Hola aquí estoy yo de nuevo, con la conti de esta historia, espero no haber tardado más de lo que esperaban y que el cap. sea de su agrado, este se centra en Sessho y Kag. Este cap. en sí es para introducir un nuevo personaje "Natsuki" que es una youkai (el personaje creado por mí) que tendrá mucho que ver en el desarrollo de la historia. Las dejo para que lean, solo recordar que:
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, sino a Rumiko T.
Yo solo tomo prestados los personajes sin fines de lucro, para este fic que es de ustedes mis lector s. Y…gracias por todo su apoyo y los reviews en los que me animan a continuar.
Abcd (diálogos)
"abcd" (pensamientos)
Cap. IV: Celos
Ya habían pasado un par de días desde el incidente con los lobos y la herida de Sesshomaru había sanado al completo, y aunque el cielo se veía de un tono gris ya no nevaba, pero el invierno terminaría hasta febrero, por lo que Kagome se sentía un tanto agradecida de los días como éste, en los cuales no nevaba y solo la brisa fría los acompañaba en su camino; era más fácil avanzar así, al contrario, con la nieve, había que detenerse y esperar a que pasara. Kagome le había dado su suéter a Rin, así como una bufanda, también había intentado que Sesshomaru y Jaken las usaran, el primero luego de decirle que no era necesario y enrollar la bufanda color blanco en el delicado cuello de la azabache haciéndola sonrojar, y Jaken con un orgullo de muchas más proporciones que el tamaño de su cuerpo, dándole las gracias a Kagome dijo que si su amo no la usaba el tampoco lo haría.
Los integrantes del grupo viajaban en un cómodo silencio, que solo era roto de vez en cuando por las preguntas de Rin a Kagome y a su vez, las respuestas que ella daba a la pequeña.
― ¡Kagome-sama, mire allí!― la pequeña Rin señaló un punto al lado del camino que seguían, llamando la atención de la miko y ambas se acercaron al objeto de atención de la pequeña; era una flor de pétalos color rosa, y el tallo muy fino, parecía a duras penas haber soportado la brusca nevada.
― Es hermosa Rin― le respondió la azabache mientras ambas observaban la flor. La pequeña hizo un puchero.
― Kagome-sama, la flor es hermosa, pero es muy frágil, ¿no lo crees?― lo dicho por Rin atrajo la atención de Sesshomaru, que miró en su dirección, y los ojos dorados brillaron en una comprensión más allá de las inocentes palabras de la niña; al verlas ahí, el único pensamiento que pasó por su mente fue que tenían algo en común con aquella flor, a comparación de él y los de su especie, ellas eran frágiles…
― Pero ser frágil no la hace menos hermosa, solo hay que tener un poco de cuidado y no la dañarás― la azabache respondió a la niña mientras rozaba levemente uno de los pétalos de la flor. El youkai peliplata abrió un poco los ojos por lo inesperado de aquella respuesta y no pudo evitar comparar aquello con el modo en que él debía tratar y acercarse a Kagome, siempre moderando su fuerza que al más mínimo descuido podría acabar con la vida de ella sin quererlo.
Siguieron avanzando y ya era cerca de medio día, buscaban un lugar adecuado para descansar y tomar los alimentos, cuando pudieron divisar que más adelante, en el camino que ellos seguían unos hombres golpeaban a un muchacho, a simple vista eran ladrones, Sesshomaru iba a desviarse hacia el bosque, pero no contó con su impulsiva acompañante y aquel hábito de ayudar a quien se cruzase en su camino.
― ¿Qué creen que hacen? ¡Déjenlo en paz!― Kagome se plantó frente al grupo de bandidos con sus manos en puño, uno de ellos, aparentemente el líder, de un cuerpo robusto, abundante barba y cabello largo hasta los hombros se la quedó mirando, el hombre tenía una boca grande y sobre el ojo izquierdo le corría una cicatriz bastante grande y la visión de ese ojo era nula.
