Hola a todos de nuevo :) primero que todo, muchas gracias a quienes han leído, comentado y añadido la historia a sus favorites y/o followers. Me hacen sentir muy, pero muy feliz. Y por eso, a pesar de que tengo un millón de cosas que hacer, he dedicado mi tarde a completar este capitulo, que espero les guste. Trae un poco mas de información para aclarar ciertas cosas, y para todos quienes tienen las sospechas de lo que paso con el pequeño Malfoy... Tienen que leer jiji He contestado a casi todos los reviews de forma interna, y nuevamente vuelvo a agradecerles!
Por supuesto, nadie en esta historia me perteneces, bueno quizás excepto 2 jajaja. Ya verán :)
La recomendación de canción para este capitulo es Don't Forget about me de Cloves. Al igual que el cap anterior, dejare una marca donde poner la canción para que quede perfecto :)
Gracias de nuevo, y ahora si no molesto mas... A LEER!
Cerro los ojos agotada. Sentía los ojos hinchados de tanto llorar, y a pesar de todo, aún le quedaban lágrimas por derramar. Odiaba a Ron y su maldito egocentrismo. Odiaba que siempre terminaba humillándola delante de todos. Odiaba que siempre le perdonaba cada iniquidad. Odiaba quererlo tanto, y no recibir lo mismo a cambio. Le había demostrado de una y otra forma, que había más sentimientos de por medio. Que le hería verlo con Lavender. Pero él, parecía inmune a todo lo que ella hiciera o dijese. Y por eso lo odiaba. Salió del castillo arrastrando los pies. La lluvia caía bruta sobre su cabeza, mojando su cabello y sus ropas. Los jardines se veían hermosos con toda la lluvia inundándolos, los arboles del bosque prohibido bailaban felices al compás del viento. Y ella sentía que era la única forma de darle paz a su interior.
Inconscientemente sus pies la llevaron hasta el inicio del bosque prohibido, donde desde lejos escuchaba los aullidos y galopes. Camino mirando al piso, procurando no caer, hasta el pequeño claro rodeado de feroces árboles. Sin pensarlo dos veces, se sentó en el barro, cruzando las piernas y aspirando el aroma a tierra mojada. Cerrando los ojos, sintió su alma calmarse. No merecía la pena llorar por semejante bruto. No merecía la pena. No había sensación más maravillosa que la lluvia mojando su rostro, limpiando su cuerpo.
- Vas a agarrar un resfriado – se sobresaltó, abriendo los ojos por el impacto. Busco al dueño de aquellas palabras, encontrándose a Draco Malfoy, igual de mojado desde la cabeza a los pies, con el cabello mojado cayéndole desordenado en el rostro. Se quedó paralizada, mirando sus facciones frías, y de pronto sus ojos se encontraron, causándole un choque en todo su cuerpo.
- Podría decir lo mismo – se puso de pie con calma. Con su varita limpio su túnica que había quedado completamente embarrada.
Se quedaron mirando largos segundos, quizá minutos. De una forma increíble, no se sentía incomoda, ni sentía que se había arruinado su momento. Simplemente lo estaba compartiendo con alguien. Y ese alguien era Draco Malfoy.
- Me tranquiliza venir acá cuando llueve así – murmuro sin saber por qué. El mantuvo sus grises ojos clavados en ella. Debía verse desastrosa. Su pelo salvaje, mojado y pegado a su rostro. La nariz debía de tenerla roja. El vaho brotaba de su boca cada que respiraba. Su ropa estaba pegada a su cuerpo y llena de barro.
- No creí que te gustara romper las reglas – se sorprendió al verlo sonreír… sonreír sinceramente. Le devolvió la sonrisa, y de forma inconsciente mordió su labio.
- Por momentos como estos, vale la pena – el entrecerró los ojos, y ella enseguida entendió el sentido que habían tenido sus palabras. – Yo… digo, la lluvia – el volvió a sonreír. Sin evitarlo, soltó una carcajada. De pronto se vio riendo con ganas, agarrándose la panza que comenzaba a doler. El solo sonreía y la miraba como si fuera un espécimen único en el mundo.
- Entendí de un comienzo, pero me agradó escuchar tu risa – instantáneamente dejo de hacerlo. Abrió los ojos sorprendida. Acababa de hacerle un cumplido. O algo parecido.
