Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima

Fic para del reto: Civil War: TeamFluff vs TeamAngst del foro 'Cannon Island'


—EL ME QUISO ASI—

Team: Angst

Pairing: Jerza

Universo: AU con OOC —advertido quedó—

Prompt: #46 -Simplemente necesito tenerte aquí ahora

Créditos al autor de la portada

:-:-:-:


—o4o—

—REFRACCIONES—

Parte 1

:-:-:-:

Cuando me detuve ante aquel cuadro por primera vez, la cosa negra marchita en mi pecho comenzó a palpitar, como no lo había hecho en mucho, mucho tiempo. Tan extasiada me encontraba frente a aquel lienzo, que ni siquiera me atrevía a respirar. Era un cuadro inmenso de un resplandeciente atardecer en la playa. Dos jóvenes enamorados se encontraban allí junto al mar, tomados de las manos, perdidos, uno en los ojos del otro. Me acerqué como hipnotizada, acaricié el lienzo con la punta de mis dedos y de inmediato las lágrimas asaltaron mis ojos. Luego, me envolvió la culpa y me abrazó el dolor…

:-:-:-:

—¡Te odio… ¿Por qué no simplemente me dejas ir?! —ella le gritó.

Entonces él la tomó de los brazos con tal fuerza que le cortaba la circulación.

—¡Porque no puedo! —respondió. Sacarlo de sus casillas había sido toda una proeza de la que ella se arrepentía, pues ese día había rebasado todo límite conocido, había descubierto el lado oscuro de Jellal—. Simplemente —repitió el joven con ironía—, necesito tenerte aquí ahora.

Ella miraba sus ojos, el calor y la ternura, ¡todo había desaparecido! Era la desesperación, ¡Jellal al borde del abismo! y sintió mucho miedo, miedo por él.

—Lo lamento —él comenzó él a disculparse—, me he exaltado…

Al escucharle, ira y amargura le hicieron su prisionera, no podía soportar verlo así, había llegado hasta aquel punto de quiebre, por ella.

—¿Por qué eres tú el que siempre termina pidiendo disculpas?

Dejó la pregunta en el aire y se alejó de allí corriendo. Bajó por el sendero del mirador de Boca de dragón, hasta internarse en el bosquecillo detrás de su casa. Cada paso que daba se sensibilizaba más y más, hasta que finalmente buscó apoyo en el tronco de un árbol y se deshizo en llanto, porque sabía muy dentro de sí, que después de ese día, ya nada sería igual.

.

.

.

Era la segunda ocasión que me detuve delante de aquel cuadro, y aquella poderosa sensación regresó a mí, con la misma intensidad de la primera. Esta vez sin embargo, sentí la paz, un sentimiento de añoranza, el recuerdo de una vida pasada llena de sueños y promesas de amor, un recuerdo…

—Un dulce recuerdo —le escuché murmurar tras de mí.

El silencio que siguió fue tan grato, que dio lugar a que otro recuerdo más reciente comenzara a fluir en mi mente.

:-:-:-:

Algunos meses atrás…

Caminaba por el paseo estudiantil de la Universidad de Crocus mirando a todas partes. Las arboledas comenzaban a teñirse de un hermoso color ocre y varias tonalidades naranjas y rojas. Una sonrisita surcó sus labios al darse cuenta que aun con el paso del tiempo, ciertas costumbres eran difíciles de olvidar.

Llegó hasta uno de los talleres que el decano amablemente le indicó y al entrar por la puerta, sintió como una descarga eléctrica la paralizó de la cabeza a los pies. Antes de perder el valor se dispuso a entrar. Avanzó tan solo un poco y él no la había notado. Estaba preparando algunos lienzos, absorto en su meticuloso trabajo.

Sonrió, algunas cosas… ¡nunca cambian!

Dio tres pasos firmes y sus piernas se negaron a obedecerla. Se reprendió a sí misma por comportarse de esa manera tan cobarde. Finalmente, cuando se encontraba a la mitad del salón, suspiró antes de murmurar:

—Nunca le temiste al trabajo manual —en ese momento él detuvo lo que estaba haciendo. El tiempo que siguió fue mortalmente lento y ella sintió que su corazón casi se detuvo. Él no reaccionaba, permanecía inmóvil y ella estaba tan nerviosa al punto que estuvo por dar la vuelta y huir. En lugar de eso dio un paso adelante y dijo con voz temblorosa—: Veo que todavía te gusta preparar tus materiales.

