100 Sapos y Terry Grandchester
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 4 Adiós Archie
Las cosas entre Archie y yo no cambiaron. Él seguía ignorándome, yo seguía sufriendo en silencio, pero resignada, a veces no lloraba, me había acostumbrado al dolor, aprendí a vivir con eso. Terminó el séptimo grado y el próximo año escolar, octavo, por mis buenas calificaciones me pusieron en un grupo de alumnos con mejor promedio, así que adiós a mis antiguos compañeros, cosa que no me hizo niguna gracia, yo nunca aspiré estar en ningún grupo de cerebritos, pero ni modo. Ahí el horario era diferente, salíamos a las dos de la tarde y no al mediodía. Mi amiga Ana y yo ya no compartíamos tanto, pues ella permaneció en el antiguo grupo y más tarde se fue a vivir a Conneticut, mi amiga Francheska se mudó de escuela, así que yo tendría que hacer una nueva mejor amiga, ¡qué raro!
Entonces mi nueva mejor amiga se llama María, es de pelo castaño oscuro lacio, ojos cafés, tenía muchos lunares, era bonita y llenita. Con ella me pasaba el recreo y también llegó a quedarse en mi casa en un par de ocaciones.
Hubieron repentinos cambios en mí, físicamente. Ya no me veía delgada, me comencé a poner llenita y no sólo eso, en el verano de vacaciones, mis senos crecieron de manera sorprendente. Me avergonzaba, no estaba lista para un cambio así, llamaba demasiado la atención y creo que no estaba lista para afrontar los comentarios de los compañeros, de los hombres en la calle. Usábamos un chaleco, así que le saqué partido, era de la misma tela de la falda, sin embargo no era obligatorio usarlo, pero en mi caso, agradecí tener uno, me ayudaba a disimular.
Terminé el octavo grado sin ningún contratiempo, nada cambió, pero al menos no empeoró. Llegué a noveno, el último año en esa escuela, otra graduación me esperaba en Mayo. Yo ya tenía catorce años y mi figura se había moldeado un poco, al menos ya no estaba llenita, pero sí conservaba los mismos pechos grandes. A mitad de ese año escolar, la escuela hizo un programa llamado "Escuela abierta". Ahí ofrecían un horario extendido hasta las seis de la tarde y se daban diferentes actividades, una de ellas era teatro, me apunté inmediatamente porque si hay algo me apasiona tanto o más que escribir, es la actuación. A parte de eso era más tiempo fuera de casa.
Muchas cosas cambiaron desde ese momento. Yo no era la única en ese grupo de teatro, conmigo también estaba nada más y nada menos que Archie. Justo cuando me había resignado a pasar sin verlo como hacía él, ahora era mi compañero y no sólo eso, de cierto modo, retomamos la amistad, aunque claro, jamás como antes. Aprendí mucho en ese grupo y sobresalí como una de las mejores "actrices". Ese día haríamos un trabajo en pareja.
—Candy, tu pareja es Archie.— Me dice la maestra, a la cual apodábamos "Olivia" porque era delgada como la novia de "Popeye" además de alta. ¡Genial! Sólo esto me faltaba. ¡Qué casualidad.
—¿Qué tenemos que hacer?— Le pregunto, ya estando con Archie a mi lado. Me finjo muy tranquila, como si lo de él no me afectara ya, disimulando como siempre el gran amor que no podía arrancarme.
—La parte de Archie es pedirte perdón por algo. Tienen que recrear e inventar la escena. Él te está pidiendo perdón y tú decides si lo perdonas, la actuación es de dos. A improvisar, ¡vamos!
Archie está de pie frente a mí, me mira a los ojos, pone su gesto arrepentido y toma mis manos. ¡Acción!
—Candy... estoy aquí para pedirte una disculpa por todo lo que te hice, si te ofendí, de verdad lo siento, no fue mi intención. Por favor, perdóname... si quieres hasta me arrodillo.— Se arrodilló de verdad ante mí y la vida era tan irónica, que esas palabras eran lo que precisamente me hubiera gustado escuchar alguna vez, pero de verdad, no en una actuación en la que yo sabía que no tenía nada que ver con nosotros. Mis ojos se aguaron, reaccioné a sus palabras como si fueran ciertas y todos estaban maravillados con nuestra "excelente actuación", lo cierto era que el único que actuaba era él.