- Gracias… creo – tomo su cabello y lo ato en una coleta. La lluvia comenzaba a cesar. – Creo que es hora de volver –
- Tienes… - se acercó demasiado rápido para poder reaccionar. Se estremeció cuando sintió el contacto frio de la piel de él contra la suya. Aguantó la respiración y sintió que su corazón comenzaba a latir demasiado rápido. – Tenías sucia la mejilla – lo vio sonreír, probablemente por su reacción. Aun cuando había limpiado su mejilla, no alejo su mano.
- Yo… - a pesar del frio, sentía la calidez del roce. El vaho que emanaba de sus bocas se mezclaba en el aire. El olor a tierra húmeda la embriaga, más si combinaba con el aroma a menta que brotaba de él. Estaba demasiado cerca como para poder ignorar su olor. Estaban demasiado cerca, pero no lograba sentirse lo suficientemente incómoda como para salir corriendo.
- Creo que deberíamos volver – alejó su mano y le hizo el ademan para que comenzara a caminar primero.
En silencio volvieron al castillo. Tenía una extraña sensación agradable. Había estado en medio de un claro a solas con Malfoy, y aunque debería haber tenido miedo, se había sentido, de forma increíble, cómoda y a gusto. Cuando se separaron, no pudo evitar acariciar su mejilla, sintiendo aun el calor sobre su piel. Malfoy no era el mismo niño malcriado de antes, definitivamente algo había cambiado en él, y aunque quisiera negárselo, le agradaba.
Días habían pasado desde que había ido a visitar a Draco. No llevaba la cuenta. Si contaba los días comenzaría a caer en desesperación. Solo sabía que cada día que pasaba, atrapaba a Harry preguntándole si había logrado algo con Kingsley. Cada día la respuesta era la misma. Están evaluando si merece la pena Hermione. ¿Si merecía la pena? Claro que sí. Al menos para ella.
Escucho que golpeaban la puerta de entrada. Al darse cuenta que nadie abría, salió corriendo de su habitación, varita en mano. Abrió la puerta lentamente, asomando solo su cabeza. Kingsley la observaba del otro lado con una suave sonrisa. Su corazón latió como mil caballos galopando.
- Buenos días Hermione – se hizo a un lado para dejarlo entrar.
Tan pronto lo hizo, se le corto la respiración y su corazón dejó de latir. Draco caminaba detrás del ministro, impoluto, con su cabello más corto y aseado, y con su clásico traje negro. Sus ojos se encontraron ansiosos, desesperados. Las lágrimas se agolparon en sus ojos, cayendo desbordadas. Cuando su corazón volvió a latir, sintió que lo hacía con calma. Con él ahí, con él junto a ella, se sentía en paz. Paso a su lado, embriagándola con su aroma a menta, aquel aroma que tanto había ansiado por dos años.
Mantuvieron la compostura cuando ambos hombres entraron a la casa. Los hizo esperar en el rellano, mientras iba a buscar a Harry. - ¡Harry!
- ¿Qué demonios Hermione? – pregunto el aludido saliendo de la cocina a paso ligero.
- ¡No me lo dijiste! – golpeo el brazo de su amigo de forma suave, casi como una caricia.
- ¿Qué cosa? – el desconcierto en la cara de Harry parecía real. Al parecer de verdad no sabía que Draco había sido liberado de Azkaban.
Entrecerrando los ojos, le hizo un gesto con la cabeza para que fuera al rellano. Lo siguió. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Realmente había salido de Azkaban. Realmente estaba ahí. No podía dejarlo ir de nuevo, su corazón no soportaría perderlo otra vez. Cuando llego hasta ellos, vio que Harry miraba colérico a Kingsley.
- ¡Como se te ocurre traerlo aquí! – gritaba desmandado. Miro a Hermione acusatoriamente. - ¡Es un mortífago Kingsley! –
- Ex mortífago Potter – murmuró Draco, solo para hacerlo molestar. Los observó a todos en silencio. Prefería mantenerse a raya de aquella discusión, antes de que las cosas empeoraran.
- ¡Me importa una mierda! ¡Es un peligro!
- No Harry, no lo es – sentencio el moreno hombre mudando su expresión risueña, a absoluta seriedad. – Convoque una reunión urgente, necesitamos hablar – y dicho lo último, desapareció camino a la cocina. Harry con toda su molestia, siguió al ministro.
Y de pronto quedaron solos. Sus ojos hablaban por si solos. Vio sus grises humedecerse y brillar, brillar como hace mucho tiempo no habían hecho. De forma inconsciente ambos relamieron sus labios, ansiando encontrarse y besarse. Pero no podían. Debían mantener la cordura. Porque un beso, un condenado beso significaría perderse en aquel infinito elixir de vida. Un solo beso significaría la pérdida absoluta de su cabeza, entregándose a lo que sus cuerpos habían ansiado por 2 desgraciados años.
