Tres.
Febrero de 2002.
ESPECIAL DE LA ESQUINA DE LA SRTA. PINKHEART.
ÉXITOS Y FRACASOS (I).
Estimados lectores:
Durante el mes en el cual celebramos a la amistad y el amor, traeré para ustedes una colección de los casos más significativos que su servidora ha tenido el placer (y a veces, el desagrado) de leer en sus cartas. Esto es con el propósito de agradecerles su preferencia a la hora de consultarme; además, así verán qué tan en serio me tomo lo que confían a mi humilde juicio.
En cierta edición de El Profeta del año pasado, de marzo para ser exacta, se publicaba la siguiente misiva que llegó a mis manos:
Querida señorita Pinkheart:
He conocido a un hombre que me atrae mucho, y hemos estado saliendo por unos meses. El problema es que, debido a una herida de guerra (no diré dónde la tengo, pero sí que queda a plena vista), temo que de su parte no haya más que cierta compasión al salir conmigo. ¿Cómo podría averiguar si tiene sentimientos más profundos por mí?
Un abrazo:
Una guerrera caída.
Como sabrán, mis respuestas no suelen ser típicas, así que esperaba no ofender a esta persona cuando le di mi la mía respecto a su situación.
Querida Guerrera Caída:
Tras sobrevivir una guerra y seguir mostrándote al mundo con tu herida a plena vista, ¿en serio te asusta el que ese hombre tuyo no te ame? Yo en tu lugar, tomaría valor y le preguntaría directamente cuáles son sus intenciones. Dudo sinceramente que, si solo fuera compasión de su parte, haya salido contigo por dos meses, pero más vale prevenir, porque cada cabeza es un mundo y los magos, en ocasiones, son incluso de otro universo. Tanto si confirma su afecto como si decide terminar contigo, ten algo por seguro: sabrás a qué atenerte y podrás tener lo que mereces.
Un beso y te deseo buena suerte:
Srita. Pinkheart.
Ustedes ya no supieron más de este caso, a menos que estuvieran directamente relacionados con estas personas, pero a principios de abril, su servidora tuvo el gusto de recibir esta carta:
Querida señorita Pinkheart:
No sé qué tan común sea esto, pero en esta ocasión, escribo para darte las gracias.
Me costó algo de trabajo, pero decidí seguir tu consejo. Pensé que lo peor que podría pasar era el terminar una relación que no tenía futuro, porque era verdad, sobreviví una guerra y me merecía más que un montón de inseguridades. Por fortuna, también tuviste razón en que no podían estar saliendo conmigo solo por compasión, así que me alegra informarte que él, además de admitir que me ama, me ha pedido matrimonio. Nos casaremos este otoño, ¿puedes creerlo?
De nuevo, muchas gracias por todo.
Un beso y un abrazo:
Una guerrera de nuevo en pie.
Esta, damas y caballeros, tal vez les parezca una historia de tantas, pero les aseguro que son casos como este, los que me dicen que hago un buen trabajo. Cualquiera puede dar consejos, pero creo que pocos tenemos el don de expresarlos con la honestidad por delante, por mucho que se tema herir a la otra parte. En lo personal, sé que una verdad dicha a tiempo puede dar mejores resultados que el vivir felizmente ignorante de ella.
Un beso y buena suerte para todos:
Srta. Pinkheart.
—&—
—¡Parkinson!
En el área de Sociales, se había vuelto común el que llamaran a gritos a Pansy, solo que sorprendió ese día el que Jacob Burgess no sonara en absoluto molesto.
—¿Sí, señor?
—¡Ven en este momento! ¡Y tú también, Higgs!
Las dos nombradas intercambiaron miradas antes de abandonar sus escritorios y obedecer. Entraron a la oficina de Burgess y cerraron tras de sí, antes de ocupar, con cierta duda, las sillas delante del escritorio del hombre.
—¿Qué necesita, señor? —decidió preguntar Pansy, pensando que entre más pronto fueran al grano, mejor para todos.
—Barnabas me mandó llamar en la mañana —comenzó Burgess.
Pansy tragó saliva, antes de echarle un vistazo a Lily, quien parecía conservar la calma, pero seguramente por dentro era un manojo de nervios.
—Dice que está satisfecho con el primer artículo del especial de Pinkheart, pero también me pidió confirmar con ambas si por casualidad, saben de quiénes estaban hablando.
—¿De quiénes…? ¡Claro que no! —Pansy compuso una expresión escandalizada—. Pidió que todo siguiera anónimo y eso hicimos. Las cartas originales están en mi archivo y nadie tiene acceso a ellas. Las guardo siempre bajo llave y les hago un montón de encantamientos de seguridad. Y aunque alguien aparte de mí viera esas cartas, allí no hay nombres, se lo juro.
Lily, que había fruncido el ceño por un momento, carraspeó en cuanto Pansy acabó de hablar.
—¿El señor Cuffe recibió alguna queja? —preguntó.
