Descargo de responsabilidad: Los Sombrero de Paja y todo el mundo de One Piece es de Oda-sensei, aunque Drake y su historia es mía (también lo que hay al Este de Shabondy…).
Agradezco a los que comentaron el capítulo anterior (sakurita-1491, RosesAndRavens), pero sobre todo, a Sabina-chan, que me contestó a las preguntas… Gracias a parte a Tako, por su currado comentario. Como siempre, este capítulo os lo dedico a vosotras y a vosotros (os lo dividís a trozos, decidid entre l s cuatro…)
Bueno, en el siguiente capítulo averiguaréis más cosas, y ya iréis viendo si teníais razón o no. Este, en cambio, es para ver que pasa en Cocoyashi mientras tanto…
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Capítulo 4. Solo nos queda luchar
Pov. De Nojiko, que nunca espera con paciencia a que pasen las cosas
Suspiré, expulsando con mucha fuerza todo el aire que guardaba en mis pulmones. Dejé el periódico encima de la mesa y salí por la puerta. Di una vuelta por detrás de la casa, en el jardín de Bell-mère, entre las mandarinas… Así, me intenté calmar. Cuando noté que estaba más relajada, volví a entrar y cogí la noticia. Caminé con paso apurado para llegar tan rápido como me fuera posible a la casa de Genzo. No tenía tiempo que perder.
Recordé como alegremente, una hora antes, había pagado a la gaviota por el periódico. Quizá, hasta canturreaba mientras volvía a dentro. ¿Por qué no estar feliz? Cocoyashi era libre, al fin. Me senté en la silla del comedor y me puse a pelar una mandarina de las de Bell-mère, mientras hojeaba el periódico. Cogí el primer tajo y lo empecé a masticar. En esa situación, mis ojos encontraron la horrible noticia.
Escupí el trozo de mandarina. No me lo podía creer. No podía ser. No me creía que todo el esfuerzo de Nami hubiese sido para nada. Balanceé con fuerza la cabeza. No, no, no. Esto no era verdad.
Al fin, llegué. No necesité contar hasta dos para abalanzarme sobre su puerta.
— ¡Genzo! ¡Genzo! —grité, aporreando la puerta.
Por suerte, no sé si mía o suya, no tardó en salir. No aguantaba casi los nervios. Esta situación me estaba superando. ¿De verdad iba a tener que vivir lo mismo dos veces? ¿No bastaba con una?
— ¿Qué pasa, Nojiko? —me preguntó.
Le mostré la noticia. Como me esperaba, abrió muchos los ojos. Me seguía preguntando cómo podía ser. Nuestros ojos chocaron. Sin darme cuenta, me estaba mordiendo el labio con mucha fuerza. Tanta que si lo seguía haciendo, comenzaría a sangrar.
— Arlong va a volver a atacarnos. Si está libre, va a intentar vengarse de nosotros —sentencié—. Genzo, ¿qué hacemos? No tenemos a los Sombrero de Paja para ayudarnos, como la otra vez.
Genzo suspiró y me cogió de los hombros. Sonrió. Recordé que la sonrisa de ese hombre al que casi consideraba mi padre siempre me había reconfortado. Ese gesto siempre conseguía que los problemas pareciesen más pequeñitos e insignificantes. Esta vez, no.
— No te preocupes, Nojiko. Pensaremos en algo.
Después de eso, volvió a entrar. Escuché unos ruidos y un tiempo después, Genzo volvió a salir. Se alejó de mí, hacia el pueblo, a grandes zancadas.
— ¡Voy a ver al doctor Nako! —me avisó— Quiero ver que piensa de todo esto.
Por segunda vez en el día, solté un largo y tedioso suspiro. Me pregunté que iba a pasar. Si todo por lo que se había esforzado Bell-mère, Genzo, Nami… iba a acabar así.
Volví a casa, y contemplé una fotografía de Bell-mère, junto a Nami y a mí, de pequeñas. Me dejé caer sobre el frío suelo. Dejé que el miedo me asaltase. En medio de ese terror y de esa angustia, me vino la determinación.
— Si viene Arlong, lucharé, como hicisteis vosotras. Todos lucharemos, pase lo que pase. No podemos permitir que un maldito pez nos quite todo lo que construimos, todo lo que conseguisteis.
