Holass u les traigo la continuación de esta historia y algunas ayuditas para que no se pierdan...
Revisen mi wattpad para ver el mapa de karasuno pq aqui no se pueden subir los enlaces de las imagenes ¬n¬ lo necesitarán para comprender mejor este capitulo u.u
El reino se divide en 6 regiones:
-Atama: Que es el lugar más habitado e importante de todo Karasuno. A su vez se divide en dos zonas que son Furui, donde están la academia del ejercito (recuerdan la imagen al pie del prologo? eso) y algunas torres derruidas por el paso del tiempo, y Nigiyaka donde se encuentra el palacio, el nido sagrado y el campanario.
- Atatakai: donde está el pueblo de Hinata.
- Kata: donde hay un bosque gigante en el cual habitan los moradores de los bosques y la gente caida de las estrellas.
-Takai: donde habita la gente grande de las montañas.
-Chikai
- Anzen
-Tooi
Capítulo 1: 'El Inicio de mi aventura'.
- Tengo fe en ti, hermano.
La pequeña Natsu Hinata, hermana de Shouyo Hinata, trató de ocultar sus lágrimas tras una radiante sonrisa. Su hermano se marchaba del pueblo en el que habían nacido y crecido, compartido tantas aventuras y bellos momentos en familia. Él perseguía su sueño de convertirse en un gran guerrero y Natsu lo admiraba inmensamente por ello. Lo sentía increíblemente valiente por lanzarse solo al vasto mundo, persiguiendo sus sueños a pesar de todo y de todos, porque la gente que lo conocía se burlaba repitiendo que no tendría oportunidad.
- ¡Muchas gracias, querida hermanita! Me siento más confiado ahora, gracias a ti.
Natsu sonrió satisfecha, mientras Hinata se ponía la bolsa con sus estrictamente necesarias pertenencias al hombro.
- Ten cuidado, mi hijo precioso.
Habló esta vez su madre, acercándose para acariciarlo en la mejilla. Su pequeño niño se iba de su lado, a tierras ajenas, en un largo camino de tres días sólo para llegar a Furui y expuesto a peligros, carencias y personas crueles como las que andaban murmurando en el pueblo.
- Tendré cuidado, madre. Te extrañaré, las extrañaré a las dos.
Le acarició la cabeza a Natsu con gesto sobreprotector.
Entonces su madre le ofreció la preciada espada de mango dorado que alguna vez fue de su padre, y antes de eso, de su abuelo, a cuyas manos pasó desde su propio padre y a él desde el padre de su padre y así esa espada venía siendo heredada desde hace varias generaciones. Era una reliquia familiar, sin embargo, hace largos cyclus no había sido ocupada más que como adorno de estancia. Tampoco se sabía su historia aunque Hinata no la necesitó para enamorarse de aquella arma desde la primera vez que la vio, desenvainada y refulgiendo a la luz del sol como si fuera el astro el que hubiera pedido prestada un poco de su luz para brillar por la eternidad.
- Que tu padre, que descansa allá en lo alto con los antiguos cuervos, te proteja y te guarde con esta espada. Que tu espíritu vuele alto y no se quiebre mientras esta espada no lo haga.
Recitó la mujer, reteniendo las lágrimas, aquellas mismas palabras que Hinata había oído sólo en sus maravillosos cuentos. Y su pecho se infló de orgullo y a la vez tristeza, porque era tratado como un guerrero igual que su héroe de leyenda. Aunque su aventura le estaba costando caro desde el inicio al tener que abandonar su hogar y a las personas que amaba, por eso la tristeza le pesaba en el corazón.
- Honraré el apellido de mi padre y el de mi madre. Nuestro sacrificio será conocido aún allá donde duermen los grandes cuervos.
Respondió Shouyo, con un brillo intenso en la mirada, justo como lo haría un guerrero. A continuación dio media vuelta y emprendió su camino. Su madre y su hermana, de pie en el portal del pueblo, lo vieron marchar mientras le deseaban toda la suerte de mundo.
La aventura de Hinata acababa de comenzar. Tres días demoraría en llegar a Furui en la region de Atama. Antes debería pasar por los campos de trigo circundantes al bosque de Kata, cruzar el puente Kyojin sobre los ríos Iriguchis y llegar hasta el pueblo de Hade. Allí podría descansar antes de continuar hasta la Cuidad Antigua, donde estaban la Arenas de combate, el lugar del gran evento.