Mantuvo la respiración cuando él se dio media vuelta, despacio, aumentando su ansiedad, y cuando finalmente estuvieron cara a cara, vio que en sus labios se dibujaba una palabra…

:-:-:-:

—¿Erza? —la joven asistente de Ultear interrumpió mis recuerdos. De inmediato volví el rostro hacia ella—. Jella… digo, ¡profesor Fernanades! —se corrigió sacudiendo su cabeza rosada—. Ul solicita su presencia… la de los dos, ¿serían tan amables de acompañarme?

Asentí con la cabeza y comencé a seguir a Meredy por el pasillo, con él a mi lado. Estaba tan ridículamente incómoda, aguantando las ganas que tenia de salir de allí corriendo, acto que —a estas alturas— me parecía ilógico y bastante cobarde.

—Damas y caballeros —escuché a Ultear hacer el anuncio en cuanto llegamos a las puertas del salón principal del recién restaurado palacio Grimore—, la Sociedad Imperial de Arquitectura y la Fundación Milkovick tienen el privilegio de presentar al profesor Jellal Fernandes.

—¿Me acompañas a pasar por este valle de la muerte? —me preguntó.

En aquel momento volví el rostro hacia él, su pregunta me causó una extraña conmoción y no sentí menos cuando vi, me lo había pedido con una sonrisa ¡esa sonrisa!

—¡Juntos! —exclamé confundida estrechando su mano.

—oOo—

Cuando cruzamos el umbral, toda la sociedad de Vistarion se encontraba ovacionando de pie. Era particularmente incómodo encontrarme en medio de todas aquellas personas, ¡pero ella estaba conmigo! tan bella como siempre, así que no tenía nada que temer.

¡Estaba como en un sueño! caminando sobre nubes. Temblaba como un niño a medida que avanzaba por aquel pasillo, y veía pasar mi extraordinaria vida delante de mis ojos en perfecto orden, cada pedazo representado en un nuevo cuadro y otro, y otro. Me sentía como en un túnel del tiempo. Cada emoción, cada palabra, hasta el más mínimo detalle, todo comenzó a fluir, de adelante hacia atrás, de atrás hacia adelante, a máxima velocidad, lenta y torturantemente…

Inhalé profundo antes de acercarme al podio y luego de ver a aquella chica de ojos tristes una vez más, me dispuse a hablar. No disponía de mucho tiempo, pero tenía un montón de cosas que decir acerca de las enfermedades degenerativas, sobre cómo eran capaces de causar grandes dolores y sufrimiento —por experiencia propia— no solo en el enfermo, sino también en sus allegados. Hablaría sobre mi pequeño pueblo y las razones por las cuales decidí compartir su belleza. Agradecería por el privilegio que había recibido de contribuir a esta iniciativa en beneficio de los más necesitados, a todos los que estuvieran comprometidos con la causa, a Ultear Milkovick y finalmente dirigiría todas mis alabanzas a la mujer por cuya causa me encontraba justo allí. Una mujer que casualmente, había evitado mi mirada todo el discurso, imagino porqué.

:-:-:-:

—Siempre supiste donde estaba, ¿no es verdad? —ella preguntó sin hacer mucha ceremonia.

—Casi siempre —él se encogió de hombros—, te perdí la pista por un tiempo. En el tercer año —se llevó la mano a la barbilla pensativo—, me parece que entraste al programa de tratamiento especial o algo así…

—Experimental… —añadió ella—, y costosísimo.

El silbato de la tetera los interrumpió, y él se levantó para dirigirse a la estufa. Aprovechando aquel momento, ella sacudió la cabeza para quitarse de encima toda esa timidez o ¿era culpa? se sentía sucia y miserable. Tal vez si él le hubiese gritado o mandado al diablo, una mueca, un deje de desdén en su mirada, en su voz… ¡cualquier cosa! pero no, allí estaban, charlando en la cocina de su departamento como dos viejos amigos —pues realmente lo eran— pero ¿como si nada hubiese sucedido? ¡Nada!

