NOCHE ESTRÉS: "Señales de un Crudo Mañana"

"Te amo..."

"Yo también te amo..., Zero..."

"Por favor..., no me abandones... Eres lo único que necesito para estar bien... Por favor, entiéndelo..."

"Descuida... Yo siento lo mismo... Así que lo entiendo muy bien..."

"Eres mi última esperanza para ser feliz... Quiero que estemos juntos..."

"Yo también... Yo también, Zero... De verdad"

Parecía una broma pesada del destino... Kira veía a Zero como un hermano; nada más ni nada menos que eso. La angustia y la desesperación del joven lindaban con el caos absoluto de su persona. La noche anterior, cuando oyó esas dos palabras provenir de la boca de su amada, no pudo hacer más que huir inmediatamente.

"Hermano-Zero"

¿Acaso Dios estaba enfadado con él? Porque se podría deducir que sí... A un ritmo variado, tomando altas velocidades y con mucha lentitud a veces, el cazador fue cayendo en una espiral de desconsuelo que auguraba peores desastres para los próximos días. Lo que soñó al dormirse presionó en el punto de su congoja y ni en ese momento tuvo paz. Lloró tanto por eso, que si no fuera por la sangre de vampiro que fluía por su cuerpo reforzando su metabolismo, sería esperable que finalmente fuera aquejado por alguna enfermedad derivada de la depresión...

"¿Por qué...? ¿Por qué merezco esto...? ¿Por qué no puedo ser feliz...?"

Algo suave tocaba su piel de caballero. Alguien canturreaba. ¿Ya era hora de despertarse? El sol también entraba por la ventana, irrumpiendo en las sombras que eran más reconfortantes. Pero, ¿por qué demonios ha entrado el sol? Un vampiro se irrita con la luz del sol. Que el sol se vaya.

-Ya es de día... –Zero masculló en su cama, inmóvil y con los ojos cerrados.

Entonces, una voz pequeña y alegre, aunque teñida con algo de curiosidad:

-¡Do!

"No... La Kira extraña está aquí otra vez... Que vuelva la otra..., la que conozco..."

-¡Zeroooo! ¡Do-do!

-Shh...

-¡Do...!

-¿K-Ki...?

Con dificultad, abrió sus ojos lilas y se deleitó en la imagen de esa chica, sentada en el borde de su cama. Estaba examinando la mano del varón y comparándola con la propia.

-Kira...

-¡Do! ¡Hermano-Zero!

Otra vez... Era un estacazo directo a su corazón...

Con ganas de llorar, le dijo:

-Y-Yo no soy tu hermano..., Kira... Soy tu... amigo...

-¿Do? –se intrigó por un momento, pero sólo por un instante, para reconfirmar: -¡Do!

Él cerró los ojos con fuerza otra vez, ahora retirando un poco la cara, como escapando de la situación. Liberó un suave quejido de ruina y ella siguió mirando las dos manos.

-Do... Mmm... Nopo.

-¿Qué? –espetó el hidalgo, con el ceño fruncido y aún sin querer verla.

-Nopo... ¡Zero! ¡Do-do! –exclamó al final, señalando la palma de ella y la de él. En la mano de la mujer había una cicatriz de una incisión larga, mientras que en la mano de Zero no había nada.

-¿Qué tienen nuestras manos? –preguntó, ahora sí viéndola un poco.

-Nopo... –explicó la amnésica.

Kiryuu se incorporó apoyándose con los codos y prestó mejor atención. Era clarísimo: Kira buscaba que Zero tuviese la misma marca que ella, respetándose así una memoria que yacía en lo profundo de la mente de esa dama...

"Cuando era pequeña y sufría de pesadillas, podía buscar a Itsuki en la noche y dormir a su lado. Era... mi ángel guardián... No obstante..., mis padres tuvieron sus malas épocas como matrimonio... La Asociación de Cazadores erosionaba mucho su relación, y una tarde en que pensamos que se separarían, mi hermano y yo nos escapamos... Hicimos un pacto para unirnos para siempre como cómplices; sin importar si nuestros padres se divorciaban, nosotros estaríamos juntos para siempre... Nos tajamos las manos y las unimos en una señal de un lazo de sangre... ¿Ves esta cicatriz, Zero? Así fue..."

-Yo no tengo esa marca, Kira... –Zero contestó inclemente-. Es de tu hermano, Itsuki...

-¿Do?

-Agh... Tu hermano, que no soy yo... Itsuki... ¿No lo recuerdas?

Sin más, ella frunció los labios al levantar las cejas y emitió, antes de levantarse de la cama:

-Do.

Al muchacho que lucía la muerte en la cara, le acercó un par de zapatos a los pies del lecho y lo incitó a levantarse para empezar el día. Sin embargo, aquél se negó y Kira estuvo obligada a esperar. Se sentó en el piso con las piernas cruzadas y se tomó los tobillos, con la mirada encastrada en la figura del chico que quiso morir en su cama.

Pero él la notó ahí abajo todavía. La miró por encima de su hombro y resopló, adolorido.

-"Si no fueras tan tierna, sería más fácil alejarme de ti cuando me haces daño..."

-Do, do, do, do, dooo... Do... –siguió entonando en voz baja la dulce mujer.

-Agh...

"Cállate... Déjame dormir..."

-¡Hermano-Zero!

-No soy tu hermano –espetó.

-Zero, Zero, Zero, Zeeeeeeeero. ¡Zero-Zero!

-Kira, no grites...

-Do...

Y otra memoria surcó la mente del hombre que se tapó la cara...

"¡Buenos días! ¡Estuve esperando que despertaras! ¿Cómo dormiste? ¡Dime si tuviste algún sueño interesante!"