El día de su partida desde Mijikai, cuando al medio día Hinata interrumpió su andar para descansar y comer, rodeado por nada más que campos, tuvo la suerte de cruzarse en el camino con una familia de agricultores en su carretela tirada por bueyes. Hinata les habló desde la orilla de la carretera pidiéndoles que lo llevaran por un trecho y ellos amablemente le ofrecieron subir a la parte de atrás. Se sentó sobre hinchados sacos polvorientos, acompañado de dos pequeños niños.
Se trataba de un matrimonio que llevaba su cosecha hasta un molino cercano, donde lo venderían para producir harina y esos niños, sentados frente a Shouyo, eran sus hijos. Un niño inquieto, de manos callosas, y una niña despeinada, abrazada a su roñosa muñeca de trapo.
- Y dinos, Hinata, ¿hacia dónde te diriges?
Preguntó el hombre, mientras manejaba la carretela.
- Voy a Furui. ¡Participaré del torneo para convertirme en el "Mazo del Rey"!
Contestó entusiasta el pelirrojo, empuñando su mano al frente con gesto heroico.
Todos hicieron una exclamación de sorpresa y entonces los niños lo miraron con un brillo de admiración en los ojos.
- ¡Vaya, nunca me lo hubiera imaginado!
Exclamó el hombre, siendo acallado por su esposa, quien percibió lo ofendido que se había sentido Hinata por sus palabras.
- Lo que queremos decir es que no es común encontrarse por esta región con jovencitos que quieran unirse al ejército.
- S-sí... aquí es más común heredar el oficio de la familia.
Trató de enmendar el hombre.
- ¡¿Entonces cargas una espada?!
Gritó emocionado el pequeño niño, sin poder ya contenerse.
- ¡Pues claro! ¿Cómo podría ser un guerrero sin tener espada?
Infló el pecho con orgullo el pelirrojo, ante la mirada aún más brillante de aquellos dos pequeños.
- ¡Muéstranosla!
Pidió la delgada niña.
Hinata desenvolvió en su regazo el paño que ocultaba el arma. Luego la tomó de la empuñadura con una mano y del extremo de la vaina con la otra, ofreciéndoselas a la vista. Los niños boquearon maravillados.
- ¡Es grandiosa!
- ¡Es hermosa!
Exclamaron, confundiendo sus vocecillas.
- Sip, mas no es es un juguete, no olviden que es peligrosa.
Les advirtió Shouyo, con un fingido gesto maduro, cuando estiraban sus manitas para tocarla.
- Es un maravilloso trabajo, ¿cómo la conseguiste, Hinata?
Preguntó el hombre asombrado, ya que no era común ver semejante trabajo de herrería en manos de un pueblerino.
- Es una reliquia familiar, pero no sé cómo llegó a manos de mi familia.
- ah... ya veo...
Murmuró el hombre, pensando que podría haber sido intercambiada en un trueque o haberse perdido hasta llegar a manos de los antepasados de Hinata.
Cuando el sol desapareció del cielo y sus últimos rayos rojizos y anaranjados bañaron el aire cada vez más fresco, Shouyo se despidió de la acogedora familia. Ellos le desearon suerte y le dieron un pan grande y redondo para el viaje. El pelirrojo se inclinó agradecido y después se despidió batiendo el brazo en alto mientras la carretela se alejaba en dirección al sur.
Caminó hasta que anocheció, buscando un buen lugar donde acampar. Desviándose del sendero, encontró unos árboles altos en un terreno seco. Cortó unas ramas delgadas y con un par de pedazos de carbón que cargaba hizo una fogata. Desempacó su pequeña tienda y su gruesa manta. Luego de armar su refugio contra el frío de la noche, se sentó junto al fuego para comer el pan que le había dado la familia y los trozos de carne seca que llevaba consigo.
Bajo el cielo nocturno, plagado de estrellas, a los pies de los arboles que lo protegían del viento con sus abundantes ramas, su último pensamiento antes de caer dormido estuvo con su madre y su hermanita. Pronto volvería con ellas. Pero esta vez convertido en un verdadero guerrero.
