Parte 4.
Gracias por leer, pues estoy segura que sí se han divertido con esta comedia de aires románticos. Con ustedes lo que sigue.
Kasumi le había alegrado la mañana a Tofú al recibirlo con su acostumbrada y linda sonrisa, cuando el joven doctor fue a ver si ya estaba despierta para poder tomar la placa de su pierna.
Buenos días, Kasumi — entró avergonzado a la habitación, después de haber tocado la puerta y así comprobar que podía pasar —, disculpa la hora.
Buen día, doctor Tofú — le dijo con dulzura —. No tiene porque disculparse, a mí me gusta despertar temprano y oír a las aves cantar lindas melodías.
Y es que el buen hombre sí se sentía apenado por haberse atrevido a perturbar, en su opinión, el sueño de la muchacha. Y su bochorno creció más, pues tenía que cargarla en brazos para llevarla donde estaba el aparato de rayos 'X', y volver a descubrirle la piernita para sacar la radiografía.
Perdona mi atrevimiento, Kasumi… — le dijo un tanto desesperado, tratando de disimular su lucha interna para no volverse loco y salir corriendo sin rumbo con ella —… espero no incomodarte con esto.
Pierda cuidado, doctor Tofú — la joven lo miraba fijamente a los ojos, tan tranquila y serena como siempre —, este es su trabajo y yo soy la paciente.
La dulce señorita Tendo se comportó muy modosita, tratando también de no incomodarlo. Pues, aunque aparente lo contrario, Kasumi se había percatado de… ciertas cosas de Tofú para con ella. Y la doncella no quería ser encimosa, aparte de que no es su forma de ser. Así que, cuando el padre de la joven y el señor Genma llegaron a la clínica, el doctor les comentó sobre cual era el daño, mostrándoles la placa y explicándoles detalladamente sus observaciones.
Era un hecho… Kasumi se quedaría en la clínica, disfrutando cinco días de reposo para curarse completamente del leve desgarre muscular que sufrió por la caída; afortunadamente no fue fractura, pero requería estar en cama. Después de ese periodo, caminaría con cuidado usando una venda y, tal vez diez días más darle, el buen médico considerara darle de alta cuando comprobara que la lesión habría remitido. Aún así, Soun Tendo lloriqueó como si fuera a perderla.
¡Kasumi! — la abrazó fuertemente mientras sus lágrimas se desbordaban, gritando lastimeramente —. ¿Qué diría tu madre si te viera así? ¡No me lo perdonaría!
Papacito querido, me estas mojando — dijo la chica tratando de apartarse delicadamente del hombre llorón —. Sólo me quedo cinco días aquí, y Akane y Nabiki pueden hacer los quehaceres.
Ese es el punto — intervino Genma con un deje de seriedad —, que ni Akane ni Nabiki son buenas amas de casa.
Yo estoy segura que algún día lo serán, tío Genma — observó la muchacha, dedicándole al aludido una de sus habituales sonrisas en tanto le extendió un pañuelo a su progenitor para que exprimiera los mocazos —. Especialmente Akane debe atenderlos a Ranma y a usted.
Eee… — tartamudeó el hombre calvo, con una gota anime en la frente para expresar su bochorno por esa idea tan absurda — bueno… por mí no… debe preocuparse.
Señor Tendo, usted no tiene de que mortificarse — Tofú palmeó el hombro del de larga cabellera, en cuanto le pareció que el caballero había recuperado la serenidad —, Kasumi estará bien aquí.
¡Doctor Tofú, cuide a mi Kasumi como si fuera su esp… su vida! — Soun tomó fuertemente al médico por los hombros, sacudiéndolo y mirándolo escrutadoramente… casi se le va la boca de más.
No… se apure — respondió el joven, un tanto mareado por el movimiento… hasta se le desacomodaron los espejuelos.
Ten cuidado papá — le reprochó tiernamente su joven hija —, el doctor Tofú ya no podrá atenderme bien si lo lastimas.
Oh, tienes razón, Kasumi… usted sabrá disculparme, doctor Tofú — reaccionó el señor Tendo, soltando al galeno y acomodándole la ropa.
