IV) Delirios
No pude dormir. Era pasada la media noche y no era capaz de cerrar los ojos. No es que no estuviera cansado. Por el contario: estaba rendido. Me había pasado el día entero entrenando y ayudando a Winry y a la abuela Pinako en el taller, todo con tal de distraerme. Y aún así, no podía dormir. Estaba… asustado. Tenía miedo de verle.
Era irracional, lo sabía. Pero tenía miedo de verle y que me recriminase, aunque estaba seguro que no pasaría. Que él dormiría sin importar lo que yo hiciera.
Era confuso, y tanto pensarlo me enloquecía. Él no podría verme, oírme o tocarme sin importar cuánto lo quisiera o intentase, pero aún así podía sentirme. Después de todo, había logrado parar su llanto, ¿verdad?
Pero… ¿y si él no quería que yo volviera?
Después de lo que hice, no le culparía. Por eso no quería dormir. Era irónico. La única hora del día que ansiaba más que nada era en la que podía verle, y ahora no me atrevía a cerrar los ojos.
Sumido en mis pensamientos y el silencio de la noche, intentaba aclarar mis ideas. No sabía qué hacer, aunque era inevitable que, tarde o temprano, la falta de sueño y el correr de las horas me obligarían a visitarle.
Sentado en mi cama, apoyado contra la pared y dándole la espalda a la ventana, un ruido llamó mi atención. El crujir de la madera de la casa era algo común, y hacía fácil distinguir cuándo alguien estaba despierto.
La luz de la luna iluminaba la habitación y me permitió ver cómo la puerta, hace segundos entreabierta, daba paso a un nuevo huésped.
Sonreí. Justo la compañía que necesitaba.
Den se quedó en la puerta unos segundos, mirándome curioso, para luego adentrarse en la habitación y detenerse frente a mi cama.
—Hola amigo —le dije—. ¿Tampoco puedes dormir?
Me miró fijamente, como si estuviese pensando en una respuesta. Reí por lo bajo. Sabía que no contestaría, pero era un consuelo el tener alguien a mi lado.
Acto seguido, tantee las sábanas con una mano, indicando el espacio vacío junto a mí. Den no dudó en subirse a la cama, acercándose a mí y acomodándose a mi lado.
Me tranquilizó. La respiración calmada del animal ayudó a despejar mi mente, mientras inconscientemente lo acariciaba con una mano.
Para cuando me di cuenta, el sueño me había vencido.
Estaba frente a tu puerta otra vez. Pero esta vez era distinto. La puerta estaba abierta, y había alguien dentro.
Me introduje en tu habitación con rapidez, intentando distinguir la sombra intrusa. Aquel ambiente cargado de tensión no dejaba de preocuparme. Algo no iba bien.
De pie junto a tu cama, el extraño que poseía mi rostro te miraba en silencio.
No dije nada. Bien sabía que mi presencia no producía cambio alguno en aquel lugar. No podía hacer nada.
En silencio y expectante, sólo pude mirar, mientras trataba de convencerme en vano que aquello era un sueño más, como antes. Que el cansancio me había impedido desprender mi alma. Que yo no estaba allí. Que Den seguía tumbado a mi lado, y que nada de esto era real.
Intenté convencerme de ello mientras sentía mis ojos humedecer, nublando aquella visión en donde ese hombre se inclinaba hasta tu rostro y besaba los labios que hace sólo una noche me habían pertenecido.
Entonces despertaste, y me derrumbé. El silencio invadía el ambiente, y en ese momento, el intruso era yo. Aquellos ojos dorados estaban fijos en ese hombre y no en mí. Le mirabas con confusión y angustia, mientras yo sentía mi mundo caerse a pedazos.
Por un segundo, no fui capaz de sostenerme, desplomándome con pesadez en el piso, sentado y con la mirada fija en el suelo. No quería seguir mirando. No pude.
Entonces oí tu voz, pronunciando las palabras que me destrozaron por dentro.
—¿Eras… tu? —dijiste en un susurro—. Pero… ¿No era… Al?…
No pude más. Cerré los ojos y grité.
Quería correr, huir de allí. Quería abalanzarme sobre ese hombre y partirle la cara. Quería abrazarte con fuerza y no dejarte ir. Quería Besarte. Gritarte que no era cierto, que había sido yo. Pero no lo hice. De nada habría servido...
Para cuando abrí los ojos, había vuelto. Den estaba frente a mí, lamiendo mi mano son suavidad mientras gemía lastimero, tratando de consolarme. Pero no podía. Nadie podría.
Me abracé a él, y lloré en silencio. Aún cuando nadie jamás supiese la razón de mis lágrimas, no me importó. Al menos Den guardaría el secreto sin cuestionarme…
N/A: OMG, un poquito de HeidxEd también. Lo siento, tenía que pasar x3
Por otro lado, Al y Den con adorables º3º
En fin. Ya sólo falta un capitulo. Ojalá pueda terminarlo pronto… Así podré empezar otro FanFic que tengo en mente desde que empecé a escribir el segundo capítulo de este lol
Saludos, y muchas gracias por los reviews ^^
De verdad que motivan a seguir escribiendo. Gracias ^^
~Naon.
