Querido diario

"Los muertos a donde pertenecen..."


3 de Septiembre de 2025

Arezzo, Italia

-Lloverá. –Apeó con fuerza a su pecho el libro de pasta negra que estaba sacando de contrabando, junto con todo su ser, de la mansión Vongola en Italia.

El cielo anunciaba tal cual, lluvia. Sin embargo, si regresaba a coger un paraguas o al menos un impermeable, había un 90% de posibilidades de que lo cacharan y terminara siendo reprendido por atreverse a salir con semejante clima, en semejantes condiciones. Se armó de valor… no importaba si enfermaba más por mojarse un rato, necesitaba ir por el autógrafo del autor del libro que llevaba. Fijó la mirada en el recorrido que debería hacer a oscuras entre la arboleda que rodeaba la imponente construcción Vongola, y con un asentimiento, afirmándose a sí mismo su resolución, echó a andar a paso veloz.

Un relámpago iluminó la mitad del camino. Respirar era difícil, la tos amenazaba con sobrevenirle en cualquier instante, y probablemente dar a conocer su paradero a los guardias que hacían rondín por la zona. Se escondió detrás un frondoso arbusto, al ver aproximarse la luz de una lámpara. Escuchó una avivada conversación sobre el juego entre los Saitama Seibu Lions y los Tohoku Rakuten Golden Eagles que tendría lugar esa misma noche, dentro de una hora -lo que entre otras cosas le procuraría unos minutos de libertad antes de que se dieran cuenta de que había "escapado"-, que sostenían el par de guardias japoneses de origen. La conversación pasó delante suyo, perdiéndose en la distancia con un trueno y risotadas. Suspiró aliviado y salió de su escondite. No podía salir por la puerta principal, así que tendría que saltar el muro, lo que hizo con gran agilidad pese a sus casi 30 años y resfriado.

Sabía que ya no era un niño para andar haciendo ese tipo de cosas, pero necesitaba, en verdad que necesitaba hacerlo. No había otro modo de sacarse la espina que tenía clavada en el corazón desde hacía tanto tiempo.

Aterrizó grácilmente en el suelo. Al levantarse, sus piernas fallaron y cayó hacía el frente. De no haber sido por unas manos que le acogieron en la desplome, la acera hubiera amortiguado dolorosamente su caída.

-¿Te han dicho que puedes llegar a ser demasiado imprudente, Vongola Decimo? –Las palabras seguidas de un suspiro de resignación porque, aunque si bien sabía que Tsunayoshi podía llegar a ser tan temido, odiado y respetado como idiota, dejaron en claro de quien se trataba.

-Casi nunca. –Dijo aferrándose a los brazos del Guardián- Solo una persona no me tiene el suficiente miedo para decirme esas cosas… ¿verdad, Mukuro?

-¿Cómo tenerle miedo a la persona que amo? –Toma su mano y besa el dorso, con su larga y fina coleta cayendo por un costado.- ¿A dónde vas? –La preguntaba estaba de sobra: él conocía su destino.

-¿Me llevarías o intentarías detenerme?

-Yo sigo las órdenes del Vongola Decimo. –Dice juguetón.

-Entonces… llévame con él.

No fue necesario decir ni preguntar. Indagar en el "desde cuando" sabía Tsuna la verdad que implicaba esa petición, no haría más que remover un pasado que había aceptado, logrando que en el proceso, el terremoto que pudiera resultar de ello, se llevara entre los escombros su relación con la forzada pregunta de "¿Por qué no me lo dijiste?". De ese modo, con una mirada establecieron un pacto de silencio con la verdad, por el bien de su amor. Tsuna ni sería capaz de soportar perder la felicidad que había alcanzado al lado del Guardián de le Niebla ni podría perdonarle su silencio.

Una gota que se abrió paso entre ambos, dibujó la primera de consiguientes miles de marcas de lluvia en la preciosa ciudad Toscana de Arezzo. Mukuro tomó la mano de Tsuna y lo guío hasta la esquina de la cuadra entera que ocupaba la mansión Vongola. Abrió la puerta del copiloto de un lujoso auto deportivo negro y le hizo entrar. Pasó por el frente del auto y subió al volante, encendiéndolo.


