¿Alguna vez has sentido que no encajas en ningún lugar en el universo? Que no importa si estás en tierra o mar, simplemente no perteneces a ningún lugar en que que estés o al que llegues. ¿Has sentido alguna vez que no encajas con la gente que te rodea?

Bueno, durante muchísimo tiempo esa fue la sensación de La Niña Maximoff, y aquella sensación de ausencia de pertenencia sólo se había intensificado al morir su hermano. Recordaba el accidente de auto, estaban en Sokovia y sus padres habían estado conduciendo hasta muy entrada la noche con tal de llegar. Su padre estaba cansado y su madre se había quedado dormida, el trato era que ella dormiría una hora y luego manejaría otra hora para que su esposo pudiese descansar. Nunca llegó el cambio.

Un auto se estampó de lleno en su costado. Wanda había despertado con tiempo suficiente para ver a su hermano, colgando sobre el cinturón de seguridad porque se había quedado dormido, ella había visto las luces aproximarse pero no entendió lo que pasó a tiempo. Sintió como todo el auto se sacudió hacia su lado, ella se estampó de lleno contra el vidrio, astillándolo y ganándose una serie de luces y destellos plateados bailando frente a sus ojos. Sintió su mundo girar descontrolado y le tomó algo más de tiempo darse cuenta de que, en efecto, todo giraba. El auto había salido disparado hacia un costado y en algún momento de la confusión, ella se había quedado fuera.

Caía nieve a su alrededor.

O tal vez eran cenizas, después de todo, olía a quemado.

Abrió los ojos sintiendo su cabeza pesada. Le dolía el cuerpo y se preguntaba por qué tenía entumecido el costado, le costó trabajo entender que la razón por la que no sentía la mitad del rostro era porque lo tenía sumergido en la nieve y en cuanto se dio cuenta de qué pasaba, se levantó y salió corriendo en dirección al auto despedazado, prensado entre dos árboles.

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Su piel no era como la del resto. Él podía cambiar de forma tan a voluntad como sus hermanos, se adaptaba perfectamente a la superficie como a las profundidades, el problema radicaba en el hecho de que su piel se enrojecía en algunas zonas y daba la apariencia de ser alguien con la piel sumamente sensible y muy quemada. Su rostro, sus hombros, parte de su pecho enrojecían cuando pasaba mucho tiempo fuera del agua, así que cuando hacían rondines por las playas y las costas para asegurarse de que las cosas estuviesen en orden, bueno, se había ganado su buena cantidad de burlas por parte de la mayoría del clan.

Dos de sus hermanos, Natasha y Clint, eran los únicos que parecían compadecerse de él, ya que ninguno de los dos lo había molestado por su condición cutánea, sin embargo, sólo eran dos guardianes del arrecife y encima eran sus hermanos.

Al final no era sólo por su piel. Todo él se sentía fuera de lugar más seguido de lo que le habría gustado admitir. No por la piel sino por el hecho de saber que, de entre todos los que habían ganado el derecho de convertirse en guardianes, había adquirido una habilidad poco común entre cualquier tritón o sirena.

Su hermana menor era apodada la luna del océano dada su habilidad para cambiar las aguas, afectaba las mareas y corrientes a voluntad, el agua le obedecía, entonces ella era la encargada de cuidar los riscos y los arrecifes más cercanos a la tierra, cuando algún mortal tratase de dañar a la naturaleza que estaba más cerca de las costas, ella podía mandar el agua a proteger esa parte de su hogar. Natasha era un prodigio entre las sirenas. Su hermano menor podía hablar con todas las criaturas submarinas, si él llamaba a los peces, a las estrellas de mar, a las rayas o a cualquier animal submarino, ellos acudían al llamado sin pensarlo y seguían las indicaciones de Clint sin dudar. Gracias a ello se había ganado el derecho a ser un guardián del mar que hay entre la playa, que todavía no se convierte en océano. Si los mortales trataban de dañar a las criaturas de su mar, él podría hacer que sus peces huyesen o podría llamarlos a defender su hogar.

Dos dignos guardianes de aquel mar cercano al hombre.

