Disclaimers: Yami no Matsuei no me pertenece, evidentemente, aunque si Yoko quiere regalarme a Tatsumi san o a Asato chan no se los despreciaré. Bueno, si me quiere prestar a Muraki para torturarlo, tampoco se lo rechazaré.

Comentarios: Es muy poco probable que utilice muchas palabras en otros idiomas, pero si lo hago su significado estará al final del capítulo o al lado mismo de la frase.

—Bla bla bla Dialogo

«Bla bla bla» Pensamientos

Bla bla bla Recuerdos, sueños o palabras con marcado sarcasmo

Advertencias: Este fic posiblemente contendrá shonen ai (aunque, lo siento, dudo mucho que yaoi), así que los homofóbicos quedan advertidos.

Resumen del capítulo anterior: Hisoka y Tsuzuki ya forman parte del alumnado de la Casa del Norte, y tendrán que compartir cuarto con Muraki Aya, una extraña muchacha aficionada a la botánica. Su vida como escolares no ha hecho más que comenzar...

Flores silvestres y flores de invernadero

por Ayumi Warui

Capítulo 4. ¡Empiezan las clases!

Un niño de cabellos oscuros corría desesperadamente, en medio de un inmenso vacío negro, mientras huía de aquellos que lo perseguían. Aunque se girara, no podía verlos, pero sabía que estaban ahí por sus voces gritando y riendo y las piedras que lo golpeaban.

—"¡Muere monstruo!"

—"¡Vuelve al infierno!"

¿Por qué lo trataban tan mal? Él no les había hecho nada, sólo quería ser su amigo... Sólo quería ser un chico normal...

—Despierta...

Las piedras no paraban de lloverle. ¿Es que nadie iba a acudir en su ayuda?

—Vamos, despierta...

—"¿Hay...?" —empezó a balbucir el niño entre sollozos—. "¿Hay alguien ahí?"

—�¡Despierta!

Tsuzuki abrió los ojos de golpe, sobresaltado por el grito que acababa de arrancarlo de su pesadilla. Lo primero que vio fue el rostro de una joven a escasos veinte centímetros de él. Era una chica muy hermosa, con unos largos cabellos oscuros que caían como cascadas sobre sus hombros y espalda y unos profundos ojos color amatista.

—¿Quién eres? —preguntó Tsuzuki en un murmullo.

—¿Cómo que quién soy? —repitió con una cálida sonrisa, apartándose un poco para dejarle espacio—. Soy yo, Aya¿quién si no?. Parece que aún estás medio dormida... ¡Ah! Asako¿y esas lágrimas? —se preocupó.

—¿Lágrimas? —repitió, incorporándose hasta quedar sentado, al tiempo que comprobaba que tenía las mejillas húmedas—. No es nada, el sueño... —se excusó, secándolas con rapidez con el dorso de la mano.

—... —Aya lo observó en silencio. Para no ser nada, parecía estar algo triste... Así que, siguiendo un impulso, abrazó de forma sorpresiva a Tsuzuki, de forma que la frente del sorprendido hombre quedó apoyada en su hombro—. No te preocupes, Asako. Sólo ha sido una pesadilla, no le des más vueltas... —intentó tranquilizarlo, y él realmente agradeció el gesto afectuoso.

—�¡EJEM!

Aya y Tsuzuki se sobresaltaron ante la exclamación, lo que hizo que se separasen. Al hacerlo, pudieron ver a Hisoka, que acababa de salir del baño y los observaba con un gesto tremendamente amenazador.

—Siento interrumpir un momento TAN emotivo, pero si no os dais prisa me voy sin vosotras —declaró Hisoka con la voz más cortante y fría que era capaz de emitir.

—¡Es cierto, hay que darse prisa, Asako! —apremió Aya, decidiendo que era mejor no contestar a Kurosaki. Parecía realmente enojada por algo—. Ya te he llamado un montón de veces, pero no tienes el sueño lo que se dice ligero. �¡Y en cinco minutos cierran la residencia!

—�¿Cinco minutos! —reaccionó Tsuzuki, saliendo disparado de la cama hacia su ropa, cogiéndola en un montón y abalanzándose hacia el baño.

—Será baka... —gruñó Hisoka, mientras cerraba su cartera, poniendo punto y final a su preparación.

—Eh, Hisoka¿sabes dónde tiene Asako los libros? —preguntó Aya mientras se recogía el pelo es una cola de caballo—. Si no le preparamos la mochila no llegará a tiempo.

—¿Y a mí qué si llega a tiempo o no? —espetó malhumorado—. Y ya que a ti te preocupa tanto, búscate la vida solita para encontrarlos.

«¡Caray!» —pensó Aya—. «Hisoka chan tiene un despertar TERRIBLE. Aunque tal vez esté enojada con nosotras porque anoche no parábamos de hablar...»

—Bah, yo voy pasando —declaró el shinigami de ojos verdes, abandonando la habitación.

Apenas un minuto después, reapareció Tsuzuki, con las trenzas de la peluca algo despeinadas y la ropa mal ajustada y arrugada.

