LECCIÓN
-¿Shaka? ¿Estás ahí?…- Preguntó la voz de Camus con su conocido acento francés al entrar al templo de la virgen, necesitaba platicar con alguien y quien mejor para ello que Shaka.
-Sí, aquí estoy pasa por favor…-
-Shaka… necesitaba hablar con alguien…-
-¿Milo?.-
-Sí… lo mandé al demonio, pero me arrepiento… lo necesito, lo extraño.-
-Él tiene que aprender a necesitarte y extrañarte en la misma forma… además de respetarte.- Afirmo la voz serena de Shaka.
-Sé que tienes razón… pero me duele, me duele tenerlo así, compartido, y me duele no tenerlo.- Su rostro serio denotaba a través de sus ojos azules el dolor que sentía como una punzada incesante.
-Se han ido.-
-¿Quiénes?.- Preguntó levantando una de sus deliciosas cejas partidas, el marco en su peculiar rostro.
-Aioria y Milo…-
-¿Aioria también? ¿Pelearon?.-
-Si, por las mismas circunstancias.-
-¿No lo extrañas?.-
-Si y no…-
-¿Cómo puede ser eso?.- Preguntó sorprendido el francés.
-Aioria y yo no podemos estar juntos, hay diferencias muy grandes entre los dos… igual que tú, esta mañana le pedí que se marchara.-
-Espera un momento… has dicho que se han ido… ¿Se han ido juntos?.-
-Si…-
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Sabes acaso lo que esos dos pueden hacer juntos?.- Camus inquirió escandalizado y más preocupado aún, ya sentía que los celos le corroían.
-¿Qué te preocupa una vez más?… - Dijo con amargura Shaka, aunque su voz evidenciaba la tristeza.
-¿Cómo no me voy a preocupar? ¿Crees que no los conozco? ¿Crees que no sé que los dos están cortados por la misma tijera? ¡Demonios!.-
-Las cosas van a cambiar a partir de ahora, las decisiones que tomen los llevaran a caminos distintos, no tienes por que preocuparte.-
-Tú lo sabías, tú sabías que estarían juntos, ¿Cómo has sido capaz de dejarlos marchar? ¿De juntarlos…?.- Exclamó Camus ya al borde de la histeria.
-Aioria necesita a alguien le haga ver lo destructiva que es su forma de ser y Milo necesita una lección de alguien con los mismos bajos instintos que él.-
Shaka siguió en la misma posición de flor de loto meditando en completo silencio, el punto en su frente, seña de la iluminación brillaba con intensidad, Camus comprendió que no seguiría hablando más y se marchó del templo más confundido que antes, ¿Realmente aquello funcionaría? Aquel hombre, el guardián de Virgo era enigmático, le parecía tan triste y tan sabio a la vez, ¿Qué precio tendrían que pagar aquellos dos infieles? ¿Qué tan caro?.
El león se revolvía en la cama, no podía conciliar el sueño por que los remordimientos eran muchos no comprendía que lo llevaba a fastidiar las cosas siendo que Shaka lo quería sinceramente. Unos pasos de pies desnudos lo hicieron quedarse quieto y aguzar el oído, sintió el peso de Milo sentarse en la orilla de la cama.
-¿Aioria?.-
-¿Qué quieres?.-
-No puedo dormir, ¿Puedo dormir contigo?.-
-Milo… pero…- Ni siquiera espero la respuesta, Milo se metió debajo de las cobijas junto a él, se acostó a su lado con los ojos abiertos.
-Camus me descubrió con Afrodita y terminó conmigo.-
-Lo siento mucho Milo, ya verás que se le pasará el coraje.-
-No lo creo, esta vez fue enserio…-
-Duérmete Milo…- Aioria le dio la espalda acostándose de lado y pensando que estaban ahí por los mismos problemas.
-¿También peleaste con Shaka?.-
-Si…- El escorpión se abrazó de Aioria, pegando su rostro a su espalda, el león sentía las mejillas húmedas de su compañero en su cuerpo, había estado llorando, él se había aguantado las ganas por puro orgullo.
-Milo… tendría que decirte algo…-
-¿Qué cosa?.- Preguntó el otro.
-Camus y yo…- Ni siquiera lo dejó terminar, presa de los celos Milo empezó a maquinar mil cosas y ya se imaginaba a Camus, su Camus en la cama de Aioria, lo empujó y se sentó en la cama mirándolo con odio.
-¿Cómo pudiste?… -
-No fue mi culpa… Camus estaba enojado por una de tus tantas conquistas y fue a mi templo… quería probar que era lo que tú buscabas en los demás…- Se sentó también en la cama observando a su compañero.
