Saludos a todos…
Gracias por sus reviews y mensajes.
¡Por fiiiiin ya me arreglaron mi computadora!, ahahaha. así que ya podré actualizar los capítulos como lo había planeado, uno por semana o dos… (o quien sabe la verdad :S jeje)…
He aquí el capítulo cuatro. Para los que me preguntaban, Bereshyt significa "En el principio" en el idioma hebreo, al igual que la frase "Galei kol".
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Capítulo 4:
Galei Kol, voces del pasado
Las mañanas en Céfiro eran siempre cálidas, pero acompañadas de un aire fresco que recorría todos los campos y jardines de las casas de los cefirianos. Un clima uniforme para todo su globo terráqueo.
Cuando se quedaban a dormir en Céfiro, Hikaru dejaba la ventana de su habitación abierta para poder 'bobear' desde su balcón cuanta cosa pasara a su vista. Si bien en su mundo nunca se levantaba temprano, sí lo hacía en el 'planeta' de sus amigos.
—Esto es Céfiro, cualquier cosa rara puede suceder, ¡y no me lo quiero perder! —decía alegre.
Dicho y hecho. Como si se tratara de una parvada de palomas, pasaron volando frente a la pelirroja un grupito de hadas lideradas por Primavera que discutían algo con euforia y voz chillona. Todas al ver a Hikaru le sacaron la lengua.
Con real indiferencia ante la grosería, Hikaru dirigió la vista hacia el Patio Real donde Ferio y Ascot practicaban sus poderes en medio de una acalorada batalla "física y verbal".
—¡Anda, NENA! Te apuesto a que no podrás con esto…
—¡Basta, que no me digas NENA! —reclamó Ascot molesto bajo la risa complacida de Ferio.
El corazón de Hikaru se exaltó cuando Lantis entró en escena bastante cabreado por el espectáculo de aquellos dos.
—¡Ya dejen de estar gritoneando y haciendo tanto escándalo!... ¡Par de NENAS!
Sin parar de reír, la chica dirigió ahora la vista hacia otro lado. Ahí estaba Chozeh, vomitando desde el balcón de su habitación mientras exclamaba: —Te lo juro Dios que esta es la última vez que tomo alcohol… te lo jur... huacccc...
Hikaru solo sonrió mientras estiraba los brazos y bostezaba.
—En efecto, ¡esto es Céfiro, y todos están locos! —y se metió a su cuarto satisfecha.
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Mientras, en el comedor del Palacio y listos para desayunar, Clef estaba terriblemente molesto con Chozeh.
—Se suponía que íbamos hablar anoche. Ah pero no, no. ¡El señor se emborrachó! Detesta a Céfiro, por eso se largó a Autozam y hasta la magia le da flojera —bla, bla, bla, renegaba el Gurú, mientras Presea leía un libro de hechizos y desinteresadamente solo le respondía "sí Clef, sí, sí...".
En ese momento, entraron Ferio, Lantis y Ascot al comedor.
—Gurú Clef, queremos contarle a las chicas sobre el fenómeno "Galei Kol", creemos que les va llamar mucho la atención —indicó Lantis.
—Y a quien no, si pasan los años y nos sigue atemorizando a nosotros mismos —añadió Ferio.
Gurú Clef soltó un suspiro. —Ehm, si está bien, aunque faltan algunos meses para ello y…
—Qué importa, para que se vayan preparando con tiempo —agregó Ascot, mientras le 'cazaba' con la mirada a Ferio el único vaso con agua fresca que estaba sobre la mesa.
—"Es cierto, este año se cumplirá otro Galei Kol"... —pensó Gurú Clef con la mirada perdida, sin importarle ya que Ferio y Ascot habían comenzado una nueva batalla en el comedor, ahora por un vaso de agua, y Presea y Lantis comenzaban a gritarles como locos para separarlos…
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En Céfiro se presentaba un extraño fenómeno que no ocurría en los demás planetas.