—No exactamente. Dijo que el caso del artículo le hizo pensar en algo que publicamos el año pasado, pero no recuerda bien qué. Le aseguré que la señorita Pinkheart nunca maneja identidades reales, pero me pidió de favor que verificara en nuestra sección si hay algo que pudiera estar remotamente relacionado con tu artículo.
—Pero eso… ¿Es que quiere sacar a la luz a las personas de las que escribí? —espetó Pansy.
—Lo mismo pensé y se lo pregunté. Tuvo que admitir que el indagar más podría poner en evidencia a tu… ¿Cómo firmaba? ¿Como «guerrera»?
—Sí.
—Bueno, eso. Barnabas acabó aceptando que no podíamos exponerla, así que olvidó lo de indagar. Sin embargo, por si las dudas, sigue guardando ese archivo tuyo con mucho cuidado, Parkinson. Sé bien que muy pocos te dan sus nombres, pero más vale prevenir.
Pansy asintió en el acto.
—Ahora, si no te importa, necesito hablar un momento a solas con Higgs. Si ya tienes el borrador del siguiente artículo, ¿podrías traerlo?
Asintiendo, Pansy se puso de pie y salió, repasando mentalmente lo sucedido. Para que el editor de El Profeta se preocupara por su artículo, quizá debería investigar un poco por su cuenta.
Llegando a su escritorio, halló en su bandeja de correo un par de cartas, ambas dirigidas a la señorita Pinkheart. Se dijo que las revisaría después, pero atendiendo a lo recién recomendado por el señor Burgess, se guardó ambas misivas en el bolsillo, fue a abrir su pequeño archivero y sacó el borrador del siguiente artículo del especial. Acto seguido, cerró el archivero con llave y, para estar más segura, sacó la varita y musitó un par de conjuros, antes de regresar a la oficina de su jefe.
Cuando se trataba de proteger a sus lectores y a su trabajo, a Pansy no le importaba pasarse de paranoica. Las malas miradas se las ganaría de todas formas.
—¿Puedo pasar? —preguntó, tras llamar a la puerta del señor Burgess.
—Sí, claro.
Cuando entró a la oficina, Pansy alcanzó a ver una leve sonrisa en Lily, antes de que ella se girara en su dirección y extendiera una mano. Sin pérdida de tiempo, Pansy le dio un rollo de pergamino.
—Según la propuesta que presentaste, Parkinson, el próximo artículo es de un… ¿Cómo los llamaste? ¿«Fracasos»?
—Sí, justo eso. Seleccioné algo de lo menos grave que me ha llegado, pero sin dejar de lado el tema, que es mostrarle al público que también yo me puedo equivocar.
—Nada mal. Permíteme, Higgs.
Lily le pasó el pergamino al señor Burgess, que lo desenrolló y leyó el contenido a una velocidad pasmosa, o eso le pareció a Pansy. La verdad, no le sorprendía, ya que el hombre no había llegado a jefe por nada.
—Creo que está todo en orden —dijo Burgess, devolviéndole el pergamino a Lily al tiempo que le decía—. Si no hay cambios, ponla al corriente de lo demás, Higgs, antes de irse.
—Sí, señor.
Pansy arqueó las cejas, interrogante, antes de que Lily le hiciera señas para salir de aquella oficina. Hicieron en silencio el recorrido hasta el escritorio de Lily, donde ella ocupó su silla tan rápido que parecía como si fuera a romperla.
—¿Qué pasa? —quiso saber Pansy, suspicaz.
Lily tomó aire, al tiempo que miraba a su alrededor, antes de indicar en voz baja.
—Te he propuesto para suplirme.
—¿Suplirte? —por muy poco, Pansy no gritó aquello, si se contuvo fue por la actitud previa de Lily—. ¿Vas a renunciar?
—No, no. Me cubrirías mientras esté de licencia.
—¿Licencia? —Pansy se mostró confundida por un segundo, antes de abrir los ojos como platos y, de nuevo, contener un grito, esta vez de entusiasmo—. ¿Es oficial, entonces?
—Sí. Fui a San Mungo la semana pasada. No lo saben muchos aún, Terence y yo queremos esperar un mes más, pero decidí informarle a Burgess para que tome en cuenta tu trabajo con el especial.
En esa ocasión, Pansy no pudo contener una sonrisa que Lily devolvió al instante.
—Por cierto, Burgess sugirió que vengas conmigo unas cuantas veces, para que pueda probarte. ¿Crees que piense que te propuse porque nos llevamos bien?
—Quizá, pero no lo culpo. Así que ¿a dónde vamos?
—A ese bar del callejón Diagon que abrió el año pasado, La Copa de Plata. Vas a ayudarme a cubrir una fiesta de compromiso.
—¿En serio? ¿Quién diablos hace su fiesta de compromiso en un bar?
Lily sonrió con aspecto de saber algo que Pansy no, pero no se guardó la información mucho tiempo.
—El dueño del bar, ¿quién más?
Al segundo siguiente, Pansy dejó de lado su incredulidad para soltar la carcajada.
Aquello sería más que interesante, sin duda.