-Eres un idiota ¿Cómo pudiste meterte con la persona que yo más amo?.- Exclamó el otro arrojando las cobijas y poniéndose en pie, Aioria también se puso de pie, lo ignoró y se salió de la cabaña, Milo como poseído por un demonio se fue tras él.
-No me salgas ahora con reclamos Milo que no tienes cara para hacerlo.- Protestó el ojiverde descalzo parado en medio de la hierba húmeda, estaba cayendo una ligera lluvia.
-¡Confiaba en ti!.- Temblando encendió su cosmo y se colocó en posición de atque.
-¡Confiabas en mí! No me hagas reír, tú mismo te acostaste con Shaka cuando bien sabías que yo lo quería.- Se colocó en la misma posición incendiando igualmente la energía en su cuerpo semidesnudo, miraba con rabia a su compañero de armas.
-¡Yo no sabía Aioria!.-
-¡Lo sabías! Yo te había dicho que él me interesaba y no te importó y fuiste tras él.-
-De todos modos no tendrías por que haber correspondido a Camus bien sabías que estaba conmigo.-
-¿Quieres pelear escorpión? No tendrás oportunidad ante mí.-
-Eso lo veremos…- Y viendo que era inútil seguir hablando con Aioria le lanzo tres de sus agujas escarlatas al mismo tiempo que Aioria le lanzaba el rayo de plasma, ambos salieron despedidos por el aire, el león se reincorporó más rápido y fue hasta dónde estaba Milo, se sentó encima de él y empezó a darle una serie de golpes, el escorpión como pudo se zafó y dando patadas y puñetazos empezaron a rodar uno encima de otro jadeando y moliéndose a golpes hasta que no les quedaba más fuerza, Aioria había quedado finalmente encima de Milo, resoplando aún le tomaba por el cuello cortando su respiración, por un breve instante cuando Milo abrió los ojos y vio a su compañero sonrió a medias.
-Te ves muy curioso con esa cara de enojado.-
-Idiota…- Le contestó y se puso de pie, lo dejó ahí tirado y bufando se fue a cubrirse de la lluvia bajo un árbol, recargándose en él y limpiándose la sangre de los labios con el dorso de la mano. Milo se levantó y fue hasta donde estaba él, le quitó los cabellos de la frente y Aioria por inercia le quitó la mano, pero eso al escorpión no le importó, por alguna extraña razón pensó que se veía magnífico así, enojado, cubierto de lodo y sangrante.
-Hemos sido amigos desde hace mucho ¿No?.-
-Los amigos no se cogen a las parejas de los otros.-
-Lo sé…-
-Realmente Milo, ¿Qué es lo que te molesta? ¿Te pone celoso que de entre todas tus conquistas yo he sido el único que no ha caído?.-
-Eres un cabeza dura… ¿Por qué insistes en provocarme? ¡Bien! Me acosté con Shaka, sí lo hice, pero tí fuiste tras Camus también, así que estamos a mano… y sí a veces me dan celos…-
-Camus besa tan bien…- Comentó Aioria sonriendo con crueldad, Milo enojado le dio un puñetazo en el rostro y se pegó a él tomándole por el cuello.
-Donde vuelvas a decir algo así… te arranco la lengua ¿Has oído león?.-
-No… me das… miedo… Milo.- Los ojos coléricos de Milo observaban la mirada aguda de Aioria, aquellos taladrantes ojos verdes.
-Bésame… bésame como lo besaste a él…-
-Jajaja menuda broma Milo, no sabrías que hacer con un hombre de verdad.-
-Eres un cabrón A…io…ria… ¿Y tú que sabes de lo que yo podría hacerte?… ¿No será que él que no sabría que hacer eres tú?.- Acercó su rostro a él y le soltó del cuello para acariciar uno de sus labios que aun sangraba, su cuerpo se adhirió al de él, sintiendo cada músculo, cada parte del duro cuerpo de Aioria e inmediatamente el fuego de su deseo se encendió como una lumbrera.
-Te haré gritar como la golfa que eres…- Lo atrajo hacia él abrazándolo con violencia por la cintura, sus labios se pegaron a los suyos en un beso colérico e irrespetuoso, completamente mojados y cubiertos de barro, Aioria se separó de él y le sonrió con burla, lo pescó por la cintura y se lo llevó sobre su hombro a la cabaña.
-¡Bájame bestia! Puedo caminar, maldita sea…- Milo pataleaba pegando con los puños en su espalda mientras Aioria se reía y le daba una sonora nalgada.
