Desde que rose y el guardián Belikov salieron los ojos de Ibrahim apenas y se habían despegado de mí.

Sus ojos.

Él no me miraba con rencor, tampoco lo hacía con decepción o recelo; él me miraba exactamente de la misma manera en que lo había hecho desde el día en que nos conocimos: con intriga, con un tipo de deseo más bien ligado a la codicia, con una especie de expectativa indescifrable.

La princesa y el joven Ozeda se encontraban con nosotros, y ese era realmente el único impedimento para que los gritos e intercambios de lógica estúpida comenzaran.

-Me temo que el espacio va a resultar un poco incómodo para que duerman seis personas – interrumpió repentinamente el padre de mi hija como si realmente no pudiera soportar el silencio ni un solo minuto más.

-¿Ah? – la princesa se había quedado medio dormida en el sillón y no se percató de lo que estaba sucediendo, al mismo tiempo el joven Ozeda parecía vivir al pendiente de ella.

-Nos adaptaremos – corté tratando de no escuchar su voz… tratando de olvidar como esa misma voz había cantado mi nombre a veces con burla, a veces con deseo, a veces con pasión y otras… otras simplemente con tanto amor que había sentido mi corazón hincharse y querer escapar al pecho.

-Podemos buscar espacios antes de que Rose y Belikov regresen, después de todo hay cosas que deberían resolverse más temprano que tarde ¿o no lo piensas así Janine?

Sutil indirecta.

-Sí. Que Lissa y Rose compartan la habitación y tú duerme en el sillón, espero que el joven Ozeda no se moleste en tener la alfombra de la sala y guardián Belikov y yo nos turnaremos en piso para montar guardia durante la noche.

-Hablando de Rose y Belikov ¿qué hay de ellos?

-¿Disculpa?

-Bueno, sé que Belikov es el maestro de Rose…

¿Cómo diablos sabía eso?

-…pero no me queda claro qué naturaleza tiene su relación detrás de eso, además de que Belikov parece conocer muy bien a Rosemarie.

-Rose es una persona encantadora y Dimitri puede no ser muy sociable pero la verdad es que tiene mucha paciencia y es muy amable – intervino la princesa extrañamente alerta, como si hubiera algo en él que no terminara de gustarle – y supongo que también muy buen instructor puesto que el desempeño de Rose ha mejorado mucho últimamente; pienso que después de tanto tiempo de entrenar juntos ellos se han hecho buenos amigos.

Ibrahim contestó a Vasilissa con una sonrisa pero pude ver detrás de ellos que entrecerraba ligeramente los ojos, como si no terminara de creer del todo esas palabras.

-Hablando de esos dos… ya han tardado bastante como para sólo haber ido a la tienda ¿no creen?

Tenía razón: tenían bastante demora... la puerta se abrió y antes de que alcanzara sacar mi estaca Rose entró en la casa seguida por Belikov. Noté sus ropas atacadas por la fina llovizna de fuera y el cabello húmedo enroscándose ligeramente en algunos mechones, pero, lo que más llamó mi atención fue el color rojo en los ojos de mi hija ¿por qué estaba ahí?

-Tardaron demasiado – los acusé tratando de obtener una explicación al estado de ánimo de Rose.

-No sabíamos qué comprar. Lissa, Christian ¿pueden ayudarme a preparar la cena?

¿Pero qué demonios?

-Sí – respondieron a un tempo los Morois y se levantaron para seguir a Belikov a la cocina. Una vez que la puerta se cerró y quedamos solos Rose se plantó frente a mí con tal fuerza que por un momento me sentí extraña ante ella.

-¿Abe es mi padre? – preguntó de la nada, casi sin voz y mirándome directamente a los ojos.

-¿Qué? – exclamé sorprendida.

-¿Abe es mi padre? – repitió con toda la calma del mundo.

Miré alternativamente a Rose y a Ibrahim y noté en los ojos de ambos que ellos ya lo sabían pero qué, de algún modo esperaban la confirmación. No tenía sentido entonces ocultar la verdad, y Janine Hathaway no era alguien que podría simple y sencillamente desviar la mirada.

