Disclaimer en el capítulo 1.
Muchas gracias a los comentarios de LyzzCullenSalvatoreSwanQueen, Vnat07, geralove, aquarius7, Guest, venus1485, inugami18, Lledó y Yara, así como a los nuevos seguidores o favoritos.
Respondiendo algunas dudas: Bae y Neal son dos personas totalmente diferentes, el primero como mejor amigo de Emma y el segundo como su hermano antipático. Además, ella es obviamente mucho más poderosa que él, Neal lo sabe y por eso (en parte) la desprecia.
Me encanta que especuléis y espero que os guste este capítulo x)
Capítulo 03
Aunque todo el mundo creyera lo contrario, Killian Jones no era estúpido.
Había una gran razón por la que servía al monstruo que tiempo atrás había arruinado su vida y cortado su mano. La misma por la que permanecía atento a cualquier amenaza contra el Oscuro, esperando a la mejor oportunidad para unirse con quien fuera a perjudicar al condenado rey del inframundo.
Y sentía que ese momento había llegado.
Con sólo la mitad de su atención puesta en su superior inmediato, que les estaba informando a él y a otros cuantos matones sobre un ataque que se iba a llevar a cabo próximamente, miró de reojo hacia la puerta de la sala. Y la vio. Según sus pesquisas, se llamaba Belle y apenas llevaba cinco días en esa parte del mundo subterráneo, habiendo ascendido desde uno de los barrios de la periferia. Y también sabía que había sido requerida allí por el mismísimo Rumpelstiltskin, pero nadie conocía el motivo.
El caso era que la diablesa tenía más "curiosidad" de la recomendada para sobrevivir allí abajo. La había visto merodear varias veces, espiando en busca de algo o alguien, y hablar por algún teléfono o dispositivo no registrado otras tantas. Pero no la había delatado. Si tenía razón y planeaba atacar al Oscuro con ayuda del exterior, él estaría más que dispuesto a hacer la vista gorda, incluso a contribuir en todo lo posible.
La reunión acabó sin que les dieran los detalles de lo que iban a hacer, como siempre, y sus compañeros de sangre salieron girando a la derecha, camino de la típica taberna con cerveza de fácil acceso. Él, sin embargo, torció a la izquierda y pilló por sorpresa a la morena, que se había refugiado en la vuelta de la esquina pretendiendo pasar desapercibida.
Ella se quedó inmóvil contra la pared, y él colocó el garfio en su garganta antes de decir nada, queriendo dejar claro quién estaba al mando de la conversación.
- Conozco tus intenciones – afirmó mirándola lo menos amenazante posible.
- No sé de lo que estás habl...
- Y quiero participar – la cortó.
Ella frunció el ceño, obviamente confusa, pero no dio el brazo a torcer. Era inteligente.
- En serio, no tengo ni idea de a qué te refieres, y no te he dado motivos para que me ataques – protestó intentando apartarlo.
- Sé que planeas algo en contra de Rumpelstiltskin – remarcó él, acercándose más hasta que sólo hubo unos pocos centímetros de diferencia entre sus ojos -. Sé que no trabajas sola. Y sé que podría ayudaros.
Belle lo escudriñó con la mirada, y Hook notó un toque ligero de piel contra piel en su única mano. Y de repente ya no quería saber más. Sólo tenía ganas de flotar en nubes de algodón. Cuando la diablesa rozó su palma otra vez, su rostro se relajó y sus pupilas se enturbiaron, esperando instrucciones.
- Estás confuso – le dijo la edulcorada voz de la morena.
- Sí.
- Te has desorientado al salir de la reunión.
- Sí.
- Vas a ir a relajarte a la taberna con los demás.
- Sí.
Y media hora después, Hook se dio cuenta de que estaba sentado en una barra, con un vaso en la mano y rodeado de borrachos. Se incorporó de golpe por inercia, mirando hacia los lados e intentando entender cómo había llegado allí.
- ¡¿Qué demonios...?!
-SQ-
Para cuando Belle llegó a la base, la mesa central estaba ocupada por los típicos paquetes de comida para llevar, y sus dos amigas ya habían empezado a devorar el contenido. Sonrió ante el detalle, consciente del apetito voraz que no se correspondía para nada con sus figuras modélicas.
- ¿Habéis dejado algo para mí? - preguntó al terminar de bajar las escaleras.
Tink la miró con una sonrisa y palmeó el asiento a su lado, pasándole luego uno de los recipientes.
- Tienes que probar esto – le dijo -. Úrsula se ha superado esta vez.
