la nueva historia de Lovina por la contada anteriormente.
Este capítulo lo hice escuchando Exec-Flip-Arphage
Advertencia: Insinuación de "Bélgica/Roma" y España/Bélgica... y mas que insinuación, un claro Holanda/Bélgica a partir de aquí.
— Auch - se sobó la mejilla viendo su madre marcharse de aquella forma tan brusca. - … ¿Ha grabado eso?
— Ajá… - respondió la mujer intentando salir de su trance. Hizo un gesto con la mano invitándole a que siguiera, mientras su compañero les tendía las bebidas.
Los pasillos de la academia se encontraban concurridos, a penas podía pasar una sola persona sin tener que ir empujando a los demás, pero eso a 'ellas' no les importaba. Dos jóvenes caminaban con aires de superioridad, siendo seguidas por un sequío de chicas. Freya, la mas popular del edificio en compañía de su mejor amiga, Lovina, se encaminaban hacia su habitación… no sin antes piropear a un par de chicos a su paso. Una vez allí dentro las demás se quedaron fuera.
Lovina se acercó a la ventana y la abrió de par en par para poder encenderse un cigarro mientras que su compañera se tiraba en la cama, sacando del cajón una botella de licor.
— De esta excursión no pasa, querida - comentó la rubia tras darle un largo sorbo a la botella.
— ¿De qué coño hablas? - la italiana imitó los gestos de la otra, tirándose de cualquier manera sobre la cama libre y arrebatándole la botella.
— Ya sabes a que me refiero… allí no nos podrán impedir entrar en las habitaciones de los chicos.
— No me jodas. Aquí lo haces igual aunque esté prohibido. - Dio una calada al cilindro, desviando la mirada de su compañera a la ventana para ver al grupo de chicas que se habían quedado fuera, ahora frente esta. - ¿Acaso no tenéis nada que hacer?
— Dime que no te gustaría echarle un buen polvo a uno de los chicos en medio de la nada, pudiendo gritar todo lo que se te antoje.
— Olvídame. - Tras darle un largo sorbo a la botella se la tiró.
— ¡Eh! Eso significa que si… ¡Dime, dime! ¿Quién es el afortunado?
La italiana tan solo vio de reojo a su amiga, disimulando un basto sonrojo que se tiñó en sus mejillas, sin embargo este no pasó desapercibido por la rubia, quien nada mas darse cuenta saltó de su cama para irse a lanzar sobre la castaña.
— ¡No! - espetó en juego.
— ¡¿Qué? No he dicho nada.
— No necesito que me digas nada, te conozco demasiado bien.
— Pues va, so lista. Dime quien.
— El amigo ese de Derk…
Aquel sonrojo se acentuó notoriamente, y por si quedaba duda alguna Lovina se incorporó dejando que la rubia cayera a un lado, además de que la empujó sin demasiada fuerza haciendo que esta solo se riera.
— Que te jodan.
Se levantó de la cama dejando aquel cilindro entre labios y se encaminó a una de las cajoneras, de donde sacó un pequeño diario y de el una fotografía. Freya, curiosa, se levantó para seguirla y apoyó el mentón sobre su amiga al reconocer rápidamente al castaño de la foto.
— ¿Te ayudo a conquistarlo?
Con esa pregunta tan solo se ganó una mirada fulminante por parte de la castaña. Odiaba en sobre manera que la rubia fuera mejor que ella a la hora de ligar con los chicos, además de que era notoriamente mas guapa que ella y -lo peor de todo- que tenía menos pecho, lo que le hacía no entender el porque.
— Tengo una idea… - susurró deshaciéndose del casi agarre de la rubia para acercarse a la ventana y sentarse en esta, viendo a lo lejos a Derk y su mejor amigo, Antonio, jugando al futbol con el resto del equipo. - Nos saltamos la excursión, tu te encargas de invitarles y yo de encontrar el sitio.
— ¿Mmm…? Una fuga. ¡Interesante! Echo.
— Dos horas después me pidió la llave y el favor de borrarles de la lista - terminó el rubio removiendo aquel plástico por cuchara del café.
— ¿Eso es todo? - preguntó el alemán, irritado por seguir con lo mismo.