Cada siete años, en las partes más altas de Céfiro como montañas o colinas, bajaban desde la atmósfera unas ondas sonoras que transmitían discursos y canciones pertenecientes a otra época. Al fenómeno lo llamaban Galei Kol, y todo parecía indicar que se trataba de una grabación repetitiva, perdida en el tiempo y espacio.
Desde siglos atrás, los cefirianos habían sido testigos de tal suceso. Algunos lo escuchaban intrigados, otros simplemente lo ignoraban y lo atribuían a algún acto de magia. Pero aquellos cefirianos más juiciosos, como Chozeh o Zagato, querían descubrir qué o quiénes eran aquellas personas que enviaban no solo canciones, sino también saludos y mensajes de despedida a través de esas frecuencias.
El Galei Kol no fallaba, aparecía como ya se dijo exactamente cada siete años y tenía una duración de cerca de dos días. Después de esos dos días, el silencio absoluto regresaba a los cielos de Céfiro.
Desde la época de los abuelos de Gurú Clef, los magos y sabios contestaban la interrogante muy a su manera: —"Es solo magia, magia inocente de algún ser o ángel chocarrero que canta, no hay nada que temer".
Sin embargo, para las nuevas generaciones, esa inculta respuesta no los convencía. Entre esos jóvenes incrédulos se encontraban Lantis, Chozeh, Ferio y Zagato…
Un buen día, en los tiempos en que la Princesa Emeraude aún era el pilar de Céfiro, estos cuatro cefirianos decidieron investigar qué era aquello. Entonces, saliendo a escondidas del Palacio, y sobornando a Ráfaga con dinero y comida para que no le dijera nada al gruñón de Gurú Clef, emprendieron el camino a la montaña más lejana que encontraran. Ascot y Caldina aún no llegaban a sus vidas.
Con ánimo, los dos guardianes de la Princesa, el arqueólogo de Céfiro, y en ese entonces el adolescente príncipe Ferio, iniciaron su largo recorrido guiados por una brújula mágica y un calendario cefiriano.
Despues de pasar por varios pueblos horas antes del Galei Kol para comprar refrigerios, llegaron por fin al punto perfecto: un grupo de montañas flotantes.
Logrando subir a la más alta, y decidieron que a esa altitud era más que suficiente. Según el calendario y los cálculos de Chozeh, ya estaba por suceder aquello... y de pronto comenzó...
Primero, se escuchó un ruido como quien rechina filosas uñas en una ventana o pizarrón… después, las voces de quienes estarían hablando por ese largo día…
—¿Aló? ¿Aló?, ¿Hay alguien ahí?
—¡Tonta! Esa no es manera de saludar a los extraterrestres —risas al fondo.
Ferio, que se las había dado de muy valiente y 'sabiondo' durante todo el camino, ahora estaba asustado: —¿Y esos quienes son, se irán a materializar ahora mismo?
—Cállate Ferio, deja poner atención —lo regañó Zagato. La "grabación" continuó:
—Bien amigos, este es un mensaje de despedida, si señores, de despedida… nuestros nombres no podemos darlos puesto que les hablamos en representación de todo un mundo, y no a manera personal… ahora bien, les dejaremos este regalo de nuestro mundo, ¡música y más música!… esperen un segundo… esperen… esperen…. ¡apúrate bruta a poner la canción!
—¡Oye pesada! —más risas al fondo.
Y comenzaron a escucharse diversos temas musicales, unos tras otros, y no solo en uno, sino en varios idiomas. Entonces descubrieron que por cada cinco canciones que se entonaban, había un corto espacio en el que varias mujeres hablaban de diversos temas, como "en nuestro mundo la moda es así… en la escuela aprendemos esto y aquello… las religiones de tal hablan de tal y tal cosa"… esas mujeres, y en ocasiones algunos hombres, narraban hechos políticos, guerras, y eventos de lo que parecía ser la historia de su mundo. Era demasiada información para los cuatro cefirianos, nombres extraños, fechas raras, palabras inentendibles…
Entrada la noche, y después de perder el miedo, Ferio cayó rendido por el cansancio y se durmió. Le siguieron Lantis y su hermano mayor.
