Capitulo IV

El dolor de un inocente.

Después de lo ocurrido no fui capaz de articular palabra, no sabía qué hacer para evitar otro maltrato, mis padres me notaban extraña, intentaban hablar conmigo pero no les dirigí palabra, solo hablaba lo necesario.

─ Por Mavis.. ¿Y ahora qué hago?

Me decía una y otra vez, mientras que caminaba en círculos en los pasillos del cuartel, la mayoría estaba en el cuartel principal caminando o hablando de planes de ataque o defensa, casi estaba sola, pero no lo estaba y eso lo confirme cuando sentí una mano tapar mi boca por detrás y otra atrapando mi cuerpo arrastrándome a las afueras del pasillo, percibí un olor o si… Era perfume de mujer ese olor lo conocía y era

─ ¿Qué quieres Amber?

Pregunte un poco molesta cuando la rubia me soltó y cerraba las puertas de la cabina en que estábamos, ese era un lado del cuartel que no conocía pero por un caso Amber si le conocía y eso en gran parte lo que me daba era miedo, mucho miedo .

─ Algo muy sencillo, quiero que esa bocota que tienes este cerrada para que ni se te ocurra de mencionar lo que paso ayer. Sé que tu estaba allí, lo note por el cambio facial de mi hermanito.

Me acerque con mi puño listo para golpearla y dejarla morada, ¿Cómo era posible que ella no era capaz de defender a su PROPIO hermano? Amber reacciono más rápido y tomo mi muñeca y le dio vuelta para colocarla por detrás en mi espalda, dolía, la rubia no era tan tonta después de todo.

─ Her hey.. ¿Qué pensabas hacer estúpida? ¿Golpearme? Oh no.. Te metiste con la chica equivocada Sucrette.

Amber abrió la escotilla de una puerta metálica y con una palanca cercana abrió la puerta, lo que vi me dejo sorprendida, quise alejarme pero la rubia no me dejaba y me sostenía fuertemente, Amber se acercó a mi oído y susurro.

─ ¿Te gusta lo que ves?

Menciono con malicia en su voz, esa mujer estaba loca, la puerta era lo que apartaba la habitación donde estábamos a la habitación de zombies unos pocos pero igual de masivos, eran zombies por el cual estaba experimentando con Nathaniel para encontrar la cura definitiva con algunos científicos de la región militar. Amber me acercaba a la habitación, maldita sea me dije, maldita sea el día en que conocí a esa rubia del demonio.

─ ¿Estás loca? ¿Sabes lo que haces? Si te atreves Nathaniel no te perdonara..

Amber me apretó con más fuerza haciendo que soltara un gemido.

─ ¿Es que acaso eso me importa? Yo puedo decir que tú por accidente caíste a este cuarto y que trate de ayudarte para salir pero no pude ya que te mataron… Sería una gran actuación y un magnifico dialogo ¿no lo crees?

Gruñí, esa rubia me las pagaría pero a la final me soltó y me dejo salir del cuarto, con tal de que no dijera nada, pero NADA de lo que sucedió en este momento y con lo de Nathaniel. Corri y fui a mi habitación y me encerré allí todo el dia.

Muchos se preocuparon por mí pero no me inmute a sus llamados en la puerta, ni me levante de la cama, ni comí, solo tenía una mente distraída y un cuerpo estremeciéndose del susto y del hambre. La noche cayó sobre mí y de una me quede dormida, encontrándome con un sueño nada satisfactorio.

Sentí unas manos suaves tocando mi piel, eran cálidas y me hacían estremecer sin ningún esfuerzo alguno, solo soltaba un suspiro uno que otro escuchando una pequeña pero audible risita de satisfacción o algo que se le pareciera.

Sucrette

Me llamaba una voz masculina, me parecía conocida pero no sabía distinguirla y descifrar el dueño de aquella voz, le escuche varias veces decir mi nombre hasta aumentaba el volumen de su voz, bingo pude encontrar el dueño de aquella voz, con una gran fuerza de voluntad abri poco a poco mis ojos descubriendo al chico quien me llamaba.

..¿Nathaniel?...

Pregunté, él ni siquiera se inmutó a moverse o sorprenderse, solo me miraba como si me suplicara, tape mi boca con mi mano al ver aquellos moretones en su pecho y en sus brazos, sus ojos estaban un poco húmedos y su cabello estaba mojado de seguro se había tomado una ducha .

Sucrette por favor ayúdame.

Nathaniel se arrodillo y coloco su cabeza en el borde de la cama, se le veía que ya no podía soportar tanto dolor, aquellas que estaban llenas de sentimientos ocultos. Yo me levanté y le abrace intentando calmar el dolor que me transmitía Nathaniel, el me tomo de repente de la cintura y se acercó a mi rostro para plantarme un beso, uno pequeño no era prácticamente un beso, era solo un simple rose de labios, mi rostro estaba muy rojo, su mano acariciaba mi piel expuesta, ya que solo portaba un pequeño conjunto de pijama, un short y una camisa de tiras de color rosa.

Escuche una voz llamándolo, con rabia y ese era su padre, tenía una correa y se exaltó al verme de esa forma con Nathaniel.

Nathaniel.. Ven aquí..

Nathaniel asustado se acercó y me dejo en mi cama con las ganas de otro beso, al acercarse su padre le golpeo en la cara con el látigo.

¡No papá!

Exclamo Nathaniel y gemía del dolor su cuerpo temblaba y tenía un gran moretón desde su rostro hasta su hombro, mis ojos se agradaron y mis lágrimas salieron a flote , el padre de Nathaniel tomo al rubio por el brazo y luego por sus cabellos jalándolos, Nath respondió con un leve gemido del dolor y no evite gritar al ver otro golpe.

¡Nathaniel!

Desperté, estaba sentada en mi cama, sudada, agitada y con el rostro lleno de lágrimas, toque mi pecho donde se ubicaba el corazón, palpitaba fuertemente.

Me levanté rápidamente y salí de mi habitación, no importaba si estaba semidesnuda o solo portaba una pijama dejando un poco a la imaginación, corrí lo más rápido que podía dar mis piernas y llegue a mi destino, la habitación de Nathaniel.

Entre y tape mi boca con una mano, estaba en posición fetal, su cuerpo temblaba, solo portaba un short blanco con rayas azules marinos, su espalda estaba llena de moretones mas pero más moretones de los que tenía, me empecé a acercar con mucha cautela, parece que no se había dado cuenta de mi presencia me coloque enfrente de él y me arrodille, le llame con una voz dulce y suave.

─ Nathaniel…

El rubio levanto de forma violenta su cabeza, su rostro estaba demacrado, sudoroso, mirada fría y débil a la vez, sus ojos estaban llenos de lágrimas cuando vio que era yo me sonrió, a pesar de estar muy herido, como pudo se arrodillo y me abrazo con fuerza, con las fuerzas que le quedaban y descansó su cabeza en mi hombro del lado derecho para luego decir una palabra llena de tanto cariño y llena de sentimientos que me hicieron soltar en llanto.

..Gracias..