Él podía ver más allá de los ojos humanos, sus ojos le permitían un entendimiento de las criaturas que los rodeaban como pocas sirenas y tritones tenían, podía ver a través del corazón de los seres vivos y en algunas ocasiones, si se concentraba lo suficiente, podía incluso ver un poco de lo que acontecería a continuación. Se había ganado un apodo por parte de sus dos hermanos más cercanos, mismo que le agradaba y disgustaba en partes iguales.

Le llamaban "Visión" o Vis, dependiendo de la situación.

Y aunque ellos lo habían aceptado tal como era, con cuestiones cutáneas o no, con su habilidad de conocer la verdad y ver a través de ellos, ni siquiera con ellos dos encajaba.

Era feliz de saber que cuidaría de aquella playa con la ayuda de sus dos hermanos más queridos, pero aun así, sabía que no encajaba tampoco entre ellos.

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4 Fuera de lugar

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Visión detuvo la caída de Wanda. La atrajo hacia sí en el momento justo para que la castaña recuperara el equilibrio. Escuchó el grito de su hermana pero decidió ignorarla mientras se perdía en los ojos profundos de la chica a la que sostenía, mismos que parecían tener destellos de escarlata en ellos.

—Gracias por frenar mi caída. —Murmuró la castaña sonriendo tímida. El le dedicó una sonrisa y tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para soltarle el brazo y retroceder.

—Habría sido una pena que cayeras al agua con todo y tus cosas. —Murmuró Visión tratando de encontrar tema de conversación.

—No es como que importe el smartphone. —Comentó divertida. Sin embargo, echó un vistazo alrededor y carraspeó. —Aunque me sentiría mal de contaminar todavía más el arrecife. Ya hay suficiente mugre a donde mire.

—Los seres humanos no cuidan su entorno. —Coincidió Visión sonriendo con ternura al darse cuenta de que aquel comentario era sincero. Quiso abrir la boca para añadir algo más pero Bucky llegó al lado de ambos y pasó un brazo sobre los hombros de Wanda.

—Me imagino que planeas ir a la fiesta esta noche. —Comentó el ex–soldado, tratando de sonreír con naturalidad. Visión sonrió notando el aura protectora que el castaño parecía tener sobre la chica y no pudo evitar pensar en Clint cuidando a Natasha.

—No se de que hablas. —Admitió sonriendo.

Wanda lo miro confundida así que Bucky sonrió haciéndole una seña a Steve para que se acercara y poder decir la noticia con más gente.

—Elena, la que te quiero presentar, —Natasha soltó un bufido por lo bajo al escuchar a Bucky hacer aquel comentario —, dijo que en nuestra playa, los del campamento de tortugas, darán una fiesta esta noche para reunir fondos para su causa. Habrá un cover de diez dólares por persona y las ganancias del consumo se van al refugio. Deberíamos ir.

—Oigan —llamó Steve confundido —, ustedes hablan y hablan del campamento de tortugas y yo no tengo ni la más mínima idea de que están hablando.

Natasha le dedicó una mirada cargada de ternura antes de comentar. —Así le llaman a la organización que cuida el medio ambiente del otro lado de la isla. —Señaló el final de la bahía y continuó. —Ahí está un campamento que se dedica a recolectar basura y protegen la zona cuando las tortugas vienen a dejar sus huevos, cuidan el área de los turistas y las protegen de las aves para que lleguen al mar a salvo.

—No es su actividad principal. —Añadió Clint llegando y abrazando a Natasha por los hombros, ganándose un empujón por aquello. —Pero es por lo que los conocen.

— ¿Y aceptan voluntarios? —Soltaron Wanda y Steve al mismo tiempo, mismo entusiasmo.

Visión le dedicó una sonrisa amplia a la castaña, que la correspondió bajando un poco el rostro y tratando de ocultar el sonrojo, pero su nerviosismo se vio interrumpido al sentir la presión de Bucky sobre sus hombros. El soldado la atraía hacia sí con aires posesivos y le dedicaba una mirada mordaz al guardián.

