Gema corrompida
capítulo 4: Una habitación para Peridot.
Habían pasado casi tres semanas, por lo cual era preocupante.
Era de noche y Steven no lograba conciliar el sueño, aunque realmente estaba cansado. Su lámpara señalaba hacia un canasto donde, acomodado con cuidado sobre una almohadilla, yacía una gema en forma de lágrima color azul. Se estaba demorando demasiado, incluso más que Perla aquella vez.
Garnet había mencionado que quizá estaba exhausta por contener a Malachite tanto tiempo, que quizá tengan que pasar semanas para que logre recuperar su energía. Pero Steven no podía ya con su preocupación. Era cierto que, si lo piensan detenidamente, Steven casi no conocía a Lapis, pero sabía de ella lo suficiente como para considerarla una amiga muy querida. ¿Qué pasaría cuando regresara? ¿se uniría a las Crystal Gems? Steven esperaba que sí, pero...
El niño suspiró con cansancio, apagó la lámpara, resignado a que esta noche Lapislázuli tampoco volvería.
Pero Lapis no era la única a la que Steven debía prestar atención, también estaba Peridot, que aún le costaba integrarse. Parecía que más bien trataba de sobrevivir con los enemigos en vez de hacerse amiga de ellas. A Peridot no le interesaba ser amigable de ninguna forma.
Steven vio por la ventana, sabiendo que encontraría, como todas las noches, a Peridot sentada en la arena, observando el agua del mar, viendo las olas ir y venir. Siempre estaba sola ahí durante las noches, se rehusaba a quedarse en la casa, como si su orgullo fuera demasiado grande, o así era. Steven sólo podía sentir tristeza al verla tan sola. Aún cuando Peridot le decía que no quería ser molestada, Steven salió de su cama, con una cobija en sus hombros, salió de la casa y fue hacia la que consideraba su amiga. Al estar lo suficientemente cerca de ella, pudo escuchar sus quejas casi inaudibles.
—¿Peridot?— la llamó, y ésta se llevó tremendo susto.
—¿Qué quieres, Steven?— habló con desprecio, después de recuperarse de la impresión.
—¿Por qué siempre estás aquí?— le preguntó, sentándose en la arena, al lado de ella. La gema no contestó, sólo frunció el ceño y no lo miró—. ¿Observas las estrellas?
Aunque Peridot no contestaba, para Steven era obvio que sí. Esa mirada ya la había visto, en Perla cuando extrañaba el espacio exterior, en Lapis cuando añoró y deseó volver a su hogar.
Steven se preguntó si mantener a Peridot en la Tierra era lo correcto. La gema no había decidido nada de esto, no era feliz con esto. Ella sólo había pensado que tendría un trabajo fácil, no esperó quedarse atrapada.
—¿Eres feliz aquí?— preguntó, entristecido.
—¿Mi opinión importa?— repuso ella con fastidio.
Realmente no importaba, tampoco la opinión de Steven. Las Crystal Gems sólo no iban a permitir que ella volviera al Planeta Madre, no confiaban en ella, no querían que les causara más problemas. Para ellas era más seguro mantenerla atrapada en el planeta.
—Creo que deberías tener una habitación para ti.— dijo Steven de repente, después de varios minutos en silencio.
—¿Qué?— se sorprendió ella, girando su cabeza para verlo.
—¡Una habitación en el templo! ¿No te gustaría?— habló con emoción—. Ya que no quieres quedarte en casa conmigo y no me gusta verte sola aquí afuera...
—¿Debería estar sola en una habitación dentro del templo?— cuestionó ella casi con sarcasmo, pero lo pensó un poco—. Sí... ¿Sabes? Creo que sí me gustaría.— sonrió un poco al pensar en la idea.
—¡Eso es genial!— Steven se puso de pie, lleno de alegría—. ¡Le diré a las chicas!— dio un sonoro bostezo y se estiró un poco—. Creo que mejor en la mañana, ya pasó mi hora de dormir.— dijo, soñoliento.
Así que Steven volvió a la cama y a la mañana siguiente...
