Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Solo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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–Number 13–
III
Hunter
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Era un precioso día para iniciar su jornada, la fría mañana hacía que sus músculos se activaran buscando calor. Programó su reproductor de música y se colocó los audífonos, preparándose así para su paseo matutino. Salió de la casa y cerró con llave, saludó a la vecina de al lado, la joven madre le dedicó una sonrisa mientras abría la puerta de su vehículo y acomodaba a sus dos hijos dentro.
Comenzó a trotar con calma por la acera del vecindario, era un lugar pintoresco y tranquilo para vivir. Las casas no estaban muy juntas una de otra, lo cual permitía una sensación de falsa privacidad. Sonrió sarcástico, no existía tal cosa como la intimidad en ningún lugar del planeta, a menos de que fueses un ermitaño escondido en las montañas. Las personas siempre estaban alertas de lo que sucedía a su alrededor, ya sea por precaución, morbo, o simplemente porque no tenían un propósito mejor que espiar al prójimo.
Llegó al parque de la comunidad y recorrió los mismos pasajes que recorría a diario, era un hombre de hábitos muy bien establecidos, no corría riesgos innecesarios, no se salía jamás de las rutas trazadas, hacerlo podría conllevar a un error irreparable y, en su caso, eso indicaría el fin. El estanque rebosaba de patos nadando en el agua casi congelada; algunos ancianos sin qué hacer, leían el periódico en las bancas de hierro esparcidas por todo el lugar. Era un paisaje verdaderamente deprimente, el otoño barría con toda la vitalidad de Konoha, las hojas muertas volaban con el viento helado y los árboles iban secándose poco a poco.
Sintió el sudor de su frente bajar por su sien, giró ciento ochenta grados y regresó por donde había venido. Se detuvo frente a un puesto de revistas leyendo los titulares del día, la misma noticia resaltaba en cada diario de la ciudad: « ¡El coleccionista ataca de nuevo! », «Ya suman veinte las víctimas del conocido asesino en serie "el coleccionista"», « ¡Número veinte, el coleccionista asesina otra vez! ». Continuó con su camino sin perturbación alguna, no necesitaba comprarse cada periódico para enterarse de los detalles, de igual manera, no le importaba recortar la nota y guardarla para la posteridad como hacían algunos. Él tenía un modo menos descuidado y más gratificante de revivir los hechos.
– ¡Buenos días! –lo saludó la adolescente de la casa de enfrente cuando dobló en su calle, la bonita rubia llevaba colgando del hombro su mochila, seguramente iba tarde al colegio como de costumbre.
–Hola Ino –sonrió caballeroso bajando el volumen de la música.
Ella se sonrojó y desvió sus preciosos ojos azules al suelo, aprovechó la distracción de la chica y detalló su apariencia. El abrigo holgado le cubría con precisión la delgada pero voluptuosa figura, la coleta alta aprisionaba su largo y sedoso cabello dorado, permitiendo escapar sólo un mechón en su frente. Como le encantaría recorrer con su nariz esas hebras de oro, reprimió un gruñido de frustración. Sería tan fácil apoderarse de la vecina, igual que arrebatarle un caramelo a un niño. Pero no debía. La primera norma de su manual, era buscar chicas ajenas a su entorno, si convertía a Ino en su víctima, se expondría demasiado, las investigaciones comenzarían en el vecindario, y aunque aquello le resultara excitante, por ahora no quería complicaciones.
–Yo…ehm…quería pedirle un favor. Necesito dinero extra, ya sabe, para los materiales de mis trabajos escolares –se mordía el labio nerviosamente–, me preguntaba si usted no solicitaría de mis servicios, podría cocinarle o…limpiar su jardín, asear su casa –sugería sin mirarlo.
«Pretextos», asintió paciente como si de verdad asimilara la situación de la rubia. Los padres de Ino la consentían en todo, era absurdo que buscara trabajos temporales para hacerse de dinero. Sin duda lo que ella deseaba era acercarse a él.
–Gracias Ino, pero pronto saldré de viaje –respondió amable–, tal vez cuando regrese –la vio avergonzarse y sonreír emocionada–. Que tengas un buen día –pasó a su lado con intención de seguir su camino–, por cierto, ese joven con el que sales…se ve algo problemático, ten cuidado –aconsejó sin voltear.
– ¡Ah…no, él es…es únicamente un amigo, no somos nada, yo se lo juro! –argumentó angustiada reteniéndolo por el brazo.