Úrsula era la dueña y cocinera del mejor restaurante de la ciudad (con sus correspondientes "sucursales" por todo el país), y por ello mismo pertenecía a las Hermanas Oscuras, un grupo de poderosas y peligrosas mujeres que controlaban la mayoría de los mejores negocios demoníacos del mundo, legales o no.
- El día que esa mujer falte nos moriremos todos de hambre.
Todas rieron ante el comentario, incluida Regina que llevaba varios días más callada y apartada de lo normal. Belle sabía que algo importante pasaba pero no quería presionarla.
- ¿Qué tal te ha ido hoy en el infierno? - quiso saber la rubia.
- Pues... de eso quería hablaros – dijo entre bocado y bocado -. Hoy casi me descubren.
- ¡¿Qué?!
- ¡¿Estás bien?!
- ¡¿Qué ha pasado?!
- ¡¿Quién ha sido?!
- ¡Quietas, quietas, que estoy bien! - las paró antes de que le hicieran el tercer grado -. A ver, estaba escuchando a escondidas una conversación sobre un ataque que están planeando y uno de sus matones me vio, pero no me acusó ni nada ante los demás.
- ¿Porqué no? - se extrañó Regina. No tenía ningún sentido para ella.
- Eso es lo más raro. No sé cómo, pero estaba convencido de que tenía un plan contra Rumpelstiltskin, y quería colaborar.
- ¿Se lo confirmaste? - fue lo primero que quiso saber, siempre desconfiada.
- Claro que no, pero era muy insistente y tuve que utilizar cierta persuasión para librarme de él. No sabía cómo salir de allí – eso las convenció de la gravedad del asunto. Belle jamás utilizaría su don a menos que se viera atrapada entre la espada y la pared -. Ya lo hemos hablado – continuó -, llegado el momento necesitaremos aliados, no podemos hacer esto solas.
- Pero...
- Belle tiene razón – la morena interrumpió la objeción de Tink y decidiendo que era hora de que lo supieran -. Necesitamos ayuda. Y aunque no me fío para nada de ese tipo, yo también he... encontrado a alguien – ellas la miraron, esperando los detalles -. Es una Melek.
- ¡¿Qué?!
- ¡¿Te has vuelto loca?!
- ¡¿Cómo demonios ha pasado?!
- Hace unos días fui a la Torre a recuperar mi hançer – comenzó a explicar, manos en alto para que se relajaran -. Nadie me vio ni me siguió pero... me crucé con la ángel que vi el día que maté a Víctor.
- ¿Y?
- En pocas palabras, me dijo que está en nuestro equipo, o que sabía que nosotras estamos en el suyo, ya sea – Regina sacudió la cabeza, todas las preguntas que aún tenía rebotando por su mente -. No pudimos hablar mucho, pero el caso es que ella nos protege, nos da espacio para actuar sin tener que preocuparnos por la Guardia.
- ¿Confías en su palabra?
- Yo... - dudó qué contestar a eso. No porque no supiera la respuesta, sino porque la verdad era tan ilógica que hasta ahora no la había aceptado por completo -. Sí, confío en ella.
Tink abrió tanto los ojos de la estupefacción que casi parecía un dibujo animado, pero Belle entrecerró los suyos, segura de que su amiga todavía se estaba guardando lo más importante para sí misma.
- Hay algo más – afirmó, y Regina soltó un bufido al verse descubierta.
- He soñado con ella – admitió.
- ¿Perdona? - dijeron las otras dos, enarcando una ceja cada una en perfecta sincronía.
La demonio puso los ojos en blanco.
- No es lo que pensáis. Fue una especie de... interferencia. Ella apareció en el sueño cuando no debería haber estado ahí – miró a Belle, a sabiendas de toda la información que había recogido a lo largo de décadas, perdida en alguna biblioteca -. ¿Recuerdas haber leído algo al respecto en tus viajes?
- "Hay personas que nos convierten en algo diferente a lo que somos. Las barreras caen, los fuegos se encienden y las mentes se entremezclan" – citó ella tras pensar unos segundos -. Pero es imposible que se trate de lo mismo – cortó rápidamente al captar una chispa de esperanza en los ojos chocolate -. Aquel tomo fue escrito por ángeles, trataba de leyendas sobre las almas gemelas, y los Iblis no tenemos alma.
- Que nosotros sepamos – contraatacó ella sin darse por vencida -. Nos limitamos a creerlo y repetirlo porque es lo que piensa todo el mundo.
Belle negó con la cabeza, conociéndola lo suficiente como para saber que la discusión iba para largo, pero Tink cambió de tema antes de que pudiera responder.
