CAPITULO IV: El examen de Hogwarts.
Zlata no sabia muy bien que era lo que habia ocurrido esa tarde en el callejón Diagon pero por alguna razón, después de hablar con el señor Ollivander, su corazón estaba mas tranquilo y hasta se sentia segura de si misma para pasar ese gran examen que, claro, como ya habian pasado dos meses de su llegada a Londres, estaba a la vuelta de la esquina.
Cuando la Tia Flor les habia platicado a sus amigos el encuentro con el anciano de las varitas, ellos se habian aliviado de no tener que enseñarle nada a su sobrina (todavia se sentian obligados), y le aseguraban que ese señor era uno de los mejores consejeros en la comunidad magica y que seguramente no le fallaria.
Sin embargo, Zlata si se sentia segura pero aun se preguntaba que haria en esa prueba, qué le preguntarian porque ahora mas que nunca deseaba quedarse en Londres, su tia habia recibido una carta de su familia.
- No te aconsejo que la leas, tus hermanos escribieron y... bueno ya los conoces. – advirtió.
- Exactamente, ya los conozco, déjame verla.
Zlata tomó el papel azul (las cartas de la familia siempre eran azules porque su padre trabajaba en "Clean Water" una compañia de agua tratada) en el que venian letras de muchos estilos. Su madre le decia que por su parte estaba contenta por ella pero que no podia recordar el nombre de la escuela, su padre le contaba de las mejorias en los pedidos de agua tratada... pero sus hermanos... Ivan estaba molesto: por qué el tenia que estudiar en México y ella en Londres?, y Miguel estaba seguro de que la dichosa escuela esa no existia o que si no, aseguraba que jamas pasaria el examen: "ya te veré, llegando como buena perdedora, ya me imagino el drama que te haran mis papas, y si pagas por entrar, que seguro es lo que tendras que hacer, te vas a volver loca como la tia Flor".
Miguel siempre habia sido el mas ofensivo de la familia pero en lugar de entristecer a Zlata, la habia hecho tomar una decisión, no importa lo que pasara, no podia regresar como fracasada a su casa. A su tia esta actitud no le gustaba mucho pero pensaba que era mejor dejarla probarse a si misma. Ademas, nunca la habia visto tan decidida a conseguir algo.
El dia del examen de Hogwarts, Zlata estaba muy nerviosa, no habia querido desayunar nada y lo unico que la mantenia callada era caminar por toda la casa. (lo que decia era muy sencillo pero temia que se le olvidara: "en el corazón esta la sabiduria, cree en ello y hazlo" "en el corazón esta...")
Y entonces llegó la hora.
La cita era en el Caldero Chorreante, un profesor llamado Severus Snape le aplicaria la prueba... el sólo nombre le ponia la piel de gallina. Llegaron una media hora antes de lo acordado y ordenaron dos "Cabulas Magnates" (especie de bebida, su sabor era totalmente diferente al color que representaban, cada vez que se le daba un trago, se debia soplar tres veces antes sino el liquido no se dejaba tomar y sacaba chispas) y esperaron, Zlata retorcia las manos, se peinaba y miraba a todas partes buscando a alguien que pareciera un profesor, estaba tan nerviosa que ni siquiera se dio cuenta de que un grupo de jóvenes entraba por la puerta muggle del bar. Eran 3 y parecian muy animados.
- De verdad? – dijo uno de los muchachos que era el mas delgado de todos y tenia el cabello rojo.
- En serio, a partir de este año, la serie Nimbus tendra un modelo cada año. – contestó otro mientras revisaba una mochila que traia en la mano – Por eso he limpiado tantas chimeneas de polvos flu y desgnomizado tantos jardines como he podido, lo he ahorrado todo.
- No te creo.
- Espera a que la veas, - insistió el tercer muchacho que tenia el cabello parado - yo vine con mis padres ayer para comprar los libros y vi la primera Nimbus 1500 que ponian en el aparador, es realmente bonita y dicen que es mas rapida que la serie "Barredora", por qué crees que él – le dio un empujón amistoso al muchacho de la mochila – esta tan emocionado?, los fabricantes han prometido mejoras asombrosas cada año.
