"La muerte no era sólo una probabilidad permanente, como lo había sentido siempre, sino una realidad inmediata" - Gabriel García Márquez. El Amor en los tiempos del Cólera

Capítulo Cuatro

Destino Inexorable

"Pruebalo" dijo Bella mientras ocultaba una risita.
"No, Bella" contesté seguro.
"¿Ni siquiera por mí?" preguntó.
"No me digas eso"
"¿No lo probas porque no me queres?" su tono era de tristeza.
"¡Damelo!" dije, quitando de su frágil mano el tenedor.
"Así se hace Bella" la felicitó Jasper.
Una gran sonrisa se formó en el rostro de Bella, valdría la pena lo que estaba por hacer, todo con tal de verla sonreír.
Nos encontrábamos toda la familia y Bella (que ya era parte de ésta) en la gran mesa del comedor. Esme había estado cocinando todo el día, por lo que Bella me obligó a probar un bocado de
esa sustancia que ensuciaba mi plato.
"Es verde" dije mientras inspeccionaba el contenido del tenedor. El disgusto que sentía era notable.
"Vamos Edward, te encantará" dijo Esme sonriente. "Lo hice especialmente para ustedes."
Abrí la boca, mientras llevaba de forma dramática la comida.
Emmet rio, al igual que Alice.
"Eres una vergüenza para la comida, ¡se macho y comelo!" gritó Emmett.
"Edward tú puedes" se burló Alice.
"Los odio a todos" murmuré al tiempo que metía finalmente la comida a mi boca.

El silencio era atroz e inundaba la cocina y parecía que no se iría jamás. Sólo se escuchaban tres corazones latiendo. Al menos, latían.
"Y... ¿Edward, cómo te sientes?" preguntó Esme. Su dulce voz penetró el silencio.
"Mejor, gracias" le dediqué una sonrisa.
Silencio.
El silencio nos invadía.
Silencio.
"¿No te molesta estar en casa ajena?" preguntó Rosalie con indiferencia.
"¡Rosalie, comportate!" le regañó Esme. Rosalie puso los ojos en blanco.
Silencio.
"No quiero que piensen que estoy abusando de su hospitalidad" respondí a la pregunta de Rosalie, ésta me clavó la mirada.
"¿Qué te hace pensar eso, Desconocido" preguntó Rosalie con suma ironía.
"Es por eso que hoy mismo me iré" le dije a Esme, ignorando el comentario de mi ya no hermana.
"Edward, no tienes dinero, ni donde ir" dijo Esme con tristeza. "Necesitas de nosotros."
Quería mentirle, decirle que ya había recuperado mi memoria. Que era un asesino a sueldo, cualquier cosa para salir de esa casa. Esa casa con gente que conozco pero que no me conocen, donde
el silencio penetra cada parte de mi alma, dejando un gran vacío en mi interior.
"Conseguiré un trabajo" contesté, intentando convencer a Esme al igual que a mi mismo.
"Me parece bien que quieras hacer eso" murmuró la suave voz de mamá - de Esme. Esme, no mamá. "Pero no tienes porque irte ahora" sus ojos eran aún más penetrantes que el silencio, pero
estos no eran hostiles. "Te conseguiremos un trabajo, lo prometo. Pero con tiempo. Y necesitar hacer algo de dinero antes de ir a vivir solo."
Lo único que quería hacer era irme de aquel lugar. Desaparecer. Estaba rodeado de personas que amaba, pero ellos no sabían quien era. Era como un amor no correspondido. Dolía y mucho.
"En serio Esme, creo que lo mejor es-"
"¡Hola familia!" me interrumpió Alice mientras entraba a la cocina con una radiante sonrisa. "Hola señor Edward" se sorprendió al verme, mas su sonrisa no desapareció. Ella rió. "Todavía no me
acostumbro a que estes aquí".
"No te preocupes Alice, él ya se va" dijo Rosalie en un susurro cargado de odio.

