Tras una ilusión
Más y más cosas- Maldición, estoy loca, sabía que eso se pegaba, razón tenía mi mamá con que la locura de mis pacientes se me iba a terminar pegando. – Gimoteó Sango incapaz de creer aún.
- Dios, que incredulidad la tuya. – Se burló Inuyasha desde atrás. – Te entendiera si estuviese viendo un vampiro o cualquier otro ser horrible pero ya es para que lo asimiles en este caso, ¿no?
Sango sólo volteó y miró a Inuyasha como si quisiera que Kagome lo transformara en sapo sin hechizo para revertir el efecto.
- Oye…- Continuó Kagome. – Quisiera que me ayudaras a mejorar mi imagen ya que… - Pero en eso una inmensa luz envolvió todo el lugar, haciendo que cuando se hubiese difuminado, apareciera ante los ojos de los presentes lo que sería la copia barata de Campanita.
- Buenas tardes. – Saludó cortés y formalmente la pequeña hadita que se había presentado. Llevaba un vestidito blanco similar al de Kagome en el diseño, poseía unas alas transparentes grandes a comparación con su tamaño, que cuando mucho y llegaba a los 20 cm. Poseía unas zapatillitas que parecían hechas con pétalos de rosas y su pelito castaño era amarrado con una complicada cola.
- Para rematar. – Sollozó Sango al borde de la desesperación. La pequeña sólo la miró altiva, algo bastante irónico, considerando su tamaño. De pronto, sus pequeñas alitas empezaron a moverse y se elevó hasta la altura de la mirada de los presentes. Se mantuvo suspendida en el aire mientras hablaba.
- Permítanme presentarme, inferiores mortales. Princesa.- Dijo haciendo una pequeña reverencia a Kagome. Obviamente a los "inferiores mortales" no les cayó muy bien el ser que había llegado pero necesitaban información, total, no habían escuchado muchas cosas sensatas últimamente así que algo más de leña al fuego no haría mucha diferencia. – Mi nombre es Aiko. Escuchen…vengo a darle las pautas de lo que tienen que hacer. – Dijo el hada viendo como los seños de Inuyasha y Sango se fruncían.
- Ah, tú eres mi guardiana. – Dijo Kagome recordando que segundos antes de nacer había visto a esa hada.
- Sí, princesa y sólo a usted estoy dispuesta servir. – Respondió Aiko con mucha formalidad. Inuyasha y Sango sólo pusieron los ojos en blanco. – Este, bueno, a lo que iba. Ya saben que la princesa va a estar con ustedes durante un tiempo, aún no definido. Ella se hará pasar por humana y ayudará a la gente de una u otra manera, empleando sus poderes. Cuando las altas autoridades que nos rigen consideren que su meta está cumplida, volverá con nosotros. Pero sin embargo, ella tendrá una misión alterna.
- ¿Cómo que misión alterna? – Preguntó Sango.
- Es decir, la princesa tendrá el deber de buscar la legendaria Shikon No Tama.
- Eso es una leyenda para niños. – Interrumpió Inuyasha aún milagrosa y extrañamente escéptico.
Aiko sólo lo miró sin una pizca de expresión.
- No es una leyenda, como dice el inferior mortal aquí presente. – Masculló resentida.
- Si soy tan "inferior mortal" ¿por qué el ser humano es la mayor amenaza para ustedes? – Cuestionó Inuyasha ya bastante irritado por el adjetivo que le habían puesto y dicho dos veces.
- Son mortales y no poseen la sabiduría que poseemos las hadas innatamente, por eso los califico así. – Se explico el hada sin inmutarse. – Entonces, su majestad tendrá que buscar esa perla y…
- Pero no entiendo. – Interrumpió Kagome. - ¿Para qué debo hacer eso?
- Esa perla aumentaría considerablemente sus poderes y sería una ayuda para cumplir su misión como nuestra sublime autoridad ya que a usted se le exige más debido a su papel como parte de la realeza. Además, se dice que la Shikon No Tama cumplirá un único e inalcanzable deseo que tenga usted, que segura y probablemente será la perpetuación de nuestra especie, pues, como se sabe, la extinción de las hadas se acelera con cada "proceso" del hombre.
- ¿Y si mi deseo es otro? – Preguntó Kagome contrariada.