Por dentro, Bucky peleaba a muerte consigo mismo. Porque aunque una parte le decía que debía dejar a Wanda divertirse y conocer gente (cosa que estaba haciendo con Visión en ese momento), otra parte de sí mismo le decía que no podía permitir que ningún hombre se acercara a la más pequeña del grupo. Y sólo trató un instante de comprender aquello, pero al siguiente decidió que lo que estaba sintiendo era que debía proteger a su clan como Steve lo hacía. Ignoro los murciélagos enojados que sentía revoloteando en el estomago, olvidó la rabia y el miedo que se le mezclaban en el pecho, olvidó el hecho de que nunca había visto a Wanda como "una chica" y se enfocó en tratar de adivinar cuáles serían las intenciones de Visión para con La Niña Maximoff.

—Temo que no. —Comentó Visión dedicándole una sonrisa a Wanda mientras ella se alejaba discretamente de Bucky y le sonreía a Pepper en señal de auxilio. La pelirroja jaló a su amiga por la cintura y le regresó la sonrisa. —Tenemos asuntos que atender en casa.

—Sí. —Corroboró Clint incomodo. —Ya los postergamos mucho y no podemos estar así toda la vida.

—Una pena. —Murmuró Steve dedicándole una mirada a Natasha. —Me habría gustado verte ahí.

—Habría sido lindo. Pero es tarde. —Natasha se aproximó al borde en las rocas.

—Este sería un momento maravilloso para darle a mi amigo tu número de teléfono, ¿No crees? —Soltó Tony divertido, le había costado trabajo subir hasta las rocas pero ahora sonreía socarrón a los presentes.

Natasha hizo lo posible para no reírse. Intercambió una mirada cómplice con Clint, ganándose una mirada de desaprobación por parte de Visión, y luego sonrió para todos los presentes.

—El lugar en el que vivo… digamos que no hay buena recepción ahí, ni siquiera vale la pena tener un Smartphone o ninguna clase de teléfono, no sirven a donde vamos.

— ¿Y cómo hará mi amigo si quiere contactarte? —Soltó Steve, no del todo seguro de creer en la versión que Natasha acababa de soltar. ¿No valía la pena? Él no podía imaginar una vida sin su celular, menos sin Viernes, ¿Y Natasha soltaba que no valía la pena tener uno? Hasta el estudiante de intercambio, T'Challa, tenía un Smartphone, y ese iba a la universidad desde… ¿Dónde era? África ¿Wakanda?

Natasha sonrió. —Puede preguntarle al mar por mí. —Y se lanzó al agua sin más palabras.

—Es una imprudente. —Se quejó Clint mientras tomaba su tabla y entraba al agua también. Se subió a la tabla y observó a Visión antes de iniciar a remar hacia la isla del coral. Visión por su lado se tardó un poco más en seguir a sus hermanos, le dedicó una última mirada a Wanda, le extendió una mano para despedirse y sorprendió a la castaña cuando depositó un beso en sus nudillos antes de tomar su propia tabla y alejarse caminando hacia el otro lado de la bahía.

—Creí que se iría nadando igual que los otros dos. —Se quejó Bucky incómodo. Suspiró pasando una mano por su cabello hasta legar a la nuca y sonrió cuando Pepper le dedicó una mirada inquisitoria. — ¿Qué?

—Así que… ¿Elena dará una fiesta? ¿Cuándo planeabas decírnoslo?

—Bueno, en un rato, después de comer otra vez y ya que no les quedara tiempo de decir que no.

—Bueno, entonces mejor iré a buscar algo lindo qué ponerme. —Anunció Wanda enfurruñada mientras empujaba a Bucky. —No tengo ropa para eso así que haré una fogata y cenaré malvaviscos asados al fuego.

—Seremos dos. —Añadió Steve divertido.

—Nada. O iremos los cinco o no iremos. —Espetó Bucky cruzándose de brazos.

—Malvaviscos. —Repitió Pepper como si aquella fuese la mejor idea que alguno hubiese dicho en todas las vacaciones. —Apúntame.

— ¡No sean así! —Se quejó Bucky mirando a Steve con reproche. —Será divertido. Habrá luz y sonido, y gente bailando, y encima beberemos por una buena causa. ¿De verdad se van a negar a una fiesta con sentido?

—Fiesta. Yo me inclino por la fiesta. —Dijo Tony acomodándose los lentes para el sol y sonriendo a su pelirroja. — ¿Irías conmigo a la fiesta?