— ¡Señor! Una llamada desde el hospital. Lovina ya ha sido dada de alta y se dirige a su casa, pero ha pedido ver el bunque.
El rubio acusado observó con interés al joven intruso, antes de escuchar que iba a ser encerrado hasta llegar al fondo de todo. Dos horas mas tarde, fue soltado en libertad.
Al fin estaba en su casa, podía vestir lo que a ella se le antojara y comer lo mismo, por lo que nada mas su madre se despidió de ella por tener que ir a trabajar se fue directa a la cocina, cogiendo algunas galletas como picoteo para irse a su habitación, tirarse en la cama de cualquier manera y revisar algunas revistas viejas. Nada mas leyó un par de páginas antes de arrojar todas las revistas al suelo, comerse una de las galletas e irse al armario.
La realidad también puede ser acallada.
Algo llamó su atención, se había escuchado como el romper de un cristal. Tras cambiarse la camisa por una negra ceñida bajó las escaleras para encontrarse con los cristales de la cocina rotos. Se alarmó y lo primero que hizo fue correr al cajón a por un cuchillo.
— ¡Tu! ¡¿Por qué le haces eso al gran yo? - un rubio histérico se lanzo sobre la joven, rodeándole el cuello como si intentara ahogarla.
— ¡Ngh! ¡N-no se… no se de que me hablas! - intentó soltarse, sentía la respiración cortada debido a aquel brazo rodearle.
— Me has jodido la vida - susurró soltándola, viéndola con pequeñas lágrimas sobresalir de sus ojos.
Tenía miedo. Ser asaltada en tu propia casa por alguien histérico no es muy confiable precisamente, por lo que al sentir que le soltaba se apartó rápidamente. Al ver como de nuevo amenazaba con estrangularla le amenazó con el cuchillo y salió corriendo por la puerta rota, lanzando el objeto al jardín y no tener esa molestia en manos. Era consciente de lo que el otro venía buscando, Gilbert era consciente de que a Lovina no le faltaba ningún tornillo -como todos pensaban- y que le había inculpado expresamente. Corrieron por largo rato, era lo malo de vivir apartado de la sociedad, lo único que pasaba por la cabeza del rubio era asustar a la italiana y que dijera la verdad, saliendo inmune de aquella falsa acusación, pero la joven pensaba que quería matarla, de ahí que sus pies corrieran todo lo posible hasta que sus piernas decayeron en medio un pequeño puente.
— ¡No me hagas daño, Gilbert! - gritó al verle a escasos metros de ella. - En serio, ¡no se de que narices me hablas!
— Lo sabes bien, culpaste al gran yo de la muerte de todos tus amiguitos putos.
" Amiguitos putos… "; frunció el gesto y se levantó arrojándose con toda su furia hacia aquel con título de amigo. Se había vuelto una batalla incontrolable entre ambos, buscaban la caída del otro fuera cual fuera el método, hasta que las manos de la italiana rodearon el frágil cuello del mayor, apretándolo tan fuerte como sus fuerzas le permitieron. Por mas que el chico intentaba soltarse, la necesidad del aire poco a poco aflacaba sus fuerzas, todo empezaba ha hacerse borroso, los sonidos de la naturaleza ha hacerse un eco profundo hasta que al final todo se volvió silencioso.
— Tu… nunca me delatarás, Gilbert.
Quizá no escuchaba, pero si había podido leer el movimiento de sus labios. Sus orbes se ensancharon, había sido aposta todo. La italiana al ver su reacción sonrió ladino y ante aquel rostro morado y la escasez por intentar soltarse se inclinó para susurrarle al oído.
— Adiós, mi querido mejor amigo. Fue un gran honor tener la ayuda del grandioso tu…
Según se fue incorporando fue soltando el agarre, provocando que el aire impactara de lleno con el chico, el cual no pudo mas que toser intentando recuperar todo el aliento antes de sentir un empujón y como en cuestión de segundos su cuerpo impactaba de lleno contra el agua. Poco a poco sus pulmones se llenaron de agua, no podía simplemente no respirar, la falta de aire anterior le había impedido poder dejar de toser y ahora… su cuerpo era empujado por millones de agujas que a la vez se clavaban en su cuerpo. El agua bajaba con furia aquella zona y la falta de calor por ser invierno impidieron movimiento alguno por su parte; y así la verdad fue acallada.
