CUARTO PERGAMINO: En tierras Poseidónicas

(n/a: Nuevamente pido disculpas, pero el cap 178 lo he modificado para satisfacer mis necesidades creativas, pero he respetado la esencia del relato de la Atlantida según la versión del anime)

Un largo mes había transcurrido desde que Deuside y Athyr partieron de tierras egipcias y se encontraban pocas millas en altamar para llegar a la espléndida Atlántida.

En el momento en que se embarcaron para retomar el viaje por vía marítima, la joven princesa se mareaba constantemente y vomitaba sin ninguna explicación; se sentía avergonzaba con todos los hombres que la custodiaban y estaban al pendiente de ella por se la única mujer en la tripulación, pero su organismo no se sentía bien por no estar acostumbrado al vaiven de las olas y a los movimientos ondulantes del gran barco, y se disculpaba a cada rato por hacerlos pasar momentos incómodos.

Al final del día 30, un grumete divisó tierra y la chica no temió acercarse a la proa del barco para conocer a la famosa Atlántida: un complejo de pequeños cayos rodeaban a una isla central, y todos estaba interconectados por estructuras de acabados más elegantes que los que ella había visto en su viaje a Chin Shih Huang. De igual manera, en el centro del complejo de islotes, se veía una gran cúpula y más en la distancia, tal vez la última isla (la mas alejada) una montaña escarpada con una pequeña edificación en su cima, notando que por los cielos zurcaban pequeños artefactos con personas en su interior, causándole gran conmoción a la joven egipcia.

Athyr estaba sorprendida por lo que veía, cuando el emperador atlante se le acercó con cautela.

-Le presento mi humilde tierra, princesa Athyr- le dijo el hombre y la chica sonrió complacida.

-Es el lugar más bello y colorido que he visto en toda mi vida, emperador Deuside- comentó extasiada mientras lo que observaba de la ciudad se hacía cada vez más claro y detallado por estarse acercando a atraco en el puerto.

-¿Se siente mejor?- le preguntó Deuside y la joven asintió.

-Si- afirmó con un poco de dolor de cabeza –No pensé que el mar me trataría así de mal siendo otra maravilla que he visto en toda esta travesía.

-Y aún no ha visto el templo de Clite en la cima de la montaña, mi bella princesa- comentó el emperador y Athyr le observó con gran expectativa.

Al momento de atracar en el puerto y descender de la gran embarcación, la joven egipcia notó las facciones peculiares de los atlantes: todos, tanto hombres como mujeres, tenían los cabellos de color cenizo o blanco y los ojos azules de distintas tonalidades; vestían túnicas ligeras con prendas delicadas en plata y sandalias estilo babilónico. Los hombres eran de gran estatura mientras las mujeres eran bajas, pero de contextura atletica.

-Las mujeres atlantes tienen un gran parecido con Kisara- pensó la princesa egipcia, recordando a la cautiva de su ahora primo Seth -¿Acaso ella sería de estas tierras?

-Acompáñeme, princesa- le indicó el emperador Deuside, guiándola a un carruaje finísimo ubicado a varios metros de ellos –En palacio nos esperan.

Athyr asintió, cuando el rey se acordó de una orden y le hizo una señal a un subordinado (que tenía el estilo de un sacerdote), y el aludido se le acercó con sigilo.

-Si, ¿mi señor?- preguntó el hombre y el emperador le indicó a su protegida que siguiera su camino; la chica obedeció.

-Envía las tropas a las tierras del heliopolis: uno de sus dos emperadores no permitió hacer negociaciones bilaterales, así que sufrirá las consecuencias de su ingenuidad.

-¿Y que pasará con los atenienses, mi rey?

-Esos helenos también están tras las tierras de los faraones- meditó por unos instantes el rey Deuside, cruzándose de brazos –Es por ello que estamos batallando para controlar esas tierras abundantes; así que sería conveniente enviar una tropa a esas fértiles tierras e invadirla, sin que los atenienses se den cuenta. Hemos estado mucho tiempo en guerra por el control de unas tierras que ninguno ha pisado, asi que si por lo menos asentamos tropas y establecemos un sitio en ellas, será más fácil argumentar la propiedad de la tierra de heliopolis para Atlántida.

-Es usted un gran sabio, mi rey- le halagó su sacerdote e hizo una reverencia a manera de obediencia –Enseguida enviare unas tropas a esas tierras en una tropa de galeras con la misión de sitiar e invadir parte de las zonas rurales con menos seguridad.

-En estos momentos el faraón del Alto Egipto está pasando por un período de oscurantismo debido al mal uso de las fuerzas de sus deidades guerreras, así que sería conveniente atacar zonas retiradas puesto que todo su poderío estará concentrado en la guerra civil interna al interior de la urbe.

