Antes que nada, les agradezco de todo corazón a las personas que siguen leyendo este fanfic. Sus comentarios me animan muchísimo.

Esas personas son Dialirvi, la generala, Zallvie, cris-sweetnavi y maestro jedi. Realmente hacen que me sienta bien y me motivan a continuar con esta historia.

También les agradezco a todas esas personas que leen y no dejan reviews. Quizás no lo hacen por que no tienen ganas, por que son tímidos o simplemente porque recién andan conociendo esta página y no tienen ni idea de hacerlo (a mí me pasó por algún tiempo), pero espero que estén disfrutando de mi escritura.

Por último, a los que sí me dejan reviews ¿Se acuerdan que en el segundo capítulo les dejé agradecimientos y en el tercero no? Lo siento por eso. Es que estaba tan dormido cuando terminé el capítulo que no me fijé en esos detalles tan importantes y simplemente lo subí. Trataré de que ese error no pase de nuevo.

-Flash Back-

-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/- Cambio de escena

- Diálogos

Letra cursiva Pensamientos

(Entre paréntesis) Aclaraciones mías o Notas de Autor

Un par de Vagabundos

Un vagabundo caminaba a través de las montañas nevadas. Llevaba una capa sucia y roída. Botas de viaje, que siempre usaba. Su cabeza estaba cubierta por hermosos cabellos dorados y encima del pelo, un extraño sombrero verde, parecido al que usan los duendes, se balanceaba al ritmo de su caminar.

Link no entendía nada. Hace tan solo unos días estaba a punto de ser rey de los zoras y el esposo de Ruto. Él fue capitán de los guerreros dorados, y sin duda alguna, el mejor guerrero del reino, pero gracias a las palabras de una muchacha, su amiga, la princesa de Hyrule… todo se vino abajo.

El pobre chico se encontraba cansado. Debía dormir un rato para reponer energías.

Se recostó en la entrada de una cueva, intentando arroparse entre la nieve que cubría el exterior.

-Flash Back-

-¡Estás desterrado!- dijo Zelda furibunda, antes de caer agotada al piso, por haber usado tanta magia.

La princesa zora trató de llegar hasta ambos, pero el exceso de esfuerzo también la derribó, dejándola semi inconciente.

La rubia mujer luchaba por mantenerse despierta, para terminar de hacer lo que había comenzado.

-Cuando… despierte- dijo ella entrecortadamente. Al parecer, le dolía el pecho al respirar- quiero saber que ya no estás en mi reino.

Esas fueron las últimas palabras que el atónito chico escuchó de la princesa del destino. Miró hacia un lado, como tratando de encontrar una solución, pero solo vio a unos cuantos criados apelotonados en la entrada de la cueva, escuchando con curiosidad.

Después de eso, no tuvo más que obedecer. Los soldados que eran sus amigos, supieron de la noticia y lo escoltaron hasta los límites de Hyrule, al este. Con suerte le dieron una capa vieja para cubrirse del frío. El rubio tuvo que cruzar la gran cordillera que comenzaba con la montaña de la muerte, y seguir por el camino, que cambiaba en un abrir y cerrar de ojos el paisaje seco y sin vida a blanco y sin vida.

-Fin Flash Back-

Despertó.

Miró hacia todos lados, para orientarse. Al principio le extrañó estar rodeado de nieve pero no tardó más de algunos segundos en recordar todo.

En su interior, se sentía miserable, triste, enojado, derrotado. Solo le quedaba levantarse, salir de la pequeña cueva negra en la que se encontraba y seguir su camino como vagabundo.

A su alrededor, solo habían picudos riscos y agua congelada. El cielo del mismo color que el suelo. De vez en cuando, se podía divisar un pedazo de roca libre de nieve, el cual se veía negro en contraste con el blanco que le irritaba los ojos.

-¿Por qué a mí?- se preguntó al mirar hacia arriba- ¿Qué hice para llegar hasta aquí?

Por un momento cerró los ojos. Pudo visualizar a Zelda gritándole de traidor

-¿A qué se habrá referido con eso? ¿Por qué yo soy un traidor?

Pensaba esto mientras seguía caminando. No se fijó en una piedra que resalía, y se tropezó, cayendo en una pendiente y al final se estrelló con otra piedra más grande. Se golpeó en la espalda, y tuvo que tirarse al suelo, aferrando sus manos a la parte dañada.

-¡AAArgh!

El dolor era fuerte. Tuvo que revolcarse por unos momentos antes que desapareciera. Entonces dejó de gruñir, y se detuvo. Cada vez estaba más deprimido. A cada instante sentía con más intensidad que su vida era una miseria.

Se incorporó. Observó el lugar en donde había yacido. Una mancha roja cubría la nieve.

-Genial, lo que me faltaba. Ahora estoy herido.

Revisó su espalda, comprobando que el daño no había sido grave. Aún así le molestaba un poco.

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Zelda despertó exaltada. Había tenido una pesadilla terrible, en donde ella se convertía prácticamente en un demonio.

-Solo fue un sueño- se dijo a sí misma.

Al mirar sus manos, vio que le temblaban. Algo en ese sueño la había perturbado mucho, solo podía recordar la última parte.

"¡Estás desterrado!" fue lo último que escuchó, antes de despertar. Se repitió que solo había sido un sueño, que no era real, con lo que se calmó.

Se levantó de la cama. Se encontraba en el castillo ¿Qué hora sería? Una sirvienta entró a la habitación después de pedir permiso, y la ayudó a vestirse. Era una anciana simpática, parlanchina y alegre, siempre le contaba los últimos chismes a la princesa, a petición de esta. Pero ahora no se veía muy alegre, sino que totalmente sombría. No pronunció palabra hasta que la rubia le preguntó que si se encontraba bien.

-Si, su alteza. Por favor no se preocupe por mí- le dijo como máquina, repitiendo de memoria esa frase, de algún protocolo.

-Odio que me mientan- Zelda se estaba enojando- Dime qué es lo que pasa

La criada dejó de cepillar el largo cabello dorado y dejó el peine en una mesita. Después suspiró y desvió la mirada, como quién recuerda algo que no quiere.