"Kira..., ¿cómo tienes tanta energía a esta hora...?"

"¡Hoy es un día muy especial!"

"¿Qué tiene el día de hoy...?"

"Ah, Zero... Vamos, ponte una camisa y sal de la cama"

"Qué molesta eres..."

"¿Te puedo hacer una preguntita, Zero?"

"¿Qué...?"

"¿Te puedo dar un abrazo?"

"Agh... Bueno..."

"¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ZERO! ¡Ya tienes dieciocho años! ¡Felicidades!"

-Zero, Zero, Zeeero... Do... –susurró otra vez la doncella.

-"¿Por qué...?"

Era un desgarro constante en el alma del hidalgo de melena plateada.

Kira fue distraída por Chou, alegre como siempre, mientras el hombre huyó al baño, donde tomó una larga ducha. No aparentaba aguardarle nada bueno fuera de ese cuarto de colores fríos; el amor de su vida parecía hundirse más en la amnesia a cada momento. Libre de toda vestimenta, el caballero cuyo cuerpo delgado fue rodeado por el vapor caliente de la ducha, se apoyó contra el muro de baldosas celestes y perpetuó la sensación del agua cálida recorriendo su piel y jugando en el suelo contra sus pies. Suspiró con la vista cerrada en dirección al techo e hizo un gran esfuerzo por no llorar. Su desafío más duro era ése: no quebrarse, no llorar, aguantar cuanto fuera posible.

Pero, aguantar..., ¿hasta qué? La esperanza de que todo se resolviera menguaba precipitadamente...

Se atavió con su camisa de clases, el pantalón negro y los zapatos. Nada más. Ni corbata ni chaleco ni saco. Y antes de salir del baño al pasillo, tomó una profunda bocanada de aire... En alguna parte de su corazón, esos actos en que reunía valor para seguir moviéndose eran en pos de la verdadera Kira, la que había sido sepultada por Seta Houki aquella maldita noche. Como si esa chica estuviera muerta y Zero tomara fuerzas de serle leal al fantasma que lo estaría observando. Algo triste...

Iba a desayunar algo. Sin embargo, se retrajo cuando oyó la voz de Kira provenir de la cocina, a la par de la de la sirvienta Chou. Un poco preguntándose "¿qué estoy haciendo?" al detener sus pasos y retroceder, trotó aprisa... ¿A dónde...?, no sabía. Sólo sabía que por el momento no soportaba estar cerca de esa joven... Terminó refugiado en la torre más alta de la Academia, allí, donde había llevado a esa mujer en el día de su cumpleaños.

"Esto es... hermoso..."
"Qué bueno que te guste, Kira"

"Podría quedarme aquí todo el día... ¿Sabes?, cuando era una niña y las cosas andaban mal, solía buscar el cielo para volar hasta las nubes y ver el mundo en miniatura... porque de alguna manera sentía que así mis problemas también serían diminutos... Y aunque esa ilusión ya la superé, en mi interior, en una parte de mí, todavía quiero volar cuando estoy triste... Supongo que te suena como una cobardía, ¿no, Zero?
"Claro que no. Todos necesitan alejarse de sus conflictos. En gran medida, me parece que tu vía de escape es sana"

-"Tú también te escapas ahora, Zero..." –dijo una parte de él...

-¿Ichiru...? –Zero murmuró, contemplando las nubes ante sus ojos lilas, en los cuales aquellas se reflejaron.

-"¿Por qué te escapas? ¿Has tocado fondo? O, ¿no quieres luchar más? Pobrecillo hermano..."

Miró sus nudillos, expuestos hacia arriba mientras sus puños fueron el sostén de su torso sobre la baranda de la torre. Respiró tan suavemente, que no parecía hacerlo en verdad. Tragó saliva en el medio de su confusión, sin saber qué contestarse, y posteriormente cerró los ojos. El ceño, fruncido.

-¿Cómo puedes culparme por huir del dolor que persiste en atraparme?

-"¿Quién te culpa? Es sólo la verdad. Porque, ¿estás huyendo sí o no?"

La brisa recorrió el cabello de Zero, meciendo sus mechones plateados más largos... El sol apenas se asomaba entre las nubes densas.

-No puedo mantenerme íntegro todo el tiempo. No me juzgues por eso. Estoy haciendo lo que puedo...

-"Ya... Está bien. Te entiendo... Ojalá dejes de huir pronto, no obstante, pues es la peor solución... Siempre caerás al fin, si huyes. No hay forma de evitarlo, Zero"

Y luego de un silencio habitado únicamente por el aliento del cielo, el hombre suspiró de nuevo y se agarró la cara...

-Necesito bajar la guardia de vez en cuando... No sólo cuando duermo... Vivir delante de ella es una tortura. No puedo ser fuerte todo el tiempo... Por favor... No quiero pensar que soy débil porque me duele verla a los ojos y descubrir que no hay nada detrás de ellos más que vacío y un mundo donde no tengo un lugar. Tengo tanto miedo de vivir en este cuerpo y con esta realidad...

Sus puños hicieron fuerza... Su garganta se hizo un nudo.

-Estoy solo... Es lo que siento...

-"¿Desde cuándo crees algo tan desagradable?"

-No me di cuenta...

-"Pero qué trágico... Qué terrible es que pienses eso..."

-¿Acaso estás tú conmigo para salvarme de todo esto?

-"Yo no puedo salvarte, y lo sabes"

-Entonces estoy solo.

-"Creí que era claro lo contrario... Tienes a personas que te quieren..."

-Pero nadie puede salvarme... Estoy solo de cara al dolor... otra vez...

-"¿Es que hay alguien en el mundo que goza de estar acompañado en eso?"

-No lo sé...