-Sí – les respondí a ambos tratando de que mi voz sonara firme. Al mismo tiempo un peso se liberó de mis hombros: había pasado los últimos dieciocho años atormentada entre llamar o no a Ibrahim y contarle todo, ahora él lo sabía y de algún modo eso me traía paz… o al menos así fue hasta que mi hija lanzó su siguiente pregunta.

-¿Por qué nunca nos lo dijiste?

Por favor, por favor esa pregunta no.

-No supe como hacerlo – reconocí con sinceridad y humillación; pese a lo que mantuve la frente en alto.

-¿No supiste como hacerlo? ¡Por favor, no me vengas con eso! – finalmente Rose no pudo más y las lágrimas empañaron su rostro mientras ella avanzaba hacía mí luchando obviamente por no empezar a gritar – "Rose Hathaway, tu padre se llama Ibrahim Mazur y no quiero que vivas cerca de él porque es una pésima influencia y está metido en negocios ilegales" ¿Era tan difícil decir eso, madre? ¿Lo era?

Evidentemente sí.

-Rose escucha…

-No, madre.

-¿Qué?

-Qué no pienso escucharte porque ¿sabes? Lo que hayas querido decirme has tenido dieciocho años para hacerlo, así que este ya no es el momento para hablar.

Sin decir otra cosa Rose dio media vuelta y se encerró en el baño dando un portazo. Yo sentí roto mi corazón pero no podía salir tras ella. No. En lugar de eso… encaré a Ibrahim.

Ibrahim.

Aun ahora que se había dejado crecer la barba y que debajo de sus ojos se apreciaban gruesas ojeras su nombre sonaba como un fantasma en mi memoria.

En mi vida había conocido a muchos hombres y estoy segura que él conoció a muchas mujeres, pero nuestro encuentro fue un parte aguas hecho de fuego sobre pólvora desde la primera vez que nos vimos. Las cosas entre nosotros se habían dado de un modo acelerado sin darnos tiempo de gritar o de respirar siquiera: una noche lo vi mientras ambos bailábamos con otras personas y sólo una semana después yo bajaba de su auto con lágrimas en los ojos, sabiendo que le estaba diciendo adiós al amor de mi vida. Pero ¿qué otra cosa podía haber hecho? mi deber me llamaba, y yo no podía descuidarlo… esa fue mi promesa, y yo debía cumplirla así mi vida dependiera de ello.

-¿Tu promesa vale esto, Janine?

-¿Ah?

Me sobresalté. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo es que Ibrahim sabía siempre en lo que yo estaba pensando? Ese enigma tenía que esperar, ahora había algo más importante de que hablar.

-¿Cómo supiste de Rose? – le pregunté casi sin voz.

-Dalia me envió su expediente – respondió encogiéndose de hombros.

Dalia, claro. Debí haberlo sabido.

-No tenía derecho.

-Tampoco tú.

Sus palabras cayeron sobre mí como un balde de agua fría pese a que al ver en sus ojos vi que en realidad no me juzgaba. En el tono ligero de su voz había… empatía. Sí. Ibrahim no era ni por más la persona indicada para cobrarme los errores del pasado, pero al mismo tiempo sentí su dolor y comprendí su decepción. Yo había fallado: había fallado como amante al alejar a Ibrahim de su hija y mi fracaso como madre es que jamás había intentado siquiera explicarle mis motivos a Rose.

-Lo siento – susurré casi sin aliento mientras las lágrimas comenzaban a bañar mi rostro – siento no habértelo dicho antes; yo…

-Shhh… - susurró él y me apretó contra su pecho. Yo entonces lloré mi decisión a lágrima viva y ahogando con la tela de su camisa el sonido de mis sollozos.

Así permanecimos unos minutos hasta que todo se liberó y después de eso sólo me centré en navegar en los ojos de mi Ibrahim redescubriendo una y otra vez ese lado dulce y protector de él que hacía casi dos décadas me había hecho perder la cabeza por primera y única vez en mi vida.

