Holas!! Primero, siento el retraso, pero como ya había mencionado antes estaba en periodo de exámenes finales T.T. Sólo uno más y podré dedicar más tiempo a mis fics wii! xD. Y segundo: muchas, muchas, muchas gracias por su apoyo mediante reviews, alertas, visitas y favoritos!!! Me alegran el día chics!!! que doy incluso miedo xD:

Anna, syuuki06, slipknot, kira christhopher, setsuna17, Megami mars, shirabe hikeda, alaniXo, cris, Paulaa, Kanami-kaname-'Sango-chan' , , Minako K, sui-chan, ANAID, kuchiki rukia ichi, aniyasha, Last firts kiss, marilole, HeYa.s, Dannii!, Lau Potter Asakura, CONEJA, hi-chan, sakata-2.

WOW!!! 25 reviews!!!!!!!!!!!! qué felicidad T.T Me esforzaré en no decepcionarles ;D.

Antes de comenzar voy a señalar que desde este capítulo, se acelerarán y condimentarán las cosas xD. Por algo salió el capítulo laaargo xD (es que quiero llegar pronto a la parte que he soñado :B… ) ¡sí, hay muchas más sorpresas que tengo bajo la manga! xD.

"Los personajes no son míos sino de Rumiko-sensei :B. Pero ya tendré a Sesshoumaru para mí kukuku..."


Capítulo 3: Parentesco familiar; odio y adoración.

Kei resopló apoyando la cabeza con sus manos.

Ya habían pasado cuatro días desde que habían salido de la aldea y la relación entre Inuyasha y Kagome no era la que mejor de todas hasta el momento, o al menos no como le habían narrado en su época: La batalla contra Yura, la Youkai que manipulaba los cabellos, jamás se presentó y como consecuencia de ello Kagome no sabía aún como volver a su época e Inuyasha tampoco tenía noción alguna sobre donde provenía Kagome.

Un verdadero fiasco; la historia no seguía su curso debido a su gran irresponsabilidad.

Gruñó bajito - ¿Te falta mucho, okaasan?- preguntó una aburrida Kei.

- ¡E-e-está-á de-e-e-masi-a-a-a-do fría-a-a! – Se quejaba Kagome introduciendo su cuerpo desnudo en el agua.

Rodó los ojos frustrada.

Jugar con sus pies en el agua era la única entretención que había hallado para pasar el rato mientras descansaba junto a sus adolescentes padres a las orillas de un pequeño arroyo. Y aunque había sido petición de Kagome del pequeño descanso para poder bañarse, Kei no podía evitar fruncir el ceño por las exageradas reacciones de su joven madre. ¡Ni ella hacía tanto escándalo cuando la obligaban a tener su aseo diario en pleno invierno!

- ¡Feh! Eres una llorica- se quejó Inuyasha dando un gran bostezo.

Y hablando de exageraciones…

Por más que Kagome le había gritado que se marchara para poder darse un baño tranquila, Inuyasha la ignoró olímpicamente diciendo "Como si algo interesante fuera a ver" dándoles la espalda se quedó recostado de lado para observar las interesantes rocas.

Si Kei no hubiese intervenido a tiempo, él ya habría estado a muchos metros bajo tierra por su gran bocota.

Pero en esta ocasión, su madre fue más rápida que ella.

Levantándose de golpe, con las suaves ondas del agua del arroyo cubriendo hasta la zona de su cadera, echa una furia Kagome le señaló con el dedo índice por mero instinto a pesar que el peliplateado ni siquiera la miraba.

- ¡Mejor te callas, Inuyasha o si no…!

- ¡O si no qué! – exclamó orgulloso dándose la vuelta rápidamente para desafiarla con la mirada.

Luego todo pareció a ir a cámara lenta. Las tres respiraciones se habían cortado, y ninguno era capaz de decir una sola maldita palabra.

La mente del Hanyou le advertía que tenía que salir de aquel lugar lo más rápido posible y, sin embargo, sus ojos no podían desviarse de la figura desnuda de Kagome por algún desconocido motivo para él.

Al sentir la escrutadora mirada ámbar sobre su desnuda persona, pequeñas mariposas comenzaron a formarse en su interior y su atontado corazón no le servía de gran ayuda. La sangre se acumuló rápidamente en sus mejillas tornándose rojas debido a la mezcla de la vergüenza y la furia.

No se tenía que ser un genio para saber lo que se aproximaba.

Kei se tapó los oídos fuertemente-Lo siento, chichi hue. Me parece que no podré salvarte de ésta- le susurró a Inuyasha.

- ¿Ah? – fue lo único que alcanzó a decir el ojidorado saliendo recién de su atontamiento.

Grave error.

- ¡¡¡¡OSUWAAARIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!- gritó a todo pulmón que hasta los pobres pájaros que se refugiaban en el bosque salieron asustados.

Minutos más tarde cuando lograron calmarse… un poco.

- ¡Eres un hentai! ¡Un… un maldito ecchi, Inuyasha!- le acusó Kagome una vez vestida mientras estrujaba su cabello húmedo.

Inuyasha arrugó la nariz.

- No soy hentai ni ecchi, baka. ¡Tú fuiste la que se levantó y te dejaste expuesta! – contraatacó Inuyasha sonrojado al recordar la escena.

- ¡Me llamaste llorica! ¡No me puedo quedar callada cuando me insultas!

- ¡Pero yo no te hago tragar la tierra cada vez que me enfado!