"¡Edward Cullen! Eres estúpido, desconsiderado, estúpido" gritaba Rosalie enfurecida mientras bajaba del auto. Miré a Alice, ella me tomó de la mano y la presionó "todo estará bien" susurró.
Rosalie traspasó el patio como un rayo hasta plantearse junto al vehículo, frente mío. Sus dientes rechinaban, su cabello estaba desalineado, sus manos temblaban, las contuvo en un puño que
terminó en mi hombro. No sentí el golpe, ya no sentía nada.
"¡Vete de casa!" gritó. "Hazlo, nos harías un favor a todos nosotros. Mamá y papá están destrozados, no saben qué hacer contigo. Pero no eres un caso perdido, ¿me escuchaste? Muestra que
eres algo hombre y seguí con tu puta vida."
"Rosalie calmate" dijo Alice. "Ya hablé con Edward. Me prometió que no haría eso nunca más. Que no va a desaparecer. Va a intentar de seguir para adelante, como lo estamos intentando todos
nosotros. Y lo ayudaremos. ¿No es así Edward?
Levanté el rostro. El cuerpo de Rosalie seguía temblando, pero parecía levemente más serena. Alice me miraba con esperanza y tristeza en los ojos.
"Te lo prometí, Alice" murmure.
Dos leves sonrisas se escaparon. Rosalie intentaba ocultarla, pero era evidente su satisfacción. Mientras Alice no disimulaba nada, sus brazos rodearon mi cuerpo. Sentí su cálido cuerpo contra el
mío, ella comenzó a reír. Yo también. Reí. Reí después de tanto tiempo. ¿Podía ser feliz?
Rosalie nos contemplaba, y le era difícil ocultar su felicidad. Ella creía que era de piedra, que no tenía sentimientos. O era lo que quería aparentar. Pero ahora era distinto, su cuerpo se avalanció
contra nosotros y se unió a las risas. parecíamos tres niños jugando. ¿Podía ser feliz después de todo lo que sucedió?
"¿Qué quieres que cocine?" preguntó repentinamente Alice. "Lo que quieras, dilo."
Rosalie me miró, esperando que contestara nuestra comida preferida.
"¿Unas milanesas?" pregunté.
"¡Halgo más difícil!" reprochó Alice.
"¿Con papas fritas?" susurró Rosalie, Alice puso los ojos en blanco, pero corrió a preparlas.
Rosalie se dejó caer en el pasto, me incorporé junto a ella.
"¿Vas a tratar?" preguntó.
"Sí."
¿Podía ser feliz sin Bella?
"¿Me lo prometes?"
¿Podía ser feliz si ella estaba muerta?
"Sí" le mentí.

"¿ A dónde te vas?" preguntó Alice.
"Quiere irse de casa" contestó Esme con tristeza.
"No quiero irme. En serio, aquí me siento... como en casa. Pero estoy abusando de su hospitalidad. En serio no tengo como agradecerles pero tengo que-"
La fragancia a frutilla me invadió por completo. Ya no podía pensar.
"Tengo que..." repetí.
¿Bella?
El perfume de Bella. Era ella. Era su perfume.
Giré la cabeza y allí estaba ella. Detrás mío, con su rostro pálido, sus brillantes ojos marrones, su pequeña figura. Ella.
Si bien me quedé atónito al verla, mis ojos saltaron al calendario que se encontraba a su lado, contra la pared. La fecha que éste marcaba me heló el cuerpo.

"Está lloviendo mucho. ¿Segura que no quieres quedarte?" le pregunté a Bella. Ella estaba en el interior de su vehículo, con la ventana baja para que yo pudiese saludarla desde el exterior.
"¿Quieres que Charlie me mate?" preguntó soltando una risita. "Ya estuve mucho tiempo aquí."
Miré mi reloj, eran casi las doce.
"Debo apurarme" murmuró. "Lo siento, en serio."
"¿Te llevo? Me da miedo que manejes con sueño y con esta lluvia."
El golpeteo de las gotas contra el auto eran cada vez más fuerte.
"Te estás empapando" me dijo Bella. "Ve adentro"
"Voy contigo" dije.
"Edward, en serio. Tengo que ir sola."
"avísame cuando llegues, ¿sí?
Ella asintió.
Me quedé afuera hasta que auto se alejó con velocidad.

-

El piso estaba frío. Me dolía la espalda y la cabeza. Todo giraba.
El recuerdo amenazaba con atacarme.
"¡No!" grité.
No podía permitir que aquel recuerdo se instalara en mi mente.
27 de noviembre.
El piso estaba frío.
Hoy era 24 de noviembre.
Tres días.
Tres noches.
El piso estaba frío.