-"La vida no siempre está libre de duelos. Te toca éste ahora. Pero está bien... No estés a la defensiva. Puedes quebrarte aquí"

-No.

-"Hazlo. Nadie te ve más que yo"

-No quiero que alguien me vea.

-"Quiébrate a voluntad, o te pudrirás espontáneamente desde adentro"

Una lágrima emergió del ojo derecho del varón. Los bordes de su mirada se volvieron colorados.

-Ichiru..., envidio tu situación...

El sol respiró con acritud detrás de los celajes.

"Oh, vaya... Será mejor que le pidas perdón a Kira por haber dicho eso..."

Los minutos pasaron hasta convertirse en una hora, y el cazador de vampiros no se marchó de la torre, alargando su mirada hasta el punto más lejano del horizonte que alcanzó a vislumbrar entre las copas de los árboles a la avanzada. Entonces, tal y como la Kira que él añoraba había dicho una vez, estaba deseando también ser un pájaro; ser un pájaro y volar lo más alto que le permitiese la atmósfera, la presión del aire contra sus alas, y vencer sus temores y problemas con la distancia y la protección del sol. Que todas las memorias que lo hacían pedazos se fueran de una vez y fueran destruidas. Que empezara todo de nuevo, con su madre, su padre, su hermano gemelo. Nada de Yuuki, Cross, vampiros, ni Kira...

"Kira..."

Que no hubiera dolor en la Tierra. Que todo fuera sereno...

"Ella te salvó una vez..."

Que Dios lo perdonara por sus errores y le diera otra oportunidad, en otro sitio.

"Y, ¿con este despecho te vas de ella?"

Que Dios fuera bueno... Que todos los vampiros muriesen.

"Ah... Ira..."

Y los brazos de la estrella madre en el firmamento se extendieron hasta tocar la frente del hombre. La tibieza de éstos le recordó cada contacto íntimo con esa mujer martirizante en el pasado. ¿Sería como...?

"No te rendirás aún, ¿o sí?"

-No... Todavía no.

-"¿Piensas hacerlo? Te ruego que lo reconsideres desde ya..."

Con sumo cuidado, pasó por la cocina y tomó una manzana, que fue su desayuno tardío, pues la hora del almuerzo se avecinaba. No había rastros de Kira Airen... Únicamente al escabullirse en dirección a su alcoba fue cuando se topó con Chigima, quien seguía haciendo uso de las muletas para mantenerse erguido. Éste, antes de hablarle, vio en la boca de Zero sus colmillos de vampiro asomando tras clavarse en la superficie ácida de la fruta que sostenía en su pálida mano. Relampagueó en él una sensación de recelo y rechazo al ver que detrás de su hermoso rostro humano, ese muchacho era una bestia potencialmente peligrosa.

-Zero... –dijo, en un tono ronco.

-Chigima..., buenos días –el chico titubeó. Pensó por un instante que, quizás, hablar ahí con ese hombre podría demorarlo en huir otra vez y podría atraer a Kira por otro lado.

-¿Estás bien?

-¿P-por qué preguntas...?

-No se te ve muy bien. Kira ha preguntado por ti y asimismo el director.

-Ah...

-¿Has estado a solas con tu conciencia un rato?

-Pues..., sí...

-Comprendo tu necesidad.

-Pero, ¿para qué quería verme Cross?

-Tienes que ponerte al tanto de lo que sucede con la sociedad vampírica.

-Ah... ¿Noticias...?

-Algo. Él quiere hablar contigo.

-E-Está bien...

-¿Necesitas ayuda para escapar de Kira por unas horas? –preguntó repentinamente, y en un acento de complicidad madura.

-¿E-Eh...?

-Veo que cuando ella se prende de ti y te sigue a todas partes, el que sufre eres tú. Zero, te reitero mi pregunta: ¿necesitas ayuda para escapar de ella?

-A-Ah... Chigima... Yo... No creo que hacer... –Reintegró su voz y adoptó un modo más serio de hablar: -No creo que hacer lo que yo estoy haciendo sea correcto...

-Por ende, no es correcto que yo te dé una mano, ¿verdad?

-Así es...

-Mmm... Me alegro de que al menos eso lo contemples bien. Significa que todavía estás lúcido, muchacho... –afirmó, avanzando a la sazón hacia la cocina. Cuando pasó por el lado del joven, éste no lo miró sino de reojo, y escuchó sus últimas palabras: -Kira está con Chou en tu habitación. Creo que intenta dejarte alguna sorpresa en relación con sus dibujos. Así que puedes ir a la oficina del director sin que te vean. Aprovecha ahora, diría yo.

Con un mudo agradecimiento, Kiryuu trotó hasta el despacho del dirigente del colegio y llamó. Fue invitado a pasar, y así lo hizo. Cerró la puerta detrás de él y se aproximó un par de pasos al escritorio.

-Zero, te había estado buscando.

-¿Para qué quería verme?

-¿Quieres sentarte? No te ves bien.

-No –contestó tajantemente, un poco harto de que prácticamente le dijeran eso todo el tiempo.

-Agh, está bien...

-No se explaye, por favor, que quiero irme.

-¿Prisa?

Irritado, el chico encogió los ojos lilas y tendió a darse media vuelta e irse. Kaien Cross, en cambio, se paró inmediatamente y extendió su mano solicitando su permanencia:

-¡No te vayas, espera! Zero, será sólo un momento.

-¿Qué quiere?

Tomando asiento en su silla, Cross cruzó las manos a la altura de su barbilla y habló:

-Zero, Yagari no pudo venir a anunciártelo él mismo: Kaname Kuran ha insistido en tener su reunión con la asociación de cazadores de inmediato. La fecha se concretó para dentro de tres días.