- ¡Tú me haces enfadar!

- ¡Tú no me das la perla! ¡Así que me tendrás que soportar!

- ¡Me provocas!

- ¡¿Cómo que te provoco?! ¡Tú eres la que lo hace!

Kei miraba sentada en una roca a Inuyasha y luego a Kagome. Esto era insólito para ella. En el futuro, ellos no peleaban por cada pequeño suceso como lo hacían ahora ante sus narices. Claro, siempre existirían esas típicas discusiones de casados y uno que otro "¡osuwari!" suelto para su chichi hue. Pero esto era completamente absurdo y ya era hora de ponerle un alto a la situación antes de que se descontrolara más de lo debido.

Se levantó de un salto de la roca e interponiéndose entre ambos, puso sus manos en el pecho de cada uno para intentar alejarlos un poco.

- ¡Están peor que pareja de casados!- les llamó la atención enfadada la ojidorada callando de inmediato a los alegatos de ambos jóvenes- Y pensar que serán mis padres ¡qué vergüenza me dan! – bueno, eso lo había dicho más para hacerlos sentir culpables.

-…

-…

Y justamente había sido como una gran bofetada para ellos.

Pero… ¿Quién era ella para criticarlos? Después de todo, los sucesos estaban siendo cambiados por su culpa. Sólo por su estúpida culpa.

Se mordió el labio angustiada- Yo… vendré cuando estén más calmados. Nos… vemos luego- sacó lentamente las manos de sus pechos, y con un nudo en la garganta salió disparada hacia al bosque transformándose.

Inuyasha y Kagome se quedaron en silencio por unos segundos para luego mirarse con extrañeza olvidándose todo el alboroto que habían causado.

"¿Tan estúpidos actuamos?" Era el mensaje que se transmitían con la mirada.

La pelinegra deshizo el contacto visual, inspirando aire profundamente para luego cerrar los ojos con culpabilidad.

- Creo… que nos hemos comportado como unos verdaderos idiotas ¿Ne, Inuyasha?- sonrió con amargura.

El ojidorado cruzó sus brazos de manera orgullosa.

- Habla por ti, yo siempre actúo muy natural- Kagome se rió ante lo dicho e Inuyasha analizó sus palabras detenidamente- ¡No, espera! ¡No quise decir eso! Mierda…- masculló por lo bajo al ver la cara sonriente de Kagome.

¡Cómo lo desconcertaba por completo! Y sólo con ver su rostro de finas facciones, con aquellos ojos chocolates resplandecientes y llenos de expresividad, sus mejillas que se sonrojaban ya fueran por una oleada de furia o de vergüenza; sus labios rosados que formaban aquella amable sonrisa cuando no la hacía enfadar…

… Y pensar que en algún extraño punto futurista sería suya…

"¡Oh diablos! Esa niña es la que mete patrañas a mi cabeza." Prefería echarle la culpa a su… maldita hija, sí, a ella la culparía por las reacciones y emociones que estaba comenzando a tener.

De reojo observó como Kagome se alejaba de él con un arco en sus manos en dirección hacia al bosque. Cada vez que ella tomaba el camino por su cuenta le sucedía algo, y claro, además tenía la Shikon no Tama consigo por lo que debía vigilarla de cerca.

Así que… ¿Qué estaría pensando esa chica tonta…?

Gruñendo para sus adentros, se movió rápidamente para quedar frente a ella.

- ¿Y tú a dónde diablos vas, eh?- la interrogó entrecerrando los ojos.

- Pues… a buscar a Kei- dijo nerviosa e Inuyasha la quedó mirando fijamente- Hay algo que me inquieta... un mal presentimiento. No sé cómo explicarlo… ¿será algo instintivo? Ya sabes, porque ella es…- alcanzó a balbucear sonrojada desviando su mirada de él.

"... hija" dedujo Inuyasha en su mente formando una mueca. Su mundo se estaba yendo de cabezas.

Sin previo aviso alguno, jaló a Kagome hacia su cuerpo para cogerla entre sus brazos.

- ¡¿Pero qué haces…?!- logró decir tragando saliva nerviosa.

Inuyasha frunció el ceño molesto.

- Cállate de una vez, perra. Te demorarías mucho más en buscarla sin mí, así que sujétate fuerte- comenzó a correr por el bosque. Kagome rodeó su cuello de inmediato- Esa Kei sólo sabe meterse en líos, quizás lo aprendió de ti- comentó de modo burlesco.

Ese simple comentario la había picado. Estuvo a punto de hablar para contradecirlo, pero luego de pensarlo algunos segundos prefirió quedarse callada para no iniciar un nuevo pleito entre ellos. Y él decía que no la provocaba a propósito.

- Esa tonta…

El aroma de Kei iba en dirección hacia a la aldea. Frunció más el ceño. ¿Es que acaso no era ella la que había dicho que se tenían que ir para no poner en peligro la seguridad de los aldeanos? Y no es que a Inuyasha le importaran las vidas de aquellos humanos, pero otra cosa era aquella niña que tenía su misma sangre y eso sí que le traía verdadero dolor de cabeza.

Olfateó el aire nuevamente, el olor de Kei se empezaba a mezclar con uno más potente y que llegaba a ser incluso desagradable para su sensible nariz. Rechinó sus dientes irritado. La esencia de Youkai apestaba en el bosque.

- Kuso*- Corrió más fuerte.

