Disclaimer: Ninguna cosilla me pertenece, que si fuera mia y no de jotaká entonces seria multimillonaria y no una pobretona que se niega a hacer su tarea.

Este fic participa en el reto "Hogwarts a través de los años" para el foro de "La noble y ancestral casa de los Black".


De dorado y escarlata

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James S. Potter

Valentía

"¡Mama! ¡No le puedo dar un beso a un profesor!"

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Dicen que la personalidad se va formando con el paso del tiempo, que a través de los años se forja con las experiencias vividas y las lecciones aprendidas, que nunca se detiene el desarrollo.

Pero él, él ya venía con personalidad incluida, decían todos. Y es que, con ese nombre no podía ser de otra manera.

— ¡James Sirius Potter! —y ese era su nombre.

No era cosa rara, que gritaran su nombre cada dos por tres al descubrir otra de las jugarretas del niño, que aunque no contaba aun con más de doce años de edad — ¡Cuídate, Hogwarts, porque el año siguiente sufrirás una revolución! —era todo un maestro en el arte de las bromas y travesuras.

Atormentaba a sus pequeños hermanos con sus constantes travesuras, riendo encantado cada vez que les oiga gritar o les veía terminar cubiertos de alguna sustancia extraña de su propia invención, y después se enfrentaba a su, merecido, castigo con una sonrisa de satisfacción pintada en la cara; porque nada lo hacía más feliz que hacerle la vida imposible a los demás.

No lo hacía con malas intenciones, ¿Cómo puede un niño con doce años recién cumplido tenerlas? Pero el bromear, reír, y hacer reír a la gente era su mayor pasión. Aunque como recompensa se quedara siempre sin postre después de la cena.

Pero no importaba, porque siempre se podía escapar durante la noche, mientras nadie veía, y tomar las reservas de galletas de chocolate que escondían sus padres, y de las que él no tenía conocimiento de que estaban ahí. Supuestamente.

James era todo diversión, y carcajadas, e irresponsabilidad, y quidditch, y no preocupaciones. Era un niño que deseaba vivir su vida al máximo, sin importar las consecuencias a las que se tendría que enfrentar.

Pero había consecuencias, si que las había.

¿A quién se le culpaba cuando sucedía algo malo? A James. ¿A quién regañaban pues no vigiló bien a sus hermanos pequeños? James. ¿A quién le prohibían salir con sus amigos? James.

Todo él, todo él.

Porque James era quien debía dar el ejemplo. ¡Dar el ejemplo pamplinas!

Por eso odiaba ser el mayor, porque caía toda la responsabilidad sobre él, porque le querían hacer madurar a la fuerza cuando él quería ser un niño por siempre más que cualquier otra cosa.

Y también sabía que sus hermanos eran los favoritos. Oh, si lo había tenido claro desde el principio. Porque Albus era idéntico a su padre, con esos ojos verdes y su afán por ser siempre el héroe; y Lily era igual a su madre, con su cabello pelirrojo y ese carácter fuerte.

¿Él, en cambio? Era simplemente James, el hijo mayor al que nadie hacia caso pero que tenía que obedecer todas las cosas que se le mandaran. Eso de ser el mayor era más bien una maldición.

Por eso había tomado una decisión, una decisión que cambiaria el curso de su vida para siempre. ¿Qué era irresponsable e inmadura? No le importaba. Era su irresponsabilidad y su inmadurez, a los demás les debe de valer un reverendo cacahuate, que él no se mete en sus vidas así como así.

Había planeado todo perfectamente.

Las provisiones las tomó poco a poco, para no levantar sospechas. Un dulce por aquí unas galletas por acá, algunos jugos de manzana, su libro de Quidditch A Través de los Tiempos… en fin, las cosas básicas y necesarias para sobrevivir después de huir de casa.

Porque James Potter no volvería a ser visto en casa de sus padres. Era definitivo y nada le haría cambiar de opinión.

Se levantó de su cama sin hacer ruido, tomó su mochila ya preparada con sus cosas dentro y salió al pasillo de puntillas, cuidando de no hacer ruido alguno que despertara a su durmiente familia; se había asegurado de que sus padres se hubieran ido a acostar hace rato para que su desaparición corriera sin percance alguno.

Todo iba bien, había logrado sortear la habitación de sus padres sin problemas, el mayor obstáculo, pero no había contado con otro factor: Lily.

Estaba de pie frente a él, con los ojos hinchados y el cabello revuelto. Lo miraba con curiosidad con sus grandes ojos marrones, como si supiera con anterioridad lo que quería hacer.

—Hola, Lily —dijo el chico, fingiendo serenidad.

Ella lo miró suspicazmente. — ¿Qué haces aquí, James? —fue directo al grano.

—Nada —respondió el mayor, quizá demasiado rápido.

Lily entrecerró los ojos. —No te creo.

James rodó los ojos y paso de largo junto a ella, no tenía porque explicarle las cosas a una niñata, ¿Qué sabía ella? Después de todo era la favorita, no sabía por lo que él tenía que pasar, y no lo entendería.

— ¿A dónde crees que vas? —dice la niña, con un tono autoritario muy similar al de Ginny Potter.

James se detiene en seco, girándose con lentitud. —Lejos —dice como toda respuesta.

Los ojos de la pequeña se tornan más brillantes. — ¿Te iras de casa? No puedes. ¡No puedes!

El chico se acerca con rapidez a su hermana, cubriendo su boca con una de sus manos para evitar que despierte a alguien más. ¿Es que no entiende que entonces no podría llevar a cabo su gran escape? —No grites.

—Pero no quiero que te vayas.

La voz de la niña se oye tan tierna, tan dulce, que es difícil creer que es ella quien le ayuda a torturar a Albus cuando están aburridos.

—Tengo que hacerlo, princesa.

Baja la cabeza, demasiado orgullosa para mostrar sus lágrimas. —Pero, ¿Quién espantara a los bichos malos cuando tú no estés? —balbucea apenada.

—Papá puede hacerlo, él es más valiente —dice él, después de mirarla durante largos segundos.

Lily niega con la cabeza. —Pero él no es tú. No es el mejor hermano y más valiente del mundo —suelta, aprisionando a James entre sus pequeños y cortos brazos como le es posible.

James envuelve a su hermana entre sus brazos también, y siente un vacio en el corazón.

No puede irse, ¿Quién, sino, mataría valientemente a esos bichos malos cuando él no este?


¡Colorin colorado, este cuento se ha acabado! 1,011 palabras en Word sin contar titulo, ni disclaimer, ni esas cosas bonitas. Creo que me ha gustado como quedo el capitulo, no es exactamente la clase de valentia de enfrentarse a un dragon o algo, sino la mejor de todas: estar ahi por tu hermanita y matar a los bichos malos por ella, y creo que eso es muy tierno. Y quien sea que mate a los bichos malos se merece la mencion de heroe para mi.

Mi unica recompensa son sus reviews, ¡asi que definitivamente no me quejare si me dejan uno!

-A.