(Ya estoy aquí con el capítulo 4! Muchas gracias a Gabriela por su review! Veremos a ver lo que ocurre entre Arish y Aquiles jeje. Un abrazo! )
(En el siguiente capítulo Arish intentará huir junto con los demás prisioneros. ¿Lo conseguirá?)
Capítulo 4
Yo estaba en la tienda junto a Ulises. Había decidido coger la espada de mi padre y dejarla junto a la de Ulises de momento.
- ¿Quieres desayunar?- me preguntó.
- Sí, estoy hambrienta- respondí. Esa vez no mentiría. Sería mas fácil de esa manera.
Él cogió un pequeño plato y me lo dio. Tomé algunos trozos de fruta y me los comí.
- Creo que tendrás que comer con los demás prisioneros la próxima vez, al igual que yo tendré que comer con los otros, pero dormirás aquí de ahora en adelante, ¿de acuerdo?
Yo asentí.
Noté su mirada pero no levanté los ojos hacia él. Estaba comiendome la fruta y no quería pensar en ninguna otra cosa. Tenía que mantener mi mente ocupada todo el tiempo o enseguida los recuerdos regresaban a mi mente y comenzaba a llorar. No quería hacerlo.
Todo lo que veía me recordaba a mis padres y a mi ciudad, iba a volverme loca.
Cerré los ojos y les vi: los muertos, mi familia...
Noté que Ulises se acercaba a mi. -¿Te encuentras bien?- me preguntó.
Yo moví la cabeza de nuevo en gesto afirmativo pero no me creyó y me abrazó mientras las lágrimas comenzaban a descender por mi rostro de nuevo.
Le aparté de golpe y me separé de él.
- ¡No me toques!- grité mientras lloraba.
- Sólo intento ayudarte, sé cómo te sientes...
- ¿De verdad? ¿Cómo puedes saberlo? ¿acaso eres un esclavo? ¿has perdido tu ciudad, a tu familia?!- le miré furiosa- ¿sabes lo que es una familia?- pregunté con rabia.
- Sí, yo tengo una familia- me respondió suavemente- tengo una mujer y también un hijo- él me miró al ver mi reacción- pareces sorprendida, ¿pensabas que no éramos capaces de amar?
- Cuesta no creer eso.
- Ya me imagino, pero incluso nosotros tenemos un corazón.
- Si de verdad lo tienes, ayúdame- le supliqué- ayuda a mis hermanos y hermanas, déjales marchar!
Ulises cerró los ojos.-No puedo. Ojalá pudiera pero hay ciertas reglas.- dijo, yo aparté la mirada y suspiré.
- Nadie va a ayudarnos, ¿no? Mi príncipe huyó con esa Helena y nos abandonó, podría habérmelo imaginado pero pensé que al menos Andrómaca lo intentaría. Todos nos dejaron...
- Ellos no tienen el poder suficiente como para hacernos frente, Arish, ellos saben que si regresaran los matarían. Hicieron lo mejor que habrían podido hacer, huir y preservar la vida.- me explicó Ulises.
En ese momento supe lo que tenía que hacer, era cierto que sería peligroso pero teniamos que intentarlo, teníamos que intentar huír también.
Tuve que hablar con los demás prisioneros. Sabía que no era un gran plan pero sólo nos quedaba esa oportunidad y debíamos aprovecharla antes de que fuera demasiado tarde.
Nos llevarían a Grecia en unos días así que no había tiempo que perder.
Esa noche sería la noche. Mientras cenábamos les conté el plan, un plan simple. Sólo teníamos que esperar hasta que oscureciera y huír, así de fácil.
Sabía que todos estaban atados pero Ulises había tenido la gran idea de entregarme la espada y dejarme llevarla así que tendría que agradecérselo.
Esperamos hasta que todos los hombres estaban borrachos y se habían dormido, exactamente lo mismo que ellos habían hecho cuando entraron en Troya.
Miré a Ulises que dormía cerca de mi y me levanté sin hacer ruido. Era tarde pero la noche acababa de empezar para nosotros.
Las tiendas estaban situadas fuera de la ciudad pero sus muros no estaban muy lejos de nosotros.
Yo salí de la tienda y caminé, llevando mi pesada espada conmido, a encontrarme con los demás.
No estaban todos con nosotros, eran demasiados y habríamos sido descubiertos así que sólo diez voluntarios vendrían conmigo y luego dos de nosotros regresaría a guiar a otro grupo. Teníamos que darnos prisa.
El plan, tal y como dije, era simple: ir y encontrar el pasadizo secreto que nos llevaría fuera de Troya.
Sabía que no era un gran plan pero estábamos desesperados. Deseé haber sido un gran guerrero como Héctor, o al menos tan inteligente como él, pero no sentía que lo fuera.
Aún así era todo lo podía hacer y habría hecho lo que fuera para ayudar y liberarles.
Caminamos por entre las tiendas despacio, sin hacer ruido. Estaba asustada y sabía que los demás también pero todos eran valientes. Escuché a algunos sollozar y les pedí que mantuvieran silencio o los despertaríamos a todos pero incluso yo tuve que controlarme.
Seguimos caminando algunos minutos y por fin llegamos a las puertas de nuestra ciudad perdida. Fue horrible contemplar aquello. Los muros quemados, las casas destruídas, los jardines negros... Incluso había aun cuerpos de animales muertos, quemados vivos y descomponiéndose, llenos de insectos que zumbaban sobre ellos. Pensé que vomitaría.
Entonces vi lo que parecía ser una parte del caballo de madera usado por los griegos para entrar en nuestra ciudad y no pude evitar darle una patada con todas mis fuerzas furiosamente.
- Deberías intentarlo de nuevo, creo que no han oído el ruido desde las tiendas- dijo una voz que yo ya conocía.
Me giré para encontrar a Aquiles observándonos. Mis compañeros retrocedieron apartándose de él.
- ¿Qué quieres ahora? ¡Lárgate! No vas a detenernos- dije mientras cogía mi espada como podía y le amenazaba con ella.
Él se rió de mi y eso me puso aún mas furiosa.
- ¿Qué pretendes hacer, matarme? Pensaba que eras mas lista pero creo que me equivoqué. Aún así debo decir que eres valiente.- me dijo.
Luego se acercó hacia mi. Yo intenté usar mi arma para herirle pero pesaba demasiado y sólo rocé el aire. Aquiles me la quitó con un simple movimiento de su mano.
- Bonita espada, gracias. Ahora regresad antes de que alguien salga herido.
- No lo haremos.
Él me miró sorprendido pero noté que se estaba divirtiendo.
- ¿No lo haréis? Bueno, entonces esperad aquí, ellos vendrán a por vosotros- dijo mientras se giraba y caminaba de vuelta al campamento con mi espada.
- Así que no vas a ayudarnos, ¿no?- pregunté. No entendía por qué había venido entonces.
- ¿Por qué debería?- dijo.- Debes estar loca si piensas que van a dejaros huír. De todas formas ya te he ayudado-
- Sí, claro...- susurré, luego me giré hacia mis compañeros.- Vámonos antes de que les diga a los demás lo que intentamos hacer, ¡vamos!
- Yo no...- le oí empezar a decir pero antes de que pudiéramos movernos cinco altos y corpulentos guerreros aparecieron frente a nosotros.