—¡NO!— declaró Perla, con el ceño fruncido y las manos en la cintura.
—¿Qué? ¿por qué?— se entristeció Steven. A su lado derecho estaba Peridot con los brazos cruzados y expresión desinteresada, a su izquierda estaba Connie, que escuchaba todo atentamente.
—Steven, las habitaciones del templo están conectadas. Yo no voy a permitir que ella intente algo.
—¿Que fuera yo a intentar?— habló Peridot, molesta.
—No lo sé, quizá tratar de sabotear algo, espiarnos, ¡desacomodar las cosas!
—¿Por qué eso me suena tan familiar?— dijo en tono ácido, rodando los ojos.
La puerta del templo se abrió, saliendo Garnet y Amatista de él. Steven se acercó a ellas, dirigiéndose especialmente a Garnet.
—¡Garnet! ¡Garnet!— la llamó, teniéndola enfrente —. Se me ocurrió que Peridot debería tener una habitación en el templo, así ella tendría dónde pasar la noche y quizá así no esté tan triste.
Garnet hizo una mueca con los labios, levantó la vista para examinar a Peridot, quien se encontraba con la peor cara de fastidio posible.
—...
—¡Es una idea terrible!— exclamó Amatista—. ¿Qué tal si quiere robarme alguna de mis cosas? ¿qué tal si llega a la habitación de Garnet donde están las gemas encapsuladas?
—¿Qué les hace pensar que yo voy a invadir su privacidad? ¡Yo sé lo que es el respeto! a diferencia de ustedes, bobas de cristal.
—¡¿A quién le llamas boba?! ¡boba!— parecía que Amatista quería iniciar una pelea.
—Quizá...— habló Garnet, llamando la atención de todos—. Si modificara una habitación para que no esté conectada a la nuestra...— pensó.
—¡Garnet!— se alarmó Perla—. Ella sabe mucho de tecnología, ¿qué tal si modifica el templo a su beneficio?
—¡¿Por qué les cuesta tanto confiar en mí?!— gritó la gema del Planeta Madre, enojada.
Ya no quería seguir soportando los malditos desprecios que recibía de parte de ellas, así que, dando el asunto por perdido, salió de la casa, dando un portazo que demostraba lo furiosa que se encontraba. El resto no reaccionó al primer instante hasta que Steven también se enojó.
—¡¿Por qué son así con ella?!— el niño se giró hacia sus compañeras, hablándoles directamente, con un sentimiento serio de molestia y algo de indignación—. ¡Ustedes más que nadie deberían saber que una gema mala puede cambiar! ¡Están siendo muy injustas con ella!— dicho esto, el niño fue a perseguir a la gema que se había ido.
—¡Steven, espera!— Connie, que se había mantenido como observadora hasta ese momento, siguió al niño a la salida.
—Cielos, ya empiezo a sentirme mal.— comentó Amatista cuando el par de niños se fueron, recibiendo así una mirada dubitativa de las otras dos Crystal Gems.
Connie caminó al lado de Steven en la playa, viendo que éste seguía muy molesto. La niña se sintió mal por querer preguntar lo que iba a preguntar, pero al final terminó preguntando.
—¿Realmente hay que confiar en ella?
—¡Oh, no, Connie! ¿tú también?— el enojo se le había pasado, no podía estar enojado con ella, pero sí se decepcionó—. Peridot realmente se siente triste y sola, ya no es mala, de verdad.
—Ha tratado de destruirte, y quiso llevarlos al Planeta Madre.
—Ha cambiado.— dijo con seguridad—. Por cierto, ¿dónde se encuentra ahora?— volteó a todas direcciones, pero la gema no se hallaba en ningún lado.
Un poco lejos de ahí, Peridot iba caminando entre las calles, cerca del parque de diversiones; aunque llevaba tres semanas viviendo con las Crystal Gems realmente no había pasado por ese lugar, ya que no le interesaba mucho la ciudad. Al menos estaba sola, en esos momentos se sentía bien estar sola.