― ¡Muchachos! Dejen a ese pobre infeliz….nos divertiremos con ella.― decía el hombre con una sonrisa lujuriosa que dejo ver sus podridos dientes, la sonrisa se le borró al instante cuando Sesshomaru, quien se encontraba unos pasos atrás de Kagome, velozmente llegó hasta él, poniéndose frente a la muchacha de modo que puso distancia segura entre aquel desgraciado y ella, en tanto con una mirada fría sujeto al bandido por el cuello con su mano izquierda, elevándolo varios centímetros del suelo. Iba a matarlo, lo puso a su altura para que lo último que el infeliz viera fuese el rostro de quien lo enviaba al otro mundo, pero una mano pequeña que se aferró a la suya lo detuvo.
― Sesshomaru― susurró Kagome. El taiyoukai la miro de reojo sin descuidar al hombre, que ya tenía dificultad para respirar, ni a sus secuaces que lo veían con terror.
― ¿Porqué?― preguntó con el tono imperturbable de siempre pero genuinamente sorprendido, él sabía las intenciones y el significado tras las palabras del bandido y sabía que Kagome también las había comprendido, por eso no entendía la razón por la que ella no le dejaba matarlo.
― Porque tú no eres igual que ellos.― le dijo suavemente la azabache. Aquello lo desconcertó, ciertamente la chica nunca respondía de la manera en que él creía que lo haría. Antes de soltar al hombre con sus garras le hizo una herida, no lo suficiente como para matarle pero sí tendría una muy desagradable cicatriz, suspiró con cansancio mientras lo lanzaba al suelo como la basura que era.― Largo de aquí― sentenció el peliplata con la misma mirada impasible hacia los otros bandidos, los que con miedo cogieron a su líder y huyeron.
― ¿Se encuentra bien?― preguntó Kagome al joven frente a ellos, el chico aun no salía de su asombro y miraba entre asustado y agradecido al youkai y a la miko.
― ¿Eh?...Sí, estoy bien…gracias―respondió nervioso, pero la azabache no le creyó, por lo que de su mochila sacó un ungüento que le tendió al joven.― Toma, es para los golpes, te sentirás mejor― finalizó la joven sonriendo amablemente.
― Gracias, miko-sama― dijo el joven mientras guardaba el frasco entre sus ropas.― La aldea esta cerca, seguro la están esperando…― concluyó mirando un tanto nervioso al youkai peliplata.
― Disculpa, no sé de lo que hablas― dijo la azabache visiblemente desconcertada, se giró hacia Sesshomaru, quien a juzgar por la mirada desconfiada que le daba al muchacho, tampoco tenía idea acerca de algún peligro inmediato. Rin y Jaken aguardaban tras de Sesshomaru, la pequeña jugaba con los flecos que tenia la bufanda que Kagome le había dado.
― Disculpe, supe por sus vestiduras que era una miko y como en la aldea que está más adelante siguiendo este camino están siendo atacados por un monstruo, pensé que ustedes iban allá para ayudarles― explicó resueltamente el muchacho que se empezaba a sentir más tranquilo por el amable carácter de la cabello azabache.
― Entiendo― dijo Kagome mientras daba una rápida mirada a su atuendo, en las prisas tomó lo primero que encontró en su mochila, un traje de sacerdotisa que Kaede le había regalado cuando se enteró que ella buscaría los fragmentos por su lado, dejando al grupo de amigos. Aún sabiendo que este era uno especialmente confeccionado para ella y uno de los que Kikyo había usado, se sentía como si fuera la miko revivida en vez de ella misma.
Miró como el joven hacía una corta reverencia y seguía su camino, luego Sesshomaru pasó al frente y reanudaron su marcha. Luego encontraron un lugar lo bastante adecuado y se dispusieron a almorzar; cuando descansaban, Kagome no podía dejar de pensar lo que había dicho el joven aldeano; esas personas necesitaban ayuda y ella no podía solo irse cuando sabía que realmente podía ayudar. Se puso de pie, su cabello se movió graciosamente mientras ella se agachaba para sacudir un poco de nieve de su traje de sacerdotisa, luego se encaminó hacia Sesshomaru que se encontraba recostado al tronco de un árbol, su pierna izquierda estaba estirada y la derecha flexionada hacia él, apoyaba su mano derecha en la rodilla y un mechón de cabello se mecía suavemente con la leve brisa que corría. A la azabache esa imagen le recordó un poco cuando estuvieron en aquella cueva y Sesshomaru estaba mal de su herida, meneó su cabeza desechando esos pensamientos y concentrándose en lo que le diría.
