¡Hola! Espero que estén bien ^^ Hice un pequeño cambio, al inicio de los capítulos habrá unos fragmentos que pertenecerán a discursos, anuncios, programas, noticieros... Es posible que no entendáis exactamente para que sirven, una tontería mía, pero me gustaba : ) También lo puse en los anteriores, pero no da ningún cambio en la historia ni nada parecido. Es un adorno. Un adorno del que nadie va a entender ni papa - -U, pero bueno, que se le va a hacer...

Y otra cosa, cuando finalice la tercera guerra mundial haré un esquema explicando lo que sucedió paso a paso. Creo que eso os ayudará a entenderlo mejor ^^

Contestación a los review:

Tsukiko-Chan: Aunque ya te contesté el review, espero que todo te vaya bien ^^

Nozomi: Aquí va la conti, espero que te guste ^^

Pepita: Este es el capítulo de España y Romano, aunque básicamente es malo salir en mis capítulos... - -U Emil es Islandia, su historia ya aparecerá ^^

Espero que les guste, Violett Shadow, este capi sigue siendo el tuyo, aunque ahora solo haya spamano. Pero más spamano, eso sí ;P Ahora si les dejo con el capítulo. Las veo abajo ^^

.

.

.

"Podemos concluir que la invasión a Siberia ha sido todo un éxito. Nuestras tropas lucharon duramente contra esos bárbaros y vencieron. En el sur nuestros aliados han llevado a cabo una táctica similar. Solo es cuestión de tiempo que Rusia y China caigan y finalice rápidamente esta guerra que no se puede llamar guerra mundial"

"Nuestros aliados necesitan ayuda, tu país te necesita, tus padres, hijos, amigos... Todos te necesitan... ¿Eres capaz de abandonarlos? Demostremos de qué estamos hechos. Lucha por tu patria"

"Un hecho histórico ha ocurrido. Suiza que desde hace siglos siempre se ha mostrado en la más absoluta neutralidad, se ha decantado por un bando tras el bombardeo alemán. Las autoridades alemanas niegan las acusaciones y afirman que todo es un plan de Francia..."

"¡No podemos permitir esto! ¿Podemos? NO. Di no a los campos de concentración. Di no a familias separadas, a asesinatos, torturas, hambre, violaciones... Di NO. El gobierno asegura que solo serán internados ¿Pero cuánto tiempo pasará hasta que se conviertan en campos de exterminio? Debemos negarnos a las pretensiones del gobierno, por mucho que juren que eso nunca sucederá. Recuerda NO, DI NO A LOS CAMPOS DE EXTERMINIO."

Capítulo 3: Catorce naciones jugaron al escondite en el bosque, dos se perdieron y quedaron doce...

Día de la reunión Romano

Arrastré a mi hermano hasta una habitación, lo suficientemente lejos de las miradas de pena, los susurros y los dedos que le señalaban. Joder, mierda...

Cerré de un portazo la puerta, avisando a todos que no entraran por ninguna razón. Si perder segundo, acerqué una silla a mi hermano y le indiqué que se sentara. Se sentó sin pronunciar sonido. Joder, maldito bastardo patata ¿En qué cojones estabas pensando?

"Retiro todo lo bueno que alguna vez pude pensar de ti, eres un maldito fliggio de puttana" Pensé mientras agarraba el hombro de mi hermano y lo zarandeaba.

-Feliciano... Feliciano ¡Reacciona!- Le grité.

-¿Ve? Fra-fratello.- Parecía desolado, apretando la cruz en su cuello.- ¿E-es ve-verdad? ¿N-no es un su-sueño?

-Sí. Y tenemos que decidir qué haremos. Ya no podemos quedarnos del lado de Alemania. Tenemos que estrechar lazos con Estados Unidos e Inglaterra.- Además de España. Me gustaba la idea de cambiar de bando. Antonio estaba en él, nunca me había gustado la sensación de ser enemigos. Dejé de lado esos pensamientos, ahora había cosas más preocupantes, como ocuparme de mi hermano en estado catatónico.

-¿P-por qué n-no?- Reprimí las ganas de gritarle. Seguía sin creerse lo que había pasado. Paciencia. Solo tenía que contárselo otra vez.

-Alemania ha declarado la guerra a Italia. ¿Te acuerdas de que nación somos? Italia. Rusia y China no dudarán en ponerse de lado de Alemania.- Hablé puramente en términos de gobiernos más que de representaciones. Dudaba que cualquiera de los bastardos patatas estuviese de acuerdo en tener de aliado a Rusia.- Tenemos que buscar otros aliados.

-¿Por qué? Yo solo quiero estar con Lud... No quiero luchar contra él...- Sollozó para a los pocos segundos romper a llorar.- Quiero que sea todo como esta mañana... N-no quiero volver a ser su enemigo... No quiero revivir esa sensación...

Dubitativamente pasé los brazos por sus hombros y le abracé, sin saber muy bien que hacer para animarle. Así estuvimos un tiempo mientras él seguí llorando. No hablé ¿Para qué? Nada de lo que dijera cambiaría la situación. Nos quedamos en esa sala, yo con la camisa mojada y él soltando todas las lágrimas que no había redamado en la reunión.

Meses después. Ciudad del Vaticano

-Padre nostro, che sei nei cieli, sia santificato il tuo nome, venga il tuo regno,- Recé mirando la estatua que se erguía en frente de mí. El intenso olor a incienso, el sonido de un órgano lejano, los bancos de madera antiguos. Todo conformando una de las capillas más pequeñas del Vaticano.

-Bienvenido seas a la casa del señor, Lovino.- Dejé la oración a medias, volteándome para ver a un hombre de mediana edad vestido con los trajes de un obispo. Vaticano.

-Ilustrísima, no pensé que te encontraría aquí.- Saludé levantándome del reclinatorio.

-Déjate de formalidades, Lovino. Estoy seguro de que has venido para preguntarme algo.- Me conocía bien. Se acercó a mí sentándonos ambos en uno de los bancos.

-Yo... en parte he venido para eso... por otro lado solo a rezar.- Por todas las vidas que he arrebatado desde que empezó está estúpida guerra.- ¿Hay... Hay un cielo para las naciones?

-Feliciano ¿No?- Asentí. Su muerte todavía era demasiado reciente y ambos no habíamos acabado en los mejores términos. Joder, la culpa no me dejaba vivir.

Flashback

-Feliciano, no vayas al campo de batalla.- Le repetí agarrando con más fuerza el móvil.- Ni se te ocurra desobedecerme.

-Voy a ir, fratellone.