Kagome movió la cabeza inquieta para saber qué era lo que le pasaba a Inuyasha – que tenía la mandíbula demasiado tensa para su propio bien-. Volteó la vista hacia al bosque esperando ver si encontraba la causa de la irritación del joven hanyou. Sin embargo, no esperaba que en medio del camino que conectaba a la aldea de la anciana Kaede se encontrara un detalle demasiado extraño: filos hilos envolvían los alrededores, y que al parecer Inuyasha no se daba cuenta de ello ya que avanzaba con velocidad hacia a ellos.

Alarmada al ver que estaban a punto de chocar con la gran envoltura de aquellos hilos, Kagome le jaló del cabello- ¡Detente!- ordenó firme.

Inuyasha por el dolor del tirón se detuvo abruptamente pero apenas, ya que uno de los hilos le había alcanzado a cortar su mejilla izquierda logrando sacar sangre de ella.

Dejó a Kagome a un lado y tocó el corte que había en su mejilla- ¿Cómo…?- miró los restos de sangre en su dedo índice intentando hallar una explicación.

- Lo hizo el hilo- respondió la pelinegra señalando los alrededores. Inuyasha no entendía a que se refería.

- ¿Hilo? Yo no veo nada.

Kagome inspeccionó el lugar más detalladamente. La zona estaba colapsada por aquellos "hilos" - Esto no es bueno…- murmuró frustrada.

Se acercó al ojidorado que la observaba curioso. Buscó entre sus vestimentas si aún conservaba un pañuelo- ¿Hay un Youkai, verdad?- preguntó a la vez que sacaba un pañuelo de uno de los bolsillos que tenía su falda y lo acercaba cuidadosamente a la mejilla bronceada y con sangre del hanyou.

- Sí- apenas pudo responder por el tímido contacto que la chica le hacía para limpiar la sangre- No me voy a morir por un pequeño rasguño.

- No me gusta ver sangre en tu rostro, Inuyasha- dijo sincera finalizando con su tarea. Alejándose de él para darle un poco de espacio al chico, que prácticamente se había aturdido por su comentario- Hay que hallar a Kei- dijo decidida.

Inuyasha se posó frente a ella y con un pequeño gesto le indicó que se subiera a su espalda. Kagome asintió siguiendo su orden. Rodeó con sus brazos el cuello del peliplateado.

- Te indicaré un camino.

- Bien- sujetó con fuerza las piernas de la chica para empezar a saltar y seguir la dirección que le indicaba Kagome.

Si tan sólo hubieran prestado más atención a sus gestos y palabras, si quizás la situación no hubiera sido tan tormentosa, tal vez se habrían dado cuenta que sí podían lograr soportarse y que la expectativa que tenían sobre el otro comenzaba a aumentar.

Pero por supuesto, ambos eran un poco lentos para ello.

Kei golpeó a un inofensivo árbol por décima vez- ¡Rayos, rayos, rayos!- se quejó dando puñetazos para exteriorizar su furia ahora que se encontraba sola- ¡Todo sale mal! ¡Jodidamente mal y es por mi culpa! – dio un giro y finalizó dando una patada para derribar el pobre árbol.

Se tiró al suelo exhausta con la respiración agitada, entrecerrando los ojos fuertemente para evitar el contacto directo con el sol. No lo podía evitar. Siempre que se transformaba en hanyou, sus emociones solían ser más fuertes, llegándole incluso a dominar. Y si se trataba de pena y furia, era mejor que se alejaran de ella para que no vieran su lado más descontrolado.

Tampoco supo cómo había llegado en tan poco tiempo a la aldea, ni mucho menos cómo logró estar tan cerca del pozo devora huesos. Supuso que sus poderes aumentaban conforme a su edad, y probablemente le hubiera emocionado en otro momento, ya que lo único que había en su mente eran tortuosos pensamientos sobre cómo estaba arruinando el futuro más de lo que ya estaba de por sí.

- Soy una tonta…- sollozó.- Tal vez si no hubiera interferido, si no hubiera abierto mi bocota diciendo que era su hija... todo habría ocurrido como me narraba okaasan por las noches.

Sacó a Sabba cuidadosamente de su funda y la alzó para tenerla frente a sus ojos. Los rayos del sol incidían sobre ella dando pequeños destellos con los colores del arco iris.

- Si tan hubiera sido más fuerte…- murmuró frustrada- Si no me hubiera escapado por una idiotez, quizás aún estaría con mi familia y amigos- tocó el filo de la hoja con su pulgar- Si otousan no me hubiera encontrado junto a él… - frunció el ceño con rabia- ¡Nunca tuve que ayudarle…!

Pero no servía de nada las lamentaciones ahora. No tenía sentido alguno, ya las cosas habían ocurrido y si había viajado en el tiempo era para intentar revertir lo que produjo sus acciones. Sólo que además ahora lidiaba con que se encontraba con sus padres adolescentes y sus peleas sin sentido, eso ya era de por sí agotador.

Observó con detenimiento su rostro reflejado en la espada, lucía deplorable. Si quería volver antes del atardecer con sus jóvenes padres tenía que aparecer más animada. No había que causar más problemas de los que ya estaban.

La suave brisa meció sus cabellos plateados, provocándole un cosquilleo en sus orejas. Estaba decidido, iba a relajarse unas horas antes de volver. Cuando estuvo a punto de bajar a Sabba logró ver el reflejo de unos ojos rojizos, que claramente no era los de ella.

"¡Diablos…!"

