Disclaimer: Ni el anime ni los personajes de Gintama me pertenecen, son propiedad de Hideaki Sorachi.
Aclaraciones:
–Hablan los personajes. –
'Pensamientos'
"Recuerdos"
Capítulo 4
El primer visitante
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Shimura Shinpachi temía, desde lo más profundo de su corazón, la reacción que tendría su hermana cuando le dijera lo que había hecho Kagura aquella tarde al pensar que podría ganarle a un Okita malhumorado. Decididamente se enfurecería mucho, sobre todo si se tomaba en cuenta que era martes y por consiguiente la tan afamada noche de chicas. La noche del mes en la cual Kagura se iba a la casa de los Shimura a pasar el fin de semana. Por supuesto, la ecuación también incluía a Yagyuu Kyuubei.
–Ya llegue. –musito con desgane al cerrar la puerta, pues además de saber que le esperaba una larga plática con las chicas, también estaba muy cansado luego de tener que hacer turno extra en el trabajo.
Por la puerta se asomo su hermana, cargando una bandeja repleta de comida. –Bienvenido Shin-chan ¿En dónde está Kagura-chan? –
El pelinegro se estremeció al escuchar la pregunta ¿Tan pronto tendría que enfrentarse a Otae?
–Eh, sí, bueno…digamos que hoy no podrá venir. –sonrío nervioso. –Jeje, esto te hará mucho gracia, aneue. –
¡Por supuesto que no! Solo había que ver como los ojos de Tae lo fulminaban para saber que lo siguiente que diría no le haría mucha gracia a la mayor. Trago saliva y se estremeció.
–No lo preguntare de nuevo Shin-chan. –siseo molesta. – ¿Dónde-está-ella? –
– ¡Perdió una apuesta y ahora tendrá que ser la esclava de Okita-san por veinte días! –grito tras soltar un chillido no muy masculino. Al darse cuenta de que no solo lo había dicho, sino que lo había gritado, Shinpachi solo atino a retroceder todo lo que pudo y a cerrar los ojos a la espera del peor de los escenarios.
Contó un minutos, dos, tres, cinco y nada. Abrió un ojo despacio y se dio cuenta de que la mujer sonreía de una forma… ¿maternal? Se sorprendió. En verdad espero que explotara toda la casa en medio de su furia, pero en ningún momento entro en su ecuación que su hermana sonriera y se marchará hasta su alcoba dando curiosos saltitos, mientras gritaba el nombre de Kyuubei en un tono cantarín y divertido.
¿Alguien podía explicarle lo que estaba sucediendo? ¡Seguía vivo! ¡Y lo que era mejor, no había quedado sordo!
–Realmente mi hermana es rara. –comento con alivio, quitándose los zapatos e ingresando por completo en su casa, pasando por la alcoba de Otae hasta la suya.
Al ingresar lo primero que comprobó fue la hora, las doce treinta de la mañana. Había llegado muy tarde gracias a que Yamazaki Sagaru había faltado por razones desconocidas. Tenía la impresión de que su compañero de escuela tenía un trabajo aparte del de atender una pastelería, el cual le quitaba mucho tiempo. Sí mal no recordaba el mismo Zaki se lo había mencionado un día que caminaron juntos de regreso.
–Creo que también dijo que Kondo-sensei trabaja con él a tiempo parcial. –
–Shin-chan. –la puerta de la alcoba se abrió repentinamente, asustándolo y haciéndolo soltar un gritito. –Kyuu-chan y yo saldremos un momento, pórtate bien ¿de acuerdo? –
– ¿Qué? ¿A estas horas? –las miro a ambas con desdén. –Es peligroso que salgan tan tarde. –
Kyuubei chasqueo la lengua irritada. –Vamos ir a ver a Otose, nos llamo hace unos minutos. Ni idea de para qué. –se encogió de hombros.
–Imagino que querrá preguntarles sí ustedes saben cómo es que Gin-san permitió que Kagura-chan se fuera a vivir veinte días a casa de Okita-san. –comento sin pensarlo.
Antes de darse cuenta las dos mujeres lo miraban con sorpresa, con una temible y horrorosa sorpresa. Shinpachi trago saliva…de nuevo.