-¿Y qué harás si te encuentras a ese hijo de puta?- Alias, me gustaría decir, su exmarido; pero no. Mi hermano se negaba a firmar los papeles del divorcio para enviárselos a puto bastardo cabeza cuadrada.- ¿Le dispararás? No tienes los huevos suficientes...

-Y-yo nunca dispararía a Lud ¡LE AMO!- Estúpido soñador.

-Solo te lo voy a repetir una vez más. ÉL NO TE AMA. Nunca lo ha hecho, así que deja de pensar que después de esta maldita guerra todo continuará como antes y volveréis a ser felices ¡Por qué no será así! Si él te ve en el campo no durará en matarte.

-Me tengo que ir, fratello. Me llaman...

-¡Ni se te ocurra colgar, malnacido de mierda! NO VAY...- Desde el otro lado el idiota de mi hermano colgó, quedándome con un teléfono en la oreja donde solo se oían los pitidos característicos.

Maldije entre dientes mientras metía en móvil en el bolsillo. Cuando volviese le mataría.

Fin flashback

Pero nunca volvió. Solo encontré un cuerpo ensangrentado junto a otro cuerpo con el uniforme alemán. Me confundí, nunca pensé que diría esto... Pero el mach... mi cuñado realmente le amaba. Cuando Italia se unió formalmente al bloque de Estados Unidos, Japón y todos los demás; me enteré del plan que siempre había tenido como reserva: Matarse antes él que a Feliciano. No podía creérmelo cuando me lo contaron...

-...Creo que hay algo bueno esperándonos al otro lado.- Todo este tiempo Vaticano estuvo hablando. Mierda, espero que no dijese nada importante.- Es lo único que te puedo decir. Feliciano estará bien. Nunca hizo daño. Siempre fue una buena nación. No creo que le espere otra cosa que el cielo. Estoy seguro que nos está mirando desde allá arriba.- Las ganas de soltarle algo como "Tu jefe piensa que todas las naciones vamos a ir al infierno." No por matar a miles de personas y tener las manos llenas de sangre, no. Solo por ser homosexuales. Gilipollas. Al menos Vaticano no lo creía, aunque tardó bastante tiempo en asumirlo.

Mi móvil sonó, valiéndome una cara reprobatoria de Vaticano. Me levanté del banco. Contesté a la voz que porvenía del móvil, uno de los muchos generales deseosos de continuar la guerra y aliarse con los demás países.

-¿Es importante?- Preguntó cuando acabé de hablar.

-Dicen que alguien me espera en la mansión para terminar los trámites para mi integración en el bloque del bast...- Recordé que estaba en una Iglesia.- de Estados Unidos. Y he dejado a Alphonse solo toda la mañana. Será mejor que vuelva.

Se levantó del asiento para acompañarme a la salida.- Saluda al joven Alphonse de mi parte. Es un joven muy bien educado.

Unas horas después

Salí del coche y me estiré. Las curvas para llegar hasta la mansión se podían hacer interminables.

-¡Tito, tito, tito!- Alphonse se tiró contra mí, esperando que le atrapase.- ¡Llegaste! ¡Llegaste!

Reprimí un insulto. Cuando Alphonse se había lanzado sobre mí, había tropezado con una piedra, produciéndome daño en la planta del pie.

-Sí, pero cálmate, Alphonse. Has estado a punto de tirarme.

-Mi dispiace tío...- Murmuró mirando al suelo abochornado.- ¡Pero ha venido mucha gente con uniformes verdes y no me gustan!

Así que los superiores del ejército habían llegado. Les dije a las 5, no a las 4. Nadie me hace ni puto caso.

-¡Pero ha venido...!- Se tapó la boca. ¿Quién más había venido? ¿Inglaterra?- Se suponía que era una sorpresa. No debía decírtelo ¿Podrías olvidar lo que he dicho? Así seguirá siendo una sorpresa.

Cuando me miraba así, cuando se comportaba así... Me recordaba a Feliciano... Quitando sus ojos y su pelo que eran producto del macho patatas casi todo me recordaba a él.

-Olvidaré lo que has dicho. Ahora entremos.- Para que pudiese discutir con todos esos idiotas del ejército y sus ansias de lucha.- pero te irás a la cama sin rechistar hoy.

-Sí, zio. ¡Vamos deprisa!- Tiró de mi mano para que andase más rápido, deseando entrar en la casa y contándome en el camino todo lo que había hecho durante el día.

España

Lovi y Alphonse llegarían en un momento. Di unos pasos nerviosos, estaba impaciente, muy impaciente. La última vez que le había visto había sido en el entierro. Y no acabamos bien. Seguíamos casado, por supuesto y hablando casi todos los días (Auqneu en las conversaciones sé que está ahí, por el sonido de las respiraciones y algunos insultos lanzados contra mi persona), pero las cosas que nos dijimos no se arreglan en una llamada, sino cara a cara.

-Espera ¿Por qué tanta prisas?- Algo que me sorprendió cuando me lo contaron es que Lovi no decía palabrotas delante del niño. Me resultaba gracioso, él nunca dejó de decirlas en ningún momento; pero con Alfi había cambiado... Todavía seguía buscando un buen diminutivo para su nombre; ese me recordaba demasiado a Estados Unidos.

-¡Vamos! ¡Vamos!- Gritó alegremente Alfi. Que niño más alegre; me encantaba ser su tío.

-¡Alfi, vas a dejar agotado a tu tío! ¡Ves más despacio!- Grité, consiguiendo que fuese a mayor velocidad mientas gritaba "¡Tito! ¡Tito!" y que Lovi parase bruscamente al oírme.

-¿A-Antonio?- Quizás debí decirle algo antes de llegar, a Lovi no le gustan mucho las sorpresas. Seguro que en su mente me estaba llamando bastardo.

-¿Hola?- Saludé tímidamente. Cada vez la idea de dar una sorpresa me parecía peor...

Nos quedamos los tres parados. Yo, dudando que hacer, Lovi a punto de explotar y Alfi sin saber por qué su tío no me seguía andando.

-Alfi ¿Por qué no vas a buscar los dibujos qué has hecho para enseñárselos a tu tío mientras hablo con él?- Pregunté al niño que asintió y soltó la mano de Lovino dirigiéndose a la casa.

-No pensé que sería ya tan grande.- Musité, observando como entraba en la casa. Solo le había visto una vez, cuando le encontraron y de eso hace más de un mes. Dormido como estaba en ese entonces me había dado la impresión de que era mucho más pequeño.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó bruscamente, sin hacer caso a lo que dije.

-¿Eh?- Emití sin saber a qué se refería.

-Ya me has oído ¡Qué cojones haces aquí!- Respondió, cada vez más cabreado.