Descuide, entiendo perfectamente su intranquilidad — dijo Tofú volviendo a ponerse sus gafas.
Por cierto papacito — Kasumi habló una vez más con su gran sonrisa —, ¿podrías mandar con Akane el libro que me prestó el doctor Tofú?
Por supuesto, Kasumi — respondió el aludido, dedicándole a su primogénita una sonrisa sincera y despreocupada —, Akane te traerá todo lo que necesites y gustes.
Gracias, papá, sólo necesito ropa limpia y que me ayude a tomar un baño — observó la muchacha, después volteó a ver al joven médico, con una mirada tierna y agradecida —. Doctor Tofú, es usted tan generoso… me da pena no poder pagarle por todas sus atenciones.
No… es nada, Kasumi, en serio — tartamudeó el aludido un tanto apenado, tratando de seguir comportándose bien cuerdo para no arruinar nada… no sea que llegue a lastimarla de más, algo que Soun Tendo no le perdonaría jamás —, es mi deber como médico.
Unas horas antes, los tres más jóvenes de la casa se habían ido a la escuela después de desayunar… sopa instantánea que tenían guardada por Ranma. Más tarde, los dos hombres adultos fueron a la clínica para conocer el diagnóstico sobre la salud de la mayor de las Tendo. Así que era comprensible el que Soun Tendo llorara a moco tendido por su hija mayor… ella era su brazo derecho en las actividades del hogar, a la única a quien podía confiarle esas actividades sin ningún riesgo. Ninguna de las dos menores lograba igualar a Kasumi en talento femenino, por ser encantadora y hacendosa. Y no porque ellas no fueran lindas… lo que sucede es que Nabiki es muy convenenciera y por todo pide dinero, aparte de ser verdaderamente floja para las labores hogareñas, en tanto que Akane es demasiado impulsiva y por ello las cosas le salen muy mal, aunque se ha esmerado en mejorar. Por lo mismo, de las dos no se hace una. Y eso es lo que preocupaba a los cuatro inútiles varones de la casa.
¿Qué vamos a hacer en cinco días? — se quejó Happosai en cuanto los muchachos regresaron de la escuela —. Moriremos de hambre sin Kasumi.
Maestro, no sea tan exagerado… yo puedo cocinar para todos — dijo Akane, aunque no parecía muy convencida de su propuesta.
No inventes, Akane… ¿quieres matarnos antes de cinco días? — le espetó Ranma de forma grosera, mirándola con molestia —. No cocinas bien ni un huevo duro.
La muchacha le lanzó una mirada fúrica… ese bobo no podía dejar de ser tan bocón e insensible.
¿Entonces por qué no cocinas tú… "Ranko"? — lo retó mientras se cruzaba de brazos para representar su molestia… todavía de que se ofrecía para ayudar, su "novio" no la valoraba.
Oye, oye… yo no soy mujer, eso no me corresponde — él se defendió en el mismo tono, cruzándose también de brazos y lanzándole una nueva mirada enojada.
Papá, si me lo permites podemos solucionar todo — intervino Nabiki en tono serio y con expresión de suficiencia.
Nabiki… — su padre la miró escrutadoramente —, si se trata de lo que creo que se trata… sabes que no hay dinero de sobra.
Pues si te pones en plan pesado… olvídalo — dijo la chica con cara de resignación, y se cruzó de brazos… eso se ganaba por tratar de ser buena gente.
Bueno, Ranma — dijo Genma levantándose de su lugar, llevando una gran maleta sobre la espalda —, me parece que un entrenamiento intensivo de cinco días en las montañas nos hará mucho bien.
Bien pensado, papá — el joven le siguió el juego a su progenitor, cargando también su equipaje —. Tenemos mucho que entrenar… y podemos invitar a Ukyo para que nos acompañe.
Los otros cuatro personajes les lanzaron a los dos Saotome miradas asesinas… tenían ganas de matarlos por inconscientes; especialmente Akane, que miraba a su prometido de forma espeluznante ante la sola mención de una más de sus rivales de amor, y Soun, que adquirió su horripilante apariencia de "oni de larga lengua viperina", lo que hizo que ambos, padre e hijo, se hicieran muy chiquitos del miedo, y temblaran de pies a cabeza.