'Maldición, yo y mi gran boca.' Lloriqueo Shinpachi internamente. Sus ojos cafés miraron intimidados a las dos amigas y de nuevo retrocedió un paso.
–Más vale que te expliques, Shinpachi-kun. –sonrío Kyuubei de forma siniestra, tronándose los dedos. –Habla. –
Con mucho miedo, Shinpachi se encamino a la sala de estar y se sentó en uno de los sillones, justo frente al de dos plazas que ocupaban Tae y Kyuubei. Tras pedir mentalmente a cualquier dios que estuviera disponible que lo salvarán de la furia de las dos mayores, el pelinegro se dispuso a relatar los acontecimientos tal y como Katsura se los había contado esa tarde luego de la salida.
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– ¿No puedes dormir, china? –la plana voz de Sougo la hizo alzar la vista de la oscuridad que había en toda la sala. Se estremeció ligeramente.
Tanto como decir que no podía dormir era exagerar. Hasta hacia dos horas había estado cómodamente en el mundo de los sueños, pero todo se fue por el desagüe cuando Otae la llamó a las tres de la mañana para gritarle que saliera de esa casa de inmediato. También le dijo que mataría a Gin-chan por haberlo permitido y le dio miedo preguntar si Shinpachi aún respiraba.
–Eso no te importa, estúpido. –gruño la pelirroja fastidiada. Había tenido suficiente con el sermón que duro dos horas completitas. –No eres más que un maldito sádico busca problemas. –resoplo.
Okita alzo una ceja molesto y se sentó a su lado en las escaleras. Kagura lo miro de reojo con irritación.
–Recuerda que puedo hacerte la vida imposible durante veinte días, china. –
Kagura soltó una risa. –Oh vamos, no es como que me la hagas muy fácil el resto del tiempo. –
El castaño la miro con fijeza. Observo sus ojos azules, su cabello rojizo atado en una cebolla alta, su pijama más grande que ella, sus labios entreabiertos. Sonrío.
–Parece que quieres que te ataque, china. –se inclino muy levemente hacia ella, percibiendo ese característico aroma a cerezas que desprendía. Amplio su sonrisa.
–Cuando quieras, no me importa. –Sougo alzo una ceja divertido, a sabiendas de que ella no había captado el mensaje oculto en sus palabras. Acerco su mano hasta ella. ¿Sería adecuado?
– ¿Segura que puedo? –pregunto con voz ronca, tomando su mentón entre sus dedos y obligándola a mirarlo. –No te quejes luego. –
Kagura abrió los ojos con sorpresa antes de fruncir el ceño. – ¡Aléjate de mí, maldito pervertido! –lo empujo.
–Recuerda que eres mi esclava durante los próximos días, estúpida. ¿Qué sería bueno ordenarte? –
La pelirroja se levanto de un salto, furiosa. –Más te vale que no pidas ninguna estupidez, sádico. –entrecerró los ojos. –Hay un límite en tus órdenes ¿Lo olvidabas? –señalo escaleras arriba, directamente a la habitación de Mitsuba. –Tu linda aneue podría decepcionarse, idiota. –
Ambos se miraron desafiantes, las orbes azules chocaron con las rojizas. Sin notarlo ella se acerco mucho a su rostro, inclinada sobre él en una postura altanera. Sougo sonrío perverso.
–Eres tan fastidiosa y lenta como siempre. –suspiro, levantándose, importándole poco que su rostro pasará aún más cerca del de la chica con sus acciones. La Yato retrocedió por inercia. –Me pregunto ¿Cuánto más durará esto? –susurro cerca de su oído.
El castaño bajo las escaleras y se interno en la cocina. Kagura sintió su rostro arder. ¿Por qué no podía simplemente olvidar la cercanía que habían tenido? ¡Habían sido solo tres segundos, joder! Se estremeció al recordar su aliento chocando en su oído.
Era definitivo, estaba enferma. Se cruzo de brazos preocupada. ¿Y sí era algo grave? Tendría que esperar un poco más para poder hablar con Otae y Kyuubei. Miro una vez más el camino seguido por el chico y regreso sobre sus pasos hasta la alcoba de Mitsuba. Ya después lo hablaría con las chicas. Quizás todo se debía a que solo tenía sueño. Sí, eso debía ser.
