¡Lumos!

¡Hola!


Free!

Volar significa libertad

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Capítulo Cuarto

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La señora Tachibana era una conocida pastelera y especialista en pociones; su esposo e hijo no entendían la importancia de cortar exactamente un centímetro de una ramita, sin embargo, Haruka sí. Además, Haruka tenía una caligrafía bellísima, habilidad útil para etiquetar las botellas, y a la señora Tachibana le gustaba trabajar con su vecino.

Haruka era una visita tan usual en la residencia Tachibana que ya tenía su propia rutina, así que después de terminar de etiquetar las pociones, subió a la habitación de Makoto.

—Tu madre tiene una poción para afeitar la barba—Fue lo primero que dijo Haruka cuando entró a la habitación de su amigo.

Las mejillas de Makoto se enrojecieron, y murmuró que seguramente era para uso de su padre. Sin embargo, Haruka repitió la frase, como si así el otro fuera a entender el sentido oculto. Pero fue inútil y debió elucubrar:

—Nagisa dijo que si se acercaba a las escobas de sus hermanas, le crecería barba.

Entonces, Makoto comprendió los pasos que seguían. Nagisa podría tomar las escobas de sus hermanas, usar la pócima y no ser descubierto. Sin embargo…

—¡Haru! No puedo robarle una poción a mi madre.

—No tienes que hacerlo—Sacó de su bolsillo una botellita, con un líquido blanquecino.

Makoto sonrió emocionado y se dispuso a trabajar en los pormenores del plan. Haruka alegó que ya había hecho su parte y que esperaba que él resolviera lo demás. Y así fue: tres días después, Haruka y Rin se reunieron con Makoto y Nagisa en un lugar específico de la montaña que estaba detrás de sus casas.

—No quisiera que nos metiéramos en problemas antes de entrar a Hogwarts—dijo Rin, después de examinar el claro.

Haruka frunció el ceño y, por poco, no le contesta, sin embargo, no le gustaba que se dudase de las habilidades de alguien como Makoto.

—Makoto dijo que este lugar está bien.

Haruka confiaba plenamente en Makoto: no porque fuera su amigo, sino porque desde que Rin recibió su carta, Makoto dejó de asistir a la escuela y ahora se entretenía explorando las montañas que rodeaban el templo. Conocía bien esos parajes y la noche anterior le había asegurado que no había muggles cerca.

Makoto y Nagisa no tardaron en llegar; el primero cargaba un bulto largo: una Nimbus 2000 y una Cometa 260, las escobas de las hermanas de Nagisa.

—Debo devolverlas pronto.

Haruka y Rin asintieron ansiosos, admirando la belleza de las escobas y las posibilidades que se abrían para ellos. Ninguno había montado nunca una; sin embargo, por haber tenido las tareas más riesgosas y ser los más familiarizados con la magia; ya habían decidido que Makoto y Nagisa las usarían primero.

—¡Arriba!—exclamó Nagisa, y la Nimbus 2000 se elevó hasta alcanzar su mano. Los demás exclamaron emocionados. Y Makoto se dispuso a hacer lo mismo.

Nagisa les explicó cómo subir sin resbalarse y estaban en medio conteo para alzar el vuelo cuando recordó que no llevaba su bate; y un golpeador no puede subir a su escoba sin su bate. Sin embargo, Makoto no detuvo el conteo. La patada que dio al suelo lo impulsó varios metros hacia arriba, de manera potente y enérgica. Su cuerpo bien equilibrado, con una postura que no era de un principiante, y los movimientos de la Cometa 260, hacia los lados, eran mucho más potentes de lo que podrían esperar. Al instante, Nagisa se le unió; sin embargo, subió con su escoba ligeramente inclinada hacia delante.

Haruka tan solo se quedo quieto admirando los círculos que daban sobre sus cabezas. La buena postura de Makoto y los giros rápidos que hacía Nagisa mientras el viento les sacudía los cabellos. A su lado, Rin casi saltaba de la emoción y explicaba los movimientos que hacían, las estrategias que podrían implementar cuando aprovecharan la agilidad de los brazos de Nagisa y sus buenos reflejos; la potencia de Makoto para acelerar y lo imparable que sería cuando se lanzara en picada.

Rin tenía ante sus ojos a los miembros del mejor equipo de Quidditch que podría tener.

Minutos después, Makoto aterrizó, justo cómo había salido, de un solo; sin embargo, Nagisa rodó por el suelo y debió ser socorrido por Rin, y Makoto debió sujetar la escoba, para evitar que volara sin jinete y sin control. Así fue como decidieron que deberían entrenar los aterrizajes.

Rin y Haruka dijeron: "Arriba" al mismo tiempo, y ambas escobas obedecieron. Con la emoción brillando en los ojos, dieron la patada y se elevaron. Compitieron mientras subían, abajo los vítores de sus amigos.