Como si no hubiera pasado nada regresó a su casa, recogiendo el desastre que se había montado con el forcejeo anterior hasta que su madre regresó. En segundos sus ojos se inundaron de lágrimas y corrió a abrazarse a su madre. Había sido atacada por su mejor amigo y su madre lo notificó.
Cinco horas después el cuerpo pálido de Gilbert fue encontrado río abajo, sin vida y con la llave del bunque en el bolsillo. El culpable había muerto y la prueba refutable se encontraba en su ropa…
¿Caso cerrado?
— Me gustaría ver el agujero - comentó dos días después del suceso una italiana parada en comisaría.
— No creo que sea buena idea, Lovina - respondió la mujer encargada de Lovina los días anteriores.
— Hhe dicho que quiero verlo, ¡ahora!
— Está bien, llévala. Ya está casi limpio el lugar, pero será mejor que vaya su anterior médico con vosotras por si acaso - un Ludwig entrometido hizo aparición, entregándole las llaves de su coche a su compañera. - Quizá allí dentro sus ideas se aclaren.
Aquello último no fue escuchado por la joven italiana, pues había salido corriendo hacia el aparcamiento de la comisaría. La detective tan solo suspiró resignada, pensaba que ya habría acabado con todo aquello al encontrar el culpable, pero el rubio alemán parecía querer saber que les ocurrió a los demás, como si no se creyera lo que decía el forense.
El camino fue silencioso, Lovina observaba el camino como una niña pequeña que es llevada a un parque de atracciones por primera vez, aunque el camino era tan simple como si fuera hacia la academia en la que había estado encerrada tanto tiempo. Al llegar bajó del coche de un salto, pero al ver la entrada al bunque lleno de policías o incluso personal del ejercito la intimidó de tal forma que estuvo por salir corriendo de no haber sido porque la detective apareció por detrás, tomándola de los hombros.
— Si no quieres entrar podemos irnos.
— Quiero entrar - su tono no pareció muy convencido.
Las miradas recayeron en su persona según avanzaban hacia la entrada, algunas acusadoras, otras simplemente de lástima. La escalera que ella recordaba había sido sustituida por una de madera mas estable, y el interior estaba mucho mas iluminado de lo que recordaba. Entonces en su mente impactaron risas que reconoció rápidamente, gemidos y por último gritos que no podía entender. Sacudió la cabeza y bajó las escaleras bajo la atenta mirada de los que la supervisaban, entre ellos el rubio alemán que acababa de llegar con el médico que había estado a cargo de la joven en el hospital.
— Todo es… tan diferente a como lo recordaba.
— La mayoría de los objetos que quedaron están en comisaría como pruebas, lo que queda son solo equipos para saber que fue lo que pasó entre vosotros aquí dentro - respondió calmado el alemán.
— ¿Lo que pasó? Ya lo conté.
— … Como sea. Debemos corroborar tus palabras.
Pasaron los minutos, la italiana observaba todo, se adentraba por los diferentes rincones hasta que se paró en una enorme mancha de sangre en el suelo. Se quedó viéndola, en completo silencio hasta que una voz llamó su atención, se giró para encarar a su locutora, parecían que estaban solas.
— ¿Sabe? Antonio besaba como los dioses.
Ante la cara perpleja de la mujer rió por lo bajo, iniciando un paso lento entre las maderas que sostenían el techo del lugar.
La belga entraba con aires de superioridad en el cambiador del equipo de futbol, pasando entre los cuerpos desnudos de los jugadores que ya habían tomado una ducha, hasta que al fin se adentró a las duchas donde se encontraban Derk y Antonio, hablando de a saber que. El español, al verla, sonrió ladino y salió con toda la calma del lugar, dejando a su amigo y la belga a solas.
— Quería hablar con los dos, pero me conformaré con hablar contigo.
— Vaya, ¡¿qué modales son esos? Me estoy duchando - a pesar de intentar sonar a reproche sus labios se habían torcido en una sonrisa lasciva. - ¿Qué se te ofrece, encanto?
— El día de la excursión Lovina y yo montaremos una fiesta, y quiero que vengáis tu y Antonio.
