Luego de esa mañana, inexplicablemente para los demás, Rima comenzó a juntarse mucho con Shiki, al punto de no separarse de él excepto cuando era la hora de dormir. Aunque esto se les hacía muy sospechoso, nadie se atrevió a decir que tenían un romance oculto ni nada por el estilo.
Hace una semana que se había celebrado el compromiso de Kaname y Rima, y aunque ya había dejado de ser un tema de conversación para los jóvenes vampiros, seguía preocupando a la joven de cabello anaranjado y a su ahora fiel acompañante, Shiki.
Al fin había llegado el fin de semana, por lo que no tendrían que asistir a esas aburridas clases. Los jóvenes vampiros se encontraban compartiendo en el comedor, en lo que Kaname no salía de su cuarto. Ichijo jugaba a las cartas con Shiki y Aidou quien, como siempre, iba perdiendo, mientras Rima leía una revista de moda y Ruka peleaba con Akatsuki. A pesar de eso se encontraban en un momento de paz que había durado mucho tiempo.
-¡gané! –grito Ichijo saltando de alegría, lo cual era exagerado teniendo en cuenta que siempre era él quien ganaba. –ehh… chicos, ¿enserio no quieren jugar?
-ya te dijimos que no –contestaron los tres a coro.
-además, ¿Qué sacamos con jugar si siempre ganas tu? –preguntó Rima sin dejar de mirar su revista. Los demás le encontraron la razón, por lo que todos siguieron con lo que hacían.
Luego de un rato apareció Seiren llamando a Rima al cuarto de Kaname, ya que necesitaba hablar con ella. La joven suspiró resignada y la siguió con la mirada fija en el suelo. ¿Qué querrá ahora?, se pregunto algo hartada por la situación.
-te estaba esperando –murmuró Kaname volviéndose para mirarla a la cara.
-no me digas –dijo ella con un leve tono de cinismo.
-Rima… tú eres hermosa –las palabras de su prometido la tomaron por sorpresa. Hizo un gesto de extrañeza y lo miro fijamente. –y eres mía, solo mía
-no entiendo de que hablas –Kaname se acercó a ella y la beso con desesperación. Rima no tuvo más opción que corresponder al beso, aún cuando le resultaba realmente desagradable. No era un beso apasionado ni cariñoso como el que le dio Shiki, no estaba ni cerca de serlo. Era más como si tratara de devorarla o algo parecido. Finalmente se alejó de ella para tomar aire, dándole la espalda. –ehh…
-Rima, acércate –Rima le hizo caso y se acercó lentamente. Él volvió a besarla, rodeando su cintura con sus brazos. Sabía que pretendía hacer, y no podía hacer nada para evitarlo, él era su prometido y como tal tenía todo el derecho de usar su cuerpo. Sintió como sus frías manos buscaban el broche de su vestido, quitándoselo poco a poco.
La acostó en su cama y se coloco sobre ella, besándola con brusquedad. Lentamente bajo por su cuello, llegando hasta su pecho, ahora desnudo. Rima cerró los ojos, tratando de no pensar en lo que estaba ocurriendo. Suplicó mentalmente que alguien golpeara esa puerta y la salvara, pero para su desgracia eso no paso.
Se colocó el vestido y salió de la habitación sin ser capaz de mirar a los ojos a su prometido. La noche estaba a punto de llegar a su fin, por lo que ya no debía de haber nadie despierto. Camino hasta su habitación en completo silencio, deteniéndose frente a la habitación de Shiki e Ichijo por unos minutos. Sentía ganas de entrar y abrazarlos con fuerza, pero no debía quejarse por algo que ella misma había escogido, así era su vida y su mundo, todo era movido por el apellido y el interés, cosa que su padre ponía en práctica a la perfección. Dio un suspiro y siguió caminando hasta su cuarto, donde Ruka dormía profundamente.
-¿en qué demonios me metí? –se pregunto a si misma mirándose en el espejo. Unos suaves golpes se escucharon desde la puerta.
-Rima, ¿podemos hablar? –la voz de Shiki sonaba preocupada, aunque la disfrazaba muy bien. La joven abrió con cuidado y camino tras él sin decir una palabra. Llegaron hasta el pequeño bosque de la academia, donde se detuvieron bajo la sombra de un árbol.
-¿Qué ocurre Shiki? –El joven se volvió furioso, dándole una bofetada –Shi… Shiki
-¿Cómo puedes permitirle hacer lo que le plazca contigo? ¿Tan poco cariño te tienes a ti misma?
-¿Cómo lo sabes?
-eso no importa… tu no querías, entonces ¿Por qué lo dejaste seguir?
-de todas formas tendría que hacerlo algún día –contesto Rima bajando la mirada. Una lagrima se deslizo suavemente por su mejilla, seguida de muchas más –voy a ser su mujer ¿lo olvidas?
-no… no llores, no puedo permitir que alguien te haga sufrir tanto Rima, tú no quieres este compromiso
-no, no lo quiero, pero mi padre sí, y como su hija debo obedecer a todo lo que él diga
-si es por interés yo soy de la misma familia que Kaname-Sama, ¿Por qué no podrías ser mujer?
-¿tú no entiendes nada verdad? Ya no hay nada que pueda cambiarlo, y tú como mi amigo no deberías decir esas cosas
-pero yo no quiero ser tu amigo ¿acaso no es obvio?
-vaya que lo es… -respondió alguien desde lo alto del árbol. Los jóvenes miraron sorprendidos a Kaname, quien había escuchado toda la conversación –que hecho tan desafortunado, mi primo enamorado de mi prometida, dime Rima, tú también estas enamorada de él.
-no… lo siento Shiki, pero nosotros solos somos amigos –mintió Rima al borde de las lagrimas. Shiki se alejó sin decirle nada –perdóname Shiki.