Durante tres días se reunieron en el claro a entrenar. Nagisa aun tenía problemas en el aterrizaje, Makoto se elevaba muy rápido, Haruka se dejaba llevar por el viento y Rin no paraba de darles órdenes. Sin embargo, se entretenían y se sentían más seguros.

El tercer día, ante la inminente devolución de las escobas, Haruka y Rin perdieron la noción. Se elevaron más de lo normal y siguieron la corriente del río, en una competencia.

Atrás de ellos podían escuchar los gritos de Nagisa, pidiéndoles que se detuvieran; pero los volaban inmersos en su competencia, hasta que Haruka ubicó unos metros más adelante el Puente Mutsuku. Estaban demasiado cerca de las casas de los muggles, de sus propias casas.

Haruka trató de frenar y de detener a Rin; sin embargo, no tenía suficiente habilidad para tales maniobras y le sobrevino un inapropiado ataque de vértigo. Impulsado por el fuerte viento que solía soplar en la hendidura del río y por culpa de los saltos de su escoba, se estrelló contra la estructura del puente.

Al caer en el agua, la escoba lo golpeó varias veces en la cabeza y, en un primer momento, no lo dejó conseguir aire. Y lo último que escuchó fue la voz de Makoto llamándolo…

Rin alcanzó a frenar antes de chocar contra el puente, abrió la boca horrorizado al ver a Haru caer, pero no produjo ningún sonido. Perdió de vista el cuerpo de Haru, cuando cayó al río, y vio los esfuerzos que la escoba hacía por salir; y la escoba salió del agua, sin su buscador. Rin se movió involuntariamente lo suficiente para frenar la escoba, su mano derecha sujetándola con fuerza, mientras la otra mano se aferraba a su propia escoba. ¿Dónde estaba Haru?

—¡Rin!—Le gritó Makoto de pronto, quien estaba en la orilla del río con el brazo extendido.

La voz de Makoto lo hizo reaccionar, empujó la escoba hacia Makoto, quien subió ágilmente, y con sus indicaciones precisas, sortearon las piedras, el agua y sacaron a Haruka del agua. Acomodaron las escobas paralelamente para poder cargar a Haru, y Rin estaba horrorizado al sentir el cuerpo congelado de su amigo contra su pierna.

—Deja la escoba y ve por ayuda—Le debió repetir Makoto dos veces para que Rin entendiera—. Detén al primer auto que encuentres y llama una ambulancia. Necesitamos llevar a Haru al hospital, inmediatamente—. Subió a Haru en su hombro y empezó a caminar por la ladera, para llegar a la carretera. Rin asintió y corrió con todas sus fuerzas—. Nagisa—Llamó al niño que lloraba asustado—. Toma las escobas y llévalas al escondite. Después ve a mi casa y avisa a mis padres.

Una vez que quedó solo con el cuerpo empapado e inconsciente de Haru, Makoto no lo soportó más. Temblaba incontrolablemente y lágrimas gruesas bajaban por sus mejillas.

Haru, Haru, a penas era consciente de su voz suplicante…

Cuando Rin llegó, no vio a Nagisa por ninguna parte, tampoco las escobas. Sin embargo, la ambulancia ya estaba y Haruka, aun inconsciente, era atendido por los paramédicos. Tanto Rin como Makoto lo acompañaron al hospital. Los paramédicos quisieron confirmar con Rin si era cierto que por el fuerte viento Haru había caído al río.

Haruka fue atendido, sus padres fueron llamados y la señora Tachibana y su abuela se presentaron. La señora Nanase se quedó con él, mientras que Makoto y Rin volvieron a casa, dado que Nagisa los esperaba.

Esa fue la primera vez que Rin entró a la casa de Makoto; sin embargo, no tuvo tiempo para admirar la excentricidad de una casa mágica. Ciertamente, el llanto de Nagisa le impedía centrar su atención en otra cosa que no fuera él y aun sentía el miedo vibrando en cada parte de su cuerpo. Tranquilizar a Nagisa tomó horas, y al final, las palabras de Makoto, asegurando que todo estaba bien, estaban dirigidas también al alma de Rin.

Cuando el señor Tachibana volvió, Nagisa se despidió de ellos y se marchó por medio de la Red Flu. Rin, ya con mejor ánimo, se atrevió a preguntar y Makoto con su calma usual le explicó. Después, los dos fueron al bosque y recuperaron las escobas. Makoto dijo que luego se encargaría de hacérselas llegar a Nagisa.

.O.o.o.

Haruka despertó con un fuerte dolor de cabeza y la primera imagen ante sus ojos era el rostro de Makoto.

—¿Qué me pasó?