-¿Tres?

-Sí. Como notarás, su apremio puede ser sospechoso. Pero no te preocupes. Hemos decidido con Toga y los demás altos cazadores que en esta ocasión tú quedes a un lado de las negociaciones; dudo que te hagan algún bien o que tú puedas contribuir con algo positivo a la junta, ¿o me equivoco?

El joven asintió con un gemido aplacado y bajando la vista al suelo...

-Además de eso, Zero, la noche después de las negociaciones, la asociación y los vampiros estarán atendiendo a una fiesta juntos. –Zero gesticuló, exponiendo su repulsión. –Vampiros que tuvieron una posición de poder en la sociedad vampírica anterior estarán presentes y hemos puesto a cazadores de renombre a cargo de vigilar que no pase nada. De todas maneras, está claro que el propósito de esa reunión es que ambos bandos "socialicen" y quede reforzada la idea de que seguiremos trabajando juntos en paz... Al menos esa es la versión oficial de lo que será...

-No me extraña esa pantalla... Algo sucederá; estoy seguro.

-¿Así lo piensas?

-Organizado todo por Kuran, no hace falta tener una bola de cristal para ver que ocurrirán cosas inapropiadas para esa versión que entonó usted.

-Mmm... Ojalá estés equivocado, pues la realidad no parece ir a contradecirte... Es otra cosa que quería decirte... Zero, las cosas no están marchando muy bien. Allá afuera, los ataques de vampiros se han intensificado últimamente. Y sin un orden en la Asociación, nuestras fuerzas no están bien encauzadas. Hará falta cooperación de los más fuertes para revertir todo esto... o esperar que las negociaciones con los vampiros en tres días den sus frutos.

-Y, ¿para qué me dice esto último?

-Ah, pues... Como cazador, debes saberlo, ¿o no?

Una fina pared de silencio entre ellos detuvo la conversación una pizca...

-De hecho debo decirte, muchacho, que los cazadores están... un poco sorprendidos de que tú te encuentres ausente en todo esto. Pese a que yo intento protegerte de los ajetreos e incluso pese a que fuiste golpeado por los desórdenes, como el generado por Seta Houki, muchos creyeron que por una cuestión de venganza personal te inscribirías en esta cruzada por restaurar el orden. No pienso transmitirte todas las presiones que ellos manifiestan por ansiar tenerte con ellos, pero no me parece prudente guardar silencio tampoco... ¿Sabes que algún día tendrás que volver a cazar?

El joven lo miró mudo, resistiéndose a la idea de mantenerse cerca de las cosas que le hacían sufrir, como era el contacto con vampiros, fuera persiguiéndolos con un arma o no.

-Debes tener ganas de huir de tu deber... Ojalá finalmente te sirva para purgar tu odio en algún momento... O... equilibrar la sangre de vampiro que fluye por tu interior. ¿Cómo te sientes sobre eso?

-Y-Yo...

-Considerando que hace varios días que no bebes la sangre de Kira...

-Lo sé. –Se estaba poniendo tenso...

-¿Necesitas tabletas de sangre?

-P-Por ahora no...

-Y, ¿no estás reprimiendo nada...?

-Estoy bien.

Kiryuu no estaba dispuesto a abrirse. Más bien parecía querer dejar que las cosas lo atravesasen y rogar que no lo derribaran...

No se preocupó por almorzar. Peligrosamente, podría ser que cada vez le importara menos su subsistencia.

Continuó huyendo de Kira. Cautelosamente mantuvo un ojo en las esquinas de los pasillos y se alejó de todos cuanto pudo. Mientras los humanos tenían clases ordinarias, el único vampiro de todo el campus tomó asiento en el borde de uno de los balcones, a los lados de las aulas. Sus largas piernas colgaron hacia el vacío del exterior, y la irritante luz del día a mitad de recorrido lo acicaló con reflejos dorados sobre su melena blanca. Un suspiro mudo desbordó por entre sus labios delgados; los labios pálidos que habían besado con el más puro amor a la misma persona que lo hacía morir. Pensó en el anuncio que Kaien Cross había entonado, sobre que en algún momento tendría que volver a cazar vampiros. Esa sed de sangre, que en el enamoramiento había sido traducida en su adoración por el cuello y la esencia de Kira, en un punto de su enfermedad pujaba por tener en sus manos a una presa segura, un maldito chupa-sangre al cual destrozar. Pero al mismo tiempo, su corazón no hacía más que gritar suplicando tomar distancia de todo eso; del reinado de los vampiros, del estrés de la cacería, de la crueldad de las especies y el peligro.

Eso mantenía abierta la interrogante sobre su vida. Sus años estaban destinados desde niño a matar vampiros y defender a la humanidad. Si ese deber ya no era deseo de él, ¿qué le quedaba? ¿Vivir como un simple humano? Habría que empezar otra vez... Habría que escapar de la Asociación y de todo recuerdo de su vida como cazador. Entonces tendría que renunciar a todo lo que conocía...

Renunciar a...

"¿Mí...?"

...algo lo golpeó. Ya se había despedido de Yuuki Cross, meses atrás. Había digerido la muerte de Ichiru para seguir adelante, como pudiera... Había luchado por dejar atrás el sufrimiento de la muerte de sus padres... Pero, y, ¿Kira?

"Vas a renunciar a ella..."

-No quiero hacer eso... –Zero murmuró con dolor en el pecho.

No, no deseaba irse. No deseaba olvidarla y sepultar todo lo que había vivido a su lado. Sin embargo, con cada minuto transcurrido, era más complicado conservar la entereza. Una y otra vez, deleitaba sus ojos en un horizonte plagado de pesadillas y aflicción; un laberinto sin salida más que un final de cíclico malestar. ¿Sería presa de todo eso por ella, esperando algo, una paz mágica, que seguramente nunca vendría? O, ¿podría sobrevivir, haciéndose a un lado de las torturas?

