchacha no era tan bueno como había pensado.

—Es como te dije ayer. No hay expectativas. Casi no nos conocemos. Yo estaré fuera mucho tiempo. Tú tienes una doncella para que se ocupe de todo. Yo tengo criados…

Se detuvo. No parecía ser capaz de hacerle entender. Lo miraba como si él estuviera loco. Se movió y el dolor que sintió en las costillas lo golpeó con la fuerza de un vikingo. Sin embargo, detrás de aquel dolor estaba el otro. Neji se veía de nuevo contemplando el abismo.

¿Cómo podría ella haberle hecho eso? Debería de haber dormido más de cuatro horas en las dos noches que había pasado desde la batalla. Eso era lo único que le pasaba. Se reclinó de nuevo contra la sólida dureza de la pared y trató de aliviar la presión de sus magulladas costillas. Si respiraba adecuadamente, el dolor se haría soportable.

Notó que ella le apretaba la copa de aguamiel contra las manos. Estaba llena. La dulce y fresca miel líquida se le derramaba por los dedos. La diminuta mano de la muchacha se apartó.

—Tú no me creíste… —dijo. Se detuvo. No había querido decir eso. Era innecesario. No importaba lo que ella pensara, pero no había podido contenerse.

—¿Sobre qué? Oh, claro que os creí. Era simplemente que…

—No me mientas —le espetó él. La fuerza de su voz hizo que la joven palideciera de nuevo—. Sakura… —añadió, algo más suavemente.

La sorpresa y la aprensión en el rostro de Sakura se habían convertido en desafío. Ya no se molestó en ocultar la animosidad que yacía debajo.

—¿Por qué? ¿Qué debería yo creer?

—Te he dado mi palabra —respondió él, tratando de contender la ira—. Te he dicho que, mientras estés conmigo, estás a salvo.

—Oh, entiendo. Se me ha arrebatado todo lo demás, pero me queda mi seguridad, ¿no es así?

—Es mucho más de lo que tienen otros —repuso Neji, con frialdad—. Ahora, debo marcharme.

Se incorporó esperando que Sakura se moviera, pero no lo hizo. Entonces, pasó delante de ella, tras dejar que la polvorienta tela cayera al suelo. A continuación, vertió un poco de agua en una palangana con una mano y se lavó.

Lavo todo, incluso el cabello, no quería que algo vivo en aquella cortina apolillada se quedara en él. No le importó nada lo que ella estuviera pensando.

Encontró su ropa. En aquel momento, sentía perfectamente el agotamiento que provenía de la falta de sueño, de la herida que tenía en el costado y del vacío que había en su vida. La inutilidad de todo lo que estaba tratando de hacer le golpeó como no lo había hecho en dos años. Sin embargo, no le quedaba más elección que seguir adelante.

Consiguió ponerse los pantalones e incluso los zapatos. No obstante, notaba lo lentos y pesados que se iban haciendo sus movimientos. Tomó la camisa y la túnica y, mientras se las metía por la cabeza, oyó otro sonido procedente de la cama, como si la muchacha danesa hubiera vuelto a moverse. Cerró los ojos para no pensar en ella.

Pudo terminar de vestirse sin desmayarse ni vomitar la cerveza de la noche anterior. Miró a su alrededor y tomó el cinturón de la espada con mucho cuidado, dado que la vaina estaba dañada, pero éste se le deslizó de entre los torpes dedos y cayó al suelo. No podía moverse. Se preguntó qué haría si el dolor del costado se hacía insoportable.

De repente, el suelo pareció alejarse a una gran distancia. Las imágenes empezaron a distorsionarse. Podría ser que, después de todo, fuera a hacer el ridículo delante de la muchacha.

¡Jamás!, Sabía que su orgullo se lo impediría.

Apretó los dientes y se agachó con la mano buena extendida. El suelo no pareció acercarse.

Se escuchó otro agitado movimiento desde la cama y, de repente, el esbelto brazo de la danesa apareció delante de su vista. Iba a recogerle la espada.

—¡No lo hagas! – grito.

Se inclinó aún más y apartó la mano de Sakura para que no tocara la espada. Sin embargo, perdió el equilibrio y cayó de rodillas y sobre el codo izquierdo. El suelo, el brazo y la espada desaparecieron de su vista.

Trató de apartar la negrura que le cegaba la mente. Al final, el dolor remitía si uno se empeñaba en ello. Se concentró en la tarea con una disciplina que nacía de la práctica.

—¿Qué creíais que iba a hacer? —le preguntó la voz de ella, como si procediera de un lugar muy remoto—. ¿Tratar de ensartaros con la espada?