"Lettere Immaginarie" es una de esas librerías de tradición que pese a sus muros airados por el tiempo y su interior reducido en inicio, con una y otra antesala forzosamente creadas para dar espacio, ofrecía estantes repletos de lectura de todo tipo, y su belleza y prestigio había cruzado su estrecha entrada, colgando en alguna parte no colonizada por libros, firmas de autores famosos que en alguna ocasión pisaron su alfombrado vino para uno u otro fin.

Esa noche, una larga fila daba la vuelta al local, una fila que parecía interminable y a cada segundo más grande, de ropas de colores, de personas de diferentes edades, razas y estatus, que coincidían únicamente en una cosa: el libro de pasta negra con el título de "Amarath" que sostenían afanosamente con una sonrisa de oreja a oreja, en tanto a pasos cortos se acercaban a su meta. Colgado en la vitrina principal un poster versaba la razón: "3 de Septiembre 2025. Firma de autógrafos de Nishiura Takeshi, autor de "La nostra stella", "Don't cry for me" y "Amarath".

Un deportivo negro se estacionó lo más cerca que pudo y de su interior una figura emergió con un libro en manos. Su acompañante -el conductor del auto-, encendió un cigarro y se recargó en la puerta del copiloto con los brazos cruzados sobre su pecho. Esa firma era algo que debía obtener por si solo el Capo Vongola.


-¿Me deletreas tu nombre?

-L-y-s-a-n-d-e-r

-"… para Lysander"

El joven italiano tomó el libro con un brillo en la mirada. El siguiente fan fue llevado por el guardia de seguridad, que apenas si dejaba espacio por el estrecho pasillo en el que se llevaba a cabo la firma de autógrafos.

Takeshi sentía los dedos entumidos y la muñeca dolorida. Llevaba más de una hora autografiando y aunque se sentía inmensamente dichoso de ver que así como él disfrutaba escribiendo, había quienes disfrutaban leyendo aquellas historias que Hayato lo animó –prácticamente, lo conminó- a plasmar en papel, eso no quitaba que terminando necesitaría una bolsa con hielo o al menos una buena copa, seguido de la dulce compañía de su familia.

Preguntó el nombre al entusiasmado joven que tenía enfrente, quien le había tendido, no el libro de "Amarath", sino la primera novela que publicó: "La nostra stella". Con la pluma trazando los primeros caracteres de su firma, un revuelo en el exterior de la librería le hizo levantar la mirada y hurgar entre el resto de desconcertados rostros. Conforme el origen del revuelo se fue acercando, los rumores iban esparciéndose hacía el interior hasta que llegaron a oídos de Takeshi, que se sobresaltó con lo primero que pudo captar.

-¿Qué hace aquí el Vongola Decimo? –Preguntó aterrada una chica a una de sus amigas.

-Será mejor que lo dejemos pasar… -Secundó una voz aún más cerca.

Aunque el mundo de la mafia le era ajeno desde hacía casi 15 años, no hacía falta volver a sumergirse en sus turbulentas aguas para conocer la reputación que precedía a Tsuna -ni para él ni para Hayato-.

-Creo que es mi turno. –El tono añejado por los años no disfrazaba de Takeshi la identidad del que ahora estaba frente al asustado policía, que se giró para ver al escritor.

-Es su turno. –Fue la respuesta y el policía agradeció no tener que interponerse más en el camino del capo, haciéndose lo más aun lado que le era posible con su corpulenta complexión, permitiéndole pasar.

En línea de vista, la mirada de ambos se unió y un espeso silencio cargado de sentimientos, fue emergiendo de un abismo de años. Ambos contenían la respiración aunque sus rostros se mantuvieran serenos pesé a lo que se removía dentro de cada uno. Ni siquiera pestañearon. Takeshi pensó en decir algo, pedirle el libro, lo que fuera, pero se dio cuenta de que el primer movimiento no le correspondía y se abstuvo con la pluma fuente aferrada entre sus dedos.

-Es… es un placer conocerle, Nishiura-sensei. –Dio paso al frente dejando el libro, en la mesa de fina madera, con la portada negra y las letras doradas de "Amarath". Takeshi, dudó de lo que ello significaba- Soy un gran fan de sus obras desde que sacó la primera. Sus historias… siempre me conmueven. Y en especial, está, me llegó al corazón. –Las palabras sonaron sinceras- -La vida es impredecible del mismo modo que el corazón y las locuras que podamos cometer por amor. Tanto como si fue su culpa como si fue la mía, el tiempo pasa y no podemos dejar que el remordimiento nos engulla. Tengo que vivir mi vida, él la suya, y dejar a los muertos en su lugar. Los muertos no volverán a la vida, pero podemos conservar su recuerdo. De nosotros depende si conservamos lo bueno o lo malo. Ahora déjame descansar… quiero sonreír. -Citó con excelsa precisión, con una sonrisa tierna y a la vez triste- ¿Podría firmármelo?