- A ver, estábamos hablando de aliados para nuestra causa – las encauzó -. Dinos todo lo que ha pasado con respecto a esa mujer y porqué debemos fiarnos de ella.
Y Regina se dispuso a detallar sus dos encuentros, a cada cual más intenso, con la rubia a la que genéticamente debía, pero no podía, odiar.
-SQ-
La tarde siguiente, Belle estaba deseosa de irse a casa. Su trabajo consistía normalmente en hacer toda clase de tareas, administrativas o de otro tipo, y ese día había sido especialmente largo y tedioso. Pero, nada más salir a la calle, un garfio interrumpió sus planes.
Hook la arrastró a un callejón cercano (nunca entendería cómo había tantos callejones sin salida en una sola ciudad), y luego la soltó sin cuidado, acorralándola de nuevo pero con cuidado de no tocar su piel.
- Shhh, calla y escucha – dijo al verle las intenciones de gritar.
- ¿Porqué debería?
- Porque te conviene. Sé que no te fías de mí, y lo entiendo, pero tienes que escucharme – exigió -. Un escuadrón atacará la Torre dentro de dos horas. Es información clasificada así que sólo cuando lo veas sabrás que es verdad. Y entonces comprenderás que estoy de tu lado.
Belle sopesó muchas cosas en muy pocos segundos, empezando por considerar una muy posible artimaña y acabando por preguntarse qué tenía que perder de todas formas.
- Cuéntame más – la curiosidad, también conocida como masoquismo en ciertas situaciones, ganó. Y cuando Hook terminó su discurso, la diablesa sólo tenía una cosa en mente.
Tengo que avisar a Regina.
-SQ-
Emma dejó un vaso de agua en la mesa y un beso en la sien de su hijo. Ashley había tenido una emergencia familiar, así que Henry se encontraba ahora en una de las salas de reuniones de su planta en la Torre, haciendo los deberes.
- ¿Mamá? - la rubia se fijó en él. Había mucho más que curiosidad en aquellos ojos verdosos, algo mucho más profundo que se materializó en forma de pregunta -. ¿Qué es el amor?
Emma no tenía ni la más mínima idea de dónde había salido eso, y por un momento se planteó mentir. Soltar algún cliché que Henry aceptaría sin más. Pero no lo hizo. Decidió decir la verdad, porque el mundo en que vivían, aunque hermoso, también era donde morían. Y su hijo necesitaba saber para sobrevivir.
- El amor lo es todo – comenzó, sentándose a su lado -. El dolor de nacer, la angustia de sufrir, y la alegría de vivir. Lo necesitamos para respirar y lo usamos para manipular a los demás tanto como para ser manipulados – ella misma rió levemente ante la ironía -. Pero si hay algo completamente cierto sobre el amor, es que nunca es incorrecto – afirmó, tornando su voz un tono más serio -. Cuando amas a alguien, te expones al sufrimiento. Ésa es la verdad. Quizás esa persona te parta el corazón o quizás tú se lo partas a ella y no puedas volver a verte de la misma forma. Esos son los riesgos. Al igual que las alas, los sentimientos tienen un peso. Un peso que notamos sobre la espalda. Pero es una carga que nos levanta. Una carga que nos permite volar. Y no importa entre quiénes se ejerza, o cuánto dure, siempre y cuando sea real. Siempre y cuando sea puro.
Emma había sentido todo eso con Graham, pensó Mulán, viendo la interacción entre madre e hijo recostada en el dintel de la puerta. Y su antiguo compañero de armas la había correspondido de igual manera, aunque desgraciadamente por poco tiempo.
La exótica guerrera había conocido al cazador mucho tiempo atrás, y eran pocas las batallas que no habían librado juntos. Cuando Emma y él se enamoraron, fue ella quien les guardó ese secreto, su identidad, y quién aún lo seguía haciendo. Snow nunca lo habría aprobado, el amor entre una princesa y un soldado. Sólo ellas dos sabían que Graham, caído en combate hacía más de diez años, era el padre que Henry nunca tendría.
La rubia había descubierto su embarazo un par de semanas después de su muerte y, a pesar de todo y de todos, había conseguido salir adelante. Por eso Mulán la admiraba, por la fuerza que poseía y nadie más parecía ver. Por su alma inquebrantable.
El niño quedó satisfecho con esa respuesta (cómo para no hacerlo), y ambas mujeres caminaron fuera de la sala y tres oficinas más allá, hasta el despacho de Emma. Llevaban un buen rato repasando informes de las últimas misiones cuando aquella demonio entró como un torbellino por la puerta del balcón, sin importarle que aún fuera pleno día y cualquiera hubiera podido verla llegar hasta allí.