- No puede ser, maldita sea – ambos sintieron como se rompía su burbuja. Miraron a las escaleras, y vieron a Blaise correr hacia el rubio, lanzándose a abrazarlo. – Creí que nunca más volvería a verte
Draco apenas devolvió el abrazo. Se quedó absolutamente quieto, con la mirada fija en ella, pero ya sin aquella calidez. Solo había un absoluto vacío. – 2 malditos años y ni una puta visita – mascullo con aquella frialdad de la que solo él era dueño, soltándose. Hermione jadeo, imaginando lo que vendría después.
- ¿Sabes lo difícil que es salir de esta mierda? No seas injusto, eres mi mejor amigo – Blaise se veía ofendido. Ella sabía lo difícil que le había resultado dejar ir a su amigo. Sabia cuanto había sufrido cuando se había enterado de su sentencia de muerte. Había llorado tanto como ella. Había llorado junto con ella.
- ¡Ja! Todos se excusan en lo mismo – grazno el rubio mirándola fijo.
- ¡Porque es la puta verdad! Si quieres pensar que todos nos olvidamos de ti, y que nos importó una mierda lo que te iba a pasar, allá tú – el moreno volteo y subió las escaleras de dos en dos.
- Fuiste injusto, ¿sabes? – susurro. El volvió su mirada a ella. Sus ojos parecían dos pozos de plata derretida, a un paso de comenzar a arder. Se estremeció ante su fuerza.
- Nadie, absolutamente nadie, fue a verme en 2 malditos años – sabía que eso le dolía en lo más profundo. Draco no era sentimental, si realmente no hubiese provocado un daño en su ser, no lo repetiría tanto.
- Y eso es porque te lo mereces, sucio mortífago – y este era el momento en donde la calma se iba por la puerta, para no volver. Ron bajaba las escaleras rojo de furia. Vio que Draco se tensaba en el lugar, apretando la mandíbula y los puños. - ¿Qué se supone que hace él aquí Hermione? – pregunto despectivo, parándose frente a Draco, desafiándolo. Tenía su varita en mano, algo que Draco había perdido hace 2 años.
- Podrías preguntarle a Kingsley en la cocina, yo no tengo ni la más mínima idea
- Si claro, hazte la tonta – escupió mirándola fijo. Se veía a punto de explotar, y sabía que, si no lo sacaba de ahí, eso podría pasar. Gracias a Merlín, Harry apareció desde la cocina, llamándolo.
- Ustedes también –
Se miraron largos segundos antes de ir a la cocina, siguiendo a Ronald. Le comenzaban a sudar las manos. El pecho le dolía. La cabeza le palpitaba. Su respiración se agitaba. Todo dependería de esa reunión. Si Draco tenía que irse, por Morgana que se iba con él.
Se quedaron de pie en la entrada de la habitación, esperando al resto de la Orden. Fueron largos minutos donde nadie dijo nada. Hasta Ron se mantenía al margen de todo, simplemente jugando con su varita entre sus manos. No podía quitar sus ojos de él. Había ansiado ese momento desde hacía tanto tiempo, que vivirlo al fin, era demasiado para su cordura.
Los primeros en llegar fueron Tonks y Lupin, la primera con una radiante sonrisa dedicada a su primo. Lupin se quedó mirándolo unos segundos, y luego le dedico una mirada seria. Trago fuerte, deseando que nadie dijera la verdad. A pesar de todo el amor que aún quedaba en su interior, la guerra no había acabado, y aquel rubio hombre era el único con la verdad posible para destruir a Voldemort. Seguidos llegaron los gemelos Weasley y Bill, acompañado de una embarazada Fleur. Cada uno más serio que el anterior. Resultaba sorprendente ver a los siempre joviales Fred y George, derrochando circunspección. Fueron acomodándose en la mesa, apenas dedicándoles un saludo a los presentes. La tensión podía cortarse con un cuchillo. Ojo loco y Hestia llegaron seguidos de los señores Weasley. De una forma que le lleno su corazón, Molly se acercó a ambos, y contra lo que todos esperaban, le dio un cálido beso en la mejilla a Draco, diciéndole cuanto se alegraba de que se había salvado, y que pudiese estar ahí con ellos esa mañana, dejándolo pasmado. No pudo evitar derramar un par de lágrimas cuando Molly la abrazó, reconfortándola y diciéndole al oído: - Confió en ese corazón tuyo Hermione
Estando todos sentados a la mesa, Harry pidió a Lupin que llevara a Draco a una de las habitaciones, para poder discutir tranquilos su situación. Pudo notar que aquello no hizo muy feliz al rubio. Pero era necesario. Tenía que explicarles a todos lo que había pasado y porque Draco había accedido al fin a dar tan ansiada información.
