Hola, vengo a flotar xD.
Bueno, este es el capitulo más importante del fic, supongo… y el penúltimo, si es que aún puedo confiar en mis cálculos. Vaya, debo decir que realmente me sorprendió encontrar gente que se acordaba de esta historia, y algunos otros entusiastas que no la conocían, también les quedó gustando. Chicos, Sí… Esto es IchiRuki, no desesperen! Y para aquellos que odian a Orihime, debo decir que… ¡¡¡ÉSTE ES SU CAPÍTULO!!! xD. La haré sufrir un poco porque me apetece y creo que nadie lo ha hecho. Pero sólo un poco…! muajajaja xD.
Gracias a todos por sus reviews, en verdad. Si no fuera por ustedes que me están subiendo el ánimo constantemente, ni me hubiera molestado en seguir este fic. Los quiero mucho n n, espero que este chap los deje… contentos. Tiene IchiRuki a raudales, así que no se pueden quejar.
Disclaimer Kubo Tite es tan DIOS… que tenía que ser él y no yo quién crease Bleach. Así que todo le pertenece.
Let's read! ò0o
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·· ρоя 'αмоя' αl αятє ··
CAPÍTULO 3: Apoyo Moral.
Supone Kurosaki Ichigo que ya nada puede salirle peor en la vida.
Supone Mal. Aún debe pararse frente al escenario vestido de Romeo con la más sosa de todas sus amigas. Inoue. Esto apenas acaba de empezar. Yujuuuuu… ¬¬
—Tienes realmente mala cara, Ichigo. —le dijo Rukia, que iba junto a él de camino a casa. Las clases habían terminado, los ensayos también y el colorín no tenía ganas de quedarse un minuto más en ese asqueroso colegio.
— ¿Debería tener otra? —espetó, sin darse cuenta del deje de preocupación de la shinigami a su lado, cosa rara en ella y digna de tomarse en cuenta.
Lo cual nos ayuda a concluir que, como siempre, Ichigo sigue siendo un insensible y que el ser Romeo no le ha ayudado en nada.
Rukia, por su parte, no dijo nada más. Caminaron en silencio hasta que llegaron a la casa, y el colorín tuvo que lidiar con su padre, y que Yuzu los volviera a la realidad, y tomar oncecita como buena familia, e irse a la habitación del pelirrojo donde por fin pudieron descansar.
Y como todos los días, ambos ocuparon su puesto de siempre: Él en la cama con el mp3 pegado a las orejas y ella echada en el suelo con algún manga súper-entrete.
…Pasaron unos minutos tranquilos… hasta que el silencio se volvió incomodo.
— ¿Puedo preguntar qué es lo que te tiene de tan mal humor sin recibir una colleja? —dijo finalmente la morena, levantando la vista del manga.
Silencio.
— ¿Es tu Julita acaso? —Rukia sabía que la fulana de la historia no se llamaba así, pero lo intentó para ver si Ichigo reaccionaba de alguna manera, aunque fuese negativa.
Nada.
—Bueno, como quieras. Si quieres callar y rehuir tus problemas como un maldito cobarde de mierda, allá tú, pero que conste… yo te ofrecí un rato para comunicarte y tú…
—Rukia…
— ¿Qué? —dijo ella, deteniéndose de súbito.
Ichigo tardó unos segundos en asimilar que iba a decir lo que iba a decir.
—Estoy tan cansado de esta situación… que no creo poder seguir soportando más. —se sacó los audífonos, dispuesto a aceptar ese rato de comunicación. —De veras que no puedo más, o sea… Ya, matar hollows, los Arrancars, el Aizen de mierda y toa la madre sí, pero una simple obra de teatro… ME SUPERA…
— ¿Estás diciendo que te la gana? —inquirió ella, asombrada. Creía conocer mejor a Ichigo, es decir… No era lo que se dice brillante a la hora de aceptar un reto, más bien era impulsivo e inconsciente… pero de ahí a sentirse superado por cuatro líneas mamonas… Ey! ¿Qué estaba pasando? — ¿O es que no quieres plantarte frente a Inoue a decir todas estas tonteras melosas? ¿Es ella el problema?
