Me sonríe enormemente, mientras se levanta y camina hacia mí. Cuando está a mi altura, agacha la cabeza y me besa en la mejilla. La veo sonrojarse por el gesto y susurrar un leve "gracias", antes de correr hacia los establos.

Suspirando, me levanto también de mi silla y la sigo, yendo más despacio que ella. Mientras camino, observo por cada ventana el paisaje desértico del país. A pesar de que el palacio está situado en El Cairo, todo alrededor de la vivienda es un pequeño desierto. Puede que tengas suertes y encuentres una palmera o quizás, con mucha suerte, un oasis.

Sin darme apenas cuenta, llego a los establos donde Ramaka me espera con dos de los mozos, cada uno sujetando un animal. Montamos en los caballos y al paso, comenzamos nuestra clase práctica de equitación.

H: ¿Qué vamos a hacer?
R: Tengo ganas de saltar. –Me sonríe-. ¿Te apetecen un par de obstáculos? ¿O no serás capaz de mantenerte sentado después del salto? –Pregunta, picándome-.
H: Yo creo que la que no se mantendrá en el sitio serás tú. –La respondo, sonriendo-.
R: Ya lo veremos.

Pasamos dos horas saltando los obstáculos que el profesor real de equitación nos ha preparado en la pista. Después, volvieron los mismos mozos a llevarse los caballos y la princesa y yo nos sentamos en la hierba, debajo de una enorme palmera, jadeando.

R: ¿Lo ves? –Sonríe, divertida-. Aguanté.
H: Ya has montado antes.
R: Si, bueno… desde que tenía seis años llevo practicando salto de obstáculos y doma. Es normal que haga el recorrido perfectamente. ¿Y tú?
H: He montado alguna vez que otra. –Afirmo, mirando el horizonte-. ¿Sabes? He estado pensando en lo que me dijiste en el desayuno.
R: ¿Si? ¿Cuál parte?
H: Al hombre al que le tienes echado el ojo. –La miro a los ojos y sonrío-. ¿Le conozco?
R: Uhm… depende de cómo se mire. –Me responde, sincera-.
H: ¿Eso es un sí o un no? –Digo, riéndome-.
R: Un sí. –Al ver lo seria que está, me giro hacia ella y sonrío-.
H: Puedes decirme quien es, Ram. Te prometo no contárselo a nadie. –Ella asiente-. ¿Estás enamorada de él?
R: Si.
H: Vale… ¿Vive en palacio? –Vuelve a asentir-.
R: He pasado muchas cosas con él desde que le conozco. Él me ha enseñado cosas de su país y lo he enseñado a defenderse en el mío. –Agacha la cabeza y continúa-. Ankara cree que estoy enamorada de él porque hemos pasado mucho tiempo juntos. Yo le respondí que aunque pasamos bastantes ratos los dos, y muy bueno, era imposible que estuviera enamorada porque le conozco desde hace poco. –Sentencia, susurrando-. Y todo esto me da miedo, Harm. ¿Qué hago? No puedo decirte quien es, no porque no quiera,…
H: ¿Entonces?
R: ¿Y si esa persona no siente lo mismo que yo? ¿Y si el sentimiento no es recíproco? –Por primera vez desde que empezó a sincerarse, levanta la cabeza y me mira-. Dime una cosa, ¿tú te casarías con alguien como yo, por ejemplo, aunque no me amases?
H: Yo… -Buceo en sus ojos castaños y por fin, lo comprendo todo. Decido ser sincero con Ramaka, y la respondo-. No me casaría con alguien cono tú, Ram. Si tú estuvieras de acuerdo, me casaría contigo mañana mismo, sin dudarlo. –La cojo las manos, y las miro-. Quizás no te quiera como quería a mi compañera, pero siento amor por ti, Ramaka. Tú me has ayudado desde que estoy aquí y has evitado que cometiera cualquier tontería. –Levanto la mirada y clavo mis ojos en los suyos-. Si crees que puedo merecerme estar a tú lado, adelante. –Sonrío-. Dime lo que sientes por mí. Prometo no salir corriendo.
R: Está bien. –Coge aire-. Estoy enamorada de ti, Harm. Desde el principio has sido mi amigo, una persona fiel y comprensiva con la que he podido hablar de todos mis problemas con toda seguridad. Creo que para ti he sido lo mismo. –Sonríe-. Por eso no quiero casarme con ningún otro hombre. Si tú no quieres unirte a mí, lo comprenderé. No solo te casarías conmigo, también te comprometerías a que en el momento que mi padre no se vea capaz de continuar en su puesto, tú… tú lo ocuparías. –Me mira a los ojos, llorando-. No dudo de que podrías hacerlo, Harm. Pero ese espía americano dijo que deberías estar a cubierto la mayor parte del tiempo. En ese caso, ¿cómo podrías cumplir con tu cargo? Algunas cosas las podrías delegar, pero no todas.
H Estoy dispuesto a asumir el riesgo, por ti. –Le acarició la mejilla, secándole las lágrimas-. Dime, ¿estarías dispuesta a casarte conmigo, con la autorización y la bendición de tú padre?