—Malditas Crystal Tontas. ¡¿Quién necesita entrar a su templo?! ¡por supuesto, yo no! Se creen la gran cosa, ese grupo de taradas imprudentes, incivilizadas y...— sus quejas fueron interrumpidas por un sonoro y aterrador gruñido. Peridot se giró, encontrándose así con el león de Steven, que la venía siguiendo a paso lento—. Tú eres... ¿la mascota de Steven Cuarzo?— se hizo la pregunta más a sí misma, ya que dudaba que la criatura rosada la entendiera.
Había visto a León un par de veces ya, sólo una vez lo había tenido cerca y la otra vez sólo lo vio de lejos, no había interactuado de verdad con él desde la primera vez que lo vio, sólo lo conocía por Steven que le había mencionado que era su mascota sin entrar a más detalles. Peridot había investigado sobre las criaturas inferiores de la Tierra (aún más inferiores que los humanos, y eso ya es decir bastante) y por lo que sabía, los leones NO son rosas. Era una criatura mágica, evidentemente.
León volvió a rugir, acercándose a Peridot con más rapidez.
—¡Ni se te ocurra acercarte a mí! ¡Tú! ¡Lo que sea que seas!— se preparó para una batalla, pero cuando vio que León venía en serio, listo para abalanzarse sobre ella, Peridot descubrió que en realidad le tenía mucho miedo, así que hizo lo que mejor sabía hacer: salió huyendo—. ¡Aahhh!
Tan sólo logró correr unos metros, ya que con un rugido el León se transportó justo frente de Peridot y sólo le cayó encima.
—¡Nooo!— gritó ella, muy humillada, tratando de liberarse de aquella gran bola de pelo—. ¡Quítate de encima!— nada podía hacerse, León ya estaba tomando una siesta, usándola a ella como almohada—. ¡Steven!— llamó al niño, con la esperanza de que la escuchara y llegara a rescatarla.
—¿Peridot? ¡Peridot!— gritó alguien que se acercó de inmediato.
"¡Ronaldo!" se gritó la gema mentalmente al reconocer la voz, y ya no sabía si prefería quedarse debajo del león o ser rescatada por él.
—Quítate de ella.— Ronaldo empujó a León con todas sus fuerzas, pero el animal era terriblemente pesado; al final, León cedió y se tumbó a un lado, liberando a Peridot—. Qué extraño, la mascota de Steven nunca se comporta así, ¿qué fue lo que sucedió?
—Yo... no lo sé.— se sentó en el suelo, muy adolorida para levantarse, sintiéndose un poco desorientada por lo sucedido. Hizo una expresión de repulsión, como si recién se diera cuenta con quién estaba hablando—. Un segundo, ¡yo no pedí tu ayuda, humano!
—Entonces ¿quién iba a ayudarte?, no hay nadie aquí cerca.— se acomodó los anteojos y continuó hablando—. ¿O acaso querías quedarte debajo del león?
Peridot observó a León, que estaba echado de espaldas, éste gruñó un poco, Peridot se levantó y dio unos pasos hacia atrás, sintiendo un escalofrío. No, no prefería quedarse debajo del león.
—Bien...— recobró la compostura y firmeza, habló de forma despectiva—. Si me disculpas, voy a retirarme ahora ¡y ni se te ocurra seguirme!— trató de continuar su camino, pero, por supuesto, Ronaldo la siguió.
—¡Espera! ¡Aún tengo muchas preguntas para ti!
—¡¿Por qué siempre estás siguiéndome?!— aceleró el paso—. ¡¿Que acaso no tienes más cosas qué hacer?! ¡¿Que no tienes más gente qué molestar?! ¡Déjame ya!
—¡Al menos escucha las teorías que tengo sobre ti!— ya se estaba agotando de seguirla, ella caminaba muy rápido. Peridot paró sin previo aviso y volteó hacia él, Ronaldo casi se estrella contra ella.
—Ughh.— gruñó la gema, cruzando sus brazos—. Te escucho, y que sea rápido.— esperaba que con eso ya la dejara en paz.
—Después de analizar e investigar, ya sé cuál es tu verdadero propósito. ¡Eres una eco-terrorista!
—¿Una qué?— alzó la ceja.