-Todos estamos muy tristes por los últimos acontecimientos, su alteza- le dijo la anciana- la enfermedad incurable del rey, la enemistad con los zoras, el destierro de Sir Link…

Zelda tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caerse de espaldas.

-Entonces no fue un sueño… yo… ¿Yo lo…

-¿No lo recuerda, majestad?- le dijo la anciana, extrañada- fue usted quién lo echó del reino, y casi mata a los jefes de las distintas especies, que habían sido invitados a la boda, la cual nunca se efectuó…

-¡CÁLLATE!- le ordenó antes de que la torturara más con el relato.

Todo había sido cierto. Ella no había soñado nada, sino que lo había vivido en carne y hueso.

La sirvienta se retiró silenciosamente, lo más rápido que pudo. Lo último que quería era ser desterrada ella también.

Por primera vez, la princesa recapacitó sobre su comportamiento. Había sido una real monstruosidad con sus amigos, y a uno no lo volvería a ver nunca más. Todo por dejarse llevar por los sentimientos que emergían en esos instantes.

-¡Demonios!- dijo antes de ponerse a llorar. Ahora estaba completamente sola, y no le gustaba para nada. Pobre y desdichada princesa solitaria.

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Ruto estaba encerrada en su habitación. Hace días que no salía de ahí. No quería saber nada respecto al mundo.

Por enamorarse de un héroe, había tenido que pagar las consecuencias de dejarlo.

Desde hace días que lloraba desconsoladamente, y nadie en su aldea sabía qué hacer para animarla.

En este momento, Ruto se encontraba acostada y encogida en la cama que compartió con su amado por más de un mes. Los párpados le dolían de tanto llorar, y se sentía agotada. Después de todo, ELLA se lo había quitado. Quizás debería vengarse, pero cómo, y sobre todo ¿Para qué?

Es cierto que estaba furiosa con Zelda, pero a Link no le hubiera gustado que pelearan. Debió de haberlo sabido desde el principio, y quizás nada de esto hubiera sucedido, pero el "hubiera" no existe, ya. Uno debe seguir con su futuro y hacer lo mejor que pueda.

-Es cierto- se dijo Ruto a sí misma, como despertando de un trance- debo seguir. Quizás pueda buscarlo, y… no… no puedo. Los zoras no pueden permanecer mucho tiempo al sol o en la nieve. Temperaturas tan extremas o lugares tan secos, serían un suicidio. Además no le puedo pedir ayuda a los hylianos, pues estamos enemistados, y me es imposible involucrar a las demás especies en esto. No quiero que ella les haga daño. Link no querría… solo me queda esperar que esté bien…

Después de recapacitar esto, se puso a llorar, ante la impotencia que sentía. Ya nunca más volvería a ver a Link, y estaba demasiado deprimida.

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El rubio seguía caminando a través de la nieve. Ya no sabía bien hacia dónde se dirigía, para donde mirara, solo había piedras cubiertas con el manto blanco. Lo único que lo guiaba vagamente, eran los movimientos del sol.

Por dentro estaba totalmente deshecho y con una depresión profunda. Poco le importaba su vida, y es que para él, todo había muerto.

Por la posición del astro, seguramente serían como las siete de la tarde. El paisaje no había cambiado en lo más mínimo, y Link tenía mucha hambre. Sus pocas raciones ya se habían agotado y lo único que podía comer era nieve.

De pronto, el sonido de suaves pisadas le llamó la atención. Delante de él, se erguía un orgulloso lobo blanco. El animal lo observaba imperturbable. No mostraba los colmillos, ni se ponía a la defensiva, pero tampoco parecía querer apartarse de ese lugar, ni sentir miedo por la presencia de un hyliano. No era como los wolfos a los que el héroe se había enfrentado tantas veces, sino un simple animal.

El vagabundo se le acercó despacio, sin querer asustarlo. Llevaba tres días de viaje, y necesitaba un amigo con quién charlar, o por lo menos un lindo encuentro con algún simpático animal.

Por mientras avanzaba, más se agachaba y más estiraba su mano izquierda, para darle seguridad al can.

-No te haré daño- dijo el rubio- lo prometo.

El perro permanecía serio. Miraba atentamente a los ojos del héroe, iguales a los propios. Ambos se esforzaron en mantener la mirada del otro, pero ninguno desistió, hasta que Link entendió que el animal era más inteligente que los demás y no se rebajaría a olfatearle la mano. Entonces decidió sentarse delante de él.

Todo esto les puede parecer algo tonto, pero después de un tiempo de depresión, y de pensar que su vida ya no tendría sentido, encontrarse con un animal tan majestuoso como aquel lobo blanco de ojos azules, le resultaba agradable al joven guerrero. Era como si fueran dos grandes héroes de distintos mundos, que se juntaban para charlar una tarde. Ambos sabían lo que el otro había pasado. Solo ambos entendían todo el sufrimiento y la desesperación que se sentía en tales aventuras.

Se miraron fija y mutuamente por un largo rato. El chico perdió la noción del tiempo, pero después de que el lobo lo despertara de su trance con un ligero movimiento de cabeza, notó que ya era de noche.

-¿Te parece si… duermo con tigo?- le pidió- es que me da mucho frío por las noches, y creo que si compartimos mi capa y tu pelaje, dormiremos mejor ¿No te parece?

El lobo resopló fuerte y fugazmente por la nariz, y a modo de respuesta, se acercó a Link y se acurrucó dentro de la capa. El rubio lo cubrió con mucho cuidado, y luego a si mismo. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro.

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Blanco, blanco y más blanco, era lo único que alcanzaban a ver los dos héroes. Nevaba suavemente.

Desde que ambos despertaron en la mañana, no habían hablado mucho (como si se conocieran de hace tiempo ¬¬). Aún así, la compañía que el camuflado ser le proporcionaba, era grata.

Gracias al agudo sentido del olfato del lobo, encontraron un par de ardillas, que se repartieron y comieron gustosamente. La comida cruda no sabía tan mal, después de más o menos cuatro días sin comer. Lo único que esperaba el héroe era no enfermarse del estómago.