Para cuando llegó la hora de la cena Rose se presentó con los ojos rojizos e hinchados pero sin que aparentemente ninguna emoción turbia la recubriera.

-¡Rose! – Se escandalizó Lissa antes de que Ibrahim o yo tuviéramos tiempo de preguntar – Rose ¿estás bien?

Los ojos de la princesa se fijaron inquisitivamente en mí.

-Estoy bien, Liss. Simplemente tomé una ducha y el jabón me cayó en los ojos – replicó mi hija con una sonrisa.

Las expresiones faciales de todos en la mesa delataron que sólo el joven Ozeda le creía, sin embargo, ella no se inmutó y terminó su cena en completo silencio, después de eso se levantó de la mesa y preguntó si habíamos pensado en cómo acomodarnos para dormir.

-Compartirás habitación con la princesa – respondí rápidamente.

Ella no me agradeció ni volteó a verme siquiera, sólo se retiró y poco después guardián Belikov salió tras ella; después de algunos momentos Vasilissa también los acompañó… por mi parte estaba feliz de que mi hija tuviera una amiga como la princesa y también una persona que se preocupara por ella como Belikov.

Busqué los ojos de Ibrahim y encontré cierta sombra de recelo.

El guardián Belikov regresó y los ojos del padre de mi hija se posaron sobre él ¿acusadoramente? ¿Por qué?

-Señor Mazur, guardiana Hathaway – llamó Belikov suavemente – Rose está mejor.

-Gracias – murmuré sin atreverme a verlo a los ojos temiendo que se diera cuenta de lo mucho que sus palabras me afectaban. Ibrahim a mi lado agradeció con un asentimiento ligero.

-¿Debo suponer guardiana que usted y yo nos turnaremos la vigilancia?

-Así es.

-Entonces descanse, yo tomaré el primer turno.

-Despiérteme en dos horas – lo dije antes de dirigirme al pasillo, sin embargo, antes de marcharme sentí la necesidad de decir otra cosa – gracias por todo Belikov, Ibrahim…

La noche pasó sin incidentes de ningún tipo hasta que durante mi turno de guardia Ibrahim apareció junto a mí.

Por un momento los dos nos quedamos en completo silencio, mirándonos y analizando cada detalle que había cambiado en los últimos años ahora sin la mirada intrusa de los demás, respirando cara a cara el aliento del otro…

-Deberías estar dormido – fue lo último que a fin de cuentas pude decir.

-No tenía sueño.

-¿Qué haces aquí?

-Pienso que debemos hablar un poco más sobre nuestra hija.

La forma en que sonó "nuestra hija" en su voz fue tan hermosa…

-No hay mucho que decir: caí completamente perdida en tu cama sin precauciones, descubrí que estaba embarazada después de irme y no supe si debía o no decírtelo dado que para entonces también tú tenías nuevas cosas de que ocuparte (además de que una familia jamás pareció estar en tus planes), deje a Rose en St. Vladimir pensando que ahí no le faltaría nada y se convertiría en una excelente guardiana y ahora quise pasar a visitarla dado que terminé antes de tiempo un encargo de la corte y te encontré ahí. Lo demás está en el expediente que tienes, supongo.

Ibrahim negó con exasperación y después lanzó una pregunta que yo jamás habría esperado.

-¿Cómo es ella?

Mi cara cayó de vergüenza.

-No lo sé.

Esperaba algún reclamo de su parte, en lugar de eso me miró en silencio aun expectante.

-Ella es muy fuerte – sus ojos me obligaron a decir – es testaruda e indisciplinada, pero cuando se fija una meta la cumple a cualquier precio y bueno, tiene una pésima conducta y mucha dificultad para guardar respeto a las autoridades además de que su imprudencia es intolerable pero… ella es valiente – concluí – valiente y entregada a su deber. Pienso que será una excelente guardiana.