Difícil decisión, la que debía tomar... Porque estar en el medio, sin concretar su camino...

-No podré jamás vivir como un humano normal, sin embargo... –dedujo después, en voz baja-. Porque esta sed de sangre volverá en cualquier minuto...

Tendría que acabar con su vida... por mano propia...

-No...

"No quiero nada de eso..."

Su suave voz viril resonó en el aire que oyó sus lamentos.

"Yo no quiero nada de eso para ti tampoco..., Zero"

Pero su corazón tembló, tras detenerse por unos instantes...

-Kira..., ¿estás muerta?

"El pasado reverbera en ti, Zero... No mueras en este dolor... Haz lo que te haga feliz..."

-¡No hables como si estuvieses muerta...! –el chico farfulló enfurecido, aplastándose la cara con los puños cerrados.

"Muerte... Qué es eso, me pregunto... No delires... La muerte sólo me alcanzará cuando también te alcance a ti..."

-Kira, me volveré loco... –susurró, llorando, tal y como la costumbre de cada uno de sus días...

"Y te rindas de verdad..."

-Si tan sólo pudiese yo haber sido quien perdió la memoria...

"No... No pienses así... Alguno de los dos debía salir ileso, sabes... Y tú eres más fuerte que yo..."

-Te equivocas...

"Shh... Eres fuerte, Zero... Más fuerte que cualquier otro humano en la Tierra... Más que cualquier vampiro o cazador..."

"Tú me hiciste fuerte..."

Dos almas hablaron, en lo que era una locura, una tristeza enfermiza, ¿un sueño?...

El pensamiento de Kiryuu se esfumó por un tiempo hiperbólico pero de prontos límites, cayendo en la realidad más doliente y mística.

Dos almas enamoradas hablaron en microsegundos.

Zero y Kira. Un hombre y una mujer.

"Tú me diste un verdadero motivo para vivir... ¡Ichiru nunca fue suficiente!"

"Vaya, qué duro... Ichiru se pondrá triste..."

"La última luz... ¡La única luz que había en mi camino eras tú! ¡No era nada hasta que llegaste!"

"Cállate, cállate... Exageras, como siempre, mi querido Zero..."

"Te amo... Y te perdí..."

"No, no... No digas eso... Aún no lo sabes... ¿Acaso has visto mi tumba?"

"Pero..."

"Eres un cazador. Resiste, Kiryuu..."

"No creo que pueda..."

"Sí puedes. Basta ya. No quiero preocuparme por ti"

"Es que te extraño tanto..."

"Estoy ahí... No he muerto"

"No, no estás aquí. Aquí hay una intrusa. Esa chica no sabe quién soy"

"Pues, muéstrale"

Una brisa fresca acarició la piel del varón, como un suave contacto y seductor, proveniente del cielo más angelical.

"No estás durando mucho, Zero... Aguanta, vamos..."

"Lo que me pides es terrible..."

"No... Lo que quieres hacer es terrible..."

"No puedo soportar el dolor..."

"Lo estás haciendo"

Abrió los ojos, y ante el movimiento de los párpados, cayeron lágrimas. Respiró entrecortadamente, inyectado con espasmos de congoja. En un relampagueo del tiempo, era Kira, tal vez, quien respondía a sus ideas desconsoladas. Muerta, no estaba, pero más o menos... Probablemente, cuando Zero quisiera bajar los brazos, esa fuerza en forma de fantasma lo levantaría de nuevo. Al menos, por ahora...

En silencio, terminó de descargar el peso de sus lagrimales y pasó los minutos atado a la soledad y al terror de no cumplir con los deseos de la voz que lo mantenía despierto...

-Kira...

Volvió a caminar al atardecer. Como una sombra gris, regresó más pálido que antes al interior del edificio donde vivía Cross, con las habitaciones de las personas que actualmente lo rodeaban. Y ya sin tomar precauciones a la hora de moverse, siguió el sendero de los pasillos alfombrados hasta su cuarto. Con un suave empujoncito, abrió la puerta hacia el interior de la recámara, y he ahí una bienvenida: la joven mujer amnésica dormía sentada en el suelo, descansando su cabecita sobre su cuaderno de hojas con dibujos. De lejos, éstos se veían más sofisticados que antes. A lo largo del colchón se desparramaban numerosos marcadores de colores, muchos más que los que tenía el día anterior.

El caballero se detuvo en el lugar y consideró la posibilidad de irse antes de despertarla. Después de haberla evadido toda la mañana y la tarde, ¿qué clase de reclamo emitiría ella hacia él cuando abriera los ojos azules?

Sin embargo, algo lo forzó a ingresar, y a sus espaldas cerró la puerta. Sumiso ante el sufrimiento, caminó lentamente hasta colocarse detrás de ella. Se encuclilló y recabó fuerzas antes de tocarle el hombro. Admiró, mientras aquella no despertó todavía, su cabellera negra, el perfume a jabón que respiraba cada una de sus puntas lisas. Y ese cuerpo tan delgado y frágil que él una vez había abrazado; varias veces. Recordó el día en que le había pedido, jaqueado por sus sentimientos en conflicto, que no lo abrazara más. Había sido aquella tarde en la fuente de agua, cuando Kira había sido elegida secretamente como la vocalista de la banda que tocaría en esa noche de gala por el aniversario del colegio.

-¿Cómo pude pedirte que no me abrazaras...? –murmuró, ahogado en las memorias.