Señor Saotome… — dijo el de largos cabellos negros, hablando en el usual tono macabro de cuando adquiere esa forma —, ¿están diciendo que la suerte de mi Kasumi y de todos nosotros les tiene sin cuidado?
Tendo… amigo… — tartamudeó el calvo, moviendo las manos para pedir calma — creo que… es en situaciones adversas cuando debe fortalecerse el cuerpo, la mente y el espíritu.
Después de estas palabras los seis se quedaron muy calladitos, cruzándose de brazos y suspirando un poco alto… la mayor parte del tiempo no valoraban el trabajo de la dulce y buena Kasumi, porque siempre está al pendiente de la familia. Posteriormente volvieron a fijar la vista en los tazones desechables de sopa instantánea, disponiéndose a comer con expresión de tristeza y resignación. En cuanto terminaron con su "labor", se escuchó que alguien llamaba a la puerta.
Iré a ver quien toca — Nabiki se levantó con calma, llevando su tazón vacío para tirarlo en la basura de la cocina.
Los demás sólo suspiraron otra vez.
¡Pero si es la tía Nodoka! — oyeron decir a la muchacha por todo lo alto —. ¡Tía Nodoka, pase usted por favor, es un gusto verla nuevamente! — y escucharon como se abría la puerta.
Rápidamente, como si algo les hubiera aguijoneado el trasero, Ranma y Genma se arrojaron al estanque, en lo que los demás fueron a recibir a la recién llegada.
¡Señora Saotome, sea usted bienvenida! — Soun llegó primero que nadie y abrazó muy contento, de forma efusiva, a la dama, perdiendo un poco la decencia por tratarse de una mujer casada —. ¡Es usted la salvación, la solución a nuestros problemas! — casi quería darle de besos por ser tan oportuna.
Señor Tendo — dijo Nodoka bastante avergonzada, tratando de apartarse un poco del hombre que se había atrevido a estrecharla así sin ser su esposo —, ¿qué fue lo que le ocurrió para que actúe de ese modo?
¡Papá!… — Nabiki y Akane lo miraron con ojos enojados de rendija, la típica expresión anime para expresar molestia absoluta, en tanto Happosai parpadeó asombrado ante esa reacción poco usual de su antiguo discípulo.
¡"Tía" Nodo…! — "Ranko" entraba con su "papá panda", sonriendo como tontita, pretendiendo saludar cariñosamente a su "tía", y llevándose una desagradable sorpresa al encontrarla en brazos del señor Tendo —. Oiga, tío Soun — se dirigió un poco "agresiva" al dueño de la vivienda, mirándolo también con su expresión de enojo anime —, ¿por qué abraza a la "tía" Nodoka de esa manera?
Obviamente que a Genma no le hizo ninguna gracia que su amigo y camarada tocara a su mujer de esa forma tan atrevida, pero, convertido en panda, no podía reclamarle nada, así que únicamente le dirigió la misma cara de enfado de los demás.
¡Excúseme usted, señora Saotome! — dijo el aludido soltando a Nodoka, percatándose al fin de lo que había hecho —. Lo que pasa es que Kasumi tuvo un accidente y no hay nadie que haga las cosas… por favor, perdone mi imprudencia — agregó avergonzado.
Oh, ya veo — ella volvió a sonreír al escuchar la razonable explicación del actuar del buen hombre —. Pierda usted cuidado, señor Tendo. Muy buenas tardes a todos — se dirigió amablemente a todos los demás —, veo que llegué en un buen momento.
¡"Tía" Nodoka! — saludaron Akane y "Ranko" al unísono, y la abrazaron afectuosamente.
¡Hola, Nodoka linda! — Happosai se abalanzó sobre ella, queriendo hacer lo que siempre hace en el formado torso de las mujeres… pero fue detenido en su intento, al ser golpeado bruscamente por "Genma panda" con uno de sus múltiples letreros.
Tal vez toleraría que Soun Tendo se haya atrevido por la situación desesperante del momento, pero el anciano verde… ese es otro cuento, aunque haya sido su maestro.