El shinigami sustituto medio asintió.
Touché.
—Se lo toma tan en serio, que me hace sentir un poco… malo… ¿Le viste la cara de alegría cuando la profe dijo su nombre? ¡Estaba feliz!
—Feliz de actuar contigo, no por la obra en sí, si me lo preguntas.
Rápida acotación. Y eso que pensaba que Rukia era lenta…
— ¿Ah? —fue todo lo que Ichigo fue capaz de decir. — ¿Feliz por actuar conmigo…?
Rukia suspiró, negando.
—Nunca entenderás la psicología femenina. —era todo lo que podía decir sin hacer obvio el asunto de que a Inoue se le cae la baba cuando ve a Ichigo. Hay que ser tonto para no darse cuenta… (o en su defecto, hay que ser Ichigo).
— ¿Y qué hago entonces, joder?
—Mierda, no sé. No te queda otra que plantarte en el escenario con ella… Hazlo lo mejor que puedas, campeón. Sé que el Ichigo que yo conozco no va a perder ante nadie. Ni siquiera ante su propio orgullo.
…
Oh, minutos dichosos.
Si tan sólo Rukia fuera Julieta… todo sería tan fácil, ¡y hasta divertido! Sería ver una faceta tierna de la enana marimandona, aunque sólo fuera falsa.
AUNQUE… ésta bien podía ser su faceta tierna… es decir, cederle su minuto de confianza, dejarlo que se desahogue y luego… las palabras mágicas: "Tú puedes".
Joder… "de veras parezco Romeo pensando estas cosas ¬¬".
—Rukia… ¿me ayudarías a repasar las líneas del guión?
—Claro…
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Al día siguiente las cosas parecían tener mejor aspecto, aunque sea mínimamente. Era el último día de ensayo que tenían, y la noche anterior Kurosaki, como buen Romeo, había ensayado todas sus líneas con Rukia, obteniendo resultados bastante decentes.
Claro que hacerlo con su shinigami de confianza era mucho más fácil que con Orihime. Al pelinaranja le temblaba la espina dorsal cuando la escuchaba recitar el parlamento con su vocecita tan armoniosa, tan apasionada, tan Julieta (joder)… y él simplemente se concentraba. Ni siquiera intentaba mirar a Inoue a los ojos, era mucha carga emocional (joder de nuevo).
Por suerte las horas de ensayo se le fueron volando, y la sensei parecía complacida con su progreso artístico.
—Debo decir —detuvo a Ichigo en la salida unos momentos —que jamás me esperé que pudieses llegar a ser un Romeo digno, Kurosaki… Mis felicitaciones.
Al lado de Romeo, Rukia se hinchaba de orgullo. Toda esa transformación milagrosa era obra suya. De sus consejos, de su ayuda, de su ensayo, de sus collejas cuando a Ichigo se le olvidaba el parlamento, de sus patadas en el culo cuando el mismo decía que no iba a ser capaz…
Y él tuvo que reconocerlo.
—Bueno, sí… —le dijo a la profe, como quién no quiere la cosa. —Rukia me ayudó bastante en casa con los ensayos.
Y como si alguien la hubiera llamado, en la entrada de la sala de ensayos apareció una muchacha que todos creían ya olvidada, pero que el shinigami sustituto reconoció a la primera, y eso que era pésimo fisonomista.
—Disculpa, Kurosaki-kun, ¿tienes unos minutos? —y cuando la chica se iba a presentar, el muchacho se le adelantó.
—Sí, sí, ya sé quién eres. Muramaki Yuriko, de tercer año. Encargada del periódico escolar y de la farándula del evento. ¿Me equivoco?
Y con ese recuerdo tan fresco en la mente, le dijo dos o tres cosas en su cara a la desgraciada que la había vinculado con Rukia sentimentalmente y que había logrado que medio instituto le apuntara con el dedo, y no se olvidó de decirle que no le concedería otra entrevista estúpida porque, aunque él no abriera la boca para nada, publicaría la mierda que a ella se le ocurriera en beneficio de su maldito periódico, y que lo dejara en paz, y que podía irse al infierno un buen rato y no volver.