- Bueno y porque no te esperas a saber si vas a estar en el equipo? Tal vez no entres hasta el año que viene y la escoba que compres hoy sera vieja mañana.
- Gracias por animarme, Percy.
Los muchachos entraron en el patio trasero del bar, rumbo al callejón.
"Y si ya no viene", pensaba Zlata, el profesor ya se habia retrazado 5 minutos. Tenia un extraño presentimiento, como si antes de conocer a Severus Snape supiera que la iba a reprobar.
- Zlata D'Piedre?
- Si, soy yo - dijo levantandose de la silla y viendo al camarero del Caldero Chorreante.
- El profesor Severus Snape te esta esperando en este cuarto.
El camarero le dio una nota con el numero 23 y se retiró. La tia Flor condujo a su sobrina hasta la habitación indicada y tocaron la puerta. Un hombre alto de cabello negro grasiento les abrió la puerta, no las saludó sólo les señaló las sillas para que se sentaran.
- Asi que... tu eres la señorita D'Piedre.
- Si.
- Debes saber que este tipo de pruebas son bastante dificiles y en especial, yo soy muy exigente.
- Lo sé, me han hablado de ellas y yo...
- Te aseguro que lo que te han dicho son chistes comparados con lo que en verdad se califica.
En la cabeza de Zlata empezaba a dibujarse la neblina que siempre tenia cuando se preocupaba demasiado y, esas, eran las veces que habia reprobado en la escuela de muggles a la que asistia. Empezó a ver borroso al profesor Snape y no sólo eso sino que la cabeza le empezó a doler como nunca, le daban punzadas fuertisimas en las sienes.
Cerró los ojos un momento y respiró, para ella habian sido 2 segundos pero en realidad habian pasado 10 minutos desde que oyó la ultima palabra del profesor.
- Vas a ser el examen o no? – preguntó algo molesto.
- P-perdón?
- Vas a contestar las preguntas? No me has puesto atención.
- L-lo lamento.
- Zlata, hija, qué sucede? – se acercó la tia para tocarle la frente.
- Lo siento es que me dio un dolor muy fuerte en la cabeza.
- Si corriera por mi cuenta, pospondria el examen pero me es imposible – aclaró Snape con una ligera sonrisa – El profesor Dumbledore, el director del colegio, necesita los resultados hoy mismo.
- No, estoy bien, de verdad, puede, por favor, repetir la pregunta?
- De acuerdo, – el profesor tenia una mirada maliciosa – le pregunté si podia levantar magicamente esto – señaló un cenicero que estaba sobre la mesa.
Zlata tomó su varita y pensó "En el corazón esta la sabiduria, cree en ello y hazlo", no ocurrió nada, respiró hondo "en el corazón esta la sabiduria, cree en ello y hazlo", la varita estaba inmóvil al igual que el cenicero, "por favor, no me dejes sola, necesito pasar este examen, te lo suplico. En el corazón esta la sabiduria, cree en ello y hazlo".
Entonces sintió un cosquilleo que empezaba en la punta de la mano que sostenia la varita y le recorria todo el brazo, pero, qué extraño, no se detenia en el hombro sino que subia hasta el cuello y se detenia cerca del oido. Cada vez lo sentia mas y mas fuerte, estaba a punto de soltarla cuando escuchó una vocecita. "Wingardium leviosa".
Claro, ese deberia ser el hechizo indicado para hacer volar las cosas.
- Wingardium leviosa – dijo apuntando hacia el cenicero y subitamente éste se levantó de la mesa y tambaleó en el aire.
- Muy bien! – gritó emocionada tia Flor.
- ... si, bien, - dijo Snape – ahora por favor... un hechizo de luz.
- Lumus – exclamó Zlata después de oir de nuevo aquella vocecita y de la punta de su varita salió un rayito de luz.
- ... correcto – aceptó el profesor cada vez mas desilusionado – ahora... – sacó un terrón de azucar de una de las piezas de la bandeja - conviértelo en hielo.
