Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia original es de content1 y la traducción mía, y tengo la autorización de la autora para hacerlo.
Gracias a mis betas, ericastelo y larosaderosas, por apoyarme en corregir mis errores y dejar el capítulo tan guapo. Ya saben, si se me pasó hacer alguna de sus correcciones, pueden darme un jalón de orejas.
Y a sparklinghaledecullen, porque ella me recomendó la historia y me motivó a traducirla.
Edward POV
La enfermera nos llevó a un área privada del hospital y sabía que mi padre había tenido éxito en su esfuerzo. Era un área para la élite, para aquellos que no querían ser vistos o visitados. Cuando la enfermera nos llevó hasta la puerta de la suite, me tomó todo mi control para no correr por la puerta frente a nosotros. Estaba parcialmente abierta y pude escuchar el pitido de las máquinas y una voz profunda, que asumí era el doctor De Luca hablándole a alguien. Una enfermera pasó por la puerta, dirigiéndose a otra área de la sala de emergencias. Cuando el doctor se apartó del camino, pude ver el final de la cama, y el contorno de sus piernas debajo de la sábana.
El suave sonido del monitor cardiaco hacía que mi corazón palpitara. Estaban suficientemente preocupados como para colocarle esa máquina, lo que significaba que aún no había despertado. Carlie se paró en la entrada, parcialmente dentro la habitación, y escuché una risita venir desde adentro.
—Pequeña, tú y tu madre tienen que dejar de intentar reunirse conmigo de esta manera. Estaría encantado con que solo me llamaras, ya lo sabes. Esto es ir demasiado lejos. Te he dicho muchas veces que sería feliz de encontrarme con ustedes fuera de este lúgubre lugar —la voz profunda resonaba incluso dentro de la sala donde estábamos.
—Pfft... —le respondió Carlie a la persona, ganándose otra risita.
Empezó a alzar la vista antes de que la enorme figura de un gigante se parara frente a ella y le dio la espalda al pequeño cuerpo en la habitación. Jacob se paró junto a Carlie, y vi que el doctor lo saludaba de mano.
— ¿Jacob, han pasado qué, un par de meses? —dijo.
—Al menos esta vez —Jacob sonrió de vuelta, mostrando claramente que le agradaba este hombre.
Fue entonces cuando observó la sala y vio al resto de nosotros parados ahí. Sin embargo, sus ojos se quedaron atrapados inmediatamente en mi padre, y apostaba que solo nos echó un vistazo al resto de nosotros.
— ¿Doctor Cullen? —dijo rápidamente.
Rápidamente, caminó hasta el hombre, y mi padre le dio un apretón de manos. —Doctor De Luca. Nuevamente, un privilegio.
El italiano de color parecía completamente perdido, como si se preguntara qué hacía mi padre ahí.
—Lo siento, ¿ustedes son... amigos de Isabella?
Odié absolutamente la forma en que dijo su nombre. Su acento italiano era como una caricia, y no quería siquiera pensar qué significaba. Carlie había dicho que ella no tenía citas, pero eso no significaba que no tuviera ofertas.
Carlisle balbuceó, algo poco común en él, buscando una explicación plausible. Carlie se hizo cargo por él.
—El doctor Cullen... es mi... abuelo —su voz se hizo más pequeña cuando admitió el parentesco que tenía Carlisle con ella.
Los ojos de Félix se abrieron y nos miró a fondo. Nos observó hasta que su mirada se enfocó en mí, para después mirar a Carlie, y de vuelta a mí. Vi que su ira florecía. Sí, él conocía mi reputación también, y rápidamente supuso quién era su padre. No creo que él fuese siquiera consciente de ello, pero se paró completamente frente a la puerta que llevaba a Bella, y se acercó a Carlie, como si fuese su protector. Podría ser un brillante cirujano, pero de alguna manera podía apostar que era una bestia bajo la superficie. Sabía que Carlisle había intentado en el pasado atraer a este hombre a nuestro lado por su habilidad, pero estaba seguro de que podía resultar mortal en una pelea.
Félix miró a Jacob por una indicación; probablemente, dudaba en decir cualquier cosa frente a extraños. Carlie lo hizo por él. —Doctor Félix, ¿mi mamá?
—Estará bien, pequeña. Creo que es solo otra contusión. He ordenado el TAC, pero es solo por precaución. Despertará pronto y sospecho que escupirá su habitual fuego hacia nosotros. Parece estar bendecida por ángeles por donde ella continúa estropeando esa hermosa piel suya. Incluso esta cicatriz en la línea del pelo, afortunadamente será indetectable.