- Ah, no se preocupe su majestad, su ser es esencial e innatamente bueno por naturaleza, por tanto, cualquier decisión hecha por usted es sabia. – Dijo solemnemente viendo como Sango e Inuyasha sonreían burlonamente por lo aduladora que sonó. – Son palabras del oráculo. – Agregó para intentar acomodar su imagen.
- Ummm, ¿y cuánto tiempo estaré aquí? – Volvió a cuestionar Kagome.
- Pues, todo el tiempo en que tarde en cumplir su misión y conseguir la Perla de Shikon, que pueden ser semanas, meses, y hasta quien sabe, años inclusive, eso aún no se sabe.
- ¿Y nosotros qué pintamos en todo esto? – Preguntó Inuyasha.
- Ustedes van a ser los propulsores y favorecedores de todas las obras de la princesa. A cambio, recibirán muchos dones que nos encargaremos de dárselos.
- ¿Y si nos rehusamos? – Cuestionó Sango.
- Lamentablemente no es algo opcional, ya que aunque lo nieguen, de una u otra manera, Kagome siempre va a estar presente y no se podrán deshacer de ella. – Sango la miró indignada ante aquellas palabras pero se limitó a respirar hondo.
- ¿Y qué clase de dones es lo que nos ofrecen? – Preguntó Inuyasha más interesado en el premio, ya que si no podían librarse de ello, tendrían que cooperar o sí o sí.
- Espirituales e inclusive uno que otro material. En resumen, la suerte siempre estará de su lado por el resto de sus vidas.
- Vaya, eso suena tentador pero ¿no crees que estamos bien tal y como estamos? – Inquirió Sango irónica.
- Es lo que le podemos ofrecer por parte de nosotros, ya será decisión de la princesa si ella les va a cooperar en otro tipo de cosas. Ahora vienen las reglas más fuertes que si no las cumplen será su mayor perdición haberlas desobedecido. – Dijo con un semblante aún más serio.
- ¿De qué se trata? – Preguntó Sango con los brazos cruzados.
- La princesa es un ser hermoso tanto interiormente como externamente, pero aún así, posee la inocencia de una niña humana muy pequeña. No queremos que se aprovechen de ella y de su buena voluntad para alguno de sus posibles sórdidos propósitos. – Amenazó recibiendo como respuesta inmediata la indignación completa de Sango.
- ¿Disculpa? ¿Con quién crees que hablas? ¿Con la mafia? – Espetó sarcástica.
- A lo que me refiero es que Kagome va a pasar a vivir con un ser humano de sexo masculino. – Se explicó serenamente mirando inquisidoramente a Inuyasha. – Y el cual se califica como hemos oído a muchas humanas decir: "Un repapasito" – Comentó bastante azorada por tener que decir esas cosas que consideraba "sórdidas e inmorales" Inuyasha como reacción inmediata se echó a reír. ¿Un repapasito? Que forma de expresarse tan cómica tenía esa hadita. Sango no pudo reprimir una sonrisa burlona ante aquel comentario y también rió pero levemente.
- ¿Y eso que implica? – Preguntó Inuyasha aún divertido.
- Que puedes aprovechar la condición humana de la princesa para copular. – Dijo Aiko sin anestesia haciendo que Inuyasha se volviese serio en una milésima de segundo y que Sango tuviese que usar todas sus fuerzas para no caerse al piso riendo a carcajadas.
- No sería capaz. – Dijo Inuyasha en un tono letal pues la forma de expresarse de esa hada lo había ofendido, ella lo miraba como si fuese el propio hijo del mal.
- No estoy tan segura, lo reconozcas o no, la princesa es muy bonita y está entre el promedio de una mujer atractiva. – Contestó Aiko.
- Ya, deja el veneno. – Intervino Sango intentado evitar que el ambiente se volviese más tenso ya que sabía que Inuyasha se había controlado de no noquear a Aiko por el hecho de que aún en su forma de hada, era lo que se podía catalogar como mujer.
- ¿Perdón? – Inquirió la aludida sin entender.
- Eso quedó en claro, ya con nuestras "inferiores capacidades intelectuales" hemos decodificado la información. – Se explicó Sango en los propios términos del hada. - ¿Cuáles son las otras "normas inquebrantables"?