O sea, imaginen eso mismo en la voz de Ichigo a grito pelado. La periodista se quedó de un pis pas y no abrió la boca hasta que el pelirrojo Romeo estuviera lo bastante lejos.
Y luego apuntó en su libreta un articulo medio improvisado que tenía por titulo "El día de furia de Romeo", donde ponía lo estresado que estaba el chico a causa de la obra y los problemas que le habían generado los ensayos en su relación con Kuchiki Rukia y anda a saber tú qué más…
En fin, hay gente que no cambia.
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En la salida del aula de ensayos y luego de la airada discusión de Ichigo con la tal Yuriko, Inoue Orihime interceptó a toda velocidad al sujeto que la acompañaría en el protagónico de la obra.
— ¡Kurosaki-kun! —gritó, falta de aire. Después, se detuvo a unos metros del pelirrojo ente creyendo haber sido muy violenta en su intento por alcanzarlo.
—I-Inoue… —dijo el otro, sin atinar a mucho más. Vio por el rabillo del ojo que Rukia seguía caminando y lo abandonaba con Orihime. Quiso detenerla, pero la colorina esperaba. — ¿Qué… qué se te ofrece?
—Hum, bueno… yo… —no estaba muy segura de qué decirle, era sólo que lo había visto muy pensativo durante los ensayos y eso le preocupaba. —La verdad, no sé… —vio que el ceño de Ichigo se deprimía aún más, y notó que el chico perdía la paciencia. —Bueno, solo quería saber si estabas bien para mañana… ¡Es el día de la obra, sabes!
Dios… ¿Cómo no iba a saberlo si medio instituto llevaba atosigándole con lo mismo desde hace una semana? ¡¡Cómo iba a olvidarlo, por todos los cojones!!
—Tranquila, Inoue. Estoy bien, sólo que un poco cansado…
Ahora fue ella quién frunció el ceño. No sabía bien cómo expresarse, pero ése no era el punto que quería tratar.
—Bueno, es que me ha parecido… que hoy estabas incómodo en el ensayo.
—De hecho, no me hace ninguna gracia interpretar al ridículo Romeo mañana… y lo sabes…
—Sí, pero…
Agh, no podía ser tan difícil.
—…Me parecía que la obra en sí era un pequeño problema, comparado con tener que hacerlo… conmigo… —eso último lo dijo muy bajito, casi inaudible.
El otro no sabía qué cara poner. No era por ser malo, pero un solo pensamiento acudía a su mente.
"Siiiiiiiii, estoy tan incómodo que… ¿Por qué no le das tu papel a otra chica?"
Pero obviamente, no lo manifestó.
—No seas tonta, Inoue. Con cualquiera sería la misma tortura.
De seguro esa no era la respuesta que ella quería escuchar.
—Bu-Bueno… eeeeeh, mañana todo esto terminará. —dijo, lo más dignamente posible. —Así que ¡animo, Kurosaki-kun! —y tras una incómoda pausa en que fijó la vista en cualquier parte menos en las orbes castañas de su compañero, prácticamente salió corriendo. — ¡Nos vemos mañana!
Ichigo la miró hasta que se perdió por el pasillo.
¡Qué cosas con las mujeres...!
Dio dos pasos y fue interceptado por Rukia. Le estaba esperando con su mejor cara de circunstancia.
— ¿Q-Qué quieres tú? —inquirió Ichigo, casi asustado de ella.
Sin duda Rukia habría visto su pequeña charla con Inoue. Y no sabía si felicitarlo por su honestidad con la chica, o golpearlo por su falta de tacto. Así que optó por lo más neutral del caso, que era mantener el tema marginado de su opinión y se salió por la tangente.
—Nada… —suspiró. — ¿Nos vamos a casa?