¿Pero qué le ocurrió al maestro Happosai? — parpadeó la mujer al ver al viejo libidinoso en el suelo, con un chichón de tamaño considerable en la redondo y pelona cabeza, lo que ocasionó que perdiera el sentido.
Lo que pasa es que el maestro… — dijo la pelirroja con sarcasmo, dirigiéndole a su "mascota" una mirada de complacencia —… luego es muy abusivo — después volvió la vista hacia su madre, poniéndole una carita de no romper ni un plato —. "Tía" Nodoka, le enseñé a "papá panda" a protegerme — esto lo dijo con el tono de niña buena y boba que siempre ha empleado ante su progenitora —, porque al maestro Happosai le gusta molestarme.
Aun así, no está bien golpear a un pobre ancianito — le recriminó dulcemente, acariciándole la rojiza cabellera con cariño —. Pero díganme una cosa, ¿desde cuando se accidentó Kasumi y por qué?
Pero pasemos por favor… — le indicó Soun con cortesía, y la llevó gentilmente del brazo conduciéndola al comedor.
En la clínica…
Kasumi se mostraba un poco inquieta esa tarde en cuanto Tofú ingresó en la habitación, llevándole de comer. De entrada, el joven galeno contempló el bonito perfil y el porte de la muchacha, quien cepillaba su larga cabellera castaña y miraba distraídamente por la ventana. En una de las ramas del árbol cercano había dos pajarillos muy juntos, y entonaban una linda melodía.
Disculpa, Kasumi — le dijo amablemente para llamar su atención —, te traje esto para comer. Lo preparé especialmente para ti, pues debes tener una dieta especial mientras te recuperas.
Ella lo miró una vez más con mucha dulzura y le sonrió, sin dejar de cepillarse el cabello.
Gracias, doctor Tofú, es usted muy amable — le dijo con ternura —. Akane ya me había comentado de sus habilidades culinarias.
El hombre sintió el habitual nudo en la garganta, que lo hacía tartamudear y decir incoherencias frente a la linda doncella, la cual lo miraba de esa forma encantadora. "Contrólate por favor," se reprendió internamente, tratando de disimular su bochorno, "es tu paciente, sé todo un profesional, como debe ser".
Akane es siempre tan aduladora — le sonrió como bobo, y se acercó sudando un poco —. A ver, permíteme, por favor — acomodó cuidadosamente la mesa especial que se usa en los hospitales, para la atención de los internos —. ¿Qué te pasa, Kasumi? — le preguntó con interés al ver que se puso seria otra vez —. ¿Hay algo que te incomode?
Me preocupan mis hermanas — dijo la joven soltando una suave exhalación, dejando el cepillo de lado y haciendo su cabellera cuidadosamente para atrás.
El médico se había sentado a su lado después de colocar el servicio de comida, decidido a admirarla con más detalle ahora que la tenía cerca… y que estaba tratando de comportarse como un hombre adulto normal. La bata que vestía la señorita Tendo tenía un coqueto escote, por donde se apreciaba un poco de piel de su torso, y al momento de echar el cabello a su espalda como que se abrió otro poco. Tofú enrojeció brevemente, y resolvió que era mejor desviar la vista hacia el rostro triste de la chica. Kasumi generalmente lucía alegre y ahora…
¿Por qué? — le dijo en tono serio pero amable, tratando de sostenerle la mirada y no perderse en ella —. A mí me parece que Nabiki y Akane son muchachas muy consideradas.
Sí, pero… — la damisela dudó un poco —… en momentos así, ninguna de ellas está preparada para ser buena ama de casa y esposa. Por eso mi papá sufre — y volvió a suspirar hondamente.
Dime una cosa, Kasumi… — observó el doctor —, ¿acaso eres la única que se dedica al hogar?
Sí… — confirmó la doncella —, ellas tienen que estudiar, y tal vez tener una profesión en el futuro.
¿Y has tratado de enseñarles a hacer las labores de la casa? — le preguntó el médico, queriendo ayudar a la muchacha a liberar su conciencia y no sentirse mal por sus consanguíneas.