Pero Chozeh se quedó despierto un rato más. —Esas personas hablan demasiado rápido, y no les entiendo nada, además esas canciones ya las he oído en Cizeta o Fahren… baaa, deben ser sonidos que vienen de esos dos mundos —caviló un tanto desanimado.
Al día siguiente, después de espantarse por lo tarde que se habían levantado, y sintiéndose libres de Gurú Clef y de la Princesa Emeraude, se pusieron a jugar cartas, a tomar, a hablar de mujeres, y a ratos escuchaban las canciones del Galei Kol.
Notaron entonces que en el segundo día las mujeres ya no hablaron más, y ahora había música más variada. Pero justo un minuto antes de que finalizara el fenómeno, una mujer con voz acongojada y entristecida habló:
—Hola, aquí estamos de nuevo… y bueno, deseamos de corazón que alguien nos haya logrado escuchar… Lo que oyeron en estas largas horas no es mas que una pequeña partecita de nuestra civilización… Así que, nos despedimos cordialmente de ustedes, no sin antes darles un consejo (la voz se quebró): Ámense siempre, siempre, ámense los unos a los otros, respétense como hermanos, como familia, como planeta… porque solo así se evitarán muchas tragedias, muchas tontas guerras.… (después de unos segundos de sollozos)… no me queda mas que decirles suerte amigos, ¡mucha suerte para ustedes!... esta fue su 'radiodifusora' Galei Kol.
Y se acabó.
El silencio regresó a las montañas bajo la mirada atónita de los cuatro cefirianos. Habían salido del Palacio con la intención de contestar sus interrogantes, pero ahora regresaban con más dudas que antes. ¿Qué tanto decían las canciones que no estaban en su idioma? ¿De donde venían estas voces? ¿Hace cuánto que estaban 'vagando' por la atmósfera?
Entonces Zagato para tratar de sacarlos de la estupefacción agregó: —Es hora de volver, la princesa Emeraude nos espera.
—Otra vez con lo mismo Zagato, no disimulas, no paras de hablar de la Prince… —Chozeh quiso taparse la boca como evitando una imprudencia ante Ferio, pero era demasiado tarde; además, el Príncipe desde hacía tiempo ya había notado algo raro en su hermana.
—Rápido, ha-hay que irnos rápido ya… que lástima que no hayamos traído caballos mágicos ¿verdad? Je,je,je, —expresó Lantis con su pobre y pésimo chiste, que notoriamente lo dijo para cambiar de tema.
Chozeh se apresuró a decir: —Definitivamente no hallo explicación a esto, creo que los magos tienen razón, estas voces no tiene nada que ver con Céfiro, vienen de algún planeta vecino.
Y la hipótesis terminó por convencerlos.
Después de levantar sus pertenencias, armas y víveres, echaron un último vistazo a la montaña que estaba más alta que las demás.
—Miren, dice la leyenda que ahí es donde duerme uno de los genios guardianes. El Genio del Viento —les señaló Zagato con la vista.
—No creo, me parece una tontería, mi hermana no necesita de guerreros de otros mundos, basta con nosotros ¿que no?
Zagato fue incapaz sostenerle la mirada a Ferio, y en silencio los cefirianos emprendieron el camino de regreso a casa.
Cuatro años después, las Guerreras Mágicas estarían matando a su hermana.
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Después de haber vomitado desde su balcón todo lo que pudo, y haber soportado las burlas de las hadas a las que llamaba "inútiles palomitas" cada vez que podía, Chozeh entró a su habitación más tranquilo para comenzar la plática pendiente con su primo Gurú Clef.
—Quieres que te diga lo que descubrí, ¿cierto? —le preguntó al Gurú con una sonrisa resignada.
—¿Y tu qué crees? ¡No estoy jugando! Ya me harté de que quieras evadirme Chozeh, quiero la respuesta YA; sé que es algo más fuerte que la magia porque ni con mis mejores conjuros logro identificar la raíz de este problema, de estos sueños, y de estas sensaciones que comparto con Hikaru.