Como iba diciendo, ahora la pareja caminaba por un terreno completamente blanco. Tanto arriba como abajo, izquierda o derecha, o lo cuatro puntos cardinales. Todo era blanco, a excepción de las sombras de sus pisadas, que se borraban lentamente con los copos de nieve.

-Oye…- Link se mostraba un poco indeciso sobre un tema que le roía la cabeza, pero debía hacer la pregunta- ¿Te puedo poner nombre?

Sin dejar de caminar, el can lo miró, y levantó una ceja, a modo de confusión.

-Es que me gustaría llamarte con algo- siguió el chico- no es que esté tratando de ser tu amo. Solo quiero saber tu nombre, o ponértelo, pues no creo que tengas uno… ¿Puedo ponerte nombre?

El lobo se demoró mucho en responder. Al parecer, estaba analizando las altas y bajas de una u otra opción. Finalmente, y después de diez minutos (como mínimo) de pensarlo, resopló.

Silencio absurdo. Link se quedó confuso.

-¿Eso qué significa? ¿Es un sí o un no?

Nuevamente, el canino resopló.

-Bueno, creo que tomaré tus resoplidos como un "sí"… ¿Qué te parece "Adolfo"?

Un gruñido fue suficiente para que el chico entendiera la negativa.

-De acuerdo, de acuerdo… ¿Y si te pongo "Martín"?

Otro gruñido de parte del can, le indicó su desacuerdo.

-Vaya, es difícil encontrar nombres… de todas formas, no creas que voy a inventar algo tan ridículo como "Adalberto". Eso sí que sería…

El lobo resopló, dejando mudo al muchacho, quién no había olvidado su comentario respecto a tal exhalación.

-A… ¿Adalberto? ¿Te gusta ese nombre?- el chico no salía de su asombro. Nada más había dicho ese nombre como burla, no como opción, pero parecía ser el único que le gustaba al can, además que acordarse de nombres que no usaba en la vida diaria era cansador, por lo que no hubo más remedio que dejar ese título.

-Bueno, pero al menos déjame decirte "Ad" ¿Oky? Adalberto es un nombre muy largo.

(NA: Adolfo significa "lobo noble"; Martín significa "guerrero"; y Adalberto es "que brilla noblemente". Se supone que a Link se le ocurren al azar, y que no conoce sus significados, pero yo quería un nombre que fuera con la imagen del personaje)

Siguieron caminando. La nieve seguía cayendo en forma de copos. De pronto, Link advirtió que Adalberto estaba un poco inquieto. Gruñía con frecuencia, como si dijera "aquí hay algo que no me gusta", y de vez en cuando se detenía a inspeccionar el aire con su nariz.

-Oye ¿Te sientes bien? No pareces muy tranquilo

El animal lo miró de reojo, sin dejar de caminar. Luego miró hacia arriba, y el hyliano lo imitó para entender qué pasaba.

-¡Ah! Es el clima ¿No? ¿Crees que se aproxima algo malo?

Su compañero resopló.

-Si es así, entonces me imagino que deberíamos encontrar un lugar para descansar y guarecernos. No me gustaría morir por congelamiento ¿Qué dices?

Por única respuesta, el lobo se detuvo y separó un poco las patas, al tiempo que mostraba los colmillos y gruñía por lo bajo. Link entendió de inmediato y se puso alerta. No contaba con ningún arma, por lo que si estaban en peligro, debería usar las manos.

Miró hacia todos lados, intentando encontrar la amenaza, pero no pudo divisar nada más que blancura.

De repente, como respondiendo al nerviosismo del lobo, el viento cambió drásticamente de velocidad, convirtiéndose en pocos minutos en una ventisca hostil.

Obligados a caminar inclinados hacia el frente y con poca visión del terreno, no pasó mucho antes que cayeran por un desnivel que no habían notado.

Se golpearon con algo duro y se dieron un vuelco que les sacudió el cerebro. No habían topado con nieve, eso era claro, pues el suelo era sólido.

Después de un rato de comprobar cómo estaban, notaron que lo duro no era piedra, sino…

-¿Un lago? ¿En medio de la cordillera?

Así es, se habían topado con un basto terreno azul, siendo cubierto ligeramente por el blanco de la nevada.

El lobo se sacudió la nieve que le entró al pelo por la caída, y siguió como si nada. Link tuvo que hacer lo mismo, para no perderlo de vista en la espesa neblina que traía consigo la ventisca.

-Oye ¿No crees que deberíamos rodear el lago? Será mejor buscar un refugio hasta que acabe la nevada- le gritó a su compañero. Este se detuvo y volteó a mirarlo. En sus ojos, se reflejaba una decisión increíblemente grande de continuar. Era como si estuviera diciéndole "Tú puedes ir y refugiarte, pero no cuentes con migo".

-De acuerdo, de acuerdo- se rindió al fin- entiendo. Sea lo que sea, tu objetivo debe ser importante, para mirarme así. Déjame ayudarte.

Por primera vez desde que el rubio lo conocía, el lobo blanco movió la cola en señal de felicidad. No era que la moviera con excéntrico júbilo, nada más era un leve movimiento constante horizontal. Parecía que en toda su vida no había tenido necesidad de usar así su cola, pero fue motivo de gran alegría para el héroe.

Continuaron su viaje por el lago. Link cada vez quería más al animal, y aunque este se comportara frío e inexpresivo, estaba seguro que el sentimiento era mutuo.

Iban por el lago congelado. La nieve había cubierto todo el azul, y no parecía que la ventisca fuera a disminuir.

Sin previo aviso, algo intentó golpear al chico en la cara. Parecía una bestia de ojos rojos, pero no alcanzó a ver más. Solo pudo esquivarlo.

Después del ataque tan sorpresivo, el guerreo pudo observar su entorno. Adalberto gruñía dispuesto a atacar o defenderse. Rodeándolos, veloces como la misma ventisca, un par de fantasmagóricos lobos blancos los asechaba.