—¡Una eco-terrorista!— exclamó con orgullo—. ¡No sólo vienes a extraer el núcleo de la Tierra y a dañar nuestro ecosistema! ¡Quieres robar los animales para tus experimentos genéticos! Y, quizá, los monstruos que atacan Ciudad Playa son animales mutantes que tu especie creó. ¡Eso explica por qué León te atacó!
—¿Estás diciendo que León, según tu hipótesis, es un experimento genético?— preguntó, tratando de comprender su lógica.
—Nahh.— negó, sin darle importancia—. Sólo es un león común con el pelo teñido.
Era oficial, Ronaldo le parecía más fastidioso que las Crystal Gems.
—¿Sabes qué? Puedes pensar lo que quieras, no me importa, sólo ya no me sigas.— le dijo con enfado.
—¡Vamos! ¿Al menos puedes decirme si me equivoco?
—No tengo por qué responderte nada; ya escuché lo que tenías que decirme, ¡ahora vete!
—Espera, una cosa más y te dejaré en paz para siempre.— rogó, rogó tan ridículamente que a Peridot le dio pena ajena.
—¿Qué quieres?— preguntó con suma irritación y fastidio.
—Pues... Tal vez se te haga una petición un poco extraña pero... siempre he querido diseccionar un alíen, así que...— cuando alzó la vista, Peridot ya no estaba ahí—. ¡Peridot!
Ella había salido huyendo, con mucha razón, comenzó a gritar cuando Ronaldo comenzó a perseguirla.
—¡Aléjate de mí, enfermo mental!— siguió corriendo, casi con desesperación, pero Ronaldo no dejaba de seguirla—. ¡No tienes idea de con quién te estás metiendo!
—¡Sólo quiero ver el color de tu sangre!— gritó tal loco psicópata.
—¡Ahhhh!— lloriqueó.
Cuando Peridot iba a girar por una calle, de la esquina salió Steven y Peridot chocó contra él, cayendo los dos al suelo.
—¡Steven!— exclamó Connie, que venía caminando junto al niño.
—¡Te atrapé!— dijo Ronaldo al acercarse, tomando a Peridot, ya que la ayudó a levantarse.
—¡Suéltame!— exclamó la gema, que se estremeció al ser tocada por él.
—Peridot, ¿estabas huyendo de Ronaldo?— preguntó Steven, poniéndose de pie.
—¡Ese loco quiere matarme!— aseguró la gema.
—No quiero matarte, quiero diseccionarte.— explicó con calma.
—¡¿Cuál es la diferencia?!— se giró hacia él, como por reclamar.
—Bien, no te voy a "diseccionar", "diseccionar", sólo voy a hacerte unos cuantos cortes, no suficiente para matarte pero tal vez te duela un poco.— Peridot soltó un gruñido de odio y Ronaldo continuó hablando—. Nunca he realizado una disección real, aunque una vez lo intenté con una sandía y con Peedee.— al decir esto, recibió la mirada incrédula y aterrada de Connie y Steven. Ronaldo se vio obligado a aclarar ese asunto—. ¡Pero no le hice daño a Peedee! Me detuve cuando me di cuenta de que no se trataba de un extraterrestre que lo había reemplazado, ¡hasta me disculpé!— explicó, avergonzado.
—Oki doki. Gracias por cuidar a Peridot, pero debemos irnos ahora.— Steven tomó el brazo derecho de la gema y Connie hizo lo mismo con el brazo izquierdo, dispuestos a salir huyendo los tres.
—Está bien, no voy a cortar nada, pero al menos que responda mis preguntas.— se resignó Ronaldo, siguiéndolos.
—¿Por qué sólo no respondes sus preguntas?— le dijo Connie a Peridot, deteniendo su huida y estando más calmados otra vez. Peridot emitió un quejido—. Es decir, no te afecta responderle, ya no estás afiliada al Planeta Madre o a Diamante Amarillo.
—No me gusta hablar sobre mi pasado.— afirmó Peridot, con ciertos aires de rencor.
—¡Entonces cuéntale sobre tu presente!— ideó Steven.