—Entonces —él regresó a sentarse—, ¿fue cuando llegaste a la Fundación?

—Estaba en el programa de estudiantes extranjeros —ella comenzó a relatar mientras él le servía té—, cuando se enteró de mi padecimiento, a Gray se le dio por presentarme a su tía Ur —suspiró la joven con nostalgia al recordar a aquella gran mujer y su fortaleza—, finalmente llegué al centro.

—Fuiste afortunada.

—Si tú lo dices… —se encogió de hombros—, la verdad corrí con mucha suerte, de haberme diagnosticado esta enfermedad hace cuatro o cinco décadas, me hubiesen dicho que tenia de seis a siete años de vida —comentó la chica despreocupada, pero al ver que él se había puesto pálido, que sus ojos se llenaron de dolor, ella pensaba que mejor se hubiese mordido la lengua. ¡Lo estaba haciendo otra vez! estaba lastimándole con sus palabras—. No estaba conforme con ser una paciente más —continuó esperando no meter la pata otra vez—, así que luego de terminar la escuela… —suspiró—, casi al instante nos hicimos amigas con Ultear, que como ya te dije es la directora de la organización y yo estoy a cargo de conseguir el financiamiento… —hasta aquí llegó y como era de suponer, comenzó a sentir algo parecido a la vergüenza—, l-lo que me trajo a-aquí…

—Entonces lo que necesitas es dinero —sentenció él sin mucho ánimo y si esperaba intimidarla con eso, estaba muy equivocado.

—No creas que no estoy enterada de nuestro benefactor 'anónimo' cuyas generosas donaciones mantienen funcionando nuestro centro de rehabilitación —replicó ella con mesurada osadía—, un joven artista de reciente aparición, maestro de artes plásticas de la Universidad de Crocus, ¡profesor Fernandes! —terminó con un guiño travieso.

—Me investigaste… —él le reprochó con una tímida sonrisa y eso bastó para conmover a su corazón.

—Jellal… —se dirigió a él, aún conmocionada, con temor de un posible y merecido rechazo y al mismo tiempo, esperanza—, si se lleva a cabo esta subasta, quiero decir, si decides ayudarnos y esto se realiza, aseguraremos la investigación por al menos tres años. Podremos equipar el centro de rehabilitación y añadiremos otro de cuidados especiales. Le estarías cambiando la vida a muchos —con sus manos cubrió las de él—. Sé que te estoy pidiendo demasiado pero…

—Lo haré —repuso él con resolución—, yo haría cualquier cosa… —refrenó a tiempo.

No tenía necesidad de seguir, ella sabía perfectamente el final. Las lágrimas comenzaron a rodar por una de sus mejillas y levantándose, él se las secó con su mano.

—Gracias… —murmuró en medio del llanto.

—oOo—

—¡Erza! —me sobresalté al escuchar aquel llamado—, ¡Erza! ¿Estás bien?

Al volver la vista encontré preocupación en los enormes ojos de Lucy.

—Estoy…

—Distraída —interrumpió Meredy y de inmediato se colocó un bocadillo en la boca—, ¿O preocupada? —tragó—. No tienes por qué estarlo, todo va a salir bien, ¡relájate y disfruta la fiesta!

—¡Ven aquí Nash! —repentinamente Lucy llamó a su pequeño que en ese momento se colgaba de unas cortinas.

El niño levantó la vista y miró a su madre. Lo siguiente que hizo fue correr a abrazar a su progenitora y llenarla de besos en la cara. Lucy se emocionaba con cada muestra de cariño que el pequeño le demostraba.

—Erza, Meredy, ¿vienen a jugar conmigo? —el niño pelirosa preguntó con una exagerada sonrisa que mostraba toda su dentadura.

Lucy estaba a punto de regañar a su retoño, pero la dulce Meredy fue más rápida y al cabo de unos segundos, ya se encontraba asechando y siendo asechada por ese pequeño sol. No conocí a su padre, pero estoy casi segura que Nash era muy parecido a él.

—Lo extraño… —murmuró Lucy a través de un suspiro. De inmediato dirigí la vista hacia ella que sin dejar de ver a su hijo añadió con tono melancólico—, la tristeza y el dolor afectan, pero siempre puedes salir adelante cuando tienes a alguien a tu lado, ¿no crees? —me sonrió.

