Y me duermo, si, pero unos golpes en la puerta de mi habitación me hacen despertar. No me levanto. A lo mejor se van. Espero unos minutos, pero los golpes no cesan y los rayos de sol que se filtran a través de la persiana empiezan a quemar mi cara.

Me levanto y camino hacia la puerta. Ni siquiera me preocupo por mi aspecto.

Abro la puerta de mala gana y al otro lado de ella me encuentro con mi inoportuna e inesperada visita. La observo durante unos segundos tratando de ubicarla y comprender qué es lo que está haciendo aquí.

Pero la visita no me concede más tiempo de cavilaciones y se lanza al encuentro de mi boca. Introduce una mano por debajo de la camiseta que uso para dormir, mientras con la otra me abraza la cintura estrechando mi cuerpo contra el suyo, y su dedo corazón recorre mi columna vertebral desde arriba hacia abajo. Espera a que mi cuerpo se estremezca de placer y mi espalda se arquee, como ya es costumbre que ocurra cuando me hace eso, y me abraza.

Pero no es un abrazo cualquiera. No. Es un abrazo en el que Sirius Black expresa lo que no me puede decir con palabras. Un abrazo en el que Sirius Black me confiesa todo lo que me ha extrañado. Un abrazo en el que Sirius Black demuestra que me ama tanto como yo a él. Un abrazo en el que Sirius Black me dice todo lo que yo ya sé; lo sé porque yo siento lo mismo respecto a él.

Y, otra vez, entre sus brazos, mi mundo se derrumba, pero no me importa. No me importa lo que pase él está junto a mí. Poso mis labios sobre los suyos en un beso casto que él se encarga de profundizar y que yo le permito hacerlo. Abrazo con mis piernas sus caderas mientras él nos dirige a la cama.

" ´Couse everytime we touch, I get this feeling... "

Mi móvil suena interrumpiéndonos. Miro a mi amante y después al teléfono. Sonrío.

- No lo cojas – me dice Sirius mientras me besa la oreja. Si continua haciéndome eso, soy capaz de hacer cualquier cosa que me diga.

- No pensaba hacerlo – contesto. Sonríe. Sonrío. Me vuelve a besar. Nunca, nadie, jamas, había provocado en mí la sensación de ascender al cielo tan solo con un beso. Nadie excepto Sirius.

Pero el teléfono sigue sonando y aunque no le hagamos caso, resulta un poco pesado.

- Espera – le digo a Sirios apartándole un poco. – Voy a contestar.

- No, no, no – contesta mientras me abraza posesivamente.

- Si, si, si. Que me pone dolor de cabeza – respondo sonriendo con picardía, ya que para todos es sabido que si a una mujer le duele la cabeza, no ... . Miro la pantalla pero no conozco el numero que aparece en ella. Descuelgo mientras me acerco el teléfono a la oreja. - ¿Si? ¡Oh! Hola Nat – miro a Sirius y veo cómo palidece – Si, me acabo de levantar. Si, me ha despertado el teléfono. No, no pasa nada; ¿para qué llamabas?. ¿Sirius? ¿Conmigo? – Mierda, mierda, mierda. Nos ha pillado – No, no esta aquí, ¿por? ¿No sabes dónde está? - ¡Joder! Yo también que preguntas..., si me llama preguntando por él, es evidente que no sabe dónde está. Sirius me mira arqueando una ceja. ¡Bip, bip! Oh, oh, tengo una llamada en espera – Nat, cariño espera un momento que me llaman por la otra línea, no cuelgues. ¿Diga? ¡Ben! Hola guapo... . Si estoy bien, ¿y tu?... . Yo también te echo de menos – Sirius me mira. Le miro para disculparme. Se levanta. ¿Se habrá enfadado? No, porque se acerca a mi y me besa el cuello. ¡Será cabrón! Intento apartarme, pero no me deja y su dedo corazón vuelve a recorrer mi columna vertebral de arriba hacia abajo. Ya no me resisto –... . Si, tranquilo, no pasa nada. Estoy bien... . Si, con Lily también bien... . Oye te tengo que dejar que una amiga está esperando en la otra línea. Luego te llamo ¿vale?... . Venga. Otro para ti – "Estoy deseando que llegue el sábado para pasar el resto de mi vida junto a ti" dice Ben desde el otro lado de la línea telefónica. Un nudo de culpabilidad se aloja en mi garganta. Mi cuerpo rígido hace que Sirius pare de besarme el cuello y me mire con la preocupación pintada en sus ojos grises. – Yo también. Adiós – Cuelgo a Ben y vuelvo con Nat aún con ese molesto nudo en mi garganta. – Perdona, era Ben. Que no se donde puede estar Sirius. ¿Has probado en casa de James y Lily?... . ¿Tampoco?... . Pues no se. Si me entero de algo te llamo, no te preocupes... . De nada, un besito. Adiós.