—¿Y Hisoka? —preguntó al instante.

—Ha ido pasando, supongo que avisará a Iwahara sensei para que no nos encierre aquí —se dijo Aya con gran ingenuidad—. Tu amiga tiene muy mal despertar¿eh? —le señaló, entregándole la mochila ya preparada.

—¡No sabes cuánto! Bueno, ya haré la cama en otro momento —dijo, pensando que no valía la pena molestarse ahora cuando podía hacerla más tarde—. ¡Vamos a desayunar!

—¡Ey, Asako chan¡Te dejas las gafas! —indicó, persiguiendo al hombre, que ya se hallaba fuera de la habitación, a un metro de la puerta.

—¿Gafas? —repitió desconcertado—. ¡Ah, las gafas! —recordó de pronto que su disfraz incluía aquel incómodo complemento.

—Ya veo que las legañas te ciegan bastante¿eh? —rió Aya uniéndose a él para hacer un maravilloso sprint, unido a casi arrojarse escaleras abajo, todo para llegar justo a tiempo donde el profesor se encontraba con el resto de las chicas.

—Como siempre la última¿eh, Aya? —preguntó Nami, una muchachita rubia y bajita—. Aunque parece que Asako chan está en tu línea.

—Sí, eso parece...

—Niñas —llamó Iwahara—. ¿Estáis ya todas? Vamos al comedor, que no tenga que volver a oír nunca más que mis niñas siempre llegan tarde a la primera hora.

—�¡Síiii! —corearon entre bostezos.

—Id pasando, que ahora os alcanzo —pidió Aya a Nami y Tsuzuki, desviándose en el recibidor de la residencia para dirigirse a una pared que estaba cubierta de puertecitas cerradas con llave. Según lo que el anciano había explicado a los dos shinigamis en el tour turístico por la Casa del Norte, aquellos eran los buzones de las alumnas, donde se les dejaban las cartas que recibían.

Tsuzuki siguió los movimientos de Aya con la mirada, intrigado, y se sorprendió mucho al ver la expresión del rostro de ella cuando comprobó que el interior de su buzón estaba vacío. Parecía tan triste que a Tsuzuki le entraron ganas de llorar sólo de verla. Sin embargo, en cuanto Aya cerró la puertecita y se volvió para seguir al resto hacia el comedor, ya volvía a tener aquella sonrisa suya, como si la visión de antes hubiese sido un simple espejismo.

—Eh, Asako¿me has esperado? Si te dije que fueras pasando... —dijo cuando lo alcanzó.

—¿Eh?

—¡Anda, vamos¡A ver si un poco de pastel de manzana te espabila!

—�¿Pastel de manzana! —exclamó, cambiando de humor súbitamente.

—¡Sí, mi favorito!

UUUUUUUUUUUUUUUUUUU

Por suerte para Tsuzuki y Aya, pese a que Hisoka, aún de muy mal humor, no les había guardado ningún sitio en la cola, dos de las compañeras de la residencia les dejaron pasar donde ellas estaban.

—Oíd, hoy tenemos ciencias y economía doméstica —recordó Ruri—. ¿Creéis que nos darán tiempo libre? Como el profesor que daba esas materias se marchó por el master aquel...

—Creo que ya han reclutado profesores nuevos —indicó Ikuko.

—¡Vaaaaya! —corearon, decepcionadas.

—Ey, chicas¿sabéis? —empezó Nami mientras las de la residencia ocupaban la mesa que les correspondía—. Ayer Aya conoció al hombre de su vida...

—¡Na... Nami! —exclamó la aludida, roja hasta las orejas.

—�¿De veras¡Cuenta, cuenta! —corearon todas menos Aya y Hisoka (Tsuzuki incluido).

—¡No¡No cuentes! —prohibió Aya, tapándole la boca a su amiga. No obstante, ésta logró zafarse.

—Pues ayer por la tarde, el aire me encaló el sombrero en un árbol y Aya subió a buscarlo —empezó Nami—. Pero, cuando ya lo tenía, resbaló y cayó. Yo creí que se iba a romper todos los huesos, pero un hombre guapísimo que pasaba por allí la cogió al vuelo como un verdadero héroe de novela rosa. ¡Fue increíble!

—¡Qué suerte! —exclamó Satomi—. ¿Quién era él¿Te dijo su nombre?

—No se me ocurrió preguntárselo... —confesó Aya bastante avergonzada—. Pero supongo que sería el hermano mayor de alguna alumna. Como era la hora de visita... Aah... —suspiró—. Qué suerte tiene esa chica de tener a mi príncipe azul como hermano... No tiene ni idea...

—Vamos, Aya, tú tampoco puedes quejarte —intervino Eriko—. Tu hermano también está muy bien.

—Sí, bueno... ¿Y tú, Asako? —preguntó de pronto, haciendo que Tsuzuki casi se atragantara con el pastel—. ¿Tienes hermanos?

—Bueno, tenía una hermana mayor... —confesó, logrando que todas ellas cambiaran de expresión.