Inevitablemente dirigí la vista hacia un lugar específico en la enorme habitación.

—Alguien a tu lado… —murmuré con añoranza.

—oOo—

Estaba mortalmente aburrido y convenientemente solo. Di un suspiro para quitarme de encima el desaliento, ¿cuánto tiempo iba a durar todo aquello? Sorpresivamente sentí un par de palmaditas en la espalda.

—¿Me extrañabas? —ella me susurró con un tono travieso.

—¡Erza! —rápidamente me volví para verle sobre mi hombro, estaba bastante asombrado por la forma en la que me había abordado.

—Vine a rescatarte de estos pavorreales —sonrió. Yo no dejaba de verla con asombro, lo que finalmente terminó por ruborizarla—. P-pero si no quieres, puedo irme por donde vine…

—No —supliqué con desesperación—, no me dejes solo con esta gente…

Al escucharme sus ojos brillaron con intensidad, se veía tan espléndidamente hermosa esa noche.

—Entonces has lo que yo te diga…

De inmediato me tomó de la mano y me guió por el salón. Cinco minutos después corríamos por los pasillos de la mansión tomados de la mano.

—No entiendo —pregunté casi sin aliento cuando nos detuvimos en una habitación repleta de armaduras—. Pasamos en medio de ellos sin que nadie siquiera se inmutara, ¿cómo lo hiciste?

—Años de lidiar con esa clase —respondió apenas, pues necesitaba recobrar el aliento—. Lo cierto es… que se emocionan mucho con la novedad, pero se aburren al poco rato. Ya verás que ni te extrañarán.

—¿Así que solo soy la novedad? —exclamé haciéndome el ofendido y comencé a caminar—. Aclárame algo, ¿es común que estas cenas de caridad sean así de tediosas?

—Bastante común —respondió— de hecho, antes incluso que dé inicio cualquier evento parecido me siento enferma y tengo un humor de mil demonios…

Me detuve por tan solo un momento.

—¿Es en serio?

Ella afirmó con la cabeza.

—Ahora sin embargo, me siento tranquila, creo que eso te lo debo a ti, a que estás conmigo hoy, de otra manera ya hubiera hecho que todo mundo allá adentro se largara.

Lancé una carcajada al aire sin querer y ella se asió de mi brazo. Sin duda, el sentido del humor de Erza no había cambiado y tampoco mi predisposición a reírme de todas sus fantásticas ocurrencias.

—Hablé con Ultear —me dijo mientras caminábamos por un pasillo, ocasionalmente encontrando alguna que otra parejita—, no tienes que estar mañana en la subasta si no quieres.

—Qué bueno… —respiré aliviado—, pero entonces, algo tengo que hacer.

—De eso no te preocupes, te invito a salir —la miré de soslayo y ella se puso nerviosa—, a-a conocer la ciudad, pero si no quieres…

—¿Es una broma? Será un placer.

Mi respuesta afirmativa no hizo sino hacer que esa chica diera un salto y se prendiera de mi cuello tan fuertemente que me cortó la respiración, pero ¿que se podía hacer? ¡ella era Erza! los años había pasado y seguía siendo tan dolorosamente dulce como recordaba.

Estaba feliz, como no lo había estado hace mucho tiempo. Era su presencia, el saber que estaba peleando por vivir de la manera más digna posible, y no solo eso, era su preocupación por los demás, ¿cómo no querer ayudarla a ayudar? ¿cómo no amarla de esa manera?

«Amarla… hasta no amarla» me repetí a mí mismo una vez más aquella noche con un deje de dolor que salpicaba mi felicidad, mientras contemplaba la ciudad desde la ventana de mi habitación.

.

.

.

A la mañana siguiente ella me esperaba en una plaza cerca del hotel. En cuanto me vio se acercó corriendo, pero a mitad de camino perdió el equilibrio e iba a caer. Afortunadamente me encontraba tan cerca que pude sostenerla.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió avergonzada—, suele pasar de vez en cuando —hizo el intento por caminar y al ver que tenía dificultades, la tomé en brazos y la llevé hasta una de las bancas ayudando para que se sentara.