Nunca lo habría esperado pero, de pronto vi brillar en la mirada de Ibrahim el orgullo y la adoración.

-Gracias – susurró.

-¿Qué?

-A pesar de todo gracias por nuestra hija, Janine.

-Ibrahim yo…

-Déjame terminar – dijo ahora imponente – mira, sé que a ambos va a costarnos mucho trabajo aceptarlo pero si Rose me quiere en su vida después de tanto tiempo yo pienso seguir en ella. En algo no te equivocaste y es que yo jamás consideré la opción de tener una familia, por ahora parece un sueño hecho realidad tener hijos…

-¿Aun si tu hija es una dhampir? – lo interrumpí. Tal vez Ibrahim era de mente abierta pero en sociedad siempre había diferencias entre los dhampirs y los Moroi sin importar si se trataba o no de familias poderosas, y él lo sabía.

-Janine eso a mí no me importa y eso tú deberías saberlo mejor que nadie.

Sí, mientras estuvimos juntos él me dio el lugar de su pareja legítima, pero por otro lado no estuvimos juntos tanto tiempo como para enfrentarnos a una verdadera prueba.

-Veamos primero si salimos de esto – respondí amargamente.

Ibrahim no añadió nada más y pensé que había aceptado mis palabras, sin embargo, cuando me preparaba para marcharme repentinamente él atrapó unos de mis brazos, me jaló hacía él y literalmente estampó sus labios contra los míos… y vaya que ese era un beso como sólo él habría podido darlo: apasionado y violento pero cubierto de dulzura.

Disfruté – saboreé – sus labios hasta que me faltó el aire y finalmente, cuando nuestros rostros por fin se separaron Ibrahim también soltó el agarre que con sus brazos había hecho en torno a mi cintura para acercarme a su cuerpo.

-Te amo, Janine –murmuró casi en mi oído – espero que algún día eso cuente para ti.

Tal como había llegado se fue y sin poder evitarlo me pregunté si lo que él fue para mí esta noche lo fui yo en su vida años atrás.

.

El desayuno había terminado de manera similar a la cena del día anterior: con incomodidad y un silencio helado entre mi hija y yo.

Al menos así fue hasta que el mismo teléfono que el día anterior – lo había tomado Belikov – comenzó a sonar.

Esta vez no hizo falta la indicación para que Belikov pusiera el altavoz y, al hacerlo la voz sugestiva de Dalia se escuchó.

-Hola chicos ¿están todos ahí?

-¿tendría que faltar alguien? – preguntó Rosemarie con sarcasmo.

-Oh, Roza claro que no. Por cierto, anoche ya no me pareció prudente decirlo pero tienen que encontrar a Tzadya antes de que sea demasiado tarde.

-Si bueno, a todos nos ha quedado claro eso – intervino ahora el joven Ozeda – pero creo que va a ser un poco complicado si no tenemos la más mínima idea de quien es ella.

Se escuchó una risa musical.

-Christian no es un trabajo imposible, créeme, sé que Rose y Dimitri podrían hacer algo por el estilo…

¡¿Qué?!

-… pero en esta ocasión quiero que se fijen en la mesa del comedor.

-Está justo frente a nosotros.

-Excelente. Bien, entonces denle la vuelta y quiten las patas.

-¿Qué?

-En serio, si me han hecho caso en todas las locuras que les he propuesto desarmar una mesa no es para tanto ¿o sí?

En ese tenía razón. Por supuesto entre todos limpiamos, volteamos y desarmamos la mesa; al quitar las patas nos dimos cuenta que una de ella parecía tener un ¿tapón?

No esperamos la instrucción de Dalia, simplemente retiramos el impedimento y de un pequeño orificio tallado en la madera salió una fotografía enrollada. La contemplamos en silencio. En la imagen aparecía dos chicas: la más extraña era una muchacha de entre 19 y 23 años, cabello corto y desigual completamente negro pero con una especie de brillo azulado saliendo de él, piel pálida, casi blanquecina – aun más pálida que la de un Strigoi aunque por alguna razón menos escabrosa – y ojos de un azul muy obscuro a comparación de los tonos estándar. La otra chica era sin duda alguna una Moroi, tenía el cabello rubio pálido y dos ojos azul cielo enmarcados por pestañas largas y rizadas, su piel era tal vez un poco más pálida de lo normal pero la sangre se arremolinaba bajo su piel con gracia dándole un sonrose hermoso.