- ¿Qué pasa? – Me pregunta Sirius cuando he colgado.

- Tienes que irte – contesto mirándole con seriedad.

- ¿Por qué?

- Porque TU novia está preocupada por ti – respondo haciendo énfasis en su novia. – Además Sirius, me voy a casar, no puedo seguir haciendo esto. Ya no tengo 17 años, sino 22. Nat te quiere y es mi amiga. No quiero seguir haciéndola sufrir. Y, por si aún no te has enterado me voy a casar.

- Está bien – responde – Me voy – menos mal que ha entrado en razón – Pero antes te diré lo que he venido a decirte desde el principio pero no me has dejado - ¡¿Qué?! ¡Qué no le he dejado dice! Pero que morro. Me mira sonriendo y mi expresión indignada se ablanda. – Quiero que nos vayamos, tu y yo solos, unos días lejos de todo y de todos – Vaya, pues parece que no ha entrado en razón.

- No – niego con rotundidad, y me dispongo a explicarle lo que, al parecer, aún no ha comprendido – Sirius. ME-VOY-A-CASAR-CON-BEN y por eso mismo no pienso irme contigo a ninguna parte.

- Si, si, si, ya se que te-vas-a-casar-con-el inútil – contesta imitándome. La expresión de mi rostro se endurece – La pregunta es: ¿quieres hacerlo?

¡¿Pero qué pregunta es esa?! ¡Claro que quiero! Si no, no hubiese aceptado cuando me lo propuso ¿no?. Aunque tiene razón. Antes si quería hacerlo, pero, ¿y ahora?. No lo sé. Mas ahora, a estas alturas, lo importante no es que quiera o no casarme con él. Lo que ahora importa es que debo de hacerlo. Me he comprometido a hacerlo y lo haré. Es lo correcto. ¿O no?

- Si – contesto al fin – Claro que quiero hacerlo, y lo voy a hacer.

- Ya. Y si tan segura estás, ¿por qué has tardado tanto en responder? – Mi boca se abre, pero de ella no sale ningún sonido. – De acuerdo, no contestes. Responde lo siguiente: ¿le quieres?

- Si – esta vez no vacilo en contestar. Claro que le quiero. ¿Cómo no hacerlo? Es el chico perfecto: guapo, atento, inteligente, cariñoso, triunfador y, lo más importante, me quiere. ¿Qué más puedo pedir?

- Pero, ¿le amas? – Vuelve a interrogarme Sirius. Esa pregunta me pilla por sorpresa. No la encuentro sentido. Empiezo a mosquearme. ¿Dónde quiere llegar?

- Es lo mismo – respondo – Le quiero, le amo. ¿Qué más da? Es lo mismo.

- No, no es lo mismo y no da igual – me contradice Sirius con el mismo tono de quien habla del tiempo que a mi, personalmente, me crispa los nervios. Sirius vuelve a hablar – Puedes querer a una persona sin llegar a amarla. Yo, por ejemplo, quiero un montón a Lily y, sin embargo, no estoy enamorado de ella. – No contesto. Tiene razón. ¿Amo a Ben? – No contestes ahora, medítalo. Te dejo aquí el traslador – Deja la caja de su varita sobre la mesa. – Si mañana te has decidido a venir conmigo, te estaré esperando allí. – Se acerca a mi. Yo estoy en shock. Me besa suavemente en los labios y recorre mi columna vertebral con su dedo corazón de arriba hacia abajo. Abre la puerta para irse.

- ¿Y tu? – Le pregunto cuando aún está en el umbral de la puerta. Su dedo por mi espalda me ha despertado del shock - ¿Amas a Nathaly?

Me mira. Sonríe elocuentemente. Me guiña un ojo y sale de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

¿Y, ahora, qué? ¿Qué hago yo ahora? ¿Me quedo aquí? ¿O me voy con él? No, no estaría bien. Pero, ¿quiero hacerlo? ¿Quiero estar unos días a solas con Sirius Black? Pues claro que sí, eso no necesito pensarlo ni un segundo. Por supuesto que iría hasta el fin del mundo si me lo pidiese. Pero existen unos cuantos inconvenientes, tres para ser exactos: Nat, Ben, y ni inminente boda con el último.