—Oh, lo siento... No lo sabía...

—Me voy —declaró Hisoka, levantándose y llevándose la bandeja con él, sin dirigir su atención a ninguna de sus compañeras.

—Oíd... Hisoka chan ¿no es un poco arisca? —señaló una.

—La verdad es que parece muy insociable —apoyó otra.

—A mí creo que me odia —añadió Aya.

—¡Qué va! —exclamó Tsuzuki—. ¡Si Hisoka es muy dulce! —defendió, logrando que todas lo observaran con el mensaje "tú alucinas" grabado en la mirada.

—Tal vez... —empezó Aya—, lo que suceda es que aún no se siente cómoda aquí, como es nueva... Yo creo que no le gusto porque hablo demasiado contigo, Asako.

—¿Eh¿Por qué tendría que ser así? —se asombró el shinigami por la ocurrencia.

—Bueno, como las dos sois nuevas y venís del mismo sitio, tal vez Hisoka piense que la estás dejando de lado porque has congeniado mejor con nosotras que ella —le sugirió.

—Eso tendría sentido —apoyaron algunas.

—¿Tú crees?... —se preguntó Tsuzuki, buscándolo con la mirada. No obstante, él ya no estaba en el comedor.

UUUUUUUUUUUUUUUUUU

—�¿Por qué siempre llegamos taaaaaarde! —exclamaba Chie mientras el grupo de chicas del último curso de la Casa del Norte (a excepción de Hisoka) corría con desespero para llegar a la primera clase. Una vez más se habían entretenido en el desayuno.

—¡Ahí está el edificio! —señaló Eriko con tono triunfal.

—Menos... mal... —logró hablar Tsuzuki. No entendía cómo unas muchachitas aparentemente tan delicadas como aquellas podían aguantar aquellas carreras, porque el comedor no estaba lo que se decía cerca del edificio central y, curiosamente, todo el camino era cuesta arriba. ¡Y encima aquellos zapatitos de tacón lo estaban matando! En mal día hizo caso a Tatsumi en aquello de "si podéis usar algo exclusivamente femenino, no llevéis lo mixto". Con lo bien que le irían ahora unas deportivas...

—Tranquila, Asako, con el tiempo harás fondo —intentó animarlo Aya—. Como todas las mañanas es lo mismo...

«Espero que resolvamos el caso antes de que este ritmo de vida me mate... de nuevo...» —pensó el shinigami mientras atravesaban la puerta de entrada. Cuando, una vez allí, vio tantos pasillos y puertas distintas, de alegró de no estar solo. ¡Se habría hecho de noche antes de encontrar el aula!

—¡Ánimo, chicas¡Son solo cinco pisos! —exclamó Aya cuando se encontraron a pie de las escaleras.

—�¿Cinco! —gimió Tsuzuki, desalentado—. ¿No hay ascensor?

—No, se estropeó la semana pasada.

—�¿Este también! —se quejó, recordando que el de la Casa del Norte tardaría meses en estar en funcionamiento de nuevo por no sé qué lío.

—¡Vamos¡Se nos pasará en un suspiro!

—�¡Síiii! —corearon todas menos Tsuzuki—. ¡Uno¡Dos¡Uno¡Dos¡Uno¡Dos!...

Pero tres pisos después...

—Uuuunoo... doooo... me mueroooo... —se lamentó Nami haciendo esfuerzos por desapegar sus pies del suelo.

—Vamos, chicas¡solo un par de pisos más! —apremió Aya, varios escalones por encima.

—Esta chica no es humana... —se dijo una, mientras las demás la apoyaban.

—Vamos, que llegaremos tarde —indicó la muchacha de ojos violetas mientras caminaba de espaldas por el rellano, para así poder verlas. Al hacerlo, acabó tropezando con otra chica que al parecer veía del piso superior.

—¡Au! —se quejó ésta.

—¡Upps! Perdona —se disculpó Aya dándose la vuelta pero, al reconocer a la estudiante, dejó de lado su expresión amable.

«¡Vaya¡La chica con la que tropecé yo ayer!» —reconoció también Tsuzuki.

—Mira, Muraki tenía que ser... —empezó Mai con tono impertinente.

—En otro momento, ahora llegamos tarde a clase —esquivó la discusión la morena.

—Sí, como siempre... —se burló Mai poco dispuesta a acabar aquello allí—. Estarás contenta¿no, Muraki? Tus poderes diabólicos te están resultando muy lucrativos...

—¿Qué quieres decir?

—Que a mí no me engañas. Yo sé que tú eres la culpable de lo que le ha pasado a esas chicas en vuestra casa —acusó—. Seguro que para una chica que usa poderes diabólicos no es difícil hacer una maldición así.

—Yo no uso poderes diabólicos —matizó—. No es mi culpa que tu ignorancia sobre los poderes de las itako sea tan grande...

«�¿Itako ha dicho!» —pensó Tsuzuki, observando a Aya con sorpresa e incredulidad.