-¿Amigos tuyos, Ad?- bromeó el héroe, antes de partir corriendo a darles caza, pero de pronto, Adalberto ladró, lo que llamó la atención del chico, y cuando volteó a ver al par de lobos ya no había nada, lo que dejó al hyliano confundido.

Después de pensar mucho en ello, Link decidió que no sería de mucha utilidad darle más vueltas al asunto, y continuaron su camino, pero no pasó mucho antes que otro ataque parecido lo irritara.

-¡Bien!- reventó el rubio- la próxima vez, estaremos preparados ¿Cierto Ad?

El lobo emitió un leve resoplido, y siguió caminando. Parece que todo esto era común para él, aunque Link pudo notar algo de tristeza en su cara.

-Son tus compañeros ¿Cierto?- entendió al fin el chico- ¿Te entristece que no puedan ir al cielo?

Adalberto resopló sin mirarlo.

-Entonces supongo que no podemos enfrentarlos. Ya veo el por qué tu actitud neutral… solo nos queda escapar de ellos, y esperar que no nos maten.

Adalberto resopló nuevamente.

El tercer ataque no se hizo esperar. Esta vez, Link solo los esquivó y tanto él como el lobo, comenzaron a correr, pero los espectros los siguieron, y tenían la ventaja de que la ventisca apenas los afectaba. El hyliano y Adalberto estuvieron esquivándolos por unos minutos, y luego, los lobos fantasmas notaron que no podrían atraparlos, por lo que llamaron a más. Ahora eran cuatro, pero la destreza de los perseguidos para evitar ataques, irritó a la jauría de fantasmas, y muy pronto ya eran al menos veinte animales persiguiéndolos.

-¿Seguro que son tus amigos?- Link no sabía si saldrían vivos de esta. De todas formas, tenía toda la desventaja en un terreno así, y ya no podría luchar contra los perseguidores aunque quisiera.

De pronto, se oyeron pisadas de algo grande y torpe, por detrás. Al voltearse, el joven rubio y el blanco lobo, vieron asombrados a una criatura enorme, como de cuatro, o cinco metros. Su silueta parecida a la de un hyliano, solo que era mucho más macizo. Un blanco y grueso pelaje le cubría todo el cuerpo, a excepción de la cara, las manos y los pies. Sus ojos amarillos los veían con ilegible expresión, y usaba lo que parecía ser una silla de caballo en su cabeza, a modo de sombrero.

El gigante venía gritando y alzaba los brazos, para ahuyentar a los lobos fantasmas. Por un momento, el rubio pensó que estaban salvados, pues los espectros se dispersaron hasta que no hubo rastro de ellos, pero sus esperanzas se desvanecieron al ver que el enorme ser seguía detrás de ellos, con una mirada hambrienta y sin calidez alguna.

-¡ALBURUGAAAAAAAAAAAAAAA!- Gritó el enorme ser, rompiendo la tensión.

Su grito era increíblemente potente, y se escuchaba fuerte incluso en esas condiciones de aire.

-Diablos –pensaba Link- no tengo ningún arma, y no creo que Ad pueda solo contra él. Odio tener que correr, pero no hay de otra.

Comenzaron nuevamente su carrera, esta vez para no ser alcanzados por el gigante, el cual, al notar que no podía alcanzarlos fácilmente, comenzó a saltar.

-¿Por qué estará haciendo eso? No me gusta para nada. Algo debe de tramar.

Para la mala suerte del chico, tenía razón. Al terminar uno de esos saltos, el hielo liso bajo los pies del gran ser, se trizó, y la fisura se abrió camino hacia delante, pasando por donde estaban los héroes. La superficie del lago no aguató más de tres de estos saltos, y las fisuras se ensancharon, y bloques de hielo comenzaron a saltar violentamente de aquí para allá. La rotura los estaba persiguiendo. En más de una ocasión, un pedazo de hielo tan o más grande que el gigante, caía del cielo cerca de ellos; o la fisura los alcanzaba y rompía el suelo bajo sus pies. Entonces tenían que saltar y seguir corriendo a toda velocidad, ignorando el brusco movimiento de cada bloque congelado al separarse.

Corrieron alrededor de dos minutos, lo que les tomó cruzar el lago congelado. Al último momento, cuando ya iban a terminar, el suelo se rompió nuevamente bajo ellos, pero no se salvaron de caer, y sintieron que millares de agujas se clavaban en su piel, especialmente Link, ya que no contaba con tanto pelaje como Adalberto.

Después de salir apenas del lago alterado, se sacudieron toda el agua que pudieron, para luego subir por una pequeña pendiente. El gigante no los esperó, y nadó a través del lago para alcanzarles. Gracias a las diosas, que era torpe y lento, pues con su enorme cuerpo era capaz de matarlos hasta con sus dedos.

Corrían pendiente arriba, ayudándose a afirmarse con piedras que sobresalían. Las ráfagas de aire provocadas por la ventisca, alentaban más al perseguidor, que a ellos, por lo que tenían cierta ventaja.

Llegó un momento en que no pudieron seguir subiendo, y no hubo nada para atrapar el impulso del aire por ellos. Link casi se cae por el repentino cambio de fuerza, de no haber sido por que Adalberto lo previo y sujetó su ropa con la boca.

Link miró rápidamente a su alrededor, para ver si había algo que los pudiera ayudar. Lo único que veía era la pendiente por la que habían subido, y al gigante, intentando escalar por ahí. Al otro lado, un interminable camino de nieve lisa cuesta abajo, y en el centro del cerro, estaban él, Adalberto, y un árbol de grandes hojas, tan congeladas que parecían cuencos de hielo.

Mientras pensaba en algo que les pudiera ayudar, Link indicó a su amigo que se refugiaran en el árbol, a ver si el gigante los perdía de vista.

No pasó mucho antes que el gran ser subiera la colina, e hiciera añicos las esperanzas de Link de que no los encontrara. Oliendo el aire, los encontró de inmediato, y trató de golpearlos con sus puños, pero solo chocaron contra el árbol, que dejó caer muchas de sus grandes hojas congeladas a la nieve, y las hojas comenzaron a deslizarse suavemente por la pendiente. El rubio las miró curioso, y de pronto se le iluminó la cara

-¡Ya sé! –dijo victorioso el chico- Ad, imítame

Y como si se hubiera vuelto loco, saltó en dirección a la colina de nieve lisa y cayó de lado en una de las tantas hojas caídas. Comenzó con un leve movimiento, pero poco a poco, la pendiente era más inclinada, y en pocos segundos, el muchacho se alejaba a gran velocidad.