-S-Soy tú esposo. Lo normal es que esté aquí. Contigo.

-También eras mi esposo cuando mi hermano murió.- Se acercó unos pasos furioso. Estuve a punto de retroceder a mi vez yo unos cuantos, pero me mantuve en mi sitio.- Pero eso no te importaba en ese entonces.

-¡Feli siempre me importó! ¡Nunca digas que no me importáis!

-¡Eso ya no importa! ¡No cambiará nada!- Paró dándose cuenta de sus palabras.- N-no cambiará nada...

En el funeral intentó impedirnos el paso. Sentía que los habíamos abandonado. Su odio no era contra Ludwig o Gilbert, sino contra los que se suponía sus aliados. Tampoco se podía decir que lo nuestro era realmente una alianza, solo se formó tras la guerra. Pero su odio iba contra todos las representaciones de las naciones. Sentía que podríamos haber hecho más (yo también creo eso, pero no serviría de nada que lo diga), quizás no debí suponer que sería como en todas las guerras. Nadie moriría, algo de rencor durante unos años y ya está.

-Lovi...- Di un paso hacia él, cerrando la distancia, queriendo abrazarle. Pero él me apartó de un empujón.

-Vete a la mierda. Os voy a dejar una cosa clara, no quiero que os acerquéis a Alphonse. Ninguno. Os podéis meter vuestras malditas órdenes por el culo. No os quiero ver a ninguno aquí.

-No me voy a ir.

-Espero que sepas de algún otro lugar donde dormir, porque en mi casa no entrarás...- Sabía que venir sería difícil, pero no me imaginaba que tanto. Ahora entiendo por qué todos me dijeron que esperase algo más. Pero no quería estar más tiempo separado de Lovino.

-Zio, Zio.- Ambos dirigimos la mirada hacia el sendero, donde Alfi se acercaba a toda velocidad.- ¡Mira mi dibujo!

-Déjame verlo.- Dijo agachándose al lado del niño. Observé por detrás de su hombro el dibujo. Eran tres figuras, dos grandes y una más pequeña. No era difícil reconocerles. Éramos nosotros tres. Para tener... ¿Cuántos años tenía? Parecía de cinco, pero solo debería tener unos meses... da igual... dibujaba muy bien...

Vi como Lovi alborotaba el pelo de Alfi felicitándole por lo bien que lo había hecho. Sonreí, Lovino siempre dijo que no se llevaba bien con los niños, pero con Alphonse era todo lo contrario.

-¿Tú por qué sonríes bas... Antonio?- Incluso había dejado de insultar por Alfi (Cuando el niño estaba delante, por supuesto. Dudo que dejase de decirlas para siempre.).

-Por nada, Lovi. Por nada.- Le respondí continuando sonriendo.- Alfi, ¿Por qué me has dibujado?

-También eres mi zio ¿No?- Parecía francamente confuso.- Eres el hombre que el zio Lovi tiene en las fotos escondidas y saca cuando creo que no lo veo. Y Zio Gilbert me dijo que eras mi zio también y que vosotros dos sois como vati y papà. ¿Eso significa que tendré primos?

-Si- Contesté confiado.

-¡CLARO QUE NO!- Gritó Lovi, exaltado- ¡Aquí nadie va a tener los hijos de este bastardo!

Yo quería tener hijos con él. Esperaría a que nos reconciliásemos para decírselo. Era lo más seguro.

-¡Y vámonos ya! ¡Prometiste que hoy dormirías temprano! Y tú- Me señaló con el dedo- enséñame por lo que has venido.

Sería lo mejor que le hiciese caso. Después de la reunión intentaría mejorar las cosas con él. Ahora sería imposible.

-Zio... ¿Qué significa bastardo?

Unas horas después

Cuidar de Alfi había sido divertido, aunque agotador. Ese niño tenía la energía de Italia y las ganas de actuar de Alemania. Al principio Lovi se había negado a que participase, pero viendo la insistencia de Alfi para que participase, al final me dejó pasar, no sin antes amenazarme y repetirme varias veces que esto no significaba nada.

Además, la reunión solo me había dejado más cansado. Fue una discusión entre los distintos militares sobre las distintas tácticas que se llevarían a cabo. Una contraofensiva. A este ritmo empezaría una verdadera guerra en poco tiempo. Mi cometido como nación y representante de las personificaciones de las naciones dentro del bloque era ratificar todo lo que decían. ¿Para eso me necesitaban? Tenía cosas más importantes que hacer, como arreglar las cosas con Lovino antes de irme.

Entré en nuestra habitación observándola, hace meses que no pisaba esta sala. Me alegré al ver que no había cambiado casi nada, solo pequeños detalles... como todas las fotos.

Las fotos que antes adornaban la habitación no estaban. Una de nuestra boda, un picnic con otras naciones, una foto de la familia, nosotros dos en Madrid hace unos veinte años... Ninguna de ellas estaba.

Alfi dijo que me reconoció en las fotos que Lovino tenía escondidas ¿Se refería a las fotos de nuestra habitación?

La única que había era una con Alfi y Lovino, ambos sonriendo. Era una foto muy tierna. La cogí con una mano para mirarla más de cerca. Debía ser muy reciente, es posible que no tuviera ni una semana.

-¿Qué haces aquí, bastardo?- Me giré, con la foto todavía en la mano. Lovino acababa de entrar.- Y deja la foto donde estaba.- Dejé la foto en la mesilla en su posición anterior.

-Ya te lo dije antes.

-En mi habitación, idiota.- Su actitud me estaba empezando a cansar...

-¿Dónde quieres que duerma? Está también es mi habitación.

-No me importa. No te quiero ver aquí.

-Muy bien. Me voy.- Recogí la mochila donde había traído mi ropa, cansado de su actitud. Si no quería verme, me iría de la casa. Solo espero que no haga mucho frío fuera...

-Espera... ¿A dónde vas?

-Dices que no me quieres ver aquí. Haré lo que tú quieres. Dormiré fuera.- Parecía más enfadado tras decirle que me iba ¿No era lo que quería?

-Hace frío fuera. Estamos en medio de las montañas.- Replicó interponiéndose en mi camino.

-Entonces me cogeré un resfriado si con eso consigo que me perdones.- Haría muchas cosas para que me perdonases. Eso lo sabes tú bien, aunque digas que no.

Nos quedamos mirándonos, yo con la mochila en la espalda y él en medio de la puerta, impidiéndome salir. Tras unos momentos desvió la mirada y maldijo varias veces.- ¡Quédate en la puta habitación si quieres! ¡Pero no me toques! ¡Si lo haces te pegaré tal golpe que desearás no estar vivo!