Chozeh lo invitó a tomar asiento a una salita de estar, mientras él se dirigía a otra parte de la habitación. De un bello mueble con seguro mágico sacó un baúl y lo colocó sobre la mesa de centro. Clef y su primo no se quitaban la vista de encima.
—Mira esto, y dime qué es —le señaló el "arqueólogo" mientras le ofrecía una revista.
—Pues… esto… son... son imágenes del mundo de las chicas, ellas mismas trajeron este libro.
Gurú Clef comenzó a hojear la colorida revista que publicaba mensualmente el Instituto de Ciencias de Kuu, y prácticamente trataba temas de historia y geografía.
Al examinar las fotografías, observó muchos edificios históricos de la Tierra, pero fijó la vista en una especialmente, era la milenaria Esfinge de Giza de Egipto.
—¿Dónde he visto este 'monumento'? —le preguntó consternado a Chozeh al mismo tiempo que se ponía de pie y caminaba en círculos por la habitación. Mientras hacía memoria tratando de recordar exactamente dónde había visto esas pirámides, fue caminando lentamente hacia la ventana, hasta donde llegaba el alboroto de las chicas que jugaban con los jóvenes del palacio.
—Dime que no es cierto Chozeh... —expresó ya afligido después de haber recordado y entendido.
—Lo siento Clef, pero te diré que sí es cierto. No nos hagamos estúpidos, nuestras escrituras lo dicen indirectamente, hubo una civilización antes de que surgiera la nuestra, fue rica en cultura, en música, en historia, incluso en religión y poder divino, en ciencia, tecnología; pero así como estaba llena de bondades, también estaba llena de maldades, y por eso no pasó de los 15 mil años de existencia.
—Es verdad Chozeh. "Céfiro es una pangea" dicen los sabios y ancianos de las aldeas, pero son necedades, bien saben que hay otro pequeño continente más allá del mar cefiriano, ahí fue donde nuestros antepasados colocaron los "recuerdos", mejor dicho las ruinas de esa civilización pasada…
—Y es ahí donde yace esta mentada "Esfinge de Giza".
Entonces hizo una fugaz comparación de los uniformes escolares y la ropa común de sus tres Guerreras Mágicas, con las imágenes que había observado en libros antiguos que los sabios cefirianos guardaban celosamente en bibliotecas subterráneas del Bosque del Silencio. Ya no había más dudas.
—¿Tu sabes porque esa civilización fue destruida por el 'golpe' de una enorme 'roca'? Porque ellos mismos se estaban matando, se estaban destruyendo, hasta los animales de aquella época eran víctimas de sanguinarios actos de vanidad, ellos fueron una raza muy difícil… tuvieron muchas advertencias, muchos caminos, filosofías y formas de tratar de salvarse, pero…
—Cuida tus palabras Chozeh, acuérdate que de ahí vienen nuestras salvadoras.
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Mientras, en la Tierra, alguien había amanecido casi en las mismas condiciones que Chozeh.
—¡Ay, pero que resaca! —se dijo Kuu en cuanto abrió los ojos y observó que se había quedado dormida con la misma ropa de ayer.
Era domingo y dentro de algunas horas pasaría por las chicas a la Torre de Tokio como lo habían acordado.
En el fondo se sentía mal por lo mentirosas que eran. Todos los fines de semana, el plan se llevaba a cabo con éxito: La madre de Hikaru creía que las tres se habían quedado a dormir en casa de Umi, cuya madre a su vez estaría convencida de que estaban en casa de Fuu. Engañar a los padres de Fuu era más fácil, porque ellos por naturaleza eran más alejados de la guerrera del viento.
—"Mocosas, jeje, para esto sí tienen ingenio" —pensó Kuu bajo la ducha.
Después de bañarse y desayunar, salió para encontrarse con Satoru Shidou, el hermano mayor de Hikaru, quien además de maestro de Kendo era arquitecto profesional, y tras varios meses de desempleo, había aceptado por fin trabajar en el "loco" proyecto de Kuu y el Instituto Ryuuzaki.
