Capítulo 4.

Luego de darle una lección a ese montón de ebrios, Gabrielle noto como la enorme morena de ojos azules la miraba perdidamente, parecía que se había quedado congelada viéndola.

No estaba segura si la chica estaba en shock o solo fingía parecer tonta, probablemente era la primera, debido a como vestía, su capa de cuero oscura cubriendo su uniforme y sus enormes botas de montar, sin duda era una guerrera. No serlo sería un desperdicio con el enorme tamaño de la mujer, sus brazos eran musculosos pero sin dejar de ser femeninos y esos brillantes ojos no dejaban de seguirla.

Luego escucho un murmullo salir de su boca, "Ella es ambrosía", que clase de alago era ese, parecía que la morena solo estaba pensando en voz alta, así que tenía que hacer algo, lo mejor sería retirarse pronto.

-Por favor no te vayas, le hablo la morena. - Eso que hiciste fue impresionante, ¿cómo lo aprendiste?

-Lo siento, pero no es una buena noche para hablar con extraños. Respondió Gabrielle.

-Mi nonbre es X... Cyane, si ese es mi nombre y estoy de paso por la ciudad, ¿puedo saber cual es tu nombre?

-Soy Afrodita la diosa del amor, así que dejame en paz.

-No te pareces en nada a Afrodita eso te lo puedo asegurar.

Gabrielle se sentía muy confundida por esa mujer, había usado el nombre de la amazona más prominente de la historia, algo que muy pocos sabían y luego hablaba de los dioses como si los conociera, quizás solo era una coincidencia, pero debido a su situación prefirió asegurarse de que esa mujer no buscaba unirse a la amazonas o peor pelear contra ellas.

-¿De donde eres Cyane?, interrumpió la rubia.

-Nací en Amphipolis, pero ahora le pertenezco al mundo.

-Estas muy lejos de tu ciudad natal o del resto del mundo. Esta tierra está en disputa por las amazonas y el Conquistador de Naciones.

-Escuche sobre el, es todo un idiota. Río en respuesta la morena.

Y con esa sonrisa tan tonta que traía Xena invitó a Gabrielle, a sentarse con ella, lo cual la rubia aceptó con pocas ganas. El tabernero sirvió vino para ambas, uno costoso que nadie pedía por lo elitista que era.

-¿No cree señorita Cyane que esta pretendiendo demasiado? Murmuró Gabrielle.

-¿Sabe usted Afrodita cuáles son mis pretenciones?, respondió la morena.

-Imagino que ha venido aquí buscando pleito. Aún no estoy segura si viene en busca de aventura o dinero, pero no es buen lugar, ni buen momento, dentro de poco aquí solo abra sangre.

-Dinero me sobra y la aventura es algo que me sigue a todos lados. Solo vine aquí en busca de un trago y compañía. A veces la soledad pesa más que una espada.

Gabrielle se sintió un poco incomoda, esa mujer era demasiado extraña para ella, seguía con la sospecha de que era miembro del ejército de Corinto o sólo estaba demente. Asi que, se levantó, se terminó la copa de vino agradeciendo con delicadeza y salió del bar.

Solo para darse cuenta que su caballo había sido adornado con flores hermosas.

-¿Quien hizo esto? Grito Gabrielle al joven sentado que vigilaba los caballos.

-No lo se, pero parece un regalo para Afrodita. Le respondió el joven.

Gabrielle molesta regreso al bar, sabiendo que sólo una persona podía hacer aquello, pero la morena no estaba por ningún lado. Así que pregunto al tabernero por ella a lo cual es solo respondió, "vendrá de nuevo mañana por la noche".

La rubia estaba furiosa, salió de nuevo, se subió a su caballo y regresó cabalgando a todo lo que podía hasta la tribu amazona más cercana, donde las mujeres la recibieron asustadas pensado que algo malo había pasado.

-Mi reina, ¿se encuentra bien?, su caballo parece un jardín de flores. Le habló Solaris.

-Tuve un mal encuentro con alguien en el bar, mi caballo fue víctima de ella. Le respondió la rubia.

-¿Es decir, que una mujer adorno con flores a su caballo mi reina?

-También me sirvió vino de Atenas, supongo que deseaba sacarme alguna información.

-Creo que la única información que quería era saber si saldrías con ella o no. Interrumpió Ephiny con una sonrisa muy pronunciada.

-Mi reina, finalmente piensa salir de esa soledad. ¿Cuál es el nombre de esta pretendiente suya? Volvió a hablar Solaris.