–Te creo –se giró un poco y le dedicó una mirada tierna–, pero en los tiempos que corren, siempre es bueno ser cauto. Tus padres estarían devastados si algo te sucediera.
–Lo dudo, ellos solo viven para pelear entre sí –respondió melancólica–, gracias por preocuparse por mí –deshizo el agarre rozando su mano antes de alejarse–. Suerte con su viaje y… ¡vuelva pronto!
–Que estés bien Ino –la vio correr apenada.
Sus ojos retomaron su letal crudeza. Si, Ino era la candidata perfecta, cumplía íntegramente con los requisitos de su víctima número veintiuno, si en ese viaje que realizaría, no encontraba lo que buscaba, volcaría su atención de nuevo a ella. Arribó a su hogar más animado, la enorme casona parecía cementerio, el silencio que embargaba cada rincón le ayudaba a aclarar las ideas. Encendió la calefacción y se dirigió de inmediato a su recamara. Retiró la sudadera y la playera, el olor a suciedad en su piel le provocaba arcadas. Depositó las prendas usadas en su respectivo lugar y se internó en la ducha.
La sensación de duelo se disipaba rápidamente ante el entusiasmo que le producía la nueva caza. Vertió unas gotas de champú en sus palmas y comenzó a lavarse el cabello, cerró los parpados y el recuerdo inmediato del cuerpo de Mayu en la zanja se le vino a la mente. Un delicioso escalofrío bajó por su columna, se lamió los labios con la lengua saboreando el momento. Su rostro aterrorizado…sus labios que en un principio fueran cálidos, contraídos en esa mueca grotesca…sus irises sin color, asemejando un abismo profundo y tenebroso…sus huesos remarcándose en sus hundidos pómulos, una pieza del más fino y frágil cristal…jadeó extasiado, la obra de arte perfecta…la sangre de un rojo tan intenso y espeso, construyendo senderos por los que la vitalidad de su musa, abandonaba con prisas su refugio.
Enjuagó la espuma de su cabeza y cogió el gel de baño, esparció en su torso la sustancia inocua y limpió bien la zona, pasó la palma de su mano por el costado izquierdo, las dieciocho marcas horizontales y paralelas eran antiguas cicatrices, con excepción de la nueva herida en honor a su última víctima. La cortada le ardió al hacer contacto con el jabón, lavó la sangre que corrió hasta que la más insignificante mancha roja desapareció.
Al finalizar su ducha, estaba revitalizado. Se detuvo en el umbral de la habitación, el enorme cuarto no le inspiraba nada, la decoración constaba sólo de lo elemental. Una cama individual en el centro –pulcramente hecha–, un buró al lado con una lámpara vieja encima –ambos sin un gramo de polvo–, y un armario con unas mudas de ropa –perfectamente colgadas y planchadas–. La cortina de raso café, impedía eficazmente que se colara la mirada de algún entrometido por la ventana. Sin innecesarios adornos, sin fotografías que indicaran quién era o de dónde provenía, en lo que a él respectaba, no poseía orígenes, no los necesitaba.
De debajo de la cama sacó su diminuta maleta de viaje negra. La acomodó en la cama y se dispuso a empacar lo poco que llevaría con él. Dos pantalones, un paquete nuevo de calcetines y de ropa interior, así como tres camisas –todas ellas en colores oscuros–. Del fondo del armario, removió una pequeña caja de metal, abrió el candado de combinación y se enfocó en sacar una de sus tantas identidades.
–Colt Himura –murmuró satisfecho.
Esta vez se le antojaba ser un agente de bienes raíces, sí. Ya se imaginaba perfectamente la trama de su normal y regular historia de vida. Colt Himura, viajaría a Otogakure con el fiel objetivo de encontrar algunas buenas propiedades para sus mejores clientes, que tenían como deseo establecerse en una ciudad tan tranquila y "segura". Observó los datos en la pequeña identificación, 29 años, soltero sin duda alguna, sin familia cercana, y sin ningún tipo de compromiso, el hombre ideal, sonrió divertido.
Después de comer una ensalada preparada por él mismo, llamó al sitio de taxis más cercano, seguro encontraría un vuelo antes de la una, algo que le favorecía mucho, llegaría rápidamente a su destino, teniendo así toda la tarde para buscar el mejor alojamiento.
Salió de su casa alrededor de las once y cuarto con abrigo en mano, la maleta asemejando más bien a un simple bolso de viaje, no representaría gran curiosidad para sus vecinos, quienes verían aquello como una salida relámpago. Programó la alarma y se dirigió sereno al taxi que lo esperaba justo al frente de la acera.