—Bah —desdeñó la crítica—. No me negarás que estás haciendo el negocio del siglo. Primero intimidas a tus compañeras y luego les sacas dinero con los amuletos esos que les vendes. Sí, muy lista...

—Deja en paz a Aya —intervino Nami cuando las otras chicas hubieron acabado de ascender aquel grupo de escalones.

—Ahí viene otra pordiosera venida a más...

—Vamos, chicas, continuemos —indicó Aya sin hacer caso.

—Sí, vete, vete —dijo Mai—. No quiero relacionarme contigo. Fíjate la pobre Maki, en mal día fue a la cita que tenía contigo en vuestra casa... —dejó caer antes de continuar con su camino, con aire muy digno.

—¿Quién es Maki? —se interesó Tsuzuki—. ¿Y qué es eso de que eres una itako?

—Luego te explico, Asako. ¡Ahora tenemos prisa! —recordó Aya.

Aún tardaron algo más en llegar al aula, y fue un golpe duro descubrir, por un mensaje escrito en la pizarra, que la clase de ciencias se daría en uno de los laboratorios del primer piso. Después de bajar de nuevo, al fin llegaron a su destino y, tras llamar tímidamente a la puerta, pasaron al aula imaginando que pasarían aquella primera hora en el pasillo cargando cubos de agua.

—¡Vaya¡Al fin tenemos aquí a las chicas de la Casa del Norte! —exclamó la profesora.

—�¡Watari! —reconoció Tsuzuki con alegría. ¡Era cierto, Tatsumi había dicho que Watari les daría ciencias!

—¿Conoces a la profesora nueva? —susurró por lo bajo Satomi.

—¿No es guapísima? —añadió Ruri.

—Tomad asiento, muchachas, que os hemos estado esperando —indicó Watari con una amplia sonrisa.

—¿Y yo dónde...? —empezó a preguntar Tsuzuki, encontrando a Hisoka en una esquina, junto a la ventana. El laboratorio tenía cuatro grandes mesas en las que se tenían que distribuir las chicas, de dos casas distintas, ya que cada materia era impartida en dos horarios: uno para las Casas del Norte y Oeste, y otro para las chicas de la Casa del Este, que como siempre tenían mayores privilegios. Normalmente en las asignaturas teóricas ocupaban mesas de tres plazas, donde se sentaban juntas las que compartían cuarto, pero en los laboratorios se mezclaban como querían.

—¡Vayamos con Hisoka chan! —exclamó Aya, arrastrando a Tsuzuki del brazo, imaginando que querría estar con su amiga.

—Bueno, mientras tomáis asiento aprovecharé para volver a presentarme para las recién llegadas —empezó a hablar Watari, encantado de oír lo bien que funcionaba su invento para modificar las voces—. Yo seré vuestra nueva profesora de ciencias, Watari Yuka. Y éste de mi hombro es mi ayudante, 003. Saluda, 003 —pidió al búho, haciendo que más de una estudiante se cuestionara la salud mental de la profesora nueva.

—¿Ayudante? —se atrevió a repetir una.

—Sí, sí, ya lo veréis tarde o temprano... Bueno, me han dado el temario que se supone que debéis dar, los papeles del profesor anterior y todo eso. Ibais por el estudio de la anatomía de los anfibios... —comprobó en unos papeles—. ¡Bah, qué tema tan aburrido! —declaró lanzando los papeles por encima de su hombro—. No me apetece destripar ranas, e imagino que a vosotras, viniendo de desayunar, tampoco —supuso con acierto—. Además, la biología es tremendamente aburrida. ¿Qué tal si nos saltamos estos temas? Ya os pondré un sobresaliente a todas en ellos.

—�¡Síiiii! —corearon las jovencitas, decidiendo que era una MAGNÍFICA profesora.

—Pues vale, pasemos a la mecánica.

—Pero, profesora, la mecánica no entra en el temario —intervino Nami.

—¿Ah, no? Pues ahora sí. Sustituirá... ¡la geología! —decidió.

«Esto no es serio...» —se dijo Hisoka, pensando que no pasaría ni una semana antes de que los expulsaran de allí. Por suerte, la gente de aquel lugar estaba lo suficientemente bizca como para no ver lo evidente, es decir, que Watari, Tsuzuki y él eran chicos.

—Hisoka... —llamó Tsuzuki en voz muy baja. El joven lo oyó perfectamente, pero fingió que no había sido así... al menos hasta que sintió que su compañero había posado la mano sobre la suya, la cual descansaba en la mesa.

—¿Q... qué te crees que haces? —murmuró, no con el ímpetu que había deseado, y sin apartar tampoco la mano de debajo de la de Tsuzuki.

—¿Estás enfadado conmigo? —preguntó el otro, aunque ya casi lo daba por sentado. Hisoka ni siquiera lo miraba a la cara, aunque lo que el shinigami no sabía era que una de las razones era porque el chico de ojos verdes no quería que notase el rubor de su rostro.

—¿Y qué si lo estoy? —fingió indiferencia.