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El lugar donde siempre se veían a escondidas desde hacía casi tres años. Un café ubicado en el centro de la ciudad que vendía deliciosos postres, cafés, malteadas y desayunos. Poco le impresionaba a él que siempre se vieran donde mismo, pues a pesar de todo y sus caracteres diferentes se conocían desde hacía mucho, mucho tiempo.
–Es bueno ver que no tardas cuando se trata de la chiquilla. –menciono Hijikata Toushirou dándole una calada a su cigarrillo. –Gintoki. –
–Lo mismo te digo, Toushirou. –resoplo el peli plata tomando asiento justo frente a él. Ambos se miraron un momento para después pedir algo de comer.
–Espero que no tuvieras clases a esta hora, Gintoki. –el pelinegro dio un sorbo al café que la anciana mujer deposito frente a él. –No me gusta que seas irresponsable. –
–Y yo espero que no hayas dejado ninguna patrulla pendiente, Toushirou. –
Un nuevo silencio se acomodo entre ambos, mientras comían desinteresadamente un trozo de pastel de fresas. Gintoki sorbió un poco de su malteada y fijo su vista en las personas que pasaban por la calle. Suspiro.
–Kagura lleva un día en casa de tu novia. –miro su reflejo, tenía profundas ojeras. –Al parecer perdió una apuesta con Okita-kun. Al principio tuve la tentación de despellejarlo vivo… –
–Me habrías hecho un favor. –comento por lo bajo.
–…pero luego pensé que ya que esos dos quieren venir a Japón no había mejor manera de cuidarla que esa. Esta cerca de ti, después de todo. –
Hijikata lo miro seriamente. –Algo me comento Mitsuba ayer por la mañana. Me dijo que antier por la noche había llegado una amiga de Sougo, y que estaría en su casa por veinte días. –dio otro sorbo a su café. –Estaba de lo más emocionada. Luego cuando lo vi a él estaba todo lleno de rasguños y moretones. Supongo que ahora entiendo más. –
El peli plata sonrío con cierto orgullo.
–Bueno ¿Y quién llegará primero? Es decir, debe ser más inteligente si por fin dieron con ella. –
–Mutsu Yato. –se recargo en la silla. –El mismo día que Kagura se fue a casa de Okita me llamó para decirme que estaría aquí pronto. –
– ¿Qué haremos? Me preocupa Kagura, aún no está lista para verlos. –
–Lo sé, Toushirou. Es fecha que aún tiene pesadillas con…con él. Sin embargo, no sé cuándo estará aquí Mutsu. Puede que ella no le haga daño, pero es tan impredecible como todos los Yato. –
Hijikata asintió concediéndole la razón. Si había un rasgo compartido por todos y cada uno de los Yato, era su habilidad para ser impredecibles y fuertes. Lejos de eso, todos eran diferentes a su manera. Quizás la más diferente era la propia Kagura…y su madre.
–Por el momento estará a salvo con Mitsuba y Sougo. –comento. –Pero esa mujer es más astuta que ninguno de ellos, así que habremos de tener cuidado. Sí todo sale bien podremos evitar que la encuentre, pero me temo que Mutsu encontrará la manera de verla, estoy seguro. –
Gintoki asintió serio. –Pero la voy a proteger, sin importar que. –
Hijikata sonrío. –Hablaré con Kondo-san, así que descuida. Estoy seguro de que me dará algunos días libres si se los pido. Más si va por ti. –
Gintoki sonrío. –Eso espero. Tienes que cuidar bien de ella en estos días. A pesar de lo que parece, estoy casi seguro de que ella presiente algo. Siempre lo hace cuando tiene que ver con ellos. –
–Bien. Te llamaré en la noche por si ocurre algo. –
Sakata asintió con la cabeza.
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–Qué raro, hoy no vino danna a darnos sus típicas clases. –Sougo observo como Kagura cargaba con el ceño fruncido su mochila, su maleta de deportes y sus propias cosas. No había dicho nada al respecto, cuando el día anterior lo insulto hasta cansarse al darse cuenta de que tendría que llevarle las cosas.
Pero ese día estaba muy callada.