—Te caíste de la escoba…—le dijo Rin, y entonces Haruka notó que Rin también estaba en la habitación, detrás de Makoto.

—El doctor dice que estarás bien—Le aseguró Makoto con una sonrisa—. No te preocupes… Iré a llamarlo—dijo y se dispuso a salir.

—¿La escoba?

Ninguno le respondió y Haruka decidió cerrar los ojos. Después de ese día, no volvieron a jugar Quidditch; ninguno presionó, tan solo aceptaron en silencio que robar la poción para afeitarse, acercarse a las escobas, robarlas, sacarlas de la casa de Nagisa y llevarlas al bosque era demasiado riesgoso para ellos.

Sin embargo, seguían siendo buenos amigos y grandes fanáticos del Quidditch. Se reunían por las tardes para practicar pases (entre Rin y Makoto) y para planear estrategias. Incluso habían estudiado juegos famosos gracias a un Omnicular, un tipo de prismático con botones que permitían ver jugadas en cámara lenta, que Nagisa consiguió.

.O.o.o.

Una mañana cualquiera, el cerezo de la escuela floreó. La mayoría de los estudiantes se habían aglomerado alrededor y todos cuchicheaban emocionados. Ni siquiera Haru había podido huir de la vista, pues Rin lo había obligado a acercarse. Haruka estaba pensando que el rosado delicado de las flores les alegraba el alma, cuando oyó a Rin hablar:

—Quiero volver a volar junto a ti.

Sin embargo, Haruka no respondió. No recordaba muy bien su accidente: el miedo a las alturas, el agua fría del río, el miedo que lo consumió, eran apenas recuerdos borrosos. Sin embargo, eran recuerdos plagados de miedo y de la voz, llena de sufrimiento, de su mejor amigo. Makoto, quien fue capaz de sacarlo del agua, estaba lleno de miedo, y Haruka sabía que, aunque Makoto se esforzara por ocultarlo, el Quidditch era el causante del accidente y del miedo.

—Haru—Siguió hablando Rin—. Quiero mostrarte una vista increíble; quiero volver a volar contigo.

—Entonces, nademos—susurró Haruka.

.O.o.O.

La presencia de Makoto en la escuela se debía a que acompañó a la señora Nanase, de emergencia, pues Haruka había tenido mal comportamiento y estaba en la enfermería. Para la vieja mujer era imposible enfadarse con su nieto, sin embargo, el estómago de Haru dio un vuelco cuando vio la expresión molesta de Makoto, al entrar a la enfermería.

—¿Te parece bien saltar a la piscina? Todavía estamos en invierno. ¿Qué se suponía que estabas haciendo?

—Estaba compitiendo contra Rin.

—Haru. Caíste al río y nunca estás abrigado. ¿Cómo se te ocurr…?

—No me riñas, Makoto. No eres mi madre. Además, eres menor que yo.

—Tu abuela debió salir de su casa en pleno invierno. Si no te importa lo que yo opino, al menos deberías preocuparte por su salud.

Haruka abrió la boca, pero no tenía cómo debatirlo. Nunca lo habían tratado de esa forma, nunca había visto las cejas de Makoto doblarse para mostrar tanta molestia y lo que quería decirle, aunque no podía, era que sí le importaba lo que él opinaba. Ladeó la cabeza, y escogió la salida más sencilla:

—No tenías que venir.

—Vinimos porque estamos preocupados por ti. Ya es la segunda vez que…

—No te pedí que te preocuparas—Makoto apretó los labios—. Solo estaba compitiendo con Rin.

—La otra vez también estabas compitiendo contra Rin.

—Es lo único que me gusta hacer últimamente—dijo Haru, con la irrevocable decisión de ignorar el gesto de dolor que se pintó en el rostro de Makoto—. Además, estoy bien. Sabes que la temperatura de mi cuerpo baja cuando estoy en el agua.

—Supongo… que me preocupé por nada—murmuró Makoto, sin mirarlo—. Es solo que…—"No quiero perderte" fueron las palabras nunca dichas, pues Makoto cambió de parecer—. Esperaré afuera.

Haru quiso detenerlo, y cuando consiguió las agallas para hacerlo, Makoto ya había salido, así que su voz solo sirvió para recordarle el distanciamiento que había entre ellos, ahora.

No muy lejos, Makoto se encontró atraído por el llanto de una niña. Se trataba de la hermana menor de Rin, quien estaba asustada por el castigo que le esperaba a su hermano. En cuanto lo vio, la niña huyó de la profesora que no la dejaba entrar a una de las oficinas de los consejeros y se refugió en él, quien se mostró confundido por el contacto.

—¿Qué pasa con mi hermano?—le dijo la niña, con los ojos llenos de lágrimas. Makoto la tranquilizó, acariciándole la cabeza y caminaron juntos hacia el patio—. Mi hermano se irá lejos, ¿verdad? —preguntó, con la cabeza gacha.