Mientras volvía a salir, me pregunté si Nami lo sabía.
¿Pero qué más daba? Sin embargo, decidí que sería mejor que no; le podía ocurrir abandonarlo todo y volver aquí. Nami no debía hacer eso, me dije, porque entonces renunciaría a lo que deseó cuando embarcó con los Mugiwara.
Seguramente, también se llevaría por delante a ellos; los arrastraría o los traicionaría. De cualquiera forma, no saldrían indemnes.
No, estaba absolutamente segura. Nami, esta vez, tenía que mantenerse al margen. Aunque, bien pensado… ¿podrían en cualquier caso llegar a tiempo? Pensé que teníamos como máximo una semana. Como mínimo… No existían mínimos.
Además, tenía la sensación de que nosotros no podríamos solos contra Arlong, sobre todo si reunía de nuevo a los demás tritones. Ellos nos aniquilarían y luego volverían a dominarnos. Solo que esta vez sería peor, porque harían que pagásemos con creces la derrota que le causamos la última vez.
Volví a balancear la cabeza, solo que esta vez vehementemente. Estaba un tanto desesperada. Decidí al fin, que ahora mismo lo que necesitábamos era un milagro. O un héroe.
Intentando librarme de estos pensamientos, cerré la puerta de su casa con un estruendo. La luz dorada del sol hacía un efecto óptico sobre el rostro de Bell-mère. De esta forma, parecía angustiada.
Esta misma luz era la que ahora, en el exterior, debía volver a enfrentar. Ignorándola, caminé con firmeza hasta Chabo. Tampoco presté atención a la hierba fresca que me hacía cosquillas en la piel que dejaba expuesta las sandalias, ni en los gritillos y las risas de alegría de los niños que ahora mismo andaban sueltos por su pueblo. Cuando el chico me vio acercándome, me sonrió y me saludó. Deshizo su sonrisa al ver mi cara seria, desesperada.
Pensé, de nuevo, que más o menos tendría mi edad cuando perdí a Bell-mère.
— Arlong va a volver. Debemos hacer algo para enfrentarlo. Necesitamos entrenarnos y hacernos más fuertes, Chabo —le dije en un tono pausado y sin emociones. Intentaba ocultar la desazón, escondiéndola en los planes de mi estrategia.
Qué ironía. Escondía la cobardía que estaba sintiendo en mi propio valor.
— ¿Pero qué estás diciendo, Nojiko? —me dijo con incredulidad. Otro más que no lo creía, pensé frívolamente. Ya éramos tres.
Saqué la misma noticia que instantes atrás le había mostrado a Genzo. Se la puse a la altura de los ojos. En seguida la cogió con sus manitos. La miró impactado, aunque creí que solo se había fijado en el título y en la imagen del ex-convicto.
— Si no me crees, léelo. Arlong ha escapado de prisión. ¿Cuál crees que puede ser su siguiente destino?
— Cocoyashi… — me respondió el en un susurro. Estaba aterrado.
— Eso mismo pienso yo. Y no va a venir a tomarse un café ni a repartir bombones ni velas de cumpleaños —me burlé, sabiendo que yo estaba realmente tan horrorizada como él—; sino para vengarse de todos nosotros.
— ¡Entonces estamos perdidos! —exclamó, con sus ojos tan grandes como platos. Había perdido los nervios. O, simplemente, había razonado— ¡Tenemos que escapar de Cocoyashi! Si nos quedamos aquí, él… él…
Noté que Chabo tenía los puños apretados y una lágrima se deslizaba por su mejilla derecha, pero, aún así no me contuve.
— ¿Quieres huir y abandonar tu hogar, tu gente? ¿Dejarla a merced de Arlong y sus piratas, de nuevo? ¿Abandonar todo lo que los Mugiwara y Nami consiguieron? ¿Hacer todo esto, rendirte antes de ni siquiera empezar?
No me había dado cuenta, pero yo también estaba llorando. Tanto yo como Chabo sollozábamos.
— ¿Pero no eras tú la que me dijiste la última vez que no luchara? —me preguntó.
