Danny, por supuesto, había subestimado lo mucho que al universo le gustaba joder con ellos. Debería aprender a no quedarse calmado una vez que las cosas parecían acomodarse porque esa era justo la señal de que, otra vez, todo se daría vuelta.

(—Ese es tu pesimismo hablando, Danny

—¿Estaba equivocado?).

.


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Su hermano llamó una noche para avisarle que había llegado a Hawái y que le encantaría pasar tiempo con Grace y con él... lo que ya significaba que algo estaba ocurriendo. Danny no llamaba a su hermano huracán Matt por el placer de hacerlo. Y, por supuesto, no estaba equivocado.

(—¿Estás bien para hablar de este tema, Danno?

—Estoy bien.

—Podemos pasar a la siguiente...

—Steve, está bien. Esta parte de la historia es importante).

—¿Entonces? —preguntó su hermano, una mirada intensa y curiosa en sus ojos que evocaba memorias de la niñez.

Después de llevar a Grace a casa de Rachel, Danny había hecho el camino de regreso para el hotel donde se estaba quedando su hermano. Matt podía volverlo loco pero era también su mejor amigo. Estaban solos en una casa llena de mujeres por lo que se aliaron juntos de forma natural. Con más frecuencia de la que no.

—¿Entonces, qué?

Matt lo miró.

—Oh, vamos, Danny. Soy tu hermano y te conozco, ¿crees que no lo descubriría? Lo de tu tatuaje.

Trató de mantener su expresión inmutable. Verdaderamente, realmente no le apetecía hablar de la marca que había en su pecho. O de la situación en la que se encontraba respecto a ello o de cualquier cosa remotamente relacionada. No estaba afectando a nadie más, Danny esperaba que no estuviera afectando a Steve del mismo modo que a él, y no quería darle la oportunidad.

—No hay nada que descubrir con mi tatuaje.

Matt levantó una ceja. —Gracie no dijo lo mismo.

Danny se congeló.

—¿Le estuviste sacando información a mi hijita?

Matt se echó hacia atrás, sonriente y triunfal. Danny quería darle un puñetazo.

—Ella está preocupada porque su papá encontró a su alma gemela y, aún así, está sufriendo. No luzcas tan sorprendido, hermano mayor —Matt, como todos en la familia, tenía un tono en particular reservada para momentos importantes y Danny lo reconoció con un suspiro—. Para las personas que saben mirar, eso es evidente.

Se pasó una mano por el rostro. —Es- es complicado.

—Contigo siempre lo es —señaló Matt, bebiendo un sorbo de su bebida. Danny había olvidado el nombre—. ¿Y quién es?

—¿Quién es quién?

Su hermano puso los ojos en blanco. Matt nunca había tenido una marca, su piel era lienzo en blanco, pero él siempre había creído en su importancia y más de una vez había tratado que Danny saliese a buscar a su alma gemela.

Era tan diferente de Danny, en tantas cosas además, que a veces resultaba difícil creer que eran hermanos.

Matt también lo conocía como nadie.

—Es alguien del trabajo —admitió finalmente.

Matt se enderezó, su expresión algo confusa. Danny supuso que no había esperado la sinceridad.

—¿Sabe que-?

—No tiene una marca —replicó Danny. Aún no estaba seguro qué sentir al respecto. Steve merecía tener a alguien que fuese alma gemela y él no, seguramente. Danny merecía tener nada. Merecía ser abandonado, dejado, olvidado y puesto a un lado con atronadora facilidad—. Hubo, hay algo allí, ¿sabes? Algo que no puedo explicar del todo. Pero no le interesan las almas gemelas. Supongo que es el karma, ¿no? Siempre odié toda la idea y ahora estoy... Bueno, aquí. Así.

—Lo tomo como que es alguien especial.

—No es eso, es- es alguien totalmente diferente a lo que esperaba para un alma gemela, alguien para mí. Es todo lo contrario. Se preocupa por hacer las cosas bien sin importar el costo personal, ¿sabes? Siempre pone buena cara, aunque desde que llegó a esta isla no deja de hallar razones para llorar. Le preocupa la gente, lo que les pasa. Es valiente, inteligente- Y siempre quiere manejar todo a su antojo. Es exasperante y a veces…

—Suenas peor de lo que sonabas a los quince años y te gustaba nuestra vecina. ¿Brooke?

—Tiene problemas mentales también.

—Ahora eso suena como tu alma gemela.

Danny puso los ojos en blanco.