Rápidamente se puso de pie, dando unos cuantos saltos hacia atrás para ponerse en la defensiva hasta chocar con el borde del pozo. Sintió dolor en sus brazos, por lo que de inmediato los observó. Era como si se hubiera cortado.

- Vaya. Pensé que serías más lenta para poder cortar tu cabeza y trabajar con esos hermosos cabellos- se mofó una delicada voz femenina que apareció frente a ella.

La ojidorada abrió los ojos sorprendida. Aquella Youkai de cabello corto, facciones delicadas y con una vestimenta extravagante…

- ¡¿Tú eres Yura Sakasagami?!- la señaló enfadada- "Maldita, te dignas a aparecer cuando no te necesito"- gruñó. Claro, era la chica de los cabellos.

Cabellos que ella no podía ver para su desventaja.

- Niña sin modales. ¿No te han enseñado tus patéticos padres que es malo señalar a la gente?- una vena apareció en su frente.

- ¡Cállate, vieja!- el buen humor se le había ido de inmediato. Nadie se metía con la enseñanza que sus padres le otorgaron.

La Youkai se mosqueó también. ¡Nadie le llamaba vieja!- Me desharé de ti en unos segundos, pero te torturaré lentamente cortándote las extremidades- sonrió sádicamente avanzando hacia la peliplateada.

Kei la miró desafiante. Si algo en que tenía experiencia era pelear con Youkais gracias a los viajes que hacía con sus padres para ayudar a otras aldeas.

- Veamos si es que puedes, vieja puta- sonrió burlesca.

¡Aquella mocosa la había exasperando! Yura movió sus dedos rápidamente manipulando los cabellos cortantes para arrancarle la cabeza de una buena vez. Kei ni tonta ni perezosa agitó a Sabba con un simple y delicado movimiento- ¡Amateratsu!- una gran onda explosiva de fuego avanzó hacia a Yura que, desgraciadamente, desapareció a una velocidad que sus ojos no podían seguir.

Movió su cabeza con cuidado y puso sus sentidos en alerta. No sabía dónde se encontraban los cabellos a su alrededor. Todavía chocando la espalda con el borde del pozo intentó concentrarse para hallar la esencia pesada de la Youkai.

- ¡Muy lenta, mocosa!- escuchó su voz por detrás de ella.

Quiso darse media vuelta, mas su brazo fue envuelto por los cabellos provocándole más cortes.

- "No puedo morir así. No con esta patética Youkai"- sus ojos dorados brillaron furiosos.

Una sombra apareció frente a ella, cortando los cabellos que la tenían prisionera y empujándola hacia a un lado.

- Demonios, tú sí que sabes meterte en problemas- bramó enfadado Inuyasha- ¡Sankon Tessô!- lanzó su ataque a la chica que quería atacar a su hija. La Youkai retrocedió dando saltos.

Kagome se bajó de la espada de él para quedarse junto a Kei.

- Sentimos mucho lo que pasó hace unas horas, Kei-chan- se disculpó la pelinegra examinando el brazo herido- ¿Fue por los hilos…?

- Son cabellos- aclaró la joven avergonzada de haber sido tan descuidada.

- Sea los que sea, están causando demasiados problemas- arrancó de su blusa un poco de tela para realizar un vendaje alrededor del brazo de la joven para detener la hemorragia.

Yura detuvo sus movimientos para observar con detenimiento el cuello de la pelinegra que vendaba a la niña que le causaba problemas. Sonrió satisfecha ante su descubrimiento.

Rió jovial ignorando las miradas desafiantes del trío de jóvenes- Así que los rumores son ciertos. La Shikon no Tama volvió en una estúpida humana que se dice que es la reencarnación de Kikyo, que es acompañada por un patético hanyou y otra inepta- lamió su labio- Voy a dar dos pájaros de un tiro, obtendré la perla y hermosos cabellos plateados para mi colección- movió sus dedos ágilmente y dirigió el golpe de los cabellos hacia Kagome.

- ¡No!- Kei rápidamente cubrió a Kagome con su cuerpo, recibiendo ella el daño en su pecho. Sin embargo, fue tal la fuerza y la velocidad que ambas fueron empujadas hacia atrás, cayendo juntas dentro del pozo con un fuerte grito que poco a poco iba despareciendo a la vez que una intensa luz violeta las envolvía.

- ¡Mierda!- gritó al ver que las chicas caían en el pozo devora huesos- ¡Kagome, Kei!- Inuyasha se olvidó de la Youkai y saltó dentro del pozo.

- ¡No escaparán!- Yura se acercó al pozo con la ayuda de los cabellos preparándose para atacar, pero no halló a nadie en él- Pues… escaparon- Pestañeó confundida- Bueno, en algún momento volverán- rió contenta- Y los estaré esperando ansiosa…- lamió la hoja de su espada con una sonrisa sádica.

Luego de haber visto una intensa luz violeta a su alrededor, todo se volvió oscuro e incluso húmedo.

- ¡Ittaai! Eso dolió- dijo Kagome sobándose la espalda. Detuvo su acción al ver las heridas que se Kei se había hecho al protegerla- ¡Tengo que curarte de inmediato!- Kagome intentó levantarla para poder cargarla.

Pero Kei, aún en su forma de Hanyou, no le prestaba atención, es más, ni siquiera parecía estar conectada con la realidad. Se encontraba agotada e ida al haber utilizado el poder especial de su espada. Sus ojos habían perdido su brillo característico. El no poder dominar por completo las técnicas ocultas en Sabba la hacían sentir inferior e inútil.