- Glacies totalus – y el terrón de azucar se convirtió en un pequeño pero muy frio cubo.
- M-muy bien... ahora ...
A Zlata le parecia que ya no habia mucho por preguntar y que el profesor estaba inventando las preguntas, sintió que él podria ser uno de los que pensaban que era imposible que fuera a Hogwarts.
- Parece que sabes muy bien los hechizos basicos ahora voy a preguntarte sobre pociones, si me respondes lo que voy a decirte estaras en Hogwarts, sino, no valdra todo lo que has hecho.
Eso era absolutamente injusto, lo sabia, pero no tenia el valor de enfrentarse tan rapido a un profesor que apenas conocia y que ademas era el unico que podia darle el pase que tanto deseaba.
- Existen animales de lo que se sustraen las mas poderosas sustancias magicas cuales son?
Eso era facil, recordaba la vez que habia estado en Ollivander, en las cajas decia la sustancia magica utilizada en cada una de las varitas, sólo habia visto 3 pero valia la pena intentarlo.
- mmm..., unicornio, dragón y fénix.
Snape estaba realmente asombrado y sin meditarlo lanzó otra pregunta.
- Disculpe pero usted dijo sólo una pregunta mas, no es asi? – la tia Flor por fin habló, se habia quedado muda de la impresión al ver a su sobrina, la que no sabia nada de magia, responder correctamente a todas las preguntas.
- Esta es una prueba para medir conocimientos, para entrar a una prestigiada escuela de magia, tengo que hacer las preguntas que sean necesarias. Dime, cual es la diferencia entre acónito y luparia?
Qué demonios era acónito y que demonios era luparia? Esta vez si estaba en problemas, su varita no le respondia y ella no tenia ni idea de qué estaba hablando el profesor. Pensó, tratando de recordar todo lo que habia visto y oido de magia en los ultimos 2 meses, pero nada le ayudaba. Buscó en la habitación también y entonces vio, cerca de la puerta, en el piso, unos papeles que parecian volantes promocionales del callejón Diagon, el de encima decia, con letras verdes y claras: "Drogueria Lycaste Virginalis, las mejores hierbas e ingredientes para pociones, garantizado". Y entonces recordó.
- Onza de acónito también conocido como luparia, 10 sickles – dijo en voz baja para luego subir la voz y contestar – E-el acónito y la luparia son lo mismo.
Zlata cerró los ojos esperando no oir otra pregunta como "y para que sirven?" porque ni siquiera tenia idea de qué eran, sólo recordaba haber leido un letrero con esas palabras en la drogueria. Para su sorpresa, con movimientos bruscos, el profesor Snape sacó dos papeles de la bolsa de su tunica negra y se los entregó a su tia.
- Esos son los utiles que necesitara y el boleto del expreso, tiene que atravesar la barrera entre los andenes 9 y 10 – y luego dirigiéndose a Zlata pero con poco animo – Bienvenida a Hogwarts. – y salió claramente molesto.
Zlata y su tia no dijeron nada sólo gritaron y se abrazaron.
Tia Flor no habia logrado convencer a Zlata de que compraran los utiles al dia siguiente, estaba tan emocionada que deseaba ver lo que llevaria lo mas pronto posible, asi que bajaron del cuarto y entraron en el callejón.
Eran unas horas después del medio dia, el examen habia durado escasa una hora, y el callejón estaba lleno de gente caminando y viendo escaparates, los niños corrian en todas direcciones señalando escobas o animales raros. Por primera vez, Zlata se sentia en su mundo, aceptada en esa comunidad magica. Convenció a su tia de que mientras ella iba por los libros, revisaria los calderos.
Pero antes que nada se dirigió al almacén de varitas, queria agradecerle al señor Ollivander todo lo que la habia ayudado.
- Buenas tardes – dijo al entrar.
- Si?... oh pero si es el alma gemela del Unicornio Perdido, pasa, pasa, cómo estas?.
- Muy bien, gracias a usted, he pasado el examen y voy a asistir a Hogwarts.
- De verdad? No sabes que alegria me da, sabia que lo lograrias, jamas lo dudé.