– ¡Buenos días! –saludó el amable conductor con gesto optimista.
–Buenos días, al aeropuerto por favor –indicó acomodándose relajadamente en el asiento trasero.
A su lado, el diario matutino le ofreció una buena distracción.
–Es horrible que ese animal siga en las calles –el regordete y calvo chofer lo miraba de reojo por el espejo retrovisor, en su expresión se vislumbraba la esperada indignación que los titulares amarillistas suscitaban.
–Así es, una pena que nuestras autoridades sean tan incompetentes –aportó interesado, obviamente el nuevo asesinato del coleccionista era el tema de moda.
–Esas pobres niñas, seguro sus padres estarán deshechos. Yo tengo una pequeñita, siempre he sido muy cuidadoso con ella, en estos días tan violentos y endemoniados que corren, no se puede ser de otra manera –resopló incorporándose al trafico habitual de una de las principales avenidas de Konoha.
–Algunos tal vez, otros al parecer no son tan devotos como usted. Después de todo, aún hay víctimas sin identificar –puntualizó falsamente pesaroso–. ¿Dónde están los padres de esas jóvenes?, evidentemente no tan involucrados como deberían. Es una tragedia que a estas alturas, ellas continúen en el anonimato –repasó la lista que la nota del periódico mostraba. Las victimas que no contaban con una identificación oficial, habían sido catalogadas con algún nombre o apodo basándose en sus características físicas.
Algunas veces se sentía tentado a llamar al encargado del caso y darle él mismo la información, los alias elegidos para sus muñecas, eran tan sin sentido, que le ofendía que las llamasen de ese modo. Como la número cuatro, su seudónimo era Cielo, sólo por poseer ojos azules, el que asociaba los nombres, sin duda carecía de imaginación. O su tan amada número trece, Jade, ¿acaso no habían quedado impactados con su hermoso cabello del color de las flores de cerezo?, ¡Sakura!, quiso gritarles cuando la identificaron con aquel estúpido apelativo de Jade.
–En eso tiene razón –su trance mental fue interrumpido por el hablador conductor–, creo que para ese asesino fue fácil matarlas, porque no hubo alguien que impidiera que se acercara a ellas, pobres chicas, todas tan frágiles y hermosas, estaban en la plena flor de la vida –suspiró dramáticamente–. Espero que lo capturen pronto, y que le den lo que merece, hombres como ese, merecen arder en el infierno por sus pecados.
–Creo que es algo que deseamos todos, ojalá fuera tan sencillo, pero hay que ser positivos –sonrió burlón girando el rostro hacia la ventanilla.
–Hay que tener fe –completó el taxista en un asentimiento.
Sin más cháchara por parte del voluminoso hombre, llegó a su destino sin contratiempos. El flujo de personas era el deseado, podía camuflarse entre la poca afluencia sin sentirse presionado o hastiado.
Después de obtener su pasaje de abordar, se dirigió a la sala de espera, su concentración fija únicamente en sus planes para los próximos días que permanecería fuera de la ciudad. Ya se visualizaba buscando las zonas menos afortunadas de Otogakure, los barrios bajos eran un foco de familias conflictivas o rotas, ideales para encontrar jóvenes descuidadas y menospreciadas fáciles de seducir.
Se recargó plácidamente en la silla, un suspiro de satisfacción ante la nueva anticipación, le dibujó una magnifica sonrisa en los labios. En menos de media hora se embarcaría en su siguiente proyecto, la víctima número veintiuno estaba en camino de ser atrapada.
"Al lobo le gusta vestir con piel de oveja, es su traje favorito…pobre del incauto que acaricie su falso ser y lo incluya en su rebaño"
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Buenas tardes, buenas vacaciones (si es que las tienen), y buenos deseos como siempre.
Este capítulo fue corto, pero como ven no podía abarcar mucho de este extraño personaje todavía, espero les haya gustado, saben que escribo con todo cariño para ustedes, y aunque no actualizo como lo merecen (ósea diario, o por lo menos seguido), eso no quita que no me interese continuar con los fics pendientes.
Quiero aprovechar estos días que se vienen de descanso, ojalá la inspiración se me dé bien, si es así, los leo más rápido de lo que imaginen en esta o el resto de mis historias.
Un saludo bien enorme, un abrazo muy fuerte, cuídense mucho, y gracias por el apoyo de leer, comentar, seguir y dar a favoritos. Los/las quiero, nos leemos pronto!