—¿Qué?— cuestionó la gema.
—¡De cómo te uniste a nosotros!
—Hm... Sí, tal vez esa información me sirva por ahora.— analizó Ronaldo, rascándose la barbilla—. ¡Cuéntenmelo todo!— exclamó con repentina emoción.
Los cuatro fueron a la playa a dirección hacia el templo, comenzando a contar la historia en el camino.
—¡... y después de buscarla, buscarla y buscarla finalmente la encontramos!— contó Steven—. La teníamos acorralada y ella ya no tenía a dónde huir. ¡Empezamos una épica batalla! aunque no duró mucho... Garnet la había golpeado, y Perla y Amatista, Peridot no paraba de quejarse, creí que iba a llorar.
—Cállate.— dijo Peridot con irritación y vergüenza.
—Pero cuando finalmente la atrapamos, Garnet quería hacerla puff.— dijo Steven, entristeciéndose.
—¿Hacerla puff?— preguntó Ronaldo, extrañándose por la "palabra".
—Quería destruir su forma física.— explicó Connie—. Para que sólo fuera una gema y así poder encapsularla.
—Entiendo.— Ronaldo ya había visto a Steven encapsular una gema antes, así que ya tenía más o menos una idea de lo que le hablaban.
—Yo me interpuse.— dijo Steven—. Yo realmente no quería que Peridot saliera lastimada, así que le rogué a las gemas que no le hicieran daño.
—Así que técnicamente Steven te salvó la vida.— le dijo Ronaldo a Peridot.
—Cállate.— volvió a decir ella, malhumorada.
—La mantuvimos cautiva unos días, sin saber qué hacer con ella, hasta que...
—Hasta que apareció Malachite.— terminó de decir Connie—. Yo estaba ahí, la vi, ¡era enorme!— agregó.
—¿Quién es Malachite?— preguntó Ronaldo, con intriga.
—La fusión de Lapis y Jaspe.— dijo el niño mitad gema.
—¿Las gemas se pueden fusionar? ¡wow! ¡esto se pone cada vez mejor!
—¿Recuerdas que hace tres semanas Ciudad Playa estuvo por ser evacuada nuevamente?
—Sí, Peedee volvió a llorar mucho.
—Fue por Malachite, ¡se estaba acercando a la ciudad!— exclamó el niño con dramatismo—. Perla logró detectarla a tiempo, formaron Alejandrita, la fusión de las tres, y se adentraron al mar para enfrentarla. ¡Podíamos ver toda la batalla desde la casa!
—Había una clara desventaja, Malachite es muy poderosa.— dijo Connie—. Tiene el poder de controlar el agua y estaban en el océano.
—¡Empezó a llover! ¡las olas venían de todas partes! ¡casi se inunda mi casa!— exclamó Steven.
—Casi se inundan todas las casas.— habló Ronaldo—. La gente, incluido mi padre, decían que era un maremoto, pero yo sabía que era algo más, además de que estamos geográficamente en un lugar muy malo.
—Alejandrita fue derrotada y las chicas se desfusionaron.— dijo el niño—. ¡Creí que todo estaba perdido! Pero Peridot se ofreció para ayudarnos.
—Lo hice para salvarme a mí misma.— rezongó Peridot.
Dejaron de caminar al estar ya frente al templo, pero no entraron, se sentaron en la arena hasta concluir el relato.
—Peridot aún llevaba consigo el desestabilizador de gemas.— comenzó a explicar Connie—. Sirve para que una gema pierda su forma física.
—¡Lo escondía en su cabello!— rió Steven, Connie también se rió, Peridot rodó los ojos—. Decidí confiar en Peridot, ¡así que la liberé, le devolví su pie y montamos a León rumbo a la batalla!
—¿Su pie?— dijo Ronaldo, haciendo un gesto confundido.
—Larga historia.— contestó Steven con simpleza.
—Así que montamos a León y nos dirigimos hacia Malachite.— continuó la historia Connie—. León camina sobre el agua, así que fue sencillo llegar.