-Supongo por todo el ruido que escuché que ya encontraron la fotografía – intervino Dalia.

-Sí.

-Bien. La chica de cabello rubio es Tzadya. Deben encontrarla lo más rápido posible pero lamento decir que no sé por donde empezar a buscarla, eso lo dejo a su creatividad. Por cierto, Rose ¿Dimitri te entregó mi recado?

¿Eh?

-Sí.

-Este lugar también ha sido protegido por salas, por eso los espíritus no pueden entrar, sin embargo, ten cuidado porque al poner un solo pie fuera serás vulnerable ante ellos, tal vez no tengan la intención de herirte, pero tú ya has estado en el mundo de los muertos y ellos lo saben. Si aprendes a controlar tu capacidad para interactuar con ellos te será posible llamarlos en busca de socorro cuando así sea necesario, pero no abuses ni pierdas el control o terminarás siendo arrastrada de vuelta al lago de la muerte.

-¿Cómo sabes tanto de esto? – explotó Rose, en tanto yo no había entendido la mitad de esa conversación ¿fantasmas? ¿Salas protectoras contra fantasmas? ¡Demonios! ¿De qué hablan? Al mirar a los demás vi que salvo Belikov nadie parecía poder seguir el rumbo de lo que Dalia decía.

-Porque lo sé… ahora, olvídate un rato de los problemas y trata de concentrarte en ejercitar tus habilidades… Lissa puede ayudarte: si Lissa logra encantar algún objeto de plata con espíritu entonces al concentrarse en el poder de la coacción los espíritus deben mantenerse… Mmm… supongo que "bloqueados" es la palabra correcta. En fin, ustedes deben comenzar una búsqueda así que hasta la vista, chicos.

-Una palabra más – llamó Rose – Dalia ¿estás actuando sola o alguien te está ayudando?

-¿Eso importa?

-Simple curiosidad.

-No estoy actuando del todo sola pero tampoco recibo ayuda gratuita de nadie.

-¿Qué quieres decir?

-Es algo muy difícil de explicar Roza, pero de alguna manera yo simplemente sé lo que va a suceder en determinado momento y sé también cuando es el instante y lugar en que oportunamente algo puede cambiarse para beneficio o perjuicio de cualquiera… por supuesto una vez que hago el cambio me involucro y es entonces cuando la pista del futuro se pierde.

¿?

-¿Sabes que no extendí nada de lo que dijiste?

-Sí lo sé, pero relájate. Tal vez algún día puedas comprenderlo todo con claridad.

-¿Qué se supone que significa eso?

En lugar de responder Dalia colgó el teléfono. Demonios.

-Demonios – bramó Rose. Bien, supongo que mi hija y yo nos parecemos en algo verdaderamente.

-Supongo que vas a explicarnos lo de los "fantasmas y espíritus" – intervino sorpresivamente a Ibrahim mirando a nuestra hija - ¿o será acaso que el guardián Belikov también puede darnos una pequeña introducción al tema? Al parecer él también está bastante bien enterado de este asunto.

Así que yo no fui la única que se dio cuenta.

Miré a ambos y, por alguna razón se estremecieron de manera casi imperceptible. Después de eso Rose recobró el dominio sobre sí misma y comenzó a explicarnos desde su propia perspectiva del Shadow Kissed hasta el momento en que comenzó a ver esas figuras fantasmales a su alrededor… la verdad pensaría que se volvió loca de no ser por todo lo anormal que había estado sucediendo en los últimos días, pero ahora me sentía orgullosa de su fortaleza y determinación y, para cuando terminó su relato a poco estuve de gritar a todos "esta es mi hija".