—No te preocupes, Kou-chan.

—Yo sé que se irá. Mamá llora todos los días—Makoto guardó silencio—. Mi hermano ya no me habla como antes—Siguió ella, su voz un susurro—. Me aparta y siempre es Haru esto, Haru lo otro…

—Haru y Rin son buenos amigos—Le sonrió Makoto—. Y, eso está bien, no quieres que tu hermano esté solo… cuando se vaya.

La niña estuvo a punto de llorar, pero Makoto le sonrió dándole ánimos y limpió de sus mejillas las lágrimas que se escaparon. Entonces, ella apretó los labios y asintió, con valentía.

Cuando Makoto apartó su atención de ella, vio que habían llegado hasta los linderos de la piscina: el árbol de cerezo resplandecía, sus flores cubrían la piscina. La niña se percató de que su hermano estaba apoyado en el tronco del árbol y corrió hacia él.

Makoto habría querido irse, antes de que Rin lo viera, sin embargo, se desconcentró por algo que le pareció ver en el árbol y a Kou le dio tiempo de contar que estaba con él.

—¿Cómo está Haru?—Le preguntó Rin cuando Makoto se acercó; sin embargo, Makoto lo ignoró, sus ojos clavados en las ramas del árbol. Rin consciente de que no debía presionarlo, dirigió su vista a la piscina—. Nadar en la piscina cubierta por todos esos pétalos fue realmente genial. Es algo nunca antes visto.

—¿Le ganaste a Haruka-sempai?

Rin soltó una risa, alegre.

—No. Haru es el mejor en el agua, ¿cierto, Makoto?—De nuevo, Makoto guardó silencio, estaba a punto de terminar de darle una vuelta al tronco—. ¿Estás molesto?

Y justo en ese momento, Makoto dio un aplauso al aire. O eso pensaron los hermanos Matsouka hasta que Rin notó que Makoto mantenía las manos juntas y se asomaba por el espacio entre sus dedos, tratando de ver algo. La sonrisa del niño le demostró que fuera lo que fuera que buscaba, lo había atrapado.

—¿Qué tienes ahí?—preguntó Kou acercándosele.

—Un bowtruckle.

—¿Un qué? ¿Hermano? ¿A qué se refiere?

—Una flor, Gou—Se apresuró a aclarar Rin—. Makoto. Es una flor, ¿cierto?

—Ah, sí—exclamó el niño—. Lo siento.

Abrió sus palmas y una flor de cerezo estaba en ella. Con una sonrisa y de manera delicada, colocó la flor en el peinado de Kou, quien le agradeció maravillada.

—Te ves muy bonita, Gou—Le dijo Rin con la mirada clavada en Makoto—. Ve y muéstrale a mamá—La niña obedeció—. ¿Qué encontraste?

—Un Bowtruckle. Son guardianes de los árboles mágicos. Tenían razón, este cerezo es mágico.

—Quiero verlo.

—Son difíciles de encontrar. Este es especialmente escurridizo… Me costó mucho atraparlo, y se esfumó...

—Solo diste un aplauso.

—Ah, pero tuve que calcularlo—Le sonrió.

—¿Y qué hace un Bowtruckle?

—Protegerá este árbol. Además, es seguro que su madera es buena para hacer varitas.

.O.o.O.

La primavera trajo consigo cierta paz y emoción para Haruka y Rin, quienes con los Torneos de Natación alimentaron sus ansias por el Quidditch.

Y, tan pronto, terminó junio.

La residencia Nanase demostró su hospitalidad el día del cumpleaños de Haruka, cuando a los dos habitantes usuales se les unieron los padres de Haruka y la familia de Makoto, que incluía dos nuevos miembros, de cierta forma. Ese día la señora Tachibana descubrió que el malestar de estómago que le afectaba desde hacía unos días eran tres semanas de embarazo.

Los residentes y visitantes no tenían planeado dormir, cada uno entretenido con sus propias emociones. Los señores Nanase, como si ese mismo día Haruka fuera a marcharse para Hogwarts, habían comprado gran cantidad de chucherías, de dudosa utilidad, que tenían totalmente acaparada la atención de Makoto.

En parte, Haruka estaba molesto con Makoto. Fue él quien le demostró lo trascendental que aquella carta sería en su vida, pero desde que apareció en su casa, había encontrado excusas para alejarse. El bullicio y el entusiasmo de sus padres era tal que Haruka, caprichoso porque Makoto no le prestaba atención, se escabulló sin que lo notaran.

Haruka encontró sosiego al observar a través de su ventana la oscuridad del jardín. Hacía unas horas que era treinta, pero el sol aun no se asomaba. ¿Cuándo llegaría el cartero? Se preguntó, pues no quería prolongar la inquietud de la espera. La respuesta le vino con un golpeteo en el vidrio de la ventana.