Suspendidos en un universo habitado solo por ellos, dos presencias unidas por un libro y una pluma, todo ocurrió a luces ajenas como una firma normal. La pluma rasgó el papel con delicados trazos. El nombre del capo fue plasmado al lado de una criptica dedicatoria ("Gracias") y la vida prosiguió.

-Me pregunto… -tomó el libro- Yun perdonó a Hikaru, pero… ¿Hikaru se perdonó a si mismo del mismo modo en que perdonó a Yun? Espero que así haya sido. Sería una verdadera lástima que después de todo lo ocurrido, Hikaru y su alma siguieran penando.

-Hikaru y su alma solo deseaban el perdón de Yun. –Una sencilla respuesta, una sonrisa y los "muertos se quedaron en su lugar". El capo Vongola salió de Lettere Immaginarie como uno más de los tantos que acudieron esa noche.


-¡Mori! –Gritaba Hayato intentando dar alcance al pequeño pelinegro de cuatro años que corría con los brazos alzados, pregonando a los cuatro vientos: "¡Dulce de cacahuate, dulce de cacahuate!". Finalmente, a la vuelta de la esquina Hayato pudo sostener en sus brazos al niño antes de chocar con la fila de fans de Nishiura Takeshi, lo que le hizo sentir un tremendo alivio.

Llevó al pequeño revoltoso que sonreía y reía, hacía la puerta trasera para entrar en la bodega, lamentando no haberse podido resistir –una vez más- a las peticiones caprichosas que hacía con esos preciosos ojos esmeraldas suplicantes.

-¡Mori quiere ver a papi!

-Papi idiota está trabajando. Cuando salga iremos a comer helado ¿te parece? –le limpio el rostro amorosamente con un pañuelo, borrando los rastros de dulce de cacahuate.

-Mori quiere crecer como papi y tener un ángel como mami para cuidar. –Le da un beso en la mejilla que hace que el corazón del ex Guardián se comprima de dicha.

-Y mami estará orgulloso de ti siempre, amor. –Le da un beso en la nariz, depositándolo de pie en el piso, con lo que el pequeño da un pasito hacía atrás, apresurándose a meterse en la bodega. Antes de seguirle, Hayato se acomoda el cabello y sonríe aliviado de no tener que seguir correteándolo.

Al dar el primer paso al interior de la bodega, por la esquina de la mirada advierte una figura conocida que lo paraliza de pies a cabeza. Bajo el brazo lleva un libro y se dirige hacía un deportivo negro que ha encendido las luces iluminando las calles húmedas por la lluvia que antes de iniciar la firma de autógrafos, había parado dirigiéndose al norte de la ciudad.

-¿Mami? –Preguntó el pequeño Mori saliendo al encuentro con Hayato, jalándole de la manga de la camisa, preocupado.- ¿Mami?

Guiado por la voz del pequeño que hacía tres años adoptaron Takeshi y él, víctimas de un impulso repentino al verlo en brazos de una de sus cuidadoras del orfanato –en Japón-, cuando está sacó a los niños a su cargo al parque cercano a divertirse, regresó de su estupor, tomando su mano devolviéndolo a sus brazos, besándole la frente.

-Ya todo está bien… -Dijo. Muy dentro suyo supo que finalmente el muro que coartaba la senda para alcanzar la felicidad plena al lado de su familia, se derrumbaba.- Los muertos a donde pertenecen. –Lo abrazó con fuerza. Mori no habló, se quedó en silencio recargando su cabeza en el hombro de Hayato.


-¿Listo?

-Sí. –Abrochó el cinturón de seguridad.

-Han llamado de la mansión. Enviaron a mitad de las fuerzas Vongola a buscarte y han empezado a sacar mil y un conclusiones en tu pequeña ausencia.

-Para odiarme tanto, se preocupan demasiado por mí. –Dijo irónico.

-No te odian. Te temen y respetan. Y ante todo, eres el capo Vongola.

-¿Desgracia o gracia? –Sonrío apesadumbrado, mirando por la ventana la imagen borrosa de la hermosa ciudad de Arezzo.