-Gracias Lovi.- Contesté. Me sentía como si hubiese dado un paso de gigante. Al menos no me había dejado durmiendo en el jardín. Eso ya era algo.

Abrí uno de los cajones de la mesilla, rezando por qué no hubiese quemado mis calzoncillos. Una vez lo hizo, hace años, enfadado conmigo. ¿Se enfadaría mucho si le preguntase si había quemado mi ropa?

¿Eh? Saqué unas fotos del cajón. Las mismas que deberían estar colgadas en las paredes o puestas en la mesilla. La primera era una nuestra, en un parque ¿Qué hacían aquí?

-Lovi...- Le enseñé las fotos, mirándome sin saber qué hacer.- ¿Por qué están aquí?

Se quedó callado, mirando fijamente las fotos que le enseñaba. Volteé las fotos. La primera era una de nosotros con Ludwig y Feli.

-Lovi ¿Estás bien?- Dejé las fotos en la cama y me acerqué rodeándolo con los brazos.- Lovi, ¿qué te está sucediendo? Si no me lo dices, no podré ayudarte. ¿Lovi?

-Fue mi puta culpa.- Contestó mirando las fotos sobre la cama. Hablaba de Feli ¿No? Seguí abrazándole, esperando que continuase.- Joder, debí pararle de alguna puta manera. Pero solo le grité. E hizo lo que le dio la puta gana. Como siempre. Debí estar allí.

-No fue tu culpa.

-¡Tú no tienes ni puta idea! Nunca te has quedado esperando a que los demás te ayudásemos.

-Sí lo hice. Esperé un milagro que no sucedió. Y unos pocos meses después entrasteis en guerra.- Dije rememorando la guerra que dividió a mi país y también a mí. Esperé la ayuda de Estados Unidos, Inglaterra, alguien que detuviese el alzamiento; pero no entraron por ese maldito pacto de no intervención. No me importaba quién pudiese ganar o perder esa guerra, en ambas partes sufriría por lo que perecieron. Y eso es lo que sucedió.

-No perdiste a tu hermano y te dejo a un niño que cuidar. ¡No sé cuidar niños! No sé si lo estoy haciendo bien... si debería dejarle ir con otra nación...

-Quizás no sepas cuidar niños, pero sabes cuidar a Alphonse. Te he visto con él y nadie puede negar que eres la mejor persona con la que puede estar ese niño. No conozco a ninguna nación mejor que tú para cuidarle. Además, para cuidar a un niño, no solo vale los cuidados, también os debéis querer. Y puedo asegurarte que él te quiere. Eres su "zio" favorito- Acabé, pronunciando en mi mejor italiano la palabra "Zio".

Nos quedamos unos instantes abrazados, Lovino pensando en lo que había dicho, pero el momento emotivo ya había acabado, Lovi se removió incómodo entre mis brazos.

-Puede... Solo puede... que tú no tengas las culpas; pero eso no significa que te haya perdonado. Y no te acerques a mí por la noche. Ni un milímetro.

Estoy seguro que nunca realmente quiso echarme de la casa, solo está enfadado consigo mismo y con nuestros gobiernos. Ahora lo que debía conseguir es que se perdonase a sí mismo.

Si a mí me hubiesen dejado Lovi, te lo juro, hubiese entrado en la guerra. Pero todavía soy solamente un país que solo puede seguir órdenes...

Un mes después Romano

-Anda, Lovi. Di que sí...- ¿Cuántas veces iba a pedírmelo? Parecía un puto loro.

-Ya te dije que no.

-Zio, per favore. ¿Podemos ir? ¡Yo quiero visitar España!- Alphonse me miró, poniendo ojitos... ¿Quién había sido el gilipollas que le había enseñado a poner esa cara? Para qué pregunto... Solo había un retrasado que lo haría, pero enseñarle eso para que me convenza era caer muy bajo.

-Solo serán cuatro días. Nos divertiremos. Todavía podemos bañarnos en la playa.

-Estamos en guerra, no puedo irme de aquí. Y si se te ha olvidado, tú también.

-Nos han dado de permiso una semana. Podemos aprovechar para venir rápidamente y volver en unos días.- Antonio se sentó a mi lado, cogiendo una de mis manos. Pero rápidamente la aparté de un manotazo. Sus patéticos intentos no harían que cambiase de opinión.- Estás igual de agotado que yo y Alphonse quiere ver mundo ¿A qué sí pequeñín?

-Quiero ve una playa. Y hacer castillos de arena. Y nadar. Y comer gelato. Y...- Mis patéticos intentos no dudarían mucho, cuando se aliaban era imposible razonar con ellos.

-¡Muy bien! ¡Pero solo cuatro días! ¡Y nos vamos hoy!- Acepté levantándome del sofá y caminando con paso firme a mi habitación.- ¡Hoy cuenta como uno de los días, así que moveos!

Oí las voces de los dos, alegres de que hubiese aceptado. Sonreí, no les iba a contar que yo también quería ir desde el principio.

Tres días después

Tampoco se estaba tan mal en España. La playa era agradable, Alphonse era feliz jugando con la arena o con los trastos que había traído Antonio de su casa, la comida no era tan buena como la de Italia, pero era mucho mejor que la de los demás países. La atmósfera también me ayudaba a pensar. Estar tanto tiempo en los lugares donde había estado mi hermano solo me hacía más daño. Quizás había sido bueno cambiar de aires.

-Zio.- Alphonse tiró de mi manga, reclamando mi atención.- ¿Me compras un gelato? Tengo hambre.

Miré la hora. Ya era hora de merendar, tampoco estaría mal comprarle un helado. Se había comportado mejor que Antonio, eso se merecía un premio de mi parte.

-Muy bien, pero tendrás que comerte toda la cena.- Después de avisar a Antonio que dormitaba en una de las tumbonas y colocar la sombrilla para que no se quemara el muy idiota, cogí la mano de Alphonse y me dirigí al chiringuito (Aquí llamaban a esos sitios a pie de playa en España) más cercano, donde esperé que nos atendieran. Pero la espera se hacía eterna, la anciana y el viejo delante de nosotros tardaban mucho en ser atendidos. ¡Cuánto cuesta comprar un maldito helado!

-¡Pero qué niño más mono!- La anciana delante de nosotros se había girado y miraba a Alphonse.- ¿Cómo te llamas, cariño?

-Al-Alphonse.- Tartamudeó escondiéndose entre medias detrás de mí, abochornado.

-Qué timidito.- Comentó la mujer embozando soltando una risita.- Tiene usted un hijo muy gracioso. Se parecen mucho.