Con estudiado cuidado, empujó la ventana y dejó entrar a la lechuza. Tantas veces había leído la carta de Rin que no le impresionó leer su nombre escrito con tinta verde esmeralda. Sin embargo, una frase captó su atención:

"Deberá aceptar antes del 31 de julio".

Eso ya lo sabía. Sabía de memoria cada palabra de la carta, pero mientras en su casa se hacían los preparativos para su cumpleaños, se dio cuenta de que nadie hablaba de la carta de Makoto, quien cumpliría 11 años el 17 de noviembre, pero ¿tenía tiempo para aceptar hasta el 31 de julio, a pesar de que para esa fecha no habría recibido su carta? Con eso en mente, corrió en busca de él.

—¡Recibiste tu carta!—exclamó Makoto alegre—. ¡Felicidades, Haru-chan! Te daré mi regalo…

Haruka no pudo reaccionar, Makoto se plantó delante de él con un paquete envuelto. Con lentitud, a pesar de que Makoto le pidió que no se preocupara por romper el envoltorio, Haruka sacó su regalo: una pluma de hipogrifo y tinta china, de primera calidad.

—Para que escribas tu respuesta.

La respuesta que debía enviar antes del 31 de julio... pero a Makoto aun le faltarían tres meses para cumplir once años…

—Estoy seguro de que la lechuza quiere regresar hoy a su casa, Haru-chan—habló Makoto en un susurro, y Haruka sintió que sus mejillas enrojecían: era como si Makoto supiera que estaba pensando en el tiempo que tenía para aceptar su plaza en el Colegio de Hogwarts.

—Entonces, podemos escribirla juntos—dijo, después de escoger cuidadosamente sus palabras.

—Claro, de todos modos tenía pensado ayudarte; nunca escribes formalmente y debes dirigi…

—Makoto—Insistió Haruka, su puño apretó el papel de regalo—. ¿Podemos escribir tu carta de aceptación también en mi mismo pergamino? ¿Makoto?

No hubo fiesta de cumpleaños.

La masa del pastel nunca se cocinó, ni siquiera se endureció, y la abuela de Haru no supo cómo arreglarlo. Los Tachibana abrazaron a su hijo y los padres de Haruka estupefactos descubrieron que Makoto no asistiría a Hogwarts, que por su edad debía esperar al próximo año. Y Haruka se escapó tan pronto como pudo. Desistieron de buscarlo cuando la madre de Rin Matsouka llamó diciendo que estaba en su casa.

Haruka no tenía palabras para explicar su desilusión, así que permitió que sus lágrimas y puños apretados transmitieran su frustración. Rin sintió náuseas cuando descubrió el motivo del estado de Haruka. Quiso sentirse igual de enfadado y traicionado como Haruka, pero comprendía por qué Makoto guardó silencio. Era doloroso pensar que no podrían estar juntos, como habían planeado…

.O.O.O.

Haruka dejó de ir a la casa de sus vecinos por las tardes y se concentró en la escuela y el club de natación. Inclusive, ignoró las dos lechuzas que Nagisa le envío con cartas llenas de dibujos, pero Rin no lo dejó hacerle la ley del hielo a Nagisa también.

Rin podía comprender que Haruka se sintiera herido por Makoto, pero estaba seguro de que tarde o temprano, harían las paces. Los dos eran inseparables y solo estaban separados por la terquedad de ambos. Así que no permitiría que en ese momento de debilidad, Haru lastimara a Nagisa.

Por supuesto, cuando Haruka decidía algo, como evitar a toda costa a Makoto, se las ingeniaba para lograrlo. Eso cambió el día que regresaba de correr y vio a Makoto en las escaleras acompañado de otro niño, de cabello rosado y un poco más alto.

—¿Él es Haru-chan?—dijo el desconocido—. Mi nombre es Kisumi Shigino, Makoto me ha hablado mucho de ti, Haru.

—Nanase—dijo Haruka, inmediatamente.

Shigino soltó una risa y entró a la casa. Makoto hizo como si Haruka no estuviera; pero ya no podría esconderse. El aviso llegó muy tarde para Makoto: cuando su madre le dijo que Haru lo visitaba, ya Haru estaba en el umbral de la puerta de su habitación.

Makoto apenas tuvo tiempo de esconder lo que estaba haciendo y terminó haciendo un reguero de tinta.

—Haru—susurró pasmado, mientras con sus manos trataba de tapar los papeles que tenía sobre el escritorio.

—¿Quién era?

—¿Quién? Ah, te refieres a Kisumi. Es un amigo, también asistirá a Hogwarts... este año.

—¿Qué estás haciendo?