Claro — ella afirmó una vez más, moviendo la cabeza con lentitud —, pero a Nabiki no le agrada… dice que para ello tendrá servidumbre, y Akane… no hace las cosas con amor a pesar de tener ya un compromiso formal — y agregó —. Además… a mí me gusta hacerlo — dijo casi susurrando —, y le prometí a mi madre que nunca desampararía a papá.
Kasumi parecía a punto de llorar al recordar a su difunta progenitora… Tofú no recordaba haberla visto tan triste, y se sintió mal por haberle sacado esas palabras casi a la fuerza. Quiso confortarla y, al no saber como hacerlo, únicamente le tomó las manos con delicadeza.
Kasumi, cuanto lo siento… — dijo tartamudeando y luchando contra sí mismo para no cometer más torpezas con ella, aparte de sentirse acalorado al tomar así sus manos —… no era mi intención que te sintieras triste…
No tenga cuidado, doctor Tofú — le sonrió nuevamente para tranquilizarlo, a pesar de que se le escurrieron unas cuantas lagrimitas… era una pequeña y tímida sonrisa —, creo que tiene razón… he sido muy egoísta por no querer instruirlas para que sean esposas virtuosas.
No, Kasumi, no es eso — le soltó una mano con cuidado y se dispuso a limpiarle una lágrima con un dedo, al recordar que olvidó su pañuelo en el consultorio —, son ellas las que no se aplican… — le acarició la mejilla con suavidad e inmediatamente volvió a avergonzarse por lo que había hecho… no tiene sobre ella ningún derecho —. Discúlpame, Kasumi… — alejó rápidamente su mano del lindo rostro, tartamudeando un poco — no quise ser…
Oh, perdóneme usted a mí, doctor — dijo Kasumi como recuperando también la compostura, con los pómulos un poco encendidos, secándose las lágrimas con una servilleta —. Tiene que atender a sus pacientes y yo le estoy quitando el tiempo — y agachó un poco el rostro para que el joven médico no notara su rubor.
Eee… bien, por ahora es la hora de comer — Tofú volvió a acomodar el servicio y sonrió un poco para quitarse el bochorno, levantándose de la cama y hablando con su amabilidad habitual —. Regreso en cinco minutos con tu medicina, así que come con confianza.
Un poco más tarde, cerca de las siete de la noche, Nabiki arribó a la clínica, llevando con ella las cosas que pidió Kasumi. A la salida despidió a dos ancianos y supo que el galeno estaba desocupado, así que entró al consultorio y saludó despreocupadamente.
Doctor Tofú, muy buenas noches — dijo al entrar.
¡Ah, qué tal Nabiki! — le saludó el joven médico con una sonrisa —. Adelante y buenas noches… ¿qué te trae por aquí? — preguntó un tanto desubicado… unas tres horas concentrado en su trabajo le habían hecho no acordarse que la mayor de las Tendo estaba con él, como paciente.
Traigo las cosas de Kasumi y la voy a ayudar a bañarse — la muchacha a duras penas y pudo contener las ganas de poner los ojos en blanco… ese hombre era un caso perdido —. Aunque creo que usted bien podría hacerlo — se recompuso del lapsus y lo miró fijamente.
Nabiki… — Tofú sonrió como tonto, dejando de acomodar el instrumental que tenía sobre el escritorio —… ¿cómo se te ocurre semejante cosa?
Para casos como estos es que existen los trajes de baño — afirmó la chica con picardía, dedicándole un guiño travieso —, y así no le vería lo que no debe verle aun.
Eres muy ocurrente, Nabiki — dijo el doctor sin cambiar la expresión de bobalicón… la segunda hija de Soun Tendo era bastante abierta para ciertos temas, nada que ver con la dulce y cándida Kasumi.
Pero dígame una cosa — le preguntó inquisitivamente, acercándose al escritorio —, ¿ya le declaró su amor a Kasumi?
Por enésima ocasión se le subieron al rostro todas las variantes de rojo.
¿Tú… también? — dijo bastante avergonzado.
La joven de corta cabellera hizo expresión de incredulidad y ojos de rendija. "Ya sabía que era lento… pero esto es ridículo" pensó en sus adentros.
Doctor Tofú, ha estado con ella muchas horas y… ¿no le ha dicho nada? — le preguntó asombrada.