-Asi será, mi señor- finalizó el hombre y se retiró del lugar.

Deuside caminó rápidamente para dirigirse al carruaje, acomodándose al interior del mismo.

-¿Sucedió algo malo?- le pregunto la joven egipcia y el aludido negó con la cabeza.

-Nada que no se pueda controlar, mi bella princesa- le tranquilizó.

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-¡Papá! ¡Papá!- exclamaba una pequeña niña de cuatro años al encuentro de su padre, luciendo las túnicas reales de la alcurnia atlante.

El hombre la observó con dulzura y agachándose a su altura, la tomó con fuerza entre sus brazos y le brindó el más calido de los recibimientos.

-Mi bella Chris, mi preciosa sirena- le halagó su padre, acariciándole sus cobrizos cabellos entrenzados y le besó la frente -¿Te portaste bien?

-Si, papá- afirmó la niña y observó al hombre que la estaba protegiendo –El abuelo me cuido mucho.

El alto emperador de aquellas tierras observó a su progenitor con respeto, mientras la invitada del rey veía en silencio y asombrada lo que ocurría en esos momentos.

El felino siames maulló, llamando la atención de la niña, y la pequeña se acercó a la mujer extraña, aferrada de la mano de su padre.

-¿Qué es eso, papá?- preguntó Chris con extrañeza y miró a la mujer de facciones extranjeras -¿Y ella quién es?

-Es una invitada que nos acompañará de ahora en adelante, mi princesa- le respondió el atlante y la cargó en sus brazos –Su nombre es Athyr, princesa del Alto Heliopolis.

El hombre de mayor edad agudizó la mirada ante el lugar de procedencia de la mujer y se acercó a su hijo y nieta.

-¿Y ese bicho tan raro, que es?- preguntó la niña y el gato maulló.

Athyr, estaba sorprendida por lo que estaba escuchando: ¿Cómo era posible que les entendiera su lenguaje si la lengua egipcia era tan distinta a los sonidos que estaba escuchando de los allí presentes? No obstante, se arriesgó a hablar, contestándole a la joven princesa.

-Es un gato, princesa- respondió Athyr en su lengua egipcia, mientras la familia real le entendía en la lengua atlante –Se llama Hassib.

El felino con su pata delantera tocó suavemente la manita de la pequeña y la niña sonrió divertida.

-Es suavecito- dijo, atreviéndose a tocar al felino y con sus dos manos y sintió el mullido pelaje del gato, a pesar de la contextura delgada de la raza siamés -¿Puedo?

Athyr asintió con una sonrisa y depositó a Hassib entre los brazos de la princesa, para que después el rey Deuside la dejara en el suelo y se entretuviera con el felino.

-Es un espécimen bastante interesante, señorita Athyr- le comentó el hombre de mayor edad a la joven egipcia e hizo una reverencia con su brazo derecho a manera de saludo –Sea bienvenida a esta nuestras tierras: yo soy Corazón de Acero, el gobernante de la Atlántida.

-Un placer, Corazón de Acero- saludó la princesa egipcia y retiró la capucha de su gabardina para que la observara mejor.

-Tiene una belleza exótica, señorita Athyr- le halagó el padre de Deuside y la chica se ruborizó –Su tez bronceada hace un lindo contraste con el color oscuro de su cabello y los ojos miel de sus iris: muy diferente al prototipo de belleza de la mujer atlante.

Athyr se tornó mas sonrojada cuando Deuside sonrió.

-¿A qué se debe el honor de tenerla en nuestra isla?- le preguntó Corazón de Acero a la joven egipcia.

La hermana del Faraón Atem aun no salía del asombro de poderles entender en su idioma atlante: escuchaba en lengua distinta, pero algo en sus subconsciente le traducía los significados al homólogo egipcio, y se sentía algo fascinada por lo que estaba sucediendo con esa comunicación divina.

-Mis tierras están en guerra civil interna, Corazón de Acero- respondió Athyr y aferró con fuerza su urna de jade –Mi hermano, faraón del Alto Egipto, quiso protegerme enviándome a tierras seguras y le pidió el gran favor a su hijo para que me diera asilo político en Atlantida, mientras se culminan los enfrentamientos.

El hombre observó a su hijo en un tono de reproche, no entendiendo el proceder del chico si al interior de la Atlántida también estaban sucediendo acontecimientos extraños desde que cayeron del cielo aquellas piedras misteriosas, por lo que no era tampoco un lugar seguro para la mujer extranjera.