—Nada…—exclamó—. Es solo… ¡Le escribo cartas a Kisumi! Estoy practicando, ya sabes… para cuando entres a Hogwarts. Te escribiré cartas todos los días…

El temblor en la voz de Makoto terminó de romper el muro.

—Makoto. Lo siento.

—Yo también, Haru—murmuró, poniéndose de pie—. Quería tanto ir contigo…

No supieron quien dio más pasos para cerrar la distancia entre ellos. Haruka aceptó las disculpas de Makoto, y trató de volver a la normalidad.

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A pesar de que Haruka era una visita común en la residencia Tachibana, nunca había estado en la habitación principal. La pieza, agrandada con magia, como toda la casa, constaba de tres secciones: una antesala, un armario y la recámara. Haruka estaba sentado en un diván en la antesala, y le llegaban las voces de Makoto y Rin que estaban tras un bastidor, en el armario.

La señora Tachibana había regresado del callejón Diagon con un enorme paquete de la Tienda de Madame Malkin. Y, para sorpresa de todos, invitó a Rin a su casa.

—Una prima se casó con un nacido de muggles y, en algún momento de mi juventud, me comentó lo mal que la había pasado en el Baile de Halloween, porque no tenía una capa adecuada para asistir… En la carta no mencionaron nada del Baile de Halloween; y te aseguro que es una actividad que no te puedes perder… Supuse que no serías de la talla de Makoto, pero recuerdo bien la de Haruka… Por lo que Makoto me ha hablado de ti, pensé que sería perfecta para ti. Tiene unos pliegues muy elegantes y es azabache.

La señora Tachibana demostró aun más lo espléndida que era, permitiéndole a Rin que se probara la túnica en su propia habitación. Al principio, Makoto había estado esperando con Haruka; sin embargo, probarse una túnica por primera vez no era una tarea fácil y Rin le pidió ayuda.

A Haruka, ciertamente, no le gustaban aquellas risitas, pero no podía hacer nada.

Cuando salieron, lo primero que Haruka notó era la expresión admirada de Makoto, sus ojos clavados en Rin. Y le contrarió que Rin fuera lo más interesante que Makoto encontrara en la habitación. Entonces, se fijó en Rin… y no pudo apartar sus ojos de él. Rin parecía en su elemento; con la larga capa negra engalanándolo. Era un verdadero mago.

La señora Tachibana apareció para tomarles una fotografía y, conmovida, por la emoción de Rin, no le dijo que se cambiara, sino que dejó a los tres niños vestirse con túnicas y los tres se acostaron en el suelo, en un círculo, mientras veían las páginas de un pintoresco libro sobre las Casas de Hogwarts.

—Makoto podría estar en cualquier casa—Empezó a decir Rin, después de haber leído lo que cada Fundador buscaba en sus estudiantes—. Es muy leal a sus amigos y su familia es de sangre pura, por lo que podría ser elegido en Slytherin. También es inteligente, le gusta aprender y explicar, por lo que podría ir a Ravenclaw. Además, sabe lo que es el trabajo duro y le gusta ayudar a los demás, lo que podría llevarlo a Hufflepuff… y también es muy divertido y caballeroso, estoy seguro que Gryffindor podría ser.

—Wishy-washy—dijo por lo bajo Haruka.

—Haru—se quejó el aludido. Observó los escudos de cada Casa—.El Sombrero Seleccionador escogerá la mejor para mí… No importa cuál.

—Me gustaría que estuvieras en mi misma casa—dijo Rin, acercando la punta de sus dedos a los de Makoto. Haru frunció el ceño, pensó que él también quería eso, pero no podría decírselo.

Makoto asintió; sin embargo, aun le entristecía la noticia de que él no podría asistir a Hogwarts con ellos. Antes de que el ambiente se volviera demasiado incómodo, Rin lo solucionó, se pegó a Makoto y le pasó el brazo por la espalda, para atraerlo a él. Makoto escondió el rostro en el pecho de Rin, refugiándose.

—Será solo un año—Le dijo—. Además, vendremos para las fiestas, ¿cierto, Haru?

Haruka debió levantarse, sabía que Makoto no estaba muy a gusto con la idea de estar separados, él tampoco, pero no sabía lo mal que estaba.

No sabía lo muchísimo que su separación le entristecía… ¿y por qué Rin lo consolaba?

—Además, estarás con Nagisa, ¿cierto? Y viajaremos juntos en el Expreso, el próximo año. Los cuatro juntos—Le prometió Rin, con una sonrisa. Sus ojos rojos se clavaron en Haruka—. También volaremos.

Después de esa tarde, la fricción entre Makoto y Haruka desapareció. Aunque Haruka no supo si dejó de escribirle a Shigino.

—Es solo un año—dijo Nagisa, al día siguiente—. ¡Y podremos copiar sus tareas!