― Sesshomaru…― el youkai abrió los ojos, indicándole a ella que tenía su atención.― sabes, luego de lo que dijo ese joven creo que…deberíamos ir a esa aldea, quizás haya un fragmento de Shikon, y aun si no lo hay yo….no puedo solo pasar de largo sabiendo que esas personas necesitan ayuda y que yo puedo ayudarles.― lo miró con decisión al decir esto último, esperaba que al menos él la apoyara en su intento.
El taiyoukai miraba a la azabache fijamente, ella y su buen corazón… ¿desde cuándo él se había vuelto tan manejable? Bufó suavemente en resignación y se puso de pie, luego ayudó a la miko a hacer lo mismo, él sabía bien que terminarían yendo hubiera o no fragmento de Shikon, por lo bondadosa que era su miko. Sonrió levemente ante ese pensamiento, ella era de un corazón puro, un carisma que al instante podía ganarse a quienes la conocían y era suya, para amar y proteger. Supo que era ella quien quería para que sea su compañera, su pareja; pero era más fácil decir que hacer, el nunca había cortejado a alguien, menos una humana, y aunque las cosas entre ellos se venían dando de forma muy natural, no dejaba de preocuparle el hecho de que su carácter podía ser difícil de llevar para ella.
― Jaken, cuida de Rin.― le dijo el peliplata a su sirviente mientras él y Kagome tomaban rumbo a la dichosa aldea. Era mejor que ellos se quedaran ahí, era un buen lugar.
Tardaron un poco en llegar, más que nada porque iban a un ritmo pausado, pero para cuando llegaron a los lindes de la aldea, Sesshomaru previó que no serian bien recibidos, sobretodo él, pero no dejaría a Kagome sola después de lo de esa mañana. Cuando estaban la plaza de la aldea, todas las personas comenzaron a formar un círculo a su alrededor, los murmullos no se hicieron esperar.
― ¡Miren! Una miko y un youkai― acusaba una mujer de unos treinta y tantos años.
― ¡Hay que hacer que se vayan!― vociferaban algunos hombre blandiendo instrumentos de arado, picos y lo que consideraran podría servirles de arma. Sesshomaru dio un gruñido bajo, ¿se supone que así recibían a quienes iban a ayudarles?, miró a Kagome, quien conservaba su postura firme y decidida, sin dejarse amedrentar por lo que hacían o decían los aldeanos. De pronto, un anciano, alto, de ojos negros y ropas color azul oscuro salió de una cabaña, en ese instante todos los aldeanos hicieron silencio. Kagome supuso que él debía ser el patriarca.
― ¿Qué los ha traído a nuestra aldea?― inquirió el anciano mientras miraba receloso al poderoso youkai sin reparar demasiado en Kagome, después de todo aun siendo una miko ella era humana, no sería tan difícil eliminarla de ser necesario, ah, pero el youkai era otra cosa, lo miraba fijamente y el frío de sus ojos hacía que se estremeciese por dentro, era poderoso y su gente jamás podría con alguien como él, debía andarse con cuidado.
― Hemos venido a ayudarlos, se nos dijo que un monstruo ataca esta aldea.― respondió Kagome con voz firme, haciendo que el anciano dejara de mirar a Sesshomaru y le prestara atención a ella.
― ¡Imposible!― vociferó uno de los aldeanos― ¡una miko que se ha dejado mancillar por un youkai no es capaz de hacerlo! ¡Tu ser y tu poder seguro están contaminados por ese monstruo!― cuando el hombre dejo hablar, todos excepto el anciano daban miradas reprobatorias a Kagome. Sesshomaru por otro lado estaba furioso, cómo ese estúpido humano se atrevía a referirse con esas palabras a su miko, su youki se desataba poderoso, expandiéndose, Kagome lo sintió como una sensación de hormigueo en la piel, más no así para los aldeanos quienes retrocedieron ante el poder que los sofocaba, el ambiente era pesado. Sesshomaru decidió, iba a matarlos por su osadía. En ese instante otra cosa atrajo su atención, el monstruo del que había hablado el joven que encontraron por la mañana apareció.
Era un ogro de gran tamaño, su piel era escamosa y de un tono azul oscuro, los ojos saltones y la boca grande de donde sobresalía la lengua de color verde, la única vestidura que llevaba era un taparrabos de piel y con un mazo enorme empezó a destruir las cabañas. Los aldeanos que se habían envalentonado con Kagome ahora huían despavoridos.