Estuvieron platicando un rato sobre la varita y lo que Zlata habia sentido al realizar el examen pero después la conversación se tornó hacia su familia y el mundo muggle. El señor Ollivander habia salido pocas veces del mundo magico a pesar de su larga edad.
- ... me gusta en realidad, no es tan dificil como parece, y muchas veces es interesante hacer las cosas con las manos, como cocinar.
- Lo unico que he probado son unas pastillas, el dueño de la fabrica de dulces Bertie Bott importa algunos productos muggles internacionales, en realidad es muy poco lo que trae pero algunas cosas son interesantes.
Cuando Zlata habia conocido al anciano le habia parecido bastante lugubre pero cuando salió del lugar después de haber platicado con él de cosas tan simples, le pareció una persona bastante agradable. Iba pensando en todo lo que el señor Ollivander habia dicho, riéndose a veces de lo poco que sabian los magos del mundo muggle (tal vez menos de lo que ella sabia del mundo magico) e imaginandoselos en México, cuando vio la insignia de la fabrica de dulces que habia mencionado y decidió echar un vistazo a los productos importados muggles.
Cuando entró le pareció que bien podria ser una jugueteria en dia de descuento porque habia niños hasta por debajo de las tinas de dulces, todos estaban felices, escogiendo los chuchulucos que iban a llevar. Todo era extraño, sin duda, pero mantenia lo basico: formas y empaques atractivos para los pequeños. Los estantes tenian un letrero arriba que decia lo que contenian: "Pepas de todos los sabores", "Ranas de chocolate", "Pastelillos", "Caramelos convertidores", "Pastillas saca pelo" etc. Y en el mas alejado y pequeño se podia leer "Dulces Muggles" y pudo ver, con cierta satisfacción, que los que estaban cerca veian los empaques con cara de pregunta.
Por entre la gente un señor regordete se abrió paso, se subió en un banco y colocó un letrero mas que decia: "Sólo por hoy: muéganos y enjambres de nuez mexicanos". Zlata sonrió y pensó que seria divertido comer esos dulces rodeada de toda esa magia que habia alla afuera. Ademas los enjambres de nuez siempre habian sido sus favoritos.
Caminó acercandose al estante pero cuando llegó vio que sólo habian 3 muéganos y un enjambre de nuez, rapido tomó una bolsa y unas pinzas. Guardó los 3 muéganos y cuando iba a alcanzar el enjambre de nuez sus pinzas se cruzaron con otras.
Alzó la cabeza y vio que era un muchacho si acaso un año mas grande que ella el cual también la miraba.
- Quieres el enjambre? – le preguntó.
- Tu lo quieres?
- Bueno, si, supongo.
- Entonces tómalo.
- No mejor tu tómalo.
- Pero no me sentiré bien si tu lo quieres.
- Yo tampoco.
- Entonces ninguno lo tomara.
- De acuerdo.
Los dos se rieron de lo que estaban haciendo, dejaron las pinzas a un lado y se voltearon fingiendo buscar otra cosa. Entonces llegó un muchacho alto y pelirrojo de la misma edad que el primero.
- Qué pasó? no ibas a comprar el enjambre? Robbie ya se fue.
- Eh... no, cambié de idea.
- Tu? Despreciando un enjambre de nuez muggle? quién eres y qué has hecho con con mi amigo? – bromeó el muchacho pelirrojo.
Zlata estaba tan atenta a la platica de los dos chicos que no se dio cuenta de que su tia habia llegado, habia tomado el enjambre y le llamaba desde la caja.
- Oye, Zlata mira, tengo el ultimo enjambre, vamonos ya, estoy cansada.
Su tia habia gritado y toda la tienda la habia oido, seguramente los muchachos estarian pensando que habia sido una tramposa pero no quiso voltear a comprobarlo ya le bastaba con la vergüenza que sentia.
Reflexionando el dia, momentos después, pensó que en realidad el incidente de la dulceria no era nada grave porque seguramente jamas volveria ver a esos muchachos.
Que equivocada estaba.
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