.O.o.O.

En agosto, Haruka y Rin, en compañía de un profesor, fueron al Callejón Diagon. Haruka se mostró orgulloso de Rin, quien demostró muy buen comportamiento a pesar de la novedad. El profesor era estricto y los obligó a visitar los lugares necesarios y no durar mucho. Haruka, con un berrinche, se las ingenió para comprar una lechuza, que llamó Tuna, y prometió regalarle a Makoto, para que le enviara sus cartas. El profesor algo exasperado por tener que cargar la jaula, al llegar a la Tienda de Varitas de Ollivander les dijo que se tomaran su tiempo, y los dejó a solas.

El señor Ollivander era un hombre viejo, con ojos grandes, que no desentonaba con la decoración desaliñada de la tienda; sin embargo, los dos sabían que estaban en uno de los lugares más mágicos del mundo. Podían sentir la magia bullendo a su alrededor.

—Buenas tardes—Habló el anciano, y les hizo un gesto para que se acercaran al escaparate. Tras él, cientos de cajas se apiñaban—. Ah, son clientes nuevos. Sean bienvenidos a mi tienda, soy Garrick Ollivander y mi familia es fabricante de varitas desde 382 a.C. Es todo un honor que visiten nuestra humilde tienda para adquirir su primera varita.

Utilizo materiales de primera calidad: madera cuidada por muchísimos años por los Bowtruckles; y pelo de cola de unicornio, nervio de corazón de dragón, o pluma de ave fénix, para sus núcleos, nada más. Así que empecemos, ¿con que mano cogen la varita?

Tanto Haruka como Rin eran diestros, un segundo después una cinta métrica que se movía sola, les medía la altura, el espacio entre sus hombros, del dedo meñique a la muñeca… mientras el anciano los escudriñaba con la mirada.

—Recuerdo cada varita que he vendido y a su dueño. Suelo utilizar como referencia a los padres o familiares, para saber qué tipo de varita puede ser su compañera; sin embargo, no hay nada más enriquecedor para un hombre como yo, descubrir la magia de los nacidos de muggles. Su magia es un poco más limpia, ¿me entienden? No está la interferencia de la familia mágica. Porque la magia siempre deja un rastro. Joven…

—Matsouka, Rin.

—Ah, nombre de niña—dijo el anciano, Rin soltó una risita y Haruka perdió su emoción—. Probaremos con madera de espino. El espino es una madera interesante, contradictoria: las hojas y flores del espino son ingredientes seguros en muchas pócimas de curación; sin embargo, sus ramas cortadas huelen a muerte… Agítala.

Rin tomó la varita de espino y trató de agitarla.

—No, el espino no es para ti. ¿Qué tal la madera de fresno, con nervio de corazón de dragón?

Le tendió a Rin otra varita, pero de nuevo, antes de que los dos niños pudieran procesar lo que ocurría se la arrebató.

—Lo tengo—Lo escucharon murmurar para él mismo—. Será pino. El pino, ¿lo conoces?—Rin asintió, sin entender—, produce varitas ideales para magos independientes y seguros de sí mismos. Además, esta varita posee un pelo de cola de unicornio, 28 centímetros y es rígida.

Rin acercó la mano hacia la varita e inmediatamente su magia fue canalizada. Apretó la varita contra su pecho y el corazón de Haruka se aceleró al verle los ojos vidriosos hasta que la atención del anciano se giró hacia él.

—Ahora es tu turno, señor…

—Nanase.

—¿Nanase…?

—Haru.

—Haru… ¿hi? ¿Haruno? ¿Haruki?

—Nanase—repitió Haruka.

Rin imaginó a Makoto riñendo a Haruka; sin embargo, no estaba presente para eso, y en ese instante se dio cuenta de que sin Makoto para tratar de hacer que Haruka mantuviera un comportamiento decente, lo pasarían mal en Hogwarts.

El señor Ollivander con una gran sonrisa dijo que ya sabía cuál varita, y no se equivocó. Haruka solo probó esa: Olmo, pelo de cola de unicornio, 29 centímetros, y flexible.

Antes de que pudieran poner sus manos sobre sus varitas, otra vez, el profesor apareció y confiscó los paquetes, les informó que obtendrían sus varitas hasta que estuvieran en Hogwarts. Por supuesto, los dos chicos querían mostrarle sus varitas a Makoto, sin embargo, Rin detalló su experiencia y Makoto se imaginó lo que ocurrió, y por supuesto, regañó a Haru por haber sido maleducado.

Mientras Rin hablaba, Haruka pensó que sería genial poseer una varita, y supo cómo conseguirla antes.