Inuyasha cogió a una desconectada Kei entre sus brazos

- Vamos, Kagome- le indicó con la mirada que se subiera en él para poder salir del pozo. La chica acató la orden de inmediato.

Con un gran impulso en sus piernas, Inuyasha saltó hacia al exterior esperando encontrar un lugar para que Kagome pudiera atender las heridas de la chica que tenía entre sus brazos. Pero se encontró encerrado en una… ¿cabaña?

- Estamos en mi época…- murmuró Kagome sorprendida.

Kagome se bajó de Inuyasha de un gran salto, corrió hacia las puertas y las abrió.

El cielo teñido de naranja, la brisa suave y cálida que traía pequeñas hojas de los árboles que se encontraban en los sectores vecinos; y la hermosa puesta de sol les estaba dando la bienvenida a la época originaria de Kagome.

Kei entreabrió un ojo y se quedó sin aliento. Siempre había soñado con conocer el anterior hogar de su okaasan.

Kagome salió de su emoción por hallarse en su hogar para centrarse en los cuidados de Kei. Le indicó con una seña a Inuyasha que la siguiera.

La casa de Kagome se encontraba a unos cuantos metros de distancia. No pudo evitar que las lágrimas salieran al ver a su amada madre barriendo las hojas que estorbaban el camino del templo.

- ¡Mamá!- le gritó Kagome corriendo hacia a ella para abrazarla con fuerza- ¡Te extrañé tanto!

- ¡Oh, Kagome! Nos tenías a todos preocupados- tiró la escoba para abrazar a su hija con dulzura-Ojīsan ha hecho tantos rezos en el pozo desde que te fuiste. Me alegra que hayas regresado a salvo- le sonrió. Luego de separarse de su hija se dio cuenta que no se encontraba sola- ¿Vienen contigo, Kagome?

La chica se centró en Kei e Inuyasha.

- Sí. Necesito curar a…

- Soy la hija de Kagome y la de él, baachan- murmuró Kei entreabriendo sus ojos lentamente.

Inuyasha y Kagome se paralizaron.

- ¡Tú que no estabas inconsciente!- le criticó sonrojado Inuyasha mientras que Kagome creía que se iba a desmayar al ver el rostro impactado de su madre que intentaba sacar cuentas que no cuadraban.

Kei sonrió débilmente para luego acurrucarse en el pecho del peliplateado.

- Siempre quise… conocer a mi baachan- y se quedó dormida ignorando el caos que había dejado a su alrededor.

"¡Lo hizo a propósito!" pensaron avergonzados los jóvenes que estarían involucrados en la creación de aquella chica que les estaba tirando su mundo de cabeza.

Luego de haber curado las heridas de Kei- gracias a las fantásticas medicinas que había en el botiquín de la familia-, dejaron a la chica descansando en la cama de Kagome, mientras que ésta intentaba explicarle a su madre en la cena lo de su supuesta "hija" que tendría con el peliplateado.

- Mmm- su madre inspeccionó con seriedad y detenimiento al ojidorado, que ignoraba la conversación centrando su atención en la comida- Pues… ¡es bastante lindo! Sabía que tendría nietos bonitos por tu parte Kagome, y con él serán adorables. ¡Sus orejas! ¿Eh… las puedo tocar?- Inuyasha la observó dudoso y con un tic en la ceja aceptó- Oh… son tan suaves. Pueden tener todos los hijos que quieran- dijo riendo.

Inuyasha se atoró con el alimento.

Kagome pegó su cabeza contra la mesa varias veces para intentar quedarse inconsciente.

- Son bastante tímidos los dos, de seguro se llevan la mar de bien – comentó sonriente tomando el té.

"Sí, muy bien" pensaron con sarcasmo observándose de reojo.

- ¿Sota y jisan?- preguntó Kagome extrañada por no verlos.

- Deben estar por llegar, Sota lo acompañó a realizar unas compras.

Inuyasha movió sus orejas y se levantó de golpe para ir al segundo piso. Kagome le ofreció disculpas a su madre, sin saber por qué, y fue tras él.

Al entrar a su cuarto se halló a Inuyasha sentado frente a Kei secándole la frente por el sudor. Kagome al ver la escena se enterneció. No había visto esa faceta de él. Era casi milagroso que lo viera desde esa perspectiva.

Con cuidado en no romper el ambiente se sentó junto a él. Pasó un buen rato hasta que Inuyasha decidió romper el silencio.

- No dejaré que esa Youkai las toque nuevamente – un gruñido gutural nació de su pecho.

Kagome sintió su corazón palpitar con fuerza- Tampoco dejaré que les haga daño a ustedes, Inuyasha-.

- ¿Tú? Por favor, ni a una mosca podrías darle- dijo burlesco secando con su pulgar una lágrima que había derramado Kei inconsciente.

Kagome infló sus mejillas- Ya veremos, Inuyasha. Ya veremos- repitió orgullosa.

El ojidorado la miró de reojo con el ceño fruncido. ¿Qué habría sido lo que le atrajo para tener una vida junto a ella? Eran cuestionamientos sin respuesta. Por el momento.

Kei abrió los ojos lentamente sintiendo un cálido roce en su mejilla. Observó al portador de aquella mano gentil y se quedó sin palabras.

- Chichi hue…- susurró bajito, pero lo suficiente para que el hanyou escuchara y pusiera su atención en ella. Sonrió al ver que también se encontraba Kagome junto a él. Parecía que se estaban llevando mejor que antes- Kaachan…

Se sintió como en casa nuevamente.