—¿y la marca sigue oscura? Quiero decir, no se habla mucho de lo que sucede cuando un alma gemela rechaza o otra, ¿no? Pero me ha parecido leer alguna vez que la marca desaparece.

Danny sacudió la cabeza, frunciendo el ceño.

—¿Qué?

—Ya sabes, esas minúsculas historias en las que las almas gemelas no eran felices para siempre y todo eso. Creo que alguna decía que había formas de borrar los tatuajes —Matt se alzó los hombros—. Si es tan complicado como dices, si es tan difícil- ¿por qué no buscas una forma de borrarla?

(—No sabía que había sido Matt el que puso esa idea en tu cabeza.

—A mi me sorprende que no me lo hayas propuesto tú. Quiero decir, sabías que eso se podía desde antes que yo.

—Aunque no quería que sufrieras tampoco quería que desapareciera el tatuaje que me representaba. Egoístamente.

—¿Sabías cómo era mi tatuaje entonces? En mis archivos aparece que tengo uno pero no hay detalles.

—No lo sabía. Imaginé que podía averiguar cómo era pero primero no quise y luego- luego no pude).

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Danny no pensaba que alguna vez querría borrar a Steve de su vida pero la propuesta era tentadora. Quizá sin su marca las cosas entre ellos volverían a ser como antes, cuando se conocieron. No había sido la marca lo que había llevado a Steve a su vida, no de la forma convencional. Y su tatuaje llevaba tanto tiempo en su piel que podría dibujarlo con los ojos cerrados pero lo que antes era promesa ahora era también recordatorio.

Para Steve.

Y para él también.

Pero no pudo concentrarse en ello por mucho tiempo porque dos días después de esa plática, su hermano decidió romperle el corazón.

—Sí, Chin, aquí está. Gracias. Puedes volver a casa... Te llamaré si necesitamos algo. Sí, se lo diré.

Aunque Steve claramente no estaba hablándole a él sonaba muy cerca. Cada vez más cerca. Sin embargo, Danny no se volvió para mirarlo. No tenía fuerzas para alejar sus ojos de reflejo marino de la noche ni tenía fuerzas para enfrentarse con su compañero. Al que, indudablemente, le había fallado. Steve le había mentido al FBI para darle tiempo y Danny... Danny no había podido detener a Matt. Porque Danny era un fracaso.

Había fallado como hijo. Había fallado como hermano. Había fallado como esposo. Había fallado como policía. Había fallado como padre. Y probablemente por eso no tenía un alma gemela, porque él fallaría en eso también.

—Rachel me llamó —dijo Steve en voz baja, desde algún lugar en a sus espaldas. Danny no quería mirarlo siquiera, no podía—. Dijo que fuiste a ver a Grace y luego desapareciste. Que no aceptaste la oferta para pasar la noche allí.

Danny había estado tentado para quedarse cuando Rachel se lo ofreció, pero tras darle un beso de las buenas noches a Grace se dio cuenta que no podía quedarse allí, no podía compartir el mismo techo con ellas. No podía seguir mostrándoles lo inútil que era.

—Chin me dijo que te recordara que está en tu esquina, ¿significa algo para ti?

Danny cerró los ojos por un momento. No se merecía tener tanta gente buena con él.

—¿Danny?

—Vete.

—¿Qué...?

—Quiero estar solo, Steve. Por eso no me quedé en la casa de Rachel ni fui a verte. Necesito estar solo. Vete.

Steve se quedó inmóvil. Si no supiera mejor podría pensar que incluso dejó de respirar por un instante.

—No quieres estar solo.

—No puedo lidiar contigo en este momento —murmuró, apretando las palmas de las manos contra sus ojos para retener las lágrimas que estaban nublando su visión—. Por una vez, por una vez, haz lo que te digo. Déjame solo, por favor.

Steve se quedó por otro largo rato en profundo silencio. Danny no estaba seguro por cuánto tiempo ninguno de los dos habló.

—Voy a ir hasta mi auto y me quedaré allí hasta que vayas a buscarme, Danny, pero no voy a dejarte. No te dejaré fuera de mi vista.

—¿Crees que haré algo estúpido?

—Creo que no necesitas estar solo —dijo Steve—. Tal vez necesitas un poco de espacio, pero no quieres estar solo ni lo necesitas.

Danny se rio sin humor.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Te conozco —Steve estiró el brazo para enredar sus dedos alrededor de la muñeca de Danny. Le dio un apretón suave—. Te conozco, Danny.