— ¿Quiénes irán?
— Solos… los cuatro.
Derk se relamió el labio ante aquella tentadora oferta, acercándose peligrosamente a la rubia.
— Cuenta con nosotros.
Freya dejó que se acercara, pasando el índice por el bien formado pecho del otro. Al notar aquella pequeña caricia Derk extendió la mano para manosear con todo descaro la zona baja de la belga.
— ¡Oye! Guarda para esa noche, lobo.
Y así, tras señalar el miembro semi despierto del holandés se dio media vuelta para irse por donde vino.
El día había llegado, Lovina había llevado mas cargamento del necesario ganándose la burla de los dos chicos. Tras fulminarlos con la mirada abrió el bunque con la llave que le había dado Gilbert. Las primeras horas pasaron lentas, cada cual preparaba su rincón para dormir y la italiana se distraía a ratos en ver como el español acababa golpeándose en juego con su amigo por algún que otro comentario indebido.
— ¡Esta noche no va a dormir nadie! - la noche había llegado, y el holandés había preparado un pequeño carro con ruedas que encontró en el lugar con todo tipo de bebidas alcohólicas, desde las mas suaves hasta las mas fuertes.
Para esa noche, el holandés había decidido vestirse con una simple camisa blanca con rallas negras y unos tejanos algo ceñidos y desgastados, a diferencia de su amigo que vestía una camiseta ajustada color blanco bajo un chaleco negro, con unos tejanos iguales que su amigo a diferencia que eran piratas. Las chicas habían optado por algo mas provocativo; Freya vestía unos pantalones negros de cintura baja y ajustados, enseñando las tirillas de un tanga rojo, y un top de lentejuelas morado y espalda abierta, Lovina unos shorts rojos y una camisetilla de manga corta que tapaba hasta bajo el pecho color blanca, formando así los colores de su bandera junto a su turbante verde.
El español se acercó al altillo en el que estaban bailando las chicas demasiado pegadas, extendiéndoles una pequeña bolsa y la italiana se agachó para tomarla. Al incorporarse la belga le arrebató la bolsa y al abrirla exclamó alzando la diestra.
— ¡Esto si va a ser una buena fiesta!
Curiosa, la italiana observó que había en su interior. A primera vista parecían simplemente cigarrillos liados, pero cuando Freya sacó uno y lo prendió el olor delató cual era el añadido; marihuana, o cannabis. Hizo un gesto de desagrado, beber y fumar cigarrillos todo lo que quisiera, ahora, drogarse… no lo había echo nunca. Si en algún momento había llamado la atención del español gracias al atuendo lo perdió ante aquel gesto, dato que no pasó desapercibido por la belga. Sin venir a cuento, Freya tomó de la cintura a la italiana con la mano libre, dio una calada y sin mas la besó, soltando todo el humo en el interior de aquella boca italiana, que algo dudosa lo aspiró para repetir el mismo proceso hasta que en ambas faltó el aire. Al separarse, ambas bajaron la mirada hacia los chicos… estaban con los ojos abiertos de par en par, el español incluso tenía la boca semiabierta de la impresión mientras que Derk simplemente dejó caer cómicamente la lata de cerveza que llevaba en la mano. Tardaron algunos segundos en reaccionar, y al hacerlo el holandés silbó emocionado mientras que el castaño tan solo agitó la mano gritando un "¡yo también quiero!".
La noche pasó como una tranquila fiesta, las chicas bailaban cada vez mas pegadas para deleite de los chicos, mientras que estos seguían bebiendo sin moderación hasta que el rubio al intentar acercarse a las chicas acabó tropezándose consigo mismo y cayó al suelo.
— ¡Se ajabó er meber! - replicó desde el suelo, escuchando las carcajadas de los otros tres.
Ese había sido el acto que había dado como final a la bebida… claro, solo a la bebida, porque al lograr incorporarse se acercó a la belga arrebatándosela a su amiga y así bailar con ella, mientras que esta le ofrecía de rato en rato nuevas caladas al cilindro. Al sentirse sola, Lovina desvió la mirada hacia el español, quien tan solo se hizo el loco dejando su vaso a medio beber a un lado para ir a por la bolsa en la que aún quedaban varios "canutos".