Quiso perderse en el silencio de ese cuarto; cerrar las ventanas y guardar la oscuridad en ese santuario de paredes amargas. Miró el exterior a la sazón; el cielo se había tornado una mezcla de índigo con rosa, anunciando la caída del día.

-Viene la hora de los vampiros... –reconoció.

Y su mirada se deslizó unos centímetros más abajo, descendiendo hasta la mesita de luz. Ahí se presentaba la sorpresa de la que Chigima había hablado a la mañana. Era un dibujo en una hoja grande, con líneas de diversos matices. El hombre se irguió y se aproximó a dicho velador, vislumbrando a través de las delgadas lágrimas de su vista abatida el arte que la mujer había creado: era un típico dibujo infantil; Kira, en el medio, con su moño rojo en la cabeza, tomada de la mano por Zero, a su izquierda, seguido por "Papá-Cross". A su derecha la escoltaba por la mano Chou, continuada por "Papá-Chigima". Todos, sonrientes y enlazados por el mismo amor que ella reflejó con corazoncitos y estrellas multicolores. En el cielo que representó con nubes celestes sobre el papel blanco, había un sol sonriendo y muchos pajaritos con las alas extendidas.

Zero tomó en sus manos el dibujo y miró con aflicción el rostro que ella le había atribuido ahí: él sonreía también, como todos. Estaba feliz. Y notó el detalle con que Kira había pintado su pelo de color gris y sus ojos, de lila. De esa mujer, aunque fuera una desconocida por no ser la Kira de antes, emergía el cariño por él, probablemente anhelando verlo contento, y también un sumo interés, mas fuera confundiéndolo con su hermano. Kiryuu no pudo evitar fruncir los labios en su lucha por no detonar un llanto de conmoción...

Se volvió, entonces, hacia la cama y chocó; Kira lo estaba observando. En su cara dulce se contenía una sonrisa muy sutil.

-Hola... –la saludó, aún sosteniendo el dibujo.

Parpadeó con serenidad y un mayor gesto de felicidad, previo a decir:

-Do.

-Do... –contestó Zero, acongojado por tener que seguir ese ritmo cruel.

-Hermano-Zero.

Silencio... Frunció el entrecejo y retiró la mirada, atacado por ese término. No obstante, ella se paró, ignorando que la molestia del joven fuera por lo que había dicho. Se acercó a él, arraigando sin que se diera cuenta, un caos bajo la piel de Zero. Arrimó su mano y, rozando la hoja del dibujo con un dedito, le preguntó:

-¿Do?

-Sí, me gusta... Gracias...

-¿Do...? –inquirió con más acento, sugiriendo que quería una reconfirmación de la respuesta. Un "¿En serio te gusta?"

-Sí, Kira... Me gusta mucho... Te agradezco el esfuerzo que hiciste...

Entonó, entonces, una risa. Una risa clara, femenina y tal como las tantas risas que había emitido la Kira Airen de antes. El hombre se sonrojó al recordar cada episodio en que su novia había reído así...

-Conservas tu forma de reír... –le dijo, sin pensar, y ella calló.

-¿Do...?

Sin poder resistir, él extendió una mano hacia la joven, la mano derecha, y buscó su mejilla. Pero se detuvo a unos centímetros de su piel tersa; ella no se sonrojó cuando lo vio venir, aunque, de todos modos, la razón por la cual Zero se frenaba era porque probablemente ninguna caricia significaría para Kira lo que significaría para él. Hizo caer su brazo y la mano en el extremo, al igual que el gesto de su rostro. Cerró los ojos y tomó aire profundamente antes de preguntarle:

-¿Cómo estás, Kira?

-¡Do!

-¿Bien?

-¡Sí!

El cazador dejó el dibujo en la cama, un poco alejado del cuaderno de la chica, a fin de no confundirlo con las demás obras artísticas, y ella entendió algo nuevo. Lo tomó rápidamente de la mano y lo instó:

-¡Zero-Zero! ¡Do!

-¿Q-Qué...? ¿Qué pasa?

-¡Do, do...! –exclamó entusiasta mientras tiró de él hacia la puerta, la cual abrió con determinación. Lo llevó al pasillo y lo arrastró más.

-¿Adónde quieres ir?

-Do-Do.

Zero dudó. La chica estaba decidida.

Cuando pasaron por delante de una ventana y ella divisó la luz del exterior, alegremente se acercó y se dio a entender:

-¡Zero! ¡A-Ahí...!

Era tétrico oírla así de vez en cuando, avivándosele rincones de su cerebro lavado.

-¿A-Afuera...? –él buscó confirmar.

-¡Do!

Fue, más que nada por instinto, encontrando la vía al patio, aunque en el proceso Kiryuu prestó atención a que no hubiera alumnos de testigos en ese momento. Como era sabido, lo mejor era que Kira no fuera avistada por otros humanos.

El rocío apenas se posaba sobre el césped, creando un ligero campo de estrellas acuosas sobre la tierra verde. El último aliento del día eternizaba su vida luminosa en las gotitas que descendían del aire hasta descansar como en numerosas pestañas de pasto. Los pasos agitados de Kira, seguidos de los pies apremiados del cazador, hacían saltar el rocío hacia sus lados.

-¿Qué es lo que quieres? –preguntó él.

-¡D-Do!

Detuvo su marcha en el tumulto de árboles. A no mucha distancia se hallaba el establo de caballos, aunque no era visible aún. Algunos grillos anunciaban su andar entre la hierba, y la luz del atardecer se escurrió entre los troncos de esa arboleda. Era un rincón fresco, que respiraba oxígeno limpio y vitalidad natural. Y la chica soltó a su acompañante, admirando el tejado de hojas que tejían las ramas. Simplemente quería estar ahí y no sola. Zero la miró...

-¿Te... gusta aquí?