Palmeó afectuosamente la mano de Carlie, y yo quería arrancarla de sus brazos. Era un hombre y nunca había tenido un indicio de atracción hacia otro, pero incluso yo podía admitir que este hombre era guapo como un pecado, grande como un oso y brillante. Celosamente, algo que no tenía el derecho de sentir, una ira desenfrenada me recorrió. No ayudaba el hecho que él obviamente conocía bien a mi hija, mientras que yo, antes de hoy, nunca había conocido su existencia. Pensé en la carta y las llamadas... no por la culpa de Bella.
Carlisle habló entonces. —Doctor De Luca, le pedí a los EMT una solicitud para revisar sus ojos...
Carlisle se calló cuando vio la expresión en el rostro del doctor italiano. — ¿Con qué propósito? —retumbó.
—Para determinar el estado de deterioro.
Félix miró entonces a Jacob. Era obvio que estaba verdaderamente confundido. Siempre había sido bueno para leer a otros, excepto a Bella, debo añadir. Estaba perplejo pensando cómo podía ser el padre de Carlie, pero que no supiera el estado de salud de Bella.
— ¿Es el médico privado de Bella? —le preguntó a Jacob.
El resoplido burlón de Jacob respondió la pregunta.
—En ese caso, creo que solo Bella tiene el derecho de darle esa información —indicó el enorme doctor, sacando la política de confidencialidad del HIPPA (1). Algo inteligente de su parte. No estaba seguro si Bella siquiera hablaría con nosotros; mucho menos que nos dejara saber sus asuntos íntimos.
La enfermera entró a la habitación detrás de nosotros, distrayéndonos a nosotros y a Félix; con una inusual gracia para un hombre tan grande, nos dejó para cuidar a su paciente.
—Doctor De Luca... —murmuró la enfermera, y escuchamos el murmullo de él, rompiendo una cápsula. Estaba usando sales aromáticas para ver si podía despertar a Bella.
El latido de su corazón fluctuaba ligeramente, pero escuché su jadeo unos cuantos segundos más tarde. Su primera palabra no me sorprendió.
— ¡Carlie! ¿Félix, dónde está Carlie?
—Bella, está en la sala de al lado, solo esperando a que despiertes.
Carlie se apartó de los brazos de Jacob y corrió hacia la puerta, deslizándose hacia dentro. — ¡Mamá! ¡Lo siento tanto! —sollozó.
Escuchamos el jadeo de Bella cuando Carlie se arrojó a sus brazos.
Un bronceado brazo se lanzó frente a mí, golpeando contra la pared y deteniendo mi avance. Ni siquiera me di cuenta que había seguido a Carlie hasta que el brazo ofensivo de Jacob me detuvo. —Solo la familia —amenazó.
Lo hubiera matado en ese momento, pero mi mente estaba ocupada con la imagen frente a mí. Del otro lado del cuarto, Bella acunaba a nuestra hija contra su pecho, mientras Carlie lloraba. La mano de Bella cepillaba el largo cabello oscuro de Carlie, tratando de consolarla, mientras hacía suaves sonidos reconfortantes. Una venda blanca adornaba su sien, en contraste directo con su cabello marrón chocolate que caía en cascada sobre ella. Incluso con bata de hospital y vendajes, Bella seguía siendo la mujer más hermosa que había visto. Sus ojos contemplaban sin ver a nuestra hija, y sentí un afilado dolor en mi interior al ver cuánto me había perdido desde el día en que me convertí en un monstruo.
— ¿Dónde estaban? La escuela llamó para decirnos que Seth y tú no habían asistido...
El resto de la conversación fue cortada, mientras el doctor De Luca entraba de vuelta a la habitación y cerraba la puerta, dándoles privacidad. Miró rápidamente la expresión antagónica que teníamos Jake y yo, y tomó partido.
— ¿Alguno de ustedes ha sido examinado?
Sacudí mi cabeza, negando por los dos.
—Entonces vengan, siéntense. Entre el doctor Cullen y yo, creo que podemos acomodar las costillas, que apuesto a que están fisuradas o rotas. También algo de hielo para esos ojos y labios...
Bella POV
En el momento en que recuperé la consciencia, mi único pensamiento fue para Carlie. Por la sensación de la cama debajo de mí, y la gran mano que sostenía la mía, supe que estaba otra vez en el hospital y que Félix cuidaba de mí, como siempre. Su aroma único y la gentil caricia de sus dedos sobre mi cara confirmaron mi evaluación. Lidiaría fuera cual fuera la situación que me había traído hasta acá en un minuto. Por ahora, solo necesitaba sostenerla en mis brazos.
— ¡Carlie! ¿Félix, dónde está Carlie? —casi grité.
—Bella, está en la sala de al lado, solo esperando a que despiertes.