—Lo difícil fue acercarse a ella.— habló Peridot, que se había mantenido distante de la conversación hasta ese momento; los demás voltearon a verla—. Cuando las Crystal Gems nos vieron llegar, realmente enfurecieron, pero no eran nada comparadas con la furia de Malachite. No tuve tiempo de explicar mi plan a las Crystal Gems; Malachite trató de hundirnos, pero logramos acercarnos lo suficiente y la ataqué.— hizo ademán de atravesar a alguien con un arma, sintiéndose orgullosa de su logro.
—¡Y esa fue la historia de cómo Peridot nos salvó!— gritó Steven, parándose de un salto—. ¡Y así se unió a nosotros!
—Eso es... ¡asombroso!— exclamó Ronaldo con emoción, la historia le había gustado.
—Sí, pero no todo es bueno.— habló Connie. Steven se entristeció y Peridot sólo fue indiferente a ello—. Conseguimos la gema de Lapis, pero Jaspe sigue desaparecida.
—Garnet dice que debió haberse hundido debajo del mar, pero lleva semanas buscándola.— dijo Steven, preocupado—. Ella podría volver y hacer algo malo, y Lapis aún no se regenera...— parecía que iba a llorar, así que Connie lo abrazó—. Y también me pone muy triste que...— se desanimó al hablar.
—¿Qué cosa, Steven?— preguntó Connie, aún sin soltarlo.
—¡Que las Crystal Gems no acepten a Peridot!— exclamó, llorando finalmente—. ¡Yo sólo quiero que ella esté feliz! ¡pero no puedo evitar pensar que aún la tenemos prisionera!
—Steven...— Connie lo abrazó con más fuerza, queriendo consolarlo.
Peridot se ruborizó y bajó la mirada, sintiéndose repentinamente incomoda. Cuando se sonrojaba sus mejillas se tornaban de un verde un poco más oscuro que su piel. Ronaldo la miró y se rió por el color que había tomado.
—¡¿Qué?!— reclamó Peridot, sabiendo que se reía de ella.
—Nada.— apartó la mirada, aguantando las risas. No es que se estuviera burlando de ella, era sólo que se veía graciosa y un poco encantadora.
—... Tengo una idea.— susurró Steven después de verlos a los dos; habló tan bajito que sólo Connie lo escuchó.
—¿Qué?— preguntó la niña, con la voz tan baja como la de él.
—Peridot, ¿has ido a un parque de diversiones?— preguntó el mitad gema con entusiasmo.
—¿Un qué?— ella lo miró, con una expresión desentendida y el ceño fruncido.
—¡Yo y Connie iremos esta noche!
—¿Lo haremos?— dijo Connie, confundida.
—¡Sí!— exclamó con los ojos iluminados de la emoción—. Ronaldo, ¿quieres acompañarnos?
—¿Yo?— él se extrañó por la pregunta, casi no lo invitaban a ningún lado.
—¡Sí! ¡Puedes cuidar a Peridot cuando Connie y yo subamos a un juego mecánico! ¡así ella no tendrá que estar sola!
—Oh, sí.— dijo Connie, entendiendo más o menos a dónde quería llegar Steven—. Vamos, ¡será divertido!
—Espera, ¡yo no he aceptado!— se enojó la gema, pero ellos no le hacían caso.
—Entiendo, vigilarla para que no se meta en problemas ni haga daño a los demás.— Ronaldo se puso serio, sonrió con cierta malicia—. ¡Lo haré!
—¡Sí, Ronaldo! ¡Sí!— gritó Steven, dando saltos de alegría junto con Connie.
—¡Wuujuu!.— gritó la niña de emoción.
—Un momento, ¿a dónde vamos?— preguntó Peridot sin comprender nada, viendo a los niños dar brincos de un lado a otro.
Un par de horas más tarde, al fin volvieron al templo, habían olvidado la discusión que habían tenido en la mañana, ya no importaba. Peridot se sentó en el sofá, Steven y Connie subieron al balcón y se sentaron en la cama del niño para ver televisión.
—¿Estás seguro que es una buena idea? lo del parque de diversiones— le preguntó Connie a Steven.