Al segundo día, el piar de los pájaros despertó a Hinata, temprano en la mañana. El sol lanzaba sus nacientes y pálidos rayos sobre la tierra y flotaba una débil pero refrescante neblina producto de la abundante irrigación de aquellas tierras. Shouyo encendió un pequeño fuego a partir de las brasas de carbón y calentó en un jarro un poco de agua para prepararse el té.
Cuando estuvo listo para reanudar su camino, ahogó la fogata con algunos puñados de tierra y se puso el bolso al hombro para caminar de vuelta a la carretera. Siguió avanzando mientras el aire se calentaba de apoco, por los rayos de sol cada vez más poderosos, y la neblina se difuminaba lentamente. Al medio día paró a descansar a la sombra de unos árboles torcidos para protegerse del calor y además aprovechó de alimentarse para acallar los insistentes rugidos de su estómago.
Luego de aquella pausa continuó su rumbo. El paisaje había ido cambiando de a poco, lograba divisar otra gente a lo lejos y las casuchas se veían más seguido. Le vaticinaban que se acercaba a su destino.
Por la tarde, Hinata llegó hasta una pequeña villa. Aún tenía un rato de luz para seguir avanzando, sin embargo, prefirió pasar la noche allí. Había caminado todo el día y estaba exhausto. Recorrió las calles primero sin rumbo definido y luego pidió indicaciones para encontrar un lugar donde alojarse. Mientras iba por el pueblo se topó con varias carrozas, que pasaban apresuradas. Pensó que ponían en evidencia que Hade y Nigiyaka ya estaban cerca, porque ese tipo de lujos no se veían en Mijikai o sus alrededores.
El lugar donde se hospedó era muy sencillo, pero suficientemente acogedor. Aunque con el cansancio que Shouyo tenía, bien podría dormir bajo un puente con la misma facilidad que en esa cómoda cama.
Luego de comer y darse un baño se metió entre las cobijas descansando sobre el mullido colchón, en aquella templada habitación tan agradable. No pudo evitar pensar en lo cerca que estaba de Furui y lo rápido que se acercaba el día decisivo. Sintió un retorcijón en el estómago debido a los nervios. Entonces prefirió calmarse y olvidar las preocupaciones que su cansancio avivaba como hojas secas a la llama. Seguido de pensar eso, no demoró en caer profundamente dormido.
En el tercer día, salió temprano de la posada. Se sentía descansado y con energías. Por el camino que siguió, en dirección al puente Kyoji, transitaban muchas más personas de las que había visto los días anteriores. Eso le animó, el ambiente ajetreado que llegaba desde Atama le hacía sentir acompañado y ansioso. Nunca antes había estado tan lejos de su hogar.
De pronto, pudo divisar a lo lejos el puente más grandioso de Karasuno. Blanco, reluciente e imponente como el pico nevado de una montaña, parecía hecho de cristal. Había oído que aquel fino material había sido ofrenda de la Familia Tsukkishima al Rey Kageyama I y que provenía de las montañas más profundas de Takai, donde habían minas de muchas piedras preciosas que sólo la Gente Grande de las montañas poseía y cuyos nombres conocía, ya que ellos mismos las habían nombrado cuando los Antiguos Cuervos les pidieron que excavaran y adornaran con ellas sus plumajes, capas y monturas en aquella época de la Edad Antigua.
Shouyo observaba la estructura ensimismado, recordando todo lo que sabía sobre ella, pero de repente una voz fuerte y segura lo trajo de vuelta a su época y a su realidad.
- ¡HEY, TU!
Miró hacia arriba a la persona que le hablaba, quien se le había acercado por el costado, montada en un fantástico caballo negro cuyo pelaje relucía al sol.
- ¿Es una espada eso que cargas en la espalda?
El joven le sonrió de medio lado mientras lo interrogaba. La intensidad y fiereza de su mirada impactó de inmediato a Hinata. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue ese mechón rubio que adornaba su frente.
Continuará...
Espero que les haya gustado u/u puse mi corazón en ese mapa y busque con mucho cuidado lo que me imaginaba como la perfecta espada para Hinata...
dejenme comentarios,
cariños! chau chau