Cuando caminaba tranquilamente por las avenidas, la hermana de Fuu observó que en todas partes no se hablaba de otro tema que no fuera el gran "descubrimiento del siglo": agua en Marte.
Y empezó a sentir miedo.
Hacía seis años atrás, noventa científicos provenientes de todo el mundo que colaboraban en el Instituto de los Ryuuzaki, se habían unido en un pacto de silencio para comenzar con la conquista del planeta rojo. Entre "Los 90 de Oriente", apelativo con el que se hacían llamar, estaban Kuu, sus colegas, y ahora Satoru.
El proyecto de exploración estaba siendo financiado principalmente por la familia del fundador del Instituto, los Ryuuzaki, Samuel Sasaki y algunos adinerados de origen árabe, chino e hindú.
Pero Estados Unidos, manipulador de la NASA, ¿qué intenciones tendría?
Una duda saltó a la mente de Kuu: —¿Qué nos pasaría a nosotros, a "Los 90 de Oriente", si se llegasen a enterar que hasta tenemos un huerto plantado en Marte y que no le dijimos ni siquiera a Japón? —pensó con temor. En el fondo sabía que aquello podría ser hasta causante de una guerra entre países.
—¿Siempre acostumbras a quedarte parada piense y piense cosas? —le gritó una voz masculina que la sacó con un sobresalto de sus pensamientos.
—¡Hay Satoru, que idiota eres, me asustaste! —le reclamó la científica también riendo junto con él, pero después lo saludó con un beso y abrazo.
—Lo siento, Debemos irnos ya, la señora Ryuuzaki nos espera.
Decidieron ir caminando ya que la zona de los "ricos" no estaba muy lejos. Mientras hablaban de todo y a la vez nada, Satoru se decidió por preguntarle sobre Céfiro.
—¿Crees que algún día nos dejen ir?
—Ni idea, pero sí tengo muchas ganas de visitar ese mundo; por cierto Satoru, jamás te he preguntado como es que sabes sobre el encuentro 'extraterrestre' de las chicas.
—Pues fue de lo más gracioso, sorprendí a Hikaru encendiendo una fogata con las llamas que salen de su dedo índice.
—Já, que locura.
—¿Fuu también puede curar con su magia a la gente de este mundo? —le preguntó el pelirrojo.
—Puede ser, porque siempre nos cura de las resacas.
—JA,JA,JA —soltó Satoru grandes carcajadas. Y sin darse cuenta ya habían llegado a su destino.
—Mira Shidou, aquí es, bienvenido a la 'humilde' casita de los Ryuuzaki, que tal ¿eh?
—Pequeñita la mansión ¿no? Por cierto, antes de que cometa una imprudencia, ¿la señora Ryuuzaki sabe que su hija es una guerre...?
Satoru no pudo terminar porque Kuu le tapó la boca.
—Entiendo, no lo sabe...
—Pasen queridos, bienvenidos —les indicó desde el otro lado del portón la madre de Umi, que se aproximaba lenta y elegantemente a su encuentro.
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En Céfiro.
—Entiende Ráfaga, ya te dije que esto se llama 'balón', ¿verdad Hikaru? —señaló Ferio con aire fanfarrón como si fuera ya un experto del futbol.
—Cállate 'nena', todavía ayer en la noche me preguntabas que cómo se llamaba esta cosa, y que si se jugaba con las manos o con los pies —se atrevió Ascot a defender a su 'cuñado', mientras que las chicas no paraban de reir.
—¡Vuelves a decirme 'nena' y te destierro del planeta!
—A mi vale &/%$&/& que seas el rey de Céfiro, "pelos de pasto", ¡de todas maneras eres una 'nena'! —le gritoneó el Palú.
Adivinando lo que ya se 'veía venir', Caldina le hizo señas a las chicas para que se alejaran del nuevo "campo de batalla".
Entre los gritos de Ferio y Ascot, Lantis invitó a Hikaru a tomar un romántico paseo. El sol ya estaba casi en el cenit y adivinó que las chicas pronto tendrían que regresar a su mundo.