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El tiempo era una entidad inmanejable y caprichosa. A veces se alargaba demasiado, cuando estamos viviendo situaciones que quisiéramos que acaben pronto. Y en otras ocasiones avanza demasiado rápido, como cuando tenemos que hacer algo por obligación, algo que no queremos y que nos mantiene en vela todos los días hasta que llegue el minuto de enfrentar la realidad.
A Ichigo le pasó un tanto lo segundo. ¡Pero si hace nada se había acostado tranquilamente en su cama! Y ya había pasado un día, había llegado el día, había sonado su despertador y sentía que su padre subía los escalones hacia su cuarto con toda la intención de destrozarle la espalda y tomarlo por sorpresa.
—¡¡¡IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIICHIGOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! ¡¡HIJO MIIIIIIIIIIIIIIIIO!!!... —Kurosaki Isshin se aproximaba a toda velocidad dispuesto a destrozar la puerta de la habitación de su único varón, y cuando estuvo a punto de llegar, alguien desde dentro abrió dicha puerta, con lo que pasó de largo hacia el interior y estuvo a punto de precipitarse ventana abajo por el balcón. —¡¡HOY ES EL GRAN DIIIIIA!! —dijo, recuperándose del susto.
—Lo sé, joder. Ni me lo recuerdes.
— ¡Oh, Masakiiiiii! ¡¡Nuestro niño incursionará hoy en el mundo del arteeeee, me haría tan feliz que pudieras verlooooo…! —lágrimas en los ojos. —¡¡MASAKIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII…!!
Romeo se hacía el desentendido y pasaba olímpicamente de su padre mientras bajaba al comedor a desayunar.
— ¡Ichi-nii! —fue el saludo que recibió de Yuzu. — ¿Qué quieres para desayuno, huevos o tomate?
—Hola, Ichi. —el saludo de Karin…
—Que tal, Romeo… —el saludo de Rukia…
—¡¡¡HIJO MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIO…!! —el saludo de… ¿Isshin?
¡Pero si recién estaba arriba!
…
Un chichón recientemente descubierto por Ichigo en la cabeza de su padre le dio las señales necesarias para deducir que, finalmente, el patriarca de los Kurosaki se la había escoñado ventana abajo en el balcón.
Hizo un saludo estándar para todos los miembros de la familia y tomó asiento entre Karin y Rukia.
— ¡Ichigo! ¡Hoy es el día de tu presentación en la escuela! —le recordó su padre por segunda vez en media hora. Ni se molestó en contestar. —¡¡Y para inmortalizar tan importante acontecimiento es que hoy he adquirido… ESTOO!!
Isshin se lo había montado perfecto: Tenía una cámara filmadora en las manos, cruzada con una correa de periodista. Vestía cazadora militar con cartuchos de cinta listos para ser cambiados en caso de que se termine la principal, un gorro muy profesional y la baba de aquí a Alicante de un padre orgulloso de su hijo.
Ichigo sólo atinó a escupir el café que tenía en la boca.
Yuzu blandía una pequeña banderita con la cara de su hermano estampada, Karin sólo sostenía la suya, algo menos entusiasta, y Rukia lo miraba con cara de paciencia.
Joder… ¡cero apoyo moral esta familia!
Así que los mandó a todos a tomar por culo, agarró una tostada y salió rumbo al instituto, dando un portazo.
—Yo sabía que Ichi iba a molestarse… —manifestó Karin, agarrando sus cosas y tomando rumbo hacia su escuela también. —Mira que hacer todo esto para el día de su funeral…
— ¡Karin-chan, no digas eso! —la reprendió Yuzu. —Es solo que está nervioso.
—Y que lo digas…
—Rukia-chan, deberías seguirlo…
Pero antes que alguien se lo dijera, la shinigami estaba escapándose ya hacia la escuela, detracito de Ichigo.
Su sustituto pelirrojo era un volcán en peligro de erupción. No quería que tantos sacrificios se fueran a la mierda por dos minutos mal procesados… Había que controlarlo.