- No pedir favores que los beneficien personalmente nada más, no decirle a nadie sobre la verdadera identidad de la princesa, no poner nunca en duda su existencia. – Dijo diciendo la última oración despacio y observándolos fijamente.
- Fase superada. – Contestó Sango elevando las manos en señal de sumisión. - ¿Qué más?
- No la pueden engañar diciendo que su magia hará un bien común cuando la realidad es que es algo malvado lo que harán.
- ¿Qué catalogas como malvado? - Se apresuró Sango en preguntar, ya que ella ya estaba planeando unas cuantas bromas que quería hacerle a muchos de sus colegas y que con la magia que poseía Kagome sería pan comido.
- Todo aquello que perjudique de una u otra manera a alguien más, hasta en lo más mínimo. – Dijo mirándola fijamente a lo que Sango no pudo evitar resoplar fastidiada y desilusionada.
- ¿Qué más? – Preguntó Inuyasha.
- Si ustedes la ayudan a conseguir la Shikon No Tama, nunca, escúcheseme bien, nunca, jamás, podrán ser los que pidan el deseo, es un privilegio único e intransferible de la princesa.
- ¿Ya? – Preguntó Sango bastante fastidiada.
- Por los momentos sí, yo vendré a chequear todo periódicamente y cualquier cosa les aviso. Ah, casi se me olvida, la princesa aún no maneja por completo su magia, así que les aconsejo que tengan cuidado. Y por último… - En ese momento, sacó de la nada una varita mágica y con un solo agite envolvió a Kagome en un polvo dorado, similar al que había usado ésta con Sango momentos antes. Un resplandor la envolvió y cuando la luz desapareció, Kagome había cambiado bastante. Su cabello esta vez le llegaba un poco más abajo de la cintura y vestía un lindo vestido veraniego color verde claro sin mangas, junto con unas sandalias del mismo color. – Listo, ahora parece más humana. – Dijo Aiko con satisfacción. – Sólo me falta… - Continuó mientras que con otro agite de su varita aparecían mágicamente varias maletas que se depositaron en el sofá.
- ¿Qué es eso? – Preguntó Sango aún atónita, cayendo en la cuenta de que después de todo, todavía no se acostumbraba a ese tipo de acontecimientos.
- Ahora sí, se acabó mi trabajo aquí, adiós. – Finalizó Aiko desapareciendo en cuestión de segundos.
- Wow. – Comentó Inuyasha mientras todavía procesaba la información.
- ¿Y ahora? – Preguntó Kagome mirándolos expectante.
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Sango estaba decidida en que si se quedaba un minuto más en la casa de Inuyasha iban a empezar a llover sapos y ranas. Por eso, luego de revisar las maletas que dejó el hada, que no era nada más y nada menos que ropa para Kagome, pero de la mejor calidad y de moda, por lo cual, era la más cara. Habían de muchos colores distintos y poseían sus respectivos juegos de accesorios y zapatos. Sango optó por llevarse a Kagome para el cuarto de Inuyasha y allí le escogió una ropa, que consistía en unos monos deportivos grises con detalles rosados junto con una franela manga corta que era la combinación del conjunto de marca "Puma"; y sus zapatos deportivos de la misma marca.
- Muy bien, te queda chévere. – Dijo Sango asintiendo satisfecha.
- ¿Y para qué uso esto? – Preguntó Kagome confundida.
- Me llamó la atención. – Dijo encogiéndose de hombros. – Además, vamos a dar un paseo y esa ropa es cómoda para caminar.
- ¿Y tú? – Le preguntó Kagome.
- Yo me voy así como vengo.
- Si quieres, puedes tomar de mi ropa. – Le ofreció Kagome amablemente.
- No me lo pidas dos veces. – Le advirtió Sango viendo de reojo la costosa y sofisticada ropa.
- Anda, agarra lo que quieras. – Insistió Kagome.
- Bueno, si quepo allí, agarro, aunque... creo que hay que trabajarte lo de tu "misión" en el mundo humano porque creo que si sigues así vas a acabar utilizada. – Dijo escogiendo un conjunto de pescadores y blusa que venían con unos respectivos zapatos a juego.