Ella soltó un pequeño gemidito con la boca cerrada, entretanto siguió analizando su rededor. No había jóvenes en las proximidades. A la sazón, el hombre tomó asiento en una roca.

-No podemos quedarnos mucho tiempo, pero te haré compañía.

Ella juntó tréboles y flores silvestres amarillas. Pasó el tiempo expandiendo su espíritu, sostenida por el silencio y la brisa... Los minutos pasaron, y el caballero no se fue.

-"Quisiera llevarte al establo otra vez..." –pensó Zero, embelesado en sus recuerdos-. "Quisiera que descansáramos en las pilas de heno y escucháramos la lluvia..., como el día en que te mordí y caíste en mis brazos a dormir... Quisiera presentarte a los caballos que fueron mis amigos... y que tú me respondas..."

Ella repitió por lo bajo su palabra especial, "do", como un canturreo suave, y siguió juntando flores sanas y hojas brillantes. Todo eso, sobre todo las flores, lo entregó ante Kiryuu, como una ofrenda de hermanos...

-A-Ah... ¿Es... para mí?

-¡Do! –contestó ella, arrodillada frente a él y extendiendo las manos cargadas de bellos brotes.

-B-Bueno..., gracias, Kira...

Zero tomó el obsequio y la dama se incorporó, yendo a seguir explorando de cerca los rasgos de la tierra.

-"Pero este regalo es de una 'hermana' a un 'hermano'" –caviló con dolor en el alma...

Más sobrevino la hora de la noche, más minutos se convirtieron en pasado.

Cuando se hizo tarde, el muchacho se puso de pie y dictaminó, avanzando hasta la mujer que se hallaba inspeccionando más césped adelante:

-Kira..., debemos irnos... Ya queda muy poca luz... Vamos adentro...

Pero ella no pareció escucharlo. Se colocó en cuclillas y le dio la espalda.

-¿Kira? ¿Oíste? Vamos... Ven conmigo a la casa... –dijo, alargando su mano para apoyarla en la espalda de la joven.

Cuando ella respondió, mirándolo por encima de su hombro, Zero fue capaz de atisbar lo que la retenía ahí: con sus manos rodeaba un sapo; uno gordo pero manso, con algunas arruguitas negras. Tal parecía que Kira lo sostenía allí para verlo de cerca y saciar su curiosidad. Sin embargo, el joven reaccionó inmediatamente...

-¡No! ¡¿Qué haces? ¡Suéltalo! ¡Suéltalo ya! –gritó, a la fuerza retirándole las manos de la criatura.

-¡¿Z-Ze...? –balbuceó, intimidada.

Él la separó del animal que se fue saltando. Le sostuvo las manos y ella las quiso liberar, desconfiando.

-¡Kira, tú odias a ese animal! ¡Es desagradable! –le ordenó, cerca de la cara-. ¡Tienes que tenerle miedo!

Pero en la mirada de la chica había miedo y confusión. No rayó el llanto, mas en su interior hubo pena y dudas sin resolver.

Zero respiró más tranquilo, soltando con lamentación las manitos suaves de su amada... Vio el contraste brutal: la Kira de antes, que se aterraba por los sapos, y la nueva, que era capaz de tocarlos. Le pareció una prueba de lo prácticamente imposible que sería traer de vuelta a la mujer que amaba.

-"Cómo puedes hacer cosas como ésta..."

Luego de unos momentos de silencio, el caballero llevó a la amnésica de regreso a la casa, sin que nadie los viera en el camino. La dejó en el comedor, donde Chou sirvió bocadillos tardíos de merienda, pero él no se quedó ni un minuto. Y sin que Kira lo llamara para mantenerlo a su lado, Zero se marchó rápidamente.

Luego de otro día de pesar, sólo quería aislarse bajo la luna. Retornó al mismo balcón donde se había sentado durante el mediodía y la tarde, y perpetuó en mutismo puro otro rato amargo.

"¿Te enojas con ella?"

Resonó la voz de la mujer que lo miraba desde el olvido.

"No me vayas a decir que no debo..."

"Entonces sí, te enojas con ella. Qué injusto eres. No se da cuenta"

"Debería darse cuenta e irse..."

"¿Por qué eres tan inclemente? Ella no pidió estar aquí. Fue un accidente"

"Seta Houki..."

"Sí, lo sé... Ya lo has dicho y lo has pensado: tu vida, arruinada nuevamente por un chupa-sangre"

"No hay vuelta atrás... No hay corrección"

"¿Dices que no puedo volver?"

"¿Kira...?"

"¿A quién le hablas? ¿No es que me das por muerta ya?"

"Eres mi mente..."

"Y algo más"

Silencio... Dolor.

"¿Y...? ¿Qué sucede?"

"No puedo verla a los ojos..."

"Malvado..."

"Es tan distinta... No puedo..."

"Oh, Zero, en verdad..., ¿la odias?"

"N-No..."

"No quieres estar con ella. ¿Es definitivo?"

"No lo sé..."

"¡No la culpes!"

"Te amo a ti... Ella no me ama a mí..."

"Zero..."

Sus ojos de vampiro variaron entre el lila natural y el rojo mientras la luz lunar lo peinó. Y justamente fue entonces cuando uno de sus sentidos comenzó a moverse. Estiró un brazo e hizo que la manga de su camisa se corriese lo suficiente, exponiendo su muñeca. Miró su propia piel y acercó los dientes a su antebrazo. Lamió la parte anterior a su mano, por donde pasaban las venas más comprometidas, y enterró los colmillos. Un hilo de sangre oscura descendió hasta el borde de su mano y cayó a los árboles debajo del balcón...

"Tienes hambre, mi bello vampiro..."