Era verdad. Se lo dije. No sé si antes estaba equivocada, o si lo estoy ahora. Quizá pensaba en Bell-mère, o en Nami, esa primera vez. A lo mejor estaba equivocada ahora, y estaba arriesgando la vida de un niño sin necesidad.
Por más que reflexionaba sobre eso, sólo me fijaba en una cosa. Aunque me dejase llevar por mis deseos egoístas, sí que había necesidad. Si volvía Arlong, todos podríamos morir cualquier día. Esa fecha era cuándo lo desobedecíamos o, más fácil, cuándo no tuviésemos dinero suficiente para pagarle por nuestras vidas. La mía costaba 10.000 berries. La de Chabo, 5.000.
— Lucharé —me prometió Chabo al final—. Por todos nosotros. Pero Nojiko, no creas que no me doy cuenta que tú lo que quieres es reparar tus errores del pasado.
Nos quedamos quietos, estáticos. No me acuerdo cuánto permanecimos así. Fue agradable. Yo me dejé caer tumbada en la hierba y Chabo acabó acurrucándose sobre mí. Me pregunté hasta dónde podríamos llegar. ¿Se nos uniría más gente cuándo supiesen lo que estábamos planeando? ¿O el miedo no les dejaría?
También pensé si Chabo tendría razón en que la mejor opción era huir. Aunque significase abandonarlo todo. Quizá, a pesar de la diferencia de edad, en estos momentos él estaba siendo más razonable que yo.
Sin embargo, esperaba que no ayudasen, al menos algunos. No podríamos vencer a Arlong solos, por más fuertes que nos hiciésemos.
Aunque era verdad que ya habíamos dado un paso. Quizá, si trabajábamos duro, podíamos ganarle a Arlong. Así, también le ganaríamos al pasado. A lo mejor, esta vez, la libertad llegaría para siempre y nunca más tendríamos que saber de Arlong ni de otra amenaza parecida. Reconocí que sería maravilloso.
Sonreí.
Al mismo tiempo que mis músculos de la boca se estiraban, escuché un disparo.
Rápidamente, nos levantamos. Chabo me miró y yo intenté contener el miedo, parecer tranquila. No quería que se asustase. Necesitaba mantenerme serena, al menos por el chico, me repetí. Si de algo estaba segura, es que no quería que fuese yo. Ni Nami.
— ¿Qué está pasando? —me preguntó Chabo.
Le tapé con la boca con una mano y le ayudé a levantarse.
— Esto me suena mal, Chabo. Sígueme, pero quédate siempre detrás de mí—le dije—. No necesitamos que corras peligro.
Le dediqué una sonrisa. Intenté que pareciese alegre. Sin embargo, no pude evitar que, oculto entre sus contornos, trasmitiese mis miedos y mis pesares.
Estaba segura. Era Arlong. Ese ruido lo había provocado él. ¿A quién fue dirigido el disparo? Recordé que la última vez, Arlong disparó a Bell-mère. ¿Quién sería esta vez?
Me repetí varias veces que no iba a ser Genzo. Tampoco lo había recibido el doctor Nako. Intenté en vano convencerme de ello.
— Nojiko… —murmuró, muy bajo, Chabo.
Lo miré, girando ligeramente la cabeza hacia atrás. Mis ojos estaban cabizbajos, evitando los suyos.
— ¿Qué pasa? — le susurré, intentando mantener un tono afable.
— Tengo miedo…
Seguí esquivando el contacto visual. No quería que se diese cuenta que yo ya me había rendido.
¡Siento haber tardado tanto en actualizar! Aunque creo que si lo vemos de una forma relativa, tardé menos que la última vez
Bueno, espero que os guste y comentéis.
Ahora vayamos con mis queridas preguntas:
1. ¿Es de verdad Arlong quién llegó a la isla?
2. ¿Qué fue el disparo? Si Nojiko tiene razón, ¿a quién disparó?
3. ¿Cómo se resolverá esto? ¿Arlogn volverá a dominar Cocoyashi?
4. ¿Los villanos (me refiero a la gente de Cocoyashi) lucharán o simplemente se rendirán?
Pues eso es todo… si queréis añadir algo, sois libres de hacerlo. Pero comentad pls… Ya sabéis que los comentarios me hacen feliz; y que si soy feliz toooodo es feliz. Y no habrá muertes. Pero si estoy triste... :(