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A pesar de los innumerables peros y demás protestas de Inuyasha debido a la hora de la noche que era, Sango se llevó a Kagome a caminar cerca de la parte más concurrida de los lugares cercanos con la finalidad de que se fuera adaptando a este mundo. Igualmente, hizo que Inuyasha no fuera con ellas, ya que Sango tenía que aclararles las cosas a Kagome antes de dejarla con Inuyasha porque por más que él no fuese un promiscuo, era naturalmente un hombre de carne y hueso, con todo lo que conlleva.
- Bueno, Kagome, te voy a hablar de la filosofía de la vida. – Dijo con un tono burlón que Kagome notó.
- ¿De qué se trata? – Le preguntó en el mismo tono, sorprendiendo a la misma Sango.
- ¿Y tú no eras que le hacías la competencia a una niña de tres años, pues? – Se burló haciendo reír a Kagome. – Bueno, tú sabes como se reproducen los humanos, ¿no?
- Nop. – Dijo meneando la cabeza de un lado a otro.
- Entonces estás grave. – Dijo Sango dando un suspiro.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Kagome con el ceño fruncido.
- A ver... ¿cómo te lo explico? Dime ¿qué ves allí? – Le preguntó señalando discretamente a una pareja besándose que se encontraban cerca de un callejón.
- Mmm, es extraño, se supone que yo puedo leer los sentimientos pero no veo nada en ellos. – Musitó.
Sango sabía porqué había señalado a esa pareja, se veía por como se besaban y tocaban que lo que había en la mente de esos infelices seres era el sexo. En eso, Sango jaló a Kagome que los veía muy evidentemente y la atrajo a una de las tiendas que estaban a su derecha.
- Bueno... para evitar ese tipo de encuentros es mejor que no andes en la casa de Inuyasha o por lo menos al frente de él con: shorts cortos, franelas muy claras, mucho menos en ropa interior y recontra mucho menos desnuda. ¿Entendiste?
- Sí, y en realidad no tenía planeado eso... – Comentó Kagome bastante extrañada. – Pero lo que no entiendo, es que se supone que si están tan juntos debería ser una muestra de amor, ¿no?
Sango volvió a suspirar.
- ¿Sabes? Ya me está pegando el hambre, ¿por qué no le preguntas eso a Inuyasha? ¿Sí? – Dijo intentado formar una sonrisa y tratando de cambiar de tema por lo incómoda de la situación. Ya Sango pudo experimentar lo que experimentaría su mamá cuando se lo tuvo que explicar a ella.
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Luego de que Sango dejara a Kagome en su casa bajo una ceñuda y fulminante mirada de Inuyasha, se fue a su respectivo hogar.
- ¿Qué andaban haciendo? – Preguntó Inuyasha curioso por lo que Sango le hubiese podido meter en la cabeza a la inocente Kagome.
- Acerca de la filosofía de la vida. – Dijo sonriente.
Inuyasha suspiró y se pasó una mano por el pelo.
- ¿Y a qué conclusiones llegaron? – Preguntó temiendo la respuesta.
- Bueno, hay algo donde me quedó una duda.
- Dime. – Respondió cansado.
- Cuando un hombre y una mujer están muy juntos y tocándose y otras cosas así, ¿con qué fin lo hacen?
Inuyasha la miró perplejo, no podía creer que ella fuese tan inocente hasta tal punto.
- ¿Estás bromeando, no?
- No, lo que pasa es que Sango me dijo que era mejor que tú me lo explicarás.
- "Coño de su madre, ¿por qué Sango me tiró ese muerto a mí?" – Se preguntó mentalmente teniendo deseos de poder ahorcar a su "amiga"
- ¿Y entonces?
- Este... bueno... yo... – Inuyasha nunca se había sentido tan cohibido en su vida. Necesitaba urgentemente librarse de esa situación tan pasada de incómoda.
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Bueno, a ruego de ustedes, aquí he dejado el capítulo más largo. Espero que les gusté y me dejen su opinión. Muchas gracias por los reviews, luego veré cuando les subo la actualización de "Fría como el fuego" intentaré no durar tanto. Por cierto, sé que por acá no se pueden hacer encuestas pero... yo de verdad quiero tener más o menos una idea de que es lo que les gusta más. Entonces por eso les pido que me digan... ¿cuál de mis fics les gusta más,aparte de este y de fría como el fuego. De manera que con los votos que obtenga, actualice y me meta de lleno en el fic que más les guste. Bueno, ahora sí, sayonara, espero que puedan responderme mi interrogante.