― ¡Sesshomaru!― la miko llamaba a su acompañante al verlo impasible ante la situación mientras ella tomaba el arco y tensaba un flecha.
― No.― fue la respuesta que dio el taiyoukai dirigiéndole una mirada cargada de significado. Kagome en seguida entendió, él le estaba dando la oportunidad de hacer que quienes la habían ofendido se tragaran sus palabras; encontrando el punto exacto realizó su disparo. Los aldeanos veían asombrados como la potente energía color rosa que envolvía a la flecha se expandió rápidamente, purificando al ogro en segundos. Todos le hacían reverencia a la miko.
― Creo que ya no hay nada que hacer aquí, Lord Sesshomaru― diciendo lo último con intención mientras caminaba hacia el Inuyoukai. Kagome vio las expresiones de asombro y miedo a partes iguales en los espectadores, ella se había cobrado un poco de lo groseros que habían sido, muy a su manera claro, todos sabían del hijo mayor del gran General Taisho y la reputación que tenía.
― Hmp…andando― fue lo único que dijo Sesshomaru y ella le siguió a las afueras de la aldea. Estaba atardeciendo y el cielo mostraba una hermosa gama de colores; los aldeanos se quedaron viendo por donde el youkai y la miko se habían ido, antes de iniciar las labores de reconstrucción de las cabañas destruidas.
La noche ya había elevado su manto oscuro en el cielo cuando Kagome y Sesshomaru llegaron a donde estaban Rin y Jaken. Había una fogata y, un poco alejados se observaban los restos del pescado que con seguridad había sido la cena de Jaken y la pequeña Rin, quien ya dormía.
― Amo Sesshomaru, Kagome-sama, que bueno que ya regresaron―dijo el kappa, pero antes de que pudiera aproximarse a los recién llegados, del lado contrario a la arboleda en la que estaban apareció una youkai, era una belleza exótica de cabellos dorados, felinos ojos verdes y un cuerpo muy bien formado; llevaba un kimono color crema que dejaba sus hombros al descubierto, el obi de color café y a medio muslo tenía una abertura que dejaba ver una de sus piernas de modo sugerente. La recién llegada sin perder tiempo se abalanzó a Sesshomaru, rozando los labios del macho con los suyos, mas retrocedió al ver como éste se preparaba para atacarla.
Kagome estupefacta abrió los ojos a más no poder, ¿qué era lo que sucedía?, ¿Quién era esa youkai y porqué había besado a Sesshomaru? Eran preguntas que pasaban velozmente por su cabeza; de repente la voz del Lord la saco de sus pensamientos
― Natsuki.― dijo el peliplata en un tono frío. Acto seguido, la youkai frente a él lo miró contrariada, ese no era él Sesshomaru que ella conocía, antes nunca la había rechazado.― No vuelvas siquiera a intentarlo…―dijo mientras la sostenía fuertemente de la muñeca. De repente, el olor a sal empezó a percibirse en el ambiente y el Lord supo que provenía de la miko
―Kagome…― llamó esperando obtener respuesta, mas no hubo ninguna. Soltó a la youkai y volteó solo para encontrar que Kagome caminaba de espaldas a él y en dirección al bosque.
― Así que es por eso…― susurró para sí misma Natsuki. Estaba quieta en su lugar y pasaba miradas de la miko que avanzaba hacia el bosque y luego a Sesshomaru, él….estaba interesado en esa humana.― Ja, que irónico, tú, el gran Sesshomaru Taisho, que guardaste tanto rencor a tu padre y renegaste del hijo que tuvo con una humana; mírate ahora, has caído, eres igual de débil que él.
― Lárgate….― la voz desprovista de emociones del taiyoukai, sorprendió a la hembra que esperaba que, picando su orgullo él dejara a su suerte a la humana y se quedase con ella, que tenía belleza, poder y una larga vida, en cambio, esa mujer, a su parecer era débil e insípida, sin contar que como todos los humanos, moriría en cuestión de tiempo.― tú ya no tienes nada que hacer aquí, éste no es tu lugar.― sentenció el youkai mientras dirigía sus pasos al bosque, en la dirección en la que Kagome se había ido.