–Tampoco vino con nosotros, sí es lo que quieres saber. –dio otro paso, hasta alcanzar finalmente los portones de la escuela. –Gori-sensei dijo que estaría ocupado, así que él nos dio la clase. –
Al llegar se encontró de frente con un extraño hombre vestido con una gabardina roja a pesar del calor que hacía. Era castaño y llevaba unos raros lentes de sol. Por alguna razón desconocida le dio un mal presentimiento. Se detuvo un momento, provocándole desconcierto a Sougo.
Estuvo tentada en dar media vuelta y salir por la puerta trasera, pero justo cuando estaba por hacerlo el hombre se giro y la miro. La miraba fijamente, para luego sacar algo de su gabardina y observarlo. Retrocedió un paso, sintiéndose acorralada.
–Deja de hacer el estúpido y vámonos, china. –Sougo la apresuro con aparente fastidio, sin embargo, miraba alerta al hombre que permanecía de pie sin apartar su vista de la pelirroja. –Aneue pidió que llegáramos temprano ¿lo olvidas? Quiere que cenemos con su estúpido novio. –
–Prometido. –lo corrigió tensa.
El castaño de orbes rojizas la empujo suavemente y Kagura volvió a caminar, al irse acercando notaron como el hombre comenzaba a sonreír.
–Tú debes ser Kagura, ajajaja. –río como tonto. – ¿Verdad? –
–Sí. –
–Me salvas, ¿sabes? –se acerco a ella utilizando un tono confidencial. –Sí hubiera pasado otro día más sin encontrarte, Mutsu me habría dado de comer a los perros. ¡Esa mujer tiene un temperamento! –
La sangre se le heló. Su cuerpo se tenso. Y el sádico la miro sin comprender, a punto de sacar la espada que llevaba colgando de su hombro. No le gustaba la forma en la cual la pelirroja miraba a ese hombre.
–Me presento niños, yo soy Sakamoto Tatsuma. –sonrío de forma boba. –Y estoy aquí porque ella quiere verte. –
– ¿Ella? –repitió Okita alzando una ceja. – ¿De qué…? –
–Hablas de Mutsu ¿no es cierto? –pregunto con la voz ronca. – ¿Hace cuanto esta aquí? –
Sakamoto se encogió de hombros. –Ayer en la madrugada. Primero fuimos a buscarte a la casa donde solía vivir Kintoki, pero nos enteramos de que ya no vivía ahí, así que todo el día de ayer estuvimos rondando los alrededores buscando información, hasta que una chica nos dijo que conocía a alguien que se parecía a la de la foto. –el hombre le mostro solo a Kagura una fotografía suya de cuando tenía diez años. –Le preguntamos de donde y fue así como llegamos hasta aquí. Mutsu se pondrá contenta al ver que era cierto. –
Kagura apretó los dientes. –No. –siseo. –Dile a Mutsu que no tiene nada que estar haciendo buscándome. Mis lazos con esa gente se rompieron hace muchos, muchos años. Y ella lo sabe bien. –
Sakamoto bajo la mirada. –Ella lucho mucho por conseguir saber en qué país estabas. –
–Ni siquiera debió intentarlo. –Kagura rompió la fotografía ante las sorprendidas miradas de Okita y Tatsuma. –Escúchame bien, risitas, dile a Mutsu que se regrese por donde vino, no quiero ni puedo verla. Ella lo sabe mejor que yo. –
Con paso firme y los ojos picándole, Kagura se retiro sin saber siquiera si el castaño le seguía. Pero lo averiguo cuando al cruzar el parque sintió un tirón en su brazo. Se giro con sorpresa solo para encontrarse de frente con Sougo, quien la miraba seriamente.
–Espero una explicación. –
Ella sonrío de forma amarga. –Eso no tiene nada que ver contigo. –trato de zafarse. –Y tampoco conmigo. –
Y no mentía. El hecho de que Mutsu estuviera en Japón y que hubiera dado con ella no significaba que iría corriendo hasta ella. No estaba en sus planes que ella apareciera, mucho menos que la buscara. No sabía que quería, y tampoco podía importarle. El simple hecho de escuchar su nombre le dolía, peor sería si aceptaba verla.
Todo estaba bien así.