Hacía frío y yo me encontraba completamente mojado. El agua caía de mi pelo y ropa por el piso del comedor mientras caminaba con pasos largos. Iría a darme un baño caliente para dejar de
sentir tanto frío.
El agua casi hirviendo se deslizaba por mi cuerpo, llevando consigo cada sensación de frío que tenía mi cuerpo. Lo ajustaba a una nueva temperatura, a una más cálida. Contemplé como el agua
caía de forma sincronizada sobre mi cuerpo.
Me acordé del cuerpo desnudo de Bella huyendo bajo las suaves sabanas. Su sonrisa y su mirada intensa. Me pregunté como la había dejado marcharse. Algún día la secuestraría. Sería hasta
incluso divertido. La subiría a un avión y la llevaría a un lugar en donde podamos pasar el resto de nuestras vidas juntos. Era tan feliz con ella. Cuando estaba junto a ella el tiempo pasaba de otra manera. Era
más dulce, más exquisito, más deseable. Anhelaba cada instante que pasaba con ella y lo disfrutaba como si fuese el último. Una sonrisa suya bastaba para hacerme feliz por el resto del día. Cuando no estaba
con ella sólo tenía que pensar que pronto la vería, entonces el tiempo pasaba. Y en menos de lo que esperaba, Bella estaba junto a mí. Incluso cuando peleábamos era feliz. Luego me sentía mal pero sabía
que a pesar de todo ella me amaba y yo la amaba a ella. No había nada que podría hacer que la dejara de amar. No podría estar con otra mujer. Era Bella. Nadie más. Su nombre estaba impregnado en mi
corazón.

25, 26, 27.
Faltaba poco.
El tiempo pasa rápido.
El tiempo nos golpea y se lleva todo lo que queremos. Se llevó a Bella sin siquiera advertirme. Si sólo hubiese insistido más quizá nunca le hubiese pasado lo que le sucedió. Si la hubiese
secuestrado estaríamos juntos.
25, 26, 27.
Tres días.
Te juro que te amo.

-

"Alice, ¿llamó Bella?" le pregunté. Ella se encontraba arropada bajo las mantas, escapando del frío que se avecinaba y que incrementaría.
"No" contestó con voz soñolienta.
"De acuerdo" murmuré.
Habían pasado treinta minutos. Bella ya debería haber llegado a su casa. ¿Quizá se había olvidado de llamarme?
Toqué la puerta del cuarto de Rosalie, nadie respondió por lo que entré. Ella estaba durmiendo, me acerqué y la sacudí. Me miró desorientada.
"¿Te llamó Bella?" le pregunté.
Su mirada se transformó en una de odio.
"¡Vete de mi cuarto! ¿No ves que estaba durmiendo?"
"¿No te llamó?" repetí.
"¡No!" gritó.
Emmett caminaba por el pasillo en cuanto escuchó el grito de Rosalie.
"¿Pasa algo?" preguntó desde la puerta.
"¿Te llamó Bella?" le pregunté.
El pánico comenzaba a incrementar dentro mío.
"¡Largense de mi habitación!" gritó Rosalie.
Salí del cuarto corriendo, Emmett me siguió.
"¿Estás bien?" preguntó.
"Bella no me llamó. Y está lloviendo mucho."
"De seguro se olvidó, ve a dormir. Dejá de preocuparte" me aconsejó.
¿Cómo hacerle caso cuando no tenía novedades de Bella?
"La llamé por el celular pero no atiende" murmure. "Dile a Papá que la fui a buscar. Tengo que ver que está bien."
"Te va a matar, sabes que no puedes salir tan tarde."
Me alejé a pasos agigantados de la casa, y me subí rápidamente al vehículo.

No, no, no.
El recuerdo golpeaba mi cabeza, se abría paso entre todas las buenas memorias. Ardía como el fuego, arrazaba y destruía como éste también.
La lluvia.

-

Apreté el acelerador al tiempo que mi corazón latía desaforadamente.
Bella siempre llamaba cuando decía que lo iba a hacer, y siempre atendía.
Su camioneta últimamente tenía algunas fallas con respecto al freno.
Dejé de pensar, tenía que dejar de imaginarme el peor de los casos.

Una mancha roja a lo lejos llamó mi atención. Era en una zona si desértica, con sólo algunas casas en los alrededores.
No podía ser.
Un escalofrío recorrió mi casa, las lágrimas amenazaban con salir, mis manos presionaron el volante, y mi pie abusaba del acelerador.
Lo era.
La lluvia seguía cayendo.
Frené el auto en el medio de la calle y me bajé a toda prisa, no entendía lo que sucedía. ¿Por qué la camioneta de Bella estaba dada vuelta?

Cerraba los ojos con fuerza, intentando pensar en cualquier otra cosa. Cualquiera. Su velorio, su lápida, el ataúd, el dolor inmenso al perderla. Cualquier cosa, pero cualquiera, menos el momento
en el que la vi morir.