Cerca de ahí, los pensamientos de la miko eran un caos "ella lo besó, y él….para que algo como eso pasara, tuvieron algo que ver…." Se abrazaba a sí misma intentando mitigar el dolor en su pecho, el clima estaba enfriando cada vez más y muy rápido, pero aquello no le importaba; sentía que todo se repetía, ella siendo desplazada por alguien más de la vida del hombre que amaba, y esta vez ni siquiera había cómo luchar, se dijo. "¿Cómo podría? Ella es…muy hermosa, además de ser una youkai de sangre pura, yo…tan solo soy humana" Se arrodilló y dejó caer con libertad sus lágrimas. Sintió una presencia a unos pasos de ella, sonrió con tristeza, sabía quién era, pero no sabía si realmente quería oír lo que él tenía que decir.
― Kagome, tenemos que hablar…― para la chica era sorprendente cómo, aún en aquella situación, la voz de barítono de él hacia erizar su piel. Se puso en pie tan rápido que por un momento todo a su alrededor dio vueltas, sabía que era lo que sentía, celos, celos de aquella mujer que había tenido la atención de Sesshomaru, el hombre que amaba y consideraba suyo, no era aquellos berrinches tontos que sintió por Kikyo y el hanyou, su primer amor, no. Ella ya sabía, ahora no era tan inexperta, y sabia que lo que sentía por el youkai superaba con creces lo que en un pasado hubiera sentido por Inuyasha, pero aun así, las inseguridades hacían mella en su pobre corazón.
― No, no quiero…― Kagome, de pie y con la frente en alto encaraba a Sesshomaru, el marrón de su mirada chocando con el dorado de la de él. El la vio allí, furiosa, con las mejillas enrojecidas y los rastros de lágrimas en su rostro y quiso tomarla entre sus brazos y borrar de ella todo rastro de tristeza.― ¿Porqué no vuelves allá? ¿No es ella más que suficiente?― las preguntas lanzadas en un tono dolido por un momento dejaron estupefacto al youkai frente a ella. Sesshomaru avanzó hacia ella, queriendo rodearla con sus brazos pero ella se rebeló, el reiki se elevó chisporroteando a su alrededor, causándole un hormigueo incómodo en la piel y chocando de a poco con su youki; detuvo su avance, la miko estaba molesta, él lo sabía y decidió probar otra forma de poder si quiera acercarse a ella o que le hablase.
― ¿Porqué tú no te consideras lo suficiente?― interrogó el lord mientras veía como los ojos marrones de ella perdían algo de su brillo y el reiki volvía a estar bajo control, la ira dando paso a la tristeza.― Ella fue algo de mera satisfacción de deseo, hace mucho, incluso antes que tú llegaras a esta era, pero no ha significado nada para mí más allá de eso. Muy diferente de lo que ocurre contigo―dijo el peliplata en tono pausado. La miko lo miró aun con los ojos brillosos por las lágrimas, antes de responderle.
― Porque tan solo soy humana….― el taiyoukai comprendió que era la respuesta a su pregunta. Sesshomaru avanzó hasta ella y despacio la atrajo hacia él en un abrazo delicado, llevó su boca al oído de la azabache y un ligero escalofrío recorrió la espalda de la muchacha cuando él susurró en su oído
― Puede que tengas razón, eres sólo una humana….―el corazón de Kagome se detuvo un instante para luego reanudar una marcha acelerada― pero aún así, eres todo lo que quiero.―finalizó el lord mientras la estrechaba un poco más y una brisa mecía el cabello de ambos, entremezclándolos un poco. Se quedaron ahí abrazados bajo el débil resplandor de la luna, medio oculta entre las nubes; esa noche no era romance, sino el consuelo de dos almas, dos corazones, dos seres que abrazaban un nuevo camino, juntos, aprendiendo de sus errores y aprendiendo a confiar en el otro.
Bueno, hasta aquí el cap. Espero les haya gustado, en el siguiente cap. Kikyo va a hacer de las suyas, pero también a ella le sucederá algo malo, el desenlace del cap. aun no lo decido, quisiera saber su opinión al respecto, ¿quieren que muera o prefieren que viva, pero siendo abandonada por Inuyasha? Espero sus sugerencias. Muchas gracias por leer esta historia. Que tengan una linda semana y nos leemos pronto