A Link no se le hacía muy difícil montar el pedazo de hielo, era más bien entretenido, y lo habría disfrutado de no ser por la situación en que se encontraba. Miró hacia atrás, para comprobar que Adalberto lo estuviera siguiendo, y efectivamente, ahí estaba el lobo, montado en otra hoja, muy nervioso y tratando de conservar el mayor equilibrio, pero estaba bien. Lo que preocupó al guerrero, era que el gigante los imitaba, con una hoja congelada en cada pata, y encogiéndose para agarrar mayor velocidad.

-¡APRESÚRATE, AD!- le gritó, pero no pudo voltear por mucho tiempo, pues iban a pasar por una parte difícil.

A pesar de la diversión que le provocaba caer por una pendiente nevada en un pedazo de hielo a gran velocidad, debía ser cuidadoso, pues la ventisca podía empujarlo hacia alguno de los lados, y entonces estaría muerto, sin mencionar que no veía más allá de ocho metros.

De pronto, algo pasó rozándole la cabeza, seguido de otra cosa, que esquivó. Eran muy pequeños y Link iba demasiado rápido para alcanzar a verlo, pero supo de inmediato que eran murciélagos

-Malditos animalejos ¿Qué acaso están en todas partes?

El camino comenzó a ir hacia la izquierda, por lo que el chico tuvo que doblar en esa dirección. Atrás de él, Adalberto ya estaba más tranquilo, parecía estar aprendiendo a deslizarse con mayor velocidad, y pudo alcanzar a Link. El gigante era tan grandote, que retenía mucho aire, y no pudo seguirles el paso. Ya ni si quiera se veía, lo que alivió en cierto grado a hyliano y lobo. Ahora debían preocuparse por lo que tuvieran delante de ellos.

El camino cada vez iba más a la izquierda, y la pendiente más inclinada. No pintaba muy bien. De pronto, vieron que hacía una espiral, comenzando por la izquierda, pasando por arriba y cayendo por la derecha. Link apenas tuvo tiempo de gritar una advertencia.

-¡AGÁRRATE!

Lo que siguió fue extraño. Ambos ya sabían bien cómo doblar, y fue todo lo que tuvieron que hacer. La velocidad los dirigió por el camino más fácil, que era dar la vuelta entera.

Después de terminar en el suelo, se miraron el uno al otro, completamente sorprendidos por tal hazaña, y muy felices de terminar en una pieza

-¡JAJA! ¡ASÍ SE HACE!- gritó excitado el chico, al tiempo que levantaba un puño en señal de victoria, a lo que el lobo corroboró con un aullido.

Pero la felicidad no les duró más que eso, pues sin preverlo, dieron otra vuelta, esta mucho más grande y ni si quiera ladeada, sino que completamente vertical (me explico, esos círculos que se forman en los rieles de las montañas rusas o en las pistas de los autitos de juguetes).

-WAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

-AUUUUUUUUUUUUUUUUUU!

Por segunda vez, la velocidad los ayudó, creando fuerza centrífuga y manteniéndolos en la pista de hielo. Cayeron ilesos al suelo.

-¿Cómo es que esos caminos existen? Están desafiando las leyes de gravedad. Es imposible que se formen esas vueltas naturalmente

Pero el muchacho no tuvo mucho tiempo para pensar en esto, pues sin notarlo, estaba a punto de pasar por una rampa, detrás de un gran desnivel.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

El salto que dio, fue tremendo. Voló como por cincuenta metros. En el aire, pudo ver a su lado. Ahí estaba Adalberto, separándose lentamente de su hoja congelada, cosa que él mismo también estaba haciendo sin notarlo.

En el aire, todo pareció ir a cámara lenta. Los copos de nieve no les azotaban la cara, sino que se le pegaban suavemente, como si hubiera una suave brisa en vez de una ventisca. El lobo parecía estar volando, en medio de las gotas congeladas. Lo miró a él, y Link vio sus ojos.

En ese instante, fue como si comprendiera toda la vida del lobo. Adalberto era un rechazado por sus iguales, como Link, era un renegado, y por eso estaba siempre amargado, pero en ese momento, los dos sentían un júbilo enorme. Juntos habían vencido a la muerte, escapado del gigante y sobrevivido a ese extraño camino. En ese instante no pudieron pronunciar palabra, pero pudieron ver a través de los ojos del otro, y conocerlo completamente… y resultó que eran iguales, sin contar con las diferencias de sus especies, ellos dos eran exactamente iguales. Dos guerreros luchando contra los desafíos e infortunios que les imponía la vida. Dos héroes que ya no estarían solos, pues ahora contarían con un amigo, un verdadero amigo.

Todo eso duró un instante, y al otro instante se estrellaron en la nieve, perdiendo el conocimiento.

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Abrió lentamente los ojos. Lo primero que vio, fue un techo de madera.

Inmediatamente se sentó en la cama, para ver cómo se encontraba Adalberto, pero por más que miraba, no lo encontró en la pequeña habitación de madera, sin ningún adorno o ventana.

Salió de la pieza, preocupado por el lobo. Lo último que recordaba del día anterior era un fuerte golpe en la nieve.

Por la iluminación del lugar, habría deducido que era de noche, pero no le importaba mucho. Solo quería ver a su amigo.

-Adalberto ¿Dónde estás?- lo llamó, casi gritando.

Obviamente alguien lo había recogido a él, pero quizás no habían visto al can, por su perfecto camuflaje. Link debía salir y buscarlo. Debía saber que se encontraba bien.

Cruzó una puerta, que al parecer, era la principal de esa cabañita. Se enfrentó a la helada noche con ropas livianas, no había reparado en su vestimenta, pero hora la prioridad era encontrar a su amigo.