…
Caminaba en círculos en la maldita habitación donde lo habían encerrado. Llevaba horas metido ahí dentro y se sentía de nuevo en aquella sucia prisión. Se sentó en la cama. Afirmó los codos en sus rodillas y metió el rostro entre sus manos. A duras penas había salido de Azkaban y ya estaba siendo sometido a otro maldito juicio de valor. El solo tenía una cosa en su cabeza: Su Hijo. Su corazón latía fuerte en su pecho, retumbando en cada una de sus costillas, apretando sus pulmones, impidiéndole respirar libremente. Sentía una descarga de adrenalina en su cuerpo que hacía que la boca se le secara y su estómago se sintiera angustiado. Estaba tan cerca de al fin conocerlo. Odiaba no haber tenido la oportunidad de hablar con ella.
Restregó sus ojos con el dorso de su mano, cansado, y volvió a ponerse de pie. Necesitaba mantenerse en movimiento, sino, se volvería loco dentro de esas cuatro paredes. Maldito Potter. Encima que estaba ayudándolo, no quería tenerlo ahí. Era un maldito egocéntrico que no era capaz de aceptar la ayuda de nadie. No si eso significaría arrebatarle el título de héroe.
En su aburrimiento y desesperación, recorrió la habitación con más detención. Una torre de libros sobre el escritorio, ropa tirada sobre la butaca, plumas en perfecto orden de acuerdo al color, y un par de cuadros pintados por ella. Era su habitación. Esbozo una sonrisa acercándose al montón de ropa lanzada desordenadamente. Era tan típico de aquella castaña volverse loca ordenando libros, pero su ropa se perdía en montañas de desorden. Tomó una de sus camisetas, y por instinto la olió. Un mareo recorrió su cuerpo al sentir el brutal olor a rosas. Aquellas benditas rosas.
Siguió su recorrido. Paso sus manos acariciando el lomo de los libros que se encontraban en la cima de la torre. Eso es lo que ella llamaría lectura ligera. Otra sonrisa adorno sus labios. Siguió el camino por la habitación, hasta los pequeños cuadros que sabía eran su obra colgados en las paredes. Sabía cuánto amaba pintar. Era algo que nadie, excepto él, sabía. Era su pasatiempo favorito, más incluso que leer. Pero la vergüenza de ser rechazada, y que se burlaran de lo que hacía, la detenía de hacerlo. Pero con él había sentido la liberación, y había pintado decenas de pequeños cuadros, de cualquier cosa, de cualquier paisaje. Todos para él. Todos para decorar su casa. Todos los que ahora decoraban su habitación. Un nudo doloroso se formó en su garganta. Como ansiaba poderle dar una vida normal, lejos de toda esa mierda que les rodeaba. Pero a cambio, solo le daba dolor, miedo y la posibilidad diaria de morir. Acarició una de las telas pintadas, dejando escapar una solitaria lágrima. Llamo su atención una de las puntas sobresalientes. Retiró el cuadro de la pared y al voltearlo, encontró al menos una veintena de pergaminos. Camino a la cama, dejándolos caer sobre la manta. De pronto algo llamó aún más su atención… una foto.
(Momento de poner la canción!)
La tomo con manos temblorosas. Un vacío se acomodó en su pecho, reemplazando a su corazón. Aquel músculo que latía a veces demasiado lento, a veces demasiado rápido, acababa de salir corriendo de su pecho, acababa de salir corriendo en busca de aquel pequeño niño rubio que descansaba en los brazos de una joven mujer. Era una foto muggle. Lágrimas derramaron sin piedad de sus grises ojos, mientras su respiración se volvía increíblemente dolorosa. Era su hijo. Podía verlo en su cabello rubio, en sus ojos azul grisáceo: la mezcla perfecta de sus abuelos. Aferró la foto fuertemente contra su pecho, llorando sin disimulo, soltando quedos sollozos. Volvió a observar la foto. Se veía un niño feliz. De apenas unos meses, no más de 3 se atrevería a decir. Y sorprendentemente, estaba riendo. Lloro aún más al pensar en todo lo que se habría perdido hasta la fecha. Su primera risa, sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeras rabietas… su primera expresión de magia. El vacío crecía y crecía dentro de él, sin darle tregua a su pobre alma.