Podía sentir su molestia al verse ayudada de aquella manera. Fingí que no lo había notado.

—Y… —me aclaré la garganta—, ¿qué vamos a hacer el día de hoy?

Ella me miró, podía ver la confusión es sus ojos, la lucha que tenía para parecer fuerte delante de mí, y así no tuviera que preocuparme, ¡pero que pésima actriz era!

Finalmente, ahogó una risita —fingida claro está— y canturreó: —¿Tú qué crees?

.

.

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Más tarde esa mañana nos encontrábamos frente al Museo del Palacio Imperial de Alvarez.

—¿No es hermoso? —me preguntó con una sonrisa, asentí con la cabeza pues de veras estaba asombrado por semejante edificio—. No es muy común —me interrumpió lo pensamientos—, pero conseguí una cita para un recorrido exclusivo con la curadora del museo como guía.

—Vaya, ¡eso es grandioso!

—Solo una cosa —me advirtió con tanta seriedad que hasta asustaba—, no le digas señora, le molesta.

—¿Qué?

—¡Erza! —una voz se escuchó, proveniente del salón de recepciones.

—¡Madre!

—¡¿Madre?!

¡Era igualita a ella! el mismo porte erguido y orgulloso, los mismos ojos, el mismo color de cabello…

—Jellal, ella es Eileen Belserion, vice-directora de la galería de arte del museo del Palacio Imperial y… —calló un momento antes de seguir—, mi madre.

—Mucho gusto seño… —extendí la mano, ¡aún en shock! y la versión madura de Erza que me miraba como si quisiera apuñalarme tampoco ayudaba—, señorita —comencé a recobrar el aliento contenido.

—Encantada —saludó la mujer con tono despectivo y bastante grosero.

Intenté ignorarlo, e imagino que Erza también, porque de inmediato se apresuró a presentarme: —Madre, él es…

—Sé quién es, cualquiera que es alguien lo sabe —le interrumpió—, hmmm… bastante joven —me dio una rápida mirada de la cabeza a los pies— ¿y dices que eres artista?

—¡Madre ya basta! —ella elevó la voz bastante molesta.

—Sabes que bromeo —la mujer se dirigió a su hija agitando la mano, como si fuera un asunto pequeño y sin importancia—, y también —recalcó con altivez—, que no doy recorridos a cualquiera —regresó a verme como si quisiera encontrar algún defecto—. Pero esta es una petición a la que no me puedo negar.

—Por supuesto —Erza se cruzó de brazos—, me lo debes.

Luego de aquel momento de tensión, como si nada hubiese sucedido, Eileen nos dio un recorrido por toda la exposición, haciendo gala de sus más profundos conocimientos de historia y arte. Una vez que terminamos de recorrer la galería, nos sentamos en uno de los cafés del paseo del jardín del museo. Erza tuvo que atender una llamada, por lo que no estuvo enterada de la conversación que tuvimos.

—Y dime, ¿cómo de cuánto tiempo es el dichoso reencuentro? —me abordó Eileen sin rodeos, aunque era muy probable que me haya preguntado aquello más por obligación, que por el hecho que tuviera algún interés real en su hija.

—Doce años seño… señorita —respondí de inmediato—, no ha sido fácil recuperar todo este tiempo…

—¿Recuperar? —exclamó con burla—. Mi hija es una basura.

Abrí los ojos enormes ante semejante y despreciable expresión.

—¿C-cómo dijo?

—Todo ese asunto de que ella se marchó para no romperte el corazón, ¿muy noble no es verdad? —aquel comentario sarcástico vino acompañado con una sonrisa que no fue de mi agrado—. Tal vez no lo quiera reconocer, pero está tomando el mismo camino que yo. Y si no te ha lastimado aún, créeme, tarde o temprano, lo hará —cruzó las piernas y apoyando su rostro sobre la palma de su mano amplió su sonrisa—. Cariño, deja ya este jueguito, no es saludable para ninguno de los dos.

—Yo no sé de juegos señora…

—¡No me digas señora! —endureció su mirada y también su voz.

—Usted no me conoce —le dije alterado—, no sabe lo que soy capaz de hacer por Erza.