Me acerqué a la camioneta dada vuelta. Los vidrios de atrás estaban rotos, caminé en busca de la puerta del conductor.
Mi rostro se crispó en agonía al ver a Bella dentro.
"Be...lla" murmuré.
En mi estomago se formó un gran nudo. El fuego quema, el fuego destruye y lleva todo a su paso.
Abrí la puerta con manos toscas, temblaban y se me dificultó la tarea.
El rostro de Bella estaba cubierto con sangre, sus ojos estaban cerrados y su rostro con mueca de dolor. Le quité el cinturón y la retiré con sumo cuidado del asiento. La recosté en el frío pasto.
"Bella" le dije.
Moví mis brazos para que ella reaccionara, la recosté sobre mis piernas.
"Bella..." murmuré. Mis brazos la movían con fuerza, intentando despertar lo indispensable.
"¡Bella! Por favor... sólo abre los ojos" mis ojos estaban llenos de lágrimas. "No te vayas, Bella. No me dejes aquí. Bella. Por favor... juntos para siempre."
La abracé con fuerza mientras me movía toscamente, su cuerpo estaba caliente, pero no tenía su gracia de siempre.
"Bella por favor" le susurré en el oído. "Despierta, despierta."
La abracé más fuerte. No iba a dejar que se fuera, nadie la sacaría de mi lado. Nada ni nadie. Era mía. Era mi Bella. Frágil. lastimada. Pero Bella.
Sentí que un sonido salía de sus labios. Uno perdido, casi mudo.
La separé de mi abrazo para poder ver su rostro, intentaba abrir los ojitos, pero no podía, le temblaban. Le quería decir cuanto la amaba, pero en ese momento, lo único que podía hacer era ver
como intentaba incorporarse nuevamente en la vida.
"Te..." suspiró apenas audible. "A..mo" terminó de decir.
Una leve sonrisa se asomaba por sus labios. Pudo abrir sus ojos, por lo que la contemple. Estaba hermosa.
Sonreí.
La lluvia limpiaba la sangre de su rostro y se llevaba mis lágrimas.
"Bella, dejame llamar a una ambulancia, ¿Sí? Vas a estár bien, Vamos a estar bien."
Su sonrisa se desvaneció e intentó mover su mano, la tomé.
"N..o." susurró.
"Pero Bella, será un segundo y vuelvo contigo. Así te pones bien lo antes posible".
Su mano me apretó más fuerte, implorando que me quedase. Entonces comprendí lo que en verdad sucedía. Ella iba a morir. Iba a morir en mis brazos, y lo estaba aceptando.
"¡No, Bella!" grité. "Vas a ponerte bien. Vamos a ser felices. Nos vamos a casar y vamos a estár juntos para siempre Bella."
Sus ojos se fueron cerrando.
"No. Por favor. Quédate conmigo. Bella" su rostro se inclinó de lado. Sus latidos eran cada vez más lentos. "No me dejes, no soy nada sin ti. Por favor. Te lo suplico. llévame a mí, contigo. No
me interesa vivir si no estás tú."

Los latidos cesaron, la lluvia borró toda evidencia de sangre de su rostro. Estaba serena, su mano sobre la mía, su cuerpo sobre el mío. Fuimos uno.
Murió en mis brazos.

El dolor en mi pecho creció. Ya no era nada el fuerte dolor en mi cabeza y espalda, parecían cosa del pasado.
Me dolía el recuerdo.
El rostro bañado en sangre, mi impotencia al no poder hacer nada para salvarla. Y su aceptación de su destino.
"¿Edward?" preguntó la voz de Esme. Abrí los ojos repentinamente. Estaba en el suelo de la cocina. A mi alrededor estaban Alice, Rosalie, Esme y Bella.
Me puse rápidamente de pie, mi cabeza dio vueltas.
"¿Te encuentras bien?" preguntó.
"Sí, sí" respondí. "Tuve un... bueno mejor ya me voy."
"Llamé a Carlisle, está viniendo"
"No, te preocupes. Ya estoy bien, no fue nada" dije mientras caminaba a la puerta de la cocina.
"¿Qué pasó el 27 de noviembre?" preguntó bruscamente Rosalie, con intriga.
"¡Rosalie!" dijeron Bella y Alice a la vez. "Callate", agregó Alice.
"¿Se puede saber?" repuso Rosalie.
Tragué con dificultad.
"Murió mi novia" dije clavandole la mirada a Bella."En tres días se cumple un año desde su muerte."
Hubo silencio.
"Lo siento mucho" dijo Esme con tristeza.
"Yo también" las lágrimas amenazaban con escapar. "Era todo para mí" Miré a Esme, "Esme, te mentí. Recordé todo... es sólo que aquí me sentía bien. Pero les mentí. Gracias por dejarme quedar. Nos vemos.. por allí" suspiré.
Les dediqué una última mirada antes de marcharme para siempre de sus vidas.
Y me fui.
No volvería a ver a mi familia, vagaría por la vida en busca de algo que me hiciera sentir vivo. Pero antes tenía una misión. Me habían dado una segunda oportunidad y no la echaría a perder, haría que valiese la pena. Bella no iba a morir.

"Edward" llamó tímidamente una voz. "¿Podemos hablar?"