Guardo la foto dentro de su túnica, cerca de su corazón. Si es que algo quedaba de él. Tomo una de los pergaminos, y con temor comenzó a leer.
Querida Hermione:
Agradezco que hayas intentado contactarte con nosotros, aún a pesar de lo que Molly te pidió. Sabes que es peligroso, pero no puedo negarte que comprendo tu necesidad. El pequeño Abraxas está creciendo cada día más fuerte y hermoso, como su madre. Me llama la atención su cabello, es tan rubio por Merlín. Pero es verdaderamente hermoso Hermione, has traído a este mundo a un pequeño ángel. Quiero que sepas que a nuestro lado estará bien, nada le faltará, sobre todo amor. André está que se vuelve loco con él. Lo lleva a pasear cada tarde a un parque que hay cerca de casa, y cada noche se encarga de hacerlo dormir. Es un padre enamorado de su hijo.
Quiero que estés tranquila, Abraxas estará bien, y cuando llegue el momento, sabes que volveremos, y será tu hijo, en tus brazos. Solo te pido que dejes de intentar contactarte. Te envió esta foto para que veas cuando hermoso está. Gracias por la oportunidad de sentirme madre, no te defraudaré.
Con amor
Nasla.
Su corazón se estrujo en su pecho. Miles de trozos se incrustaban en su pecho, doliendo. Aquella pareja estaba viviendo lo que él y Hermione deberían haber vivido, y que aquella maldita guerra les había arrebatado tan cruelmente. Su hijo eres sencillamente perfecto, sabía que lo sería. Maldijo a Hermione por no haberle dado la oportunidad de estar con ella, de no haberle dado la oportunidad de conocerlo.
Pero, ¿Qué podría haber ofrecido desde una prisión llena de dementes? Nada. Iba a morir, y ella iba a quedar sola con un mestizo, que cualquiera reconocería como un Malfoy. Estaban en una guerra, estaban al borde de la muerte cada día, y ella solo había intentado alejar a su hijo de esa vida.
Leyó todos y cada uno de los pergaminos. Por orden de fecha enviada. Deleitándose con las historias que Nasla contaba de su hijo, imaginando todo en su cabeza, recreándose, suponiendo que eran ellos quienes lo abrazaban, lo mimaban, lo alimentaban, lo llevaban de paseo y lo cuidaban cuando estaba enfermo. Cuando hubo terminado, recogió el último. Ya no lloraba, no quedaban lágrimas por derramar. Se acomodó en la cama y se dispuso a leer. Se fijó en la fecha. Nasla escribía a Hermione por lo menos dos veces al mes. Pero al parecer ya habían pasado al menos 4 meses desde ese último pergamino. Lo recorrió ávido antes de comenzar a leer. Era mucho más corto que los demás.
Hermione, estamos bien, por ahora. Pero por favor, deja de buscarnos, tu última visita nos ha dejado asustados. Creemos que alguien te ha seguido, así es que decidimos mudarnos, no te diré donde, y bloqueare el correo. Cuando me pidieron hacerme cargo de Abraxas, fue con la condición de que nadie tenía que saber que era tu hijo. Tú te estas encargando que se enteren, y créeme, si algo le pasa, será tu culpa. Así es que déjanos en paz. El día que Quien-Tú-Sabes esté muerto, será el día que volvamos a Inglaterra, antes puedes olvidarlo.
Cuídate, quiero que llegues al final de todo esto y puedas al fin disfrutar a tu hijo. Al menos que valga la pena el tiempo que estén separados.
Un abrazo, Nasla.
- ¿Qué mierda se supone que haces? – se incorporó de golpe, viendo a Hermione de pie en el marco de la puerta, manos en las caderas y el ceño fruncido. Tenía las mejillas sonrosadas y una mirada de fiera.
- ¿Qué mierda se supone que significan estas cartas? – pregunto poniéndose de pie, desafiándola, mostrando la que tenía en sus manos.
- Yo… -
- Tú… tú tienes que explicarme que mierda paso con mi hijo… -
Okeeeeey! se aceptan apuestas de que es lo que paso con Abraxas... Todos queremos que esto acabe bien, les juro que yo también! Espero que les haya gustado el capitulo, y ustedes saben que la motivación de cualquiera que escribe, son esos comentarios que endulzan los días jiji! asi es que, si leíste y te gusto, baja un poquito y deja tu review :) :)!
Nos vemos en el próximo capitulo, besos a todos quienes pasen a disfrutar de mi triste historia! :)