-Es… es un gesto muy generoso por parte de Dartz el haberte protegido en estas tierras- comentó Corazón de Acero colocándole una mano en el hombro de su hijo, mientras la pequeña Chris jugueteaba encantada con Hassib, quien también estaba fascinado con la presencia de la niña –Espero que tu estadía sea agradable y que aprendas muchas cosas de nuestras tradiciones.

-Gracias, señor- agradeció la chica, con una reverencia de cabeza, cuando el hombre tomó con sutileza la urna de jade de las manos de la chica.

-Debo suponer que esto es un senet, ¿no es cierto?- le preguntó Corazón de Acero y Athyr se sorprendió por lo que había escuchado.

-¿Cómo… cómo lo sabe?- balbuceó extrañada y el aludido sonrió.

-La sabiduría de los años, pequeña- le dijo con jovialidad y se retiró del lugar, cuando la niña siguió a su abuelo con el felino detrás de ella.

-Te voy a presentar a mi mascota, Hassib- le decía Chris al felino, llevándolo entre sus brazos, haciendo referencia a su cánido –Sé que se llevaran muy bien.

Mientras tanto, Athyr los veía alejarse con gesto de perplejidad, tratando de hallar una respuesta razonable a lo que le estaba sucendiendo.

-Pero… ¿cómo?- se cuestionó la joven egipcia muy impresionada y Deuside se le acercó.

-Corazón de Acero ha viajado por tierras cercanas antes de que nacieramos, princesa Athyr- respondió el hombre y la aludida le observó con algo de recelo.

-Su padre le llamó "Dartz"- recordó la chica -¿Acaso ese es su nombre en atlante?

El hombre asintió.

-Me imagino que debes estar sorprendida también porque haz estado entendiendo el lenguaje atlante, ¿verdad?

Athyr aprobó con energía, con un gesto de expectativa.

-¡Si! ¿Por qué?- le preguntó con ansiedad -¿Por qué he podido entender el lenguaje que hablan ustedes?

-¿Recuerdas que te dije, cuando salimos de Karnak, que lucieras la prenda que te regalé desde el mismo instante que abandonáramos tus tierras?

Athyr recordó la amazonita en su pecho y lo tocó con cautela.

-Es por esta piedra, ¿verdad?

-Así es- dijo el emperador Deuside –El orichalcos hace que se rompa la maldición de Babel, logrando que nos comuniquemos en una lengua universal aunque escuchemos un lenguaje distinto al que nos hemos acostumbrado a escuchar (n/a: La maldición de Babel es invención mía, tomada del pasaje bíblico de la confusión de las lenguas en la región de Sinar [Gen 11])

-¿La maldición de Babel?

-Fue la maldición universal de una deidad de oriente para castigar la arrogancia de los hombres por construir una edificación que los acercara al santuario del dios; y esa maldición castigó a todos los habitantes del mundo, estuvieran involucrados o no.

-Mmmm- murmuró la chica –Ahora entiendo de donde se origina que existan lenguas tan distintas: yo pasé momentos incómodos en Chin Shih Huang porque al principio no podía expresarles mi intenciones para con ellos; gracias a Ra, tuve la dicha de contar con una persona que entendía las dos lenguas y agradezco a ese individuo su valiosa ayuda para comprender los hábitos de la gente de oriente.

Enseguida, la chica se quitó el collar y miró el orichalcos con alegría.

-¡Cómo me hubiera servido esta alhaja en esos momentos!- exclamó con alegría, cuando recordó a su hermano y a su reino y cambio su gesto repentinamente.

El emperador le observó, entendiendo su nostalgia y suspiró hondo.

-Te recomiendo que descanses, princesa Athyr- le sugirió el hombre y le señaló una puerta –Debes estar cansada de un viaje bastante largo y estresante para ti.

-No mucho- dijo la chica y sonrió –Es una gran sorpresa que usted ya sea padre, emperador Deuside- le comentó, cambiando de tema y remembrando a la pequeña princesa –Tiene una hija muy bella.

-Igual que su madre- susurró con algo de molestia el rey de Atlántida, y Athyr no alcanzó a comprender lo que había murmurado el hombre de cabello blanco largo.

-Ahora que lo veo…- meditó Athyr mirando hacia arriba de reojo –Mi hermano se hubiera escandalizado si se hubiese enterado de que el contratista del pacto comercial no había sido honesto en sus intenciones con relación a la garantía prendaria.

El rey atlante se detuvó y la chica le observó extrañada.

-¿Sucede algo malo?- le preguntó Athyr confundida de la actitud silenciosa del hombre que la miraba con detenimiento, y sonrió levemente.

-¡Tiene razón!- exclamó para darle la razón, y ambos continuaron caminando –Pero eso solo lo sabemos los dos y morirá con ambos, ¿verdad?