La mujer lanzó una feroz carcajada al aire, así como la risa de una bruja maligna que acaba de terminar una poderosa poción prohibida en su caldero.

—Conozco bien a los hombres como tú, ¡todos son iguales! tan románticos e ingenuos, buenos creyentes del amor sin barreras, bla, bla, bla… pero esos son precisamente los hombres que se quedan solos. He visto tu futuro a lado de mi hija, si es que existe alguno, y solo te espera tristeza y soledad. ¿Por qué desperdicias tu vida? ella nunca va a volver; vete, búscate a alguien que te merezca, cásate, ten muchos hijos y una aburrida y ordinaria vida feliz.

Apreté los puños con fuerza. ¿Una aburrida y ordinaria vida feliz había dicho? ¡No tenía idea! no tenía idea alguna del veneno que se había atrevido a destilar.

:-:-:-:

—¡Estoy desnuda! —señaló hacia el cuadro bastante molesta.

—No estás desnuda… —replicó él confundido—, estás… —le dio una mirada al cuadro—, pues, brillante.

—¡Estoy desnuda! —insistió exaltada—, literalmente. ¿Quién más vio esto? —le preguntó con una mirada intimidante.

—Nadie, lo juro —levantó los brazos en su defensa, haciendo la nota mental que nunca debía poner ese cuadro en ninguna exhibición.

—Esto es increíble… —comenzó a refunfuñar mientras él le seguía intentando borrar la sonrisita en sus labios, hasta que vio que ella se había detenido.

Ella permanecía inmóvil frente a un cuadro que él tenía desde hace mucho y que había pintado pensando en todo, lo bueno y también lo malo. Poco a poco ella se fue acercando hasta que tocó el lienzo como acariciando los recuerdos, y luego, cayendo al suelo rompió a llorar. Él nunca podrá olvidar aquella impresión, que quedó tatuada en lo más profundo de su ser. De inmediato se acercó hasta ella para confortarla. Ella se asió de su cuello y descargó todo su llanto, su dolor y su rabia. Él estaba completamente seguro que ella lo sabía todo sobre él, y lo que había sucedido durante todos esos años, así como él también sabía todo sobre ella. De otra manera, quizá ella nunca se hubiese atrevido a buscarlo, no hubiera regresado a tiempo, antes que…

—Todo este tiempo, ¿sabías dónde estaba pero…?

—Respeté tu decisión —respondió él con dolor—, aunque hubo muchas veces en las que ya no soportaba y quería salir a buscarte porque… te extrañaba.

—Tonto —sollozó ella entre risas—, ¿ibas a cruzar medio mundo solo porque me extrañabas? —aquello que dijo hizo sonreír al joven—. Tengo miedo… —ella confesó finalmente levantando la vista.

—No tienes nada que temer, Erza —él le sostuvo la mirada y aprisionó el rostro de aquella mujer bañado en sus lágrimas—, yo estoy aquí, siempre voy a estar aquí.

—Lo sé, y eso es lo que me aterra. He vivido todos estos años esperando que algún día te olvides de mí, rogando por que encuentres la felicidad, preguntándome si hice lo correcto, y tú insistes en esperar a alguien que no te merece, estás dejando que tu vida pase…

—Erza —replicó, acercando su rostro al de ella—, mi vida… eres tú.

—Jellal por favor no sigas, esto es muy doloroso para mí, todavía me persigue el horrible recuerdo de ese día… nunca quise marcharme en silencio, pero tu dejaste muy claro que no me dejarías ir. Ibas a abandonarlo todo para estar a mi lado, verías como poco a poco me debilitaba. Yo te amaba tanto, tanto que no estaba dispuesta a mantenerte conmigo a la fuerza, quería que avanzaras…

—¡Y lo hice! desde aquella mañana… cada hora de cada día. No entendía por qué, pero al mismo tiempo estaba seguro que la distancia era insignificante y el tiempo irrelevante. Tú, Erza Scarlet, tienes una deuda de vida conmigo, ¿recuerdas? Prometí… que te iba a esperar. Pasará toda una vida, y yo estaré esperando, pasará toda una vida, y aún después, seguiré esperando.

—Estás loco…

—No Erza —le interrumpió, un torrente de emociones se apoderó de su alma, todo fue una conmoción y aun así encontró la fuerza para proseguir—, estoy enfermo… —susurró.