¿Mi hijo? Quise decirle la verdad a la mujer, pero ya se había ido junto al otro hombre. Compré el helado y salí del local.

No podía dejar de dar vueltas a lo que había dicho... ¿Alphonse? ¿Mi hijo? Él no podía ser mi hijo, era el hijo de Feliciano. De mi hermano.

Por mi mente pasó una imagen de nosotros tres: De Antonio, Alphonse y yo, juntos, como una familia.

No. Estaba mal. Pensar eso estaba mal. No podía quitarle el papel a mi hermano. Él debía ser quien viese como crecía, no yo. Pero aquí estaba.

-Zio...- Miré hacia Alphonse quien me había agarrado del pantalón, mientras relamía uno de sus dedos por donde caía una gota de helado. Paró un momento, mirando atentamente el helado que se derretía lentamente en su mano.- ¿Por-por qué no tengo p-padres?

-Los tienes.- Fue mi rápida respuesta.- Sólo que no están aquí.

-¿Y-Y n-no pue-edes s-ser tú m-mi pa-padre?- Musitó mirándome.

Mi respuesta salió de mi boca antes de que pudiera pararla.- No.

-¿N-no? ¿P-por qu-qué?- ¿Cómo se lo explicas a un niño? Yo no estoy preparado. Puedo ser tío, pero no padre. Y el sentimiento de suplantar a mi hermano dolía. Yo no quería eso.

-No estaría bien.- Así le expliqué todo lo que sentía por dentro. Pero hay tantas cosas que un niño no debe saber y estás es una de ellas. Remordimientos, culpas, dudas... Y ese odio a ti mismo cuando estuviste orgulloso de que se fijasen en Alphonse. Debería ser Feliciano quien estuviera orgulloso, quien hubiese respondido. No yo.

Continuamos andando unos metros más, pero era obvio que Alphonse no dejaría la conversación así como así.

-Entiendo... ¿Es por qué papá y vati murieron por mi culpa?- Paré en seco ¿Quién había sido el fliggio di puttana que le había dicho eso?

-¿Quién te ha dicho eso?- Me agaché a su lado apoyando los brazos en sus hombros. Él bajó la cabeza. Suavicé la voz.- Alphonse, contesta ¿Quién te dijo eso?

-L-lo escuché. L-los hom-hombres de uniforme lo dicen. Dicen que yo maté a papá.- Los soldados... Los verdaderos culpables de su muerte. Por sus ansias de vencer mi hermano estaba muerto ¿y ahora intentaban achacar las culpas a un niño? No lo permitiría. Estaba cansado de que fuésemos marionetas en sus manos y llegado el momento nos culpasen de todo.

Alphonse sollozó. Le sequé las lágrimas.- Eso no es verdad. Tú no eres el culpable. Y ellos te dirían lo mismo si estuviesen aquí.

No dije la última frase por animarle. Estaba seguro que mi hermano, siendo como era, hubiese preferido morir antes que Alphonse no hubiese nacido. Es posible que hasta A-Alemania hubiese hecho lo mismo...

-Ellos te hubiesen querido. No olvides eso nunca. Pase lo que pase. Que tus padres, yo, Antonio... todos te queremos y nunca podríamos odiarte.- Levantó la cabeza, observándome.- Y no creas en lo que dice la gente y no le des la satisfacción de creer que lo que dicen te afecta. Todo lo que dicen no es verdad.

-¿D-De verdad? ¿Ellos me h-hubiesen querido? N-no m-me odiarían...

-Yo tuve a alguien que me cuidó.- Dije pensando en mi abuelo. Siempre pensé que preferiría a mi fratello. Solo tenía distintas formas de demostrarlo. Mi hermano siempre necesitó más abrazos, más ayuda. Y eso me daba la sensación de que se olvidaba de mí. Al igual que todos. Pasó mucho antes de que me diese cuenta de que nos quiso igual, aunque para que nosotros creciéramos él debía desaparecer. Aun así no nos odió, nos quiso.- Aunque se fue, él siempre se quedó con nosotros. Tus padres están contigo, solo que no les puedes ver. Pero siempre están contigo.

-¿S-siempre están con-conmigo?- Repitió dejando que calasen las palabras.- E-entonces n-nunca m-me dejaron ¿P-pueden escucha-charme?

Asentí, yo no lo creía. Pero no podía destrozar sus ilusiones...

Se separó unos centímetros de mí y todavía aferrado a la tela del pantalón, me obligó a andar hasta un pequeño barracón desde donde caías directamente al mar. El sonido de las olas chocando contras las rocas era ensordecedor.

-¡Papá! ¡Vati! ¡Les quiero! ¡Me portaré bien y haré caso de lo que diga el zio! ¡Seré un buen niño! ¿Estáis bien? ¡Yo sí! - Gritó, su voz ahogada por el ruido del mar, pero eso no pareció desanimarlo y continuó luchando porque su voz se escuchase.- ¡Hoy he ido a la playa! ¡El mar es muy grande! ¡No veo el final! ¡Pero es muy bonito! ¡Ah! ¡Y es tío me ha comprado un gelato! ¡Estaba muy rico!

No podía entenderlo... ¿Cómo podía tener tantas esperanzas? ¿Cómo podía ser tan alegre? Gritando así, esperando que alguien contestase... Era como Feli. Siempre lleno de esperanza hasta el final.

-Zio ¿Les quieres decir algo?- Miré su carita alegre. Tener esperanza... de que realmente estén aquí... Era algo que haría Feli, no yo... Yo nunca creí en estas tonterías... ¡Qué cojones!

Formando un cono con las manos para amplificar el sonido, grité al océano.- ¡FELICIANO! ¡LE CUIDARÉ! ¡SERÁ EL MEJOR NIÑO DEL MUNDO! ¿HAS VISTO SUS DIBUJOS? ¿O LO BIEN QUE NOS AYUDA CUANDO COCINAMOS? ¿O LO BUENO QUE ES EN FÚTBOL? ¿O SU BUEN COMPORTAMIENTO? ¿QUÉ DIGO? ¡YA ES EL MEJOR NIÑO DEL MUNDO! ¡Y-Y TE QUIERO (idiota)!

"Y gracias por Alphonse. Aunque al final hiciste lo que quisiste, no te equivocaste. Sé que le hubieses querido. Así que no seas un bastardo y escucha lo que te dice tu hijo. Y puedo jurarte que le protegeré y le cuidaré." Pensé mirando el mar embravecido.

-¡Vamos Alphonse! ¡Grita más fuerte!- Le cogí en brazos, subiéndole a mis hombros.

