Sus ojos rozados se vertían en la fría oscuridad de la noche, por la ventana junto a la cama. Sus pensamientos eran un enigma, incluso para él, en tanto las emociones que lo embargaban se situaban sobre sus hombros como una manta, con la cual se mantenía protegido del caprichoso clima de finales de marzo, y de las ganas de ponerse en pie y huir.
…
HOPE
Epilogo: Dancing
…
Al abrirse la puerta de la habitación un ligero temblor sacudió su cuerpo, iniciando en su cabeza, bajando cual baño helado por su espina dorsal, acelerando el latido de su corazón hasta reubicarlo en su garganta.
El metro y ochenta centímetros de sensualidad llamado Makoto Tachibana, entró con pasos descalzos y ligeros, haciéndole contener el aliento conforme se fue acercando.
—Listo —dijo Makoto, sentándose en la cama, echando la cabeza hacía atrás con un suspiro.
—Mmm… —respondió sin darle la cara, no porque estuviera molesto, como aparentaba, sino porque… ver el cuerpo semidesnudo del chico de amables ojos oliva, lo despojaría de la poca conciencia que había logrado recuperar tras su ausencia.
—Lo siento. No había visto el mensaje de Haru —se disculpó, pensando que el mencionado era el motivo por el cual Rin aun le daba la espalda, sentado de rodillas entre las sabanas.
—No importa.
El silencio de la ciudad llenó la habitación, con un par de sirenas en la distancia, y el sonido de un auto cruzando la calle frente al edificio de departamentos donde se encontraban.
El tic, tac de un reloj invisible alargó sus manecillas hasta que Makoto sonrió, entendiendo el mensaje escrito en la rígida espalda de su novio: no había celos, sino timidez. No había enojo, sino más bien una lucha entre la vergüenza y el anhelo, el deseo de ser tocado una vez más.
La repentina llegada de Haru y Rei para pedir la llave de repuesto del departamento del primero, había abierto una brecha en la pasión desbordada de antes, que el castaño se dispuso a salvar.
—Rin… —susurró su nombre, rompiendo el delicado equilibrio de sus nervios.
La "r" se extendió, vibrando en la penumbra que los rodeaba, acariciando el cuerpo del chico de cabellos magenta, reviviendo las manos que minutos atrás dejaron huella en sus piernas, en sus hombros, en su cuello, en su rostro al levantarlo dándole carta abierta a unos labios hambrientos.
El solo recuerdo hizo estremecer su ser.
—Rin —volvió a llamarlo, girándose y avanzando sobre la cama, a cuatro.
La "i" y la "n" tejieron un hechizo al que no pudo resistirse, cuando Makoto lo abrazó por detrás, rodeando su cintura con sus grandes brazos, deslizando los labios por su cuello.
—Deja de… —con la boca del mayor atrapando su lóbulo, tirando suave, presionando dulce, aguantó un gemido contra sus colmillos, apretándolos.
—¿De qué? —susurró en su oído.
Las manos de Makoto bajaron por la camisa blanca que ya había cedido antes, para volver a abrirla, comenzando por el último botón. Con los dientes tiró amable y travieso del cuello la prenda, dejando al descubierto el hombro derecho de Rin, quien contrajo esa zona, aun sin darle la victoria total al deseo. Besando la curva entre su cuello y su hombro, acarició el vientre de su novio, consiguiendo que se estremeciera conforme sus dedos bajaban hasta encontrarse con su miembro desnudo. En esa parte se habían quedado cuando los interrumpieron.
—¡Mak…! —Rin se sobresaltó, sujetando las muñecas contrarias al sentir como su hombría era rodeada.
—No grites muy fuerte, o te escucharan los vecinos —sonrió inocente, moviendo su puño de arriba abajo lo más rápido que pudo.
Rin se tapó la boca, en un vano intento por acallar sus gemidos. Makoto no le había dado tiempo para resistirse. Apegó su espalda al pecho del mayor, curveando su espalda hacía adelante. Sus ojos desenfocaron la ventana con sus cortinas abiertas, por la cual la noche los observaba, y sus piernas se desdoblaron hasta que los dedos de sus pies se aferraron a la pared, urgiendo un apoyo para el placer feroz que le tragaba la consciencia. Un índice y un pulgar escalaron por los músculos de su vientre, subiendo, torturando aún más su mente al presionar sus pezones.
—Hermoso —dijo el universitario de ojos oliva, atacando el cuello de su novio, descubriendo las zonas sensibles en esa área.
—N-no… —suspiraba pesado entre jadeos ahogados Rin, recargando la nuca en el hombro de Makoto, tensando su cuerpo entero para soportar las oleadas salvajes de éxtasis. Sus puños apretaban las sabanas, alzando sus caderas.
Seductor con cada movimiento sobre su entrepierna, Rin despertaba sin necesidad de buscarlo, el propio miembro de Makoto que se iba hinchando encarcelado en sus pantalones.