He… estado… ocupado — el galeno se excusó jalándose un poco el cuello de su ropaje, sintiéndose bastante acalorado… era demasiado para su salud el que toda la familia de la dama de sus afectos estuviera enterada de su "secreto" —. Tú sabes que tengo muchos pacientes, no únicamente Kasumi.
Incluso "Betty" parecía mirarlo de forma escrutadora desde su posición, como reprochándole por su cobardía.
¡Ay, doctor Tofú! — la jovencita puso los ojos en blanco un momento antes de continuar hablando —. ¿Quiere que le diga lo que debe hacer para declararle su amor hoy?
Nabiki… ¿de verdad lo harías? — el médico pareció esperanzado, y habló en tono entusiasta, mirando a la chica con curiosidad.
Quinientos yens — por toda respuesta… ella estiró la mano derecha.
¿Perdón? — él la miró esta vez con desconfianza.
La felicidad de mi hermana Kasumi vale más que eso, pero… — Nabiki hizo expresión de resignación, suspirando como si de verdad le doliera — le hice un descuento por ser para usted.
¿En serio? — el hombre ironizó un poco, sin dejar de verla así.
Muy bien… cuatrocientos yens, es lo menos — la jovencita volvió a suspirar.
Agradezco tu ofrecimiento, Nabiki, pero creo que… — dijo Tofú, tratando de disimular las ganas que tenía de carcajearse levemente ante la convenenciera actitud de la segunda de las Tendo — trataré de hacerlo a mi modo.
¡Pero lleva años así y no lo ha hecho! — exclamó la muchacha, abriendo los ojos como platos ante esa afirmación sin fundamento —. Que sean trescientos cincuenta, es mi última oferta — puntualizó como buena negociante.
El médico sonrió un poco esta vez, y le dijo en tono amable y cortés:
Bueno, te daré trescientos yens, ya que no tengo más por ahora… — inmediatamente, pareció dudar un segundo —… o, tal vez, le compre el manual a Ranma.
¿Ranma le ofreció su manual de tercera? — la joven pareció sorprenderse por esa revelación —. Esos apuntes son tan inservibles… pues los hizo él — especificó en tono mordaz.
Me di cuenta de ese detalle — sonrió nuevamente el galeno —. Entonces… trescientos o nada.
OK. — suspiró una vez más Nabiki —. Venderé el secreto de Kasumi en trescientos yens… pero nunca le diga que yo se lo conté.
No te preocupes… — dijo despreocupadamente el caballero y sacó su billetera de un cajón del escritorio, revisando el interior de la misma —. ¡Qué pena! Sólo tengo doscientos cincuenta… ¿algún inconveniente? — la miró con expresión inocente.
Ya que, más del 50% de descuento… — la exhalación volvió a repetirse con resignación, y no le quedó más que guardar esa cantidad de dinero en su bolsita.
Cinco minutos después se escuchó el llamado a la puerta de una habitación.
Adelante — dijo Kasumi, tan sonriente como acostumbra.
Hola, Kasumi, Nabiki esta aquí — Tofú abrió la puerta, saludando con amabilidad y cortesía a la ocupante de la cama, y permitió que la muchacha que lo acompañaba entrara en el cuarto —. Viene para ayudarte… las dejó para que puedan platicar más a gusto.
Salió cerrando la puerta con cuidado, en seguida de recibir una dulce mirada de la mayor de las Tendo, que le hizo sentir mariposas en el estómago… Tenía que ser en el transcurso de los días, armarse de valor y expresarle sus sentimientos, y tenía que ser sin perder la razón.
¿Y Akane? — Kasumi le preguntó a su segunda hermana por la más joven de ellas, pues sabía que a Nabiki nunca se le había dado por ser solícita.
La tía Nodoka llegó esta tarde y… tú sabes — dijo la otra ayudándole a ir al baño, haciendo un fugaz gesto de fastidio —. Así que "Ranko" entró a escena… y ahora están compitiendo por ser la mejor ama de casa.
Me alegra saberlo — sonrió la mayor una vez más.