—No te preocupes, Archie. Levántate, por favor. Claro que te perdono.— Le extiendo mi mano y él se levanta.
—Excelente actuación. Felicidades, Candy y Archie.— Nos aplauden y ambos sonreímos, tremendo teatro, ¿no?
Siempre nos tocaba algo diferente y en otro día había que practicar los besos actuados. ¡Genial! ¿Ahora también tengo que besarlo? Claro que no era que no quisiera, pero no era fácil cuando habían sentimientos envueltos, era como dar un recorrido al pasado, al menos para mí era por demás incómodo. Sin embargo, para él no. Era como si de verdad él hubiera olvidado todo aquél asunto del beso, como si eso nunca hubiera sucedido y a pesar de que yo pasaba tiempo con él antes de irme a casa, ese tema jamás se tocó, como si no hubiera existido. Yo fingía lo mismo, yo tampoco lo recordaba.
La maestra coloca en fila a todos los chicos y por turno, las chicas debemos besar a cada uno, bueno, practicar el beso actuado. Voy besando a cada uno según me lo explicaron. Cuando llego a Archie me pongo tensa y lo miro, le sonrío con timidez mientras que su sonrisa es de pura diablura, pero como somos "amigos nuevamente" eso me da más confianza, así que finalmente lo hago.
Se acaba esa clase y como tengo hasta las seis para llegar a casa y a penas eran las cuatro y treinta, Archie y yo nos quedamos sentados cerca de la escuela, a él lo recogían tarde y yo tenía que caminar hasta casa que no era muy lejos. Pasábamos el rato hablando de todo y de nada, como antes, me reía con él, de sus ocurrencias, agradecí que ya que ese año terminaría, que al menos pudiéramos mantener la amistad y borrar el feo recuerdo de todo el tiempo que estuvo pasando de mí.
—Tienes espinitas, ven a quitártelas.— Se me acerca, está de pie frente a mí y acerca sus manos a mi cara. Me aparto con temor, no me gusta que me revienten ninguna espinita.
—No quiero que me quites nada, déjame.
—Ay, Candy, no seas miedosa. Sólo son estas que ya se están poniendo negritas.— Insiste y ya tiene sus dos dedos en una de ellas apretándomela.
—Ya, ya, me duele. No me quites más ninguna.
—Te duele ni te duele, ya casi acabo.
—Que no quiero que acabes, quiero que me dejes. Me duele.
—Ya, Candy. Además, cuando estés follando también te va doler.—Me quedo muda, prefiriendo no pensar en eso y sé que él está disfrutando de mi nerviosismo.
—¿Terminaste con mi cara? Gracias.— Me siento en el suelo algo molesta por su comentario y porque me quitó las espinitas y odiaba eso.
—Quería decirte, por cierto, que lo hiciste súper bien, tus actuaciones son geniales. Tienes talento para eso.— Me dice luego de sentarse a mi lado.
—Gracias, tú también.— Seguimos hablando y riendo, de alguna manera nuestra amistad había vuelto, blanqueando un poco los malos recuerdos, aunque no era tan fuerte como al principio, sólo compartíamos esos momentos de las clases de teatro y luego un rato afuera hasta que llegaba la hora de yo irme.
—Bueno, Archie. Faltan quince para las seis. Me tengo que ir.— Me gustaría quedarme un rato más con él porque la verdad me la pasaba bien, casi como antes, pero si llegaba tarde, tendría una paliza segura y Archie no valía ese sacrificio por más que me doliera. Él está sentado y yo de pie para irme, así que me inclino para darle un beso en la mejilla como despedida. Se lo doy y...
—Otro.— Beso su otra mejilla.
—Otro.— Repito lo mismo con la otra.
—Otro.— Le di un montón de besos mientras ambos reíamos.
—Otro.— Pero ese lo quería en los labios y yo ni corta ni perezosa se lo di. La diferencia era que esta vez, yo sabía lo que había y no había engaños, era un juego y yo estaba conciente de eso, dos podíamos jugar ese juego.
—Ahora falta uno de lengua.— Me dice y me pongo súper nerviosa.
—No. De lengua no.
—¿Por qué no?— Me sigue sonsacando con su ronrisa traviesa. No es que no tenga ganas de que me bese de esa manera, pero más que mis ganas, conservo mi dignidad, no me han besado así aún y quisiera dejar ese beso para alguien a quien yo de verdad le importe o al menos alguien que no me importe a mí, porque él sigue importándome y dar ese paso con él me va afectar, sobre todo, porque para mí sí será importante y no pienso cometer ese error otra vez.