(—Gracias por ir a buscarme esa noche. Creo que nunca te lo agradecí.

—No hay por qué, Danny. Eso es lo que nosotros hacemos, ¿no?

—Sí, babe. Es lo que hacemos).

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—Tu hermano tomó sus decisiones, lo que él haga de ahora en más no está en ti, hombre.

Danny se rio amargamente.

—¿Qué harías si fuera Mary?

El silencio de Steve le recordó otro episodio similar, cuando Danny trató de explicarle el por qué nunca podría dudar la integridad de Meka. Había sido una apuesta arriesgada entonces porque ellos llevaban apenas semanas conociéndose pero la respuesta había sido mucho más satisfactoria por ello mismo. Steve había confiado en la integridad de Danny, en su palabra y en honestidad, desde el primer momento.

La respuesta no fue tan tranquilizadora como entonces.

—Mary solía meterse en problemas a menudo. Una vez, solo una vez, me llamó para ir a sacarla de la cárcel, ¿sabes? De prisión, Danno, pero yo estaba a punto de ser enviado a mi primera misión y no fui a buscarla. —Danny parpadeó—. Yo no sabía lo que pasaba en su vida, no le pregunté por qué había sido arrestada, pero pensé que si iba a buscarla nunca aprendería a enfrentar sus problemas, que si iba a rescatarla nunca terminaría de madurar.

Danny había pasado la mitad de su vida salvando a Matty de los problemas en los que se metía. Tal vez por eso nunca aprendió a tomar el camino difícil.

—¿Aprendió?

—No volvió a llamarme después de eso pero tía Deb lo hizo y me hablaba bien de ella. Y sé mucho más ahora de lo que le pasaba, sé cómo es-

—Tu hermana es mucho más lista que mi hermano entonces.

—Ese no es el punto de la historia.

—¿Y cuál es el maldito punto?

—Lo que hizo tu hermano lo hizo tu hermano, no lo puedes controlar, pero lo que tú haces sí. Y no puedes huir de ti mismo Danny, ni de lo que te pasa.

—Es gracioso que digas eso cuando tú eres el que se la pasa huyendo de todo —argumentó, incapaz de guardarse el filo amargo de sus sentimientos. Danny estaba deprimido, enojado, miserable y con el corazón roto. No quería que alguien se lo señalase—. Tú te pasaste huyendo de tu vida aquí en Hawái, de tu padre y de tu hermana.

«De mí». Quería decir. Steve había huido de él cuando supo la verdad de su tatuaje y Danny, iluso, había creído que ese rechazo no sería desgarrador. No lo había quebrado pero el dolor era tan real como el de la traición de su hermano.

Steve se quedó muy quieto en su silla.

—Por eso te puedo decir esto, Danno —dijo Steve. Su cara había tomado esa expresión de animal herido que Danny odiaba—. Por eso te puedo decir lo que duele y lo mucho que te destroza lo que estás haciendo. Mira, en unos días- en unos días llega tu cumpleaños. Y luego el mío. Mi padre y yo- mi padre y yo solíamos irnos de excursión. Estaba pensando que podríamos ir nosotros dos.

El cambio de tema fue tan repentino que Danny aflojó las manos a los lados. Había tocado una docena en puntos sensibles, lo había hecho con intención, pero Steve no había reaccionado como esperaba. Nunca reaccionaba como esperaba.

—¿Cómo sabes cuándo es mi cumpleaños?

Una pequeña sonrisa escondida tiró de la esquina de la boca de su compañero.

—¿Eso es en lo que te vas a fijar?

Danny bufó.

—No creo ser una buena compañía para una excursión. No me gustan las excursiones.

—No te gustan las excursiones, no te gusta la playa y no te gustan las piñas... Supongo que Hawái debe parecerte un infierno de verdad.

Aunque las palabras eran duras había algo más debajo, una emoción que Danny no llegaba a capturar. Tristeza, tal vez. Melancolía. Desamparo.

No tenía forma de responder a eso. Pero Danny siempre tenía una forma de responder.

—Un infierno infestado de piñas.

La boca de Steve se arqueó hacia un lado. —Estamos los dos aquí. Y ninguno de los dos puede volver el tiempo atrás. Pero podemos hacer esto. Alejarnos de todo esto por un tiempo.

Danny suspiró.

(—Había olvidado cómo me convenciste de hacer esa excursión.

—Te gustaron los petroglifos.

—Los petroglifos estuvieron bien. Incluso la caminata- fue el cuerpo que encontramos y, ya sabes, el hecho que te que te cayeras y rompieras el brazo.