— ¿Y si digo que no?

— ¿Te arriesgarías a que fuera solo a una fiesta?

—Con tu historial, estoy segura de que para el amanece ya no tendrías novia.

— ¿Esa es la fe que me tienes? Pensé que lo nuestro era amor.

—Tienes cola que te pisen.

— ¡¿Y entonces?! —Espetó Bucky comenzando a mosquearse con los tórtolos.

Wanda miró a Steve, quien le sonrió de medio lado encogiéndose de hombros. —Siempre podemos salir corriendo si no estamos a gusto.

—Si me quiero ir ¿Te irás conmigo? —Inquirió la castaña tratando de asegurar su huida.

—Siempre te cubro. —Añadió Steve divertido.

—De acuerdo. —Soltó ella insegura de querer estar en la fiesta. —Saldremos ésta noche.

—Bajemos al pueblo a buscar ropa linda. —Sugirió Pepper divertida.

—Creo que es lo más superficial que te he escuchado decir en toda la vida. —Comentó Steve divertido. — ¿Qué le pasó a la Pots universitaria y formal que siempre tiene todo bajo control y que no tiene tiempo para las frivolidades?

—Bueno, un día de éstos seré la CEO de alguna empresa de las Stark Industries, así que debo saber cómo pensar como la mejor administradora y al mismo tiempo como la mejor anfitriona. Que sea la mejor de mi carrera no debe estar peleado con mi sentido de la moda.

—Justo lo que ella dijo. —Comentó orgulloso Stark mientras atraía a su pelirroja por la cintura, justo antes de plantar un beso en sus labios. —Por eso vas a ser la CEO de Stark Industries. No sólo de una de las empresas.

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Nat nadaba a toda velocidad sintiendo cómo el agua pasaba a sus costados, disfrutaba del cambio de temperatura en las corrientes que la envolvían y no escuchó cuando Clint la llamó a gritos desde varios metros atrás. Se detuvo solamente porque un banco de peces se arremolinó frente a ella cerrándole el paso. Aquel comportamiento no era propio de los peces. Sonrió al volver la vista atrás y descubrir a Clint nadando hacia ella.

Tenía que admitirlo. Las escamas verdes y azules que caracterizaban a su hermano combinaban perfecto con el mar y la vegetación submarina, y aunque ella amaba su propia coloración en tonos violetas, su aleta era más llamativa que la de su hermano. Visión tenía las escamas rojas y nunca se quejaba al respecto, pero ella habría preferido algo un poco más discreto a la hora de pasar desapercibida, no podía cambiar de color a voluntad como otras sirenas de la ciudad.

—Nadas como el diablo, Tasha. A duras penas te pude alcanzar.

—Es porque tienes aleta corta. —Bromeó presumiendo su cola, agitándola frente a sí y abriendo la aleta en todo su esplendor, era enorme y casi traslúcida, daba colores cuando estaba en movimiento.

Clint sonrió asintiendo. La de su hermana era más encantadora.

—Pero eso es por ser una fémina.

Era curioso. Estando bajo el agua, Clint nunca la había llamado mujer. A veces se preguntaba si era por la aleta, porque estando en la superficie, no tenía ningún tema con llamarla así.

—Pensaba en la fiesta. —Admitió la pelirroja reanudando su nado al lado de su hermano. El la miró desconcertado y sonrió de medio lado cuando ella le dedicó una mirada cargada de interrogación. —Pensaba en asistir a la fiesta y necesito tu ayuda con algo.

—Eso es nuevo. La luna del mar necesitando mi ayuda.

—Bueno, no. No la tuya. La de las rayas, esos animalitos saben lo que hacen.

— ¿Y se puede saber qué necesitas de las rayas?

—Steve Rogers.

Clint lo pensó un momento, mismo en el que Visión los alcanzó a nado.

—Tienes cara de susto y me encantaría saber por qué. —Comentó el mayor de los tres al escrutar el rostro de su hermano.

—Podrías preguntarle a Vis y él sería tan acertado como las rayas. —Murmuró Clint incomodo mientras su hermana le dedicaba una mirada pesada. —No me gusta involucrar a las rayas en tus análisis porque terminan matando a los que no pasan la prueba.