–Ese hombre me pidió que te dijera que lo pensarás bien. Dijo que Mutsu necesitaba decirte algo muy importante. –
–No es de mi incumbencia. –susurro. –Pero lo que sí lo es, definitivamente, es llegar temprano para la cena. –lo miro. Y a Sougo se le fue el aire. Jamás había visto esos ojos azules albergar tanta tristeza. Tanto dolor. Por lo que, sin meditarlo, la rodeo con sus brazos. Kagura no reacciono a tiempo.
– ¿P-pero qué demonios te crees que haces, imbécil? –trato de empujarlo, pero el otro apretó su agarre un poco más. Pasaron unos minutos hasta que el cielo comenzó a nublarse y a caer gotitas de agua. Fue entonces que el sádico la soltó.
–Vámonos. –ordeno sin mirar atrás. –No te permito deprimirte por otra cosa que no sea yo. –
– ¡Ja!, ni que estuvieras tan bueno. –se burlo.
–Muchas chicas dicen lo contrario. Soy muy apuesto, estúpida. –
–Eso solo lo dicen las pobres almas en desgracia que no tienen buen gusto. –
Okita la fulmino con la mirada. –No puedes hablarme así. Recuerda que… –
Fue quizás a la mitad del estúpido discurso sobre las razones por las cuales no podía insultarlo, que Kagura se dio cuenta de que estar con él la aliviaba mucho. El peso de saber que Mutsu estaba en la misma ciudad que ella se desvanecía como si nunca hubiera existido en primer lugar.
Lo miro, dándose cuenta de que se había callado y de que él también la miraba. Sonrío ligeramente.
Creía que acababa de comprender sus intenciones. La molestaba para que se le olvidara. Como un buen amigo. Claro que le habría gustado saber que no era precisamente como amigo la razón por la cual lo hacía.
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– ¿La encontraste, Tatsuma? –la voz monótona lo hizo alzar la cabeza casi de inmediato. –Esa chica, Nobume ¿Tenía razón? –
El hombre se quito la gabardina roja y la dejo en el perchero del hotel, se saco los lentes de sol y le sonrío ligeramente a su prometida. La Yato lo miraba sentada en la orilla de la cama con ojos ansiosos.
– ¿Y bien? –
–Tengo dos noticias, una buena y una mala. –Mutsu entrecerró los ojos. – ¿Cuál quiere primero? –
–Habla. –
El hombre suspiro y arrastro una de las sillas que había alrededor de una mesita de té. La deposito justo frente a la castaña y sentó con cansancio.
–La encontré. –los ojos de la mujer se iluminaron. –Pero…ella no quiere verte. –Mutsu bajo la mirada. –Dijo que… –
–Lo sé. –murmuro. –Lo sé perfectamente bien. No tienes que repetírmelo. –
Sakamoto la abrazo con cuidado.
–Es natural que me odie, Tatsuma. –se mordió el labio inferior. –Yo la abandone. –
No podía decir nada al respecto porque no conocía las circunstancias. Hacía años le había preguntado, pero la mujer le había contestado con un "que te importa, idiota." Así que solamente sabía que Kagura era su sobrina, que cargaba con un pasado muy doloroso y que la niña esa tenía mucho que ver con las culpas que su prometida cargaba.
Aunque, por lo visto, Mutsu no era la única con algo que cargar. Le había bastado muy poco para notar que la muchacha pelirroja estaba igual o peor que su tía.
¿Cuánto más soportaría sin explotar? Sakamoto esperaba desde lo más profundo de su corazón que nunca lo hiciera. Pero Kagura Yato parecía tan rota, que pronto terminaría por colapsar. Sakamoto lo presentía.
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–No esperaba verte aquí. –comento Kagura al ver a Hijikata. –Pensé que cancelarías o algo así. –
El pelinegro sonrío. –No soy Gintoki. –
–Ya lo sé, pero no hables mal de Gin-chan, Mayora. –burlo sacándole la lengua. – ¿Se ha encontrado contigo o algo? –pregunto bajito, observando a la distancia como Mitsuba y su hermano arreglaban las cosas de la cena en la cocina.