-No es pretendiente y su nombre es Cyane, o al menos eso me dijo. Ven mis dudas, parece un personaje inventado para ser espía. Respondió Gabrielle.

-Usar el nombre de nuestra antepasada no la hace enemiga mi reina, es imposible que sepa quien es usted. Nunca ha ido a la batalla sin su máscara, y en todo caso nadie sobrevive para exparsir esos conocimientos. Replicó Ephiny.

Gabrielle no supo que más responder, sus hermanas parecían tontas hablando como niñas ilusionadas, sin saber lo peligroso que podía ser una nueva persona en el pueblo. Un mercenario, un espía, un asesino, solo eran algunas opciones.

-De cualquier forma mi reina, lo más seguro en estos casos sería seguir, observar y neutralizar al sujeto sospechoso. Recalcó Solaris.

-Estoy de acuerdo mi reina, sería lo más sensato darle a esta mujer un seguimiento, apoyo Ephiny.

Gabrielle solo afirmó sin decirles que probablemente esta mujer estaría nuevamente en ese bar la próxima noche, solo tenía que regresar allí y averiguar quién era esa mujer, para detener cualquier amenaza, y sin más dejó a las demás haciéndose ilusiónes raras, necesitaba descansar esa noche.

Al otro lado en las afueras del pueblo, Xena se sentaba junto al fuego pensando en la rubia, la había conmovido de tal forma que deseaba saber más sobre ella, ese estilo de pelea y ese cabello tan hermoso, sin duda era una amazona, y quizás tendria que enfrentarse a ella, o buscar la forma de llegar a la reina y convencerla antes de comenzar algo que solo traería desgracia.

-De nuevo perdida en pensamientos Señora Conquistadora, interrumpió Ivar.

-No tienes que llamarme así y lo sabes mi viejo amigo. Respondió la morena.

-Lo sé, pero siempre es divertido hacerlo. La gente tiembla solo de saber quien eres.

-Esa es mi cruz Ivar, y ya comienza a pesar demasiado.

Ambos de repente fueron interrumpidos por Angus que salía de la tienda de la morena con el cabello alborotado y con una enorme sonrisa de idiota. Se acerco hacia la morena y le agradecio el favor y luego solo siguió caminando dejando a un Ivar muy confundido.

-¿Acaso me perdí de algo? Pregunto el Vikingo.

-Nada que quieras saber mi amigo.

Y sin más la morena se despidió y regresó a su tienda, todo estaba hecho un desastre y Afrodita estaba tomando un baño delicadamente en una bañera que la morena no entendía de donde salió.

-¿Una grata noche Afrodita?

-Una maravillosa noche querida. Ese hombre sabe lo que hace.

-Puedes al menos dejar mis cosas en su lugar.

-Lo siento querida. Mi culpa, las cosas se pusieron salvajes.

Y con un movimiento de sus dedos, la tienda quedó en perfecto orden, a lo cual Xena agradeció con un buen gesto. Sirviendo vino para ella y para la diosa.

-Afrodita. ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro hermosa. En estos momentos estoy muy agradecida contigo, pero te advierto que si es sobre ese aroma de amor que traes encima, no podre ayudarte mucho.

-¿Cual aroma de amor? Quieres explicarme.

-Bueno hermosa, creo que hoy conociste a alguien que ha estado contigo en vidas pasadas de forma amorosa. Para decirlo así, es algo más antiguo y poderoso que yo, no puedo decirte quien es o darte alguna magia para ella, su relación tendrá que darse por gusto de ambas o sino, tendrás que esperar hasta tu siguiente vida para otra oportunidad.

-En ese caso, aconsejame para conquistarla.

Desde el momento en que esas palabras salieron de su boca, Xena quedó en shock nuevamente, no podía creer que necesitará consejos de Afrodita en algo que ya había hecho muchas veces antes sin problemas.

-Los regalos son importantes, la comunicación y la atención mutua también lo es. Pero querida, lo que realmente capta la atención de una mujer es darle aquello que nadie más puede darle y no hablo de cosas materiales.

Xena afirmó con la cabeza,y espero a que Afrodita estuviera vestida una vez más para abrazarla y despedirla, ambas mujeres se apreciaban realmente, después se recostó en su cama para dormir, al poco tiempo de que la diosa desapareció, quedó profundamente dormida. Con la esperanza de que mañana podría ver de nuevo a esa chica y quizás lograr algo más que su desprecio.