—Yo quiero que Peridot se divierta, tal vez así se sienta mejor.— respondió, pensativo.
—¿Entonces por qué...? ¿Ronaldo...?
—Oh, yo creo que pueden ser amigos, ¿no te parece?— dijo con una sonrisa.
—Trató de diseccionarla.— discrepó, alzando la ceja.
—Hoy estás muy negativa, Connie.— comentó el mitad gema.
—Toda esta situación es tan rara.
La puerta del templo se abrió, los niños se incorporaron para ver qué pasaba, Peridot no se movió de su lugar, más bien miró hacia otro lado. Del templo salieron las tres gemas.
—Está hecho.— habló Garnet con voz firme, sin dar más explicación que esa.
—¿Qué está hecho?— preguntó Connie, que bajaba las escaleras junto a Steven.
—Un regalito para nuestra amiga Peridot.— dijo Amatista con una voz traviesa.
—¡¿Para mí?!— Peridot las miró, sorprendida y sin saber qué pensar.
—Tu habitación.— declaró Perla, siendo evidente que aún le disgustaba la idea.
—¡¿De verdad?!— gritaron tanto Connie y Steven como Peridot.
—¿Quieres entrar a echar un vistazo?— preguntó Garnet con algo de amabilidad, cosa rara al dirigirse hacia Peridot.
—Yo... yo... ah... ¿Qué?
—A tu habitación.— reafirmó Garnet.
—Yo... sí... ¿puedo?— la gema del Planeta Madre estaba impresionada, no se lo creía.
—Sabes cómo hacerlo, ¿no?— preguntó Perla, casi siendo engreída—. Sólo canaliza tu energía en la figura en la puerta que tiene la forma de tu gema.
Peridot y los niños se acercaron a la puerta del templo, observaron que debajo del dibujo de la estrella, donde se hallaban ubicadas las gemas que abrían las puertas, estaba una igual a la gema de Peridot.
—¿Por qué está hasta abajo?— preguntó, no fue una queja, fue curiosidad.
—No cabías arriba.— dijo Amatista.
Peridot abrió la puerta del templo y todos entraron. Era un lugar vacío y muy reducido a comparación de las habitaciones de las otras tres, era más o menos de la misma longitud de la casa de Steven, sólo que era un espacio cubico y completamente sin nada.
—Puedes agregarle las cosas que quieras, Amatista tiene basura en su habitación, por ejemplo.— dijo Perla.
Peridot no decía nada, estaba pasmada.
—¿Quieres que te dejemos sola?— se atrevió a preguntar Connie. Peridot asintió.
—Gracias.— fue todo lo que dijo, sin girar a ver a los demás, esperando a que se fueran, ella sólo estaba viendo lo que era ahora su propio espacio.
—Bien. No olvides que tenemos planes esta noche.— dijo Steven, despidiéndose y saliendo del templo junto a los demás. Garnet fue la única que se quedó.
—Peridot.— ya al estar solas, Garnet se acercó a la gema del Planeta Madre. Peridot no respondió—. Sé que te has sentido incomoda estando aquí, sé que no te gusta, así que déjame decirte esto, a nosotras tampoco nos gusta.— Peridot se tensó en su lugar—. Todo esto, toda esta amabilidad, incluso el que sigas viva, todo es gracias a Steven.— habló con rudeza, casi con agresión—. Si me das un sólo motivo para desconfiar de ti, si decepcionas a Steven, no dudaré en destruirte con mis propias manos, ¿quedó claro?
—Perfectamente.— respondió, aún sin voltearse a verla.
Garnet salió de allí y Peridot quedó en soledad en su nueva habitación. La gema suspiró con tranquilidad.
—Creo que finalmente estoy dentro.
En una parte escribí "La niña se sintió mal por querer preguntar lo que iba a preguntar, pero al final terminó preguntando" sé que suena muy redundante, pero lo hice así a propósito porque me dio risa xD
Fue un poco frustrante escribir este capítulo, se me borró una parte importante y tuve que volverla a escribir, ¡casi mando todo al carajo!
En fin, le dedico el capítulo a MontanaHatsune92 :3
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