Ella sonrió al reconocer las palabras que había dicho hacia tantos años.

—¿Qué fue lo que viste en mí para amarme de esa manera?

—Te veo a ti, solo a ti…

Ya no pudo contenerse y como movido por la atracción de dos polos opuestos, acercó su rostro al de ella, hasta que contactando con sus labios, la besó.

—Lo siento —se separó consternado—, Erza, nunca quise faltarte al respeto.

—Si alguien tiene que pedir disculpas ahora —ella le rodeó con los brazos alrededor del cuello y le besó—, soy yo —volvió a besarlo, con mayor intensidad.

Era totalmente irreal y al mismo tiempo maravilloso ¡infinitamente maravilloso! lo que estaba sucediendo. Así como aquella vez, él se abandonó a ella, y ella, se abandonó a él. Dos palabras definen bien lo que sucedió aquella noche: fuego y pasión.

.

.

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Intentaba respirar con normalidad, los latidos en su pecho estaban descontrolados. Ella se encontraba a su lado, descansando sobre su costado. Las yemas de sus dedos hacían recorridos circulares sobre la espalda desnuda de ella, hasta que contactaron con su sedosa cabellera. Él no quería cerrar los ojos, pues temía que al despertar, descubriría que ella ya se habría marchado.

—No iré a ninguna parte —ella le dijo con una voz adormilada apaciguando sus temores—. Las cosas nunca volverán a ser iguales —susurró con melancolía—, pero al menos esta vez, quiero estar así contigo, así como siempre debió ser.

:-:-:-:

—Eileen —declaré en oportunidad de ver aparecer a Erza y que se dirigía hasta nosotros—, solo tengo una vida, ¡una que es extraordinaria! y buscaré que sea como tú dices: «feliz» hasta mi último aliento.

—Buena suerte entonces —repuso ella con soberbia—, la necesitarás.

—Gracias por el recorrido —me levanté antes de perder el control.

—oOo—

Caminábamos por la calle en silencio. Hacia un par de horas que el sol se había puesto y la noche, algo fría, era agradable. Aquel día fue entretenido y educativo, pero ver esa expresión en su rostro me dejaba un sabor amargo y el dolor de una espinita clavada en el corazón. No solo no tenía idea de lo que ella le había dicho —de seguro algo cruel y despiadado para variar— pero eso era lo de menos, lo que me atormentaba era que ya estaba contando las horas para su regreso a Fiore, y me dolía.

—Me agrada tu madre —repentinamente soltó aquel comentario, que a mi parecer, era un intento por sacarse el veneno del cuerpo.

—Mentiroso.

—Es en serio. Por lo que me contaste, siempre me la imaginé como una especie de bruja, con arrugas y la cara verde…

—Que escupe fuego por la boca y vuela en su escoba vieja asustando a los niños…

Reímos y bromeamos, hasta que encontramos una banca libre en el lugar más alejado del paseo del parque central de la ciudad, lo que me parecía una mala idea, ya que se aproximaba una tormenta y no disponíamos de mucho tiempo hasta que esta nos encontrara. Estaba muy inquieta y nerviosa. Había querido decirle algo, pero no hallaba las palabras. Deseaba decirle que…

—Erza —me dijo de repente—, tenía algo para ti… sé que falta como una semana pero —se rascó la cabeza apenado, y sacando una pequeña caja del bolsillo de su chaqueta me la entregó—, feliz cumpleaños.

—¿Para mí? —pregunté incrédula—. N-no tenías que haberte molestado…

—No me molesta y lo sabes.

—¿Puedo?

—Adelante.

Rápidamente quité el seguro de la cajita y una vez abierta exclamé: —¡Es hermoso!

Saqué el pequeño prisma y lo puse a trasluz del farol más cercano. La luz se descompuso en siete bellos colores.

—¿Es increíble no? —dijo él mirando hacia la refracción.

—¿Qué cosa?

—Que todos ellos tengan un mismo origen. El ojo ve lo que tiene delante, cuando realmente cada uno forma parte de la luz.

—Sí, pero también está el lado opuesto.