Toushirou asintió en silencio. –Desayunamos juntos. –
–Oh, casi como una pareja. –
El mayor rodó los ojos, bastante acostumbrado a las bromas pesadas de la chica. –Compre mayonesa de camino para acá. –abrió la bolsa de plástico y se la lanzo a las manos. El pelinegro la miro sorprendido. –Escuche al sádico diciendo que te haría una broma con la que diera él. –
–Ahora me cuidas, que linda. –ironizó.
Ella sonrío, pero Hijikata notó que algo no andaba bien. –Sí es para fastidiarle los planes al sádico que así sea. Ser su esclava no es nada lindo. –
– ¿Es por eso que te ves rara? –pregunto directamente.
–Pienso que si fueras tú el esclavo estarías igual que yo, ¿no? –mintió. El chico se había limitado con sus órdenes, cierto era que buscaba la mejor forma de joderle la vida, pero tampoco estaba siendo tan malo como lo creyó al principio.
–Sí, supongo que sí. –la miro con desconfianza. Tenía el presentimiento de que ella le estaba ocultando algo.
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Tres de la mañana, Shinpachi abrió los ojos somnoliento al escuchar el suave tintineo de su celular. Se levanto de la cama a tientas hasta que logro vislumbrarlo sobre su escritorio.
–Ah, es un mensaje de Kagura-chan. –bostezo suavemente.
Sin pensarlo dos veces Shinpachi abrió el mensaje y se sorprendió cuando lo leyó.
Patsuan:
Tengo un mal presentimiento, he vuelto a soñar con él.
Algo en el comportamiento de Mayora y Gin-chan no me gusta. Comienzo a sentirme inquieta.
Ya no sé qué hacer. No he podido dormir en varios días. El otro día la llamada de anego me salvo de mis pesadillas.
¡Necesito ayuda, Patsuan!
El pelinegro dejo sobre el escritorio el celular y se regreso a la cama. No sabía que debía contestarle. Poco sabía sobre su pasado. Con anterioridad ella le había mencionado algo acerca de él, pero era fecha que no sabía quién era.
Sin embargo, sí que podía ayudarla en algo, aunque fuera poco. Trataría de hablar con Gintoki al día siguiente, a ver si podía averiguar algo que ayudara a su amiga.
Solo esperaba que el mayor no le sacara la vuelta al asunto.
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Continuara~
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¡Yay! Hola, gente. Últimamente no tardo en actualizar. Por lo menos no tanto. ¿Eso es bueno, no?
En fin, dejando eso de lado, quiero agradecer a todas las personas que leen esta historia, sobre todo a aquellas que la comentan:
hitorikitefa8: ¡Hola! No sabes lo feliz que me hacen tus comentarios, realmente me alegra muchísimo que te guste mi forma de escribir y la historia. Tengo planeado publicar el capítulo cinco la próxima semana. Aún no sé qué día, pero será pronto. ¡Espero te haya gustado el capítulo de hoy!
mi-chan: Me alegra que te gustará el capítulo. Y gracias a ti por comentar.
melgamonster: Jaja, la verdad es que no. Siendo la esclava de Sougo se la vera difícil, pero siendo ella él sádico tampoco la tendrá fácil. Me alegra que te guste la historia.
Mei: ¡Gracias! La verdad es que a veces se me complica no salirme del personaje, pero espero que si sucede sea lo mínimo. Jaja, ya sé, a mí también me gusta mucho la pareja Tousshi x Mitsuba, son un amor.
Leche de fresa: Jaja, sí, ese Shinpachi siempre será el hermano/hijo histérico que todos amamos :) Por otra parte ya se ha revelado quien es una de esas personas, ¿Quién será el siguiente? ;D Oh, a esos dos les pasara de todo en esos días. ¡No puedo esperar para publicar! ¡Gracias por comentar, siempre me alegras el día!
Grell Whoops: Jaja, pronto se irán respondiendo muchas preguntas. La verdad es que a veces se me complica no salirme del personaje, pero me hace feliz saber que si me apego a sus personalidades. ¡Claro que habrá algo romántico! Muy al estilo OkiKagu, ¡Pero habrá, lo prometo! (: ¡Gracias por comentar!
A todos los demás lectores/as, agradezco que lean la historia. Sí hay alguna sugerencia o algo así, solo escríbanlo (:
Nos leemos en la próxima, espero estén todos muy bien.
Ciao, ciao (:
