Capítulo 4: Seis horas

Eran las 2 de la mañana. Se había ido a la cama sin cenar y no era capaz de dormir, sólo quería llorar. Acababa de cortar la relación con el único novio que le había durado más de un mes pero no le importaba. Tampoco se habían hecho mucho caso mutuamente este último año. No era una gran pérdida. Lloraba porque se sentía sola. Alargó los brazos y se miró las manos con detenimiento. Las juntó con fuerza hasta que le dolieron, luego las deslizó hacia arriba hasta que se quedó con los brazos cruzados y contrajo los dedos dejándolos marcados en los antebrazos. "Bueno" pensó "este es el máximo daño que me puedo hacer a mi misma, es irónico" sonrió tristemente.

Volvió a sollozar en silencio, mientras observaba como iban desapareciendo las marcas de sus propios dedos en los brazos.

Una gran silueta se recortó en la puerta de habitación. Se apoyó en el quicio de la puerta y cruzó los brazos. Ella se asustó porque no se lo esperaba pero al comprobar quien era, se tranquilizó inmediatamente.

- No me dejabas dormir con tus lloros, nena. - dijo con ironía

Ella no contestó, estaba un poco congestionada. Se limpió las lagrimas con las manos y se sentó en la cama. Respiraba con dificultad pero empezaba a tranquilizarse.

- Bueno – dijo él mientras se acercaba – parece que no tienes un buen día.

- Por... ¿por qué dices eso? - consiguió decir ella.

- Digamos que tu conversación con el chico de hielo es de dominio público.

Ella bajó la mirada avergonzada - Supongo que nos habrá oído todo el mundo - dijo con fastidio.

- No creas, solo algún chaval con poderes auditivos – respondió divertido.

- ¿Te parece gracioso? ¿Acabo de pelearme con mi novio y te parece gracioso?

- Ajá.

Ella le miró con odio – ¡Es el colmo!

- En realidad no me caía bien, no era tu tipo.

- ¿Que no era mi tipo?

- ¿Vas a repetir todo lo que yo diga? Porque esta conversación se puede hacer muy larga...

- ¡Cállate Logan! - exclamó cruzándose de brazos.

- No te enfades, nena. No era un chico para ti. No llores por él, ya vendrán otros – rozó su mejilla ligeramente con la yema de los dedos pero ella le apartó de un manotazo.

- No lloro por él. ¿Y en que te basas para afirmar que no era para mi? ¡No se puede decir que tengas una lista de éxitos en cuanto a relaciones!

Logan la miró sorprendido. Aquel ataque no era propio de Marie.

- Eso no era necesario – afirmó con rotundidad.

Ella permaneció en silencio, el sentimiento de culpabilidad la estaba ahogando. ¿Como podía ser capaz de atacar a la única persona que le importaba en aquellos momentos?

- Dis... disculpa, yo... yo no quería hacerte daño. Lo siento - y las lágrimas asomaron de nuevo a sus ojos. Se tapó la cara con las manos y rompió llorar.

Él se sentó al borde de la cama mientras pasaba una mano por su mechón blanco. Le dolía recordar su origen. Deseaba abrazarla pero sólo llevaba una camiseta sin mangas, si la tocaba sabía que iría directamente al laboratorio durante tres días. Así y todo cogió sus muñecas y le apartó las manos de la cara. Las soltó inmediatamente. Luego enjugó sus mejillas y le apartó el pelo. La obligó a mirarlo poniendo la mano en su barbilla y vio unos ojos llorosos y tristes. Sonrió con ternura. Sabía que tocarla era peligroso pero le resultaba inevitable. Procuraba controlar los tiempos de contacto para que no le afectara. Volvió a acariciar su mejilla y le pareció suave.

- Intenta descansar, ¿vale? Yo estaré aquí hasta que te duermas

Ella le miró agradecida y se deslizó en la cama hasta quedar completamente tumbada. Cerró los ojos y tardó poco en quedarse dormida.

Logan contemplaba la imagen sentado en el borde de la cama. Le pareció muy hermosa. La niña que un día se encontró en un bar de carretera se había convertido en una mujer preciosa, insegura e ingenua pero valiente y decidida. Habían pasado cuatro años desde aquello y la estaba viendo crecer y madurar. Levantó la vista y vio su chapa del ejercito colgada del cabecero de la cama, la rozó con los dedos y sonrió. Le gustaba dejársela cuando partía de viaje, era como una especie de excusa para volver.

Respiró hondo antes de salir sigilosamente de la habitación, para no volver en mucho tiempo.