—¿Opuesto? No. La oscuridad es complemento de la luz. La oscuridad encierra la luz, la luz limita la oscuridad, pero eso tú lo decides, cada uno está capacitado para ver el mundo a su manera.

—¿Y qué fue lo que viste tú?

—Si te digo —sonrió con misterio—, jamás me creerías.

Luego de un tiempo de silencio se acercó y rodeándome con sus brazos me aprisionó contactando nuestros rostros así como ese día en la playa. Cerré los ojos. Por un momento había regresado quince años en el tiempo.

Te amo, más allá de mis propias fuerzas

Más que a mi propia vida

Te amo, y no pienso retenerte

Pues si te tomo a la fuerza

Entonces no te tengo realmente

—Gracias por todo Erza, por llegar a mi vida y darme luz… lo que hiciste, lo que haces, no tiene precio. Solo prométeme que pase lo que pase vivirás, que no te dejarás vencer.

Me besó en la sien. No entendía, era todo tan triste y misterioso. En aquel momento la lluvia comenzó a caer. Nos mojamos y aun así permanecimos bajo la llovizna y bailamos, jugamos y reímos. La lluvia se convirtió en tormenta y corrimos hasta mi departamento, pues quedaba más cerca del parque y luego de poner nuestra ropa a secar, compartimos un chocolate caliente y nos quedamos despiertos conversando por varias horas…

:-:-:-:

Era la primera vez en muchos años que sentía algo más que solo la obligación de vivir por vivir. ¡Había recobrado la pasión! y es que con ella, todo era excitante. Jamás me había sentido tan vivo, y me gustaba. Había recobrado algo que hace mucho había perdido, libertad.

Podía ser libre, ahora entendía lo que Erza había tratado de hacerme entender todos esos años. No podía estar más agradecido, solo ella podía darme las respuestas al borde del abismo, cuando la desesperación es la única amiga y consejera, Erza era capaz de confrontarme y hacerme tomar la decisión de saltar el precipicio, de caer por él hacia la oscuridad, solo para descubrir que no caes, sino que vuelas sin necesidad de tener alas, y cuando abres los ojos, te encuentras más alto que ninguno, sobre los nubarrones grises de tempestad, donde el cielo no está gobernado por un radiante sol, el cielo, es luz eterna.

—oOo—

Scarlet… Scarlet… despierta Erza Scarlet…

Me sorprendió la mañana, ¿me había quedado dormida? rápidamente me levanté, tenía un leve dolor de garganta, ¿y si me resfriaba?

Corrí hasta la sala y no encontré a Jellal, solo una nota sobre los cobertores bien doblados que había usado para dormir en el sofá.

Querida Erza:

Lamento mucho no haberte despertado como lo hubiera hecho hace tiempo, pero te veías cansada.

El desayuno está listo, solo lo tienes que calentar.

Jellal

Leí aquella nota y quedé impresionada. ¿Eso era todo? ¿Sus últimas palabras? Agradecía que finalmente haya aprendido no molestar mi sueño, pero se marchaba en un par de horas y no lo vería quien sabe hasta cuándo…

—¿Un par de horas?

Mire hacia el reloj aterrada. Jellal se iba a las 8:30

—¡Son 7:40! —salí disparada hacia mi habitación—. Erza, ¡eres una tonta!

.

.

.

El día que Jellal se marchó, fue el más sombrío de toda mi existencia. Estaba segura que eso no era lo que quería, había aprendido a dejar de lado el querer, lo que realmente importaba, era él.

—oOo—

Estaba seguro que no existía nada que no haya estado dispuesto a hacer, ¡moriría por ella! pero en ese momento, comprendí que lo que quería ella, era que yo viviera y si eso tenía que hacer para hacerla feliz, viviría.

¡Iba a vivir! por ella.

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ENDING: The Fray - Never Say Never


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Quiero agradecer a todos los que me acompañaron durante el desarrollo de esta historia con sus palabras de aliento, Nymus y Ligth

A mis queridos lectores anónimos, gracias por darme la oportunidad, gracias por invertir su tiempo y leer

Por favor no se olviden de apoyar las otras historias del Reto: Enero-Marzo. Civil War: TeamFluff vs. TeamAngst. Para más información visítenos en el foro Cannon Island

Nos leemos en el capítulo final…

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