-¡OS QUIERO!- Gritó. Me imitó rodeando su boca con sus manos para que sonase más fuerte.- ¡PAPÁ! ¡VATI! ¡OS QUIERO! ¡OS QUIERO MUCHO! ¡MUCHO MUCHO! ¡PERO MUCHO!

-¡Más fuerte!- Reí, alegre como desde hace tiempo no conseguía sentirme. El peso que me oprimía había desaparecido.

Estuvimos allí un rato, gritando todo lo que se nos ocurría. Ayudando a Alphonse a contarle todo lo que había vivido a sus padres...

Espero que estéis escuchando u os patearé el culo cuando os vuelva a ver.

Varios meses después

Esquiva el árbol... rodea esa roca... salta ese tronco caído... Cazzo! ¡Estaban disparando contra nosotros!

-¡Malditos bastardos! ¡Por qué no se largan!- Susurré hastiado aumentando la velocidad. No podía que dejar que nos alcanzasen, tenían que seguirnos para alejarlos de la mansión y de los niños, sobre todo de Alphonse.

Paré unos segundos y disparé a uno de los soldados vestidos de negro (Sí, el mismo que tiroteó contra nosotros antes. Después de esto no volvería a molestar), obligándoles a resguardarse y así poder ganar unos segundos. Ahora mismo no me importaban de donde eran: Podían ser franceses, alemanes, rusos o españoles, me daba igual. Estaban aquí con un objetivo: destruir y matarnos a todos.

-Lovino, giremos a la derecha, entre las rocas podremos despistarlos.- Gritó Antonio desviándose a la izquierda, una táctica de distracción perfecta. Nos escondimos tras unos árboles mientras los muy imbéciles pasaban de largo sin molestarse en mirar en la otra dirección. Con esta táctica habíamos ganado solo unos minutos de ventaja, no tardarían mucho en darse cuenta del engaño.

-Vámonos de aquí echando leches.- Le dije a Antonio, él asintió con la cabeza mostrándose de acuerdo. Teníamos que alejarnos lo máximo posible y dirigirnos más al sur. Si conseguíamos llegar a un cuartel italiano todos estaríamos a salvo.

Oí un click detrás de mí y a Antonio levantar el arma hacia mí ¿Qué cojones había detrás de mí?

-Quédate quieto o le meto un balazo a tu amigo en la cabeza y te puedo asegurar que esto sí le matará.- Una voz dura sonó detrás de mí, sentí el cañón de una pistola apoyada en un poco por encima de mi nuca. No era ningún farol.- Ahora, tirad las armas al suelo y tú pon tus manos detrás de la cabeza.- Ordenó la voz de antes. Tiré mi arma al suelo que cayó con estrépito. Unos pocos segundos después Antonio siguió mi ejemplo y colocó sus manos detrás de su nuca. Ahora mismo no teníamos más remedio que obedecer.

-No te preocupes Lovi, el jefe te salvará.- Musitó para subirme el ánimo.

-¡Eres imbécil! Huye ahora mismo o lucha, no importa si me disparan. Si nos capturaran a ambos será el fin.- Le espeté. Tuve ganas de dar unos pasos y golpearle ¡Cómo se puede ser tan estúpido! Si seguíamos corriendo un rato más, sería tiempo ganado para que los niños pudiesen esconderse. Y si huía podría salvarse ¿Por qué no seguía corriendo?

-Podría dispararte. No voy a arriesgarme.- Me contestó convencido el muy idiota, quedándose parado. Se estaba suicidando y no se daba cuenta ¿Es qué no tenía instinto de supervivencia?- Si hubiese sido al contrario... ¿Qué hubieses hecho?

Quise decirle que hubiese hecho algo más inteligente que quedarme parado, pero sería un maldito mentiroso. Hubiese hecho lo mismo que él (Aunque con más insultos); sólo había tres personas por las que haría esto: Uno estaba muerto, él otro esperaba que estuviese a salvo y el último estaba enfrente de mí. No pensaba arriesgarme a perder a otro más.

-Enternecedor, pero muy estúpido si lo hubiese hecho. De todos modos tu amigo no habría llegado muy lejos. ¡SALID!- De entre los árboles surgieron más soldados de negro apuntándonos con sus armas. No hubiésemos tenido ninguna oportunidad, nos habrían freído a tiros antes de dar un paso en cualquier dirección.

-Ahora andad, tenemos que volver al punto de partida. Vosotros tres rodead a ese para que no escape, al menor atisbo de rebeldía disparad, pero no le matéis. Tú, avisa al grupo que giró hacia la derecha. Los demás dispersaros en un radio de veinte metros, si alguien se acerca quiero que me aviséis de inmediato.- Ordenó el hombre tanto a nosotros como a sus subordinados.

-¡Sí, señor!- Gritó la tropa se una sola vez. Parecían máquinas.

España

Caminamos hacia el claro donde nos habían avistado por primera vez, estaba a solo tres kilómetros de distancia de la mansión. Confíe en que los otros países sospechasen lo que sucedía y se hubiesen puesto a salvo en los túneles junto a los niños.

Tras veinte minutos llegamos al punto de partida. El hombre empujó a Lovino hasta quedar a mi lado en medio de la explanada.

-Ya hemos llegado. Es el momento de decirnos adiós.- No lo entendía, ¿No eran un destacamento de soldados? ¿Por qué querrían matarnos sin saber dónde se escondían los demás?

-¿No vas a preguntarnos sobre los demás?- Pregunté confuso. Me arrepentí de mis palabras, no debí recordarles que los demás seguían libres.

Todos los hombres rieron, haciéndoles gracia mi pregunta. El líder levantó la mano, ordenándoles callar. Los hombres enmudecieron a una, ni un segundo después de haber sido lanzada la orden. Ya en el silencio, el líder contestó a mi pregunta.

-En ningún momento hemos necesitado a los niños, si hubiese sido así no os hubieseis dado cuenta hasta que hubiese sido demasiado tarde. Solo necesitábamos que salieseis de la casa para poder atraparos ¿Hay una forma más sencilla para atrapar a dos naciones que siempre actúan antes de pensar? Solo tuvimos que haceros creer que realmente los niños estaban en peligro. Pero no voy a demorarme más contándoos mis planes si solo os quedan unos minutos de vida ¿Quién quiere ser el primero?- Le miré, horrorizado ante sus palabras. No solo iba a matarme a mí, iba a matar a mi Lovi ¡Nunca se lo permitiría!

-Tú maldito fligio di puttana... ¡No sabes quiénes somos!- Gritó Lovino a mi lado. El sonido de un disparo retumbó y la camiseta de Lovi se tiñó de rojo, salpicando su alrededor.