Poco a poco Derk se fue llevando a la belga al rincón en el que había montado una improvisada cama, el cual no era mas que unas maderas utilizadas antaño para una litera sostenidas de la pared por cadenas. Al llegar allí la empujó algo brusco para que cayera sobre la madera, acto que llamó la atención tanto de Lovina como de Antonio. Entre risas, la rubia se dejó hacer, permitiendo así al holandés tocar a su antojo su delgado cuerpo y sin darse cuenta tenía un español que quería unirse a esa fiesta, acabando con el español por el extremo superior y el holandés por el inferior. Antonio, al no ver que la belga se quejara de su presencia extendió las manos para subir aquella tela que impedía acceder por completo a su pecho, teniendo la ayuda de la rubia que se incorporó.
Parecía que aquel trío se había olvidado de la cuarta presencia, que lentamente la diversión incluso por el simple respirar de cualquiera se fuera tornando en una incontrolable furia. Solo le bastó ver como su amiga se dejaba desnudar lentamente por aquellos dos hambrientos lobos para que se le encendiera la mecha y pronto estallara. A paso rápido se acercó al español, lo cogió con fuerza del pelo y lo levantó rápidamente, para golpearlo contra la pared sin pudor alguno. El español no se conformó con gruñir al sentir el tirón, sino que al sentir el golpe gritó adolorido y se dejó caer sentado al suelo, sobándose la cabeza. Su amigo parpadeó algo confuso, pero al momento soltó una larga carcajada, acompañado por la rubia que además aplaudía.
— ¡Eres un maldito cabronazo! - replicó la italiana, apunto de estallar a llorar por la rabia.
— Parece que alguien está celosa… jaja - se hartó el holandés de ambos, escondiendo el rostro en el pecho de la belga, que aún seguía animando a la italiana.
— ¡¿Pero a ti que coño te pasa? ¡Estás mal de la cabeza, joder! - Antonio, al apartar la mano del golpe pudo ver que le había echo una herida ya que tenía la mano manchada de sangre. - Como una puta cabra…
La fiesta terminó. Minutos después la belga se quitó de bajo Derk para irse a cambiar por el pijama, el "subidón" empezaba ha hacer su descenso y quedaba claro que en su amigo provocaba muy mal genio. Fastidiado, Derk tan solo se deshizo de la ropa, quedando en ropa interior para meterse bajo las sábanas a dormir. El español seguía cabreado por lo que sin medir palabra con nadie cruzó el amplio lugar para darse un paseo, rechistando por lo bajo, para calmarse un rato; al hacerlo se fue a su cama mal montada sin quitarse ni siquiera los zapatos.
— Vaya mierda de fiesta… - comentó lo suficientemente alto como para ser escuchado por el español mientras se iba a su rincón.
— Es tu jodida culpa - respondió, aún sobándose la herida. - Que mala ostia…
— Si es que Antonio, ¡no te das ni cuenta, tío! - el comentario del español fue escuchado por la mas lejana, Freya, que no tardó en defender a su amiga.
— Español tenía que ser - añadió un ya adormilado Derk.
— ¡¿Queréis callaros?
La noche parecía que había llegado a su fin para los cuatro, parecía… ya que cuando todas las luces se apagaron se escucharon pasos que se acercaban hacia la puerta del bunque.
Bueno... eh... ¡no me maten! Los que hayan visto la película se habrán dado cuenta que he cambiado algunas escenas ( no la he seguido al pie de la letra ), como la de la fiesta... he omitido la cocaína o lo que sea que se metan los personajes de la peli. Ya bastante me costó imaginarme a un Antonio o a Bélgica fumando canutos como locos como para encima acabar como unos yonkis.
LovinaxTonio95: De nada xD bueno, aquí se puede ver que no, no la dijo...
Sppirit: Vale, entonces me guardo las galletas para comerlas con los chocolates xD me diste la merienda de la semana por seguir la historia (?)
MinnieLuna: Ooh! Ya. Bueno, como dije no la estoy siguiendo al pie de la letra... hace mucho que la vi y pues no recuerdo la mayoría de las escenas pequeñas, sin relevancia vamos, y otros datos que cambié.