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Sin duda el apoyo moral de su familia era un cero a la izquierda, eso ya lo había comprobado. Y después de eso, pensó que no había nada peor.
Se volvía a equivocar.
Ichigo estaba siendo transformado en Romeo por una maquilladora cotilla que comentaba la última invención de Yuriko Muramaki (que por suerte no tenía que ver con él) mientras lo peinaba, cuando se oyeron dos toques en la puerta del camarín.
A una orden afirmativa de la encargada, el salón se abarrotó de amistades de Ichigo, quienes venían, justamente, a…
— ¡Venimos a apoyarte moralmente, Ichigo! —dijo un entusiasmado Asano Keigo, sentándose en la mesita de la maquilladora. Ella sólo le envió una mirada fúrica y no dijo nada.
— ¿Cómo te encuentras? —le preguntó Mizuiro sin mucho interés mientras le coqueteaba a la misma maquilladora.
—Pésimo, ¿Cómo quieres que esté? Después de esto tendré que buscar un nuevo instituto, eso seguro.
—Pues hice una lista de varios que están bastante lejos de aquí… —esa simpática voz no podía pertenecer a nadie que no fuera Ishida. — ¿Lo quieres dentro o fuera de Karakura, Kurosaki?
—De ser posible, lo quiero en Chile —respondió Ichigo. (YAY! xD)
—Relájate, imbécil. No puede ser tan malo. —Y esa, Rukia. Inconfundiblemente. —Recuerda las veces que ensayamos, simplemente ignora el hecho de que Inoue te tiene ganas y hazlo lo más naturalmente posible.
Por suerte Romeo estaba tan ensimismado que no escuchó la parte que decía "Inoue te tiene ganas". Que si lo escucha se caga en pleno escenario, vamos.
— ¡Chicos, salimos a escena en cinco minutos! —gritó una voz desconocida.
Oh, bien. Allá va el mártir otra vez.
Los chicos salieron del camarín porque, prácticamente, los estaban echando. Romeo tenía que relajarse, y con ellos ahí era imposible. Rukia se estaba yendo también con los otros, pero una mano temblorosa la sujetó, indeciso.
— ¿Ichigo?
El shinigami miró a cualquier lado menos hacia ella. ¿En qué estaba pensando cuando la detuvo?
—Ichigo, tengo que irme… —le dijo la morena, soltándose cariñosamente de él. — ¡Joder, cálmate! ¡Casi parece que vas a llorar! Te ves patético, y no soporto verte así…
—Pánico. —fue lo único que dijo él.
Rukia lo miró profundamente durante algo más de un minuto.
Y no pudo evitar reparar en que se veía bastante guapo vestido de… vestido de… de esa cosa rara que, fuera lo que fuera, le quedaba bastante bien a su compañero.
—Lo harás bien. No te preocupes, tómalo como si fuera un molesto Menos Grande que viene a robarte tu dignidad. —Y de nuevo, las palabras mágicas. —Tú puedes…
Oh, minutos dichosos… De nuevo.
—Joder, Ichigo… Te confesaré algo. —Rukia tomó aire dos segundos y soltó brevemente tres palabras.
Que sean las que sean, hicieron que Ichigo sonriera de alivio.
Casi tuvo el impulso de abrazarla.
—Rukia, eres la mejor.
·: Chapter Three: FINISHED:·
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Yeeeeeah! ¡Esto se acaba en el próximo capitulo, es lo más seguro! Si quieren ver la desastrosa obra de teatro, el ridículo de Ichigo, las tres palabras mágicas que dijo Rukia y el final del más chorra de los fanfics que he escrito últimamente, no se lo pueden perder!!
¿Qué pasará? ¿Cómo saldrá el ridículo de Ichigo con Orihime?
Nos vemos la semana que viene, o la siguiente a esa. Depende de ustedes y sus REVIEEEEEEEEEEWS!
Besos a todos quienes comentaron en el episodio anterior. ¡Se les quiere con locura! xD
-Huye a terminar un fic de Naruto que tiene pendiente desde hace un año…-
o o7