-¡Lovino!- Me arrodillé a su lado, la sangre manaba a raudales y no podía hacer nada para impedirlo. Presioné la herida, esperando que el flujo de sangre disminuyese. Pero nada, seguía brotando a pesar de mis patéticos intentos de salvarle, no tenía nada para taponarla y de todos modos, no me dejarían. Giré la cabeza unos momentos hacia ese malnacido. Si tenía que morir, al menos mataría al bastardo que hirió a mi Lovino.

Sin que ninguno de ellos se diera cuenta, saqué un cuchillo que tenía escondido en mi bota mientras ellos seguían burlándose de mis inútiles intentos de salvar a Lovi. Si pudiera los mataría a todos uno por uno, pero solo podría herir a uno y tenía muy claro cuál sería.

Antes de que cualquiera de ellos pudiera reaccionar, me levanté y salí disparado hacia su jefe que me miró, sorprendido por mi audacia. Las armas se elevaron y clavé el cuchillo en uno de los costados del hombre, en un lugar que no estaba protegido por los chalecos antibalas. Mantuve los ojos fijos en los suyos, que me devolvieron una mirada llena de odio y dolor. La herida no le mataría, pero si le dejaría una bonita cicatriz para que se acordase para siempre de mí.

El intercambio de miradas no duró mucho más, los hombres a mi alrededor hicieron fuego. Sentí el impacto de múltiples balas que me perforaron por todo el cuerpo y caí de rodillas incapaz de mantenerme de pie.

Esperaba que en el cielo de los países, me permitieran estar con Lovi toda la eternidad. Nunca más nos separarían.

Romano

Oí las súplicas de Antonio pidiéndome que no muriese, las risas de los malditos bastardi y una opresión en el pecho. Entreabrí un momento los párpados para ver sus ojos verdes llenos de lágrimas, rogándome que no me rindiese.

Sentí como la presión en mi pecho disminuía, escuchando el ruido de Antonio al levantarse de mi lado y los disparos de balas impactando contra alguien lanzándolo al suelo. No... No quería creérmelo... No quería creer que el bastardo de los tomates, la persona que me había querido desde que me conoció sin importarle la herencia de mi abuelo o que no fuese tan habilidoso como mi fratellino, el tonto que siempre quiso que le llamase jefe, que me ponía estúpidos motes, que me jalaba de las mejillas, que me cuidó desde pequeño y que me intentaba animar con tomates había muerto. No quería creer que Antonio, el estúpido y sonriente país del que me enamoré y que seguía amando estaba muerto.

El dolor de la herida de mi pecho no era nada comparado a lo que sentía ahora. Las lágrimas cayeron de mis ojos mientras esos hijos de putas se reían de nosotros. Me gustaría matarlos hasta que no quedase ninguno de ellos, exterminarlos como a ratas con la misma piedad que aplicaban a los demás. Las risas pararon para convertirse en cuchicheos preocupados sobre la herida de su superior. Me alegré de que Antonio hubiese conseguido herirlo, así sufriría.

-No me ha pasado nada, solo es una cuchillada. Fue mi error no dispararles en cuanto les vi y traerlos hasta aquí para que les encontrasen más rápido sin esposarlos. Alejaos de mí, tengo que hablar con el moribundo.

Oí varios pasos alejándose y uno acercándose lentamente hasta pararse a mi lado.

-Iba a ser misericordioso e iba a darte el tiro de gracia, pero por el regalo de tu amigo es mejor dejarte aquí desangrándote, en unos minutos morirás. Disfrútalos.- Si pudiese hablar le hubiese mandado a la mierda, le hubiese insultado. Pero era imposible. Ni siquiera escupirle era una opción. Carecía de la fuerza para ello.

Los pasos se alejaron hasta no oírse nada, solo el ruido del bosque que me rodeaba. Temí por los demás, ellos habían venido buscándonos a nosotros, no a los niños. Esto era más importante que una guerra, había algo detrás, pero no conseguía descifrarlo. Quise aguantar unos minutos más para avisar a los otros, pero sabía perfectamente que no aguantaría tanto y los otros tardarían horas en llegar.

Antes de cerrar los ojos vislumbré a una niña de ojos verdes y un rulito. No me hacía falta ayuda para saber quién era. Y no estaría sola, Alphonse la cuidaría.

Victoria hija de Antonio y Lovino. Cinco años.

A mi alrededor la oscuridad me envolvían, impidiéndome ver el lugar donde me encontraba Me acurruqué en mi vestido, hacía demasiado frío en la sala, a este paso me congelaría. No podía esperar a que este lugar dejase de bambolearse y se parase unos momentos para poder buscar una salida. Cada vez que había intentado levantarme, me había vuelto a caer.

De pronto, la luz entró en el interior, cegándome por su intensidad. Unas figuras negras recortadas por la luz se acercaron a mí. Asustada, me escondí detrás de una de las cajas que había en el interior.

-Sácalo, Seborga. Yo te ayudo.- Comentó la voz proveniente de una de las figuras negras.

-Gracias, Prusia. No hubiese podido solo.

-Nunca te hubiésemos dejado solo, España era mi mejor amigo. Además, Romano era familia, era el cuñado de West. Parece que cada vez desaparecemos más kesesese.- La risa no parecía feliz, sino más bien triste ¿Las risas no se producían en momentos de felicidad?

La caja donde estaba escondida se movió, desvelando mi escondite a los hombres que se quedaron asombrados al verme. Me quedé paralizada al verme descubierta, pero cuando uno de ellos acercó su mano hacia mía, actué sin pensarlo, lanzándome sobre uno de ellos. No me dejaría atrapar sin luchar.

-Toma monstruo. ¡TOMA!- Grité dándole un cabezazo al de pelo blanco.

-Mira, pero si es la fille de mon ami Spagne.- Un hombre rubio se acercó, pero se alejó ante mi intentona de darle a él también un golpe.

-Y la de Romano, tiene su misma mala uva ¡Cómo duele!- Se quejó al que golpeé.

-No seas tan quejica, es una niña pequeña. Llama a Hungría, es la que más entiende de niños.- Contestó el otro rubio intentando atraparme. ¡Ja! ¡A mí me iba a capturar!

Unos minutos después me obligaban a entrar en un extraño aparato junto a una mujer que golpeó al albino (Me cayó mejor solo por eso), el albino y el conductor, un hombre de ojos violetas muy estirado.

-¿Cómo te llamas? Yo soy Hungría.- Se presentó la mujer, aunque me cayese mejor que los otros dos no significaba que confiase en ella.

-Déjame en paz.- Eso fue lo único que dije hasta llegar a nuestro destino, aunque ella no dejó de hablar me contó quienes fueron mis padres, quienes serían mis compañeros... Dios mío, no se callaba. Tras media hora de viaje, llegamos a una gran casa donde había dos niños peleándose y lanzándose cosas en el porche.