Su profunda voz retumbó junto a mí. Era una voz placentera, y sabía que sus intentos por cortejarme venían de un rostro y cuerpo igual de placenteros. Mis dedos hormiguearon, mientras exploraban los grandes pliegues de su rostro, el día que me dejo "verlo".
No había duda en mi mente de que era un hombre guapo, pero lo más importante era que era un buen hombre. Deseaba poder darle lo que quería, pero estaba rota, y me negaba a darle solo la mitad de afecto. Él merecía mucho más. Mis incómodas reflexiones se disiparon inmediatamente cuando la voz de Carlie las interrumpió y sollozaba una disculpa, mientras que al mismo tiempo se arrojaba a mis brazos.
Después de dejarla llorar durante un minuto, no pude evitar mi pregunta. — ¿Dónde estaban? La escuela llamó para decirnos que Seth y tú no habían asistido.
Escuché un sonido que sonaba sospechosamente como alguien arrastrándose por el cuarto, pero después la puerta se cerró, y supuse que Félix se había ido para darnos privacidad.
—Mamá, lo siento. Fui a Seattle para buscar tu regalo de cumpleaños —sollozó, y podía sentir sus lágrimas cayendo sobre el delgado material de la bata de hospital.
—Bebé... shhh... cálmate. Primero, sabes que no apruebo que faltes a la escuela por ninguna razón, mucho menos por algo tan poco importante como mi cumpleaños.
Ella se echó a reír por un momento, porque ese era una discusión larga y tendida entre nosotras. Siempre hacía grandes celebraciones por su cumpleaños, pero insistía constantemente para que el mío fuera ignorado. Cuando cumplí treinta, solté palabrotas e hice una rabieta cuando me llevaron un pastel. Ella siguió sollozando, y me empecé a preocupar. Estaba demasiado afectada por esto. Había estado en el hospital en numerosas ocasiones, así que no podía ser por eso, ¿o sí?
— ¿Carlie, qué pasó? Recuerdo escuchar un auto entrar a la calzada y corrí para ver si eras tú... —me callé, esperando que ella pudiera llenar los espacios en blanco.
—Mamá, soy una idiota —rio ligeramente, haciéndome sentir un poco mejor—. Anoche, planté las violas y las prímulas que traje para ti, y dejé la pala de mano en el camino. Esto es toda mi culpa.
—Carlie, esta no es la primera vez que vengo, ya sabes. Sospecho que no será la última. Tan pronto como Félix me dé el visto bueno, iremos a casa y celebraremos con un gran bote de helado, y olvidaremos todo esto. No me malinterpretes, sigo molesta por lo de la escuela y necesitamos arreglar eso después, pero si insistes en celebrar mi cumpleaños, voy a proclamar esta noche de chicas —bromeé, sabiendo que no se resistiría a un bote de helado. Era una gran golosa, igual que yo.
Permaneció rígida en mis brazos. — ¿Carlie?
Su silencio y su postura tensa empezaban a asustarme.
—Mamá... hay más.
—De acuerdo —dije, preguntándome qué otro pecado sentía que necesitaba admitir. Un pensamiento aleatorio cruzó mi cabeza de que tal vez este sería un buen momento para averiguar cualquier chisme que estuviera escondiéndome.
—Mientras estuve en Seattle... yo... hice otra parada.
Esperé, preguntándome en qué otra travesura se habían metido Seth y ella. Me recordaban tanto a Jake y a mí, que podía imaginar que era cualquier cosa. La única diferencia entre el actual combo Black Swan (2) (como a Leah le gustaba llamarnos), era que ellos ya se declaraban almas gemelas, y Jake y yo no teníamos duda de que era cierto. Como nosotros nunca habíamos sido almas gemelas, Jacob era mi mejor amigo —sin beneficios—, así que no podíamos discutir contra la evolución de esa relación que había ocurrido entre nuestros hijos. Al estilo de Jacob, amenazó con castrar a su propio hijo si pensaban en tener sexo a tan temprana edad. Yo tomé a los dos a cada lado, y les dije que eran demasiado jóvenes ahora, pero que cuando fuera el momento, quería que vinieran a verme para el control de natalidad. Quería que ambos tuvieran la oportunidad de ir a la universidad antes de que llegaran los niños, e íntimamente sabía que cuando los golpearan las hormonas, iba a ser casi imposible de resistir para ellos.
—Bebé, solo dímelo —dije en respuesta a su inusual silencio—. No puede ser tan malo como te lo estás imaginando.
—No tienes idea —murmuró. Pero entonces arremetió—. ¿Por qué me mentiste sobre mi padre?
Me congelé. ¿Por qué había sacado a colación esto... después de tanto tiempo? Podía seguir mintiendo, lo sabía, pero una extraña sensación dentro de mí me decía que mi día para decir la verdad había llegado. ¡Maldición!