No le fue difícil obtener una rama de la madera del cerezo, después de preguntarle a Makoto cómo distraer al Bowtruckle. Makoto le dijo que no tenía ni idea, que solo lo había visto una vez, pero investigó y llegó a una conclusión satisfactoria: la comida lo distraía.

A Haruka le pareció que la macarela que le llevó al Bowstrucke del cerezo, lo molestó lo suficiente como para alejarse unos segundos del árbol, y aunque estaba seguro de que así no debía funcionar, su plan funcionó y logró hacerse de una rama.

Después, acudió de nuevo a Makoto.

—¿De qué material te gustaría que fuera tu varita?

—¿De un cabello de Haru-chan?—exclamó Makoto con una sonrisa burlona.

—Tu varita tendrá un núcleo de colmillo de acromántula—peleó Haru.

—Ah, Haru, no digas eso—chilló, medio asustado. Sin embargo, dejó las bromas y le dedicó unos segundos a su respuesta—. La Gente del Agua—murmuró, y el corazón de Haruka latió con fuerza, hacía mucho que Makoto no hablaba de ellos—. El viejo pescador me regaló escamas de una cola de sirena… ¿Crees que se puedan usar como núcleo?

—Puedo intentarlo—Resolvió Haruka, aunque no estaba seguro si le daría tiempo de hacer una varita antes del primero de setiembre.

.O.o.O.

El primero de setiembre, Haruka se sentía incómodo. Lo primero que hizo al levantarse fue entrar a la habitación de sus padres y mantener una larga conversación con ellos.

Cuando se plantó delante de la chimenea de los Tachibana, ya estaba tarde y la señora Tachibana le preguntó por sus padres, le respondió lacónicamente que no lo acompañarían. Los padres de Makoto intercambiaron miradas preocupadas y con la ayuda de su varita movieron el baúl de Haru.

Makoto intentó ir solo, después de todo, no sería bueno que Haruka se apareciera en la estación de King Cross con un niño como Makoto de la mano, ya era un estudiante de Hogwarts; sin embargo, Haruka se rehusó a entrar hasta que fuera con Makoto.

En la Estación, había muchas personas, pero no fue difícil encontrar a Rin entre la multitud. También estaba solo, y los Tachibana se preguntaron si habían sido demasiado sobreprotectores, si los niños estaban listos para acudir a Hogwarts por sí mismos.

Se oyó un silbido y el humo de la locomotora llenó la estación. Se despidieron rápidamente, Makoto se aguantó las lágrimas, y Haruka y Rin caminaron en dirección a uno de los vagones.

Las cabezas de los estudiantes se asomaban por los ventanales, para despedirse de sus familiares y Makoto buscó con la mirada a sus amigos. El tren comenzó a moverse, algunos niños pequeños corrieron tras él, siguiéndolo hasta que se perdiera de vista al doblar… y las voces se fueron convirtiendo en un murmullo lejano.

—Makoto—Lo llamó alguien.

Se trataba de Haru que estaba al otro lado de la línea del tren, junto a su baúl.

—¡Haru!—exclamó, asustado de que hubiese perdido el tren—. ¿Qué haces aquí?

—Iré contigo a Hogwarts… el otro año.

...


Muchas gracias por leer.

¡Y así fue como Haruka y Rin se pelean, y Rin termina yéndose a otro lugar! ¿Qué pasará ahora? Pues, en el próximo se sabrá lo que Haru y Rin hablaron, tendremos a Sousuke, Hogwarts, otra posible separación y algo de Quidditch. Y calculo que todo sucederá en tres capítulos más. :)

Soy una gran fan de las varitas. Así que hay toda una explicación de por qué las dos varitas son de pelo de unicornio, la de Makoto será de nervio de corazón de dragón. Resulta que el pelo de unicornio se puede deprimir y perder su poder, a veces, hasta es necesario cambiar el pelo. Por otro lado, el nervio de corazón de dragón es el núcleo que con mayor facilidad se puede volver al lado oscuro.

Pienso que Haru y Rin experimentaron fuertes depresiones, y en algún momento, quizá necesiten cambiar sus núcleos o sus varitas, porque perdieron su vinculación con ellas (les estoy contando qué va a pasar). Sin embargo, si nos vamos a la historia original de Makoto, cuando trata de suicidarse (ay, es que nunca superaré esa posibilidad), creo que podemos decir que no es la misma depresión de los otros, el alma de Makoto se acerca demasiado a la oscuridad en algún momento. Con esto no quiero decir que habrán mortífagos (en este fic, no hay mortífagos), es solo que tal vez alguna de estas varitas deje de funcionar, y haya que cambiarla... (se pueden imaginar por cuál)

Espero entretenerlos y me puedan contar qué opinan. Muchas gracias a skyblue-san, Kutzi Shiro y Tammy. Son geniales :3

¿Alguna apuesta para el sorteo de casas?

Nos leemos

nox!