-Alexandre, Richard. DEJAD DE PELEAR AHORA MISMO Y VENID AQUÍ.- Los dos chicos pararon al instante y se acercaron a nosotros totalmente callados. Sin saber muy bien que hacer me escondí detrás de la mujer, desconfiando de esos dos.

-Mirad quien está aquí. Es la hija de España y Romano. Quiero que os portéis muy bien con ella ¿Entendido?- Los dos chicos asintieron con la cabeza al unísono, amedrentados por la mirada que les echaba la mujer.

-¿Dónde está Alphonse?- Preguntó la mujer cambiando la voz a una más preocupada.

-En su habitación, no sale de ella y cada vez que le llamas Alphonse te dice que no se llama así. Dice que su nombre es Ulrich. Está muy raro tía Eli.- Contestó el más alto de ojos lilas.

-Es verdad, No para de llorar y no quiere comer nada. Fuimos antes a darle comida los dos y ni siquiera nos peleamos.- Continuó el de gafas muy orgulloso de ello, como si hubiese hecho algo increíble ¿Podía estar tan orgulloso de no pelearse durante unos minutos?

-Me alegra de que no os peléis tanto como antes. Hablad con vuestra nueva compañera mientras voy a hablar con él.- La mujer, que se llamaba Eli entró en la casa, dejándome con los dos hombres y los dos niños.

-Yo soy Richard, Rick para los amigos.

-Yo soy Alexandre, me puedes llamar Alex.

-Sé mi amigo.

-¡No! Sé el mío. Yo soy mucho mejor persona que él.

-Eso es mentira. Yo soy mejor.

-Ven aquí si te atreves idiota.

-Ahora te vas a enterar.

Los dos se empezaron a insultarse hasta que uno de ellos se lanzó sobre otros continuando la pelea que antes tuvieron en el porche. Mientras los dos hombres intentaban separarles, salí corriendo al segundo que se despistaron, no quería estar con ellos. Quería estar sola y esos dos me habían dado la oportunidad perfecta para ello.

No paré hasta encontrar un lugar lo suficientemente lejos de todos ellos donde sentarme tranquilamente para poder pensar en todo lo que me habían dicho. Tuve suerte, nadie se acercó a mí, nadie salvo un chico de ojos azules que se sentó a mi lado.

-Hola, soy Ulrich.- Se presentó el niño. Estaba un poco pálido y tenía pinta de haber llorado. Aun así no le hice caso, me daba igual que le pasaba. El niño volvió a presentarse, pero le ignoré. Una y otra vez hasta que le contesté.

-Déjame en paz.- Fue lo único que le dije, pero el niño no se movió, al contrario, siguió hablando sin importarle todas las indirectas que le lancé para que se largara ¿Era retrasado o no se enteraba?

Por fin se fue corriendo a la casa, al final se enteró de mis indirectas. Quizás no eran tan denso como había creído. Ya podría pensar en paz...

Me equivoqué, era más tonto de lo que pensaba. Ni pasados cinco minutos estaba aquí otra vez, listo para molestar. Yo no quería a nadie salvo a mis padres y eso era imposible.

-Toma. Esto es para ti.- Me tendió una fruta roja. Me gustaba el color, era de un rojo vivido. Lo cogí para mirarlo más de cerca. Tras dudar unos momentos (Es posible que estuviera envenenada, pero el chico tampoco parecía mala persona. No creo que hiciese algo parecido.) la mordí, su sabor esa increíble, con un punto ácido. Cogí uno y otro y otro más, cada uno tenía un sabor parecido pero a la vez distinto.

Cuando los acabamos, me volvió a preguntar mi nombre y esta vez le contesté. Algo se merecía por traerme estos... ¿Cómo los llamó? Tomates...

-M-mi nombe es Victoria.

-Victoria... me gusta el nombre... ¿Pero puedo llamarte Vic?- No sabía que pensar, nadie nunca me había llamado así (En realidad nadie me había llamado por mi nombre). Lo murmuré en voz baja, probando su pronunciación. No estaba mal, me gustaba más que mi nombre completo y como sonaba. Asentí estando de acuerdo con ello, sonrió al ver mi gesto.

-¿Por qué estás tan asustada?- Volvió a preguntar. Al no hablar continuó, intentando convencerme de que los demás eran tan buenos como él.- Hungría y los demás países son muy buenos con nosotros. Alex y Rick pueden ser unos pesados, pero son muy simpáticos cuando les conoces bien.

-Yo quiedo estar con mis pades.- Le solté. Se quedó un momento callado, sin saber que contestar.Eso era lo que más quería; no estaba asustada de los demás, solo deseaba eso.

Tras pensarlo un momento Ulrich se ofreció a contarme todo lo que vivió con ellos y ante ña oferta acepté al instante, algo alegre. No sabía nada de ellos, como eran. Nada y quería saberlo; pero no pensaba que nadie se ofrecería.

Durante mucho tiempo me contó todo lo que sabía sobre ellos y yo escuché pidiéndole que siguiera cada vez que paraba para tomar una bocanada de aire. Al acabar, sabía todo sobre mis padres: sus gustos, sus aficiones, sus personalidades... TODO.

-Tengo miedo de quedarme sola. Mis padres no están, quizás los demás os vayáis también y me dejéis sola.- Contesté a su anterior pregunta, era lo más justo. Él me había hecho un favor a contarme todo aquello y era lo mínimo que podía hacer.

-Eso no va a pasar. Yo no te dejaré sola nunca.- Le miré, confusa, alegre e incrédula. No podía creer lo que acababa de oír, ¿Me estaba prometiendo que nunca me dejaría?- Vamos a hacer una promesa.

Enganchó su dedo meñique en el mío y recitó unas palabras.- Te prometo que siempre voy a estar contigo y siempre te protegeré.

-Y yo también. Siempe que necesites ayuda, ahí estadé. Seremos los mejodes amigos.- Continué la promesa, él no sería el único que lo prometería. Así ninguno de los dos estaría solo. Nunca más.

.

.

.

Aquí tenemos el spamano o teníamos... Eso sonó cruel de mi parte. ¿Les gustó Vic? Será una pequeña peleadora.

Alguien se habrá dado cuenta que el rescate de Rick no ha sucedido, pero en cada capítulo se narrará lo que les acontezca a los protagonistas.

Como ya saben, desearía leer sus review. Son el motor de un fanfic, ya lo saben y cualquier duda, sugerencia o para imformarme de alguna falta, no se corten.

Hasta la próxima ^^