- "Un momento"- pensó atontada en los últimos sucesos antes de caer dormida- "¡Yura!" Hay que ir tras esa Youkai- les habló firme.

- Tus heridas aún no…- quiso oponerse Kagome.

- Sanan rápido- intervino- No olvides que llevo la sangre de mi chichi hue- le sonrió a Inuyasha- Es más que suficiente para mí.

Se levantó lentamente siendo ayudada por el ojidorado. Kagome le puso un último ungüento en las heridas de su brazo.

- ¡Ah! Me siento mucho mejor ahora- movió su cuello de un lado hacia a otro.

- Entonces vámonos- finalizó Inuyasha saltando por la ventana llevándose a Kagome junto a él. Kei iba a saltar también por allí, pero decidió bajar para hacer una última cosa.

Había que aprovechar el momento.

Tal como esperaba, su abuela materna se encontraba lavando los platos de la cena.

- ¿Kei te llamabas cierto?- dijo limpiándose las manos con un pequeño trapo.

- Baachan- dijo con adoración antes de abrazarla con cuidado por su fuerza- Siempre quise conocerte. Okaasan sólo me mostraba fotos tuyas y de Sota-jisan.- le besó la mejilla como despedida- Adiós- y se fue sonriente.

La mamá de Kagome se quedó anonadada en un principio para luego sonreír y volver a sus quehaceres. Adoraría a su futura nieta.

Aún sin ir al Sengoku, comenzaron a planear lo que harían ya que no sabían a ciencia cierta si la Youkai de los cabellos estaría merodeando el lugar y los pillara desprevenidos.

- Sé cuál es su debilidad- comentó Kei- Si queremos derrotarla hay que hallar un cráneo rojo que se oculta en una especie de nido. Los ataque directos contra ella no funcionan, sólo si queremos distraerla funcionaría- miró a Kagome- Y tú serás quien lo destruya. Necesitamos tus poderes de miko. Chichi hue y yo la distraeremos- dijo a Inuyasha.

Kagome asintió tomando el arco con determinación. Le haría tragarse sus palabras al ojidorado de que no era ninguna inútil.

Inuyasha vio las cicatrices que tenía en el brazo Kei y luego observó a Kagome. Sin duda era mucho más frágil. De modo silencioso se sacó su Haori y lo puso sobre ella dejando aturdida a la pelinegra alegando de que "la iba a proteger de los cabellos. Era mucho mejor que cualquier armadura."

Kei observó la escena aguantándose las ganas de sonreír por el pequeño gesto de su padre.

""Chichi hue… ¿Por cuánto más negaras que te atrae?"

Una vez decidido que harían saltaron dentro del pozo. Los primeros en salir fueron Inuyasha y Kagome, ya que ésta podía ver la ubicación de los cabellos. Kei era la que se encargaría por el momento de cubrir sus espaldas.

La noche ya había caído en el Sengoku. Por lo que dificultaba la visión para la pelinegra en buscar el camino correcto. Siguieron avanzando hasta que el olor de Yura se hallaba más concentrado para las pobres narices de Inuyasha y Kei.

- Prepárense…- avisó Inuyasha antes de dar un gran salto y encontrarse cara a cara con la Youkai que los esperaba sonriente.

- Al fin se dignaron a venir. Me estaba aburriendo- bostezó mientras peinaba un cráneo.

Kei la miró como si estuviera loca.

- Pero ya que vinieron ¡mejor los recibo!- rió a carcajadas mientras lanzaba su espada hacia a ellos y movía sus dedos para manipular miles de cráneos contra ellos. Inuyasha dejó a Kagome para atacar a Yura.

- ¡Sankon Tessô!

Sin el fragmento de la perla, como le habían narrado a Kei, Kagome no podría ver el cráneo rojo que era el punto débil de la Youkai. Aprovechó que su padre entretenía a Yura, y procedió a sacar a Sabba. Busco el posible nido y apuntó.

Agitó su espada con un solo movimiento hacia aquel lugar- ¡Amateratsu!- las ondas de fuego salieron quemando todo a su paso. El nido comenzó a deshacerse dejando caer varios cráneos.

- ¡Allí está!- gritó Kagome corriendo para atrapar el cráneo rojo que caía sin protección alguna.

Yura se dio cuenta de ello, dejó de "jugar" con Inuyasha y saltó para atacar a Kagome.

- ¿Poniéndote nerviosa tan rápido, Yura?- se burló Inuyasha atravesando su pecho.

- Estúpido perro- gruñó mientras rehacía su pecho con los cabellos- ¡Me harté de ti!- lo atacó volviendo su concentración en él.

Kei ayudó a Kagome en coger el cráneo. En cuanto vio que su madre sacaba una de sus flechas para comenzar a destruirlo. Yura lanzó su espada para evitar que lo destruyera. Se acercó rápidamente para desviar la espada.

- Se acabó, puta- se burló Kei al ver que Kagome rompía el cráneo con su flecha purificadora.

Yura se desintegró poco a poco mientras los cabellos iban desapareciendo. Kagome arrojó el cráneo hacia atrás con alegría.

- Esta tipa fue un completo estorbo- se quejó Inuyasha dándose pequeños golpecitos en su hombro- ¿La Shikon no Tama sigue intacta, Kagome?- avanzó hacia a ella.

Kagome revisó su cuello para comprobarlo- Sí, sana y salva.