Jamás se le hubiera ocurrido aquello. Si su prisionera hubiera sido un vikingo, no le habría quedado la menor duda de que aquello era precisamente lo que iba a hacer. No estaba acostumbrado a ver a su enemigo en el rostro de una mujer.

Trató de incorporarse, pero no lo consiguió. Empezó a notar cómo el sudor le iba cubriendo poco a poco la frente. Se apartó el cabello del rostro y vio que ella estaba sentada a su lado, sobre el suelo. Esperó escuchar una exclamación de burla, pero ella permaneció en silencio. Siguió agarrándolo de la mano. La mirada de Neji se concentró en la espada.

—La vaina está rota —explicó. Al menos su voz sonó con firmeza.

Trató de agarrar la vaina, pero la madera se había partido y el cuero que la cubría casi no podía mantenerla unida. De repente, el cuero se partió y la brillante hoja de la espada cayó sobre el suelo. Neji oyó que ella contenía el aliento.

Él agarró el mango de oro de la espada con la mano izquierda, lo que le resultó muy extraño. Aquella espada era muy antigua, pero tan afilada y mortal como el relámpago del que recibía el nombre.

—Es una invencible. Nunca se romperá —dijo ella.

La voz de Sakura le dijo a Neji que sabía lo antigua que era la espada y lo que valía, lo que le llamó mucho la atención. Entonces, recordó que no debía extrañarse, dado que su marido había sido un guerrero.

—Se llama Liyt Ráese.

—Relámpago —susurró ella. Entonces repitió el nombre—. Liyt Ráese.

—Así es.

Neji observó el dibujo que había grabado sobre el acero, forjado con un arte que ya no poseía ningún herrero. Sobre ella estaban escritas las runas del poder: Ur, la fuerza que debe ser controlada. Eolhx, protección, el símbolo de la espada. Tyr, la victoria.

La mano de Neji agarró con fuerza el mango. Aquellos símbolos habían sido grabados mucho antes de que la espada fuera suya. Debería haber tenido a Hael, el destructor.

Sintió un escalofrío por la espalda y miró hacia la cruz que había grabada sobre el baúl que había en un rincón de la estancia. Dejó que aquel símbolo llenara su visión. Ése era el nuevo camino. En aquello era en lo que debía pensar.

De nuevo, notó el suave calor que emanaba de los dedos de la muchacha. La miró, pero vio que ella no lo observaba a él. Los hermosos ojos seguían prendidos de la espada, como si ésta fuera un animal incontrolado que fuera a golpearla cuando menos lo esperara. Por primera vez, Neji se percató de que había una mella en la hoja. Aquello era precisamente lo que la joven estaba mirando.

Recogió el cinturón, que iba adornado de piedras preciosas, y la vaina rota y se incorporó. Quiso utilizar la mano derecha para hacerlo, pero ésta seguía aún presa de la mano de la danesa. Le resultó imposible romper el contacto.

Consiguió levantarse, aunque el dolor le hizo tambalearse. Sakura se había puesto en pie con él y le había rodeado con el brazo medio desnudo para que no se cayera. Neji no comprendía por qué ella había hecho eso. Estaba muy cerca de él, tocándolo del mismo modo en que lo había hecho cuando la transportó a través de las callejuelas de la ciudad en llamas. No podía apartar los ojos de la piel desnuda del cuello ni de los brazos, del suave subir y bajar de la clavícula ni de la suavidad de su figura, que a duras penas ocultaba el vestido.

Aquella cercanía provocó una calidez en el cuerpo de Neji. Más fuerte que la fatiga o el dolor, lo sacudió de un modo que no pudo controlar, hasta que no comprendió nada más que el deseo de hacer el acto que provocaría que ella lo odiara.

Ella lo miraba fijamente, con los ojos abiertos de par en par. Neji se apartó de ella. No le quedaba honor alguno, pero sabía que, a pesar de todo, no podía hacerle daño.

Tomó la capa, decidido a enfrentarse a Danzo, los seis prisioneros y un ejército borracho y protesten compuesto por hombres de dos provincias distintas. Se echó la capa alrededor de los hombros y se dirigió hacia la puerta, recordando en el último momento tomar los brazaletes de oro con los que impresionar a Danzo.

La muchacha observó en silencio cómo se marchaba.

Neji también debía ocuparse de lo que quedaba de una población danesa indefensa y de los ingleses que deseaban venganza.

Continuara


Bien. Como lo había prometido aquí tienen la continuación…

Termine mis exámenes satisfactoriamente, y ahora tengo tres hermosas semanas de descanso. Estoy cursando la universidad y todo es un poco más difícil, pero yo lo estoy pasando bien.

Gracias por leer la novela y también gracias aquellos que se acordaron de mi cumpleaños el miércoles 8 de diciembre.

Espero que estén bien, les deseo lo mejor xD