-¡Adalberto!- gritaba el chico, cada vez más preocupado.

De pronto, se cayó de bruces. La pierna le dolía enormemente, pero no le importaba. La preocupación se convirtió de a poco en desesperación, y el muchacho ya se esperaba lo peor.

El sonido de alguien cavando le llamó la atención, se arrastró hasta donde se encontraba un hombre usando una pala. El lugar a su alrededor estaba lleno de nieve y tierra removidas, y a su lado, el cuerpo de un lobo blanco.

Link quedó paralizado con la visión. No quiso aceptarlo de primer momento, por lo que se arrastró hasta quedar junto al canino, y con una mano, le remeció.

-Ad, despierta. Tenemos que partir…- decía el chico, pero el blanco animal no respondió, ni se inmutó. Estaba con los ojos cerrados, y se movía solo por el impulso de su amigo.

Las lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de Link. No quería aceptarlo, odiaba tener que hacerlo, pero muy en el fondo, lo sabía.

-Adalberto…- dijo conteniendo el llanto, pero no aguantó más y lo abrazó firmemente, rompiendo a llorar- ¡AD!... ¡AD!...- decía entre sollozos y gritos de dolor. Las lágrimas corrían libres por su rostro y llegaban a la cara de Adalberto- ¡No tú! ¡No ahora!... ¡RESPÓNDEME! ¡AD!

Al alzar la vista, lo único que encontró fue la cara sin vida de lo que hace algunas horas había sido su igual, su alma gemela. Apenas si lo comenzaba a conocer, y ya nunca más podría verlo

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAD!

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Link se encontraba comiendo en la cama. La casucha le pertenecía a un anciano de nombre Ulises. Sus cabellos eran negros, aunque su edad ya rebasaba los 80, como mínimo. Aún así, era fuerte, sabio y amable con el chico, y le encantaba la magia.

El dolor en la pierna es el resultado de que se la quebró al caer. Tuvo suerte, pues el lobo se golpeó de forma más brusca, en la cabeza. Eso fue lo que lo mató, según el anciano.

El funeral de Adalberto se realizó a la mañana siguiente, de la noche en que Link vio el cadáver. No paraba de llorar, y se culpó a sí mismo de la imprudente decisión que tomó en la cima de la montaña. Con frecuencia pensaba "Si no le hubiera dicho que me imitase… si me hubiera enfrentado al gigante, como hombre, y no correr como un cobarde…"

Los días que siguieron, el joven se quedó en la casa del anciano. Pensaba todo el tiempo en Adalberto y Ruto. Sus dos seres más queridos, y ambos le habían sido arrebatados. El pobre muchacho estaba profundamente deprimido.

De pronto, la puerta se abrió, y dejó entrar al robusto viejo. Su larga barba completamente negra, le llegaba hasta la cintura, y era calvo en la cabeza. Sus ojos rojos reflejaban peligro, pero los ocultaba detrás de dos gruesas cejas y una cara amable y sonriente, dispuesta a ayudar. Frecuentaba usar abrigos de piel de oso toscamente fabricados, seguramente hechos por él mismo.

-¡Qué bello día! ¿No crees?- le dijo animadamente, a lo que Link solo respondió con un tímido "hola".

-Bueno, chico ¿Cómo me quedó la sopa de murciélago?- dijo animosamente sentándose en la cama- ¿A que no sabías que es diez veces más nutritiva que el pescado? ¿Eh?

Link tragó el caldo que tenía en la boca- Nunca lo supe.

-Bueno, chamaco. Cuando termines, quiero que tomes tu ropa y salgas con migo. Vamos a practicar algunos hechizos- dijo al tiempo que se levantaba y abría la puerta

-¿Hechizos? ¿Qué clase de hechizos?

El hombre se quedó callado, y le dirigió una mirada para que no preguntase- es mejor que te lo cuente allá- se fue

El chico no tenía ganas de hacer algo divertido, pero no tenía muchas opciones. Desde hace algún tiempo que pensaba en cómo compensarle al viejo todos los gastos que él le provocaba, y creyó que la mejor manera de comenzar, era haciéndole caso. Así que se puso su ropa, las muletas especiales para la nieve que Ulises le dio y salió de la casa.

Afuera, el anciano lo esperaba, parecía que iban a caminar, pues llevaba consigo algunos saquitos con comida y un bastón de madera con un cristal esférico en la cabeza.

-¿Vamos a alguna parte?- preguntó el rubio

-La verdad sí- le respondió Ulises, comenzando a caminar- necesito hacer unos hechizos especiales en un lugar específico.

Caminaron más o menos por media hora. Link observó a su alrededor, por si acaso. El cielo estaba despejado, no como el día anterior. La nieve resplandecía y lo cegaba, como antes, solo que ahora no le molestaba tanto, pues el intenso azul de arriba daba un refugio a sus ojos entre tanta blancura. Apenas se veían árboles, y los que había, tenían hojas congeladas, como las de aquel en la cima de la montaña.

Llegaron a un terreno en que el relieve ondulaba, parecían dunas de nieve. Delante, un barranco se alzaba poderoso, y en el centro, se podía ver desde abajo, lo que parecía ser una rampa de hielo, que el rubio reconoció de inmediato.

-Este lugar es…

-Donde los encontré a ambos- terminó el anciano- Sé que es difícil para ti, chico, pero tu amigo no puede esperar más tiempo

-¿A qué te refieres?- Link no estaba nada cómodo de tener que rememorar todo, y prefería evitarlo.

-Tu amigo…- comenzó a explicar el viejo- es perteneciente a una raza de lobos, beneficiada por las diosas con la inteligencia por sobre sus pares, además de que cuentan con un poco de telepatía, sin duda te habrás dado cuenta de que las miradas de tu amigo significaban muchas cosas.

El guerrero recordó todas las veces que Adalberto lo miró, y él mismo interpretaba esas formas de mirar en un significado.

-Pero a cambio de esa ventaja, deben hacer un grande sacrificio. Los lobos que no mueran naturalmente, o sea de viejos, permanecen como fantasmas para ahuyentar a los intrusos de sus tierras.

-¿Ahuyentar?