—Hisoka... No quiero que pienses que te he dado de lado ni nada de eso... —le dijo, acudiendo a lo que Aya había comentado en el comedor—. Al contrario, me hace muy feliz que estés aquí, a mi lado... —declaró, haciendo que Hisoka enrojeciera aún más.

—¡Eh¡Tsuzuki¡Kurosaki! —llamó Watari de pronto—. ¡Dejad de hacer manitas y escuchadme, que esto es importante! —indicó, logrando que los dos shinigamis separaran las manos en el acto y que un coro de risitas femeninas llenada el laboratorio.

«Cuando pille a Watari verá...» —se prometió Hisoka, pensando que había hecho un ridículo espantoso.

—Profesora —intervino una chica, interrumpiendo al rubio, quien se hallaba escribiendo en la pizarra lo que sería el nuevo temario de ciencias—, pero en nuestro libro de texto no sale nada de eso...

—No os preocupéis por esas menudencias, porque... —indicó mientras subía a la mesa del profesor una de las cajas que había traído—... ¡aquí tenéis vuestros nuevos libros! —exclamó mostrándolo un ejemplar—. Los he escrito yo misma y los mandé encuadernar. ¡Incluso tienen una dedicatorio en la primera página: "Para mis queridísimas alumnas"! —señaló eufórico—. Y ahora, leeré los puntos del temario por si alguien no entiende mi letra. Teoría:

Tema 1. Cosas que se mueven solas, osease, robots.

Tema 2. Cosas que algún día podrían llegar a moverse solas, es decir, simulaciones.

Tema 3. Cosas que nunca llegarán a moverse, o lo que es lo mismo, planos de diseños.

Tema 4. Química, ese maravilloso mundo de lo desconocido.

Primera parte: Pócima de la invisibilidad.

Segunda parte: Pócima del cambio de sexo.

>>Y prácticas habrán varias y las describiré en el momento —finalizó—. Por cierto, es posible que la segunda parte del tema 4 no nos dé tiempo a darla —indicó, diciéndose que tal vez era mejor porque aún no había logrado que funcionase.

—Esto... ¿Los tres primeros temas de teoría no sería más lógico darlos al revés? —se atrevió a opinar una chica.

—No veo por qué —confesó Watari—. Yo siempre empiezo montando las cosas y luego ya me preocupo de hacer los planos, necesarios para la patente.

—Watari san... ¿En serio existen las pócimas de la invisibilidad y el cambio del sexo?

—Ay, niñas... Bien dice el título del tema que la química es un mundo aún por conocer... —suspiró—. Y, si no hay más preguntas, hoy empezaremos la primera práctica que consiste en montar un pequeño robot, pero no os preocupéis, el programa de inteligencia artificial para que sepa jugar al mus no lo haremos hasta la próxima práctica. Los pasos de esta práctica serán los siguientes —indicó escribiéndolos en la pizarra—: 1. Formar grupos de seis, 2. Coger las piezas y las herramientas de sus cajas, 3. Montar el robot, 4. Evaluar los resultados. ¿Quedan claros los pasos? Cuando tengáis una duda podéis levantar la mano y acudiremos yo o 003 a resolver vuestra duda. —Y, nada más acabó la frase, todas las manos derechas o izquierdas, según el caso, excepto la de Hisoka y Tsuzuki, se levantaron en el acto.

—Algo me dice que será una clase difícil... —pensó en voz alta Tsuzuki.

—Esto no es serio... —repitió Hisoka

UUUUUUUUUUUUUUUUUU

—Bueno, niñas, eso ha sido todo por la clase de hoy —habló Watari una vez todas hubieran llegado al aula, dónde se cursaría la asignatura siguiente, a la que amablemente Watari las había acompañado—. El próximo día tocará teoría.

—¡Síii!

—¡Y nunca olvidéis el principio fundamental de todo mecánico! —advirtió desde la puerta del aula—. ¡Siempre que desmontéis un aparato y luego lo volváis a montar, os sobrarán piezas¡Hasta la próxima!

—¡Adiós, Yuka chan sensei! —corearon, con la confianza de trato que se logra tras tener que llamar más de cincuenta veces a un profesor en una sola clase.

—¿No es genial la profesora Watari? —preguntó Ruri en cuanto se hubo ido el aludido—. ¡Y tan guapa!

—Sí, es muy maja —opinó Aya—. Y 003 es tan abrazable...

—¡Sí¡Es super kawai! —corearon las otras chicas.

—Menos mal que nos ha dejado 6 sesiones para hacer la práctica...

—¡Pues qué susto! Cuando ha escrito eso en la pizarra creía que sólo teníamos el día de hoy —añadió otra de ellas.

—¡Uff! —resopló Aya dejándose caer en la silla que ocupaba, a la derecha de Tsuzuki, quien a su vez tenía a Hisoka a su izquierda—. Ahora toca economía doméstica... Odio la economía... —se quejó—. Soy una negada para la planificación y las cuentas...

—Sí, y parece que la dará otro profesor, porque Yuka chan se ha ido —indicó Nami, sentada delante de ellos tres, dando ahora la espalda a la pizarra para poder verlos.