Tomados de la mano, se adentraron a uno de los patios del castillo donde antaño Zagato y Emeraude se besaban a escondidas, y en silencio se sentaron en el pasto para observar el campo tupido de flores multicolores. Tomando con ambas manos el rostro de la pelirroja, la condujo lentamente hacia él y rozando sus labios con los de ella le susurró:
—Hikaru, por favor, ya quédense a vivir aquí en Céfiro, hagan lo que les sugirió Águila, pueden estudiar en Autozam. ¿Porqué tú, Umi y Fuu alargan tanto las cosas?
"Alargar las cosas". Hikaru soltó un hondo suspiro. El estudiar en Autozam había sido ya un tema platicado entre las tres guerreras, ni se diga el quedarse a vivir en Céfiro para siempre. Pero, ¿cómo le explicarían todo ésto a sus familiares? ¿Cómo explicarle a tus padres que tu novio, y los amigos de éste, son prácticamente unos "extraterrestres"?
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Listas para la teletransportación a Tokio, y como sucedía en cada despedida, Fuu tenía que soportar el clásico lloriqueo de Ferio y sus ya famosas frases de "no te vayas", "quédate aquí", y "dile a tu familia que ya no vas a regresar".
Cuando se despedían de sus amigos, Presea se apresuró a decir: —Oh, chicas, esperen, voy por Clef para que se despida de ustedes.
Clef y Chozeh habían estado durante horas encerrados en la habitación, se habían olvidado hasta de comer, y Presea no había permitido que nadie los interrumpiera.
Cuando llegó al cuarto de Chozeh, la arquera tocó dos veces la puerta, pero no obtuvo respuesta. Entonces escuchó la voz de una mujer que desde el interior de la habitación les señalaba a los dos hombres que le permitieran la entrada. Presea se extrañó, pues todas las mujeres del palacio estaban fuera, y no pudo reconocer la voz femenina. Cuando sintió que la puerta se abría, le pareció de repente que el cuarto estaba demasiado iluminado… jamás se hubiese imaginado quién era la dueña de aquella voz.
—¡¿Princesa... EMERAUDE?! —exhaló la armera al mismo tiempo que el Gurú trataba de sostenerla para que no cayera al suelo de la impresión.
Como Presea, Chozeh y Clef se tardaban demasiado, las chicas prefirieron despedirse de ellos en otra ocasión, y besando a sus cefirianos iniciaron el trance para regresar a su mundo.
Al abrir los ojos, pudieron distinguir el panorama dentro de la Torre de Tokio, el olor a comida japonesa, el murmullo de chicos y grandes, y el grito a lo lejos de Kuu y Satoru que las invitaba a sentarse en una mesa. Ya estaban en "casa".
Luego de preguntarles sobre cómo les había ido en su día de "picnic" en Céfiro, y después de que Satoru ametrallara con mil preguntas a Hikaru sobre su noviazgo con "el tipo desgraciado ese llamado Lantis", Kuu sugirió en que ya era hora de irse, pues al día siguiente iniciaban las clases.
Poco a poco la gente también fue saliendo del lugar bajo las indicaciones de los guardias.
Solo se quedaron dentro del edificio dos sujetos que habían pasado desapercibidos por los demás. Sentados en una mesa del fondo no habían dejado de observar detalladamente a Kuu y a Satoru desde su llegada, y principalmente a las tres jóvenes.
—¿Son esas tres mocosas? —le señaló uno de los dos seres al otro.
—Sí, así es.
—¿Y cuando empezamos?, se supone que una de ellas tres debe morir...
—Empezaremos cuanto antes; la que debe morir es la pelirroja, es el pilar. Nunca lo olvides.
—Como usted ordene Lilith.
Y envolviéndose en una especie de humo, desaparecieron del lugar dejando una peste a azufre.
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Hasta aquí el capítulo 4.
En el siguiente capítulo, más de la vida cotidiana de las chicas en la tierra. Además, la princesa Emeraude hizo su aparición ante los demás, lástima que nomás regresó para traer malas noticias… Llegó la hora también de presentar a la gente de Autozam, Cizeta y Fahren…
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