RONDA DE PREGUNTAS

Nos encontrábamos sentados en el sofá blanco, el ambiente estaba menos cargado pero seguían estando tensos, sobre todo Jasper y ese era el motivo por el cual el resto de la familia seguía sin relajarse. Increíble pero había captado la atención de Emmet, tan superficial, pero reúne a todos los que quieras en una habitación y diles que le pregunten a un ángel lo que quieran, ¿quién no prestaría atención?

—Supongo que la primera y obligada es, ¿por qué hay tanta maldad en el mundo? —Empezó Carlisle—. Pero me gustaría que la respuesta fuese completa y extensa, hasta donde puedas al menos.

—De acuerdo —comencé— poneos cómodos. La Biblia es una verdad a medias, es cierto que Dios se aburría tanto que creó a los ángeles a su imagen y semejanza y todos felices con sus poderes celestiales hasta que "EL PROSCRITO" decidió que no tendría más dueño que él mismo y se fue arrastrando a algunos otros con él. Nadie le detuvo en su descenso. Las guerras entre nosotros se hicieron cada vez más cruentas, así que creó la Tierra y los animales y al hombre para que vivieran en ella, y para que fuese un reino neutral donde podría encontrarse con el Proscrito, firmar un pacto de no agresión y establecer reglas. Tendría en los hombres y los animales que habitaban la Tierra el mismo poder que su creador, podrían convencer a los humanos de cualquier modo y se les condenaría por sus actos siempre y cuando no se hubiesen cometido en una invasión corpórea. Sólo un pequeño detalle, él introduciría también criaturas en este mundo animal, las suyas.

Ese fue el momento de mi creación, nací hace muchos años con el único propósito de proteger a los habitantes de la Tierra, en especial a los humanos, que eran los más moldeables. Pero hace tres milenios me encontré con un matrimonio que llamó especialmente mi atención, eran dos vampiros que renegaban de su sed y sus instintos asesinos, querían ser mejores, tal y como eran cuando tenían alma y eran humanos. En ese momento pensé en quitarle criaturas al Proscrito, al igual que él se llevaba seres humanos a su inframundo, y no eran criaturas suyas, yo podría llevarme a sus criaturas, si estas tenían un alma que pudiese proteger, como las vuestras, al menos en su mayoría.

El por qué del dolor y la maldad, bueno, Dios no creó únicamente la bondad, si no, el Proscrito nunca hubiese existido, nos creó a todos independientes, incluso a los humanos, es por ello que el mundo es un tablero de ajedrez cuyas fichas se mueven solas, ellos lo único que hacen es observar e intentar llevarse las fichas de su oponente utilizándonos a nosotros para ser la conciencia de los jugadores. Hay reglas que se puede permitir que se salten, pero las hay que no y son castigados, relegados a no volver a la Tierra, so pena de muerte. Si nosotros rompiésemos las reglas entraríamos todos en guerra, ellos las rompen constantemente y lo pasamos por alto, siempre y cuando lo sepamos, pero no lo veamos, porque pillarlos in fraganti significaría su muerte inmediata y además justificada.

Había dado una larga explicación tocando todos los puntos de las preguntas que leía en sus pensamientos, así que quedamos en silencio hasta que Carlisle habló al fin.

—No nos has hablado de las almas —eso captó la atención de todos, de nuevo se mostraban nerviosos, así que me acerqué a Jasper y le tendí mi mano, la tomó y susurré palabras en su cabeza, al fin de tranquilizarle un poco, no dejaba de sonreírle, intentando por todos los medios que la calma llegase lo más pronto posible. Dio el resultado esperado—. Gracias hijo, lo necesitábamos —Jasper hizo una extraña mueca disculpándose por no haber podido atenderlos antes y proseguí.

—Bien, las almas, es un poco complejo, cuando alguien muere —traté de encontrar las palabras adecuadas, hacía mucho que no me comunicaba con alguien en el lenguaje estrictamente oral y mucho menos conversaba— yo me encargo de recoger su alma, suponiendo que sea mía y entregarla, pero cuando alguien se convierte, su alma pasa a ser de aquel que la transformó.

El silenció era sepulcral, todos miraban a Carlisle, que se puso en pie en señal de protesta.

—Yo no puedo tenerlas, son almas, tendríais que recogerlas y ya, llevarlas donde pertenecieran —se estaba agitando notablemente, necesitaría a Jasper otra vez— ¿por qué las dejáis aquí con nosotros? Estamos muertos

— ¿Acaso los muertos se alimentan, o se visten elegantemente o conducen coches caros o trabajan en hospitales salvando vidas? NO, tú no está muerto, eres un vampiro y los vampiros viven en la Tierra sin alma, por eso son tan solitarios, pero te has encargado de formar una familia, alimentaros de forma que no haya trifulcas entre vosotros, amaros como os amáis, entregando la vida por cualquiera de los miembros de vuestra unidad, lealtad —mi voz sonaba cada vez más alto, pero el efecto en ellos merecería la pena, eran vampiros extraordinarios, ellos eran distintos a los demás y enseguida iban a saber por qué—, la lealtad que emanan vuestros cuerpos tiene un por qué, en todos menos en vosotros dos —dije señalando a Alice y Jasper— tienes el alma de todos ellos.

—La de Bella no —protestó Carlisle.

—Ella ama a Edward y le seguirá hasta el fin del mundo, además, es su alma lo que la mantiene más unida a él que antes, ¿o acaso no sientes que le amas más que antes de ser inmortal, que le necesitas constantemente cuando antes no, que te atrae de una manera casi antinatural?

—Sí, me duele no tenerle cerca, pero siempre me ha dolido.

— ¿Tanto? Contesta, ¿tanto te ha dolido separarte de él cuando iba a cazar, tanto te atraía antes? NO. No puedes mentirme Bella, te conozco muy bien, he dedicado estos últimos años en protegerte para que no te matase de un bocado.

— ¿Qué has hecho qué? —preguntó Edward indignado.

—Verás, una mañana se acercó a mi lugar de encuentro una joven de pelos plateados llamada Marie y me dijo algo así como: "Jovencito, si esos bichos tuyos le hacen daño a mi Bella, bajaré yo misma a separarles las cabezas de sus cuerpos y te arrancaré las alas con sus dientes, ¿me has entendido?". Creo que quedó bastante claro que sería tu ángel de la guarda hasta que pudiese mantener sus "colmillos" —gesticulé con ambas manos— alejados de ti. Y eso significaba estar en todas y cada una de las ocasiones en las que tentabas tu suerte.

Bella sonreía hasta ese momento, sólo Emmet estalló en risas sabiendo lo que aquello significaba y en menos de lo que esperaba Edward saltó hasta mi cuello sosteniéndolo con ambas manos, lleno de furia, fuera de sí.