—Da igual cómo sea el profesor, igualmente seguiré detestando estas clases...

En el momento en que Aya finalizó su comentario, unos golpes en la puerta (abierta, ya que Watari no se había molestado en cerrarla al salir) les indicó que el nuevo profesor había llegado y les exigía silencio y atención. Un conjunto de exclamaciones femeninas de aprobación siguieron a la aparición de Tatsumi, quien caminó con parsimonia hasta su mesa.

—�¡Aah! —gritó Aya, levantándose de golpe al reconocerlo.

—¿Sucede algo, Aya san? —preguntó Tatsumi con su tranquilidad de siempre.

—¿Eh? Ah... no... esto... —musitó, totalmente azorada por la vergüenza, mientras se oían risitas—. No... ¡disculpe! —pidió, sentándose de nuevo.

—¿Qué pasa? —inquirió por lo bajo Tsuzuki.

—Es él... —susurró Aya casi sin voz—. Es mi príncipe... ¡Y me recuerda!

—�¿Qué! —se asombraron Tsuzuki y Hisoka ante la afirmación.

—¿Has visto, Aya? —preguntó Nami, girándose con disimulo—. ¡Es el de ayer! Al final es profe, qué suerte¿no?

—Sí... —suspiró con la mirada nublada por la adoración—. Qué maravillosa es la economía...

—Esto no tiene buena pinta... —le dijo Tsuzuki a Hisoka, quien estuvo absolutamente de acuerdo.

—Bueno, señoritas —empezó a hablar Tatsumi una vez hubo arreglado sus papeles y se hubo ajustado a la manga de la camisa aquello con la que tenía entendido que había que sostenerla para no tener problemas con la tiza de la pizarra—. Mi nombre es Tatsumi Seichiiro y desde hoy seré su profesor de economía doméstica y política.

—Tatsumi sama... —repitió Aya muy bajo, logrando que a Tsuzuki se le pusiera la piel de gallina—. Oh, qué felicidad...

—Imagino que la profesora Watari no lo habrá hecho —adivinó con acierto—, pero ahora mismo pasaré lista —indicó cogiendo una pluma—. Veamos... Aihara.

—Presente.

—Ichigawa... Kakinomoto... Kurosaki... —continuó llamándolas, contestando ellas.

—Aya¿te encuentras bien? —se preocupó Tsuzuki al verla tan roja—. ¿No tendrás fiebre?

—¿Eh?

—Tsuzuki...

—¡Ah¡Yo, yo! —contestó al instante.

—No hace falta que te exaltes tanto, ya te he visto —reprendió antes de retomar lo suyo.

—Jo... Tatsumi siempre tan estricto...

—¿Eh? —Esta vez sí reaccionó Aya—. ¿Es que conoces a Tatsumi sama?

—Sí, también viene de nuestro antiguo instituto...

—�¿De veras¿Y os lleváis bien?

—Mujer... Se puede decir que sí, aunque no por ello es mucho más amable...

—Mazaki... Minami... Miyagi...

—¿Por qué dices eso? Tatsumi sama es muy amable¿no? —supuso Aya, no se sabe con qué base.

—Mujer... Amable lo que se dice amable...

—Aya...

—Sí, seguro que lo es —continuaba la muchacha—. Tiene unos ojos muy dulces.

—Aya...

—¿En serio crees eso? —se sorprendió Tsuzuki.

—¡Aya! —llamó con más energía, aunque sin llegar a gritar, captando al fin la atención de la pareja. Cuando la chica dirigió su mirada hacia él y descubrió que Tatsumi, a su vez, la estaba observando, enrojeció aún más si cabía y se levantó, nerviosa, diciendo:

—Soy... ¿yo?

—Aya san, deberías centrarte más en la clase —replicó Tatsumi—. Y no permitas que Tsuzuki te distraiga o afecte a tus calificaciones con su mala influencia.

—¡Oye! —se quejó el aludido.

—Lo... ¡Lo siento! —se disculpó ella, volviendo a sentarse. El shinigami, como si nada hubiese sucedido, continuó pasando lista.

—Aya... —llamó Nami—. �¿Te has fijado¡A todas nos llama por el apellido menos a ti!

—¿De veras? —se ilusionó.

«Normal...» —pensaron Tsuzuki y Hisoka, ya que sabían que ninguno de los cuatro se sentía con ánimos de pronunciar el apellido del doctor, como si por llamarlo hubiera más posibilidades de que regresara.

—Bueno, señoritas —retomó la palabra Tatsumi—. No sé cómo era vuestro anterior profesor o cómo llevaba las clases, y la verdad es que me trae sin cuidado. En mis clases quiero silencio cuando yo hable y contestaciones cuando pregunte. No admitiré ni la falta de participación ni el afán de protagonismo¿queda claro?

—¡Sí, sensei! —corearon.

—Bien... La evaluación de la asignatura consistirá en un examen, pero, como sé que no vais a tocar ni un libro antes de la noche anterior a éste a no ser que os obligue, también exigiré ciertos trabajos que tendrán que recibir una calificación de apto.