—Pues porque no. Además, no sé besar, no te gustará.
—Eso es fácil. Sólo mueve la lengua y déjate llevar. Ven, te enseño.— Llegué acercarme, estaba realmente tentada, pero también tenía una lucha interna, veía signos de advertencia por todas partes. Podía jugar con los besos de piquito, pero esto ya era algo serio.
—No. Adiós.— Le dejé otro beso casto en los labios y me fui a casa antes de que me esperara una paliza.
Ya estamos a dos meses de la graduación, el tiempo de escuela abierta había concluído, sólo clases normales habían. Yo no iniciaría la escuela superior, lo que aquí se conoce como "High School" o "La High" con mis amigos, la escuela era al lado de la que estábamos, una al lado de la otra, pero yo... como siempre... tenía que mudarme, otra vez. Tenía el consuelo de que al menos, habíamos comprado la casa, por tanto era una hipoteca y si Dios quería, sería la última vez que nos mudaríamos. Yo tendría que empezar de cero luego de tres años en esa escuela, tres años que marcaron mi vida por siempre y casi todos mis recuerdos eran de Archie.
En Mayo de 2003 llegó la graduación que era en un salón de hotel. La pasé con conocidos porque mi amiga María no quiso asistir, pero yo me la disfruté. Cuando vi llegar a Archie, le pedía a mi madre que me tomara una foto con él. Fue sólo eso, ya que él llegaría al baile con su novia, pero me quedé tranquila, yo siempre supe que él no sería para mí, decidí guardar ese sentimiento hasta que se me saliera, total, no volvería a verlo hasta mucho tiempo después.
Octubre de 2010
Con dolor de mi alma, dejo a mi arrogantito con mi abuela para celebrar con Terry nuestro segundo aniversario. Tengo un vestido marrón de maguillos, de maternidad, claro, porque tengo siete meses de embarazo y mi arrogantito a penas cumplió un año el mes pasado. No hay quién discuta la virilidad de mi rebelde.
—¿Qué te pasa, Pecas?
—Extraño a Junior...
—Te lo traerán mañana mismo, mi amor. Además, cuando nasca la pequitas, desearás que alguien se quede con uno de los dos al menos.
—Claro que no. Se quedan los dos conmigo.
—Eso está por verse. Está claro que Junior te prefiere a ti, pero la pequitas será de papá, ¿verdad, mi amor?— Le habla a mi vientre mientras lo acaricia y mi bebé se mueve. Tal como él lo había predicho, es una niña y estamos muy emocionados, aunque Terry Jr. no piensa lo mismo. Es celoso como su papá.
—¿Nos vamos?
—Sí. Muero de hambre.— Me lleva a nuestro restaurante favorito desde que éramos novios. Nos ubican y nos pasan los menús.
—Te pides margaritas para hacerme sufrir, Terry. ¿puedo probar un poquito?
—No.
—Anda, sólo un poquito, se ve tan rica.— Se me hace la boca agua cuando miro su enorme copa con el borde lleno de azúcar.
—No. No quiero que emborraches a la pobre pequitas.
—Es sólo probarla...
—Espera dos meses más.— Me dice y entonces elegimos nuestra comida.
—Esos eggrolls son un poco picantes, ¿no te hace daño con el embarazo?
—¿Y te preocupas ahora que me los comí todos?— Le digo aún tragando mi último bocado.
—No recordaba que picaban.
—Pues que bueno, porque si no tampoco me habrías dejado comérmelos.— Pusos sus ojos en blanco y me sonrió.
—¿Sabes que te ves hermosa? Doblemente hermosa.— Me mira con esos ojos que queman, el deseo en ellos siempre vivo en todo momento. Como ni no se cansara de mí, como si no tuviera suficiente.
—Tengo al esposo más ardiente que me motiva a estar siempre bella.— Le guiño un ojo y luego tomo de mi copa de jugo.
Pasamos una velada increíble y estamos de vuelta en casa. Solos, para seguir disfrutando de nuestro aniversario. Cuando abro la puerta de nuestra habitación, Terry está detrás de mí con un ramo de rosas rojas y sonriéndome de lado.
—¿Creíste que me olvidaría de las flores?
—Pues la verdad es que sí...
—Qué poca fe me tienes, pecosa.
—Es que contigo nunca se sabe...