Como buena agente, Mulán desenvainó su espada y se colocó en posición defensiva en un pestañeo, pero la morena la envió volando contra la pared con un simple gesto de su mano, dando una muestra gratuita de un poder inmenso que realmente no venía a cuento.
- ¿Dónde está tu hijo? - preguntó ella antes de conseguir reclamarle nada.
- ¿Qué? ¿A qué viene eso?
- ¿Dónde está? - su tono de voz era neutro como la otra vez, pero cualquiera podría adivinar la evidente tensión detrás de sus palabras. Algo malo estaba pasando.
- Dime qué sucede – pidió Emma de nuevo, la mano en su propia empuñadura. Una cosa era querer confiar en la demonio y otra muy distinta presentarle a Henry como si se tratara de una reunión amistosa.
- Vienen a por él. Lo quieren secuestrar para chantajear al Consejo. Rumpelstiltskin ya ha enviando a alguien y llegarán aquí en cualquier momen...
No pudo acabar la frase antes de que la cristalera de la oficina y de las adyacentes reventaran hacia dentro en una explosión ensordecedora. Se tiraron al suelo por inercia y Mulán se vio libre de las invisibles ataduras, cayendo con ellas. Compartiendo una mirada, la rubia se levantó velozmente en dirección al pasillo y Regina la siguió, sus alas aún descubiertas causando pánico entre los empleados de la planta que no sabían qué pasaba.
Cuando llegaron al lado de Henry, el escuadrón de demonios liderados por el sádico Peter Pan (uno de los pocos subalternos del Oscuro que provocaba en Regina mucho más que educado respeto) estaba prácticamente encima del muchacho, medio inconsciente sobre pedazos de cristales rotos.
Emma fue directa hacia él sin prestar atención al ataque conjunto del grupo, arrodillándose en el suelo para protegerlo con su cuerpo, y Regina no lo pensó. Se colocó delante de ellos, desplegando las alas como escudo, y creó un muro de fuego medio transparente donde empezaron a chocar las bolas de energía que los Niños Perdidos lanzaban, aún suspendidos en el aire al otro lado de la (no) ventana.
Todos los presentes tuvieron que mirar dos veces para asegurarse de que lo que veían sus ojos era cierto. El Ángel Negro, que todos llevaban meses buscando sin descanso, estaba allí, de pie frente a ellos, defendiéndolos. Y la manifestación física de su poder no tenía nada que envidiarle a ninguna otra.
Emma salió del estupor causado por la sorpresa sólo cuando vio la bota de la demonio deslizarse unos centímetros hacia atrás, por el esfuerzo que le suponía rechazar los asaltos de sus congéneres.
- ¡¿A qué estáis esperando?! ¡Haced algo! - gritó a sus empleados mientras cogía al niño en brazos para sacarlo de allí.
Mulán fue la primera en reaccionar, seguida de Bae, Phillip y Eric. Los otros guardias debían haber estado patrullando fuera, y dado que la morena no había tenido problema de entrar en su despacho, era lo lógico pensar que el escuadrón los había sorprendido por detrás y herido lo suficiente para que no pudieran luchar.
Se pusieron en formación, dos a cada lado del Ángel Negro, y atacaron a la vez. Ráfagas de poder plateado, amarillo, violeta, bronce y azul cielo, en forma de rayos o pulsos compactos, hicieron retroceder a los demonios la distancia adecuada como para que los cuatro ángeles desplegaran también sus alas, logrando continuar la batalla en las alturas, fuera del edificio.
Fue al divisar a Mulán sacando su espada, dispuesta a luchar a la vieja usanza sin molestarse en seguir gastando energía, cuando Peter Pan se vio superado y ordenó rápidamente la retirada de su equipo. Ninguno de los cinco hizo el más mínimo amago de seguirlos, a sabiendas de que sería inútil, y en cuanto los perdieron de vista regresaron al interior a través de la (no) ventana.
Emma desvió la mirada del ya consciente Henry, sentado en una de las mesas de la oficina con una bolsa de hielo en la cabeza, a tiempo de contemplar cómo la morena recogía sus alas en su espalda, atravesando primero su ajustada chaqueta de cuero. La mujer se quedó allí en medio, a dos metros de ellos, ignorando condescendientemente a todos los demás, y fijó su mirada en ella.
- Regina – dijo entonces con una inclinación de cabeza, como si estuviera hablando del tiempo -. Ese es mi nombre.
-SQ-
Regina. Nombre de dama destinada a ser reina.