-Si, me imagino que lo habrás vivido -le aseguró el hombre, pero no esperó a su respuesta para continuar- Ahora, como podrás imaginar, tu amigo, Adalberto, se quedará atrapado en la cordillera, descargando su ira en cualquier desdichado que pase por ahí.

El chico estaba triste. Ahora sabía que además de matar a su amigo, lo había condenado para la eternidad. Gran ayuda la del viejo ¿No?

-¿Y con qué motivo me trajiste hasta aquí? ¿Solo para decirme eso? ¿Para atormentarme más?

-No, no, chico- se apresuró a aclarar el anciano- te digo todo esto, porque hay una forma de salvar a tu amigo, pero antes, necesito que me cuentes todo lo que pasó desde que lo conociste.

La petición extrañó al rubio, pero si era para salvar de alguna forma el espíritu de Adalberto, accedería. Así le relató todo lo ocurrido a Ulises. En algunas partes tuvo que parar, pues el llanto le hacía perder el habla. Le contó todo al anciano, incluso las sensaciones que sintió en determinados momentos. Después de una hora de relato, por fin terminó.

-… Y fue entonces que nos estrellamos en este lugar. Creo que perdí el conocimiento al instante. Ya sabes el resto de la historia.

Ulises se quedó en pose pensativa por algunos segundos, hasta que finalmente habló.

-¡Si! Con eso nos bastará para salvar a tu amigo- dijo alegre.

-No entiendo ¿Qué tiene que ver mi historia con la forma de salvarlo?

-¡Mucho!- dijo el hombre de larga barba- Necesitaba saber si el vínculo entre ustedes era realmente fuerte como para que el hechizo funcionase.- sin esperar más, caminó hasta quedar mirando hacia la rampa, y la cima de la montaña, con el muchacho delante de él.

-¿Un hechizo? ¿O sea que lo vas a hacer ahora?

-Desde luego, mientras menos tiempo nos demoremos, más rápido podrá partir él al cielo

El viejo preparó su bastón, como si de un arma se tratase. Rezó en murmullos, arcanas palabras, carentes de significado para Link. Luego, levantó ambas manos, dejando al palo en posición horizontal, del que comenzaron a salir destellos por todos lados. Las luces tenían un color amarillento, y aparecían como si fuera una juguetona nube lumínica pasando por todos los lados del báculo. Sin embargo, esa luz amarilla se convirtió repentinamente en un aura oscura, que inundó el bastón.

Ulises bajó las manos y el palo hasta su abdomen, ladeando su cuerpo, para quedar en una posición de ataque hacia Link. Luego, impulsó el bastón directamente hacia el muchacho, cosa que la esfera de cristal le golpease en el pecho. Al mismo tiempo que hacía esto, gritaba las últimas palabras del conjuro.

El rubio héroe sintió un dolor tremendo en el torso. Como si una onda fugaz le desgarrase el alma y se llevara un pedazo. Por un segundo, todo su cuerpo dejó de funcionar. El corazón dejó de latir, los pulmones dejaron de respirar. La sangre no fluía, su cerebro se inutilizó, perdió la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto. Por un segundo, era como si cayese en un vacío negro… Y de repente, todo volvió a la normalidad, como si ese hechizo nunca se hubiera efectuado.

Las piernas de Link flaquearon y no pudo mantenerse en pie. Miró al anciano buscando respuestas, pero el viejo miraba atento y orgulloso al cielo, por detrás de él. El rubio se volteó para ver qué era lo que llamaba tanto la atención, y ahí lo vio. En el cielo, viajando a gran velocidad y altura. Ahí estaba la onda que el chico había sentido, la que paró sus funciones vitales por un segundo.

Era un rayo, por lo que vio. Una fina estela negra y con luces grises, que emergían del frente y desaparecían en la cola.

-¿Qué...- comenzó a preguntar. Hasta ahora no se había dado cuenta de que le faltaba el aire, pero Ulises captó de inmediato.

-Es una señal- le indicó- Seguramente habrás notado que se llevaba una parte de ti. Lo que pasa es que toma algo de tu esencia y lo convierte en ese cometa negro y gris… Esté donde esté, o en la forma en que esté, estoy seguro que tu amigo Adalberto escuchará tus súplicas de salvación para él, y se irá al cielo, donde podrá descansar en paz, al fin.

-¿En… serio?

-Algunos toman estos hechizos como "exorcismos". A mí me parece más apropiado el nombre "liberación". Es lógico que Adalberto encontrará el descanso eterno, pues sabe que tú vivirás una vida plena. Ahora no solo vives por ti, sino también por él. Recuérdalo, pues es tu alma gemela.

Después de estas palabras, un satisfecho muchacho se derrumbó a los pies del mago. Este dio un último vistazo al rayo negrusco, el cual se dirigía al oeste. Luego miró a Link, y antes de hacer un hechizo de levitación en el chico para llevarlo a la choza, no pudo evitar una sonrisa de triunfo.

-Todo sale tal y como lo planeé… niño imbécil

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Zelda estaba en la entrada del dominio zora, acompañada por dos soldados dorados, los cuales debían pertenecer a su difunta madre y un puñado de plateados. Nunca había visto a los primeros, pero sabía que le serían leales.

Suspiró, resignada. Tendría que enfrentarlo tarde o temprano. Dio una orden, y le entregaron la ocarina del tiempo. Al tomarla entre sus manos, la sintió fría, lo que no la alentaba mucho, pero ya estaba convencida, desde hace días que había tomado la decisión.

Tocó la canción de la familia real, ya tan conocida para ella, y la cascada se abrió como una cortina, dejando paso libre.

Todos entraron al dominio de los zoras. Hacia donde viera la rubia, solo encontraba a los hermosos seres, escapando silenciosamente de ella. No era raro que le temieran, después de lo que había hecho.

Llegó hasta la parte superior del palacio de roca. Ahí estaban Ruto y Lord Jabu-Jabu, conversando. La verdad es que solo hablaba ella, pero confiarle tus secretos a un pez semi dios, aplacaba un poco el sufrimiento

Al notar la presencia de la rubia, Ruto se calló y la observó, no sin mostrar desprecio.