—Eso me suena a reclamo...
—Tomálo como quieras...
—¿Literalmente?
—¿Ah?
—Voy a tomarte como quiero entonces.
Me hace soltar las rosas y me comienza a besar con pasión, esta pegado a mí, totalmente excitado en cuestión de segundos. Mi panza choca con él, me siento tan grande que a veces me acomplejo. Entonces cuando siento sus besos sobre mi cuello y orejas, se me olvidan los complejos y me dedico sólo a sentir. Él tiene un punto débil en su oreja izquierda, así que mi lengua va directamente a pasearse por ahí y siento que se estremece.
—No te vayas por ahí tan rápido... si no... tendré que tomarte ahora mismo... Calme sus ansias señora Grandchester.— Me regaña y saca mis pechos del escote, dejándome el vestido y los comienza acariciar de esa manera, he de admitir que mis hormonas influyen mucho y sencillamente voy perdiendo la razón.
—¿Podemos saltarnos esta parte? Es que yo... ahh... creo que te necesito ya.— Jadeo ansiosa mientras él me tortura lentamente con sus besos y sus mordiscos en mis pechos.
—No, no vamos a saltarnos ninguna parte. Me gusta disfrutar de tu cuerpo.— Suspiro resignada y entonces mi suave vestido cae a mis pies, quedando yo sólo con mis bragas y mi panza...
—¿Cómo es que puedes lucir siempre tan deseable?— Se arrodilla un momento y rodea mi cintura mientras besa mi abultado vientre.
—No lo sé... no creo que... ¡Oh!— Me sacó las bragas con los dientes y sin previo aviso me está besando ahí. Me conduce a la cama y me acuesta ahí separando mis piernas.
—¿Y si jugamos a que soy tu ginecólogo?— Se le ocurre de pronto y sus ojos azules están en llamas, en pura lujuria y queman los míos contagiándome del deseo.
—Veámos si eres mejor que mi doctor.— Le guiño un ojo y para él fue todo un reto. Me mira arrogante e introduce en mí dos dedos y no sé si es realmente bueno o mis hormonas traviesas, pero en segundos estoy jadeando, gimiendo y suplicando por más.
—¿Aún piensas que tu doctor lo hace mejor?
—Ehh no... claro que no... tú... ohh...— Mi bromita salió cara, estaba cobrándose todo, todo muy deliciosamente y yo no tenía control de mí.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre tu doctor y yo? Que tu doctor no puede hacer esto y yo sí.— Su lengua entró en mí como una culebrita y pensé que moriría en el acto. Su lengua se movía, se enroscaba, salía y entraba lentamente o más rápido y yo me volvía un dobladillo.
—Sólo... sólo tú podrías hacerme esto así... Ohh.. ahh...— Estoy enloqueciendo, me retuerzo, me doblo, grito y quisiera alargarlo más porque se siente tan divino, tan maravilloso... me pregunto cómo se ve mi cara mientras soy atacada por un orgasmo feroz.
—Otro punto para mí, señora Grandchester.
—Oh sí... eres mucho mejor ginecólogo.
—Ahora, usted debe pagar por la consulta.
Me jala y quedo exactamente en cuatro y antes de que reaccione está embistiéndome y yo nuevamente me encuentro jadeando y gritando. Se fastidió la vecina de al lado y la del piso de abajo, pero no pienso ni voy a callarme. Estoy disfrutando mi noche de sexo ardiente y al diablo los vecinos.
—Oh... ahh...— Estallo nuevamente junto con él que está abrazado a mi cintura, aún dentro de mí y su cara apoyada en mi espalda mientras conservo la misma posición.
—Feliz aniversario, señora Grandchester.
Continuará...
¡Hola! ¿Las aburrí? Espero que no. Bueno, ya cerramos el tema de Archie, pronto pasaremos a mis otros sapos, mis otras experiencias, las cuales serán más breves y dentro de poco iniciaré mi historia con Terry, como mencioné en el summary, el príncipe Terry solía comportarse como un sapo en ocaciones, habrán momentos en que lo odiarán como lo odié y yo y otros en que lo amarán, ya verán.
Gracias por sus comentarios:
dulce lu, luz rico, Amy C.L, Dali, kary klais, Zafiro Azul Cielo 1313, WISAL, lupita1797, zucastillo, norma Rodriguez, LizCarter, Prisiterry
Hasta la próxima
Wendy