En su límite, Makoto reacomodó a Rin sobre la cama, bocarriba. Colocó bajo sus caderas una almohada, aprovechando la confusión que aun reinaba en los ojos rozados de su hermoso tiburón, que boqueó como si lo acabaran de sacar del agua.
Rendido a labios delgados y sensuales del dueño de su corazón, el castaño se apropió feroz de ellos, sintiendo como se removía debajo de él, sin saber si huía o lo buscaba más. Abrió sus piernas para hacerse sitio, y buscó a tientas su entrada, haciendo una pequeña presión al hallarla. Los ojos de Rin se aclararon con temor. Su cuerpo se petrificó.
Con las miradas conectadas y separados a unos centímetros, Makoto acarició su mejilla sonrojada y besó su frente, en la petición silenciosa de un voto de confianza. Cerrando con fuerza los ojos, temblando, Rin asintió y mordió su labio inferior al sentir el primer dedo en su interior.
—Piensa en mí —murmuró Makoto en su oído—. Concéntrate en mis besos.
Asintiendo, Rin abrazó del cuello a Makoto, permitiendo que se fuera abriendo paso en él, acostumbrándolo, en tanto los besos prometidos anestesiaban su mente, y aligeraban el hueco de ansias en su estómago.
Luego de que su tercer dedo pudiera moverse con relativa libertad dentro de su novio, Makoto abandonó sus labios, y con cierto apuro se quitó el pantalón y la ropa interior.
Acostado en la cama, Rin miró el techo escuchando lo último que quedaba de tela, desaparecer. Sus pulmones se llenaban y vaciaban de aire con desesperación. Se maldijo mentalmente por ser tan... ¡Demonios! No eres un adolescente para ponerte a temblar así, se decía.
Esa tarde de viernes que llegó a Kyoto para pasar el fin de semana con Makoto, tenía las ideas claras. Quería estar con él, ¡si hasta se había planteado la idea de saltarle encima y evitar toda la cursilería de una cita!, y a la hora de la verdad tenía tanto miedo de que su persona amada, entrara en él y lo viera como era, sin máscaras, débil, que su determinación flaqueaba.
Cuando Makoto se acomodó arriba suyo, cruzó los brazos encima de sus parpados, e hipó.
Makoto se detuvo.
—¿Rin?
Incapaz de hablar, negó con un movimiento de cabeza a la preocupación de Makoto.
Con una ligera sonrisa, el castaño besó su muñeca izquierda, y separó con cuidado sus brazos, dejando al descubierto una expresión sincera que le dijo todo cuanto necesitaba saber: confusión, deseo, temor, vergüenza, pasión, y sobretodo, amor. Juntó sus frentes.
—Te amo —ese "te amo" era la respuesta a los temores que inundaban a Rin.
Lentamente Makoto fue entrando en él, entrelazando sus dedos sobre el colchón, ayudándolo a soportar la unión de sus cuerpos. Aguardó a que se acostumbrara, bajando a su oído para decirle una y otra vez cuanto lo amaba.
Tras unos momentos, las manos de Rin se soltaron, y buscaron abrazar a Makoto, correspondiendo a sus palabras.
—Te amo —dijo, y relajó su cintura, permitiendo que su novio saliera unos centímetros y volviera a entrar.
En la intimidad que compartían por primera vez, en más de un sentido para ambos, unidos, no había espacio para nada más que ellos. Completamente desnudos el uno frente al otro, se revelaron en el vaivén de las penetraciones, expresiones y sentimientos que nadie más había visto ni verían, y eso… eran tan sublime como espeluznante.
La cama rechinó bajo el peso compartido de un amor que durante años permaneció oculto en lágrimas y penas, cubierto por un largo invierno. El placer se mezcló con la eternidad, la eternidad bendijo el hilo que unía sus meñiques, a cada gemido, a cada jadeo, con cada beso, caricia y pensamiento perdido, hasta el final, en el que Makoto vertió todo su amor en el interior de Rin, y Rin plasmó en la espalda de Makoto un par de senderos rojizos.
Notas de la autora:
Escribir hard no es lo mío, pero traigo esto a su consideración como el epilogo, y en verdad, en verdad espero que sea un poquito de su agrado.
Mil disculpas por la tardanza, pero como expliqué en mi otro ff MakoRin (Don't Walk Away), me han pasado tantas cosas estos días que ni cabeza tenía, pero al final las cosas vuelven a su cauce y aquí ando de nuevo, dando lata.
Ahora sí, dejaré la lista de canciones en las que me basé para este ff (capítulos 2, 3 y epilogo), que es algo que igual dejé pendiente y que no había aclarado.
Capítulo 2: Prisoner of love de Hikaru Utada.
Capítulo 3: Trying not to Love You de Nickelback.
Epilogo: Dancing de Elisa.
Por cierto, una disculpa enorme por el "horror" ortográfico del capítulo 3, donde escribí "prisioner" en vez de "prisoner".
Siendo todo, les doy las gracias por darle la oportunidad a este ff, por su tiempo y sus review. Mil gracias, espero sus comentarios, y nos seguimos leyendo en mi otro ff MakoRin.