Pues yo no creo que la casa quede mejor — suspiró la segunda poniendo los ojos en blanco un instante… Kasumi siempre veía las cosas con tanta simpleza —. Y no sé porque Ranma se empeña en fastidiar a Akane… si al final de cuentas siempre se queja de su lado femenino.
Los dos son tan semejantes — dijo Kasumi sumergiéndose lentamente en la tina con agua tibia —, serán buenos esposos.
Si tú lo dices… — a Nabiki le brotaron varias diminutas gotas anime en la frente, para representar su bochorno, desacuerdo e incredulidad ante esas palabras.
La joven de corta cabellera ayudó a su hermana mayor a vestirse, nada más que, en esta ocasión, le llevó una bata un poco más… atrevida. La prenda era azul celeste, un poco arriba de la rodilla, con mangas recogidas y encaje en el escote, el cual por cierto era más pronunciado.
Nabiki… esta bata es tuya — le reprochó Kasumi tiernamente después de observarla mejor.
Perdón, Kasumi — se excusó la aludida, poniendo una carita de inocencia —, es que no quise revolver tu ropa, por eso te traje una de las mías.
Lo que no sospechaba Kasumi es que su hermanita lo hizo a propósito, para que ella utilizara sus encantos femeninos y atrapara al doctor Tofú de una buena vez por todas. La mayor de las Tendo cerró momentáneamente los ojos y suspiró con un poco de resignación.
Además — agregó Nabiki empleando un tono picaresco —, así podrás seducir al doctor Tofú…
Esta vez la dulce muchacha abrió un poco más los ojos ante las palabras de su hermanita.
¿Qué dices? — se sonrojó brevemente por un segundo, aunque no dejó de hablar con amabilidad — ¡Nabiki, qué ocurrencia la tuya!
Vamos, Kasumi, admítelo de una buena vez — su interlocutora la miró de forma escrutadora —. El doctor Tofú te gusta mucho, y el pobre hombre también se muere por ti. ¿Por qué no…?
Porque las cosas no se deben dar así — Kasumi sonrió nuevamente con dulzura, hablando en tono gentil —. Si te quieren de verdad te respetaran, y no es correcto provocar que te falten al respeto.
Nabiki hizo un leve mohín de vergüenza, pues sabía que Kasumi tenía mucha razón. Ella, Nabiki, nunca había tomado a los muchachos como algo serio, porque en el fondo buscaba también a un hombre que la trate con respeto… y le cumpla sus caprichos de dinero. Sólo Akane puede aguantar a un novio tan malcriado y prosaico como Ranma… sólo ella lo entiende.
A pesar de todo, Kasumi aceptó internamente que tal vez si era conveniente picarle un poquito más al doctor Tofú para animarlo a declararse. Miró a su hermana con cariño.
Gracias de todos modos, Nabiki — y la besó en la mejilla —, salúdame a la tía Nodoka, y dale muchos besos a papá de mi parte.
Muy bien — dijo la aludida, agarrando cuidadosamente la maleta en la cual metió todo lo que tenía que llevarse —. De todos modos… puedes insinuarle tantito.
Nabiki… — ahora la miró un tanto seria — basta ya.
Adiós — salió sacando la lengua en un gesto de disculpa.
Cerró la puerta, y retornó al consultorio.
Me voy, doctor Tofú — se despidió educadamente con una leve y respetuosa inclinación —, de usted depende lo demás… y Kasumi lo espera.
Qué descanses Nabiki, y gracias por tu ayuda — le dijo amablemente el médico, acompañándola cortésmente a la puerta de salida.
La muchacha se encaminó de regreso a su hogar y el galeno cerró cuidadosamente la puerta de la clínica. Después de asegurar todos los accesos y limpiar su área de trabajo, así como el instrumental y los aditamentos empleados, Tofú se dirigió a darle atención especial a su paciente favorita. Lo intentaría esa noche.
Nota de la autora: un poco de OoC porque sin ello el pobre Tofú se guardará siempre lo que siente, escondido tras sus demencias… y Kasumi seguirá ignorando lo que le causa al pobre hombre. Sayonara y no pierdan mis otros fics, están buenísimos, digo yo. Son mis loqueras.