-¿Qué haces tú aquí?- le preguntó la zora desde la distancia.

Zelda se le acercó, tenía la cabeza gacha, y las manos juntas, a la altura de su cintura.

-Ruto…- levantó la vista delicadamente. La aludida no se mostraba más amable por el tono suplicante de la princesa- sé que no podré remediar los terribles actos que he hecho, pero… por favor, quiero que volvamos a ser amigas- las lágrimas comenzaron a brotar desde sus ojos. Hablaba con la verdad- Ya no soporto que no me hables, ni que nuestros pueblos estén enemistados. Dame una segunda oportunidad.

La sabia del agua la observó por largo rato. En ningún momento dejó salir algún sentimiento por su rostro. En su cabeza estaba tomando una decisión importante.

-Dejaré que nuestros súbditos vivan en paz- dijo al fin, lo que alegró a la rubia, pero no duró mucho tiempo así, por lo que la zora dijo a continuación- pero no creas que te perdonaré, Zelda. Tú desterraste a Link, justo antes de casarnos definitivamente. Ahora te pido que te marches. No eres bienvenida.

La arrepentida princesa cayó de rodillas y puso sus manos en su cara. Así lloró amargamente, sin nadie que realmente pudiera consolarla. Sus sirvientes la protegerían, pero eran unos completos extraños, al igual que los zoras, y ahora Ruto. Ya la única persona que le quedaba, era su padre, enfermo de gravedad.

La otra princesa se retiró, sin mostrar ni una pizca de lástima hacia la desdichada rubia. Hubiera dejado el lugar, pero una explosión la hizo voltear.

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Un hombre estaba atrapado. No sabía cómo había llegado hasta ese lugar tan frío, ni dónde estaba, ni la hora, ni menos su nombre. Apenas recordaba sentimientos que había vivido.

Ira hacia una mujer, amor hacia otra, tristeza por un amigo... una pelea de igual a igual con un rubio de ojos azules. Era lo único que recordaba, pero no sabía quienes eran esas cuatro personas. Todo se le hacía imposible de visualizar. Nada más tenía esos sentimientos en su interior.

Abrió los ojos lentamente. Por alguna razón se sentía cansado, horriblemente cansado, pero no podía dormir, algo se lo impedía.

Una voz grave y áspera, de un viejo conocido, llegó hasta su mente

-Despierta, chico. Estoy usando el poder telepático de otro ser, así que no hay mucho tiempo para explicar- esa vos se oía claramente, pero no provenía de ningún lugar en específico

-¿Quién eres?- preguntó asustado el hombre, y entonces reparó en su propia voz, grave, potente y atractiva

-Eso no importa ahora. Lo que realmente preocupa aquí es ¿Quién eres tú?

El hombre se quedó cayado un momento, tratando de recordar su nombre, su procedencia… nada.

-¿Acaso tú sabes quién soy yo?

-Por su puesto- dijo la voz- por eso y por otras cosas, te hablo en este momento. Antes que nada, debes saber que perteneces a una especie casi extinta, como yo. Nosotros somos la otra cara del espejo de este mundo. Entes creados a base de personas ya existentes.

-¿Quieres decir que hay alguien igual a mí en alguna parte?

-No te preocupes de eso. Es cierto que sí hay, pero no por mucho tiempo. Yo ya me encargaré de eso. Ahora lo que debes saber, es que nuestra raza tiene ciertas… aptitudes.

-¿Qué quieres decir?

-A eso voy, muchacho. Se puede decir que puedes controlar las sombras a tu antojo, inclusive convertirte en una, y desplazarte por dos dimensiones. Todos los de nuestra especie podemos hacer eso ¿Interesante, no? Ahora, algo que me sorprendió, y es que tú ya habías nacido, pero tu contraparte te asesinó. Ya van cinco años de eso, según los estudios que he realizado. Como sea, gracias a tu renacimiento, y a un tipo de magia desconocida y poderosa en tu contraparte, de alguna forma adquiriste más poderes de lo normal. Se podría decir que eres el salvador de nuestra especie.

-Y… ¿Qué debo hacer?- las palabras del anciano habían sido mucha información, y en muy poco tiempo. Se encontraba confundido, pero quería seguir hablando.

-Eso lo sabrás tú mismo, chico- la voz comenzaba a oírse distante- Sé feliz, mijo. Haz lo que te dicte el corazón…

Dejó de escuchar la voz. Entonces cayó en la cuenta de que alrededor suyo, solo había hielo y nieve. Seguramente esa había sido una hermosa cueva de hielo, con estalactitas y estalagmitas formadas a base de la magia del lugar, pero ahora estaba completamente destrozado.

Se paró, no sin dificultad, y se miró a sí mismo en una pared, que hacía de espejo. Observó con deleite un cuerpo musculoso y desnudo, sin cicatrices ni manchas, además de la del hielo pegado a su pálida piel. Pudo apreciar cabellos negros, relativamente cortos, que estaban separados en su cabeza, por la mitad, formando dos grandes mechones en la frente. Además de ojos de un rojo intenso, que advertían peligro.

Le gustaba eso de estar vivo, pero sentía ansias de aplacar esos sentimientos tan fuertes que le agitaban la respiración.

De pronto, una voz proveniente de afuera lo asustó.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

Bueno, aquí les dejé el cuarto capítulo. Espero lo disfruten. Gracias de nuevo a todos los que lees este fic. Manden sus comentarios del capítulo, por favor, y todas las críticas que quieran, no me ofendo fácilmente.

En el próximo capítulo:

¿Quién es ese extraño hombre con poderes sobre las sombras? (¡Oh, Vamos! Es obvio) ¿Qué hará Link en la casa del viejito Ulises? ¿Quién es en realidad ese extraño mago? ¿Se salvará el espíritu de Adalberto? ¿Qué onda con la raza casi extinta? ¿Ruto perdonará a la pobrecita de Zelda? ¿Quedará la princesa huérfana? Algunas de estas cosas (espero que todas, pero no prometo nada) en el próximo capítulo de "El destierro".