—Sigue en su línea de crueldad...—susurró Tsuzuki a Hisoka—. Hasta aquí nos hará trabajar como esclavos...

—Pero, antes de nada, haré una prueba para evaluar el nivel que tenéis. —Un coro de exclamaciones de sorpresa y desagrado se hizo oír—. No os preocupéis, no tendrá peso en la nota, es simplemente orientativo y de un nivel elemental. Casi se podría decir que es una prueba de sentido común.

—Entonces tú no hace falta que la hagas, Tsuzuki —señaló Hisoka.

—Vaya, gracias por tu confianza —sonrió el shinigami, haciendo que su compañero suspirara al ver que había entendido su pulla justo al revés.

—Coged todas un papel y apuntad lo siguiente —ordenó—: Imaginad que sois unas miserables trabajadoras que han de sobrevivir con un miserable sueldo infrahumano. Por ejemplo, 100€ (por supuesto, en neto), para que el número sea sencillo a la hora de transcribir los porcentajes...

—Esto, profesor... —interrumpió Kaede—. ¿Cuántos yenes es un euro?

—Señorita, si cuando acabe de enunciar el problema cree que necesita esa información, pregúnteme de nuevo —replicó con firmeza—. Como iba diciendo, tenéis que repartir vuestros ingresos entre los siguientes objetivos: la casa (luz, agua y demás), la comida, la salud (médicos y farmacia), las aficiones y extras (cine, restaurantes, fiestas, libros, juegos...) y el ahorro. Tomando el supuesto de que no tenéis deudas y sin tener en cuenta que con ese dinero no tendríais ni para vivir un par de días, señalad qué porcentaje de vuestros ingresos dedicaríais a cada una de las cosas que os he indicado. Os doy unos diez minutos por si alguien necesita pensar para ello y luego lo entregaréis para que lo corrija —finalizó.

«Qué ejercicio tan simple» —se dijo Hisoka.

«Qué chungo...» —pensó Aya, releyéndolo—. «100€... ¿Mis plantas entrarán en casa o en extras y aficiones?»

«Bah, no es tan difícil como creía...» —meditaba Tsuzuki—. «Pero... ¿cuántos euros serán el 65 de 100€? No sé si preguntarle a Hisoka...»

Pasados los diez minutos de rigor, Tatsumi dio la orden de que finalizaran.

—Al final de la clase dejadlos sobre mi mesa para que pueda corregirlos. No olvidéis poner vuestros nombres. Y... Tsuzuki —llamó.

—¿Qué?

—Quiero que leas tu solución —ordenó y, luego, dirigiéndose hacia el resto de la clase, añadió—: Prestad atención a lo que Tsuzuki diga para ver un ejemplo de lo que es una solución incorrecta.

—¡Ey¡Si aún no la he leído! —se quejó.

—Adelante pues... —invitó.

—Pues... Un 65 en pasteles... un 20 en el resto de la comida... un 30 en la casa, un 50 en aficiones y extras y un 1 en ahorro. En salud no he puesto nada, pero es que no suelo enfermar —se excusó.

—Tsuzuki... ¿Te has dado cuenta que según tus porcentajes has gastado un 166 de tu sueldo?

—Oh, bueno, si es que me falta dinero siempre puedo pedírselo prestado a un amigo —indicó resuelto.

—¿Veis? ESO es lo que no hay que hacer.

—�¿Por qué! —quiso saber Tsuzuki.

—Creía que tu vida era un buen ejemplo de ello —le recordó.

—A mí aún me debes lo que te dejé el mes pasado —añadió Hisoka.

—¡Jo!

—Sensei... —intervino Eriko—. ¿Y cuál sería una buena solución?

—Pues, por ejemplo, un 10 para la casa, 10 para la comida, 20 para salud 0 para extras y 60 para el ahorro —declaró sin dudarlo.

—Que vida tan triste debe haber llevado... —se compadeció Aya, por lo bajo—. Debe ser muy pobre...

—Di más bien tacaño —refunfuñó Tsuzuki, aún molesto.

—Una vez hecha la prueba, continuaremos con el temario —indicó Tatsumi—. Hoy veremos cómo invertir nuestro dinero en la casa para poder sacar provecho en el futuro de él... —empezó.

En cuanto empezó a explicar y escribir números en la pizarra, la mayoría de sus alumnas empezaron a dejar de prestar atención a lo que decía, porque a él no le quitaban el ojo de encima. Un par intentaron comentar la suerte que tenían de al fin tener un profesor joven y guapo, pero la firme reprimenda de Tatsumi sirvió para que el resto decidieran comentar después de la clase.

Hisoka tomó apuntes de forma impecable, siendo consciente de que no sólo los tendría que entender él, sino Tsuzuki, ya que se había dormido y posiblemente acabara estudiando de lo que él escribiera. Aya, por su parte, se pasó toda la clase suspirando, con su mirada fija en Tatsumi y una expresión cercana a la estupidez, haciendo que el shinigami observado se sintiera extrañamente incómodo al sentir que aquellos ojos violetas ni siquiera parpadeaban para no perderse unos microsegundos de su clase.