Aprovechando un semáforo en alto, Mukuro le tomó del mentón y giró su rostro para besarle. Tsuna se prendió de su cuello, respondiendo sin prisas. Ligero como una pluma, con el alma libre de cadenas, de penas.

-Pese a todo… para gracia. –Admite, con el cielo nocturno plagado de nubes, pero con el corazón despejado tras casi 15 años de tormenta.


-¿Me extrañaron? –Sostuvo de la cintura, por detrás, al peliplata que pegó un saltito.

-¡No asustes, idiota! –Soltó en automático.

-Yo también los extrañe. –Ríe robándole un beso y siendo correspondido con una libertad con la que no hizo falta preguntar más.

-Papi, mami dijo que iríamos por helado. –Interrumpió el pequeño abrazándosele a los pies.

Takeshi tomó en brazos a la criaturita que no hacía falta que fuera sangre de su sangre para hacerlo feliz, para robarle el corazón y dejar más firme que nunca que aunque hubo momentos y decisiones difíciles, si volviera a tener la oportunidad de elegir, tomaría las mismas opciones para llegar hasta ese instante, en el que aun algo adolorido por tantas firmas, compartía una dicha inigualable con ellos… con su familia.

-Si mami dijo… entonces vayamos. –Le besó la mejilla, tomando la mano de Hayato, entrelazando sus dedos.

-Te tardaste demasiado. –Le reprendió su esposo.

-Hubo un par de firmas más al final. –Dijo alegremente.

-Tsk. ¡Cuando me toque hacer firma de autógrafos de nuevo, te voy a hacer sufrir esperando!

-Pero siempre tengo que esperar mucho. –Repeló alicaído- Hayato tiene más fans que yo, así que las filas son enormes.

-Papi tiene razón. –Secundó Mori con sus ojos traviesos y verdes, clavados en su mami.

-¡No es verdad!

-Si es verdad. –Respondieron al unisón padre e hijo, haciendo sonrojar a mami.

-¡Vayamos por el estúpido helado de una maldita vez!


25 de Diciembre de 2023

Querido diario:

¿13 años han pasado? ¿12? ¿más o menos?

No lo sé… ya no tiene importancia.


4 de Septiembre de 2025

Querido diario:

Fue una coincidencia encontrar "La nostra stella". Fue un presentimiento el que tuve cuando leí, y comprendí que pese a las letras refinadas, la esencia era la misma. Fue una duda la que me orilló a corroborar o desmentir que Nishiura Takeshi tenía algo que ver con Yamamoto. Fue una orden la que di para que lo investigaran. Fue un shock el que recibí al enterarme que ahora su verdadero nombre era Nohama Takeshi, que estaba casado con Gokudera –Nohama Hayato-, y que habían adoptado a un pequeño. Fueron meses intentando comprenderlo. Fue mi amor por Mukuro el que me sirvió de puente para aceptar el curso de los hechos. Fue mi culpa la que me hizo darme cuenta que no valía la pena seguir guardando resentimientos, ni para ellos ni para mí. Fueron unos minutos, los que me permitieron seguir adelante y ver de nuevo el sol.

Querido diario, adiós,


Notas de la autora:

Más que epilogo parece capitulo. Creo que me emocione un poquito pero igual espero que haya sido de su gusto el final que he dado a lo que al principio, pensé que sería solo una historia tragica y sencilla y que de la nada, se transformo en algo un poco más profundo. Creo que con esto en definitiva paso de volver a intentar escribir comedia... lo mio es esto. O eso creo...

Mi siguiente fan fics, es igual de la 8059: Under the moonlight, a kiss of blood. No creo tenerlo esta semana dado que he tenido bastante trabajo y unos problemitas con los dos ultimos capitulos -estan siendo reescritos... ya saben, yo y mi bendito perfeccionismo que bueno, no hace mucho por mi dado que sigo sintiendo que soy pesima, pero bueno... hay que respetar los impulsos desquiciados que uno pueda tener-, pero espero puedan estar lo más pronto posible.

Una disculpa por la tardanza. Como habran visto, hice unos drabbles por lo de San Valentin y pues, me tomaron algo de tiempo.

De antemano agradesco el que me hayan regalado unos minutos de su vida para leer esta historia, y del mismo modo, gracias por sus hermosos rewius que saben, son para mi el motor para seguir.

Los quiero un monton. Y nos vemos en el siguiente FF.