—Detalles.

—Detalles dice él. Detalles. Tal vez no te acuerdes de lo que pasó por los golpes pero me hiciste darme un buen susto ese día y…

—Y me dibujaste el corazón en el aire.

—¿Qué?

—Que si estamos hablando de lo más importante que pasó ese día, creo que el hecho de que confesaras el absoluto amor hacia mi persona no puede ser excluido.

—Eres un idiota.

—Ah, pero me amas).

.


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Las cosas no estaban bien del todo. El nombre de Wo Fat, nebuloso en principio, se alzó como una sombra, inevitablemente cubriéndolo todo. Steve parecía envuelto en una trama misteriosa dentro de un enigma que alcanzaba lejanas memorias y recuerdos. Por otro lado, Chin y Kono estaban y avanzando en sus vidas, también, a su propia manera. Él parecía más cómodo en su propia piel de lo que había estado cuando lo conocieron y ella ya estaba a años luz de la novata que había llegado como caída del cielo para una misión improvisada. Había vientos turbulentos desde la muerte de la tía de ambos pero ellos eran fuertes. Rachel y Stan habían, en apariencia, superado sus problemas y estaban en la búsqueda de un bebé para que completase el círculo familiar.

Y Grace, bueno, su Gracie estaba haciéndole las preguntas que Danny realmente no quería responder. Sobre cómo estaba. Si era feliz.

Y él le daba la misma respuesta, a pesar que sabía que algún día no la contentaría. «Te tengo a ti, monito. Eres todo lo que necesito».

Pero ver a Steve en el trabajo y fuera de la oficina le rompía el corazón cada día un poco más. Porque Danny podía imaginar su vida con Steve, con sus manías absurdas como canto de fondo y su sonrisa como elemento cotidiano. Podía imaginarlo en los atardeceres, sentado a la orilla del océano con su mirada pacífica, con un gesto sereno. Podía imaginarlo con Grace, todo risas y océano. Danny había estado imaginando trozos de esa vida, se dio cuenta, los había rozado con los dedos incluso, pero ahora yacían en el suelo los fragmentos de esa ilusión vana. Era absurdo, si lo pensaba. Danny había decidido temprano no perseguir ninguna otra cosa que una amistad con Steve y, sin embargo, el rechazo de plano de la posibilidad dolía profundamente.

Quizá, en parte, el corazón de Danny se había ilusionado con que su relación de Steve no cambiaría. Que el lazo construido en los primeros meses superaría la revelación. Que ser almas gemelas haría que su relación tuviese sentido para Steve, que haría que fuese más claro para ambos en qué punto estaban. Danny, tal vez y solo tal vez, se había enamorado sin darse cuenta.

Se había enamorado de su alma gemela, la que no quería soportaba la idea de lo que podía existir.

¿Era egoísta que le doliera? Imaginaba que lo era, en algún punto. Sentía que lo era.

La promesa entre ellos, que las cosas no cambiarían, colgaba tácita entre los dos después de todo y Danny había sido quién la había invocado.

«¿Por qué no buscas una forma de borrarla?» La voz de Matt hacía eco entre sus ideas como nunca antes lo había hecho.

Era algo que nunca había escuchado —pero Danny no se había interesado tanto en el tema tampoco— y sin embargo se le presentaba como intolerable. La marca, aunque representaba a otra persona, le pertenecía. Había sido parte de su vida durante años y la idea de su desaparición le daba náuseas.

Y, a la vez, a la vez... parecía una liberación.

Fue durante un caso, uno de los tantos casos llenos de macabros detalles, que el tema fue traído al escenario principal de forma ineludible. Se trataba del caso de una mujer que había descubierto a su esposo —su alma gemela— engañandola. Ella, creyente ciega de las historias, había enloquecido de celos y había tratado de remover el tatuaje que representaba su vínculo justo antes de enfrentar a los amantes.

No había terminado bien.

—Creí que las marcas eran permanentes una vez que aparecían —comentó Kono, sus ojos un tanto tristes. Danny vio que cubría, casi inquieta por su propio pensamiento, el tatuaje en su muñeca con la otra mano. Le recordó que su tatuaje era reciente.

—No es exactamente así —afirmó Jenna. Danny aún no estaba seguro si confiaba en ella, su llegada repentina y conveniente había encendido una alarma en el fondo de su mente— pero Steve parecía encontrarla confiable más allá de todo. Probablemente porque Wo Fat pareció haber estado dispuesto a matarla y eso, más que otra cosa, les decía que Steve se estaba acercando a develar lo que se escondía detrás de la cortina.