Hacía casi una hora desde que la demonio se había "presentado" a su manera y apenas quedaba luz diurna ya. Henry estaba durmiendo en un pequeño sofá de su despacho, salvaguardado por la vigilancia de Mulán, y Emma ayudaba a recoger el destrozo y dirigir a los técnicos mientras lanzaba miradas furtivas a la morena.
Regina había decidido intentar recoger alguna esencia o energía residual que pudiera conducirla a alguna base demoníaca, ya que nunca sobraban oportunidades de abatir un grupo medianamente poderoso desde dentro. Caminaba en círculos por la sala, sabiendo que ninguno de los presentes se metería con ella tras la orden explícita de su jefa, y estaba concentrada en su tarea, pero no por ello dejaba de notar los ojos esmeralda (todavía oscurecidos por la ira de ver a su niño en peligro) clavados en su nuca. Por poco no evita que las comisuras de sus labios se alzasen en una sonrisa.
Sonrisa que se habría esfumado al instante de escuchar la irritante voz de la mujer que acababa de hacer acto de presencia.
- ¡¿Qué significa esto, Emma?! - chilló la que Regina reconoció como la arcángel del país, que (al contrario de los dos hombres que la escoltaban) todavía no se había fijado en ella.
- Significa que estabas equivocada – contestó la rubia sin achantarse -, aunque no vayas a reconocerlo.
David compartió una mirada con su hija y, sin realmente conocer todos los hechos, entendió que la demonio no representaba ningún peligro. Snow, sin embargo, lo primero que hizo tras mirar a su izquierda fue abrir mucho los ojos y convocar un latigazo de energía blanca grisácea en dicha dirección, seguida casi inmediatamente por uno totalmente gris de Neal.
Regina ni se planteó defenderse, en parte porque ya consideraba a esos dos una pérdida de tiempo y en parte porque no quería comenzar otra nueva pelea con el niño tan cerca, pero tampoco le hizo falta. Emma se movió a una velocidad que ni ella misma estimaba posible y se interpuso entre ellos, mano derecha en alto, rechazando ambas acometidas con una facilidad preocupante.
- ¿Cómo te atreves? - gruñó la arcángel.
- Ella ha salvado la vida de Henry – la encaró ella -. ¿Dónde estabas tú mientras tanto?
- Snow – pidió David posando una mano en el hombro de su esposa, que se disponía a devolverle la puya verbal -. Será mejor que todos nos calmemos antes de seguir hablando de la situación. Neal, acompaña a tu madre, por favor.
Casi bufando, los dos se retiraron a una oficina cercana, y David los siguió no sin antes asentir en dirección a Emma y Regina en agradecimiento, gesto que ambas retornaron.
- Será mejor que yo me vaya – musitó entonces la morena, provocando que la otra se girara cual niña del exorcista.
- ¿Ya? - la desilusión era más que palpable en su voz, e inevitablemente se sonrojó por ello.
Regina ladeó la cabeza de nuevo y un atisbo de sonrisa asomó entre sus labios.
- Mi misión aquí ha terminado. Tu hijo está a salvo ahora.
"Yo decido a quién debo salvar salvar y a quién no, y lo doy todo de mí en cualquiera de los dos casos". El recuerdo de lo que su ente opuesto le había dicho días atrás la golpeó como un camión en marcha, desestabilizándola por un momento antes de asentir y responder.
- Está bien – aceptó -. Gracias. Por todo.
La demonio se tensó de inmediato y Emma lo notó de sobra, así que repasó mentalmente lo que acababa de decir. Y se dio cuenta. Regina no sabía qué hacer con la gratitud que ella le había mostrado porque nunca antes la había recibido así, de una extraña, sin nada a cambio. Interesante.
- De nada – carraspeó entonces, casi tímida por ello.
Se miraron una vez más, y Emma supo que Regina era la persona más apasionada que había conocido nunca. Detrás de su fría máscara, todos sus motivos para actuar eran apasionados. Los sentimientos gobernaban su juicio. Venganza, pena, dolor, tristeza o pérdida. Emociones que no tenían límites. Era horrible que una persona con tal capacidad se viera obligada a escapar de una raza (o dos) que no la comprendía.
- Entonces... ¿amigas? - se arriesgó Emma tendiendo la mano.
Amigas. Regina correspondió al gesto con otra sonrisa mal disimulada. Sí, eso valdría por ahora.
Y en cuanto sus palmas se tocaron, no lo suficientemente lejos de allí, cierto Ser Oscuro levantó la cabeza alarmado, habiendo sentido una clase de poder que creía erradicado para siempre.
*Melek – ángel. | Hançer – puñal. | Iblis – demonio.