Cuando la clase llegó a su fin, Tatsumi casi se sintió más aliviado por ello que sus alumnas, por lo que, sin muchas ceremonias, recogió el ejercicio del inicio, les indicó qué debían hacer para la siguiente clase, y se marchó con paso ligero a la siguiente aula.

—¡Qué tostón de clase! —exclamó Chie, logrando despertar a Tsuzuki de su sueño y a Aya de su trance.

—Ha sido maravillosa... —suspiró ésta.

—Aya¿te has golpeado la cabeza? —alucinó su compañera—. ¡Creí que odiabas la economía!

—Es que el profesor Tatsumi es su príncipe azul, aquel del que hablamos en el comedor —les indicó Nami, la única que lo conocía.

—�¿De veras¡Pero si parece muy arisco!

—¡Qué va! —defendió Aya—. ¡Salta a la vista que es un hombre amable y comprensivo!

—¿En serio hablas de Tatsumi? —puso Tsuzuki en voz alta los pensamientos de Hisoka.

—Pues nada, Aya¡a conquistarlo! —animó Ruri—. Aunque él sea un profesor y tú su alumna, eso no impide que puedas conseguirlo. El amor es más fuerte que las diferencias de edad, de clase social o de sexo. ¡Esfuérzate y lo conseguirás!

—No... no lo creo... —musitó, avergonzada—. Además, no me atrevería a mirarlo a los ojos...

—Pero si no le has quitado el ojo de encima —indicó Hisoka, sorprendido.

—¡Pero es distinto! No sabría qué decirle... ¡Me moriría de vergüenza!

—Bah, ese tipo de hombres, como son tan secos, no se comen una rosca —opinó Harumi—. Tú ponle ojitos tiernos y se te tirará encima como un lobo.

—¡Dejadlo ya, por favor!

—¡No te preocupes, Aya¡Nosotras te ayudaremos!

«Compadezco a Tatsumi...» —pensó Hisoka, entreviendo lo que le esperaba sufrir.

Fin del capítulo 4

Notas de la Autora: El próximo capítulo seguirá a este, pero me parecía que la cosa se alargaba demasiado, así que lo corté. Otra cosa es que he acabado los exámenes, así que, contra toda lógica, es muy posible que mi periodicidad se resienta bastante (ya se sabe, prácticas, trabajos...). Sólo espero no haberos malacostumbrado :P

Vocabulario:

(No repetiré las palabras traducidas en capítulos anteriores, sino podría eternizarse)

Baka — idiota (¿quién no conoce este apelativo afectuoso?)

Itako — No sé si alguno de vosotros ha leído Shaman King (porque yo no). Pero creo que las itako son unas sacerdotisas que tienen la capacidad de comunicarse con los espíritus de los que han muerto e invocarlos (no me refiero a zombis, eso es cosa de la necromancia). No sé si será del todo correcto, pero en este fic ese será el significado que tendrá.

Super kawai — That means super cute in japanese XDD (bueno, me dejo de ralladas, que eso sólo lo pillará quien conozca la canción "Harajuku girls"). Significa súper mono.

Sama — Sufijo arcaico que denota un gran respeto y se empleaba para dirigirse a un superior.

Ahora paso a contestar los reviews:

Crazy-Xion: Siento decir que en el caso de ver al doctor Muraki (al que, por cierto, detesto con toda mi alma) habrá que esperar. En cuanto a Watari... Bueno, la verdad es que es un personaje que no me gusta mucho, sinceramente no sé ni cómo lo metí en esto... Supongo que porque los cuatro hacen un buen equipo :P

Haruka/Shuichi: Me alegra que te guste cómo va el fic :D Espero no acabar estropeándolo o colocando algo demasiado raro, que soy muy retorcida cuando quiero. Ah, y sí, se nota que te gusta Gravitation. A mí también me encanta, sobre todo Shûichi.

Arigata¿Que quién se ha quedado con el vestido?... ¡Y yo qué sé¿crees que me enteré de quién era quién cuando se presentaron XD! Y al final se lo jugaron a piedra, papel o tijeras. Sobre la sagacidad de Aya, pues es del mismo estilo que la de Tsuzuki, es decir, muy buena mientras no la implique a ella misma XD.

Tenshi Lían: Yo también tengo Lawful Drug (soy fan incondicional de CLAMP) aunque, la verdad, no había visto el parecido, aunque lo hay. Y sobre lo de que no te has leído todos los cómics de yami, te advierto que en el futuro la obra tendrá probablemente algún spoiler de la Saga de Kyoto, así que compra los tomos ¡rápido XD!

Mei Ikari: Gracias por tus amables palabras. Y sí, Aya debe ser más o menos como la protagonista del cuento del Conde, aunque yo me la imagino aún más mona :D

Y ya sabéis, críticas, amenazas de muerte, injurias o abucheos, hacedlos en el apartado de reviews. �¡Pero hacedlos¿a qué esperáis, que no muerdo¡Nos leemos!