Jenna sumida en su trabajo, a pesar de que todos habían hecho silencio para escuchar sus divagaciones. Más de una vez un pensamiento al aire había probado una gran utilidad.

—¿Jenna? —incitó Steve.

—Oh, lo siento. Algunas historias hablan de personas que hicieron borrar su tatuaje. A veces porque sus almas gemelas murieron o los traicionaron. Eran prácticas más comunes en Oriente que en Occidente.

—¿Hicieron borrar? —preguntó Chin, su voz extrañamente inquieta. Danny sospechaba que había una historia subyacente bajo la intensidad repentina.

—Es difícil de explicar —dijo Jenna—. Nadie sabe por qué una marca aparece cuando aparece, nadie sabe por qué algunas marcas no aparecen o por qué una persona tiene una marca por años y la otra nunca lo hace. Es un poco de suerte y un poco de magia. La mayoría de la gente no quiere borrar el tatuaje, son casos muy puntuales e historias mucho más puntuales. Pero nunca es fácil ni placentero. Un tatuaje es— es el algo de ambos después de todo.

Un tatuaje era la imagen de alguien más escrita en tu cuerpo.

(Si tu alma gemela muere y no la conoces la marca se atenúa casi por completo. Si la conoces y la pierdes en las garras de la muerte, si la relación era fuerte, el tatuaje se vuelve cicatriz. Una memoria de lo que significaba, lo que siempre significaría, y un recordatorio. A veces aparecía otra marca).

—¿Pero es posible? —La pregunta escapó antes de que Danny pudiese evitarlo.

Jenna se encogió de hombros. —Supongo que lo es.

Danny tardó un momento en procesar la información, las palabras de Matt más fuertes que nunca en el fondo de su cabeza, pero no se perdió la mirada que Kono le estaba dando del otro lado de la mesa. Se sacudió el pensamiento y se negó a mirar a Steve mientras que él volvía a arrastrar la atención de todos al caso en cuestión.

(—Pensaste en preguntarme si querías borrar la marca, ¿no? Lo vi en tus ojos ese día.

—Kono me preguntó lo mismo, ¿sabes? Ella quería saber más. Más de mi alma gemela y lo que pasó, pero ya conoces a Kono-

—Ella no te iba a preguntar si sentía que no querías hablar de ello.

—Y no quería hablar de ello. Pero sí, lo pensé en ese momento, pero— pero no quería borrar la marca. En realidad no. Es como Jenna nos dijo... es algo de los dos, te representa pero para mí es algo que es mío también y sentía... sentía que sería como dejar una parte de mí. Tampoco quería preguntarte, aunque si hubiera tenido la oportunidad tal vez...

—¿Por qué crees que hice todo lo posible por evitar que nos quedásemos solos durante el resto del caso?).

.


.

Si Danny hubiese estado menos distraído, habría tardado menos en notar el cambio de comportamiento de Steve pero, con la dolorosa partida de su hermano y por la repentina insistencia de Rachel de dejar a Grace con él por más tiempo —estaban pensando en inseminación artificial porque ella estaban teniendo dificultades para quedar embarazada y querían hacer unos tratamientos fuera de la isla— Danny había hecho un esfuerzo consciente para dejar el tema de las almas gemelas atrás y retroceder de su amistad con Steve. Lo suficiente para estar cómodo con las cosas, odiaba depender tanto de alguien después de todo, pero no lo suficiente para que Steve se sintiera abandonado. Ganó algo de saludable distancia pero también hizo que se perdiera la manera en la que Steve comenzó a mirarlo. Se perdió la forma en la que dejó de quitarse la remera cada vez que estaba cerca del agua. Se perdió el hecho que parecía estar luchando con algo más, con algo más que Wo Fat y el misterio legado de los McGarrett.

Las cosas siguieron en ese tentativo equilibrio por un buen tiempo.

Hasta el día que Danny salió tambaleante de una casa y se desplomó contra una pared. Hasta que sus ojos se nublaron y se quejó de que no podía respirar. Steve lo miró con el terror llenando en sus pupilas y el corazón tronandole en el pecho.

Danny quiso consolarlo pero no podía respirar.

No podía respirar.

«Danny, ¡Danny! Quédate conmigo, Danny. Quédate conmigo».

—Yo soy su alma gemela —le dijo Steve a los enfermeros con fiereza—. Voy a ir a dónde sea que lo lleven.