—Pero eso es justo lo que quiero. Saber si pasa o no la prueba. —Aquello había sonado más parecido al berrinche de una adolescente que a la petición de una poderosa guardiana. Ella estaba enfurruñada y ahora nadaba con los brazos apretados contra su pecho. —Yo no pude terminar mi misión el día de ayer, no supe determinar si era un hombre digno o si estaba luciendo bien. Las rayas no se dejan engañar, sólo una danza y se acabará todo.

—Tasha. —Llamó Visión sereno pero con expresión severa. —Lo que pides es peligroso y por la manera en que lo pides, he llegado a la conclusión de que estás experimentando una serie de emociones encontradas por el rubio llamado Steve, ¿estas considerando el hecho de que las rayas pueden tomar la decisión de matarlo? ¿Estas preparada para vivir con esa decisión el resto de tu vida? No quisiera que te arrepintieras de ello después al haber emociones de por medio. Te estás enamorando.

La aludida extendió ambos brazos al frente para dirigir mejor su nado y no dijo nada más en un buen rato. Aunque para sus adentros y con cualquier otro ser vivo podría seguir fingiendo que no sentía nada por el muchacho, más allá de una profunda curiosidad por sus acciones altruistas, con Visión de por medio no valía la pena tratar de mentir. Después de todo, el nunca se equivocaba al leer a una persona.

—Soy una sirena que se respeta, Vis. —Dijo tras la larga pausa. —Y no podría vivir conmigo misma si no hubiese intentado por todos los medios posibles saber si él es digno. No estoy enamorándome de él, sino de lo que creo que es él. Prefiero desencantarme de una vez que terminar como muchas otras idiotas que han sido asesinadas, vendidas o capturadas. Las rayas son sabias y no lo conocen, lo juzgarán con. Justicia y libertad. Y si muere, estaré orgullosa de que su sangre corra en mis manos, en mi arrecife.

—Tasha. —Soltó Clint divertido. —A veces de verdad das miedo. De acuerdo. Esta noche.

—Pasando a temas más importantes… —Señaló Visión apuntando al frente. Una mancha negra se extendía al fondo y varios peces parecían estar nadando con muchísima dificultad.

Clint se acercó hasta ellos y comenzó a hacer preguntas mientras que Natasha arremolinó la corriente en torno a la mancha para tratar de contenerla. Visión acercó algunas rocas y comenzó a crear un pequeño pozo rodeando la mancha negra hasta contenerla y taparla bien. Entre él y Nat tomaron arena del fondo y recubrieron bien aquel improvisado parche.

—Es petróleo. —Se quejó Clint terminando de limpiarle las escamas al último pez manchado. —Tu novio encontró a una medusa cubierta de petróleo y por un momento creí que había sido causado por manos humanas, pero los peces dicen que ha habido algunos brotes cerca de aquí. Debe haber un depósito de petróleo cercano, muchos peces se han manchado e ido a la superficie para oxigenarse antes de morir.

—A simple vista no es tan grave. —Atinó Visión acongojado. —Pero sí humanos se enteran de qué hay petróleo tan cerca de las costas, querrán extraerlo. Tal vez debamos ir a esa fiesta para investigar más cosas. No sólo por tu humano, Tasha.

—Tenemos otro problema entre manos. —Añadió Clint con expresión sombría. —Los peces dicen que creen que el yacimiento está cerca de nuestro hogar. Si es así, no solo este mar está en peligro, sino también nuestra ciudad. Hay demasiadas sirenas y tritones ahí como para movernos rápido. Debemos encontrar el yacimiento antes de que los hombres lo hagan.

—Seguiré buscando brotes. —Comentó Natasha observando la superficie. —Trataré de sentir algún cambio en las corrientes. El mar me avisará si hay más zonas contaminadas.

—Hablaré con mi contacto en el campamento de tortugas para saber si hay rumores al respecto. —Añadió Visión serenándose.

—Entonces continuaré con los peces para saber si hay algo más. —Clint miro hacia arriba para calcular la hora. —Nos vemos a las siete en casa para volver a salir a la superficie.

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