Bebió de su propia esencia, calmando relativamente una sed que hasta ahora no aparentaba tener relevancia.

"¿Es esto una clase de hambre como por aburrimiento?"

Un poco jadeante y con un gesto de extenuación molesta, contestó a su conciencia:

-Cállate...

La interrupción a ello llegó con otro ser. Abajo, algo se movía. Entre las hierbas, alguien caminó. Kiryuu lo distinguió perfectamente y se armó, aunque careciera de su revólver Eclipse. En su mirada vampírica se reflejó el odio y una profunda obsesión por matar...

Saltó y aterrizó entre los árboles, tenso y preparado para destruir a su blanco. La oscuridad lo rodeó, pero quien exhalaba más peligro era él... Aguardó y un par de ojos escarlatas se encendió.

-Sabía que estabas aquí, basura... –dijo Zero en un tono que seduciría a su peor enemiga.

Un Nivel E resopló con una garganta que expelía desesperantes deseos sangrientos.

-Estás en territorio humano, bestia.

Sin embargo, el animal asesino no entendía los códigos de la comunicación y se lanzó a un ataque directo, que Zero esquivó sin sudar, en una sola maniobra. Casi como provocar a un toro con una prenda roja, dicho joven lo volvió a esperar, buscando que el Nivel E se sulfurara y resultara aún más divertido matarlo. Entonando un grito agudo, embistió por el aire hacia Kiryuu y trató de proveerle un golpe limpio, mas el otro lo repelió de una patada directa al estómago. Jugando con ese monstruo, lo mantuvo en el piso, haciéndolo rodar con otra patada más, y lo acosó.

-¿Realmente crees que puedes entrar aquí...? –le dijo en un tono de burla, aún picándolo con el pie- ¿...y hacer lo que quieras?

Cuando le dio margen a que se parara de nuevo, ese Nivel E rugió de furia y extendió las garras, ansioso por aniquilar al atractivo guardián de la Academia. A la sazón, éste asió su revólver negro y dorado Eclipse (que guardaba entre su cinturón y su espalda) y apuntó. Le detonó en el hombro, haciéndolo caer otra vez. Allí lo obligó a oírlo injuriarlo más:

-Ustedes, alimañas, deben morir...

Le pateó la cara y el vampiro quiso levantarse. Zero le disparó en la pierna.

"No quiero verte odiar así..."

-¿Por qué demonios no desaparecen y ya...?

Se echó para atrás, permitiéndole al chupa-sangre ponerse de pie. Aún, su hermoso rostro pálido despidió un gesto de odio profundo y tiranía salvaje... El Nivel E lo miró con hambre y aulló de nuevo, hasta el siguiente suceso: Un tiro más. No obstante, ese fogonazo detonado no fue del Eclipse de Zero, sino proveniente de otro arma, una pistola plateada. Los ojos iracundos de Kiryuu se deslizaron por detrás del vampiro herido y divisaron a Chigima, sosteniéndose con sus muletas pero aún apuntando con un revólver al monstruo que cayó de rodillas y agonizó.

-Chigima...

-¿Así que ahora juegas con tus presas? –le preguntó el guardián de ojos naranjas, y le disparó al vampiro en la cara, brindándole un pasaje de ida al inframundo. Su cuerpo se deshizo en parpadeos y sólo quedaron Zero y Chigima enfrentados en las sombras... –Pensé que por tu odio visceral a los vampiros, matarías rápidamente, pero jugaste con él... Un gato y un ratón.

-No me compares. Sabes que-

-No tengo idea de qué te hace tan distinto de los demás. ¿Acaso es justificativo lo que te pasó con Kira para que ahora disfrutes de ver agonizar vampiros antes de matarlos?

La voz del guardián era rigurosa...

-Tú no entiendes.

-No, sí entiendo. Entiendo que estás pegando contra las banquinas.

El chico guardó su revólver negro y caminó en dirección al hidalgo, pasándole por el lado mientras anunció:

-Voy a informar esto a Cross.

Pero aquel caballero tuvo la última palabra, y al son de los pasos ejecutados por Zero al alejarse entre los árboles oscurecidos, exclamó:

-¡Kira no perdonaría que seas esto!

Penetró directamente en la oficina del Director, quien tuvo la iniciativa para hablar, desde atrás de su escritorio:

-Ha ocurrido algo. Oí disparos.

-Era un Nivel E –aseveró el varón de pelo gris.

-Lo mataste.

-Chigima estuvo ahí. No sé si habrá más vampiros.

-Mmm... La Asociación no me había advertido nada sobre que podrían atacarnos ahora otra vez...

-Creo que será frecuente encontrar alguno por acá. Patrullaré mejor al anochecer.

-Está bien, está bien... Tú, ¿te sientes bien?

-Sí.

-¿Qué le pasó a tu muñeca? –inquirió, notando una sombra rojiza y unas leves marquitas en la piel de Zero cercana a su mano.

-Nada. Los alumnos están en sus alcobas, de modo que patrullar lo que queda de la noche no será tan difícil.

-Pero, Zero... Escucha.

-Tengo que volver. No es que sea devoto por ese trabajo, pero...

-¿Es tu trabajo?

-Es algo que tengo que hacer, ¿no? –dijo ásperamente, girando sobre sí ya para marcharse. Cross deseaba hablar...

-Muchacho, quiero decirte un par de cosas.

-No me hables de noche; esos malditos animales están merodeando.

Dio dos pasos hacia la salida, aún sin permitirle a Cross expresarse bien, y, tras una pausa muda, dio una última orden por encima de su hombro, sin mostrar los ojos cansados y siendo tajante en sus palabras agrias:

-Sobre lo de Ichiru, quiero que te lo lleves al cementerio, con mis padres.