La princesa egipcia asintió con jovialidad, mientras la pareja se acercaba a un pasillo lleno de habitaciones.

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-¡Todo es culpa de ese aerolito que ha caído del cielo! ¡Esa piedra será la perdición de nuestra civilización!

-¡Eso es mentira, padre!

-Como me puedes decir eso, Dartz: desde que esas piedras aparecieron en Atlántida como estalacmitas, nuestra gente se volvió arrogante, egoísta y hereje ¡Ya no respetan a Poseidon y Clite!

-Tambien gracias a esas piedras hemos avanzado mucho en la ciencia y en nuestras invenciones, padre: si no fuese por el orichalcos no hubiesemos dado la batalla que le estamos dando a los atenienses.

-Esa batalla también es un ridículo absurdo: estamos bien con las tierras que nos dieron los dioses ¿Por qué debemos invadir tierras que no son nuestras?

-Para aprovechar su agricultura y tesoros, padre.

-Esa no es la respuesta de un hombre sensato, Dartz: estas respondiendo como un ser con ambición y desprecio.

Los hombres se miraron con enfado, cuando el mayor de los dos suspiró hondo.

-Por favor, hijo mío: esa piedra ya esta influyendo sobre ti, como lo hizo con Iona

-¡No metas a Iona en este asunto! Ella en su ambición de poder se transformó en esa horrible criatura: ese fue el castigo de Poseidón por su codicia.

-¡Sabes bien que eso no es cierto! El orichalcos la transformó en eso y para que no lastimara a Chris tuviste que…

-¡Basta, padre!- el emperador Deuside se tumbó al suelo agarrando sus cabeza con fuerza, mientras recordaba el asesinato de su esposa y el dilema que se le había presentado al elegir entre dos vidas -¡No fue fácil para mí tomar esa decisión! ¡Era el amor de mi vida! La madre de mi pequeña: O era Iona… o era Chris.

El joven rey de Atlantida lloró con desconsuelo, mientras su padre se agachaba para consolarlo.

-Hijo… por favor… por el bien de nuestra sociedad… manda a retirar el orichalcos de Atlantida y que lo sumerjan en las aguas profundas: Poseidón sabrá que hacer con ellas.

Un minuto de silencio inundo el lugar.

-Hazle caso a la sabiduría de Corazón de Acero, Dartz- le recalcó su padre y el aludido levantó la mirada, mientras ambos parientes se daban un abrazo fraternal –Por Chris, hijo mío: retira las piedras de Atlántida. No permitas que a la niña también le suceda lo mismo que a Iona, y ella no dude en asesinarte sin piedad.

-¡Jamás! Primero muerto antes que a Chris le paso algo.

-Entonces hazme caso y obedece mis palabras: ¡Retira el Orichalcos de Atlántida!

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Dartz divagaba en la oscuridad en una de las plazas más grandes de su ciudad; sentado sobre una banca y en posición meditabunda, el emperador atlante recordaba aquella discusión con Corazón de Acero y miró en la distancia como varios picos del orichalcos parecían monumentos por todo el lugar, mientras emanaban un tenue brillo verduzco.

-¿Cómo puede ser posible?- meditó sobre el poder de las piedras y recordó las bendiciones que su tierra había recibido por ellas -¿Cómo una piedra puede tener el poder de cambiar el corazón de los seres humanos? ¿Cómo?

Levantándose del asiento, y caminando sobre la plaza y con el cielo más estrellado que nunca antes se había visto en su tierra, se acercó al monolito más grande ubicado en el centro de la plaza, cuando la piedra brilló ante la presencia del hombre.

-Tú no debes poseer una esencia maligna- le hablaba el emperador atlante a la piedra –Nos has regalado la dicha de avanzar en la ciencia y en la tecnología esclareciendo las incógnitas que teníamos sobre la esencia de la vida y de las invenciones: eres nuestra clave para ser mejor que las demás civilizaciones.

Dartz tocó la piedra apoyando toda su palma derecha, cuando el orichalcos brilló con más intensidad.

-Gracias a ti… - vaciló el hombre, cambiándosele el tono de la voz –Destruiremos a los estúpidos atenienses… y a esos testarudos egipcios. ¡Dame el poder para vencer sobre esos ignorantes!

En ese preciso momento, el iris derecho del ojo del emperador matizó tono miel en un azul cielo; toda la ambición y los malos deseos se manifestaron en su rostro, y el orichalcos estremeció la tierra atlante y los cielos se nublaron al instante, como quien observa en la distancia la predicción de una tormenta interminable.

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NOTAS DE AUTORA: ¡se viene la destrucción de la Atlantida! ¡Y el regreso de hijo pródigo a casa!