— ¿Tu padre? —susurré, usando la evasión para darme tiempo de pensar lo que iba a decir.
—Sí, mi padre. Siempre me has dicho la verdad en todo lo demás, incluso cuando era algo difícil para ambas. Aún así, en la cosa más importante, me la ocultaste —estaba enojada, realmente enojada.
— ¿Carlie, qué sucede? —pregunté rápidamente, incapaz de comprender por qué estaba tan enojada. Mi miedo se incrementó cuando se alejó de mí y se apartó de la cama. Mis brazos se sintieron vacíos, y el dolor azotaba en mi pecho.
—Fui a Seattle a recoger tu regalo, pero hice otra parada. Verás, las chicas en mi clase me han molestado por años por mis ojos... y sucede que quién tiene los ojos verdes como yo... es el mujeriego de Seattle —sus palabras congelaron mi corazón. ¡NO! ¡Por favor, Dios, NO! ¡No lo hizo! Mi corazón rogaba porque no lo hubiera hecho, pero mi mente sabía que era lo suficientemente terca como para hacerlo. Por favor, Señor... pagaría el precio de los pecados mi pasado un montón de veces. Sus palabras continuaron, a pesar de que quería detenerlas y sentía que mi corazón corría, incómodamente—. Fui hasta su trabajo, tratando de verlo, ¿y, adivina qué descubrí? Su nombre es EDWARD Anthony Cullen.
Me sentí débil, y me senté, jadeando en busca de aire. Oh, Dios, iba a tener que decirle. Esperaba hacer esto cuando fuese mayor, más capaz de entenderlo.
—Carlie, por favor ven acá —rogué, queriendo sentirla, necesitando de su toque.
— ¡No!
Esa palabra congeló mi alma. Sin pensar en mi condición, busqué el seguro de la cama y lo escuché caer. Me moví rápidamente para tratar de llegar a ella, y chillé de dolor cuando accidentalmente tiré de la intravenosa de mi mano, mientras me bajaba de la cama. Sentí cómo la sangre goteaba de la herida, mientras ella lloraba y me pedía que me detuviera.
— ¡No! —grité de vuelta, determinada a llegar hasta ella. Trastabillé, y mis manos iban por delante de mí para tratar de encontrarla.
—Mamá, detente. Lo siento. Iré hacia ti.
En menos de un segundo, sentí que enrollaba sus brazos alrededor de mí y el grito de Félix al mismo tiempo.
Ignoré sus gritos mientras acariciaba su rostro... era solo un poco de sangre. —Bebé, por favor déjame explicarlo. Por favor... es una historia larga y complicada. Prometo que te diré todo. Tienes que dejarme explicarlo —rogué de nuevo, incluso mientras escuchaba el sonido de pisadas entrando a la habitación.
—Isabella —dijo el doctor Félix a mi lado y tomó mi mano. Asumí que los otros pasos eran de las enfermeras.
—Mamá, lo conocí —susurró con una extraña voz apresurada—. Necesito decirte todo —balbuceó con voz asustada.
¡Lo conoció! ¡Oh, no! ¡No! Lo mataría si había sido rudo con ella. Solo podía imaginar lo que él habría dicho... bueno, si es que tenía algo que decir.
Escuché unas pisadas fuertes junto a mí, y sentí un deje de alivio. — ¡Jacob! —llamé a mi salvador y me incliné para alcanzarlo, sintiendo como si fuera a desmayarme. La sensación de calor en mi cara y cuello me decían que tenía razón. De cualquier forma, en lugar de hacer contacto con el ancho antebrazo que esperaba, sujeté uno ligeramente más pequeño. La electricidad y el calor me quemaron, y jadeé, echándome hacia atrás rápidamente y chocando sin querer con Félix.
—Bella... —llamó la voz aterciopelada.
Los pecados de mi pasado me habían encontrado.
—Demonios, Bella, no te desmayes...
La oscuridad me encontró.
(1)HIPPA - Health Insurance Portability and Accountability Act (en realidad, las siglas deberían ser HIPAA). La traducción más cercana sería Acta de Portabilidad Responsiva del Seguro de Salud. Sin embargo, se refiere a la Política de Privacidad respecto a los planes de salud al que responden todos los hospitales respecto a sus pacientes.
(2) Black Swan - Su traducción sería Cisne Negro, pero como lo dice en base a sus apellidos, he decidido dejarlo así.
Estoy empezando el capítulo 5. No prometo nada, pero veré la manera de actualizar con más frecuencia. Como saben, sus comentarios son mi mejor motivación para trabajar (y no es chantaje, haha)