Inuyasha se cruzó de brazos- Muy bien, entonces volvamos a la aldea- y se alejó de ellas.

Kei y Kagome levantaron una ceja.

Si intentaba volver a su antigua faceta ya no le serviría para nada. El frío Inuyasha había desaparecido, eso bien ya sabían.

Las mañanas en la aldea eran refrescantes y estimulantes. Inuyasha se había quedado amurrado en una de las ramas de un viejo árbol esperando que Kagome llegara- ya que había viajado a su época temprano para buscar algunas cosas indispensables para ellos, según ella -. Ya se estaba acostumbrando a la presencia de ambas chicas y eso en parte le molestaba. Tener lazos con los demás causaba daño y muy bien lo había aprendido a la mala con aquella sacerdotisa que lo selló hacía 50 años atrás.

No deseaba pasar por lo mismo nuevamente.

- ¡Chichi hue!- se sorprendió al tener a su lado a Kei.

- ¡Te dije que no me llamaras así, Kei!- le reprochó Inuyasha con el ceño fruncido.

- ¡Nah! Sé que en el fondo te gusta- dijo ignorando la mueca que se formaba en el ojidorado- Como también sé que también ya te atrae Kagome- sonrió malvadamente.

Inuyasha tragó en seco y desvió la mirada resoplando. ¡Era absurdo!

- Conozco tus expresiones y movimientos. Por algo soy tu hija- le guiñó el ojo- Estás amurrado porque okaasan no ha llegado.

- ¡Keh! Tonterías- bajó del árbol ignorando las palabras de la pelinegra y comenzó a caminar. El aroma de Kagome llegó a su sentido olfativo y la tensión en sus músculos disminuyó.

Kei sonrió abiertamente.

Si en un principio creía que estaba errada por haber llegado a esta época, ahora no le importaba. Estaba más que claro para ella. No importaba las situaciones, si estuviera en una época diferente o con peleas estúpidas que se originaran. Lo único que siempre sería igual era que…

sus padres estaban destinados a estar juntos.

Y eso lo comprobó al ver a Kagome acercarse calmadamente con una extraña cosa bajo ella – debía ser la aclamada bicicleta que siempre le sacaba en cara a su padre en el futuro por destruirla-, mientras que Inuyasha se le ponía enfrente impidiendo su paso irritado por su demora.

Iba a inspeccionar aquella cosa de acero, se detuvo al sentir que la picaba un mosquito en su mejilla. De un golpe lo aplastó sintiendo una queja de voz diminuta.

Oops.

Vio como una cosa aplanada caía lentamente. Con la palma de su mano lo cogió.

- ¡Myoga-jiji! Exclamó asustada al pensar que le había pegado demasiado fuerte a la pulga- ¡Gomenasai!- se disculpó agachando la cabeza.

Inuyasha y Kagome se acercaron a ella preocupados de que le hablara a su mano.

- ¿Con quién hablas, Kei-chan?- preguntó curiosa la pelinegra.

Kei miró con ojos llorosos al peliplateado.

- ¡Es la primera vez que aplasto a Myoga-jiji! ¿Y si murió?- sollozó asustada dejando la pulga en manos de su padre mientras abrazaba a su madre, que no sabía qué hacer para intentar calmarla.

Inuyasha observó a la pulga con enfado.

- Mala hierba nunca muere, Kei- pescó a la pulga entre sus garras para dejarlas a la altura de sus ojos- Deja de hacerte el muerto, Myoga-jiji o de verdad lo estarás- le amenazó.

La pulga volvió a su estado normal de inmediato por aquella amenaza.

- ¡Ohayô, Inuyasha-sama!- saludó con una gotita en su frente la vieja pulga- ¡Déjeme saludarlo como corresponde, amo!- saltó hacia su mejilla para succionar su sangre- Dulce como siempre, Inuyasha-sama.

¡Paf!

- Pulga estúpida- lo pescó entre sus garras- Adelante, Kei. Destrúyelo- le indicó con una sonrisa malvada.

Kei lo miró como si tuviera una segunda cabeza.

- ¡Ah, piedad!- alcanzó a decir antes de que Kagome le rociara un repelente- Ah, ya morí.

Inuyasha la observó con un tic- ¿Eh, no debí?- le preguntó la pelinegra extrañada mientras Kei ponía las manos en su cabeza asustada al no ver ningún movimiento por parte de la vieja pulga.

En la cabaña de la anciana Kaede…

La "familia" se reunió para comer junto a la vieja miko y también para recibir a la inesperada visita que tenían.

- Disculpa, Myoga-jiji por dejarte paralizado- agachó la cabeza avergonzada Kagome.

La pulga saltó- Oh, no se preocupe, Kagome-sama. Después de todo estoy bajo las órdenes de Inuyasha-sama, así que no le puedo guardar rencor a su mujer.

Inuyasha movió sus orejas y tomó a la pulga para aplastarla poco a poco con sus dedos.

- En primera, eres un cobarde excepcional- un gran tic se formó en su ojo- Y segundo, ¡ella no es mi mujer!

Kei se detuvo en comer para hablar.

- Oh, pero eso es cuestión de tiempo- se encogió de hombros- Yo soy la prueba de ello, Myoga-jiji.

Kagome estuvo a punto de escupir su arroz.

- ¡Por supuesto! Eso explica ese delicioso sabor que sólo su sangre puede poseer- recordó el viejo Myoga.

Ambos hicieron una mueca por lo mencionado y continuaron comiendo sin referirse más en el tema.

Kei sabía a lo que venía la pulga y lo próximo que se avecinaba. Se sonrojó de tan sólo pensarlo.

- ¡Feh! ¿Y a ti qué rayos te sucede?- le cuestionó desconfiado su padre al ver la repentina felicidad que desprendía la ojidorada.

Kei reaccionó y volvió a comportarse normal- N-nada… ¿y a qué viene, Myoga-jiji?

- Oh… Mmm… Inuyasha-sama, verá. La tumba de su padre…

Inuyasha dejó de lado su comida.

- ¿Qué sucede con su tumba? Déjame adivinar: huiste porque había un Youkai ¿no?

Kagome nunca lo había visto tan interesado por algo, además de la perla claro está. La explicación de la vieja pulga por su viaje mantenía tenso al peliplateado. Sorprendió a todos que se hubiera levantado apenas Kei nombró de donde provenía su madre.

El viejo Myoga suspiró derrotado- Parece que aún le afecta, después de todo era un niño cuando falleció.

- Mi obaasan era humana, una hermosa princesa que se enamoró del daiyoukai más poderoso de la zona oeste de toda la región- comentó Kei mirando la salida por donde se había ido el hanyou- Él mismo me contó la historia cuando tuve 8 años.

Las horas pasaban e Inuyasha no aparecía. La llegada de la luna y las estrellas se habían apoderado del hermoso cielo, y aún así no había rastros de su presencia.

Dejando en claro que iba a dar un paseo, la miko fue en busca del peliplateado para saber cómo se encontraba. Kei junto con el anciano Myoga le relataron la infancia de Inuyasha. Ahora podía entenderlo más, mucho más que antes.

En un viejo árbol que no daba ningún indicio de brotar se encontraba recostado el hanyou mirando hacia la luna. La brisa fresca de la noche mecía con delicadeza los cabellos plateados del joven hanyou

Kagome nunca lo había visto más majestuoso, con tan perfectas facciones. La luz de la luna que incidía sobre su persona le era hipnotizante. Puso una mano sobre su pecho para intentar calmar a su atolondrado corazón y resultó inútil. Avanzó con cuidado de no hacer ruido para no borrar aquella maravillosa visión.

¿Cómo podría significar más que una carga para aquel ser que parecía inalcanzable?

- ¡Agáchate…!- escuchó que le gritaba. De un momento a otro estaba sobre su cuerpo protegiéndola.

Kei salió corriendo hasta llegar a ellos con el anciano Myoga atrapado entre sus dedos, por simple medida de precaución para que no huyera. Se transformó en su mitad hanyou para aumentar sus poderes.

- Oh diablos…- se quejó Inuyasha al reconocer un aroma familiar para él. Tomó a Kagome del brazo para ponerla detrás de él.

La ojidorada imitó el gesto de olfatear y no pudo evitar murmurar un "¡Sí!" demasiado entusiasta para la situación en la que se encontraban.

De una gran nube que cubría el manto de la noche, apareció un hombre peliplateado con soberbios movimientos trayendo consigo un diminuto sirviente con cara de ¿sapo? Que poseía una especie de báculo de dos cabezas.

El hombre llegó al suelo sin antes de que su sirviente se agachara, y por poco le faltara besar el suelo donde había pisado, y avanzó con tranquilidad y advertencia en sus ojos.

- Inuyasha… veo que has sobrevivido patéticamente- se burló el hombre deteniendo su andar- ¿Acaso no sientes ningún respeto al ver a tu hermano mayor después de tantos años?

- ¡Sí!- abrió la bocota su sirviente.

Sin embargo, anticipándose a la respuesta arisca que de seguro habría dicho Inuyasha, Kei sin pensarlo…

- Sesshoumaru-jisan- pronunció risueña. Un notorio sonrojo cubrió sus mejillas. Sería tonta si no reconocía la belleza absoluta de su tío que no se involucraba en su papel en el futuro.

Inuyasha quedó boquiabierto.

- ¿Lo conoces?

Sesshoumaru frunció el ceño.

- ¿Me conoce esta mocosa?- se acercó peligrosamente hacia la adolescente- Huele asquerosamente a ti, hanyou. Me sorprende como degradas más y más la poca herencia que te dejó mi padre. ¡Tener una hija con una humana! Pues sí que te gusta ser patético, Inuyasha.

Kei desvió la mirada avergonzada.

Uy, definitivamente tenía que aprender a callarse.


Kuso: mierda xD (tenía que variar jaja)

ittai: duele, ¡ay!... xD.

Creo que en este capítulo definitivamente se me fueron los enanitos al bosque xD.

Bien, yo comprendo a Kei y aunque es su "tío" se le entiende xD… ¿es que no ha nbaboseado cuando ven a Sesshoumaru xD? Yo sí u.u ¡y negarlo es pecado xD!

Poco a poco se está descubriendo… ¡la embarrada que hizo kei en su verdadera época! Esta niña es un dolor de cabeza ;o;, tenía que ser hija de Inuyasha y Kagome xD.

1) Si te gustó y quieres otro capítulo ¡review! :D

2) Si no te agradó y quieres hacer una crítica constructiva, ¡review onegai :D!

3) Si crees que estoy demente por intentar escribir esto ¡te apoyo xD!

Estoy intentando avanzar con los personajes, así que ¿quién(es) será el o los siguientes que aparecerán? (sonrisa malvada) Bueno… nos leemos próximamente! :D

Ja ne!